sábado, 11 de junio de 2022

De una vida en ignorancia a una vida en santidad

 

De una vida en ignorancia a una vida en santidad


“Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.”, 1 Pedro 1:13-16

Antes de aceptar a Cristo en nuestro corazón vivíamos en un estado de ignorancia, pues no éramos conscientes de que esclavos éramos del pecado. ¿Dónde surgió esta esclavitud? En el huerto del edén. A raíz de la desobediencia que el hombre tuvo contra Dios, generó en la naturaleza del ser humano una gran contaminación, tanto, que Romanos 5:12 nos revela que de ahí en adelante todo ser humano (a excepción de Jesucristo) obtiene una herencia contaminada, lo que llamamos naturaleza pecaminosa. Esta naturaleza es la que nos impulsa a estar siempre en contra de la ley de Dios, a querer ser rebeldes ante Su Autoridad y a persistir cometiendo pecado.

Sin embargo, su palabra nos dice que fuimos rescatados de esa vana manera de vivir gracias a la preciosa sangre de Jesucristo, ese cordero sin mancha y sin contaminación que se ofreció en aquella cruz por amor a nosotros como sacrificio perfecto para satisfacer la justicia de Dios (1 Pedro 1:18-19). Dado lo anterior, es que por la fe en Jesús, tú y yo podemos disfrutar ahora de una nueva condición, pues somos:

• Redimidos: Libres de la esclavitud del pecado porque Jesucristo pagó el precio.

• Reconciliados: Podemos tener una relación íntima, personal de amor con Dios.

• Identificados con Cristo: Todo lo que es verdad acerca de Él, viene a ser verdad en nosotros por la obra de su Santo Espíritu.

• Santificados: Apartados como posesión de Dios para siempre.

• Justificados: Justos delante de Dios por nuestra fe en Jesús.

• Regenerados: Al nacer de nuevo, tenemos un espíritu vivo que nos permite pasar de ser egocéntricos a ser Teocéntricos.

Y todo esto nos lo ha dado el Señor Jesús como un regalo, como un don inmerecido; para que lo disfrutemos y vivamos, ya no conforme al viejo hombre que solo está viciado de pecado, sino conforme a la justicia y santidad que por Cristo nos ha sido entregado (Efesios 4:22-24)

La pregunta es: ¿Cómo seguiremos viviendo de ahora en adelante? ¿Bajo la ignorancia? o ¿bajo la santidad? Pues si hemos creído en Él, la palabra de Dios nos dice que como justos, debemos caracterizarnos por vivir en fe y lo que esto implica, pues al hacerlo estaremos siendo; no como los que se vuelven atrás y acaban por perderse viviendo bajo la ignorancia; sino, de los que tienen fe y viven por ella para preservación del alma (hebreos 10: 38a-39)   Oración.

«¡Señor! Desde el momento en el que te abrí las puertas de mi corazón me permitiste entender que, antes de conocerte, vivía bajo la ignorancia, pues mis actos estaban viciados conforme a los deseos engañosos. Más ahora, que mis ojos te ven, puedo creer que ya no vivo bajo esta condición, sino bajo mi nueva identidad de justicia y santidad, la cual me ha sido entregada por amor, gracias a ti Cristo Jesús, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 10 de junio de 2022

Siervo bueno y fiel

 


Siervo bueno y fiel

“Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. Asimismo, el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor”, Mateo 25:14-18

¿Con cuál de estos tres siervos te identificas? ¿Con los que actuaron diligentemente y administraron de forma correcta lo que se les había entregado? O tal vez con el que escondió su talento por temor y no lo administró.

Quizá al leer este pasaje te identifiques con los dos primeros hombres de esta historia y digas ‘yo soy como ellos, lo que Dios me ha entregado lo he sabido administrar bien gracias a la ayuda y guía del Espíritu Santo’; pero, probablemente, este no sea tu caso, pues quizá digas “yo soy como el último de los siervos, no los he administrado porque no sé cuáles son los talentos que Él me ha dado; y si los conozco, no sé cómo usarlos, no me han enseñado y no estoy capacitado”; y pensaremos que con esta respuesta tendríamos una justificación válida ante Dios y que recibiremos de su parte un “Claro ¡no te preocupes! yo te entiendo”, pero la verdad es que esa respuesta nunca la escucharemos, pues al igual que el señor de este siervo, no se nos expresarán palabras de felicitación, sino que se nos llamará la atención, pues habiendo alternativas para poner en movimiento lo que se nos ha confiado, hemos decidido ignorar su llamado (por maldad y negligencia) y esconder aquellos talentos que nuestro Señor nos ha encomendado.

