lunes, 29 de abril de 2024

Evidencias del reino de Dios

 

Evidencias del reino de Dios


“Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”. Romanos 14:17

Así como el mundo tiene evidencias de que está bajo el dominio del maligno, como son el pecado, la enfermedad y la muerte, el reino de Dios también tiene evidencias de su Presencia en esta tierra con cada creyente. ¿Cuáles son esas evidencias? Veamos Romanos 14:17 “porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo”.

La justicia de Dios se manifestó en el calvario en Cristo Jesús, de tal manera que nos liberó de la ley del pecado. Sólo Jesús es el justo que puede vencer el pecado y reconectarnos con Dios Padre. Romanos 5:1 “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. La justicia de Dios, Cristo, perdona el pecado y nos vuelve a conectar otra vez con Él.

La palabra paz = “Shalom” significa paz, salud y prosperidad integral. Es la paz de Dios y la paz es una consecuencia de la justicia. 3 Juan 1:2 “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”.

Gozo en el Espíritu no es que nos riamos todo el tiempo, gozo es cuando estamos fortalecidos por dentro y no tenemos miedo a ninguna circunstancia porque sabemos que mayor es el que está en nosotros, que el que está en el mundo. 1 Juan 4:4

Podemos confrontarnos ahora: ¿Estamos viviendo lo normal del mundo? ¿o estamos viviendo lo normal del reino de Dios? Hagamos una pausa a toda aceleración externa y meditemos en esto. Necesitamos desarrollar las características como ciudadanos del reino de los cielos. Ya que lo somos como dice Efesios 2:19.

Esas cualidades son ocho:

1- Los que son pobres en espíritu

2- Los que lloran para ser consolados

3- Los mansos y humildes

4- Los que tienen hambre y sed de justicia

5- Los misericordiosos

6- Los limpios de corazón

7- Los pacificadores

8- Los perseguidos por causa de la justicia

Se llaman bienaventuranzas, Mateo 5:3-11. La medida del éxito del reino es que todos los que desarrollan estas características son felices, dichosos y bendecidos.

Cuando desarrollamos estas cualidades, cuando las incorporamos a nuestra vida es el poder de Dios cambiando nuestro estilo de vida y podemos tener más consistencia en el carácter de Cristo y manifestar así, el reino de Dios a través de nosotros en esta tierra.  Oración.

«Señor, hoy más que nunca quiero que mi vida dé evidencias de tu reino celestial por eso permíteme cultivar la justicia, la paz y el gozo en el Espíritu, y desarrollar esas cualidades para ser un ciudadano de tu reino. En el nombre de Jesús, amén.

domingo, 28 de abril de 2024

¿Vivo el reino de Dios en mi vida?

 

¿Vivo el reino de Dios en mi vida?


“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo”. Juan 17:15-16

Lo normal del mundo no es lo normal en el reino de Dios. Por eso al hablar de esa diferencia tenemos que renovar nuestra mente y quizás conducirnos al arrepentimiento, a una genuina conversión cuando nos exponemos a la verdad de su Palabra. Porque quizás hemos estado pensando como el mundo piensa y hemos dejado de pensar como Dios lo hace y de hacer su voluntad.

Cuando estamos en Cristo debemos recordar que estamos en el mundo, pero no somos del mundo. Fuimos llamados a marcar la diferencia, pero solo podemos hacerlo si consolidamos nuestro carácter cristiano, teniendo consistencia como ciudadanos de su reino.

1 Corintios 4:20 nos dice “Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder”. La consistencia del reino no es que tengamos mucho conocimiento, sino que vivamos el poder de su Palabra, cuando la conocemos y la aplicamos a nuestra vida. Es dar evidencia de que estamos viviendo bajo sus principios y obedeciéndolos.

