miércoles, 14 de septiembre de 2022

Ser. Parte 1

 

Ser. Parte 1

“Aconteció que, yendo de camino, entró en una al


dea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” Lucas 10:38-42.

“Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema” Éxodo 3:2-3.

Nuestra prioridad en la vida debe ser el ser, y por esto es trascendental atender lo que nos revela la escritura, sobre el tiempo que dedicamos en la intimidad de la oración fortalece nuestro ser interior, por el Espíritu Santo que nos ha sido dado; por eso debemos orar a Dios pidiendo lo que dice en Efesios 3:16, “para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecido con poder en el hombre interior por su Espíritu”.

Miremos en la escritura algo impresionante:

“Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra” (S. Juan 18:4-6); el mismo Dios poderoso, el YO SOY que se reveló en la zarza ardiente (Éxodo 3:13-14), ahora se muestra en la plenitud de Cristo, por esta razón estos hombres cayeron ante su presencia cuando dijo “soy yo”, “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9).

Nosotros al escuchar su Palabra debemos caer rendidos a sus pies, porque el YO SOY, por medio de la fe en Jesucristo, ahora habita en nosotros, (somos como esa zarza ardiente que no se consumía) y solo en la intimidad de su presencia nuestro ser es fortalecido por el poder de su Espíritu Santo. Somos porque Él es.

Entonces, así como María, ¿has escogido la buena parte, la cual no te será quitada que es estar en su presencia y fortalecer tu ser?    Oración.

«Señor Jesús hoy me rindo a la voz de tu Espíritu, me he encontrado a mí porque tú me has buscado pues estaba perdido y me has encontrado para darme vida eterna, propósito y paz interior. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 13 de septiembre de 2022

Ser, tener y hacer

 


Ser, tener y hacer

“Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros” Éxodo 3:13-14.

Nuestra prioridad en la vida es el ser, antes que el tener o el hacer, porque podemos esforzarnos por tener muchas cosas, pero como dice nuestro Señor Jesús: “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mateo 16:26), vemos que nuestro hombre interior tiene mucho más valor que cualquier bien material o que el mundo entero con todas sus cosas.

También nos enseña el Señor la necedad que hay en priorizar el “tener” por encima del ser, en Lucas 12:18-21 leemos: “Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.”

Es decir, al final toda la cosa material se volverá polvo, pero nuestro espíritu volverá a Dios que lo dio, (Eclesiastés 12:7), ya sea para condenación o para recibir el galardón según nuestra fe en Cristo; entonces “ser rico para con Dios” es la expresión que nos denota que la prioridad es el ser antes que el tener.

Y si nos ocupamos en el hacer antes que en el ser, nos estaremos perdiendo la mejor parte, como le enseñó Jesús a Martha, que andaba afanada y preocupada haciendo muchas cosas, pero solo una era importante y sigue siendo las más relevante aún para nosotros: pasar tiempo con el YO SOY, pues esto no nos será quitado (Lucas 10:38-42).

¿Qué cosa es más importante para ti hermano, el ser, el tener o el hacer?   Oración.

«Señor Jesús quiero pasar tiempo contigo, en intimidad escuchar la voz de tu Espíritu y experimentar el amor del Padre, quiero cambiar mis prioridades desde ahora en adelante colocándote a ti en el primer lugar. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 12 de septiembre de 2022

Nuevo mandamiento

 


Nuevo mandamiento

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” Juan 13:34-35 RVR 1960.

Al meditar en el contexto del pasaje de hoy, Jesús está anunciando a sus discípulos que la gloria de Dios se manifestará en su muerte y resurrección, puesto que Él pondrá su vida en rescate por muchos (Juan 13:31-33); y luego de anunciarles este hecho, les da un nuevo mandamiento “Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13:34b).

Pero antes, los fariseos le habían preguntado ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?, “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.” (Mateo 22:36-40).

Entonces, ¿por qué es un nuevo mandamiento, si ya estaba escrito acerca del amor al prójimo?; la respuesta es porque cambia la medida del amor, antes era “como a ti mismo”, ahora, luego de su muerte y resurrección, es “como yo os he amado”.

El apóstol Juan lo resume de manera muy clara, dice “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).

