jueves, 6 de febrero de 2025

DIOS CAMBIA LA AFLICCIÓN EN REGOCIJO


 

DIOS CAMBIA LA AFLICCIÓN EN REGOCIJO

“Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿Y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos? Y se levantó Ana […]; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová, ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, 1 Samuel 1:8-11

El pueblo de Israel vivía momentos críticos, porque sus enemigos los filisteos se habían fortalecido, pues contaban con moderna tecnología militar griega, por tanto, era necesario que Dios levantara un profeta y juez de Israel, para restaurar la ley, el orden y la adoración a Dios.

Un varón llamado Elcana, hombre piadoso y temeroso de Dios, tenía dos esposas (Situación no aprobada por Dios), Ana que era estéril y Penina quien sí tenía hijos, y ésta “la irritaba (a Ana), enojándola y entristeciéndola, porque Jehová no le había concedido tener hijos”. Ana se sentía muy afligida porque era una gran desgracia en Israel que una mujer fuera estéril.

En estas circunstancias de tanta aflicción, Ana fue al templo y “con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente” y hace un pacto con el Señor, pidiendo: si “dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida”. La Biblia cuenta que Dios la escuchó y le concedió un hijo que se llamaría Samuel, ella lo dedicó a Dios y apenas lo destetó, lo consagró en el templo y fue reconocido como fiel profeta de Dios.

Esta historia nos enseña que la tristeza o la aflicción no deben impedirnos orar, mucho menos enojarnos con Dios, pues en la presencia de Él todo cambia, así como ocurrió con Ana. La Biblia dice: “Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste”. Presentémonos delante del Señor, derramemos nuestra alma y clamemos con fervor, que Él nos responderá y con su poder nos liberará de la amargura y la frustración. El gozo del Señor renueva nuestras fuerzas. Ana en su cántico dice: “Mi corazón se regocija en Jehová” “Porque nadie será fuerte por su propia fuerza”. (1 Samuel 1:1,9)

Hermano, nada es imposible para Dios, Él es poderoso para hacer mucho más de lo que nosotros pedimos o entendemos. El Dios que adoramos es el Dios de Ana, es el que quita toda esterilidad, el que cambia la tristeza en gozo, es el Dios que se hizo hombre y vino a entregar su vida en una cruz por amor a nosotros, el Dios que susurra a nuestro oído diciéndonos que echemos toda carga sobre Él, porque Él tiene especial cuidado de nosotros.  Oración.

"Amado Padre, no quiero vivir en aflicción, me levantaré y haré lo que hizo Ana, rechazar ser una víctima y correr a tu presencia. Tú conoces mi necesidad, por tanto, a ti clamaré y oraré con lágrimas en mis ojos, echando toda ansiedad sobre ti, sabiendo y confiando que eres el Dios de imposibles, el que cambia la tristeza en gozo. Gracias Señor. Amén.

miércoles, 5 de febrero de 2025

El Amor de Cristo trae plenitud

 


El Amor de Cristo trae plenitud

“Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo… para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.” Efesios 3:14, 17-19

La filosofía plantea grandes preguntas como ¿de dónde vengo?, ¿por qué estoy aquí en la tierra? y ¿para dónde voy?, Cristo da respuesta a estas preguntas llevándonos a comprender nuestro pasado, otorgándole valor a nuestro presente y dándole esperanza a nuestro futuro, gracias a su amor.

Hoy muchos viven vidas desesperadas, algunos porque no logran alcanzar sus sueños, otros porque a pesar de alcanzarlos, estos no pueden satisfacerlos por completo, y otros más porque no tienen sueños; sea cual sea la situación, la realidad es que solamente en el amor de Cristo se puede tener completa plenitud de vida, pues en su amor podemos encontrar la plenitud de Dios.

Conocer el amor de Cristo implica intimidad, no solamente un conocimiento intelectual, y esa intimidad se da por medio de la comunión con el Espíritu Santo, quien se encarga de revelarnos el gran amor de Dios. Así, el Espíritu Santo, quien en esa comunión nos va convirtiendo en testigos del amor de Cristo, nos empieza a transformar, llenándonos de la plenitud de Dios, lo cual nos lleva a vivir vidas significativas.

El Apóstol Pablo llegó a entender por revelación divina la importancia de conocer el amor de Cristo, por eso escribe en su carta a la iglesia de Éfeso que doblaba sus rodillas pidiendo a Dios que podamos comprender la magnitud del amor de Cristo, pues así podremos encontrar la plenitud en nuestras vidas al ser llenos de la plenitud de Dios.

Esa misma plenitud le permitió a Pablo entender que el amor de Cristo que es Eterno fue el que nos creó, y que ese mismo amor es el que nos permite tener un propósito en la vida y nos da seguridad y esperanza para el futuro. Así que hermanos, pidamos al Padre que al igual que Pablo al convertirnos en testigos de su Amor seamos llenos de toda su plenitud.  Oración.

