viernes, 14 de octubre de 2022

Mi posición en tu futuro reino

 


Mi posición en tu futuro reino

“Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel”. Lucas 22:28-30

Estos versículos hacen parte del discurso de Jesús en la última cena con sus discípulos, antes de ir a la cruz, en donde les anunció nuevamente su muerte, la traición de uno de ellos, la negación de Pedro y su posición en el futuro reino. Por eso les dice muy conmovido: “Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios”. (Lucas 22:15-16).

Todas esas advertencias, antes de morir, eran necesarias para que ellos supieran que, después de su crucifixión, vendrían tiempos difíciles, donde su fe sería probada. Era un momento de reflexión para todos; muchos pensaron que no serían capaces de traicionar y negar al Señor, pero si somos sinceros, nosotros debemos reconocer la fragilidad humana y cómo podríamos traicionarlo o negarlo en los momentos de prueba que vienen sobre el mundo, antes de su regreso.

Hubo una discusión entre los discípulos de quién sería el mayor en su reino, por la cual Jesús les dijo que Él había ocupado la posición más baja, porque estaba entre ellos como “el que sirve” (Lucas 22:27). Cuando Jesucristo vino a la tierra, toda la humanidad debería haberse convertido en su siervo; en cambio, Él sirvió a la humanidad; ocupó nuestro lugar en la cruz; Él preparó la mesa de la salvación y nos ha invitado a la gran fiesta de la salvación.

Sabemos que los apóstoles ocuparán un lugar especial en el Reino; se les dará una posición prominente y no solo comerán y beberán en la mesa en que esté el Señor, sino que se sentarán en tronos para juzgar a las 12 tribus de Israel. Esa será su posición.

El hijo de Dios tiene algunas cosas importantes atesoradas para el futuro; los redimidos van a ocupar posiciones elevadas. Debemos preguntarnos: ¿estamos trabajando para ocupar esos lugares en el cielo? Vamos a ir al cielo por la gracia y misericordia de Dios, pero vamos a ser juzgados de acuerdo con nuestras obras, para determinar la posición que vamos a ocupar. ¿Nos damos cuenta de lo importante que es el servicio a Dios? (Apocalipsis 22:12).

La única cosa que Dios juzgará es el ejercicio o la práctica del don o capacidad que Él nos ha dado. Seremos recompensados conforme a la fidelidad en ejercitar el don que Dios nos ha dado. La forma en que vivamos la vida cristiana es importante ante Dios, por eso, no hay cabida para las rivalidades entre hermanos.

Podemos fundamentar la vida en dar o en recibir; si la fundamentamos en recibir, perderemos por nuestro egoísmo la amistad con los demás y la recompensa de Dios. Jesús acabó sus advertencias prometiendo a sus discípulos que, los que habían estado con Él en la lucha, estarían con Él en el Reino. Dios no queda en deuda con nadie; los que compartan la Cruz de Cristo compartirán un día su corona. Esta recompensa también es para nosotros, si permanecemos fieles hasta el fin, sirviéndole con el corazón.   Oración.

«Amado Señor Jesús, gracias por tus enseñanzas, solo quiero servirte a ti y a mi prójimo de corazón, permite que todos esos dones y capacidades que me has dado por medio de tu Santo Espíritu, los ejerza con amor y sabiduría, sin rivalidades con mis hermanos en la fe, porque algún día cada uno ocuparemos la posición que ya nos has preparado en el reino de los cielos. Mi mayor anhelo es encontrarme contigo cara a cara. En el nombre de Jesús, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 13 de octubre de 2022

El justo por los injustos

 


El justo por los injustos

“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu”. 1 Pedro 3:18

“Y el pueblo estaba mirando; y aun los gobernantes se burlaban de él, diciendo: A otros salvó; sálvese a sí mismo, si éste es el Cristo, el escogido de Dios. Los soldados también le escarnecían, acercándose y presentándole vinagre, y diciendo: Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo. Había también sobre él un título escrito con letras griegas, latinas y hebreas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS. Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros”. Lucas 23:35-39

Jesús era totalmente inocente y a pesar de eso fue crucificado injustamente. Era “justo”, sin embargo, murió por los “injustos”. La justicia de Jesús se pone en contraste con todas las personas que estaban mirando su ejecución, es un pasaje bastante irónico; los gobernantes se burlaban de Él, los soldados también se mofaban diciéndole que si era el rey de los judíos se salvara a sí mismo y, uno de los ladrones que estaba junto con Él en la crucifixión, le recriminaba que se salvara a sí mismo y a ellos.

