domingo, 20 de marzo de 2022

Tomando su palabra. Parte 2

 

Tomando su palabra. Parte 2

“Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me f


ue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos.” Jeremías 15:16.

“siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.” 1 Pedro 1:23.

La palabra de Dios no es comparable ni siquiera de forma semejante con las palabras de los seres humanos. Con su palabra, Dios creó el universo entero; y también crea en nosotros un nuevo ser, pues somos renovados para pasar de muerte a vida eterna, por eso es gozo y alegría para nuestro corazón cuando la tomamos y creemos en ella.

Para permanecer en el gozo y la libertad que nos da la escritura, estamos llamados a que “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.” (Colosenses 3:16).

Entre más nos llenemos de su palabra, colocándola por obra en nuestra vida, estaremos dando testimonio de Cristo real y efectivo, pues si su palabra permanece en nosotros Dios mismo se manifestará en nuestra vida: “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.” (Juan 14:23); además, como explica este versículo, una evidencia del amor de Dios en nosotros es que guardamos su palabra, esto es, confiamos en lo que dice Dios y lo practicamos.

Entonces, “comer sus palabras” no se trata de llenarnos de un conocimiento intelectual, sino de un conocimiento integral; se trata de amar su palabra porque amamos a quien nos amó primero, a Cristo, y correspondemos a su amor obedeciendo la escritura.

Este amor escrito con su propia sangre nos dice que nuestra misión es anunciar a otros su palabra para que también tengan salvación, pues “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios” (1 Juan 5:13).     Oración.

«Padre, cuánto anhelo tu Palabra, pues en ella está mi sustento diario, mi fuerza; tú me hablas directamente y con la guía de tu Espíritu soy guiado a dar testimonio de Cristo. Quiero valorar cada palabra tuya, ponerla por obra y anunciarla a los demás con todo amor y mansedumbre. En el nombre de Cristo Jesús, amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 19 de marzo de 2022

Tomando su palabra. Parte 1

 Tomando su palabra. Parte 1


“Ordena mis pasos con tu palabra, y ninguna iniquidad se enseñoree de mí.” Salmos 119:133.

Lo que brinda la palabra de Dios es algo que ninguna otra cosa nos puede brindar, por lo que la invitación hoy es a que la guardemos en nuestra mente y corazón.

Lo primero que nos da la palabra de Dios es un camino único y verdadero de salvación, pues en ella podemos encontrar las palabras de Cristo que son espíritu y son vida (Juan 6:63); por esta razón, el mismo Señor Jesucristo declaró “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;” (Juan 5:39). Al escuchar y prestar atención al testimonio escrito que nos da la palabra, somos renacidos por medio de ella, porque conocemos y tenemos fe en nuestro Salvador.

Luego de nacer de nuevo, encontramos en la palabra de Dios un tesoro lleno de principios, que nos dan la sabiduría para tomar decisiones íntegras y correctas, como nos enseña el salmo “La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples.” Salmos 119:130.

También encontramos en la escritura sagrada, paz y consolación en nuestras adversidades; cuando nos encontramos abatidos por las dificultades podemos decir creyendo “Abatida hasta el polvo está mi alma; vivifícame según tu palabra.” (Salmos 119:25); y aun si nos ataca la ansiedad del porvenir o por los problemas, su palabra nos da sustento, pues dice “Se deshace mi alma de ansiedad; susténtame según tu palabra” (Salmos 119:28)

La palabra de Dios se debe estudiar toda en su texto y en su contexto, entendiendo que “La suma de tu palabra es verdad, y eterno es todo juicio de tu justicia.” (Salmos 119:160), pues la profundidad con que estudiamos la escritura dará orden a nuestra vida frente al caos que ofrece el mundo y las ideologías humanas. Debemos creer lo que dice, lo cual significa que debemos confiar, adherirnos y tomar como nuestra la palabra de Dios, guardarla en nuestro corazón y en nuestra mente, seguir sus principios y aplicarlos con la ayuda del Espíritu de Dios que nos fue dado, y entonces todo nos saldrá bien; aunque se presenten dificultades y persecuciones, nuestro camino en la vida será prosperado y victorioso. (Josué 1:8-9).    Oración.

