miércoles, 1 de enero de 2025

Una nueva misericordia para un nuevo comienzo

 


Una nueva misericordia para un nuevo comienzo

“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad”. Lamentaciones 3:22-23

Estamos comenzando un nuevo año, trayendo a nuestra vida nuevos planes y propósitos que nos dan esperanza; y más cuando la Palabra de Dios nos dice que sus misericordias son nuevas cada día, es decir, que cada día es una nueva oportunidad para un nuevo comienzo. Pensemos un poco en aquellas áreas de nuestra vida que necesitan ser renovadas para vivir este año dentro de los propósitos divinos.

No podemos empezar este año separados de nuestra fuente de vida, el Señor Jesucristo. Recordemos lo que Él nos dice en Juan 15:5 “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”. Nuestra vida no solo será fructífera si permanecemos en Él y seguimos su ejemplo: debemos ser humildes de corazón como Él lo es, (Mateo 11:29), tenemos que amar como Él nos ha amado, (Juan 15:12) y perdonar como Él nos enseñó a perdonar, (Colosenses 3:13).

El Señor nos ha dado su santa Palabra para establecer límites en nuestra vida, no son límites visibles como los que vemos en un letrero que dice “prohibido fumar”, sino espirituales, que nuestro Dios ha dejado en su Palabra para que seamos bendecidos y prosperados en todo lo que hagamos, sus mandamientos son para nuestro deleite y nunca deben ser una carga, pues nuestro Padre amoroso nos los dio para nuestra protección, (1 Juan 5:3).

Tenemos que comprender que el Señor quiere que nosotros sus hijos, su iglesia, no vivamos como todos los demás, que no caminemos por senderos de pecado, sino que nos apartemos de lo malo, que caminemos por el camino de Dios, porque somos su pueblo especial como lo dice Deuteronomio 7:6 “Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra”.

Que nuestro mayor propósito en este 2025 sea caminar con Dios todos los días obedeciendo sus mandamientos, entonces veremos su manifestación gloriosa en nuestra vida, Juan 14:21 dice: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él”. Que este año sea el año de nuestra renovación espiritual, de nuestra santificación, andando irreprensibles delante de Dios, escuchando su voz para entender cuál es su buena, agradable y perfecta voluntad para nosotros.   Oración.

«Padre celestial, gracias por permitirme comenzar este nuevo año, por renovar tu misericordia cada día, sé que me amas con amor eterno, por eso has prolongado sobre mí tu misericordia, quiero permanecer en ti y caminar a tu lado, para que en este año pueda entender tus propósitos y seguir tu llamado, haciendo tu buena, agradable y perfecta voluntad, amén.

martes, 31 de diciembre de 2024

Levantar las manos caídas

 


Levantar las manos caídas

“Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.” Éxodo 17:11-12

“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso. Orad por nosotros; pues confiamos en que tenemos buena conciencia, deseando conducirnos bien en todo.” Hebreos 13:17-18

Dios levantó en su iglesia diferentes líderes con diversas capacidades, con la responsabilidad de edificar al cuerpo de Cristo impulsando su crecimiento y madurez, y también para mantener la unidad de la fe; en pocas palabras, Dios levanta pastores para que ellos, imitando a Cristo, lleven a la iglesia a reflejar a Cristo (Efesios 4:11-13).

Sin embargo, estos líderes constituidos por Dios, se cansan. Y estamos llamados para que, con todo amor y disposición, les apoyemos y les lavemos los pies espiritualmente, y esto significa: no desanimarlos con nuestra crítica, sino animarlos con nuestra oración y decirles la verdad con mansedumbre en amor.

Aarón y Hur apoyaron a Moisés en un momento de dificultad, sentándolo en una piedra y levantando sus manos. Un acto físico que influía directamente en la batalla, representaba entonces algo más profundo, se trataba de un ámbito espiritual. A través de este suceso, donde sacaban ventaja si las manos de Moisés permanecían levantadas, Dios nos enseña que dependemos absolutamente de Él para ganar nuestras batallas, pero que también necesitamos apoyarnos mutuamente para vencer al enemigo, pues fluye a través de los hijos de Dios la victoria que Cristo nos dio por la fe. De esto se trata también la edificación mutua, de levantar las manos caídas de nuestros líderes, tal como muchas veces ellos lo han hecho con nosotros, esto se conoce como reciprocidad (Mateo 7:12).