De hecho, Jesús estaba muriendo para salvarlos a ellos y a nosotros, pero para hacerlo tenía que morir, no podía salvarse a sí mismo; todo con el fin de llevarnos al Padre. La cortina del templo se rasgó por la mitad, simbolizando el acceso a la presencia de Dios, que se hizo posible para todos por medio de su muerte (Lucas 23:45).

Si lo vemos de esta forma, no somos nada diferentes a estas personas que estaban presentes allí, porque antes de aceptar a Cristo éramos tan injustos como ellos, quizá nos burlábamos, nos mofábamos o le recriminábamos al no conocer su amor; sin embargo, Lucas nos muestra la decisión que todos debemos tomar frente a Cristo en algún momento de nuestra vida.

Podemos rechazar a Cristo, como lo hizo uno de los malhechores, o podemos poner nuestra fe en Él, como lo hizo el otro ladrón cuando se volvió a Jesús y le dijo: “Jesús acuérdate de mí” (Lucas 23: 42). Todo se trata de una decisión movida por la fe. Juan 3:18 dice: “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”.

Así como le prometió al criminal que se volvió, que estaría con Él ese día en el paraíso, también estaremos a su lado en el cielo disfrutando de la eternidad, si tomamos la decisión de volvernos a Él y pedirle que sea nuestro Señor y Salvador.

Jesús murió por todos para que fuéramos hechos justos delante del Padre, Dios hace justos a todos los que creen, sin distinción. Romanos 3:22 nos lo recuerda: “la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia”.

Hoy podemos tomar la decisión, si todavía no lo hemos hecho, para vivir en la relación correcta con Dios y con los demás. Todo depende de nosotros.   Oración.

«Cuando te miro a ti Señor Jesús y veo tu justicia, solo me inclino ante ti reconociendo lo pecador que soy. No dudaste en morir por mí en esa cruz y derramar tu preciosa sangre, para hacerme justo delante del Padre. Cómo no agradecerte por lo que hiciste por mí. Ahora tengo una relación directa con mi Padre celestial. Por eso ¡eres el único digno de todo honor y gloria por los siglos de los siglos! Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 12 de octubre de 2022

Hablemos las palabras de Dios

 

Hablemos las palabras de Dios


“Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditaras en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas”. Josué 1:7-9

“Entonces respondieron a Josué, diciendo: Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adondequiera que nos mandes. De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti; solamente que Jehová tu Dios esté contigo, como estuvo con Moisés”. Josué 1:16-17

Ser siervos de Dios es una bendición para cualquier creyente, pero lo que tenemos que entender es que esta bendición trae consigo una gran responsabilidad. En el pasaje de hoy vemos que Josué es elegido por Dios para sustituir a Moisés y para entrar al pueblo de Israel a la tierra prometida, como dice Josué 1:1-2 “Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel”.

Por eso, para Josué fue fundamental prestar atención a las palabras de Dios, tendría que leerlas, meditarlas día y noche y obedecerlas. Sabía que, llenar su mente con la verdad de Dios quitaría todo temor ante tan grande desafío y cambiaría sus pensamientos por libertad, victoria y paz. El Señor lo estaba llenando de seguridad y paz al prometerle su presencia continua, solo tenía que hablar las palabras de Dios con poder y autoridad, a tal punto que motivaría a su pueblo a seguirle, por eso le dijeron: “Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adondequiera que nos mandes. De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti; solamente que Jehová tu Dios esté contigo, como estuvo con Moisés”.

Para nosotros es también importante que aprendamos a hablar las palabras de Jesús. Las palabras de Jesús son las más poderosas pronunciadas en esta tierra, sus enseñanzas las más grandes de todos los tiempos, tanto que atraía a las masas para escucharlo, Lucas 21:37-38 dice: “Y enseñaba de día en el templo; y de noche, saliendo, se estaba en el monte que se llama de los Olivos. Y todo el pueblo venía a él por la mañana, para oírle en el templo”.

Son palabras de vida eterna, por eso dijo: “el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Lucas 21:33). Hoy sus palabras de amor y poder siguen transformando vidas, liberando y sanando personas.

Jesús también nos advierte que seremos perseguidos por causa del evangelio, y cuando esto suceda nos dará palabras llenas de sabiduría para que podamos defendernos (Lucas 21: 14-15).