«Padre, has enviado tu palabra y nos has sanado, por eso quiero meditar en ella todos los días, tomarla para mí y aplicarla en mi vida; confiar plenamente que, a través de ella, con la llenura de tu Espíritu, podré tener paz, consuelo, libertad y bendición. En el nombre de Jesús, amén.     Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 18 de marzo de 2022

Sanidad en la debilidad

 

Sanidad en la debilidad

“Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le d


ijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquel, y quedó limpio.” Marcos 1:40-42.

“Pues vosotros sabéis que a causa de una enfermedad del cuerpo os anuncié el evangelio al principio; y no me despreciasteis ni desechasteis por la prueba que tenía en mi cuerpo, antes bien me recibisteis como a un ángel de Dios, como a Cristo Jesús” Gálatas 4:13-14.

La enfermedad vino como consecuencia del pecado de Adán, que se transmitió a todo el género humano; es decir, si Adán no hubiera pecado no habría enfermedad en el mundo. (Génesis 3:17-18).

Pero aun los siervos y creyentes en Jesucristo enfermamos y sufrimos las consecuencias del pecado de Adán, y esto no quiere decir que estemos en pecado, pues Cristo nos ha perdonado y limpiado como dice la escritura “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:2).

Vemos el caso de Pablo, quien, siendo un apóstol muy usado por Dios, con grandes revelaciones, sufre una enfermedad (no se sabe exactamente cuál) y ruega a Dios que se la quite; sin embargo, Dios le contesta que “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12: 9a). Es decir que, a pesar de la enfermedad física, Pablo no está enfermo espiritualmente, porque en medio de esta dificultad la gracia de Dios lo sostiene, así que puede continuar con su ministerio con sumo gozo y poder en el Espíritu Santo (Filipenses 3:14).

Entonces el problema no es que suframos alguna enfermedad física sino nuestra actitud frente a la enfermedad; claro que el Señor Jesús puede y quiere sanarnos, además tenemos una promesa de redención de nuestro cuerpo mortal (Romanos 8:23), pero Dios nos está enseñando a que perdamos toda esperanza en nosotros mismos y en el mundo, para que nuestra confianza sea solo en Dios y en el Cristo vivo que nos sustenta, aún en la enfermedad. Al tener una actitud equivocada y una mentalidad en contra de los pensamientos de Dios, nuestra condición de enfermedad se vuelve insoportable, pero si tenemos nuestra mirada puesta en el Dios que nos sana, aun en medio del dolor tendremos paz y es aún más probable nuestra recuperación física.

Necesitamos una sanidad integral que viene de un espíritu sano, pues ha sido vivificado por el Espíritu de Dios; el mismo Espíritu Santo que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también nuestros cuerpos mortales. Una sanidad espiritual que se proyecta hacia la sanidad física (Romanos 8:10-13).    Oración.

«Padre, tú has sanado mi espíritu y mi alma mediante la fe en Cristo; cuando pase por la enfermedad estaré gozoso en ti, en tu propósito, al enseñarme humildad y a confiar en ti plenamente, y me gloriaré en mi debilidad para que el poder de tu Espíritu me sostenga y me sane. En el nombre de Jesús, amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 17 de marzo de 2022

Pensar diferente. Parte 2

 


Pensar diferente. Parte 2

“Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.” 1 Corintios 2:12-13.

Es clave la obra del Espíritu Santo en nosotros, por esto, es esencial que entendamos la verdad y nos apropiemos de este conocimiento por fe, pues las buenas noticias de Dios son por fe de principio a fin (Romanos 1:17), no es por esfuerzos humanos ni depende de nuestra inteligencia, habilidad o agilidad, como nos presenta el salmo esta verdad, “No se deleita en la fuerza del caballo, ni se complace en la agilidad del hombre. Se complace Jehová en los que le temen, y en los que esperan en su misericordia” (Salmos 147:10-11).

Al seguir la guía de su Espíritu, Él nos enseña la escritura y nos ayuda a llevarla a nuestra experiencia diaria; y el vínculo para lograr este hecho es mediante la oración, pues sin oración no hay relación y sin relación no hay revelación. Es en este momento diario y continuo que pedimos que, mediante la escritura, nos sean revelados los planes y propósitos de Dios para nuestra vida; y a su vez, nos llenamos de su fuerza para ejecutarlos (Jeremías 23:22).

