sábado, 8 de octubre de 2022

Espera y expectativa

 


Espera y expectativa

“Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” Romanos 15:13.

“La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella” Juan 1:5.

Estas cuatro virtudes: esperanza, paz, alegría y amor llegaron al mundo por medio de Jesús en su primera venida a esta tierra. El mundo siempre ha estado sumido en la incertidumbre, en odio, en tristeza y confusión a pesar de que Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo se han manifestado desde el principio a esta humanidad. El problema no es de Dios, el problema es del ser humano que por causa del pecado vive en tinieblas. Por eso, Cristo tuvo que encarnarse y habitar entre nosotros para que entendiéramos que Él es la luz de los hombres, como dice Juan 1:9 “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo”. Jesús vino a iluminarlo todo y a hacer este mundo mejor, pero lastimosamente, aunque quiere alumbrar a todo hombre, muchas personas no lo aceptan, no quieren conocerle.

Si esta humanidad tan solo comprendiera el alcance de lo que Jesús ha hecho por nosotros, entendería que tiene el poder para cambiarlo todo y tendría esperanza, que es lo primero que Cristo trajo a los corazones.

En hebreo la palabra “yakhal” significa “esperar por”, que se refleja en la historia de Noé durante el diluvio quien se mantuvo esperando, confiando en Dios y creyendo en la Palabra que le había dado. La otra palabra en el hebreo es “qavah” que significa cordón, y es como cuando tiramos con fuerza y se produce una tensión hasta que hay vibración, es el sentimiento de tensión y expectativa mientras esperas que algo suceda, como los agricultores que siembran y esperan la buena cosecha. Esperanza se trata entonces de espera y expectativa, pero cuando no confiamos en Dios viene la desesperanza que nos quita el gozo y la paz.

Isaías 8:17 nos dice que Dios mismo es nuestra esperanza “Esperaré, pues, a Jehová, el cual escondió su rostro de la casa de Jacob, y en él confiaré”. Solo Dios puede darnos esperanza, es el que conoce el futuro, el que sabe qué es mejor para nosotros. ¿Pero qué hay de la alegría y la paz mientras esperamos?

Desafortunadamente es algo que las personas han ido perdiendo, porque se acostumbraron a la inmediatez, a tener todo a pedir de boca, en un mundo donde casi todo es instantáneo, hemos perdido la esperanza, ya no confiamos y si no hay fe en Dios, nos falta todo.

El consejo del salmista es esperar en Dios y en su tiempo, porque tiene abundante redención para darnos; pero no nos gusta la espera porque vivimos en nuestro tiempo cronos que es limitado y nos desesperamos. Salmos 130:5-7 dice: “Esperé yo a Jehová, esperó mi alma; en su palabra he esperado. Mi alma espera a Jehová más que los centinelas a la mañana, más que los vigilantes a la mañana. Espere Israel a Jehová, porque en Jehová hay misericordia, y abundante redención con él”.

Nunca buscaremos a Cristo mientras no confiemos en Él. Todo el plan de redención está adaptado para que nos reconciliemos unos con otros, y con nuestro bondadoso Dios, de modo que podamos alcanzar la esperanza permanente de la vida eterna por medio del poder santificador y consolador del Espíritu Santo. En nuestras fuerzas no lo lograremos, busquemos entonces al Espíritu Santo porque todo gozo y paz verdadera provienen de Él, es el único que puede llenarnos hasta quitar las dudas y temores.

Por tanto, la esperanza bíblica se basa en una persona, en Dios, es diferente al optimismo que se enfoca en las circunstancias y en elegir cómo terminar bien. En la esperanza bíblica muchas veces no hay evidencia de que las cosas mejoren, pero, incluso así, elegimos tener esperanza porque confiamos en nuestro Dios y en sus promesas que se cumplirán en su tiempo. La fidelidad de Dios en el pasado nos da la base para confiar en el futuro, porque Él nunca falla. Mantengámonos expectantes de lo que Dios hará.    Oración.