Él también nos ha dado la promesa de su presencia, fueron sus últimas palabras antes de ascender al cielo después de su resurrección, palabras que deben quitarnos cualquier temor para enfrentar el desafío de la iglesia en estos tiempos: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”. (Mateo 28:19-20)

Empoderémonos con las palabras de Jesús, para que otros lo sigan.  Oración.

«Señor Jesús, ayúdame a leer, meditar y obedecer tus palabras cada día, para poder transmitirlas con poder y autoridad a otros, siempre guiado por tu Santo Espíritu. Gracias por prometerme que estarás a mi lado hasta el fin del mundo, esto me llena de seguridad y paz. En el nombre de Jesús, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 11 de octubre de 2022

 


Permanecer

“Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos”. Juan 15:7-8

Jesús, en su último mensaje a sus discípulos antes de ir a la cruz, menciona once veces la palabra “permanecer”, la cual viene del griego “méno” que significa quedarse, algo perdurable y duradero. En este contexto se recalca la relación íntima, vital y perdurable con Dios. También significa perseverar, persistir, retener, vivir.

Es una sencilla alegoría, donde el Señor enseña a sus discípulos cuáles son las demandas del discipulado y lo que es necesario que ellos hagan. Primero describe su relación con el Padre (Juan 15:1-4), que es primordial para que pueda haber una relación con ellos (Juan 15:5-8). Jesucristo es el camino para entrar en una relación con el Padre y el resultado de esa relación es que demos fruto.

Jesús siempre enfatizó la relación con el Padre, en Juan 14:10 dice: “¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras”, y la relación entre el Espíritu Santo y los discípulos en Juan 14:17, dijo: “el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros”, para que entendamos que debemos estar unidos a Él para poder llevar fruto. Nuestra relación personal con Dios es lo más indispensable para ser cristianos productivos, ya que separados de Él nada podemos hacer. Este “nada podéis hacer” se refiere a todo lo que tiene que ver con la extensión del reino de Dios y su glorificación.

Es claro que la rama no puede producir uvas si no está bien conectada a la vid; tampoco el creyente puede llevar fruto si no está vitalmente unido a Jesús. El fruto básicamente son todas las cualidades internas y espirituales del carácter cristiano, que harán que los discípulos ganen otras personas para el reino. El viñador sabe la necesidad de podar los gajos que solo se aprovechan de la savia pero que no rinden fruto; en contraste con los creyentes, es necesaria la poda de todas aquellas cosas que impiden que Cristo sea formado en nosotros y que no permiten que seamos testimonio, es la única manera de dejar de ser estériles; y aunque es un proceso doloroso, es necesario.

Las consecuencias de no permanecer en Él, es decir “separados del Señor”, son catastróficas, es como caer de la gracia, porque perdemos en primer lugar la intimidad con Dios, vivimos en carnalidad y en nuestros razonamientos, todo lo hacemos en nuestras fuerzas, no daremos fruto (que es el deseo del Señor) y nos perderemos de muchas bendiciones.  Oración.

«Amado Jesús, mi unión vital contigo y la llenura de tu Santo Espíritu, son lo que me asegura que seré un cristiano fructífero, que dé testimonio a otros de tu presencia. Quiero permanecer en ti y en tu palabra para que tu carácter sea formado en mí. Separado de ti no podré hacer nada bien. Gracias por el privilegio de tener una relación íntima, personal y continua contigo mi Señor Jesús, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 10 de octubre de 2022

Tres principios para vivir el reino de Dios. Parte 2

 

Tres principios para vivir el reino de Dios. Parte 2


 “Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa”. Mateo 13:20-22

“Más el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno”. Mateo 13:23

Continuando con el devocional del día de ayer, el segundo principio para vivir el reino de Dios en la tierra es profundizar (Mateo 13:20-22). Es necesario conocer y estudiar la palabra, ya que cuando no lo hacemos, nuestras raíces no son profundas y nos apartamos fácilmente de los caminos de Dios. Los afanes y el engaño de las riquezas que este mundo nos ofrece, ahogan la palabra y nos quedamos sin fruto.

