lunes, 15 de abril de 2024

El Dios todo suficiente

 

El Dios todo suficiente


“El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré. Él te librará del lazo del cazador, de la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno, ni saeta que vuele de día, ni pestilencia que ande en oscuridad, ni mortandad que en medio del día destruya”. Salmo 91:1-6

“Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida, y le mostraré mi salvación”. Salmos 91: 14-16

La confianza en Dios es lo opuesto al miedo, por eso, quién permanece al abrigo del Altísimo, y se acoge bajo la sombra del Omnipotente puede sentirse seguro.

Omnipotente, es un atributo y un nombre de Dios que viene del hebreo, “shadday” y se traduce como “el Todopoderoso”, este nombre figura cerca de 50 veces en el Antiguo Testamento y fue el nombre con que los patriarcas conocieron a Dios, refiriéndose a Él como el Dios poderoso, inconquistable, grande y fuerte.

Todos estos adjetivos nos muestran la sempiterna naturaleza de nuestro Padre Dios en la cual podemos confiar. “Shadday” está compuesto de la partícula “shed” (quién o cual) y “day” (suficiente), por lo tanto, Shadday es el “Dios todo-suficiente”, eternamente capaz de ser todo lo que nosotros necesitamos.

El salmista aquí manifiesta su total confianza en el Señor en tiempos de peligro y desafío frente a los poderes del maligno. Enfatiza una profunda comunión íntima y personal con Dios cuando le dice al Señor: “Tú eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quién confío”, Salmos 91:2. La respuesta a todos nuestros temores es una relación estrecha con Dios.

Debemos apropiarnos de todas las promesas de este salmo y encontraremos refugio y protección en Dios en todo tiempo, contra toda tentación y ataque de Satanás, Salmos 91:11-12 nos dice que Dios envía ángeles para cuidar de nosotros.

En la última porción del salmo 91:14-16, Dios mismo habla recalcando su promesa de protección personal. De nuevo prioriza nuestra relación personal con Él: “Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre”. Esta promesa incluye liberación, ponernos en alto por encima de las circunstancias, la respuesta a nuestras oraciones, su Presencia en tiempos de angustia, ver su gloria en nuestra vida, saciarnos de larga vida y mostrarnos su salvación.

Es el mismo llamado de Jesús a que permanezcamos en una relación estrecha con Él, Juan 15:5 “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”.

Moisés fue protegido por la mano de Dios mientras le mostraba su gloria para que no muriera, veamos Éxodo 33:21-22 “Y dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña; y cuando pase mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado”. Ahora Jesús es la roca en la cual podemos refugiarnos y contemplar la gloria de Dios, porque derribó toda barrera que nos separaba del Padre.

En los momentos de mayor oscuridad, siempre nos esconderá en el hueco de la peña para protegernos y liberarnos. Dios resucitó a Jesús de entre los muertos y al hacerlo nos liberó del miedo a la muerte y al futuro, precisamente por esto es que debemos estar dispuestos a dejar nuestra seguridad completamente en sus manos.

Queda claro, que aquellos que amamos al Señor, seremos rescatados de las tribulaciones y el Señor estará con nosotros en medio de las dificultades, esto es lo que marca la diferencia cuando confiamos en Jesús y reconocemos su poderoso nombre.    Oración.

«Señor, gracias por estar conmigo en los momentos de angustia, eres mi refugio y fortaleza, bajo tus alas me siento seguro. En ti confío porque eres el Todopoderoso, el Dios todo suficiente, no hay nada que sea difícil para ti, eres quién me llena de esperanza hacia el futuro y quita todo temor de mi corazón. Tomo tus promesas y descanso en tu verdad, porque tu Palabra es luz en medio de las tormentas de mi vida. Gracias por cuidarme y fortalecerme en mi peregrinar por este mundo, en el nombre de Jesús, amén.

domingo, 14 de abril de 2024

La suprema revelación de Dios

 

