sábado, 5 de noviembre de 2022

Un espíritu superior

 

Un espíritu superior


“En tu reino hay un hombre en el cual mora el espíritu de los dioses santos, y en los días de tu padre se halló en él luz e inteligencia y sabiduría, como sabiduría de los dioses; al que el rey Nabucodonosor tu padre, oh rey, constituyó jefe sobre todos los magos, astrólogos, caldeos y adivinos”. Daniel 5:11

\» Pero Daniel mismo era superior a estos sátrapas y gobernadores, porque había en él un espíritu superior; y el rey pensó en ponerlo sobre todo el reino\». Daniel 6:3

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”. 2 corintios 3:18

Daniel fue reconocido en el tiempo del rey Nabucodonosor y su hijo sucesor Belsasar, como un hombre con un espíritu superior, “un hombre en el cual moraba el espíritu de los dioses santos”. Ellos, en su paganismo, creyeron que se debía a la influencia de sus dioses, pero lo cierto es que Daniel marcó la diferencia por vivir en íntima comunión con el Dios verdadero, lo que hizo que el Espíritu Santo lo guiara en todo lo que hacía, estaba lleno de luz, sabiduría y entendimiento lo que lo distinguía de los otros consejeros del rey.

Recordemos que Romanos 8:14 dice: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios”. La verdad es que nuestro espíritu necesita la guía del Espíritu Santo, porque solo la luz de Dios penetra al espíritu humano y pone al descubierto cada intención de nuestra mente y corazón. Fuimos creados para depender de Dios, porque nosotros somos incapaces de gobernar nuestra propia vida.

Daniel que estuvo cautivo en Babilonia desde joven, supo que su misión en medio de ese imperio pagano era mantenerse alejado de la contaminación religiosa y se propuso no consumir la comida del rey que era prohibida para su cultura judía y mantuvo una ferviente comunión con Dios con una vida vigorosa en oración.

Así como Daniel los creyentes de hoy debemos buscar caminar en la plenitud del Espíritu, para encontrar sabiduría e inteligencia, para resistir las fuerzas ocultas que siguen influenciando este mundo caído y que se intensificarán antes del regreso del Señor Jesucristo.

Nuestro espíritu debe ser influenciado por Dios para que sea un espíritu superior, un espíritu recto como el rey David pidió en el salmo 51:10 “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí”. Sólo el Espíritu Santo puede transformarnos a la imagen de Cristo, nuestro espíritu es superior cuando tenemos la presencia de Cristo en nosotros y estamos sujetos a Él. Como dice: 1 Corintios 6:17 “Pero el que se une al Señor, un espíritu es con Él.

Nuestra petición diaria debe ser entonces pedir un espíritu recto, fiel, uno que anhele la presencia de Dios, un espíritu dispuesto a obedecer, que influencie nuestro entorno y se levante por encima de cualquier circunstancia.   Oración.

«Señor Jesucristo, ayúdame a guardar mi espíritu para no exponerlo a cosas que lo debiliten o contaminen, que ni mis actitudes, ni las heridas de mi pasado, ni mi falta de perdón y las tentaciones de este mundo me impidan caminar en la plenitud de tu Espíritu, sino que tu influencia sea tan poderosa en mi vida, que marque la diferencia en mi entorno con un espíritu recto, para poder cumplir el propósito que tienes para mí dentro de tu glorioso plan divino. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 4 de noviembre de 2022

¿Me amas? - Parte 3

 

¿Me amas? - Parte 3


“Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.” Juan 21:17

Es increíble ver cómo las respuestas de Pedro fueron cambiando, no en su contenido, sino en su efusividad. En la primera parte vimos a un Pedro orgulloso, alardeando que él sí podía decir que amaba más a Jesús que los otros discípulos que estaban presentes en ese lugar. En la segunda parece que su ánimo sigue intacto, tal vez haya generado un poco de duda la insistente pregunta de Jesús, pero su respuesta sigue siendo la misma; pero en esta tercera parte vemos a un Pedro triste, tal vez recordando cómo dijo anteriormente que sería capaz de ir hasta la muerte si fuese necesario con el Señor Jesús, pero al oír cada canto del gallo en esa madrugada recordaría que horas después de haber declarado eufóricamente esto, lo negó. Lo puedes ver aquí en su tristeza, siendo consciente de sus fallas, pero reconociendo, a pesar de esto, que su amor por Jesús sigue intacto. Lo maravilloso de este pasaje es ver que, a pesar de que Pedro y aun nosotros mismos, hemos fallado al manifestar nuestro amor al Señor, su amor siempre ha estado a pesar de nuestras debilidades.

