miércoles, 14 de febrero de 2024

Un principio que bendice nuestra vida

 

Un principio que bendice nuestra vida


“Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos” Romanos 13:1-2.

Un principio que nos bendice de manera abundante es el someterse a toda autoridad. Esto contrasta con el mundo actual, donde el ir en contra de la autoridad es una tendencia en aumento: “Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos” (2 Timoteo 3:2). Pero la Palabra de Dios establece que es Dios el que instaura estas autoridades, en Daniel 2:21 leemos: “Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos”.

¿Y cómo disfrutamos de esta bendición? Todos estamos llamados a estar bajo una autoridad. En nuestras familias, Dios nos coloca bajo la autoridad de nuestros padres (Efesios 6:1), en los matrimonios las esposas al esposo: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (Efesios 5:22-24); pero claramente el esposo debe estar sujeto a Cristo.

En cuanto a la iglesia, el Señor también nos instruye a someternos a las autoridades pastorales, “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso”, (hebreos 13:17).

El Señor Jesucristo mismo vino en su naturaleza de hombre sometido totalmente a la autoridad de su Padre, porque se identifica con el hombre para dar su vida en rescate por la humanidad, así que se somete a sus padres terrenales y a su Padre celestial: “¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras” (Juan 14:10). El Señor Jesús no actuaba de manera independiente o haciendo las cosas por su propia cuenta sino siguiendo las instrucciones de su Padre: “Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” (Juan 5:19).

Cristo mismo se sometió incluso a las autoridades terrenales, porque él vino a hacer la voluntad del Padre “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38). Obedecer a las autoridades puestas por Dios es la manera más práctica y sencilla de hacer la voluntad de Dios, pero, ¿qué sucede si estas fallan? Estamos llamados a orar por ellas “por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad” (1 Timoteo 2:2), es decir que es ante Dios que deben responder, mientras nosotros nos sometemos al Señor, él no permitirá que la autoridad terrenal nos lleve a pecar contra Él mismo que es la autoridad superior, o la autoridad máxima de todas las autoridades.  Oración.

«Padre, estoy en Cristo por tu gran amor, y ya no hay condenación, sino que tengo una relación contigo de Padre e hijo, tú me amas, me corriges, me animas y me enseñas por tu Santo Espíritu a tener el carácter de Cristo y por eso estoy llamado a respetar a las autoridades que tú has designado, en amor, para nuestra protección. En el nombre de Jesús, amén.

martes, 13 de febrero de 2024

No hay condenación

 

 


                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         No hay condenación                                                               

“Me mostró al sumo sacerdote Josué, el cual estaba delante del ángel de Jehová, y Satanás estaba a su mano derecha para acusarle. Y dijo Jehová a Satanás: Jehová te reprenda, oh Satanás; Jehová que ha escogido a Jerusalén te reprenda. ¿No es éste un tizón arrebatado del incendio? Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel. Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala. Después dijo: Pongan mitra limpia sobre su cabeza. Y pusieron una mitra limpia sobre su cabeza, y le vistieron las ropas. Y el ángel de Jehová estaba en pie”. Zacarías 3:1-5.

En esta visión que Dios le revela al profeta Zacarias, muestra al sacerdote Josué, que está con vestiduras viles, es decir ha caído en algún pecado o desobediencia. Muestra a Satanás acusándole ante Dios y al “ángel de Jehová”, que es nuestro Señor y salvador Jesucristo, pues la escritura revela que Él es nuestro abogado (1 Juan 2:1).

Además, nos ilustra este proceso de cómo Jesús, ante las acusaciones de Satanás, defiende al sacerdote Josué, lo perdona y lo viste de vestiduras blancas, pero también lo amonesta a permanecer en obediencia. Este hecho no lo podría mandar u ordenar un ángel, sino el mismo Dios, así que es una referencia clara al Señor Jesucristo y a su preexistencia (Juan 1:1-3).

La mitra sobre su cabeza representa la restauración de Dios, simboliza la purificación y la renovación de Josué, el sumo sacerdote, frente a las acusaciones de Satanás; pues las acusaciones de Satanás habían causado culpa y dolor porque Josué las había creído, y necesitaba que Dios le recordara su amor, su perdón y su gracia, por esto el Señor le dice a Satanás “¿No es éste un tizón arrebatado del incendio?”, es decir, ya es un hijo de Dios, salvado por gracia mediante la fe (Efesios 2:8-9), entonces queda sin fundamento la condenación de Satanás y lo que hace el Señor es limpiarlo y restaurarlo.