Y es que con este actuar estamos manifestando que hemos intentado gestionar esos talentos espirituales bajo nuestra carne; emociones, pensamientos y voluntad; cuando únicamente se pueden administrar, de manera espiritual, es decir, con la ayuda, guía y dirección del Espíritu Santo, quien ya sabemos mora en nosotros, pues Él es quien nos capacita para que vayamos y llevemos fruto, fruto que permanece (Juan 15:16b, Gálatas 5:22-23)

Ahora, pensaremos, como el Espíritu Santo es quien hace la obra, entonces ¿yo no debo hacer nada más? Claro que hay algo que nos corresponde hacer: Buscar intencionalmente a Dios en oración; escudriñar las Escrituras; congregarnos, pues necesitamos compartir tiempo con nuestros hermanos en la fe, ser enseñados por nuestros pastores, líderes; hacer los niveles bíblicos para conocer si lo que me están enseñando va conforme la sana doctrina; testificarle a mi familia, a mis amigos, al mundo de la obra de Cristo; obedecer, practicar lo aprendido.

Por lo tanto, no podemos seguir estancados en el “no tengo las capacidades, el talento que se necesita”, pues ya vimos que esa no es una razón justificable, pues recordemos que a ¡todos! Dios nos ha dado talentos; ya sea uno, dos, cinco o más; están bajo nuestra responsabilidad y debemos administrarlos con la ayuda de su Espíritu Santo.

Reflexionemos, ¿cuáles son los talentos que me ha dado Dios y qué estoy haciendo con ellos? Con el talento de hablar, de leer, de escribir, por lo menos alguno de ellos debo tener, pero ¿los estoy poniendo al servicio del Señor? o ¿me los estoy reservando?

En este día digámosle al Señor: Señor aquí tienes lo que te corresponde, he trabajado gracias a tu Espíritu Santo con los talentos que me has dado y te entrego otros más. Entonces saldrá de la boca de nuestro Señor: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.” Mateo 25:21b   Oración.

«Padre, hoy me rindo delante de ti y te pido me ayudes a poner a tu servicio esos talentos que me has entregado; quizá he puesto muchas excusas para no servirte, pero no quiero esquivar más mi responsabilidad. Hoy me dispongo delante de ti y te pido me uses como tu instrumento. Gracias por hacerme entender que no es en mis fuerzas que se administran los talentos que me has dado, sino con la guía y el poder de tu Espíritu Santo que vive en mí. En el nombre de Jesús, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 9 de junio de 2022

Caminando por convicción

 


Caminando por convicción

“Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento.”, Mateo 14:28-32

¿Cuántos de nosotros hemos experimentado lo que Pedro? Hemos dicho al Señor: “Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas” pero cuando es probada nuestra fe ¿cuál ha sido el resultado? Como Pedro, damos por convicción unos pequeños pasos los cuales nos hacen andar por un momento sobre las aguas; pero al final, cuando dejamos interferir nuestra parte emocional, terminamos hundiéndonos en el mar y pidiéndole a gritos al Señor que nos salve.

Lo peligroso de dejarnos dominar por la emocionalidad, es que al hacerlo, estaremos dando paso a la duda que es la que genera que nuestro ánimo mantenga vacilando entre dos opiniones, “puedo hacerlo” o “no puedo hacerlo”, como las ondas del mar, quienes son arrojadas de un lado a otro dependiendo de hacia dónde el viento quiera soplar. Nos convertimos sin darnos cuenta en hombres y mujeres de doble ánimo, lo que hace que terminemos siendo inconstantes en todos nuestros caminos (Santiago 1:6b, 8). Pero el problema de la duda es que no va sola, pues lleva consigo a su amiga la incredulidad, que es claramente la que no nos permitirá experimentar lo que Dios quiere para nuestras vidas.

