lunes, 13 de septiembre de 2021

La familia de Dios

 

La familia de Dios


“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,” Efesios 2:19-20

La iglesia no es una opción para un verdadero cristiano, es la misma familia de Dios, donde crecemos y nos edificamos mutuamente sobre el fundamento que dejaron escrito en la Biblia, inspirados por el Espíritu de Dios, los apóstoles y los profetas.

Por esto, toda reunión de personas o congregación, debe tener como fundamento y autoridad máxima la Palabra de Dios y como cabeza principal a Cristo mismo. Quien no se somete a la Palabra de Dios, ¿cómo puede someterse a Cristo? Él mismo lo indicó en el evangelio de Juan 14:23: “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él”.

En obediencia a su evangelio, al recibir a Jesús como nuestro Señor y Salvador (Juan 1:12-13), hemos sido hechos parte de la familia de Dios, “siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23).

Este nuevo nacimiento ha sido categóricamente confirmado por Dios, al sellarnos con su Santo Espíritu, quien mora en todo creyente y que nos da el poder para dar testimonio del Padre que ahora tenemos, y nos confiere todo el potencial, la fuerza, la conciencia y el ánimo para vivir en santidad (2 Timoteo 1:7-9). Este hecho lo podemos confirmar por el amor que se expresa en nosotros los creyentes hacia nuestros semejantes, porque dice Romanos 13:8 “No debáis a nadie nada, sino el amaro unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley”.

Así que hermano, ¿estás en una congregación? Y si estás en ella, ¿el fundamento de esta congregación es la Palabra de Dios y la autoridad máxima es el mismo Cristo? ¿Estás colocando en práctica el amor a tu prójimo?   Oración.

«Gracias Padre, porque me colocaste en tu familia, ahora soy tu hijo gracias a mi fe en Cristo, quiero vivir de acuerdo al llamamiento santo que me hiciste, expresando a mis semejantes el mismo amor que me diste. En el nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 12 de septiembre de 2021

La meta de nuestra fe

 


La meta de nuestra fe

“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” Filipenses 1:21

“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” Filipenses 3:13-14

La meta de nuestra fe no es ganar el mundo sino ganar a Cristo, es decir, reflejar en nuestra propia vida su carácter, su amor y ser hallados en él, no en nuestra propia justicia (Filipenses 3:9). Pues sea que nos quedemos o nos vayamos de esta tierra, el tener la seguridad de que vivimos o morimos para Cristo, debe ser nuestra alegría y nuestra motivación para levantarnos cada día.

¿Cuál es la meta con la que te levantaste hoy?

Si te levantaste motivado por trabajar, por adquirir cosas materiales o por ganar el mundo, recordemos que nuestro Señor Jesús nos enseña que: “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mateo 16:26).

Si bien necesitamos de la provisión de Dios, en cuanto a las cosas materiales, y podemos pedirle conforme a su voluntad por ellas, nuestra finalidad es buscar primeramente el reino de Dios y su justicia y lo demás será añadido por el Señor (Mateo 6:33), teniendo presente que cada día nos levantamos con la actitud de alcanzar no un fin material sino una meta espiritual, “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.” (Filipenses 3:12).

Es decir, seguimos adelante, sin pensar que ya somos perfectos, sino que avanzamos esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús nos alcanzó a nosotros primero. Por esta razón debemos esforzarnos, ​​olvidando o dejando atrás toda carga, como nos enseña el Espíritu por medio de la vida del Apóstol Pablo: “prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” (Filipenses 3:14).

Hermanos, cada meta se logra con pequeños pasos, por eso, que cada paso sea uno de fe, guiado por el Espíritu que mora en nosotros los creyentes, y que nuestra motivación diaria sea levantarnos para reflejar a Cristo, glorificando su nombre por medio de nuestro testimonio de vida.   Oración.

