lunes, 29 de noviembre de 2021

El reino de los cielos nos espera

 


El reino de los cielos nos espera

“En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” Juan 14:2-3.

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” Apocalipsis 21:1-4.

Pensemos en estas palabras de Jesús, que nos dan tanta seguridad frente al futuro que nos espera; y es que no somos de este mundo, aunque temporalmente estemos aquí, y quizá sentimos muchas veces que no encajamos en él. El hecho de ser creyentes hará que muchos nos rechacen, pero tenemos un lugar eterno en los planes de Dios, donde habrá un espacio para cada uno y lo mejor de todo es que Jesús estará allí con nosotros.

Por su gracia pertenecemos a ese lugar, el reino de los cielos que nos fue dado como respuesta a nuestra fe en Jesús, en el que encajamos perfectamente por la sangre preciosa derramada en la cruz, que nos hizo justos y santos para Dios, y por la que nuestros nombres están escritos en el libro de la vida, para vivir allí por siempre.

Esta nueva Jerusalén, es la iglesia de Dios, en el nuevo estado perfecto, la iglesia triunfante. La presencia de Dios no será interrumpida como en la tierra, porque Él habitará con nosotros eternamente y lo mejor, es que habrán terminado la muerte, el dolor, la aflicción, el llanto y no tendremos más recuerdo de lo que padecimos en nuestra vida terrenal, porque Cristo hará nuevas todas las cosas.

Recordemos 2 Corintios 5:17 que dice “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”; se refiere a la acción divina en la nueva creación, que fue comenzada en la resurrección de Cristo y es experimentada por todos los creyentes en el presente. Esta tierra que conocemos no permanecerá para siempre; luego del juicio divino, Él creará una tierra nueva y eterna, tal como lo prometió en Isaías 65:17 “Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento” Oración.

«Mi Jesús amado, gracias por esta promesa de un futuro contigo, mi corazón está guardado con toda confianza en ti. Y aunque a veces las dificultades de esta vida me abrumen, mi consuelo está en tu palabra que me anima a seguir adelante. Me hablas de la dicha del cielo que has preparado para mí, como volver a la casa de mi Padre, donde disfrutaré de tu amor y de tu gloria eterna. En el nombre de Jesús, Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 28 de noviembre de 2021

La intensidad y la diligencia en la oración

 


La intensidad y la diligencia en la oración

“Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” Jeremías 29:12-13.

No importa de dónde seamos o qué idioma hablemos, hay un lenguaje que nos une como creyentes, la oración. En estos tiempos de pandemia y crisis económica, social y moral en el mundo, debemos unirnos a clamar a nuestro Padre celestial por misericordia y por una nueva oportunidad para todos los que se hallan lejos de Él.

Cuando el Señor derrama un espíritu especial de oración, está viniendo a nosotros con su misericordia, porque dice “y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”; esto implica un nivel de intensidad superior a la oración que ordinariamente hacemos. La palabra buscar, “darash” aquí en el hebreo, sugiere un deseo vehemente en hallar una respuesta de Dios.

Nunca lo estaremos buscando en vano si lo hacemos de corazón, porque siempre está dispuesto a escuchar cuando lo invocamos en confianza y en verdad. Él no se ha olvidado de nosotros, quizá somos nosotros los que lo hemos rechazado y nos hemos alejado cuando nos hallamos en problemas o en momentos de profundo dolor, porque dejamos de confiar.

Hoy recordemos que podemos buscar y encontrar a Dios cuando lo invocamos de todo corazón; que nada de lo que nos suceda en esta vida interrumpa nuestra comunión. Digamos como el salmista: “Escucha, oh Jehová, mis palabras; considera mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré. Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré” Salmos 5:1-3. Este versículo nos habla de la intensidad y la diligencia en la oración de parte de nosotros.

Daniel nos da un gran ejemplo de perseverancia y dedicación a la oración cuando su fe fue puesta a prueba en Babilonia “Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes” Daniel 6:10.

Te animo a seguir orando y a unirnos en clamor los unos por los otros; es el mejor tiempo invertido.    Oración.