El Señor Jesús cumplió el mandamiento del que depende toda la ley y los profetas, el cual nosotros, en nuestra naturaleza pecaminosa, éramos incapaces de cumplir. Pero ahora, por la fe en Cristo, Dios derrama su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo, para que amemos a nuestro prójimo como Él nos amó.

Estamos llamados entonces a permanecer y andar en su amor, como dice Efesios 5:2: “Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” Oración.

«Gracias Señor Jesús porque diste tu vida por mí para rescatarme del pecado que me condenaba y del maligno que me encadenaba; ahora soy libre para amar a mi prójimo con el amor con el que tú me amaste primero. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 11 de septiembre de 2022

No codiciarás cosa alguna de tu prójimo

 


No codiciarás cosa alguna de tu prójimo

“No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo” Éxodo 20:17 RVR 1960

Santiago, por el Espíritu Santo, nos explica claramente la naturaleza de este décimo mandamiento: “Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.” (Santiago 4:2-3).

Entonces, este mandamiento saca a la luz la falta de confianza en un Dios proveedor, que está dispuesto a atender nuestras necesidades para enseñarnos a depender únicamente de Él y no del mundo, a no ser nuestros propios dioses y a no aferrarnos a cosas que se esfuman y corrompen; mejor colocar nuestra atención, esfuerzo y vida en las cosas eternas como nos dice su palabra: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” (Mateo 6:19-21).

Así que, si nuestro corazón está en las cosas materiales, en codiciar y envidiar lo que otros tienen, hemos faltado a este mandamiento y necesitamos de su gracia, porque todo pecado tiene como consecuencia la muerte espiritual (separación de Dios). Ir a la cruz es urgente, porque no podemos engañarnos ni engañar a Dios, puesto que “ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; más ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” (1 Corintios 6:10-11).

Recibamos a Cristo por la fe en nuestro corazón, para que seamos lavados, santificados y justificados, a fin de que recibamos su Espíritu y, por su acción efectiva en nosotros, hagamos morir toda obra de la naturaleza pecaminosa.   Oración.

«Padre, que mi mirada esté en las cosas eternas; sé que tú eres mi proveedor y de ti dependo completamente, en el nombre de Jesús, amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 10 de septiembre de 2022

Amor demostrado

 


Amor demostrado

“Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro. Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más?” Lucas 7:37-47

Como pecadores que somos tenemos dos maneras de acercarnos a Cristo. Esta historia revela dos actitudes de mente y corazón. Simón estaba frente a Jesús pero no tocó su corazón, no se reconocía necesitado de nada y por lo tanto no sentía amor, se consideraba bueno y respetable ante los ojos de Jesús, aunque estaba al lado de Él, estaba totalmente distante. Esto nos recuerda lo que dice la Palabra de Dios. Mateo 15:8 “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí”.

Contrario a la mujer que reconoció su profunda necesidad de salvación y por lo tanto inundó de amor a Jesús, con gratitud genuina en su corazón y mostrando un acto de servicio generoso hacia aquel que podía suplirla y por eso recibió el perdón.

Siendo todos igualmente deudores, todos hemos sido perdonados y cuando hemos recibido mucho, amamos mucho y esto debe traducirse en gratitud y servicio hacia Jesús. La mujer honró a Cristo ungiéndolo, derramando sobre Él lo más costoso que tenía, su perfume, era todo lo que podía ofrecerle y lo hizo con una actitud contrita y humilde hacia su Salvador. Simón, por otro lado, no demostró amor, no se esmeró en tratar a Jesús como un huésped de honor, como una señal de respeto y estima.

Cualquier cosa que hagamos, que tenga apariencia de virtud, no es más que hipocresía cuando es ejecutada sin amor. No se puede concebir la vida en Cristo sin amor. Pensemos en maneras de motivarnos a realizar actos de amor y buenas acciones, de tener gratitud como un acto de servicio desinteresado y generoso hacia Dios y hacia otros. Como dice 1 Juan 3:18 “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad”.

El amor es la prueba de que una persona ha recibido perdón, y que cuanto más se le perdone más amará. Amar es la expresión de mostrar gratitud al Señor por todo lo que ha hecho por nosotros. Sólo los que reconocen la profundidad de su pecado pueden apreciar todo el perdón que Jesús nos ha dado.