Pedro, en este pasaje, se ha dejado llevar por la duda e incredulidad y Jesús se lo manifiesta: “¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?” pero ¿por qué viene la duda? Porque en esos momentos no permitimos que en nuestra mente se arraiguen pensamientos de fe, pues si Jesús me llama es porque en Él lo puedo hacer; sino nuestros propios pensamientos que dicen: no es lógico que esté caminando sobre las aguas, yo no tengo esa capacidad; hay vientos, mares, me voy a hundir y ahogar. ¿Vemos el error? Pensamos que si Dios nos llamó a hacer algo es solo porque tenemos la capacidad de hacerlo, pero no es así.

Citemos otro ejemplo, cuando llamó Dios a Abraham y le hizo la promesa de que su descendencia sería tan numerosa que no se podría contar, acaso Abraham le creyó porque ¿él y su esposa Sara estaban en la capacidad de hacerlo? ¡No!, pues Abraham sabía que su cuerpo estaba ya como muerto al tener casi cien años, y aún su esposa era estéril; pues su fe no se debilitó ni al considerar esto. “Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido” (Romanos 4:20-21). La diferencia entre la historia de Abraham y Pedro, es que Abraham se aferró a Dios, al conocimiento que tenía del Gran Yo Soy, pero Pedro falló y se hundió en las aguas porque no se mantuvo caminando por convicción.

Así que hermanos, basta ya de andar bajo la emoción, es tiempo de empezar a caminar permanentemente por convicción.   Oración.

«Padre, tú me conoces por completo y sabes que, aunque quiero caminar por convicción, en algunos momentos de mi vida fallo y termino siendo movido bajo lo que dice mi emoción, y esto sucede porque trato de caminar en mis fuerzas y no con la ayuda de tu Espíritu Santo que has puesto en mí. Ayúdame a permanecer firme en ti y no permitas que mi fe se debilite en momentos de angustia. Llévame como a Abraham a que mi fe se fortalezca. En el nombre de Jesús, amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 8 de junio de 2022

Si oyes a Dios, obedece

 

Si oyes a Dios, obedece


“Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. Génesis 2:15-17

“Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: ¿No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal”. Génesis 3:1-5

Qué fácil resulta identificar los roles de cada persona cuando tenemos un panorama completo de la situación. En el caso del libro de Génesis sabemos: Quién es el bueno, Dios; quién es el malo, satanás que está disfrazado de serpiente; qué es lo que hay que hacer, disfrutar de todo el Edén pero nunca comer del árbol de la ciencia del bien y del mal; cuál fue la raíz del problema, desconfiar del mandato dado por Dios; y cuál la consecuencia, muerte espiritual.

De esa forma todo parece más sencillo y pensaremos: ¡pero ¡qué difícil es en nuestra realidad! Dado que en esos momentos en los que debo tomar decisiones no es así de fácil reconocer la voz de Dios, pues no solo están sus palabras, sino también las que dice mi carne, mis familiares, amigos, vecinos y aún la del enemigo. Y en medio de tantas voces no logro identificar cuál de todas es la de Dios, porque al parecer la nitidez de sus palabras se van disipando poco a poco en medio del ruido que hay a mi alrededor.

Pero Dios, que es rico en misericordia y por el gran amor con que nos amó ha dejado a nuestro alcance un arma espiritual tan poderosa, su palabra, que contiene la clave que nos lleva a reconocer, con la ayuda del Espíritu Santo, la voz de Dios.

La voz de Dios es la que nos conduce, como dice Jeremías 29:11, a esos planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darnos un futuro y una esperanza. Son planes que podemos reconocer fácilmente porque nos llevarán a experimentar el fruto del Espíritu Santo, porque lo que Dios anhela es que vivamos llenos de: “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” Gálatas 5:22b-23a. Y como vemos, al ser un fruto del Espíritu Santo, lo experimentaremos más y más a medida que vivamos y andemos por el Espíritu (Gálatas 5:24-25), pues Él nos guiará a satisfacer no nuestros deseos carnales, sino aquellos que son conforme a la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios.