Esto lo podemos tomar para nosotros, para ir a la presencia de Dios sea cual sea la situación en la que estemos, y llevando toda ansiedad, dolor, pecado y toda condenación, y pedir al Señor que nos limpie, pues él es nuestro abogado; esto nos lo confirma la Palabra para que sea determinante en nosotros y se vaya toda condenación: “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros” (Romanos 8:34). Si Él intercede por nosotros, no hay condenación y luego de pasar por un conflicto con el pecado o la naturaleza pecaminosa no debemos tardar en ir hacia Cristo, no debemos quedarnos faltando a su amor, no debemos ocultar el pecado ni convivir con él, sino como contundentemente lo dice la escritura: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (hebreos 4:16).   Oración.

«Señor Jesús, no solamente eres mi salvador, sino que también eres mi abogado, me perdonas, me limpias, pero me das también tu amor para ser renovado y no quedarme en la condenación, pues en este estado no puedo dar fruto. Ayúdame a permanecer en ti y a                                                                                                                                                             llevar mucho fruto, viviendo en el Espíritu para hacer la voluntad                                               del Padre. Amén.

lunes, 12 de febrero de 2024

Unge tus ojos con colirio

 

Unge tus ojos con colirio


“unge tus ojos con colirio, para que veas.” Apocalipsis 3:18b

“Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.” Filipenses 1:9-11

En el devocional de ayer vimos que Cristo nos dio varios consejos para no andar en la mediocridad espiritual o tibieza. Una de ellas es “unge tus ojos con colirio,”.

El Colirio son gotas o soluciones para el cuidado visual, diseñados para refrescar y lubricar los ojos secos y cansados, representa la necesidad de obtener discernimiento y comprensión espiritual para ver la verdad y solo el Espíritu Santo nos puede mostrar nuestro verdadero estado por medio de la Palabra de Dios (1 Corintios 2:14), para corregir y andar en la voluntad de Dios, puesta la mirada en Jesús el iniciador y consumador de la fe.

Nuestra visión se aclara andando en el Espíritu. “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.” (Gálatas 5:16), finalmente este discernimiento que nos da el Espíritu es necesario para vivir vidas irreprensibles, pues sabemos elegir entre lo bueno y lo malo, entre la verdad y el engaño, como nos enseña la Palabra de Dios: “Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aún más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.” (Filipenses 1:9-11), es clave que aquí el pasaje nos enseña que ​​el carácter justo que Jesucristo produce en nuestra vida traerá mucha gloria y alabanza a Dios.

Sin embargo, como muchas veces se nos olvidan estos principios y nuestra posición en Cristo, necesitamos que otros hermanos llenos del Espíritu nos recuerden la verdad, porque el engaño del maligno está a la puerta tratando de hacernos olvidar nuestra verdadera condición, la culpa, las acusaciones nos pueden desanimar, frustrar, pero es viendo a Jesús, su justicia, su obediencia y tomándola para cada uno de nosotros, que podemos establecernos y reafirmarnos en lo que Dios dice que somos.

“Unge tus ojos con colirio” es un llamado a salir del engaño, y es importante por esto, no mantener oculta una situación difícil por la que estemos pasando sino que sea conocida por Dios en oración y que nos abramos también a hermanos llenos del Señor para edificarnos mutuamente, muchas veces un hermano te recuerda el principio y nos da ánimo “Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis.”(1 Tesalonicenses 5:11), las palabras de un hermano lleno del Espíritu será como ungir nuestros ojos con colirio para ver nuestra condición e ir hacia el perdón y la restauración en Cristo Jesús.  Oración.

«Señor, muéstrame mi verdadera condición, no me dejes en el engaño de mis sentidos, sino que ayúdame a colocar en acción el discernimiento que me da tu Espíritu, para ir al arrepentimiento y vivir en la llenura de tu Santo Espíritu, haciendo tu voluntad. Amén.

domingo, 11 de febrero de 2024

Solución a la tibieza espiritual

 

Solución a la tibieza espiritual


“Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”, Apocalipsis 3:18-20

La tibieza como vimos en el devocional anterior, tiene que ver con andar en un estado de carnalidad y de egoísmo, pero también de desánimo permanente y el Señor reprende a quien toma por hijo y no quiere dejarlo en esa condición de mediocridad espiritual que lo llevará al fracaso, a la pérdida de bendiciones y recompensas, a vivir una vida improductiva.

Por esto llama al arrepentimiento, detallando cada solución:

• “compres oro refinado en fuego”: El oro refinado es nuestra fe: “para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual, aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:7). Esto se refiere a volver a la fe, a afianzarnos en la Palabra de Dios, estar firme en lo que Él dice, confiando plenamente en Cristo, pues Él es el iniciador y consumador de nuestra fe, así podemos recuperarnos de toda incredulidad producida por el relajamiento espiritual.