Hermanos, sabemos que nuestro reposo es Cristo, la piedra viva; así que recordarles a nuestros líderes su identidad en Cristo es una manera de ayudarles a hallar descanso en sus dificultades. Sostener sus manos cansadas significa que tomamos un rol activo en la iglesia, lejos de la crítica y la pasividad, y empezamos a dar de lo que se nos ha dado. (Lucas 12:48)    Oración.

«Padre amado, gracias porque me hablas y me enseñas también a través de los líderes de la iglesia, que tú mismo llamaste para mi edificación y la de mis hermanos, guíame a ser sensible a sus necesidades para que con toda gratitud devuelva a ellos el amor, la paciencia y apoyo que necesitan cuando están cansados, agobiados o desanimados. Para gloria de tu nombre, en Cristo Jesús, amén.

lunes, 30 de diciembre de 2024

La palabra de gracia no promueve el pecado

 


La palabra de gracia no promueve el pecado

Cuando, como creyentes, entendemos el significado personal de la gran obra que Jesús realizó en la cruz, somos llevados genuinamente a no querer practicar el pecado. Ser conscientes de que Jesucristo nos liberó de la esclavitud del pecado que nos llevaba a la muerte y conocer que su Espíritu ahora mora en nosotros, son la clave que nos lleva a evidenciar con nuestros actos, la obra de santidad, purificación y justificación que Jesús ya hizo en nosotros.

La importancia de conocer que su Espíritu mora en nosotros es porque a través de Él, Dios vivifica nuestros cuerpos mortales para que ya no sirvamos más al pecado, “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:2). Entonces cuando nosotros cultivamos una relación de amor, sinceridad y dependencia absoluta del Espíritu Santo, lo que en nosotros se va a evidenciar es su obra vivificadora, haciendo morir en nuestro cuerpo las obras de la carne que conducen a la muerte, y guiándonos a vivir en las obras de justicia que nos traen vida y paz (Romanos 8:6,10-11).

De manera que, conocer esa palabra de gracia que nos revela la perfecta y completa obra de perdón, santidad y justificación que Jesús por nosotros realizó en la cruz, de ninguna manera debe promover en nosotros el pecado, sino todo lo contrario, un fruto genuino y constante que evidencie la presencia y el poder del Espíritu Santo en nuestro corazón. “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías” “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.” Gálatas 5:19-20, 22-23.    Oración.

«Amado Dios, que la grande gracia que has tenido conmigo y con todo creyente de perdonar nuestros pecados y enviar a tu Espíritu a morar en nuestro corazón, produzca en mi vida de manera genuina y constante el fruto de la santificación, cumpliéndose así tu propósito y anhelo de que yo viva una vida para tu gloria, por Jesucristo mi Señor, amén.

domingo, 29 de diciembre de 2024

La palabra de gracia

 


La palabra de gracia

“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” 1 Corintios 6:9-11

Iglesia, tenemos nosotros hoy, por la gracia de nuestro Señor Jesucristo, la bendición de poder decir con seguridad y certeza, que hemos sido lavados, santificados y justificados de todos nuestros pecados. La Palabra de gracia que hemos oído y en la cual hemos creído ha sido todo lo necesario y suficiente para que hoy podamos gozar de este estado. Ha sido un regalo inmerecido y maravilloso de parte de Dios, pero hemos de entender que no es un regalo exclusivo, sino que, nos ha sido dado para que compartiendo la palabra de gracia, todos los que están a nuestro alrededor también tengan la oportunidad de acceder a él.