Hay muchas maneras de mostrar gratitud a Dios y una de ellas es cumplir su propósito en nuestra vida, haciendo su voluntad, compartiendo su Palabra y amando al prójimo como a nosotros mismos.  Oración.

«Gracias Jesús, por perdonarme y amarme tal como soy, por llenar mi corazón de amor y gratitud por la obra que hiciste por mí en la cruz. Me perdonaste, me salvaste y cambiaste mi vida. Quiero que mi gratitud sea más que palabras bonitas, que la pueda demostrar con actos de servicio generoso, de bendición y amor hacia ti y hacia otros. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 9 de septiembre de 2022

No hurtarás

 

No hurtarás

“No hurtarás” Éxodo 20:15.


Hurtar o robar, revela el deseo incontrolable del hombre de poseer lo que no le pertenece. Dios nos ha concedido, en administración, cosas materiales y también bienes intangibles, porque al final todo es de Él y para Él, el tiempo, vida, nuestro cuerpo, todo le pertenece y de todo le debemos dar cuenta, aun de cada palabra que sale de nuestra boca.

Incumplimos el octavo mandamiento incluso si robamos algo de muy poco valor, pues no es la cantidad sino la intención del corazón, “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mateo 15:19).

Pero también robamos tiempo, cuando lo utilizamos o derrochamos en cosas que no valen la pena, pues como dice la Palabra “aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:16).

Si de nuestro corazón sale este deseo de robar, aun el tiempo que nos ha sido asignado, el cual es limitado; su Palabra de vida nos redarguye a que andemos sabiamente, aprovechando al máximo cada oportunidad en el tiempo que tenemos, pero sin dejarnos llevar por los afanes de la vida que nos roban la paz y la tranquilidad que son bienes más elevados (Colosenses 4:5, Eclesiastés 3:1-2, 9).  Oración.

«Padre, purifica mi corazón por tu Palabra, forma un corazón íntegro como el de Cristo, para tu gloria y alabanza, borra Señor mi maldad y lléname de tu amor. En el nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 8 de septiembre de 2022

No cometerás adulterio.

 


No cometerás adulterio.

“No cometerás adulterio” Éxodo 20:14.

El adulterio es tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, es decir, ser infieles al pacto matrimonial. La Palabra de Dios relaciona el adulterio y la fornicación como pecados muy graves, que corrompen el alma y dañan profundamente nuestro ser (Proverbios 6:32, 1 Corintios 6:18), y que además serán juzgados por Dios: “Honroso sea en todo el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (hebreos 13:4).

En este séptimo mandamiento, el Señor Jesucristo saca a la luz la profundidad de la corrupción del ser humano: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:27-28).

Esto quiere decir que tanto el adulterio como la fornicación (sexo fuera del matrimonio), inician en nuestro pensamiento, impulsados por nuestros malos deseos que inician por una mirada de codicia; estos malos deseos desbordados dan a luz los actos pecaminosos, y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. (Santiago 1:14-15).

Si como dice la escritura “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23)”, podemos ver por tanto, que necesitamos que nuestro viejo hombre, lleno de malos deseos sea crucificado juntamente con Cristo, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado, pues así como Cristo murió y resucitó, nosotros, de la misma manera debemos considerarnos muertos al pecado pero también en nueva vida, que Dios nos dio por la fe en Cristo Jesús, para que como resultado de apropiarnos de lo que hizo Cristo por nosotros de ninguna manera reine el pecado en nuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcamos en sus concupiscencias (Romanos 6:5, 11-12).

El adulterio y la fornicación destruyen y esclavizan, pero Cristo libera y da vida eterna, necesitamos por tanto arrepentirnos de este pecado destructor e ir a la cruz para recibir su favor inmerecido, para que por el poder de su Espíritu Santo seamos vivificados para hacer lo que agrada a Dios.   Oración.

«Padre, coloca pureza en mi corazón, coloca el pensamiento puro de Cristo en mi mente y el mismo sentir de sacrificio y amor, para vivir en santidad y mirar con el mismo amor con el que miraba Jesús. Amén».    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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