Como vimos, la voz de Dios no es la única que el hombre escucha, sino también otras como la de la carne, el mundo y satanás; que quieren argumentar y levantarse contra el conocimiento de Dios. Aquellas voces tienen la especialidad de disfrazar y llamar a lo malo “bueno” y a lo bueno “malo” (Isaías 5:20); pero como dice Mateo 7:16a “por sus frutos los conoceréis” y es que los frutos que querrán impulsarnos a comer son aquellos que satisfacen nuestros propios deseos: “adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas” Gálatas 5:19b-21a, frutos que solo nos llevarán a estar sujetos a pasiones desenfrenadas.

Así que, con todo esto, lo que Dios nos quiere enseñar es que no solo basta con escuchar su voz; pues Adán lo hizo y sin embargo, no obedeció; sino que escuchar a Dios nos debe llevar a actuar en consecuencia, pues lo que Dios nos pide, de escucharle y obedecerle de manera diaria, no es algo difícil de hacer.

Hermanos, reflexionemos ¿cuál voz es la que escucharemos de ahora en adelante y por qué fruto nos reconocerán? Sin duda alguna, la palabra de Dios nos da la guía para saber qué hacer: “escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días;” (Deuteronomio 30:19b-20a) Oración.

«Padre, sabes que hay momentos en los que me cuesta identificar tu voz porque no he nutrido mi espíritu como debería. Tu palabra dice que tus ovejas oyen tu voz, tú las conoces y ellas te siguen, pero ¿cómo oiré tu voz si no medito en tu palabra? Y ¿cómo te conoceré si no paso tiempo contigo? Perdona mi actuar Dios y llévame a recordar y a buscar diariamente el fortalecer nuestra intimidad en oración. En el nombre de Jesús, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 7 de junio de 2022

¿Quién es el enemigo delante del Dios viviente?

 


¿Quién es el enemigo delante del Dios viviente?

“Entonces habló David a los que estaban junto a él, diciendo: ¿Qué harán al hombre que venciere a este filisteo, y quitare el oprobio de Israel? Porque ¿quién es este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?”, 1 Samuel 17:26

El libro de Samuel nos describe una de las historias bíblicas más conocidas por los creyentes y es la de David y Goliat. Y aunque al parecer la conocemos de memoria, pareciera ser que ignoramos o no entendemos lo que Dios a través de ella nos revela. Y es que si la examinamos detalladamente podremos encontrar cómo la misma estrategia que utilizó Goliat para intimidar a Israel, el pueblo escogido por Dios, sigue siendo utilizada hoy en día ante nosotros, los que hemos sido comprados con la sangre preciosa de Jesús, para incitarnos a vivir bajo el temor. Y esta estrategia no es otra que utilizar la voz del engaño, pues con ella el enemigo alardea de día y de noche su “aparente” condición de fuerza, poder y grandeza, manifestando con esto que él está por encima del pueblo de Dios.

La biblia nos muestra cómo esto afectó en gran manera a Israel pues podemos observar que a medida que la voz de Goliat y sus amenazas se escuchaban y el pueblo daba credibilidad a sus palabras, el enemigo lograba su cometido, pues se generaba duda y temor en el corazón del pueblo. ¿Nos parece esta estrategia conocida? Pues, si reflexionamos: ¿cuántas veces han llegado a nuestros oídos estas mismas palabras, que cuando creemos en ellas, nos generan temor ante una dificultad; nos hacen olvidar de nuestra identidad en Cristo y genera desconfianza en nuestra relación con Dios? Pensaremos que esto no nos pasa, pero la verdad es que sí, pues el enemigo como dice 1 Pedro 5:8b “como león rugiente, anda alrededor buscando a quién devorar”. ¿Y cuántas veces creemos que el enemigo hace esta búsqueda? ¿Una sola vez, dos o tres veces? Si analizamos el pasaje, veremos que diariamente, durante el lapso de 40 días, el enemigo fue tras la caída de Israel, y de esa misma forma o peor, irá tras la nuestra; ya que al igual que Goliat, el maligno nos está lanzando dardos de fuego, de temor, de tristeza, de ansiedad, de desconfianza; dardos que Dios sabe podemos esquivar, pero no solos, pues únicamente se logra hacer con la ayuda, guía y dirección de su Espíritu Santo.