La palabra de gracia nos dice que, Jesucristo, el Hijo de Dios, se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y para que todo aquel que crea en Él sea lavado, santificado y justificado por su obra de Salvación en la cruz y por su Espíritu que viene a morar en nuestro corazón. Hermanos, realmente ningún ser humano es merecedor de tan grande gracia y amor, porque todos éramos enemigos de Dios, dice la Escritura que no hay justo ni bueno ni aún uno (Romanos 3:10-12); pero ha sido Dios en su misericordia y amor el que ha decidido que todo ser humano independientemente de su condición y pecado, puede ser lavado, santificado, purificado y justificado, llegando a tener parte con Él y siendo merecedor al igual que hoy tú y yo de toda su bondad, amor y provisión.

Es el anhelo de nuestro Señor y Salvador, que como sus discípulos y testigos tengamos su mismo sentir hacia todos aquellos que están hoy en oscuridad y perdición, que cambiemos nuestros pensamientos de crítica, acusación y condenación por sus pensamientos de gracia, amor y salvación.    Oración.

«Padre de amor, que todo el favor y el amor que he recibido de ti, sin tener ni haber tenido algún mérito para ello, me lleve a ver a cada pecador y a pensar de él, de la misma manera que tú a mí me viste cuando yo estaba en esa condición. Que el poder de tu Espíritu y tu Palabra hagan de mí ese fiel reflejo y transmisor de tu gracia, amor y salvación, por Jesucristo mi Señor y Salvador, amén.

sábado, 28 de diciembre de 2024

¡Jesucristo ha venido en carne!

 


¡Jesucristo ha venido en carne!

“Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo. Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error.” 1 Juan 4:3-6

“en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.” 2 Corintios 4:4

¿Qué significa que Jesucristo ha venido en carne? La respuesta clara la tenemos tal como lo explica Filipenses acerca de Jesús “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2:6-7). Siendo en forma de Dios y ser igual a Dios son dos expresiones contundentes acerca de la divinidad de Jesús, pero también refleja la naturaleza de la trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo en una perfecta unidad y una relación eterna de amor, donde el verbo, Jesucristo, es enviado por el Padre para nuestra salvación, (Juan 3:16); es contundente también el Apóstol Juan en escribir por inspiración o revelación del Espíritu “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1:1). La expresión “el Verbo era Dios” despeja toda duda de la naturaleza de Jesús y de la misión que tiene. Jesús no era solamente un profeta, aunque fue el mayor profeta de todos, Jesús no era un ser creado por Dios o una criatura de Dios, aunque Dios le preparó un cuerpo para su misión (Hebreos 10:5), sino que Jesús es Dios mismo con nosotros y vino a cumplir la misión de pagar por nuestros pecados y resucitar para nuestra justificación (Romanos 4:23-25)

Cuando reconocemos de corazón que Jesús es el Señor, estamos reconociendo que Él es “Dios con nosotros” (Isaías 7:14) y por la fe en Él, al escuchar y aceptar el evangelio de nuestra salvación, es ahora “Dios en nosotros” pues Él envía a su Espíritu a habitar en nuestro corazón (Efesios 1:13).

Hermanos, el espíritu del anticristo es el que actúa en todos aquellos que niegan esta verdad acerca de que Jesucristo vino en carne; aprovechemos toda oportunidad para explicar la verdad con toda mansedumbre, esperando que Dios les conceda el arrepentimiento a los que se oponen, para que sean liberados del lazo del maligno que los tiene cautivos (2 Timoteo 2:25-26).   Oración.

«Padre, cuánto me amaste para enviar a Jesús en forma de siervo, semejante a mí, el cual fue tentando en todo, pero sin pecado, para mostrarme y ser el único camino que conduce a ti, ahora por medio de la fe en Jesús soy liberado de toda esclavitud del pecado y de Satanás que me mantenía cautivo viviendo a mi manera; renuncio al maligno y a ser esclavo de mis propios deseos, ahora soy esclavo de Cristo y esta es ¡la verdadera libertad!, en el nombre de Jesús. Amen.

viernes, 27 de diciembre de 2024

Bendecido y prosperado


Bendecido y prosperado

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.” Salmos 1:1-3

La Palabra de Dios (la Biblia) es el libro que Dios milagrosa y extraordinariamente ha escrito y preservado a lo largo de miles de años; y esto debe llamar nuestra atención, porque ¿qué habrá ahí tan importante para ser causa de semejante prodigio?

