sábado, 2 de marzo de 2024

La fuerza de su Espíritu

 La fuerza de su Espíritu

el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo”, Romanos 15:13
El día de pentecostés el Señor derramó de su Espíritu sobre los creyentes cumpliendo así la profecía del profeta Joel (Hechos 2:17-18, Joel 2:28-29), si sus promesas se cumplen entonces podemos confiar en que tenemos una esperanza viva, que no solo es para un futuro sino que alimenta nuestro presente, impacta nuestra realidad actual e impulsa nuestra vida.
La razón por la cual impulsa nuestra vida y la va transformando día a día es porque como resultado de la fe en Cristo tenemos paz y gozo, ya que el Dios de amor y paz habita en nuestro interior por medio de su Espíritu para hacer que vivamos como Cristo vivió. Tenemos su mente, su carácter, mediante el fruto del Espíritu Santo y es nuestra misión reflejar toda la plenitud de Cristo.
Qué maravilloso es saber que no estamos solos, que a pesar de nuestra debilidad el Espíritu intercede por nosotros (Romanos 8:26), nos guía e inspira a alcanzar toda la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. (Efesios 4:13).
¿Estamos viviendo como Cristo vivió? no es una imposibilidad sino una realidad de todo creyente que nos ha sido dada como herencia y que si bien será plena cuando nos encontremos con Jesús cara a cara, estamos llamados a impactar al mundo desde ya mostrando el amor de Jesús cuando amamos, enseñamos y servimos a nuestro prójimo (1 Pedro 1:4-5, 1 Juan 3:2) Oración.
«Quién como tú Señor que perdonas la maldad y por medio de la fe en Jesús derramas tu Espíritu en mi corazón, para vivir una vida santa, con propósito y con una esperanza que impulsa cada dia mi vida para amar a mi prójimo. En el nombre de Jesús, amén

viernes, 1 de marzo de 2024

No desmayemos

 No desmayemos

“El que sacia de bien tu boca de modo que te reju

venezcas como el águila.”, Salmos 103:5

“Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.”, 2 Corintios 4:16
“Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.” , Salmos 23:4c
La vida se puede tornar compleja, nuestras relaciones, el trabajo, la familia pueden enfrentar conflictos en cualquier momento y muchas veces las dificultades nos pueden agobiar produciendo en nosotros más que un cansancio físico, desánimo.
Pero el Señor tiene promesas maravillosas en su Palabra que nos recuerdan su fidelidad en todo tiempo (Salmos 136:1, Salmos 100:5) por esto podemos estar seguros que Él nos infunde nuevas fuerzas para que desde nuestro interior seamos renovados, pues cuando dice “Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.” significa que su presencia y cuidado constante nos darán la fuerza necesaria para enfrentar todas las situaciones.
Por esta razón no debemos desmayar, cada reto, dificultad o conflicto es una oportunidad para formar el carácter de Cristo y reflejarlo por medio de nuestras vidas, su amor, su paciencia y todo el fruto de su Espíritu deben brillar cuando somos llevados a situaciones extremas o aun en la rutina de la vida diaria.
Cuando sentimos desmayar y que nos faltan fuerzas recordemos que tenemos una oportunidad preciosa para que Cristo sea formado cada día más en nosotros (Gálatas 4:19), mientras pasamos esta breve tribulación, pues nuestra fe es nuestra victoria y podemos reafirmar lo que dice en 2 Corintios 4:17:“Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria;”No desmayemos
Oración.
«Padre en cada prueba, dificultad o situación extrema ayúdame a reflejar con mayor plenitud a Cristo, no desmayando sino sabiendo que lo que sucede forma mi carácter y es la oportunidad para mostrar que Cristo vive en mi. En el nombre de Jesús, amén.