La suprema revelación de Dios


Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos. Hebreos 1:1-4

Solo Jesucristo trae a los hombres la Revelación completa de Dios y sólo a través de Él podemos llegar a su misma presencia. El autor de Hebreos, muestra la superioridad de Jesucristo sobre el Antiguo Pacto. Los judíos dividían todo el tiempo en dos edades: la presente, y la por venir. Entre ambas colocaban el Día del Señor. La edad presente era totalmente mala; la edad por venir iba a ser la edad de oro de Dios, esa edad de oro amaneció con Jesucristo. Con Jesús, Dios ha entrado a la humanidad, la eternidad ha invadido el tiempo y ya nada puede ser como antes. La incomparable gloria de la persona y obra de Cristo muestra su supremacía sobre los profetas, los ángeles, Moisés (cap.3), Josué (cap.4), Aarón (cap.4 -7) y todo el ritual del judaísmo (cap.7-10).

En Cristo no hay distinción entre judío y gentil, como dice Colosenses 3:11 “donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos”. Por eso, aunque esta epístola fue escrita para los judíos cristianos, sus enseñanzas y amonestaciones prácticas también son para nosotros los creyentes gentiles. Dios no puede revelar más de lo que nuestra mente puede comprender, por eso cada profeta, de su propia experiencia de la vida y de su experiencia con el pueblo de Israel, había captado y expresado un fragmento de la verdad de Dios. Pero en el caso de Jesús era diferente: Él no era un fragmento de la verdad, ni siquiera el más nuevo, sino la Verdad total. Él mismo lo expresó en Juan 14:6 “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”.

En Jesús, Dios no muestra solo un aspecto de su carácter, sino la totalidad de su ser. Jesús es la clave para transformar nuestra vida, para comprender la Biblia, para conocer el carácter de Dios, por eso si queremos conocer a Dios, debemos mirar a Jesús. Él dijo: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre”, Juan 14:9b.

Jesús es único y es todo lo que necesitamos, esta epístola nos dice todo sobre quién es Jesús, y cómo Él es mejor y mayor que ningún otro ser, enseñanza o sistema religioso. Es el resplandor de la gloria de Dios, la fiel imagen de lo que Él es, recordemos Hebreos 1:3 “el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”.

Muchos hoy todavía no aceptan esta verdad y argumentan que Jesús fue un simple maestro, profeta y algunos que un ángel, sin embargo, la Escritura afirma que es superior a los ángeles y su nombre supera la excelencia, “cuanto heredó más excelente nombre que ellos”, hebreos 1:4.

Hoy unámonos en una adoración por aquel que el Padre exalta como Dios y Rey, veamos hebreos 1:8 “Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; cetro de equidad es el cetro de tu reino” Oración.

«Padre, gracias por tu amado Hijo Jesús, es todo lo que necesito para llegar a ti, porque es el único camino, la única verdad y la única vida que me lleva a tu Presencia. Puedo conocerte y comprender quién eres Tú, por medio de Él. Gracias porque a través de Jesús transformaste mi vida y por su perfecto sacrificio ahora soy perdonado, justificado y santificado delante de ti, Amén.

sábado, 13 de abril de 2024

Más líbranos del mal

 


Más líbranos del mal

“Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.”. Mateo 6:13

Esta petición es la última de la oración modelo que Jesús enseñó. “más líbranos del mal” y qué acertado es pedir siempre esto, porque como dice 1 Juan 5:19 “sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno”. Vivimos en un mundo caído lleno de pecado, corrupción y violencia, por eso, necesitamos constantemente la protección sobrenatural de Dios, y entender que nuestra lucha es espiritual, pues el maligno y sus potestades gobiernan este mundo. Efesios 6: 12-13 dice: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”.

Las peticiones sexta y séptima unidas por la conjunción “más”, implica que un pensamiento sigue naturalmente al otro: “Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal”. Ese mal se refiere al enemigo de nuestras almas: Satanás, fuente de toda maldad.

El apóstol Pablo también pidió a Dios que lo librara de toda obra mala cuando se acercaba el final de su vida, usó una expresión de tranquila seguridad; veamos 2 Timoteo 4:18 “Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén”. Esa oración también la podemos hacer nosotros para librarnos de todo mal, de cualquier clase, no sólo del pecado, sino de todos los efectos que trae.