Pablo nos hace un llamado en Romanos 12:1-2, a renovar nuestro entendimiento, a no conformarnos a lo normal de este mundo sino a vivir lo normal del reino de los cielos; ya que por nuestro nuevo nacimiento tenemos acceso a su reino y podemos desarrollar luz personal, porque Jesús lo dijo en Mateo 5:16: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. La pregunta es: ¿Se nota que somos del reino de Dios o son sólo apariencias?

Tres evidencias que demuestran lo normal del mundo son: el pecado, la enfermedad y la muerte. La Biblia dice que este mundo está bajo el maligno en 1 Juan 5:19 “Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno”. Toda la naturaleza está bajo maldición, el pecado produce enfermedad y la enfermedad produce muerte. Es importante tener en cuenta esto porque hay mucha gente que no se da cuenta que el pecado se ha vuelto su norma.

Todo esto tenía que ser limpiado con la sangre del Cordero cuando Jesús viniera por primera vez como el “postrer Adán” (1 Corintios 15:45). Jesús comenzó su obra de restauración en la cruz y va a terminarla uniendo al cielo con la tierra nuevamente, esto será en su Segunda Venida cuando quite totalmente el pecado de nuestras vidas. Mientras tanto si estamos en pecado, si vivimos enfermos o nos acostumbramos a estarlo, si siempre tenemos miedo de la muerte es lo normal para el mundo caído, pero no es lo normal para el que está en el reino de Dios, debemos reflexionar bajo qué gobierno nos estamos sometiendo, arrepintámonos y volvamos al Señor.  Oración.

«Señor, quiero una transformación interna e influenciar a mi familia y a mi entorno; siendo esa luz que alumbra con las buenas acciones que glorifican tu santo nombre. Ayúdame a vivir los principios del reino de los cielos, obedeciéndolos, sometiéndome a tu señorío y gobierno, me vuelvo a ti en arrepentimiento, renueva mi mente porque quiero hacer tu voluntad. En el nombre de Jesús, amén.

sábado, 27 de abril de 2024

Regocijémonos en el Señor siempre


 Regocijémonos en el Señor siempre

“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca”. Filipenses 4:4-5
“Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. Él entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas; y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”. Hechos 16:25-31
La palabra regocijarse viene del griego “jaíro”, que significa estar alegre, calmadamente bien, gozoso. Tenemos un mandato que cumplir, además es un verbo imperativo, lo que quiere decir que debemos hacerlo, aunque no estemos pasando por el mejor momento. Parece una contradicción manifestar gozo en tiempos de prueba, pero la lógica nuestra no es la de Dios. El gozo es un fruto del Espíritu Santo, y si permanecemos llenos y controlados por Él, pase lo que pase a nuestro alrededor no debemos perder nuestra alegría.
Dios manifiesta su gloria y poder a través de nuestras situaciones difíciles; Pablo nunca nos va a decir que hagamos algo que él no haya experimentado bajo las mismas circunstancias. Pablo y Silas habían comenzado la iglesia en Filipos, fueron arrestados, azotados, los metieron en la celda más segura y además en un cepo. Más ellos no se quejaron, no maldijeron, sino que comenzaron a cantar alabanzas a Dios, entonces sobrevino un gran terremoto que sacudió los cimientos de la cárcel y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. ¡Dios obra poderosamente en medio de las alabanzas de su pueblo!
Él hace cosas tremendas cuando decidimos regocijarnos en Él. Recordemos 2 crónicas 20:21-22 “Y habido consejo con el pueblo, puso a algunos que cantasen y alabasen a Jehová, vestidos de ornamentos sagrados, mientras salía la gente armada, y que dijesen: Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre. Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron los unos a los otros”. Mientras el pueblo cantaba, el Señor tendió una trampa al enemigo y lo destruyó, haciendo que cada uno se volviera contra su compañero en el campo de batalla.
La alabanza tiene poder, por eso si estamos atravesando momentos difíciles, hagamos como Pablo o el pueblo de Israel, regocijémonos en el Señor. Permitamos que el Espíritu Santo afirme nuestros corazones y nuestros pensamientos en su Palabra y creamos que Él puede cambiar una situación difícil en una gran bendición. El carcelero recibió la salvación junto con toda su familia, y el pueblo de Israel fue liberado de sus grandes enemigos por la mano de Dios.
Junto con el regocijo Pablo también nos pide ser amables: “vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres”. Esa manifestación de amabilidad, es una cualidad del carácter de Cristo que debe ser reconocida por otros en nosotros. Una variante de gentileza se traduce como “ternura”, en referencia a Cristo, 2 Corintios 10:1a dice “Yo Pablo os ruego por la mansedumbre y ternura de Cristo”; esta palabra tiene el sentido de paciencia y también el de comprensión para con la situación de los demás y misericordia al juzgarlos. En consecuencia, aunque los otros no siempre sean correctos con nosotros, les mostraremos amabilidad.
Este pasaje nos recuerda que el Señor está cerca, hoy con más ímpetu debemos manifestar el carácter de Cristo para ganar más personas para el reino de los cielos; que una de esas características sea estar gozosos siempre, pensemos cuántas cosas cambiarían si decidimos regocijarnos en medio de nuestros problemas. Oración.l
«Señor Jesús, este año mi meta es que tu carácter sea formado en mí, con el poder y la gracia de tu Santo Espíritu. Hoy me enseñas que el gozo nada tiene que ver con las cosas materiales, ni con las circunstancias externas; porque la felicidad no depende de cosas, ni de lugares, sino de estar en ti Señor. Eres mi gozo, mi fortaleza y mi cántico, has sido mi salvación, por eso me regocijo en ti. No permitas que alguna situación me arrebate el gozo que me has dado. Amén.