«Padre, amado Señor, hoy quiero levantarme revisando mis prioridades, y quiero pedirte que con la guía de tu Espíritu me lleves a alcanzar primeramente las metas espirituales, de modo que, por medio de la fe, pueda reflejar todo el amor de Cristo. Padre eterno te lo pido en el nombre de Jesucristo Tu Hijo Amen.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 11 de septiembre de 2021

El sufrimiento cristiano

 


El sufrimiento cristiano

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina” Mateo 7:24-27

Es el tiempo de los vientos feroces y de las dificultades, debido a las consecuencias del pecado de una humanidad que, al rechazar a Cristo, rechaza la vida abundante. Por esto, es grande la ruina de los que no colocan su confianza en Cristo, porque su vida está sostenida en cosas perecederas y temporales. Pero a los que hemos creído, puede llegar la lluvia fuerte de la prueba y estaremos firmes, porque nuestra casa espiritual, está fundada sobre la roca que es el Señor Jesús mismo. Él está en nuestro corazón y si Él está en mí ¿quien contra mí?

Por esto, en cuanto al sufrimiento de los que estamos en Cristo, la palabra de Dios explica el propósito en 1 Pedro 5:10 “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.”

Así que, cuando sufrimos por causa de Cristo, es señal de que estamos en su voluntad. Qué vergüenza y qué tristeza que suframos por las consecuencias de nuestro pecado; mejor hagamos la diferencia y padezcamos como cristianos, haciendo la voluntad de Dios, porque al final llegará nuestra recompensa, como dice Colosenses 3:24-25 “sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís. Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas.”   Oración.

«Padre, quiero ser reafirmado en tu palabra, sostenido en tu Espíritu, animado en tus promesas de vida en Cristo y fortalecido por tu amor. Permite, Señor, que mi vocación de fe y mi llamado permanezcan firmes, aún en medio de la prueba, confiando plenamente en ti. En Cristo Jesús, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 10 de septiembre de 2021

Padeciendo como cristianos. Parte 2

 

Padeciendo como cristianos. Parte 2


“pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello.” 1 Pedro 4:16

Si estamos pasando por una prueba, una enfermedad o una dificultad financiera, como creyentes debemos saber que a “los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” Romanos 8:28; esto nos indica que Dios usa las dificultades para nuestra formación y bendición (Deuteronomio 8:16).

Así que, si queremos rendirnos ante situaciones que se nos presentan y que nos llevan al límite, debemos tener la seguridad de que Dios nos está preparando, pues el sufrimiento cristiano tiene un propósito y es reafirmarnos, llevándonos a una relación más profunda, de obediencia y de guía del Espíritu Santo, en todos los asuntos de nuestra vida, confiando plenamente en nuestro Padre amoroso. Mientras estamos en este recorrido por la tierra, estamos llamados a conducirnos con temor de Dios, llenos de su gracia para que por ella no seamos esclavos del pecado.

Impulsados por el amor de Dios, que actúa en nosotros por el Espíritu Santo, estamos llamados a marcar la diferencia entre el impío, es decir, el que no ha recibido la gracia de Cristo y nosotros los creyentes, no que los ignoremos y acusemos, sino que Cristo sea conocido por ellos a través del testimonio de nuestra vida. Y si entonces, aún haciendo así, sufrimos o padecemos podemos estar alegres y gozosos ya que estamos cumpliendo la voluntad de Dios, pues “Palabra fiel es esta: si somos muertos con Él, también viviremos con Él; si sufrimos, también reinaremos con Él; si le negáremos, Él también nos negará. Si fuéremos infieles, Él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo.” 2 Timoteo 2:11-13.   Oración.