jueves, 29 de febrero de 2024

Palabras corrompidas

 Palabras corrompidas


“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”, Efesios 4:29.
“Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado”, Gálatas 6:1.
Lo que somos luego de que recibimos a Cristo no está determinado por nuestro esfuerzo o excelente comportamiento, sino por lo que hizo Jesús en la cruz. Por medio de la fe en él, es realizado un cambio interior que se extiende hacia el exterior. ¿Acaso puede un árbol dar buen fruto si está dañado por dentro? (Mateo 7:17-19).
Lo que sucedió en nosotros por obra del Espíritu de Dios y al permanecer en Cristo nos permite manifestar una evidencia real de cambio, al dar fruto abundante (Juan 15:3-5).
Pero este fruto no se cosecha de la noche a la mañana, el Señor ha provisto pastores y maestros en la congregación de creyentes para instruirnos y edificarnos mutuamente en amor (Efesios 4:11), y este amor empieza a transformar cada día más lo que creemos, pensamos y finalmente lo que hacemos, recogiendo así el fruto esperado y evidenciando con nuestras obras que Cristo está en nosotros.
Pero lastimosamente muchas veces vemos a un hermano pasar por una dificultad o caer en pecado, o mostrando los defectos que todos de una u otra forma tenemos y lo primero que viene a nuestra mente es acusarlo y condenarlo. Decimos frases valientes como ‘parece que necesitas orar más’ o ‘seguramente tu relación con Dios está muy debilitada’. Nuestra salvación y nuestra vida Cristiana no está sustentada en nuestro esfuerzo personal o por nuestra propia voluntad o incluso en nuestras propias obras de justicia, sino solamente en la fe.
Gloria a Dios por Jesucristo, pues ninguna condenación hay para nosotros porque estamos en él y él en nosotros. Lo que debemos hacer es orar por ese hermano y buscar en la Palabra de Dios cómo podemos corregirlo con amor, buscando animarlo y edificando el carácter de Cristo en él; como dice uno de los versículos de hoy “con espíritu de mansedumbre” y esto se refiere a un fruto del Espíritu Santo que debe tener quien busca edificar a otro hermano.
Pensemos bien qué palabras estamos usando ya que las palabras de gracia buscarán que el creyente recuerde su posición en Cristo, que viva como hijo en una relación donde el amor del Padre lo sustente y lo motive a dejar malos comportamientos (Romanos 6:13-14). Oración.
«Quita de mí Señor toda palabra corrompida que ataque la identidad de mi hermano y atente contra su fe, dame palabras guiadas por tu Espíritu llenas de verdad, amor, ánimo y de toda palabra que sea buena para la necesaria edificación de mis hermanos, en el nombre de Jesús. Amén.

martes, 27 de febrero de 2024

Reyes sin corona

 

Reyes sin corona


“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”, Efesios 4:22-24.

“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante”, Efesios 5:1-2.

En el devocional anterior, reflexionamos que nuestro despojo debe ser al contrario de Jesús, pues no teníamos nada, éramos reyes sin corona, reyes de nuestro reino de egoísmo, en un pedestal de mentiras y buenas intenciones, pero realmente esclavos del pecado y del maligno.

Ante los demás no había amor, pues nuestras relaciones estaban pactadas por la conveniencia, “si tú me das yo te ofrezco” una mentalidad de pobreza total. Pero Cristo cambió todo, ¿quién teniéndolo todo, puede dejarlo por amor? Jesucristo.

Debemos entonces despojarnos de lo que no tiene ningún valor para tomar aquello que tiene tan altísimo valor que solo pudo ser pagado con la preciosa sangre de Jesús, como nos enseña el Apóstol Pedro inspirado por el Espíritu: “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:18-19).