«Padre amado, te pido que tu Santo Espíritu me lleve a comprender ese gran amor de Cristo, el cual excede todo conocimiento, pues quiero ser lleno de toda tu plenitud, para que así pueda vivir una vida significativa. Amén.

martes, 4 de febrero de 2025

Las grandes preguntas de la vida son respondidas en Cristo

 


Las grandes preguntas de la vida son respondidas en Cristo

“Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.” Hechos 9:6

“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.” Jeremías 33:3

El apóstol Pablo, educado en la escuela de Gamaliel, quien hablaba varios idiomas y quien tenía ciudadanía romana, no pudo entender por su propio razonamiento que Jesús era el Mesías mencionado en las Escrituras. Lo maravilloso del encuentro que tuvo con Cristo es que el amor de Jesucristo fue renovando su manera de pensar hasta llevarlo a comprender grandes verdades de la vida que cambiaron su cosmovisión y transformaron su vida.

Al igual que pasó con Pablo, lo que Dios nos pide al decirnos levántate y ponte sobre tus pies porque para esto he aparecido, para ponerte por ministro y testigo, implica de nosotros doblegar nuestra voluntad a la de Dios y estar dispuestos como lo estuvo Pablo a decirle a Jesús: Señor, ¿qué quieres que yo haga?

Si estamos dispuestos a obedecer al llamado del Señor para convertirnos en testigos de su amor, todo en nuestras vidas empezará a cambiar, y al igual que Pablo podremos tener una nueva visión de la vida, por lo tanto, la manera como vemos nuestro pasado, como percibimos nuestro presente y cómo visualizamos nuestro futuro cambiará.

Al decidir obedecer y levantarnos siguiendo la dirección de Dios podremos encontrarle sentido a nuestro pasado, propósito a nuestro presente y una nueva perspectiva para nuestro futuro, pues en Cristo están las respuestas a todas esas preguntas del hombre, preguntas que han hecho filosofar a hombres y mujeres a lo largo de toda la historia.

Las grandes incógnitas de la humanidad son respondidas en Cristo pues como dice él mismo en Apocalipsis 1:8 «Yo soy el alfa y la omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el todopoderoso.» Así que hermanos al igual que Pablo decidamos ser testigos del amor de Cristo, pues esta decisión nos llevará a comprender cosas grandes y ocultas que no conocemos.   Oración.

«Señor Jesucristo gracias porque en ti puedo encontrar el sentido de mi vida, además me permites comprender no solamente mi pasado sino de dónde vengo y para donde voy. Gracias por ese amor que ha transformado mi vida. Amén.

lunes, 3 de febrero de 2025

 


Ser testigos del Amor de Cristo nos transforma

 “9 Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. 10 Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.” 1 Corintios 15:9-10

“14 La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.” 2 Corintios 13:14

Indudablemente el Apóstol Pablo se convirtió en un testigo del Amor de Cristo, y fue capaz de dar su vida por ese amor, Pablo declara que él no fue rebelde al llamado que le hizo Jesucristo, sino más bien que obedeció, esta decisión de obedecer a la voz de Jesús le permitió empezar a tener una relación con Él, que lo llevó a una comunión, donde pudo tener revelaciones tan grandes como la doctrina de la Gracia, lo cual le permitió reconocer que el cambio ocurrido en su vida no era por sus propios esfuerzos o pergaminos sino por la gracia de Dios que obraba en él, tal como lo declara en 1 Corintios 15:9-10.

La vida de Pablo dio un giro total, pasó de perseguir cristianos a ser un seguidor de Cristo, convirtiéndose en un testigo del amor de Cristo, testificando poderosamente a judíos y gentiles, a personas del corriente y a reyes, y todo esto fue gracias a esa intimidad que él pudo alcanzar por medio de la comunión con el Espíritu Santo, por eso es que Pablo escribe a la Iglesia de Corinto y a nosotros los creyentes que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la Comunión del Espíritu Santo sean con todos nosotros, esto debe llevarnos a reflexionar qué estamos haciendo para ser testigos de Cristo, pues para ser sus testigos necesitamos tener comunión con Él, una relación íntima que nos permita conocer la gracia y el amor de Dios, que nos llevará a ser instrumentos poderosos de testimonio para el mundo.

Que hoy podamos entender por revelación Divina, que necesitamos tiempos de calidad en la presencia de Dios, para que por la oración y lectura de la Biblia, en comunión con el Espíritu Santo, podamos conocer a Cristo, ser transformados y convertirnos al igual que Pablo en testigos de su Amor.    Oración.