«Amado Dios, en ti está mi esperanza, sé que tengo un futuro lleno de bendiciones, porque en ti hay misericordia y abundante redención. Tengo claro que la vida, muerte y resurrección de Jesús abrió la puerta a la esperanza de gloria y por eso hay futuro cuando venciste a la muerte y me has dado vida eterna. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 7 de octubre de 2022

Dependencia día a día

 

Dependencia día a día


“Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no”. Éxodo 16:4

“Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”. Juan 6:33-35

“Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando”. Salmos 23:5

Cuando el pueblo de Dios murmuró contra Moisés y Aarón, pidiendo pan y añorando la comida de Egipto, fue claramente una rebeldía contra Dios mismo; muy pronto olvidaron que Él siempre los había sustentado en su travesía por el desierto. En su infinita bondad y misericordia, nuevamente respondió a esa necesidad, prometiéndoles pan del cielo diariamente; serían saciados, saldrían a recoger el maná suficiente para cada persona cada día, sin embargo, en el sexto día les ordenó que recogieran una doble porción para que descansaran el día de reposo. Este pueblo una vez más vería la gloria de Dios por medio de la milagrosa provisión; esto implicaba una dependencia constante de Dios para su mantenimiento diario.

Así como el maná, no podremos sobrevivir espiritualmente sin una vida de intimidad con Dios, por eso, Jesús se revela así mismo como ese pan que necesitamos para saciar nuestra hambre espiritual (Juan 6:33-35). No podemos ser independientes de la guía del Espíritu Santo, sino que debemos andar en dependencia día a día. Jesús es el verdadero pan del cielo, quien con su palabra guarda nuestra mente y corazón, renueva nuestros pensamientos y actitudes para que haya un cambio en nuestro interior. Efesios 4:23-24 dice: “y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”.

No basta con cambiar nuestra apariencia, sino nuestra esencia, ya que seríamos como fariseos llenos de velos, que ocultan su verdadera naturaleza, por lo cual, tenemos que confrontarnos con el espejo de la palabra de Dios, para que nos muestre lo que realmente somos y así poder ser transformados a la imagen de Cristo. “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18).

Jesús es nuestro maná, es la esencia que necesitamos, porque “en Él habita corporalmente toda la plenitud de la deidad” (Colosenses 2:9); y, aunque Jesús fue desfigurado en su apariencia, su esencia permaneció y con ella pudo ganar la batalla en la cruz, con su amor y su gracia nos dio la eternidad.

Solo debemos ir a Jesús y creer en Él y saciará cualquier hambre y sed espiritual que tengamos. Nos invita diariamente a compartir un banquete en su presencia, que es la fuente y la sustancia esencial para llenar nuestra alma. Es Él quien nos unge y hace rebosar nuestra copa con su plenitud. Jesús, como pan, da continuamente vida al mundo.   Oración.

«Una cosa solo deseo mi Señor Jesús y es estar en tu presencia cada día; no permitas que te deje sentado a la mesa cuando deseas compartir conmigo un banquete espiritual; eres el Pan de vida, has venido a darme vida abundante, sé que saciarás mi alma y harás grandes cosas en mí. Dame la fe suficiente para permanecer. En el nombre de Jesús, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 6 de octubre de 2022

Siempre has sido fiel

 


Siempre has sido fiel

“Sé para mí una roca de refugio, adonde recurra yo continuamente. Tú has dado mandamiento para salvarme, porque tú eres mi roca y mi fortaleza”. Salmos 71:3

“Más yo esperaré siempre, y te alabaré más y más. Mi boca publicará tu justicia y tus hechos de salvación todo el día, aunque no sé su número. Vendré a los hechos poderosos de Jehová el Señor; haré memoria de tu justicia, de la tuya sola Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, y hasta ahora he manifestado tus maravillas. Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad, y tu potencia a todos los que han de venir”. Salmos 71:14-18

Este salmo destaca la fidelidad de Dios a través de toda la vida del salmista; es el testimonio de un hombre que ha vivido lo suficiente para reconocer que continuamente Dios ha sido fiel. Pero aún con ese énfasis, en una crisis quiere reconfirmar esa fidelidad, cuando quizá empieza a dudar y piensa que Dios le ha fallado. Muy a menudo nos sucede a nosotros, cuando estamos pasando por pruebas olvidamos cuán fiel, siempre, ha sido el Señor.