Tal como lo dice el pasaje principal, nosotros somos escuadrones del Dios viviente y como soldados debemos estar todos los días preparados, con nuestra armadura espiritual puesta, listos para que en cualquier momento que se presente una batalla podamos responder, defendernos y salir victoriosos. ¿Y cuál es esa armadura de la cual se nos habla? Pues no es otra que: El cinturón de la verdad; la coraza de la justicia de Dios; el apresto del evangelio de la paz; el escudo de nuestra fe (identidad en Cristo); el yelmo de la salvación, quien es el que protege nuestros pensamientos; la espada del Espíritu (la palabra de Dios), todo esto acompañado de la oración y guía de nuestro Ayudador (Efesios 6:13-18).

¡Hermanos! Sin duda alguna Dios quiere que de en medio de su pueblo se levanten personas como David, que alcen su voz y le recuerden, no solo al enemigo, sino también a todos los creyentes: ¡quién es nuestro Dios viviente!, ¡que nosotros somos parte de los escuadrones del Dios viviente! Que no debemos andar en temor, sino como esforzados y valientes, pues no somos de los que desmayan, de los que pierden el conocimiento que tienen de Dios, sino que somos aquellos de los que en todo momento tienen presente que Él es quien está con nosotros (Josué 1:9)    Oración.

«Gracias Padre por permitirme escudriñar tu palabra y por revelarme la verdad a través de tu Espíritu Santo que mora en mí, tu verdad es la que me hace libre y por eso hoy te exalto. Gracias porque a medida que escudriño más y más las Escrituras puedo llenarme de valor y apropiarme de la victoria que tú ya me has dado por medio de la fe en tu Hijo Jesús. Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 6 de junio de 2022

Cara a cara con el Señor

 


Cara a cara con el Señor

Éxodo 33: 11a “Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero.”

Éxodo 34:28-30a “Y él estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan, ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos. Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios.”

Cuando leemos estos pasajes y vemos lo precioso y extraordinario que experimentó Moisés al buscar a Dios, el poder hablar con Jehová cara a cara, el poder conocerle en intimidad, el ser alimentado en su espíritu, etc., pensamos: qué lindo sería que mis encuentros con Dios fueran así, en donde no solo pudiera verle, sino también que al salir de ahí, mi familia, mis amigos y mis vecinos me dijeran ¿por qué te resplandece tanto el rostro? Y con este tipo de pensamientos podemos ver que en nuestra mente tenemos el concepto de que nosotros no podríamos experimentar lo que Moisés, pues no somos como él. No pasamos cuarenta días ayunando, a duras penas podremos hacerlo una hora, y con gran dificultad, y por si fuera poco ¿quién soy yo para que Dios se manifieste de esa forma? Pero ese es un concepto equivocado, pues si comprobamos lo que dicen las Escrituras, tanto Moisés como nosotros podemos entrar a la presencia de Dios, no por nuestras capacidades, sino solamente por la fe en Jesús, pues Cristo es el único Camino que nos lleva al Padre. Es por esto que hoy podemos comprender, que nosotros también tenemos acceso al Padre, podemos verle cara a cara, escucharle y hablar con Él, y todo esto por medio de la fe en Jesús.

Pues es gracias a Jesús que nosotros podemos:

Ser aceptos delante de Dios: Efesios 1:6b-7 “nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia”.

Ser hijos de Dios: Juan 1:12 “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”.

Conocer y ver a Dios: Juan 14:7, 9b “Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto… El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”.

Y por si fuera poco, por Cristo ahora nosotros:

Tenemos al Espíritu Santo de Dios y somos herederos de Dios: Gálatas 4:6-7 “Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo”.

Somos amados por Dios: Romanos 5:5b “porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”.

Estas y muchas otras cosas más son las que Jesús nos ha entregado por medio de la fe en Él. Por eso, cada vez que vayamos a esos encuentros con el Padre y vengan esos pensamientos que nos hacen creer que la presencia de Dios no está en ese lugar, y que no le podemos ver. Recordemos lo que Jesucristo nos enseñó, pues es gracias a nuestra fe en Cristo que podemos decir que cuando oramos estamos teniendo un encuentro cara a cara con Dios.   Oración.