Lo que podemos concluir de este pasaje es que, cada vez que se nos pregunte si amamos al Señor, no puede salir de nosotros un “Sí yo lo amo” lleno de altivez y orgullo, como si el mérito de amarlo fuera nuestro, pues su palabra nos recuerda que si nosotros le amamos a Él es el resultado de que Él nos amó primero (1 Juan 4:19); Dios fue quien tomó la iniciativa de amarnos y demostrarnos su amor (aun cuando éramos pecadores) y lo manifestó cuando envió a su único Hijo Jesucristo para que fuera la propiciación por nuestros pecados (Romanos 5:8, 1 Juan 2:2).

Hermanos, si hay alguien que merece toda la gloria y honra es el Señor, pues hoy podemos decir que le amamos porque Él nos amó primero.   Oración.

«Padre, la gloria y la honra son para ti; hoy me siento más que agradecido porque si he podido experimentar tu amor fue porque tú tomaste la iniciativa, hiciste todo lo necesario para reconciliarnos contigo. Gracias porque hoy puedo decir con toda seguridad que te amo, pero solo porque tú me amaste primero, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 3 de noviembre de 2022

¿Me amas? - Parte 2

 

¿Me amas? - Parte 2


“Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.” Juan 21:16

Qué difícil escuchar por segunda vez la pregunta de Jesús: “¿me amas?”, pues daría a entender que la primera respuesta que se dio no fue lo suficientemente valedera o convincente. Estando en la situación de Pedro ¿qué pensarías al haber oído a Jesús realizando una vez más la misma pregunta?, ¿te cuestionarías y buscarías la falla a tu respuesta?, ¿le consultarías por qué duda sobre tu declaración? En el caso de Pedro, vemos que no hay un cuestionamiento a la pregunta de Jesús, sino más bien una reconfirmación de su respuesta inicial; y notamos cómo en ella ha recurrido a la Omnisciencia de Jesús, pues Él, conociéndolo todo, puede verificar que lo que Pedro ha manifestado es cierto, ya que ¿quién mejor que el Señor para comprobar lo que hay en lo profundo de nuestro corazón? (Jeremías 17:9).

La pregunta que puede surgir entre nosotros es ¿acaso Pedro no le amaba y esa era la razón del Señor para insistir con la misma pregunta? Claro que Pedro le amaba y aquí el Señor no está dudando de su amor, Él sabe lo que su discípulo ha hecho, conoce sus aciertos, sus desaciertos y aun las intenciones de su corazón; sin embargo, lo que quiere enseñarle a su discípulo es que el amor que espera y anhela recibir de parte de él no es uno que esté presente cuando haya euforia o emoción, pues amar de esa manera sería igual a un címbalo cuando retiñe, es solo ruido. Lo que verdaderamente el Señor busca en cada creyente es que le amemos con todo corazón, alma y mente, pero no ofreciéndole nuestro amor humano, cambiante e imperfecto, sino un amor puro y perfecto, que ya ha sido depositado en nuestros corazones, el amor de Dios (Romanos 5:5).  Oración.

«Padre, quiero aprender a amarte con integridad, porque no quiero darte de mi amor cambiante y pasajero, sino de tu amor puro y perfecto, ese gran amor que en mí ya has depositado, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 2 de noviembre de 2022

¿Me amas? - Parte 1

 

¿Me amas? - Parte 1


“Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos.” Juan 21:15

¿Cuántas veces le hemos respondido a Dios, al igual que Pedro, de manera impulsiva e inmediata: “Sí, Señor; tú sabes que te amo”? ¡Muchas! y pensaremos que aquellas veces que le hemos dado esa respuesta entusiasta ha sido lo correcto, pues esa confesión solo es un reflejo de nuestra ardua pasión por el Señor; pero, analicemos este tipo de “amor entusiasta”, que no solo vemos manifestado en nuestras vidas, sino también en la de Pedro, porque si hay alguien que podría decir eufóricamente que amaba a Jesús ese sería Pedro. Quizá si le preguntaras si amaba a Jesús, te diría que le amaba tanto que dejó todo por ir tras el Señor, que fue el único “valiente” que se atrevió a desenvainar su espada para defender al Señor cuando iba a ser arrestado, además de ser el único que se atrevió a decir que estaría dispuesto a morir con Jesús si así fuese necesario; y así podríamos continuar escribiendo miles de razones más para justificar el amor de Pedro hacia Jesús. De igual forma podrías pensar, al autoevaluarte, en las grandes cosas que has estado dispuesto a hacer por amor al Señor; sin embargo, aunque todo esto suena maravilloso y ante los ojos de Pedro y de nosotros podría ser razón suficiente para decir de manera eufórica que le amamos, al comparar todas estas razones con lo que para Dios significa verdaderamente amarle, nos podríamos dar cuenta de cuán alejados podemos estar de hacerlo al ver nuestros actos, pues su palabra nos dice que aquel que le ama no es otro que aquel que guarda (obedece) sus mandamientos (Juan 14:15).