“Líbranos del mal” expresa nuestro reconocimiento del poder soberano de Dios sobre todas las fuerzas en el mundo. Se refiere a todo lo que podría inducirnos a pecar y ofender a Dios. Esta oración termina con una doxología: “porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén”. Es una expresión de adoración al reconocer la magnificencia de Dios tanto en el cielo como en la tierra.

Debemos ver un orden en las peticiones de esta oración modelo, las primeras tres tienen que ver con Dios y con su gloria, y las siguientes cuatro tocan nuestras preocupaciones temporales y espirituales. Empezamos dando a Dios el lugar supremo que le corresponde y después nos volvemos a nosotros reconociendo nuestra vulnerabilidad, nuestro pecado y necesidad ante un Dios Santo. Hay cuatro necesidades esenciales como seres humanos: primero el pan que necesitamos para vivir, segundo, el perdón para poder acercarnos a su presencia, tercero, la ayuda en medio de la tentación y cuarto, ser librados del mal y preservados. En estas peticiones se nos enseña a depositar el pasado, el presente y el futuro ante el trono de gracia del Señor.

Esta oración no se limita solo a presentarle a Dios la totalidad de nuestro ser, sino que es una oración que trae la totalidad de Dios a nuestras vidas. Porque cuando pedimos pan, nos dirigimos a Dios Padre Creador y Sustentador de la vida; cuando pedimos perdón nos dirigimos a Dios Hijo Jesucristo, nuestro Redentor y Salvador y cuando pedimos que nos libre de la tentación y del mal, nos dirigimos a Dios Espíritu Santo, el Consolador, iluminador, guía y guardián de nuestras almas. Es decir, nos dirigimos a Dios en toda su plenitud.

Este breve estudio sobre el Padre Nuestro, debe llevarnos entonces a orar como le agrada a Dios, en lo secreto, con entendimiento, sinceridad y sin vanas repeticiones, mostrando nuestra confianza, reverencia, sometimiento, dependencia, perdón, humildad y adoración.  Oración.

«Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, enséñame a buscar primero tu reino y tu justicia y todas las demás cosas me serán añadidas, dame el sustento y consuelo necesarios para vivir el presente, a perdonar a otros porque quiero que tú me perdones. Enséñame a odiar y aborrecer el pecado mientras espero en tu misericordia y a estar preparado para resistir al tentador y líbrame de todo mal, amén.

viernes, 12 de abril de 2024

Y no nos metas en tentación

 


Y no nos metas en tentación

“Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal”. Mateo 6: 13a

“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil”. Mateo 26:41

“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. 1 corintios 10:13

La oración modelo de Jesús nos enseña que debemos orar para no caer en tentación, quien busca sinceramente el perdón de sus pecados se esfuerza por no volver a pecar. Sin embargo, somos conscientes que tenemos una lucha espiritual en nuestro interior, una batalla entre la naturaleza de pecado y el Espíritu de Dios que mora en nosotros. Pablo lo expresa de esta manera en Romanos 7: 18-20: “Y yo sé que, en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí”.

El mismo Señor Jesucristo instó a sus discípulos a “velar y orar” para no entrar en tentación. Reconozcamos que nuestra carne es débil, aunque nuestro espíritu esté dispuesto, como lo dice Mateo 26:41. Ciertamente si Pedro hubiera orado cuando Jesús se lo pidió en Getsemaní, se habría fortalecido para no caer en la tentación que hizo que lo negara tres veces. La oración nos lleva a no ser inducidos, ni arrastrados por nuestra propia voluntad a la tentación. La palabra empleada “no nos metas”, es una súplica por apoyo al estar bajo la tentación, para que el Señor nos de la salida. Veamos 1 Corintios 10:13 “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”.