viernes, 26 de abril de 2024

Un fuego en mi corazón

 


Un fuego en mi corazón

“Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución”. 2 Timoteo 3:12

“Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí. Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día. Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude”. Jeremías 20:7-9

Si queremos seguir y servir a Cristo, entonces nuestra vida debe ser como la que Él llevaba. Debemos prepararnos para ser perseguidos, pues ser cristianos es nadar contra la corriente de este mundo, de sus filosofías y huecas sutilezas. Nunca ha sido fácil servir a Dios. En el pasaje de hoy vemos el testimonio del profeta Jeremías. Los que le rodeaban nunca quisieron escuchar las advertencias de Dios contra la apostasía; lo golpearon, lo colocaron en un cepo, fue ridiculizado y se burlaron de él. Quiso desistir, pero no pudo hacerlo ya que las palabras de Dios eran como fuego en su corazón, llegó a decir: “no me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude”. A veces como Jeremías puede ser tentador renunciar a proclamar la Palabra de Dios, porque resulta muy doloroso, cuando sufrimos por causa de ella.

Pero el amor de Dios nos atrae con lazos de amor y no podemos escapar de Él, su Espíritu Santo mora en nosotros y jamás nos dejará; ya somos suyos y no podremos huir, recordemos Salmos 139:7 “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?”; nuestra vida está anclada en Cristo y así como Jeremías podemos exclamar: “Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste”.

El apóstol Pablo nos recuerda todo lo que tuvo que padecer por causa del evangelio en 2 Corintios 11:24-28 dice: “De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias”. Su compromiso e inquietud por la obra de Dios fue más fuerte que su padecimiento. Por eso, al estar preparando a Timoteo para asumir el apostolado le dice: “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución”.

Pablo claramente expresa: “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo”, si es nuestro deseo voluntario colaborar con Jesús en la extensión de su reino en esta tierra, debemos estar dispuestos a padecer persecución. Es tomar una decisión frente al llamado que el Señor nos hace, calcular el costo de seguirlo y renunciar a todo lo que nos impida hacerlo.