«Padre, hoy te alabo y te bendigo porque es solo por medio de tu Hijo Jesús que puedo presentarme totalmente confiado delante de tu Trono y saber que tú me escuchas. Sé que ha habido momentos en los que en mis pensamientos sale un no es posible que tú estés aquí, pero cuando tu Espíritu Santo trae a mi memoria tu palabra que dice que tú estás conmigo, que nunca me dejas y que siempre me sustentas con la diestra de tu justicia y me aferro a ella, entonces mi corazón salta de alegría y vuelve mi gozo, el gozo de tu salvación. Gracias te doy en el nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 5 de junio de 2022

¿Cómo está tu corazón?

 

¿Cómo está tu corazón?


“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”. Salmos 139:23-24

¿Cómo está tu corazón? Probablemente esta pregunta te llevará a pensar en el estado o la condición física de tu órgano. Dirás: no he sentido ningún dolor extraño, no sufro de arritmias cardiacas, he visitado a mi médico regularmente y todo se encuentra bien. Y aunque externamente nuestro corazón se encuentre sano, no es esto a lo que la palabra de Dios nos está llevando a meditar. En realidad, la pregunta que se nos está haciendo es: ¿Cómo está tu corazón internamente? En ese lugar donde ni los médicos, ni tú mismo puedes llegar. Ahí, donde solo Dios puede entrar y explorar a cabalidad.

¿Qué crees que encuentra el Señor allí? ¿Amor, gozo, paz, bondad, mansedumbre? O por el contrario ¿adulterio, fornicación, envidia, celos? En el Antiguo Testamento podemos ver que los fariseos pensaban, como muchos hoy en día, que sus corazones eran rectos delante de Dios, pero al ser examinados por Jesús, se ponía al descubierto la maldad que había en su ser “y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?” Mateo 9:4 De continuo en ellos había maldad, y el mayor problema que tenían era su falta de capacidad de reconocer que eran pecadores y que necesitaban del Señor para poder ser sanos. Y es que esto mismo nos puede estar pasando a ti y a mí, nos diagnosticamos como personas con corazones sanos, creyendo que tenemos la autoridad para poder hacerlo, pero si observamos el salmo 139:23 podemos ver que el único capaz de determinar el estado actual de nuestro corazón, solo es Dios. Porque Él es el único capaz de escudriñar lo profundo de nuestros pensamientos, de nuestro ser y ver si en nosotros existe algún tipo de maldad. Y así como Él es el único especialista que puede dar un diagnóstico, también es el único que nos puede recetar la medicina correcta para nuestro mal. ¿Y cuál es la receta? Proverbios 3:1,7-8 “Hijo mío, no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos; … No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal; porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos”. La clave está en:

– No olvidarnos de su ley (escudriñar de día y de noche las escrituras)

– Guardar sus mandamientos (obedecer)

– No ser sabios en nuestra propia opinión (oración)

– Temer a Jehová (respetar su autoridad)

– Apartarnos del mal (dejarnos guiar por nuestro ayudador, el Espíritu Santo de Dios)

Si hacemos esto entonces podremos decir que nuestro corazón se encuentra bien, pero primero, necesitamos reconocer que no podemos solos, pues “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos” Mateo 9:12b. En ti y en mi debe estar el anhelar permanecer con el Médico de médicos, Dios.

En David, Dios encontró un corazón conforme al suyo (Hechos 13:22); en Abraham, uno lleno de obediencia (hebreos 11:8); en Job uno perfecto, recto, temeroso de Dios y apartado del mal (Job 1:1) ¿y en nosotros qué tipo de corazón encontrará el Señor?   Oración.

«Señor, tú me conoces por completo y nada puedo ocultar delante de ti, hoy me postro en tu presencia y te pido examines mi corazón y me permitas conocer lo que atesoro en él porque quiero tener un corazón limpio, que te agrade. Te lo pido en el Poderoso nombre de Jesús. Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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