«Amado Señor, no quiero andar obedeciendo los deseos de la carne y padecer por sus consecuencias, sino que anhelo que me llenes de la gracia de sufrir por tu nombre, de vivir en santidad y de acuerdo al llamado que he recibido en Cristo. Que esta dificultad por la que estoy pasando sea para que tu nombre sea reconocido por los que me rodean. En el nombre de Jesús, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 9 de septiembre de 2021

Padeciendo como cristianos. Parte 1

 


Padeciendo como cristianos. Parte 1

“Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado. Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno; pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello. Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen el evangelio de Dios?” 1 Pedro 4:12-17

Debemos considerar que los juicios vienen debido a las consecuencias del pecado. La Palabra de Dios anticipa con anterioridad el juicio a los moradores de la tierra por la enfermedad más grave, mortal y contagiosa, el pecado. Dice Isaías 24:4-5 “Se destruyó, cayó la tierra; enfermó, cayó el mundo; enfermaron los altos pueblos de la tierra. Y la tierra se contaminó bajo sus moradores; porque traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el pacto sempiterno.” Y de este juicio no está libre ninguno, en Isaías 24:2 dice “Y sucederá así como al pueblo, también al sacerdote; como al siervo, así a su amo; como a la criada, a su ama; como al que compra, al que vende; como al que presta, al que toma prestado; como al que da a logro, así al que lo recibe.” Esto lo estamos viendo en la actualidad con la proliferación de enfermedades, violencia y muerte.

Pero si nadie está exento, ¿qué sucede con los hijos de Dios, con la iglesia del Señor? ¿Acaso no somos su especial tesoro? Debemos reflexionar entonces que “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” Romanos 8:1. Si bien hemos sido librados de toda condenación por medio de nuestra fe en Cristo, es precisamente el andar en la carne, satisfaciendo los deseos propios, viviendo como vive el mundo, lo que hace que caigamos de la gracia, porque la escritura nos enseña “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.” Gálatas 5:24.

Es decir, que Dios nos llama a apartarnos de las malas prácticas del mundo, nos redarguye a no ser cómplices de su forma de vivir y a que vivamos de acuerdo al llamado que hemos recibido de parte de Dios, como lo anuncia el apóstol Pedro “sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.” 1 Pedro 1:15-16.   Oración.

«Padre, gracias porque sé que me proteges y tu Espíritu me guía a toda verdad; ayúdame a vivir apartado del pecado y a vivir según mi nueva naturaleza en Cristo, en amor y santidad para que, incluso por medio de mis dificultades, tu nombre sea glorificado. En el nombre de Jesús, amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 8 de septiembre de 2021

La fidelidad a Dios

 


La fidelidad a Dios

“¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice en vano: ¿El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”. Santiago 4:4-7

El apóstol Santiago comienza esta exhortación con una dura palabra, “almas adúlteras”, es decir “infieles” y lo dice con contundencia, porque amar a este mundo es enemistarse con Dios. Para los que hemos creído en Jesús y hemos vuelto en amistad con nuestro Padre, es difícil llevarse bien con el mundo, porque si seguimos sus ideas, deseos y placeres, nos convertimos de inmediato en adúlteros espirituales. Por eso, la Escritura nos dice que Dios nos anhela celosamente, no quiere compartirnos, pues somos suyos.

En el antiguo Testamento la idea es que el Señor es el esposo de su pueblo Israel como dice Isaías 54: 5 “Porque tu marido es tu Hacedor; Jehová de los ejércitos es su nombre; y tu Redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado”. Y en el Nuevo Testamento se dice que Jesús es el esposo de su iglesia; Pablo usa la misma alegoría del matrimonio y presenta a la iglesia como la prometida de Cristo, 2 Corintios 11:2 dice “Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo”.

En la cita Bíblica de hoy Santiago muestra el peligro en que podemos caer al apartarnos de Jesús cuando somos seducidos por el mundo. Esta manera de decirlo quizá escandalice a muchos, pero es una manera de expresar que al desobedecer a Dios es como romper una promesa matrimonial y que todo pecado es contra el amor de Dios y quebranta su corazón.

Jesús también dijo en Marcos 8:38 “Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles”. Habla de un pueblo adúltero que puede avergonzarse de Él.