Cuando empuñamos el arado como discípulos de Cristo tenemos que entender que no será una tarea fácil, la razón por la cual es necesario esperar persecuciones es porque se acerca el fin y la brecha entre la luz y las tinieblas será cada vez más ancha, pero tenemos la certeza de que Jesús está a nuestro lado y el Espíritu Santo nos alienta para que el fuego de Dios arda tan poderosamente dentro de nosotros que tengamos que seguir hablando de Él.  1. Oración.

«Señor enséñame a escucharte cuidadosamente y a no desalentarme por la oposición que hay en contra de ti en este mundo, gracias porque tu Palabra es como un fuego en mi corazón que no puedo contener, ayúdame a anunciar tu mensaje con amor y con poder. En el nombre de Jesús, amén.

jueves, 25 de abril de 2024

Dios de refugio, fortaleza y liberación

 


Dios de refugio, fortaleza y liberación

“Dijo: Jehová es mi roca y mi fortaleza, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; mi escudo, y el fuerte de mi salvación, mi alto refugio; Salvador mío; de violencia me libraste”. 2 Samuel 22:2-3
“Porque ¿quién es Dios, sino sólo Jehová? ¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios? Dios es el que me ciñe de fuerza, y quien despeja mi camino; Quien hace mis pies como de ciervas, y me hace estar firme sobre mis alturas; Quien adiestra mis manos para la batalla, de manera que se doble el arco de bronce con mis brazos. Me diste asimismo el escudo de tu salvación, y tu benignidad me ha engrandecido. Tú ensanchaste mis pasos debajo de mí, y mis pies no han resbalado”. 2 Samuel 22:32-37
Dios de refugio, fortaleza y liberación, es una triple declaración que el rey David hace en este cántico y es su expresión personal de cómo siente la presencia del Señor en su vida: “mi roca, mi fortaleza y mi libertador”. La roca o fortaleza era un lugar de protección en las batallas, es la palabra hebrea “mesuda”, muy parecida a la palabra mesad que significa “cumbre”; una cumbre era una fortaleza natural en el tiempo de David; las ciudades localizadas a una gran altura eran difíciles de penetrar. La palabra libertador se deriva del verbo “palát”, que significa libertar, escapar o salvar; verbo usado de preferencia en los salmos y como referencia a la liberación que Dios da. Para David, Dios no es una abstracción, ni un concepto, sino un Ser que actúa en su vida, estaba seguro de su relación personal con Dios, usaba el pronombre “mí” para referirse a Él: “mi peña, mi escudo, mi liberación, mi baluarte, mi refugio y mi salvador”.
Recordemos que todos estos nombres dados a Dios indican la protección y refugio que le daba a David en momentos de batalla o cuando era perseguido injustamente por Saúl. Baluarte es en hebreo “misgab”, que significa altura o torre alta, y se deriva del verbo “sagab”: “estar en un lugar alto”; la torre alta era parte del muro que protegía a las ciudades. El lugar alto que podemos buscar en momentos de angustia es la presencia de Dios, ahí estaremos seguros. La palabra refugio es traducción de “menusah”, que significa “huida” o “escape”; es una referencia a Dios como lugar de protección o escape de las amenazas del enemigo.
Por último, la palabra liberación es derivada del verbo “yasha”; usado muchísimas veces en el Antiguo Testamento, significa estar libre. El poder de la liberación de nuestro Salvador está a nuestro alcance, nos salva de la violencia, nos libra de nuestros enemigos (la carne, el mundo y Satanás), es el escudo y la roca de nuestra salvación.
Tenemos no solo un Dios Omnipotente, que todo lo puede, sino un Dios Omnisciente, persona que lo sabe todo, que siente y consuela a sus hijos. La vida está llena de temores, angustias y desesperación, por eso no podemos vivir sin el amparo de Él. También es Omnipresente, porque está en todo tiempo y lugar cuidándonos y mirándonos. La vida sin Dios nunca será completa y feliz. Todos estamos expuestos a persecución, engaño, envidia de otros, humillación, crisis, muerte, etc.; y en todo esto, podemos encontrar consuelo en el Señor que nos oye cuando lo invocamos, así como lo decía David.
Animémonos entonces, recordando esta promesa: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, Filipenses 4:13. Recordemos que la fuente de nuestra fortaleza está dentro de nosotros mismos, por eso cada situación que estamos atravesando la podemos sobrellevar en Cristo. Él nos da por medio del Espíritu Santo las fuerzas para ser más resistentes, es una seguridad que brota de la fe en Cristo, de Él viene la fortaleza. Pensemos: ¿En qué áreas necesitamos hoy la fuerza, el refugio o la liberación de Dios? Oración.
«Amado Dios, gracias por darme la fuerza para enfrentar cada situación. A pesar de mis esfuerzos nada puedo hacer por mi cuenta, a veces mis emociones, el estrés por las circunstancias y los afanes diarios se apoderan de mi y olvido que tú tienes el control; que tú eres mi refugio y mi libertador. Lléname de tu fuerza y de tu paz, guíame un día a la vez. En el nombre de Jesús, amén.