Ya que hemos recibido toda riqueza espiritual esta debe ser usada generosamente en reflejar las virtudes de aquel que nos salvó y nos llamó con llamamiento santo; no por nuestras obras somos merecedores de tal galardón sino por su gracia y de acuerdo a su propósito (2 Timoteo 1:9); este llamamiento santo significa que fuimos apartados para Cristo, para vivir una vida radicalmente diferente a como la llevábamos antes de conocerlo y esto solo lo podemos lograr si andamos guiados por su Espíritu haciendo morir las obras de la carne y nuestra tendencia a actuar de manera independiente, usando todo el amor que ha sido derramado en nuestro corazón. Vivir en amor es la manera correcta de vivir, pues quien ama no hace daño al prójimo (Romanos 13:10) y recordemos que: “La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz” (Romanos 13:12).  Oración.

«Gracias mi Señor, me has concedido todas la bendiciones y riquezas espirituales para dar con generosidad todo tu amor, ya no viviendo como vivía antes de conocerte, sino enfocando mi vida de acuerdo a tu propósito para glorificar al Padre en todo lo que haga por el poder de tu Espíritu en mí, amén.

lunes, 26 de febrero de 2024

Se despojó

 Se despojó


”Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos“, ‭‭2 Corintios‬ ‭8‬:‭9.
“sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre”, Filipenses 2:7-9.
El amor tiene una característica muy impactante que nos enseñó Jesús, y es que el que ama se despoja a sí mismo. Reflexionemos en el ejemplo del Señor, que siendo el Rey del universo, el Señor de la creación, se hizo pobre siendo rico, se despojó a sí mismo y se hizo semejante a nosotros, pero fue más allá pues se hizo siervo de todos lavando nuestros pecados en la cruz, pues se entregó a sí mismo para pagar la deuda que teníamos por el pecado; y nos dice la escritura: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),” (Gálatas 3:13). Se hizo por nosotros maldición, para que toda la bendición cayera sobre nosotros y también para que fuéramos herederos de su justicia, pues “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21).
Qué espectacular noticia, Jesucristo el testigo fiel nos amó y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, el que es, el que era y el que ha de venir, el Todopoderoso, que vendrá en la nubes y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él; primero se despojó de su condición para que ahora nosotros poseamos todas las riquezas en gloria en Cristo Jesús y fuésemos hechos reyes y sacerdotes para Dios con el fin de anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable (Apocalipsis 1:5-8, Filipenses 4:19, 1 Pedro 2:9).
Nosotros también estamos llamados a despojarnos de todo lo que impide que disfrutemos de su favor inmerecido, de toda carga y esto significa confiando plenamente en la obra de Cristo, no desechando su gracia y despojándonos de nuestra antigua manera de vivir para que disfrutemos de lo que Jesús en la cruz nos entregó. Nuestro despojo es al contrario de Jesús, pues no teníamos nada, tal vez reyes de nuestro reino de orgullo y vanidad, de nuestra vanagloria, así que debemos despojarnos de lo que no tiene ningún valor para tomar aquello que tiene tan altísimo valor que solo pudo ser pagado con su preciosa sangre (Hebreos 12:1, Efesios 4:22-24, Gálatas 2:21). Oración.
«Señor Jesucristo, por ti soy lo que soy y tengo todas tus riquezas en gloria, no lo merezco, pero tú lo diste todo por mí, ahora quiero enseñar a otros tu evangelio con todo amor y gratitud, para gloria de Dios Padre, amén.