En esta conversación, expuesta en el evangelio de Juan, el Señor Jesús quiere cernir de nuestras mentes todo concepto erróneo que tenemos del amor, para dejar en nosotros el verdadero significado de amar ¿Quieres saber más? ¡No te pierdas el devocional de mañana!  Oración.

«Señor, enséñame a amarte, no conforme a lo que yo pienso que es correcto, sino conforme a la manera en que te agrada, guardando y obedeciendo tu palabra. Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 1 de noviembre de 2022

Negándome a mí mismo

 

Negándome a mí mismo

Mateo 16:24 “Entonces Jesús dijo a sus discípulos:


Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.”

¡Negarme a mí mismo! Qué difícil tarea en un mundo en donde diariamente se nos impulsa a hacer todo lo contrario, y es que ¿cuántos de nosotros queremos cumplir este llamado de Jesús, pero nos vemos constantemente tentados a desobedecerlo? Esta problemática no solo se presenta en la actualidad pues desde el inicio de la creación vemos a Satanás disfrazado de serpiente argumentarle a Eva que el ser humilde y obedecer a lo que Dios ha dicho (“no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal”) es una locura, pues este mandato dado por Dios no tiene “ningún provecho para ella” (Génesis 3:4-5) es aquí en donde encontramos que la misma estrategia que se utilizó en aquel entonces es la misma que se nos ofrece hoy en día para impulsarnos a tomar decisiones en la que terminemos haciendo todo lo contrario a lo que Dios quiere para nuestras vidas. Por eso es tan importante el negarnos a nosotros mismos, pues este “negarnos” implica en nuestra vida humildad y obediencia; humildad porque necesitamos reconocer que no somos Dios y que del único y verdadero Dios, nuestro Padre Celestial, necesitamos ser direccionados, pues como dice su palabra, sin Él nada podemos hacer; pero también requerimos la obediencia porque con ella lo que hacemos es tomar nuestra voluntad humana y sujetarla a la voluntad buena, agradable y perfecta del Padre creyendo firmemente en que lo que Él nos ha pedido hacer es bueno para nosotros.

Hoy en día el mundo se burlará de todos aquellos que estemos dispuestos a negarnos a nosotros mismos por obediencia a Dios, tal como le pasó a nuestro Señor Jesús, quien recibió burla de muchos de los que le veían por haber decidido humillarse a sí mismo y hacerse obediente hasta la muerte y muerte de cruz, pero aún esto no lo detuvo y culminó por completo el plan de Dios, esto mismo es lo que el Señor quiere para nosotros que le sigamos pero para ello debemos primero en humildad negarnos a nosotros mismos. Oración.

«Padre cuánto anhelo que el vivir en humildad sea siempre mi prioridad pues ahora entiendo que sin ella no podría caminar. Santo Espíritu de Dios llévame a ser un digno imitador de Jesús y que mis pasos sean un reflejo de su andar. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 31 de octubre de 2022

Hagamos brillar la luz de Cristo

 

Hagamos brillar la luz de Cristo

“En aquellos días no había rey en Israel; cada uno


hacía lo que bien le parecía” Jueces 17:6

“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” Juan 8:12

A diario vemos atrocidades en las noticias; el abuso de menores, la trata de personas, la esclavitud moderna, la corrupción y la violencia, nos hacen ver que vivimos en un mundo oscuro, pero tenemos esperanza, porque la luz de Cristo alumbra a través de su iglesia.

En el libro de jueces este versículo es el resumen de un periodo oscuro de la historia del pueblo de Israel, que, llamado a vivir en una estrecha relación con Dios, se fue tras ídolos y siguieron las costumbres paganas de los pueblos que los rodeaban. En aquella época no había rey en Israel y se relatan los terribles excesos de los malvados en una tierra sin ley y sin Dios; aquel fue un tiempo de total oscuridad. Una sociedad puede caer en un caos absoluto cuando rechaza a Dios y a sus leyes.

En el lenguaje bíblico, la oscuridad se refiere a las fuerzas del mal que pueden seducirnos y alejarnos de caminar en la dirección correcta hacia la luz de la vida, que es Jesús, porque “en él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4).