miércoles, 24 de abril de 2024

Solo Dios puede llenar el vacío espiritual


 Solo Dios puede llenar el vacío espiritual

“Porque satisfaré al alma cansada, y saciaré a toda alma entristecida”. Jeremías 31:25
“En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado”. Juan 7:37-39
El síntoma más obvio de un alma que no tiene a Dios es un gran vacío interior. Por lo general la mayoría de las personas se sienten insatisfechos con su vida y tratan de buscar llenar sus necesidades y deseos con cosas mundanas y pasajeras que a la postre nunca los van a satisfacer. El Señor hoy en su Palabra nos dice: “Porque satisfaré al alma cansada, y saciaré a toda alma entristecida”, Jeremías 31:25; la palabra hebrea para satisfacer es “ravá” que significa saciar la sed, llenar algo que está vacío; y la palabra saciar en hebreo es “malé” que significa llenar, abastecer, completar, desbordar. Él nos asegura que puede satisfacer y saciar nuestra alma, llenar ese vacío de nuestro ser y asegurarnos una vida abundante en la tierra.
Jesús lo dijo de la siguiente manera en Juan 10:10b “yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. El único que tiene la capacidad de llenar nuestro vacío, de saciar nuestra sed y aún desbordar en llenura y plenitud en nuestro interior, es el Señor Jesucristo y lo hace por medio de su Santo Espíritu.
Dios nos promete un amor eterno: “Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia”, (Jeremías 31:3). Nuestra mayor satisfacción y lo que más produce felicidad es sentirnos amados y aceptados; por la gracia de Dios, todos los que hemos creído en Jesús, hemos recibido su amor en nuestros corazones y es un amor eterno desde la eternidad hasta la eternidad, es un amor inagotable, invariable, que nos da seguridad porque “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”, (Hebreos 13:8)
A esto, sigue una promesa preciosa que no se cumplirá plenamente sino en la Sión celestial y dice así: “Y vendrán con gritos de gozo en lo alto de Sion, y correrán al bien de Jehová, al pan, al vino, al aceite, y al ganado de las ovejas y de las vacas; y su alma será como huerto de riego, y nunca más tendrán dolor. Entonces la virgen se alegrará en la danza, los jóvenes y los viejos juntamente; y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor. Y el alma del sacerdote satisfaré con abundancia, y mi pueblo será saciado de mi bien, dice Jehová”. Jeremías 31:12-14. Esta promesa no es sólo para el pueblo de Israel sino para la iglesia de Cristo, donde todos vamos a ser saciados de la bondad amorosa de Dios, nuestra alma será como “huerto de riego” y no desearemos más para ser felices. Debemos poner nuestra esperanza en la herencia eterna; cuando miremos nuestro futuro no debemos temer, ni desmayar ante las aflicciones temporales en esta tierra.
El deseo de satisfacer nuestra alma entonces, no solo es para el presente, sino para ese futuro glorioso que Dios nos dará; esto debe estimularnos a mantenernos cerca de Dios, a arrepentirnos si le hemos fallado, a pedirle al Señor que doblegue nuestra voluntad a la de Él, para vivir esa vida en abundancia que nos promete. Recordemos que Dios tiene reservada su misericordia a todos los que le buscan con sinceridad.
Pidamos al Señor que su Palabra abunde en nuestros corazones y que el Espíritu Santo se derrame con poder, como ríos de agua viva en nuestro interior. Oración.
«Amado Dios, solo tú puedes satisfacer mi alma anhelante, llenar mi vacío espiritual con la presencia de tu Santo Espíritu para que, como ríos de agua viva pueda calmar mi sed espiritual, que nada, ni nadie en este mundo puede saciar. Que tu amor derramado en mi corazón se desborde para llevarlo a otros. Señor recuérdame que tú estás conmigo, refresca mi alma y dame descanso. En el nombre de Jesús, amén.