• “vestiduras blancas para vestirte”, las vestiduras blancas representan las acciones justas de los creyentes (Apocalipsis 19:8), entonces el Señor está exhortando a poner en práctica o acción nuestra fe, como dice Santiago 2:18-20: “Pero alguno dirá: tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?”, es decir la exhortación del Apóstol Santiago es a tener coherencia entre lo que creemos y lo que hacemos, la forma como vivimos revela lo que creemos y si la fe que decimos tener es una fe viva. Las obras no son la causa de la salvación; son la evidencia de la salvación. La fe en Cristo siempre produce buenas obras.

• Cuando nos habla de colocarnos las vestiduras blancas, también está relacionado con la manera en que nos vemos a nosotros mismos, y más profundamente cómo nos identificamos con lo que Dios dice de nosotros, entonces cuando nuestras vestiduras no son las que debemos tener, primero en oración debemos confesar nuestro pecado a Dios “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Podemos seguir el Salmo 51, pero también recordar lo que dice Dios de nosotros y apropiarnos de esta verdad: “más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9).

Profundizaremos en el devocional de mañana en el significado de “unge tus ojos con colirio”.      Oración.

«Padre amado, por el poder de tu Espíritu y tu Palabra guíame a vivir firmemente arraigado y sobreedificado en Cristo Jesús, para que cimentado en su amor pueda vivir plenamente demostrando con mis acciones que soy el templo de tu Santo Espíritu, pues ya no quiero vivir como un mediocre espiritual, cuando en el mundo hay tanta necesidad de tu amor. En el nombre de Jesús, amén.

sábado, 10 de febrero de 2024

Tibios

 

Tibios


“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete” Apocalipsis 3:15-19.

Esta dura exhortación está dirigida a los cristianos, a los miembros de una iglesia que no se han arrepentido de muchas cosas y que viven una vida espiritual mediocre, relajada, sin fruto o con un fruto mediocre, pues pudiendo dar mucho más, no producen frutos en el conocimiento de Cristo y con consecuencia en su comportamiento, es decir, no demuestran su fe con obras de justicia, por eso le llama “miserable” que se aplica a una persona extremadamente tacaño o avaro. Alguien que teniendo mucho no es generoso, que está atravesando realmente la mayor tragedia espiritual de su vida, pues vive en desventura, en vez de vivir en el estado natural de todo cristiano: en la gracia de Dios.

También se le dice pobre, porque aquellas riquezas materiales que posee no lo son y disminuyen la verdadera riqueza del cristiano: su fe. Cuando dice “Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad”, también denota un orgullo, puesto en su propia fuerza y por tanto ya no depende de Dios que es lo más grave. Ciego, porque no puede mirar claramente su condición o porque su mirada está distraídamente fijada en las cosas del mundo, de la carne y no en las cosas de arriba donde está Cristo sentado a la diestra de Dios, y desnudo porque su condición real es de vergüenza, no anda con sus nuevas vestiduras, sino que está desprotegido.

Es un panorama crítico, pero incluso aquí, en este estado, el Señor da la solución. Antes de mirar qué solución da el Señor a esta condición en el devocional de mañana, miremos antes los síntomas que nos evidencian que estamos en un estado de tibieza espiritual y podamos tener el diagnóstico:

No ve necesario congregarse y deja de hacerlo. Pudiendo ir o asistir a su iglesia local, prefiere conectarse siempre por internet. No se vincula a un ministerio, donde el creyente puede permanentemente estar siendo edificado en la fe. No tiene amistad con otros hermanos, así que no conecta con otros creyentes porque los juzga en vez de buscar una edificación mutua.

No evidencia su fe con acciones justas, y por lo tanto no refleja el ejemplo que enseña en la Palabra de Dios : “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12). Las vestiduras blancas representan las acciones justas de los Santos: “Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos” (Apocalipsis 19:8).

Sufre de autosuficiencia, por no tomar la guía del Espíritu, pues sólo por el Espíritu podemos ver nuestro estado verdadero.

El señor nos llama a arrepentirnos, a salir de este estado de tibieza y empecemos a usar la verdadera riqueza espiritual que ya tenemos en Cristo Jesús, veremos entonces en el próximo devocional cuál es la solución que nuestro Señor Jesús nos da.    Oración.

«Señor, quiero conectarme contigo y con la iglesia, pues es el medio de bendición y edificación mutua que tú has provisto para enseñarme y formar en mí tu carácter, que el Santo Espíritu de Dios me guíe a vivir haciendo la voluntad del Padre, tal como tú lo hiciste cuando viniste en carne a morir por mis pecados y a resucitar para darme vida eterna, amén.

viernes, 9 de febrero de 2024

Resurrección, el hecho crucial. Parte 2

 

Resurrección, el hecho crucial. Parte 2


“Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.” 1 Corintios 15:14

El cuerpo resucitado de Jesús tenía características nuevas:

Podía aparecer y desaparecer a voluntad (Lucas 24:31, 36, 37, 51; Juan 20:19,26).