Algunas circunstancias de nuestra vida, siempre pondrán a prueba nuestra fe, tenemos que reconocer que nuestra naturaleza humana es vulnerable y esta petición es una expresión humilde de nuestra desconfianza en nosotros mismos, necesitamos orar para no ceder a la tentación que nos presentan los tres enemigos del cristiano: la carne, el mundo y Satanás. Jesús no está sugiriendo que Dios nos guía hacia la tentación. Simplemente está pidiendo que seamos librados del enemigo de nuestras almas y sus engaños. Todos enfrentamos tentaciones, algunas veces es tan sutil que inclusive no sabemos qué nos está pasando, por eso siempre debemos estar alertas, la palabra “velar” implica esto.

Velad y orad, son imperativos en tiempo presente que denotan acción continua. El que vela y ora en forma continua descubre que aun cuando la carne es débil, el espíritu y la voluntad se imponen con fuerza y le asegura la firmeza cuando se enfrenta a pruebas y le ayudan a permanecer estable moralmente ante las tentaciones.

Recordemos que no estamos solos en esta lucha espiritual, tenemos al Espíritu Santo, con su poder santificador, que nos redarguye de pecado, justicia y juicio, para que no caigamos y nos recuerda nuestra nueva vida en Cristo. Pablo nos dice en Romanos 7:24-25 “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, más con la carne a la ley del pecado”. Cuando uno dirige su vida mediante la unión con Cristo, ya no lo hace por obediencia a un código de ley escrita que de hecho despierta el deseo de pecar, sino por la lealtad a Jesucristo en lo íntimo del espíritu y del corazón por el amor hacia Él.   Oración.

«Amado Padre, permíteme permanecer en ti y en tu Palabra para que mi vida espiritual se fortalezca interiormente y pueda siempre estar alerta ante las tentaciones que enfrento a diario, en mi carne, en el mundo y frente a los engaños de Satanás. Quiero guardar de tal manera tu Palabra en mi corazón, para no pecar contra ti, lléname de tu Santo Espíritu porque sé que no es en mis fuerzas que podré resistir la tentación, sino con el poder santificador de tu Presencia. En el nombre de Jesús, amén.

jueves, 11 de abril de 2024

Y perdónanos nuestras deudas

 


Y perdónanos nuestras deudas

“Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”. Mateo 6:12

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. 1 Juan 1:9

Como un deudor en manos de un acreedor, así es el pecador en manos de Dios. Queremos que el Señor perdone nuestros pecados, pero debemos estar dispuestos a perdonar a los que nos ofenden. Jesús quiere que nos reconciliemos con otros con prontitud, a fin de que no perdamos bendiciones por la falta de perdón. Esta advertencia aparece en repetidas ocasiones en sus enseñanzas. En la oración modelo el Señor nos muestra enfáticamente reconocer nuestro pecado, porque esto nos lleva a pedir perdón para ser limpiados.

Cuando oramos: “y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”, hace referencia a las ofensas hechas y a las ofensas recibidas; para que, así como Él nos perdona, podamos nosotros perdonar a otros. Si hemos recibido el perdón divino por la sangre preciosa de Jesús derramada en la cruz, debemos tener un espíritu perdonador para con nuestros semejantes. Como lo dice Marcos 11: 25-26 “Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas”. La actitud de Dios hacia nosotros en cuanto al perdón será exactamente como sea nuestra actitud hacia los demás.

Cuando perdonamos, Dios ve su propia imagen reflejada en nosotros; así que pedirle a Dios lo que nosotros no damos a los demás, sería contradictorio. El Señor hace énfasis en esto, porque Él sabe que el perdón libera nuestras almas.

Confesar con los labios es también reconocer las ofensas que hemos cometido contra otros, no tengamos temor de hacerlo, porque Dios es fiel y es justo, porque no solo su misericordia, sino su justicia, están expuestas en la redención del que se arrepiente. Cuando Él nos perdona los pecados y nos limpia de toda maldad cumple los propósitos de su eterna fidelidad y justicia. Al limpiarnos nos purifica de nuestra inmundicia, de modo que seamos libres de la presencia del pecado por el Espíritu de la santificación que mora en nosotros, veamos hebreos 9:14 “¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?