Al no profundizar la raíz se seca. Así es con la palabra de Dios cuando es sembrada en nuestro corazón y la aceptamos en un principio con alegría, pero cuando aparecen problemas y aflicciones, siendo atacados o rechazados por causa del evangelio, este gozo es de corta duración, tropezamos y no queremos seguir adelante. En cambio, cuando entendemos su palabra y profundizamos en ella, sabremos entonces lo que implica seguir a Cristo y estaremos dispuestos a sufrir por el evangelio.

Lo que no crea raíces profundas se vuelve superficial, hay que correr el velo de nuestros ojos para ver la grandeza de Jesús. Esto solo lo podemos hacer cuando intencionalmente decidimos estudiar las Escrituras para conocerlo más, como dice Juan 5:39 “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”.

El tercer principio es la madurez. Cuando profundizamos en el conocimiento de Dios, esto nos conducirá a la madurez espiritual. La madurez no viene por la edad, sino por conocerlo a Él y por asumir responsabilidades dentro de la vida cristiana. Una persona madura no se mueve por circunstancias, tiene prioridades claras y la primera prioridad es Dios (Mateo 6:33). Las dificultades son los momentos que Él nos presenta para que le conozcamos más; nuestra adoración no puede estar condicionada por nuestros problemas, sino por la dignidad de Dios, Él merece nuestra adoración.

Las crisis nos fortalecen, como cuando un árbol pasa por una tormenta y sus raíces se afirman. Necesitamos madurez para vivir en el reino de Dios; dice 1 Corintios 2:5 “para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”. Entre más conozcamos a Dios, más crecerá nuestra fe en Él y resistiremos cualquier aflicción que venga a nuestra vida. Cuando maduramos nos volvemos fructíferos, porque traemos los principios espirituales a la práctica, siendo luz e influenciando este mundo, extendiendo el reino de Dios en esta tierra. La semilla caerá en buena tierra dando fruto, cumpliendo así el propósito de Dios.   Oración

«Amado Dios, anhelo un cambio de corazón, una genuina entrega a mi Salvador; que ame tu palabra, la entienda, la profundice y me lleve a la madurez para ser ese terreno fructífero. Quiero que mis ojos y oídos estén abiertos y sensibles al mensaje del reino, para poder compartir a otros de la grandeza de Jesús, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 9 de octubre de 2022

Tres principios para vivir el reino de Dios

 

Tres principios para vivir el reino de Dios. Parte 1


“Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino” Mateo 13:19.

“Los hombres malos no entienden el juicio; mas los que buscan a Jehová entienden todas las cosas” Proverbios 28:5.

Nuestra función como hijos de Dios es extender el reino de los cielos en esta tierra. Pero debemos tener claro tres principios para vivir ese reino primero en nosotros. Si las personas que nos rodean ven el reino en nuestra vida, les daremos esperanza y querrán conocer a Dios.

El primer principio es el entendimiento, para ello necesitamos preparación. En Mateo 13:19 dice: “Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino”.

Es necesario sembrar la semilla en el corazón y entenderla, la falta de entendimiento es una oportunidad para que el enemigo robe lo que fue sembrado y terminamos viviendo bajo los parámetros del mundo. Dios quiere llevarnos a la productividad, sino entendemos su Palabra no podemos accionar como Dios quiere. Todos hemos recibido su Palabra en algún momento de nuestra vida, lo importante es qué hago con ella.

Desde el comienzo en su ministerio Jesús fue el sembrador de la semilla, dice Mateo 4:17: “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado”. No entender lo que Él dice es como sembrar la semilla junto al camino, vienen los pájaros y se la llevan. Espiritualmente es el enemigo quien roba e interrumpe lo que Dios quiere hacer crecer en nosotros, por eso hay que buscar el entendimiento para fortalecer la fe, no quedarnos en la ignorancia espiritual. “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” Romanos 10:17.

El consejo de Pedro es: “Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia” 1 Pedro 1:13-14. Esto nos invita a crecer en el conocimiento y no seguir en la ignorancia que nos lleva a la destrucción espiritual, como dice Oseas 4:6 “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos”.

Si necesitamos ser instruidos para poder entender la Palabra, El Señor ha constituido dentro de su iglesia maestros y pastores para esta tarea (Efesios 4:11-12), a fin de perfeccionarnos en su conocimiento, aprovechemos esta oportunidad que nos está dando.  Oración.