Pero hay un hecho que debemos destacar, el Espíritu Santo actúa también por medio de los creyentes, de nuestros hermanos de la iglesia que están llenos del Espíritu Santo; por esto dice su Palabra que “antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado.” (hebreos 3:13). Para poder disfrutar de esta realidad espiritual, debemos congregarnos “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” (hebreos 10:24-25).

Hermano, la oración, el recordar estas verdades tan importantes, el ser animado y motivarnos unos a otros a realizar actos de amor y buenas acciones, ocurre en la congregación; busca por lo tanto una iglesia de sana doctrina y, si has dejado de congregarte, busca nuevamente con urgencia a la iglesia por la cual murió y resucitó nuestro Señor Jesucristo.    Oración.

«Padre, has puesto tu Espíritu en mí como garantía de tu promesa de redención eterna y para entender tu Palabra y obedecer tus mandamientos; quiero disfrutar del mover de tu Espíritu en comunión con mis hermanos en la fe. En el nombre de Jesús, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 16 de marzo de 2022

Pensar diferente. Parte 1

 

Pensar diferente. Parte 1

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Di


os, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Romanos 12:1-2.

Al tener una nueva vida en Cristo, tenemos su gracia actuando permanentemente en nosotros, que nos conduce o nos impulsa a NO dejar que nuestro cuerpo sea un instrumento del mal para servir al pecado, (Romanos 6:13). Y ya que hemos sido tratados con tanto amor, no debemos seguir las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien debemos permitir que Dios nos transforme en personas nuevas al cambiar, en nosotros, la manera de pensar.

La forma en que el Señor cambia nuestra manera de pensar es que, cuando recibimos a Cristo, somos sellados con el Espíritu de Dios y tenemos la mente de Cristo, produciéndose un cambio de dentro hacia afuera, iniciando por nuestro espíritu pero manifiesto o evidente en nuestra alma y cuerpo. La profundidad de este hecho está escrita en la palabra de Dios, la cual nos revela que: “Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2:16), y el contexto de este versículo nos está explicando que Dios nos reveló a nosotros, por el Espíritu, cosas grandes y extraordinarias “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre”. Estas cosas están escritas en la palabra de Dios y son reveladas a nosotros los hijos de Dios cuando, con oración y toda disposición, tomamos el tiempo para estudiarlas, memorizarlas y practicarlas (1 Corintios 2:9-11).

Si muchos de nosotros tenemos una profesión u oficio y hemos dedicado años a estudiar y mediante la práctica hemos ido adquiriendo destreza, también lo debemos hacer con este inmenso tesoro que nos ha sido dado a nosotros que somos simples vasijas de barro, llenas con la gracia de nuestro Salvador; por lo tanto, estamos llamados a estudiar profundamente las escrituras, para lo cual Dios nos ha dado a su Espíritu, a fin de entender todas estas revelaciones que impactan lo que creemos, transforman nuestro pensamiento y modifican nuestras acciones.

Es un creer correcto, es un pensar verdadero, es un sentir equilibrado y es un hacer en justicia, porque a nosotros, su iglesia, conforme dice la escritura “Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.” (Apocalipsis 19:8).

¿Ha cambiado tu manera de pensar?, ¿es radicalmente diferente a la del mundo?   Oración.

«Padre, que mis pensamientos sean purificados por tu palabra de verdad mediante la acción de tu Espíritu en mí, guiándome a no acomodar mi pensamiento a las ideas e ideologías del mundo, sino a pensar todo lo bueno y lleno de virtud que nos revela tu escritura sagrada, para poder experimentar tu voluntad buena, agradable y perfecta. En el nombre de Jesús, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 15 de marzo de 2022

Malas noticias

 

Malas noticias


“No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová.” Salmos 112:7

A diario escuchamos y vemos en la televisión o en los medios digitales malas noticias, guerra, rumores de guerras, enfermedades, violencia, entre otras.