martes, 23 de abril de 2024

Llamados a ser santos

 

Llamados a ser santos


“Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová”. Jeremías 9:23-24

“Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria”. Isaías 6:3

Blaise Pascal decía: “Pero hay quienes no pueden admirar más que las grandezas carnales como si no las hubiera espirituales. Y otros que no admiran más que las espirituales como si no las hubiera infinitamente más elevadas en sabiduría”.

Para él, había tres niveles de grandeza: la grandeza física superficial que se encuentra en las riquezas, la fuerza y la belleza. La grandeza más alta es la de los genios, la ciencia y el arte. Y un tercer tipo de grandeza que está en el orden de la santidad; llegando a la conclusión que la grandeza de una persona no radica en que sea fuerte o débil, rica o pobre, inteligente o analfabeta, porque la grandeza está en un plano diferente e infinitamente superior, en lo espiritual, y lo llama “orden de santidad”.

El Señor a través del profeta Jeremías nos lleva a pensar en lo mismo, cuando vemos este mundo con tanto pecado y dolor, encontramos mucho vacío en el interior del ser humano y son necios todos aquellos que se glorían en cosas temporales y superficiales como el conocimiento, salud, fuerza, riqueza o en cualquier cosa que los deja bajo el dominio del pecado y lejos de nuestro Creador. Fuimos diseñados para depender de Él, por eso anhela que nos gloriemos más en conocerlo y entenderlo para que conozcamos su voluntad; El Señor quiere que le demos más importancia a cultivar lo espiritual y crezcamos en santidad; porque Dios es un Dios santo, y si creemos en su Hijo Jesucristo nos da su poder santificador por medio de su Espíritu.

Estamos llamados a ser santos, 1 Corintios 1:2 “a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro”. Cuando ponemos nuestra confianza en Jesús y lo recibimos en nuestro corazón, recibimos el don del Espíritu Santo, quien nos capacita para vivir una vida santa, que agrade a Dios.

Sólo Dios es perfectamente santo, nosotros nunca alcanzaremos la perfección en esta vida, pero podemos caminar en santidad como respuesta a la santidad de Dios y esto es solo posible por la gracia de Dios, por medio del don de su Espíritu. La Santidad nos conduce a una entrega completa de todo nuestro ser al Señor, como dice Romanos 12:1 “así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”.

Cuando Dios nos llama a ser santos, nos está diciendo que seamos completamente suyos, quiere que nos demos voluntariamente a Él, 1 Corintios 6:19-20 “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”  Oración.

«Gracias Padre celestial porque al creer en tu Hijo Jesucristo, enviaste a tu Espíritu Santo a morar en mí, ahora soy templo tuyo y anhelo por tu gracia, me ayudes a caminar en santidad, a no llenarme de vanagloria por las cosas temporales y superficiales de este mundo. Quiero conocerte y entenderte para hacer tu voluntad para glorificarte con todo mi ser: espíritu, alma y cuerpo, en el nombre de Jesús, amén.