Pues bien, a grandes rasgos podemos decir que este libro es, el medio que Dios eligió para exponer su esencia y su voluntad, dando así a toda persona la oportunidad de tener el conocimiento necesario y suficiente para vivir una vida próspera y bendecida, puesto que dice: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.” Josué 1:8.

Sin embargo, es necesario entender que, a partir del momento en que se empezó a escribir y hasta que se terminó, fue por inspiración del Espíritu Santo en cada persona que Dios usó (2 Timoteo 3:16), y desde luego para su comprensión, interpretación y aplicación es indispensable la revelación y obra del Espíritu de Dios (1 Corintios 2:14, Romanos 8:8-9). Hecho que solo es posible cuando creemos en Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, y por medio de Él nos acercamos a Dios, pues es solo gracias a Jesús que dio su vida para nuestra salvación, que podemos ser hechos hijos de Dios y herederos de toda bendición (Juan 1:12, Romanos 8:17).

Y entonces, teniendo nuestra nueva identidad como hijos de Dios, es cuestión de que escuchemos la voz del Padre y seamos obedientes a su Palabra, pues su promesa es que todo aquel que se deleita y medita en su ley cada día, será bendecido, prosperado, sostenido y afirmado.   Oración.

«Bendito Dios, gracias por el amor que puedo conocer cuando te busco a través de tu Palabra, gracias por tu esencia ahí declarada y porque por tu Espíritu y gracia, me permites comprenderla y experimentarla en mi vida. Toda la gloria y honra para ti en Cristo Jesús, amén.


jueves, 26 de diciembre de 2024

Ungir tus pies

 


Ungir tus pies

“Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos. Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume.” Juan 12:1-3

Conforme crece nuestra relación personal con Dios y nuestro conocimiento de Él, se nos va revelando cada día más todo el amor con que el Señor nos ha amado, nos ama y nos seguirá amando (Jeremías 31:3). Es un caminar de su mano donde vamos siendo edificados, fortalecidos, perfeccionados, afirmados y establecidos en todo momento y en cada área de nuestra vida (1 Pedro 5:10).

Y es justamente esa plenitud que vamos experimentando en nosotros al poder ver y estar permanentemente con nuestro Dios, lo que hace que cada día ya no queramos vivir para nosotros mismos, sino para aquel que murió y resucitó por nosotros (2 Corintios 5:14-15). Es su amor inagotable, incondicional, eterno y perfecto, lo que nos lleva y nos impulsa a tener vidas que sean como un perfume a los pies de nuestro Señor, vidas que unjan los pies de nuestro Dios.

Fue precisamente el amor, la grandeza y la misericordia de Jesús con Lázaro y sus hermanas, lo que llevó a una de ellas a derramar sobre sus pies el más auténtico y costoso de los perfumes; esta mujer dio al Señor lo que de su corazón brotó en aras de ofrecerle a Dios su más sincera y preciosa adoración, pues aun con sus cabellos los enjugó.

Hermanos, que en nuestro exterior de manera cada vez más clara y amplia, se refleje la obra y transformación que el Señor está haciendo en nuestro interior con su perfecto amor, pues es necesario que así como María, nuestras vidas también sean ejemplo y motivación a los que están a nuestro alrededor, de lo que una verdadera y personal relación con Dios puede llegar a hacer en un corazón.    Oración.

«Bendito Dios, en este día quiero adorarte y darte gracias por tu amor y fidelidad a lo largo de mi vida; gracias por permanecer en mí y por ayudarme a permanecer en ti. Anhelo que cada día más se vea reflejado en cada área de mi vida, todo el amor y la bondad que de ti he recibido, pues has impactado tanto mi corazón que quiero ser motivación para que otros también quieran conocer y experimentar tu amor, Señor, amén.