Pero al clamar a Dios en oración, la fe del salmista empieza a fortalecerse y reconoce que sólo Dios es su refugio seguro y su fuerza en los momentos de debilidad; es su Roca fuerte, su roca de refugio, su roca de habitación, ya que en su larga experiencia, en su relación con Dios, sabe que puede recurrir a Él continuamente.

Es algo que deberíamos aprender, recordando lo que Dios ha hecho con nosotros desde que lo conocimos y saber que siempre ha permanecido fiel, nos ha respaldado, nos ha liberado de situaciones difíciles, nos ha sustentado con la diestra de su poder, por eso merece nuestro reconocimiento y alabanza. Dice el Salmo 71:5-6 “Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, seguridad mía desde mi juventud. En ti he sido sustentado desde el vientre; de las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacó; de ti será siempre mi alabanza”.

Este hombre hace una nueva declaración de fe y una nueva entrega al cuidado de Dios, cuando expresa que no quiere ser desamparado en su vejez (Salmo 71:18); afirmando que, el que camina con Dios siempre tendrá nuevas situaciones que requieren de entrega y de actos de confianza en su fidelidad.

Que este salmo nos ayude a crecer en seguridad y confianza en Dios; y también a encontrar maneras frescas y nuevas para dirigir nuestra alabanza a Él, “más yo esperaré siempre, y te alabaré más y más” (Salmo 71:14). Es una espera con expectación de lo que Dios es capaz de hacer, para después proclamar y contar sus poderosos actos y glorificar así su nombre delante de otros. Oración.

«Padre amado, si he de traer a memoria algo de mi pasado, que sea lo que tú has hecho en mi vida desde que te conocí, para poder alabarte y transmitir mi testimonio a las próximas generaciones, proclamando que eres grande y fiel, recordando que nunca me has fallado y decir como el salmista “Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad, y tu potencia a todos los que han de venir”. En el nombre de Jesús, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 5 de octubre de 2022

Aliento de vida

 


Aliento de vida

“Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis. Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová”. Ezequiel 37:5-6

Esta visión en Ezequiel fue dada a los judíos desfallecientes que estaban en cautiverio, para animarlos espiritualmente, porque Dios los iba a restaurar de su dispersión tan prolongada, anunciando de esta manera que Israel renacería como nación.

Ningún poder creado puede dar vida y restaurar de la manera que dice el pasaje de Ezequiel, solo Dios puede hacerlo. Aquí se describe que la piel y la carne cubrieron los huesos secos y luego se le dio una orden al viento que soplara sobre esos cuerpos para que revivieran. El viento en la Biblia es figura del Espíritu Santo y representa el poder vivificante. Solo Dios puede hacer que nos levantemos, cuando pone su aliento de vida dentro de nosotros para que volvamos a vivir.

Es lo mismo que expresó el Señor Jesús a Nicodemo en Juan 3:8 “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu”. Nuestro amado Salvador habla de la necesidad de un nuevo nacimiento y de una regeneración; nacer de nuevo es el comienzo de una vida espiritual (Juan 3:5-6).

Pero para nosotros, los creyentes, es una clara alusión a la resurrección de los muertos, porque al final de los tiempos Jesús regresará y por su poder abrirá nuestras tumbas para levantarnos con Él a su gloria eterna. Pablo lo dice de esta manera: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 tesalonicenses 4:16-17).

También representa el poder y la gracia de Dios en el momento de la conversión, donde pasamos de muerte a vida, cuando su Espíritu es puesto dentro de nosotros y nos guarda para salvación por su poder, por medio de la fe. Juan 5:24 dice: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, más ha pasado de muerte a vida”.

Hermanos, si hoy nos sentimos secos, cansados y desesperados por las situaciones que parece que no cambian, es el momento de recordar que el Señor nos ha dado vida y vida en abundancia (Juan 10:10). Hoy te invito a que pasemos tiempo, pidiendo a Dios, poder respirar esa nueva vida y tomemos aliento por medio del Espíritu Santo, diciéndole que nos llene nuevamente.   Oración.