«Amado Jesús, sé que me escuchas cuando te invoco de todo corazón. Junto con otros cristianos, que hacemos parte de tu iglesia universal, queremos unirnos en una sola voz y un solo sentir para clamar por este mundo en tinieblas. Señor, dispón mi corazón para orar e interceder por mis semejantes y por todo lo que viene a este mundo, para estar preparado y fortalecido esperando solo en ti. En Cristo Jesús, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 27 de noviembre de 2021

Más vive Cristo en mi

 


Más vive Cristo en mi

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. Gálatas 2:20

Esta porción bíblica es una confesión de fe, porque creer en Cristo crucificado es creer también que hemos sido crucificados juntamente con Él, reconociendo la naturaleza de la gracia de Dios, que no puede estar unida al mérito del hombre, por el contrario, es algo que recibimos gratuitamente.

Pablo describe la experiencia espiritual de los creyentes cuando su viejo hombre ha sido crucificado, y nace un nuevo hombre según Cristo. Ya no dependemos de nosotros, no vivimos según la carne, sino que vivimos por la fe del Hijo de Dios. Cristo ahora vive y reina en nuestro ser.

Dios legalmente nos ve como si hubiéramos muerto con Cristo, porque nuestros pecados murieron con Él y ya no estamos más condenados y llegamos a ser uno con Cristo y sus experiencias son nuestras, la vida cristiana comienza cuando en unidad con Cristo morimos a la vieja vida y resucitamos con Él a una nueva creación. Somos libres para crecer a la semejanza de Cristo. No estamos solos, Cristo vive en nosotros, esta es nuestra razón para vivir y nuestra esperanza para el futuro. Dice Colosenses 1:27: “a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”.

¿Cómo podemos vivir la vida de Cristo si las dudas y las debilidades son las que nos gobiernan? Pablo nos dice claramente que todo lo que vivimos en nuestra humanidad lo vivimos en la fe del Hijo de Dios, esa fe que hizo que Cristo mirara consumado el plan de salvación en la cruz y nosotros fuimos su gozo al vernos redimidos, como dice hebreos 12:2 “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”.

Si tan sólo comprendiéramos que esta es la fe que necesitamos, nuestra vida espiritual sería diferente, porque tenemos todo para vivir en la voluntad de Dios, es la fe del Hijo que nos da la convicción de lo que aún no vemos, más dinámica y efectiva, no una fe voluble y circunstancial que nos lleva a la duda cuando no vemos respuestas.

Es la fe del Hijo la que agrada a Dios, es una fe perfecta que fue consumada en la cruz, por eso Jesús es el autor y consumador de nuestra fe. La fe que ignora lo que Jesús ya hizo esclaviza. Jesús nos dio su vida, su mente y su fe, para que vivamos en la libertad que ya tenemos en Él.     Oración.

«Amado Jesús, cuando te conocí, todo se hizo nuevo en mí, ya no vivo yo, más tú vives en mí, tengo tu mente, tu vida y tu fe para vivir en libertad, ya nada me esclaviza, tengo toda bendición espiritual y nadie puede revocar esto. Tengo la fe del Hijo de Dios con la que puedo enfrentar mi día a día, sabiendo que tu verdad me ha hecho libre. En el Nombre de Jesús. Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 26 de noviembre de 2021

Jesús revelado en mí

 


Jesús revelado en mí

“Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre, ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco. Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días” Gálatas 1:15-18

“Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”. 2 corintios 4:6

Estas palabras del apóstol Pablo muestran que su apostolado no vino por medio de hombres, sino que fue recibido directamente de Jesucristo, por eso, todo su ministerio está basado en el Cristo resucitado, con el que tuvo su primer encuentro en Damasco para su conversión y luego durante tres años recibió instrucción directa de Él en Arabia.

Que experiencia tan particular, Pablo fue llevado al conocimiento y a la fe por el mismo Señor Jesucristo. Todos los que hemos sido convertidos para salvación, hemos sido llamados por su gracia transformadora. La conversión es obra del poder de Dios, por eso Cristo no solo debe ser revelado a nosotros, sino que también debe ser revelado en nosotros, y esto es lo que Pablo afirma en Gálatas 2:20 “Más vive Cristo en mí”.

Todos necesitamos esa revelación del Hijo en nosotros porque hace que cambiemos nuestra perspectiva espiritual. No se trata de saber mucho de una religión o que digamos que Jesús fue un gran maestro o profeta, o hablemos de cualquier cosa histórica sobre Él, sino que debe ser una verdad revelada en nuestra vida. Desafortunadamente la mayoría de las personas tienen solo un conocimiento externo de Jesús; saben de Él, porque dividió la historia en dos o porque se le menciona histórica y culturalmente cuando se celebra Semana Santa o Navidad; otros solo tienen un conocimiento bíblico porque han leído los evangelios o las epístolas y saben lo que hizo en su ministerio terrenal, pero es simple conocimiento.