La confesión tiene el propósito de liberarnos para disfrutar de una íntima comunión con nuestro Padre. Esto debería darnos tranquilidad de conciencia, pero a veces muchos cristianos no entienden esto y se sienten culpables confesando sus pecados una y otra vez, otros piensan que, si mueren con pecados no perdonados pierden la salvación; no comprenden que el Señor con su sacrificio expiatorio perdonó todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros.

No necesitamos confesar los pecados del pasado otra vez y no debemos temer que Él nos deseche si nuestra vida no está perfectamente limpia. Eso no indica, que no debamos confesar continuamente nuestros pecados, para que podamos disfrutar al máximo de nuestra comunión con Él. La genuina confesión debe llevarnos a la decisión de no seguir pecando. Por eso también debemos orar para derrotar cualquier tentación que nos lleve a fallarle al Señor.

Una pregunta que podríamos estar haciéndonos es: ¿si Dios nos ha perdonado por la muerte de Cristo, por qué debemos confesarnos? Porque al admitir nuestro error y recibir el perdón de Cristo, acordamos con Dios que somos pecadores y deseamos abandonar esa condición; nos aseguramos de no ocultarle nada a Él y en consecuencia a nosotros mismos, teniendo una relación sincera con Él y con los demás; reconocemos nuestra vulnerabilidad y nuestra tendencia a pecar, pero también nuestra dependencia de su poder por medio del Espíritu Santo para vencer el pecado y vivir una vida plena en Cristo.   Oración.

«Amado Jesús, gracias por tu sacrificio expiatorio por el cual quitaste el pecado del mundo; por llevar en tu cuerpo mis pecados pasados, presentes y futuros y por darme el perdón de todos ellos. Quiero vivir en santidad, por eso lléname de tu Santo Espíritu para recibir tu poder para vencer la tentación y llevar una vida limpia, disfrutando así de la plenitud de tu presencia cada día. Ayúdame a tener un espíritu perdonador, para poder perdonar a los que me ofenden, en el nombre de Jesús, amén.

miércoles, 10 de abril de 2024

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy

 

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy


“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”. Mateo 6:11

“Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre”. Juan 6:27

Cuando pedimos a Dios el pan cotidiano, estamos mostrando nuestra dependencia de Él, es el pan de subsistencia. Recordemos que el Señor puede suplir para las necesidades materiales que requerimos día a día. Como lo expresa proverbios 30:8b “no me des pobreza ni riquezas; mantenme del pan necesario”. También esta petición hace alusión a pedir el pan celestial o alimentación espiritual, que es su Palabra, “la comida que a vida eterna permanece”, Juan 6:27.

Jesús establece el contraste entre lo perecedero y lo permanente, lo material y lo espiritual, y exhorta a establecer como prioridad número uno el procurar lo espiritual. Anhelar el “evangelio de vida”, es decir, vida espiritual y eterna, la cual sólo Él ofrece.

Someternos a Dios debe ser nuestra prioridad, pero también es cierto que como hijos de Dios podemos pedir aquellas cosas necesarias para llevar a cabo su voluntad. El pan representa todas las necesidades materiales: comida, bebida, ropa, techo, etc. El Señor Jesús dentro de la oración modelo nos enseña a encomendar nuestras necesidades a Él, pues es la manera de evitar la ansiedad o el afán por el día de mañana, como dice Mateo 6: 31-34 “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal”.

Podemos confiar a Dios todas nuestras necesidades, pero, si luego dudamos y entramos en ansiedad, nos falta fe. La voluntad de Dios no es que sus hijos vivan en un estado de ansiedad por el sustento de la vida, por eso nos invita a creer y orar; así lo expresa Filipenses 4:6-7 que dice: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. Dios trae paz a nuestra mente y corazón cuando confiamos en lo que Él puede hacer.

Cuando oramos: “el pan nuestro de cada día dánoslo hoy”, estamos reconociendo que el Señor es nuestro sustentador, todas las cosas le pertenecen a Él, pensar que dependemos de nosotros mismos es una necedad. Confiemos plenamente en que proveerá diariamente todo lo que necesitamos, porque es el dueño absoluto de todo y dependemos de su gracia y providencia para subsistir.