«Amado Padre, gracias por ser el dador de vida; hoy te pido que el poder vivificante de tu Santo Espíritu avive el fuego de mi corazón, para poder disfrutar la vida en plenitud a la que me has llamado, por medio de la obra de Jesús a través de su resurrección. Que tu aliento de vida me levante de mi condición de desesperanza y muerte, para caminar nuevamente en comunión contigo. Lléname una vez más de tu Santo Espíritu, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 4 de octubre de 2022

¿A quién te pareces?

 

¿A quién te pareces?


“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. Juan 1:14

“Más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”. Gálatas 5:22-23

Hoy en día hay una generación que está pendiente de la apariencia más que de la esencia; sus redes sociales están llenas de fotos buscando muchos likes y su aprobación depende de lo que los demás digan de ellos. Su estima se mide con los parámetros de este mundo, buscando modelos humanos aparentemente perfectos, pero ninguno lo es. Dios quiere que le demos prioridad a la esencia, lo que hay realmente dentro de nuestro corazón, ya que la apariencia debe venir como resultado de la esencia.

Jesús es el único que nos puede mostrar una vida perfecta, porque lo fue en todo el sentido de la palabra y se nos insta a alcanzar su perfección, que nada tiene que ver con lo físico, sino con lo espiritual, o sea, la esencia misma de Dios. Efesios 4:13 nos dice: “Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”.

Si hemos de imitar a alguien es a Dios mismo, como lo expresa Pablo en Efesios 5:1 “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados”. Para ello, tenemos que andar en amor; Efesios 5:2 dice: “Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante”. La esencia misma de Dios es amor; 1 Juan 4:8 dice: “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor”.

Nuestra esencia es eterna, porque es lo que somos realmente en Cristo Jesús. ¿Cuantos aparentan ser cristianos? Jesús lo dijo claramente: “Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:20-21).

La palabra, en 2 Timoteo 3:2-4, nos describe cómo es el carácter de los hombres de los últimos tiempos: “Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios”. Como vemos, son personas que aman más la apariencia que la esencia.

La esencia tiene que ver con la profundidad en Cristo, para conocerlo y formar su carácter en nosotros y ser llenos de amor, humildad, gracia y verdad. Por eso es tan importante conectarnos con la fuente espiritual correcta; dice 1 Corintios 6:17 “Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él”. Debemos dejar que el Espíritu Santo haga su obra en nosotros, limpiándonos y santificándonos, para que seamos transformados a la imagen de Cristo.   Oración.

«Amado Padre, anhelo tu presencia cada día, dame de tu esencia a través de tu Santo Espíritu, para poder ser como tu Hijo Jesucristo; que su carácter sea formado en mí y poder así estar lleno de fruto, de gracia y verdad para influenciar este mundo caído. En el Nombre de Jesús, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 3 de octubre de 2022

El compañerismo en la intercesión

 El compañerismo en la intercesión

“Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo” Mateo 26:36-38

“orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” Efesios 6:18

“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”. Hebreos 4:15

sta escena en el huerto de Getsemaní es muy conocida; observamos al Hijo del hombre acercándose al Padre en su condición humana, con la cual se identifica plenamente con nosotros. Había subido con los once discípulos al Monte de los Olivos y les pidió que “oraran para que no entraran en tentación”. Él se hizo más adelante, llevando consigo a Pedro, Jacobo y Juan, y les dijo a ellos “Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo”.

En ese momento tuvo un profundo anhelo de compañerismo, su alma estaba muy turbada hasta la muerte, por eso les pidió que lo acompañaran en oración. Esto nos muestra la necesidad humana de querer sentirnos respaldados en determinadas ocasiones por nuestros hermanos en la fe. En la soledad de nuestras responsabilidades y pruebas, muchas veces vivimos tiempos intensos, donde necesitamos ser comprendidos y ayudados con las oraciones de intercesión.

Jesús necesitaba el apoyo de sus discípulos y que velaran juntos antes de la batalla final en la cruz, donde vencería el mal y cargaría con todos nuestros pecados sobre su cuerpo. Saber esa profunda necesidad de nuestro Redentor, debe traernos consuelo cuando nos sentimos con un gran peso en nuestro corazón y pedimos a otros que nos ayuden a orar.