«Señor Jesucristo, permíteme entender que es necesario tener comunión con tu Santo Espíritu para experimentar esa nueva vida que tú ya me has dado, quiero que tu amor me transforme y convertirme así en un testigo de tu Amor. Amén.

domingo, 2 de febrero de 2025

Testigos del Amor

 


Testigos del Amor

«Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti» Hechos 26:16

Un testigo es una persona que presencia o adquiere directo y verdadero conocimiento de algo, el apóstol Pablo se llegó a convertir en un testigo fiel de Jesucristo, pues tuvo un encuentro personal con Cristo resucitado, y fue enseñado por Él, de tal manera que la revelación dada por el Señor quedó registrada en las cartas que Pablo escribió a las iglesias del primer siglo.

Cuando leemos las cartas de Pablo, podemos darnos cuenta de la enorme huella que dejó en su vida el Amor de Cristo, tan grande fue su impacto que inspirado por el Espíritu Santo escribe en Efesios 3:17b-19 “A fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.”

Ese amor que pudo conquistar un corazón como el de Saulo de Tarso es el que hoy sigue llamando a hombres y mujeres para que también puedan convertirse en sus testigos, testigos de ese amor que es capaz de transformar aun al más empedernido pecador.

¿Qué hacer entonces para ser testigos del Amor de Cristo? La respuesta está en el mismo llamado que le hizo Jesucristo a Pablo, “Pero levántate, y ponte sobre tus pies”, lo cual significa obediencia, pero esta obediencia no debe ser el resultado de un esfuerzo individual, más bien debe ser el resultado de una comunión con Dios que nos impulsa y capacita a obedecer, y que nos lleva a reconocer que el que nos convierte en testigos es Jesucristo pues Él es quien declara “porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti”    Oración.

«Señor Jesucristo, que al igual como el apóstol Pablo fue impactado por tu amor, a tal punto de cambiar por completo el rumbo de su vida, también tu amor me impacte tan profundamente, que me lleve a rendirme a ti, para convertirme en tu testigo; y que tal como Tú se lo declaraste aquel día de ese encuentro maravilloso en Damasco, también a mí me declares que quieres que yo sea tu testigo, testigo de tu Eterno Amor  Amén.

sábado, 1 de febrero de 2025

Un cristiano genuino

 


Un cristiano genuino

Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”. Efesios 4:20-24

La manera en que una persona piensa, actúa y vive, refleja mucho lo que es. Preguntémonos en este momento: ¿qué estamos reflejando a los demás?, ¿estamos influenciando positivamente en nuestro entorno o simplemente lo que hacemos está dañando a otros? Recordemos que este año 2025 es el año de nuestra renovación espiritual, si queremos salir del letargo y cumplir con el propósito para el cual el Señor nos llamó y nos escogió.

Si queremos ser agentes de cambio en este mundo roto y perdido, nuestra manera de vivir debe ser contraria al resto de las personas. La gente debería ver una diferencia en nosotros si nos llamamos “cristianos”, porque la misma carta a los Efesios nos dice en Efesios 5:8 “Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz”, esto implica dejar radicalmente nuestra vida pasada de pecado, y andar según las enseñanzas de Jesús, caminando en el Espíritu y sacrificando los deseos de la carne, al considerarnos muertos al pecado por la obra redentora de nuestro Salvador.

Caminar en el Espíritu es algo que aprendemos en la medida que vamos conociendo a Dios y cuando confiamos en Él y en su santa Palabra. La vida del creyente es un proceso, porque, aunque ahora tenemos una nueva naturaleza, los pensamientos y las actitudes se van transformando en la medida en que nos llenamos de los pensamientos y actitudes de Cristo. Por eso como dice Pablo: “vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”, esto implica mantenernos en un compromiso consciente y diario con Dios permitiendo que Él vaya cambiando nuestro interior y renovando nuestra mente.

La única forma de “convertir” la mente es rendirla a Cristo y vivir en una renovación constante de nuestra manera de pensar, (Romanos 12:2). Esto demanda esfuerzo.

Pablo describe la conducta de los gentiles sin Cristo que los creyentes deben evitar, (Efesios 4:17-24). Esta conducta incluye la vanidad de la mente, el entendimiento entenebrecido, la alienación de Dios, la ignorancia, la dureza de corazón, la sensibilidad perdida, la sensualidad y toda clase de impureza. Esta lista es un catálogo progresivo y feo de las faltas y errores de la vida de aquellos que no tienen a Cristo. “Pero vosotros no habéis aprendido así a Cristo”, indica que conocer a Cristo es ser un discípulo atento para oír sus enseñanzas y ávido para seguir sus instrucciones, y no vivir como los inconversos. La verdad de Cristo excluye la conducta disuelta que los caracteriza, estamos llamados a ser luz y disipar las tinieblas que nos rodean, si anhelamos ser cristianos genuinos. Que esta sea una meta para este nuevo año.    Oración.