Jesús asegura que Él es la luz del mundo. Un mundo sin Dios es un mundo en tinieblas, pero Jesús aseveró “el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Esto ha sido una realidad en cada uno de nosotros, porque cuando nos volvimos a Jesús, salimos de la oscuridad, de una vida sin Dios, a la luz de la vida con Él. Porque dice Pedro: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9).

Salimos de las tinieblas del paganismo, de la ignorancia espiritual, del error, del pecado, del dominio del príncipe de este mundo, a la luz espiritual de Dios que es Jesucristo, “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (Juan 1:9). Jesús nos llama de las tinieblas, el conflicto y la muerte, a la luz de la vida y el amor, dándole propósito a nuestras vidas

La misión de la Iglesia es proclamar las excelencias de Dios, es decir, testificar a las personas acerca de las obras maravillosas de Dios. Con su misma vida, el cristiano debe testificar de lo que Dios en Cristo ha hecho por él. Marquemos la diferencia, porque podemos brillar en un mundo en oscuridad con el amor de Cristo, viviendo vidas íntegras, con amabilidad y sencillez, como dice Filipenses 2:15 “para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo”.

Nuestra finalidad es cultivar la vida espiritual con el cumplimiento de la gran comisión; tenemos que establecer un contraste entre la luz y las tinieblas, por eso, debemos ser hijos de Dios sin mancha en medio de una generación mala y perversa. La figura de la luz describe a una comunidad de creyentes caracterizados por vivir en armonía, integridad de testimonio, que tienen como objetivo agradar a Dios y cumplir con la misión para la cual nos aparta y santifica.   Oración.

«Señor, gracias por sacarme de las tinieblas a la luz admirable y hacerme parte de una comunidad de creyentes, llamados a traer la luz de la vida, el amor y el gozo a este mundo en oscuridad; a resplandecer como luminares en medio de las tinieblas, llevando esperanza a los que están lejos de ti. En el nombre de Jesús, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 30 de octubre de 2022

Las ataduras se rompen. Parte 2

 

Las ataduras se rompen. Parte 2

2. Lee la palabra de Dios


“¿No sabéis que, si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?” Romanos 6:16.

¿Nos hemos preguntado, porque Satanás está empeñado en poner ataduras en la vida de las personas? Hay por lo menos dos razones: La primera razón, es que dondequiera que haya una atadura del mal, el enemigo será el señor de esa área en particular, él quiere gobernar y ser obedecido; y en realidad, la Palabra de Dios nos dice que: “a quién obedecemos, es aquel a quién adoramos”. Por eso no podemos permitir que esas ataduras permanezcan en nuestra vida, porque le estaremos adorando a él y siguiendo sus caminos.

La segunda razón, es que las ataduras nos privan de ver y conocer a Dios. Cuando comenzamos a conocer a Dios y su Camino, no deseamos seguir las huellas del mundo; pero, el trabajo de Satanás es mantenernos enceguecidos hacia la plenitud, bendición, felicidad, prosperidad y satisfacción que encontramos en la vida abundante que Cristo nos ofrece. El enemigo no quiere que conozcamos a Dios, es por eso, que levanta argumentos y mentiras en contra del Señor, para seducirnos.

En efecto, todas las ataduras están basadas en mentiras, dice 2 Corintios 4:4 “en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”. El enemigo no desea que la gente conozca a Jesús y sea salva; pero lo más peligroso es que el arma favorita de él es cegar también los ojos de los santos.

Ya el Señor nos ha dado las armas espirituales para poder derribar todos los pensamientos y acciones sin control que se han convertido en fortalezas y ataduras en nosotros. 2 Corintios 10:4-5 dice: “porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, derribando argumentos y toda altivez que se levante contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”.

Hagamos de Cristo el Señor de cada área de nuestra vida, identifiquemos y confesemos pecados específicos, arrepintámonos, oremos, ayunemos y renovemos nuestra mente con su Palabra de Verdad. Pidamos la llenura del Espíritu Santo para estar firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres. (Gálatas 5:1)    Oración.

«En el nombre de Jesús, y por medio de su sangre derramada, destruyo cualquier razonamiento que se oponga al conocimiento de Dios y llevo cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo; someto cada área de mi vida a tu gobierno mi Señor y te pido Espíritu Santo, que obres en mi mente y corazón renovando mis pensamientos y cambiando mis actitudes. Lléname de tu Presencia para que todo lo que haga glorifique el nombre glorioso del Señor Jesucristo. Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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