Sin embargo, la situación de Jesús fue aún más terrible que la nuestra; nosotros nunca seremos abandonados por Dios, en cambio Jesús enfrentaría la interrupción de la intimidad con su Padre por causa de nuestro pecado (Mateo 27:46). Los discípulos no alcanzaron a entender la magnitud de la oración que escucharon de Jesús, la cual estaba más allá de su comprensión, por eso, no pudieron acompañarlo en esta batalla espiritual y se durmieron (Mateo 26:39-40). Después de su muerte lograrían comprender.

Nuestros dilemas de la vida nunca podrán compararse con el drama que Jesús padeció en la cruz. Él sabe cuán débil somos, por eso dijo “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41).

Su oración de agonía fue una oración de fe, sabía que el Padre era justo, omnipotente y fiel, pero su parte humana se resistía a todo lo que iba a sufrir, por eso, oró hasta tener paz y una firme decisión para enfrentar lo que venía. Se levantó fortalecido y fue hasta sus discípulos que estaban dormidos para animarlos, sabía que para ellos vendría un tiempo de mucha confusión y temor.

Lo más hermoso de todo esto es que Jesús es nuestro sumo sacerdote y sigue intercediendo por nosotros desde el trono celestial. Si nos sentimos afligidos, recordemos que nos fue dado un compañero fiel que nos ayudará a orar en los momentos en que no sabemos cómo hacerlo. Dice Romanos 8:26 “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”, y también contamos con la oración de nuestros hermanos en la fe.    Oración.

«Amado Señor, hoy más que nunca necesito de tu dulce compañía. Gracias porque nunca me has dejado ni desamparado; por darme tu Santo Espíritu para que, en los momentos de prueba y debilidad, me ayude a interceder en tu presencia; gracias por ese compañero (“parakleto”) que me sostiene, ilumina, consuela y acalla todos mis temores. Te pido también por mis hermanos en Cristo, que me apoyan en oración para poder vencer en mis batallas diarias. En el Nombre de Jesús, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 2 de octubre de 2022

CARA A CARA

 


CARA A CARA

“Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”, Juan 4: 21-24

El libro más publicado y leído en toda la historia es la Biblia y habla de la relación del Creador con nosotros, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Muestra la intimidad que teníamos en un principio, cómo la perdimos y cómo la volvimos a tener. En el Edén, Adán y Eva tenían una relación cara a cara con Dios, caminaban juntos, hablaban y tenían una intimidad profunda. No se avergonzaban de estar en su presencia, pero cuando pecaron llegó su vergüenza, sintieron miedo y se escondieron de Él. El nivel más puro de comunión e intimidad había sido arruinado por el pecado.

Después de esto lo más cerca que podían llegar los seres humanos a Dios era a través de ritos y ceremonias en lugares que Dios destinó para ese propósito, siguiendo la ley de Moisés, primero en el tabernáculo y luego en el templo que construyó Salomón. Pero nadie lo podía ver cara a cara, la imperfección de la humanidad no podía estar delante de la santidad de Dios.

Sólo el sacrificio perfecto de Jesús en la cruz, hizo que el velo del templo se rasgara en dos, simbolizando que él restauraba nuevamente nuestra intimidad con nuestro Dios Padre. Ahora podemos adorarlo en cualquier tiempo y lugar, como nos dice Juan 4. Sin embargo, aún no lo podemos ver cara a cara, tal como sí pudieron Adán y Eva antes de la caída.

La promesa de que todas las cosas van a ser como al principio, se cumplirá con el regreso de Cristo y podremos verlo. Lo podremos adorar, podremos hablarle y caminar nuevamente a su lado. Como dice Apocalipsis 21:3 “Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios”.

Que esta promesa nos impulse a permanecer en su presencia, esperando el glorioso día de su regreso.  Oración.

"Señor llena mi vida con esta promesa, un día podré verte cara a cara y disfrutar de tu majestad y santidad. Jesús abrió el camino para llegar a la presencia del Padre y ahora tengo la confianza para acercarme a tu trono de gracia y hablarte sin temor. Gracias Jesús, ahora puedo entrar con valentía en el lugar santísimo del cielo por tu sacrificio perfecto. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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