«Amado Jesús, siendo poseedor de tu verdad al creer en ti, tengo muchas razones para abandonar cualquier conducta contradictoria a mi fe y andar como hijo de luz en este mundo que necesita personas renovadas por ti para influenciar en la vida de tantas personas que están sin propósito y sin rumbo a la eternidad. Ayúdame por el poder de tu Espíritu a abandonar mi vieja forma de vida y renovar mi mente adoptando un nuevo estilo de vida que me has dado lleno de gozo y paz, amén.

viernes, 31 de enero de 2025

Incontenible

 


Incontenible

“¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza y con pesas los collados? ¿Quién enseñó al Espíritu de Jehová, o le aconsejó enseñándole? ¿A quién pidió consejo para ser avisado? ¿Quién le enseñó el camino del juicio, o le enseñó ciencia, o le mostró la senda de la prudencia? He aquí que las naciones le son como la gota de agua que cae del cubo, y como menudo polvo en las balanzas le son estimadas; he aquí que hace desaparecer las islas como polvo. Ni el Líbano bastará para el fuego, ni todos sus animales para el sacrificio. Como nada son todas las naciones delante de él; y en su comparación serán estimadas en menos que nada, y que lo que no es. ¿A qué, pues, haréis semejante a Dios, o qué imagen le compondréis?” Isaías 40:12-18

Para relacionarnos con una persona es fundamental conocerla, por eso si queremos conocer realmente a Dios y tener una relación personal e íntima con Él necesitamos conocer su naturaleza, sus atributos y lo que esto implica para nosotros, porque transformará la manera cómo nos acercamos a su presencia.

¿Quién puede medirlo a Él? o ¿quién puede conocer su Espíritu (su mente), con el cual conoce perfectamente y arregla todas las cosas? Dios es inmensurable y por eso, no tiene comparación con el ser humano. Cuando el Señor, por su Espíritu, hizo el mundo nada lo dirigió, ni le aconsejó qué hacer o cómo hacerlo. Las naciones, comparadas con Él, son como gota que cae en un balde, comparadas con el vasto océano; o como menudo polvo en la balanza, que no la mueve, comparado con toda la tierra. Esto magnifica el amor de Dios por el mundo que, aunque parezca insignificante, para su redención dio a su Hijo unigénito, (Juan 3:16).

¿Cuál de los ídolos paganos puede compararse con este todopoderoso Dios? Ninguno, y no hay ninguna imagen que lo pueda contener. Nunca podremos entender la magnitud de su grandeza, escasamente podremos definirlo con nuestro limitado entendimiento. Pero, en su Palabra podemos encontrar algunas respuestas a nuestra incógnita de ¿Quién es Dios? o ¿cuál es nuestro concepto de Él?

Si hablamos de su naturaleza: Dios es Espíritu, porque no está limitado a un cuerpo ni a una forma, Él está en todo lugar, todo lo ve y lo sabe, (Juan 4:24). Dios es una persona, es alguien que siente, piensa, desea y decide, (Génesis 6:5-6); Hay un solo Dios Creador y sustentador del universo, (1 Timoteo 2:5), es un Dios manifestado en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo, (2 Corintios 13:14).

Si hablamos de sus atributos, es Omnisciente porque todo lo conoce, (Salmos 147:4-5); es Omnipotente porque todo lo puede, (Mateo 19:26); es Omnipresente porque está en todas partes al mismo tiempo (Salmos 139:7-12); es Eterno porque no tiene ni principio, ni fin, siempre ha sido y siempre será, (Salmos 90:2) y es Inmutable porque nunca cambia, (Santiago 1:17), siempre es el mismo, nada que ver con lo que nosotros somos.

Y moralmente es Santo, (1 Pedro 1:16); es Justo y fiel a su Palabra, (Deuteronomio 32:4); es Gracia plena y su mayor regalo es Jesucristo, (Hebreos 2:9); y es Amor, (1 Juan 4:8), por eso proveyó el mejor plan de redención para el hombre pecador, su Hijo amado, (Romanos 5:8).

Los invito a buscar cada uno de estos versículos en su Palabra para que entendamos que nuestro Dios es un Dios grande, poderoso y amoroso que está al alcance de todo el que quiera conocerlo. Recordemos Isaías 55:6-7 “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar”    Oración.

«Padre amado, mi mayor anhelo es conocerte y entenderte, porque siendo quizás el más insignificante de los seres humanos, me miras con amor y misericordia y me diste la oportunidad, a través de tu Hijo Jesucristo, de volver a ti, para poder tener una relación de amor contigo, me perdonaste y me diste una vida espiritual de plenitud y gozo por el Espíritu Santo. Al entender esto quiero que mi relación contigo sea cada día más profunda y sincera. Te amo mi Señor, amén.