Cuando pecamos somos redargüidos por el Espíritu Santo. Al respecto nos dice Santiago “El Espíritu que Dios ha hecho morar en nosotros celosamente anhela la plena devoción de nuestros corazones”. El Señor tiene el derecho exclusivo a recibir toda nuestra adoración porque nos amó, nos rescató, nos compró con su sangre preciosa. Dios nos hace una gran demanda de devoción y fidelidad, pero también nos da una gran gracia para poder cumplirla. El gran ejemplo y la gran inspiración es Jesús en las tentaciones, quien fue fiel hasta el fin, dejando claro que el diablo no es invencible, ya que cuando se enfrenta con la Palabra de Dios, tiene que huir. Cuando somos fieles y humildes debemos pelear nuestras batallas contra el tentador con el poder de Dios, no con nuestro propio poder.    Oración.

«Amado Señor, hazme siempre fiel a ti, que nada en este mundo seduzca mi corazón para apartarme de ti. Quiero adorarte y darte mi devoción y entender que me das la gracia suficiente para vencer todas las tentaciones, Quiero escuchar tu voz que me aconseja por medio de tu Santo Espíritu. En Cristo Jesús, Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 7 de septiembre de 2021

Integridad en medio de las situaciones

 

Integridad en medio de las situaciones

“Aconteció después de esto, que la mujer de


su amo puso sus ojos en José, y dijo: Duerme conmigo. Y él no quiso, y dijo a la mujer de su amo: He aquí que mi señor no se preocupa conmigo de lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene. No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” Génesis 39:7-9

“Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti”. Isaías 43:2

Qué difícil es mantener la integridad a pesar de la mentira, la tentación y las situaciones adversas que este mundo fracturado nos ofrece. Mantener el carácter cristiano en momentos difíciles es un desafío para cada uno de nosotros. Pero es aquí donde debemos entender que cuando somos firmes en nuestro amor y devoción a Dios, a pesar de las circunstancias, Él nos prepara para el propósito para el cual nos llamó, independientemente de lo que nos suceda.

Dos factores, uno humano y otro divino, se unen para favorecer a José. El primero, es que José aprovecha cada oportunidad que se le da siendo fiel, no solo a Dios sino a su amo, colocando todo empeño, diligencia y buena voluntad para responder con excelencia con su trabajo; y el otro factor es la presencia constante, visible y fructífera de Dios con José, consecuencia de una relación de intimidad y amor con Él, que lo hace obediente a sus mandamientos; por eso, el Señor lo honró a pesar de las situaciones por las que pasó. Esa presencia es el resultado de la fidelidad de José con Dios y su compromiso de mantener la comunión y de guardarse para el propósito divino.

José reconoce que la fidelidad a Dios se demuestra en una conducta de pureza y santidad. En lugar de lamentar su situación de soledad y malos tratos, se dedicó a hacer bien lo que tenía a mano para hacer. “Y Jehová lo hacía prosperar en su mano”, Génesis 39:3. José mantuvo su confianza en Dios a pesar de las circunstancias, no claudicó de su fe, ni negó sus convicciones como hijo de Dios.

El secreto de permanecer íntegros y fieles al Señor hace que otros reconozcan que Dios está con nosotros y trae bendición a los que nos rodean. El éxito de la prosperidad de Potifar, es el resultado de la bendición de Dios y de la humildad de José, quien le atribuye todo al Señor. Dios estará seguro de que seamos restaurados cualquiera que sea nuestra situación, para que podamos ser ejemplo en nuestro entorno.

Por eso, cuando pasemos por el fuego de la tentación, por problemas que nos pueden ahogar y quieran hacernos desfallecer, recordemos que a nuestro lado hay Uno que nos va a sostener, a levantar y a restaurar para que seamos ejemplo para otros.  Oración.

«Señor gracias por estar a mi lado en los momentos más difíciles, en medio del fuego de la tentación, de las mentiras de este mundo y por sostenerme con tu diestra. Ayúdame a ser íntegro, a permanecer fiel a tus mandamientos, a ser puro y santo en medio de las circunstancias que me rodeen. En Cristo Jesús, Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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