Algo diferente es la experiencia espiritual cuando el Padre por medio de su Santo Espíritu revela su presencia en nosotros, es un encuentro espiritual y vital con la persona de Jesús, que trae un cambio radical dentro de nuestro ser y que nos lleva a encontrar nuestra gloria en lo que Dios ha hecho por nosotros a través de Jesucristo. En Él está la plenitud de Dios, de tal manera que nada quedó fuera de Él y de esa plenitud tomamos todos. Como lo expresa Juan 1:16 “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia”.

Así como a Pablo, el Señor nos escogió antes de que naciéramos y nos apartó, para que cumpliéramos los propósitos de su amor soberano y así manifestar en nosotros su buena voluntad. A Dios Padre le agradó revelarnos a Jesús para que resplandeciese en nuestros corazones.   Oración.

«Gracias Señor Jesucristo por escogerme desde el vientre de mi madre, por entender que soy parte de tu plan eterno de salvación; gracias porque fui salvado para que Cristo resplandeciera en mi corazón y así cumpliera con la tarea especial de compartir de Él hasta lo último de la tierra. En el Nombre de Jesús, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 25 de noviembre de 2021

Dios es nuestro centinela

 


Dios es nuestro centinela

“Los ojos de Jehová están en todo lugar, mirando a los malos y a los buenos”. Proverbios 15:3

“Él señorea con su poder para siempre; sus ojos atalayan sobre las naciones; los rebeldes no serán enaltecidos”. Salmo 66:7

Estas porciones bíblicas nos hablan de la omnipresencia y omnisciencia de Dios. Hay muchos que piensan que Dios se ha olvidado de nosotros, pero esto no es así, Dios nos observa día a día y no ignora lo que sucede en esta tierra, sea bueno o sea malo, Él lo ve todo con claridad, ve las acciones y las intenciones de los corazones de los seres humanos. Miremos Proverbios 15:11 “El Seol y el Abadón están delante de Jehová; ¡cuánto más los corazones de los hombres! “

Dios está activo y preocupado por todo lo que sucede en este mundo, los hilos de la historia están en sus manos y llegará el día en que pondrá todo en orden como ya lo ha revelado en su Palabra, borrará el mal y establecerá el bien y recompensará a todos los que hacen su voluntad en esta tierra, como lo dice el Salmo 66:7 “que sus ojos atalayan sobre las naciones”. Esta palabra en el hebreo “atalayar” tiene varios significados, como: “inclinarse hacia adelante, atisbar a la distancia; observar, aguardar, acechar, considerar, esperar, extender, mirar, vigilar”, es como un centinela que nos cuida de día y de noche.

Dios está entonces en la ecuación de la vida humana, no podemos ignorarlo y sacarlo de nuestra existencia, sus ojos están en todo lugar, todo lo ve, por eso debemos vivir agradándole en todo. Nada, absolutamente nada se sale de su radar, tarde o temprano tendremos que dar cuenta de nuestra vida. Veamos lo que dice Hebreos 4:13 “Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”.

Como iglesia, hoy más que nunca. debemos levantar nuestra voz para proclamar el Nombre de Cristo, para glorificarlo no sólo con palabras sino con hechos que muestren a este mundo que hay un Dios amoroso que no es ajeno a lo que nos sucede y que quiere darle la oportunidad a muchos de que se arrepientan, sean salvos, liberados de la esclavitud del pecado y transformados por su gracia, para que anden conforme a su voluntad.  Oración.

«Padre celestial gracias por cuidar de mí y de toda esta tierra, tus ojos están vigilantes a todo lo que sucede en ella, manifiestas tu soberanía sobre todo lo creado. Eres un Dios justo y bueno; sé que algún día tendré que rendir cuenta de mi vida. Quiero agradarte en todo, obedeciendo tus mandamientos y descansando en tus promesas. Guíame por sendas de rectitud por amor a tu Nombre. En Cristo Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 24 de noviembre de 2021

¿Cuál es nuestra historia?

 


¿Cuál es nuestra historia?