Ascendió al cielo en su cuerpo físico (Hechos 1:6-11).

Podía comer: el siguiente pasaje lo deja muy claro: “Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos.” (Lucas 24:36-43), no es menor este hecho, significa que es un cuerpo, pero un cuerpo glorioso que disfruta de la comida, sin realmente requerirla para sustento físico.

Conclusión

Todas estas evidencias y aclaraciones deben llevar nuestra fe a otro nivel, pues nuestra fe no es fe ciega, es fe consciente, fundamentada en la Palabra de Dios; es decir descansamos y confiamos plenamente en Cristo no como un simple ejercicio intelectual, sino como algo que es revelado por Dios, por su Santo Espíritu, pero nuestro intelecto nos permite argumentar a otros que no dejamos a un lado la razón, que nuestra fe es una fe razonable y que creemos en algo real, no en un mito o historia ficticia.

La resurrección es un hecho crucial, como dice el pasaje de hoy “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.” (1 Corintios 15:14), predicamos a un Dios vivo, a un Cristo vivo en nosotros, en cada creyente, no como un simple anhelo sino como una verdad que nos motiva a crucificar la carne y a permitir que él actúe a través de nosotros para glorificar al Padre, “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” (Juan 14:13).

Entonces ya que la resurrección es la esperanza viva que tenemos en el presente, porque seremos resucitados tal como Cristo lo fue, estamos llamados a trabajar arduamente para que otros sean resucitados: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.” (1 Corintios 15:58)   Oración.

«Padre amado, gracias por darnos vida nueva en Cristo Jesús, porque mi fe no es vana, sino real y trascendental para mi vida, pues tengo una esperanza cierta de vida eterna cuando seré resucitado tal como Cristo, mientras tanto quiero trabajar arduamente llevando el mensaje de salvación a muchos que no lo conocen. Amén.

jueves, 8 de febrero de 2024

Resurrección, el hecho crucial. Parte 1

 


Resurrección, el hecho crucial. Parte 1

“Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque, así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida”, 1 Corintios 15:20-23

El concepto de resurrección (del griego anastasis) en el mundo antiguo no era común ni aceptado, es decir, aceptaban mitos e historia de vida después de la muerte, y que una vez la persona emprendía el camino a la muerte no regresaba, pero no se aceptaba ni como mito la resurrección física, esto significa que cuando los apóstoles y primeros cristianos predicaban acerca de la resurrección de Cristo, o que Jesús se había levantado de los muertos, el significado de esta declaración era que a Jesús le había sucedido algo que no le había pasado a nadie más.

Pero diremos entonces que tanto en el antiguo testamento como en el nuevo se relata acerca de personas que se levantaron de los muertos:

1- En al antiguo testamento hay tres personas:

Elías levantó al hijo de la viuda de Sarepta: (1 Reyes 17:17-24)

Eliseo levantó al hijo de la mujer sunamita (2 Reyes 4:35)

Un hombre muerto vuelve a la vida cuando su cuerpo toca los huesos de Eliseo (2 Reyes 13:21)

2- En el nuevo testamento encontramos:

Jesús levanta al hijo de la viuda de Naín y a muchos otros, entre estos a su amigo Lázaro (Lucas. 7:13-15, Mateo 9:25, Marcos 5:42, Lucas 8:55)

Pedro levanta a Tabita (Hechos 9:36-42)

Pablo levanta a Eutico (Hechos 20:9-12)

También se levantó un grupo de personas luego de la muerte y resurrección de Jesús (Mateo 27:52, 53).

Sin embargo, la resurrección de Jesús fue un hecho particular, único y lo que distingue de otros sucesos, es la verdad que nos explica el versículo de hoy en 1 Corintios 15:20-23:

Los que antes se levantaron, volvieron a dormir para esperar la resurrección definitiva, Jesús es el primero que resucitó para no volver a morir jamás, y los que creemos en él seremos resucitados para no volver a morir jamás como él mismo lo prometió: “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25-26).

Y tú ¿Crees que Jesús murió y resucitó?   Oración.

«Padre, gracias por que he recibido la noticia de que Jesús, tu Hijo Unigénito murió y resucitó, ¡la tumba está vacía! y esta es verdadera esperanza, creo verdaderamente que, así como Él murió y resucitó, yo también he muerto al pecado y he resucitado para vida nueva. En el nombre de nuestro Salvador Jesucristo. Amén.