«Señor tú dices que los que te buscan entienden todas las cosas, dame hambre y sed por tu Palabra, alumbra mi mente para que entienda tus principios, tus mandatos y pueda aplicarlos a mi vida, ilumina mis ojos a la luz de tu verdad, para ser un ciudadano del reino de Dios en esta tierra, siendo testimonio para otros. En el nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 8 de octubre de 2022

Espera y expectativa

 


Espera y expectativa

“Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” Romanos 15:13.

“La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella” Juan 1:5.

Estas cuatro virtudes: esperanza, paz, alegría y amor llegaron al mundo por medio de Jesús en su primera venida a esta tierra. El mundo siempre ha estado sumido en la incertidumbre, en odio, en tristeza y confusión a pesar de que Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo se han manifestado desde el principio a esta humanidad. El problema no es de Dios, el problema es del ser humano que por causa del pecado vive en tinieblas. Por eso, Cristo tuvo que encarnarse y habitar entre nosotros para que entendiéramos que Él es la luz de los hombres, como dice Juan 1:9 “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo”. Jesús vino a iluminarlo todo y a hacer este mundo mejor, pero lastimosamente, aunque quiere alumbrar a todo hombre, muchas personas no lo aceptan, no quieren conocerle.

Si esta humanidad tan solo comprendiera el alcance de lo que Jesús ha hecho por nosotros, entendería que tiene el poder para cambiarlo todo y tendría esperanza, que es lo primero que Cristo trajo a los corazones.

En hebreo la palabra “yakhal” significa “esperar por”, que se refleja en la historia de Noé durante el diluvio quien se mantuvo esperando, confiando en Dios y creyendo en la Palabra que le había dado. La otra palabra en el hebreo es “qavah” que significa cordón, y es como cuando tiramos con fuerza y se produce una tensión hasta que hay vibración, es el sentimiento de tensión y expectativa mientras esperas que algo suceda, como los agricultores que siembran y esperan la buena cosecha. Esperanza se trata entonces de espera y expectativa, pero cuando no confiamos en Dios viene la desesperanza que nos quita el gozo y la paz.

Isaías 8:17 nos dice que Dios mismo es nuestra esperanza “Esperaré, pues, a Jehová, el cual escondió su rostro de la casa de Jacob, y en él confiaré”. Solo Dios puede darnos esperanza, es el que conoce el futuro, el que sabe qué es mejor para nosotros. ¿Pero qué hay de la alegría y la paz mientras esperamos?

Desafortunadamente es algo que las personas han ido perdiendo, porque se acostumbraron a la inmediatez, a tener todo a pedir de boca, en un mundo donde casi todo es instantáneo, hemos perdido la esperanza, ya no confiamos y si no hay fe en Dios, nos falta todo.

El consejo del salmista es esperar en Dios y en su tiempo, porque tiene abundante redención para darnos; pero no nos gusta la espera porque vivimos en nuestro tiempo cronos que es limitado y nos desesperamos. Salmos 130:5-7 dice: “Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado. Mi alma espera a Jehová más que los centinelas a la mañana, más que los vigilantes a la mañana. Espere Israel a Jehová, porque en Jehová hay misericordia, y abundante redención con él”.

Nunca buscaremos a Cristo mientras no confiemos en Él. Todo el plan de redención está adaptado para que nos reconciliemos unos con otros, y con nuestro bondadoso Dios, de modo que podamos alcanzar la esperanza permanente de la vida eterna por medio del poder santificador y consolador del Espíritu Santo. En nuestras fuerzas no lo lograremos, busquemos entonces al Espíritu Santo porque todo gozo y paz verdadera provienen de Él, es el único que puede llenarnos hasta quitar las dudas y temores.

Por tanto, la esperanza bíblica se basa en una persona, en Dios, es diferente al optimismo que se enfoca en las circunstancias y en elegir cómo terminar bien. En la esperanza bíblica muchas veces no hay evidencia de que las cosas mejoren, pero, incluso así, elegimos tener esperanza porque confiamos en nuestro Dios y en sus promesas que se cumplirán en su tiempo. La fidelidad de Dios en el pasado nos da la base para confiar en el futuro, porque Él nunca falla. Mantengámonos expectantes de lo que Dios hará.    Oración.

«Amado Dios, en ti está mi esperanza, sé que tengo un futuro lleno de bendiciones, porque en ti hay misericordia y abundante redención. Tengo claro que la vida, muerte y resurrección de Jesús abrió la puerta a la esperanza de gloria y por eso hay futuro cuando venciste a la muerte y me has dado vida eterna. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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