“Envió un varón delante de ellos; a José, que fue vendido por siervo. Afligieron sus pies con grillos; en cárcel fue puesta su persona. Hasta la hora que se cumplió su palabra, el dicho de Jehová le probó”. Salmos 105:17-19

“De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús”. Gálatas 6:17

Muchas de las marcas en nuestro cuerpo y alma fueron causadas por nuestro pecado, consecuencia de una vida manejada por nuestras propias decisiones. También, por momentos difíciles donde otros nos lastimaron dejando cicatrices en lo más hondo de nuestro ser, pues antes de conocer al Señor Jesucristo fuimos marcados por nuestra rebeldía y orgullo que endureció nuestro corazón. Así fue que nos encontró nuestro Dios, heridos y rotos; como la mujer Samaritana, como José cuando fue vendido como esclavo por sus hermanos. Pero, así como a ellos, nos amó, nos restauró y usó las heridas para dar testimonio a otras personas, de su poder en nosotros. Cuando Jesús aparece, nuestra vida es sanada en lo más profundo y todo tiene un nuevo sentido y es usado para su gloria.

En el libro de Gálatas, Pablo está pidiendo a los judíos que no lo molesten más, porque él ahora lleva en su cuerpo las marcas de Cristo. La palabra “marcas” significa en el griego “stigma” y se refiere a las marcas de propiedad que se le ponían a los esclavos y animales para decir que eran de alguien. Las cicatrices de Pablo eran aquellas que le fueron causadas por las persecuciones que padeció por el Nombre de Cristo. ¡Con qué orgullo llevaba esas marcas por causa del evangelio! Preguntémonos hoy: ¿las cicatrices en nuestros cuerpos, mentes y corazones, son por causa de complacer nuestra naturaleza pecaminosa o por pertenecer a Cristo?

¿Cuál es nuestra historia? Las marcas de José causadas por la injusticia de sus hermanos, forjaron su carácter para llegar a ser el segundo al mando en Egipto y por eso pudo decir: “Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros” Génesis 45:5

Hoy, recordemos que Cristo con su sufrimiento en la cruz y sus heridas, trajo a nosotros salvación, liberación y sanidad. Permitamos que nuestro testimonio, nuestra historia, sea usada para alcanzar a otros para el reino de Dios.    Oración.

«Señor Jesús, gracias por hallarme cuando estaba perdido y herido por mi pecado, y sanar mi ser, para que ahora sea un canal de bendición. Gracias por todas las circunstancias adversas que forjaron mi carácter. Sé que no puedo elegir que haya heridas o no en este mundo caído, pero sí puedo pedirte que transformes mi dolor en un nuevo propósito para servir a través de mi testimonio a otros. En el Nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 23 de noviembre de 2021

Persevera, Jesús viene pronto

 


Persevera, Jesús viene pronto

“No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará. Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma”. Hebreos 10:35-38

Dios nos tiene reservada la más excelente promesa, nuestro reencuentro con Jesucristo en el día del rapto de la iglesia. Se nos anima a no perder nuestra confianza en el Señor que vendrá con gran recompensa, como dice 2 Timoteo 4:8 “Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.”

Las muchas aflicciones que tenemos que sufrir en esta tierra, no pueden nublar nuestra esperanza, por eso debemos perseverar con paciencia hasta ese glorioso día, donde terminarán todos nuestros padecimientos. Si nos hemos mantenido fieles hasta ahora, ante las pruebas, debemos descansar en la gracia del Señor para continuar viviendo por fe hasta que recibamos lo que nos ha prometido.

Necesitamos mantener nuestra esperanza siempre delante de nosotros como los atletas, que tienen su mirada puesta en la meta y esto los anima a seguir hasta el final. Con mayor razón, nosotros como cristianos que vamos camino a la eternidad, debemos esforzarnos y dar lo máximo, hasta que recibamos nuestro premio: nuestro encuentro con nuestro amado Jesús.

En este peregrinaje no estamos solos, el Señor siempre nos acompaña. Anhelemos su regreso que pondrá fin a nuestra aflicción, caminando en santidad, creciendo espiritualmente y viviendo en comunión con Él. 1 Pedro 2 :11-12a dice: “Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles”.

Alentémonos perseverando en la fe que encontramos en la seguridad de que Cristo volverá y no tardará en terminar su plan de salvación para la humanidad, cuando dice: “porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará.   Oración.

«Señor Jesús, no quiero perder la confianza en ti en medio de las aflicciones que debo enfrentar cada día, hasta que regreses por mí. Ayúdame a perseverar colocando mis ojos en la promesa de la eternidad que me espera junto a ti, manteniendo una vida santa, creciendo en tu amor y conocimiento para que el día en que regreses me halles fiel y agradándote en todo. En el Nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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