domingo, 25 de febrero de 2024

El carácter de Cristo

 El carácter de Cristo

“Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”, Romanos 5:3-5.
“El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado”, Proverbios 10:9.
Jesús demostró en su venida a la tierra un carácter perfecto, recordando que Él vino también como cien por ciento hombre: “sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Filipenses 2:7), además “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15).
Su carácter manso y humilde nos lo dejó como provisión y ejemplo a nosotros, por esto dijo: “​​Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29), pero no solamente se quedó en decirlo sino en demostrar con sus acciones sabias, con sus respuestas contundentes o con su silencio sabio que era lo que decía ser.
Como nos dice el versículo de hoy, al poner nuestra fe en Jesús recibimos al Espíritu Santo, el mismo amor del Padre derramado en nuestro corazón y por este regalo inmerecido podemos desarrollar en nosotros el carácter de Cristo, y ¿cómo sucede este proceso? Pues es una obra que Dios está construyendo en nosotros día a día y que será perfeccionada hasta que nos encontremos cara a cara con Jesús (Filipenses 1:6), sin embargo Dios usa todas las situaciones para formar nuestro carácter, tanto las cosas buenas como las dificultades prueban nuestro corazón para revelar lo que tenemos dentro y tener la oportunidad de que en una relación de amor con Dios, ser conducidos al arrepentimiento constante, es decir un cambio de mentalidad y de actuar frente al pecado y la tendencia a actuar de manera independiente de Dios (Proverbios 17:3, Romanos 12:2).
Estos sufrimientos que habla el versículo de hoy producen en nosotros esa paciencia (que es parte del fruto del Espíritu Santo) y esta paciencia al mantenerla constante produce entereza de carácter, es decir que cada dificultad enfrentada con absoluta confianza en Cristo, aunque duela momentáneamente, nos hace más fuertes, pero no en nuestra propia fuerza sino que nos entrena en la piedad y nos hace dependientes del poder de Cristo. Oración.
«Padre, anhelo tener el carácter de Cristo para darte gloria, honra y honor, que tu Espíritu me guíe a entender tu Palabra y a ponerla por obra, a depender de ti en cada situación unido en el yugo con Cristo para que mi carga sea liviana. Amén.

sábado, 24 de febrero de 2024

Vuelve a empezar


  Vuelve a empezar

“¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. Él volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.” Miqueas 7:18-19
Por que su misericordia se renueva cada mañana, podemos volver a empezar, claro, corrigiendo, ajustando y cambiando nuestra forma de pensar pero en el poder y la fuerza de su Espíritu (Lamentaciones 3:22-23, Zacarías 4:6), para que podamos comprobar y disfrutar de toda la bondad de Dios y experimentar la plenitud de su amor.
Todos caemos alguna vez, en cualquier área de nuestra vida, y el mundo es implacable, pero Dios es misericordioso por la gracia de Jesús. Si cometemos un error en un empleo podemos perderlo, si nos equivocamos en un negocio podríamos perder dinero, si es en algún deporte perder la competencia; si en las decisiones familiares cometemos un error podríamos enfrentar grandes conflictos y sufrimiento, sin embargo Cristo siempre estará con nosotros, para levantarnos y darnos una nueva oportunidad, pues como dice la escritura: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.”, (2 Corintios 8:9), es decir que es en Él en el que podemos volver a empezar, para que las cosas las hagamos para la gloria de Dios.
Por esto estamos llamados a construir sobre la roca y esta Roca es Cristo, así lleguen dificultades, tempestades que intenten quitarnos la paz, se conmueva nuestra vida, pero nuestra alma, nuestro futuro, están seguros en Jesús (Mateo 7:24-25).
Es mejor volver a empezar luego de una derrota, de tal vez perderlo todo, pero en la riqueza, la verdad y el amor de Cristo, para que todo lo que iniciemos de nuevo tenga propósito, tenga un sentido de vida, porque se hará de la mano del que todo lo puede y no por nuestras emociones, o por nuestro propio entendimiento limitado, así que si hoy has decidido iniciar de nuevo, se prudente y presta atención a las palabras de nuestro Salvador y Señor Jesucristo, así todo lo que edificares de ahora en adelante tendrá bases profundas y firmes. Oración.
«Señor he fallado en muchos asuntos de mi vida y no puedo resolverlos en mi propia fuerza, pero se que tu Palabra dice que tu misericordia se renueva cada mañana y quiero volver a empezar pero de tu mano, con Cristo en mi corazón gobernando mi vida, mis pensamientos y todas mis acciones, amén.