No fuimos diseñados para vivir independientemente de nuestro Creador, tenemos la necesidad de mantenernos en comunicación con Él. La Biblia constantemente nos lo recuerda. Jesús dijo en Mateo 5:3 “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. En otras palabras, felices los que tienen conciencia de su necesidad espiritual, para ser felices necesitamos de Dios. ¿Pero cómo hacerlo? Jesús dio la respuesta en Mateo 4:4b “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

¿Cuánto descansamos entonces en las promesas de Dios? Recordemos algunas de ellas: Salmos 37:25 “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan”; Salmos 34:9 “Temed a Jehová, vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen” y Salmos 145:16 “Abres tu mano, y colmas de bendición a todo ser viviente”. Así como necesitamos el pan físico, también necesitamos el pan espiritual, entonces pidamos con fe que el Señor nos proveerá.   Oración.

«Gracias Jesús, porque conoces cada una de mis necesidades, sin embargo, te agrada que pida lo que necesito. Gracias, porque no solo me das el sustento diario, sino que me llevas a tener hambre y sed de tu Palabra y a esforzarme para poder alimentarme de ella y crecer para vida eterna. Tú eres generoso y dueño de todo, por eso, sé que suplirás todo lo que me falta conforme a tus riquezas en gloria. Amén.

martes, 9 de abril de 2024

Hágase tu voluntad

 


Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra

“Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”. Mateo 6:10

“Y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra”. Apocalipsis 5:9-10

Esta parte de la oración modelo, expresa el deseo de que el reinado de Dios en esta tierra llegue de forma absoluta a su establecimiento, pues así lo es en el cielo. El término griego “dsélema” para voluntad, significa determinación, propósito, decreto, abstractamente voluntad. Es el resultado del deseo y propósito eterno de Dios revelado a través de su Palabra y en la persona de su Hijo Jesucristo.

Esta hermosa súplica nos debe llevar a interceder hasta ver toda la tierra habitada en plena conformidad con la voluntad de Dios. ¿Será que algún día ocurrirá? Sí, porque las promesas de Dios lo dicen. Veamos Habacuc 2:14 “Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar”, y Apocalipsis 21:2-3 “Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios”.

Quienes oramos pidiendo el establecimiento del gobierno de Dios en nuestra vida y en nuestras situaciones reales, estamos pidiendo la realización de la voluntad de Dios sobre la tierra ahora, y no sólo en la consumación de esta en la era venidera.

Como hijos de Dios debemos presentarnos cada día delante de nuestro Rey, someternos a su soberanía y estar dispuestos a obedecer para llevar a cabo su voluntad, Romanos 12:1-2 dice: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.

Sólo cuando le demos a Dios el primer lugar en nuestras vidas y busquemos su reino y su justicia, todo lo demás pasará a ocupar el lugar que le corresponde. Mateo 6:33 “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. La oración no debe ser nunca un intento de forzar la voluntad de Dios a nuestros deseos, sino siempre un intento de someter nuestra voluntad a la de Dios, como Jesús lo hizo cuando oró diciendo: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”, Lucas 22:42. Jesús sometió su voluntad a la del Padre por eso cumplió a cabalidad con el propósito soberano de Dios en esta tierra, morir por los pecados de la humanidad, darnos salvación y una nueva vida.

De esta forma acercamos el reino de Dios a los hombres ahora, como lo hizo Jesús en su ministerio. Jesús debe reinar primero en los corazones de las personas hasta que él vuelva y sea un hecho que reinará con nosotros en esta tierra.  Oración.

«Amado Padre celestial, cuando digo que se haga tu voluntad en esta tierra como en el cielo, es porque anhelo que hagas lo que tienes que hacer para establecer tu reino y tu justicia en esta tierra, por eso mi prioridad es buscarte cada día, conocerte y entender tu voluntad para mi vida y así, pueda colaborar para que tu reino sea levantado y establecido en los corazones de muchas personas, hasta que Jesús regrese para reinar por siempre con nosotros. Amén.