El problema no es solo escuchar malas noticias, sino que estas nos pueden llenar de angustia y de incertidumbre ante el futuro. Muchos pierden la paz y caen en crisis al recibir estas noticias; otros simplemente se vuelven insensibles y se acostumbran a recibir esta información, optan por ser indiferentes. Sin embargo, ¿cuál debe ser la actitud de un creyente ante el panorama mundial actual o cuando recibe malas noticias?

El creyente debe tener dos actitudes que construyen; la primera, es que debe ser sensible ante el dolor de la humanidad sin dejarse afectar, disponiéndose a orar por los que sufren violencia, como nos indica el salmo “​​El deseo de los humildes oíste, oh Jehová; Tú dispones su corazón, y haces atento tu oído, Para juzgar al huérfano y al oprimido, A fin de que no vuelva más a hacer violencia el hombre de la tierra” (Salmos 10:17-18). En esto practicamos el amor, ya que este “no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad” (1 Corintios 13:6).

La segunda actitud del creyente es estar confiado en Dios, porque ya ha recibido la mejor noticia que puede recibir y esta noticia se trata de Jesús “Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres, la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy” (Hechos 13:32-33). ¡Dios resucitó a Jesús! y por medio de la fe en su muerte y resurrección Cristo nos salvó del pecado y nos dio vida eterna, tenemos un propósito, una esperanza cierta y una paz verdadera.

Pero también tenemos una misión y es compartir esta buena noticia con otros, pues Cristo resucitó de los muertos y esto lo cambia todo, porque esta noticia se trata del amor de Dios que hoy mismo podemos recibir, disfrutar en nuestro corazón y compartirlo con otros. Ante las malas noticias del mundo, anunciemos con más fervor la mejor noticia de todos los tiempos ¡Cristo en nosotros, la esperanza de gloria! (Colosenses 1:27).   Oración.

«Padre, no tengo temor en recibir malas noticias, pues estoy confiado y me mantengo a diario en la buena noticia de salvación, por medio de la fe en Cristo, que me has dado. La buena noticia de tu amor en mí, me sustenta y me da fuerza para seguir viviendo; y ahora, para anunciar a otros tu misericordia y tu favor en Cristo Jesús, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 14 de marzo de 2022

YO SOY

 


YO SOY

“Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros” Éxodo 3:14

“Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra.” Juan 18:5-6

Cuando Dios se revela a Moisés para enviarlo a su pueblo, se revela como “YO SOY EL QUE SOY”, es decir, el Dios eterno, el que siempre ha existido y existirá, el que fue, es y será.

Cuando los soldados van a buscarlo acompañados de Judas, Jesús se les revela como el mismo Dios del antiguo testamento que se presentó a Moisés, por eso cuando dice “Yo soy” ellos retroceden y caen a tierra ante el poder del Dios todopoderoso; por esto declaró Jesús “Yo y el Padre uno somos” y demuestra con esto que nadie le quita la vida, sino que Él la ofreció por nosotros, “Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre” (Juan 10:30, Juan 10:18).

Y ahora, a todos los que creemos en su nombre, Jesús se revela, se manifiesta en nosotros por el Espíritu Santo morando en cada corazón, ¡Qué grande es nuestro Dios y qué revelación tan inmensa, inimaginable pero tan real! que el mismo Dios todopoderoso, el Dios todo suficiente, ahora habite en nosotros, ¡qué inmensidad de su gracia!

Sin embargo, muchos rechazan esta revelación y persiguen a Cristo, solo lo ven como un profeta o un hombre bueno y Él lo dijo de manera radical “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mateo 12:30).

¿Eres de los que iría con los soldados y caería en tierra, pero no aceptaría al Dios que se hizo hombre? o ¿eres el que lo niega y lo entrega? o eres el que cae de rodillas y reconoce a Jesús como Dios, como tu Señor y como tu Salvador. Si te rindes a Jesús, entonces Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo habitarán dentro de ti.  Oración.

«¡Quién como tú oh Dios! mi Salvador Jesucristo; hoy te reconozco, me arrepiento de mis pecados y te entrego mi vida, coloca tu Espíritu en mí y llévame al Padre, quiero vivir en comunión y en plenitud de gozo, gracias por tu perdón, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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