jueves, 26 de agosto de 2021

Un tesoro más valioso que nuestras posesiones

 


Un tesoro más valioso que nuestras posesiones

“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo”. Mateo 13:44

“Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, y que obtiene la inteligencia; porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus frutos más que el oro fino. Más preciosa es que las piedras preciosas; y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella. Largura de días está en su mano derecha; en su izquierda, riquezas y honra. Sus caminos son caminos deleitosos, y todas sus veredas paz. Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano, y bienaventurados son los que la retienen”. Proverbios 3:13-18

Este hombre de la parábola descubrió el tesoro sin haberlo buscado y tuvo que tomar una decisión. Se dio cuenta del inmenso valor que tenía y vendió todo lo que poseía para obtenerlo. Las cosas de las que se deshizo no le causaron pena sino gozo.

Esto es una paradoja ya que la salvación es gratis y sin embargo nos cuesta todo. El reino de los cielos es comparado con ese tesoro, entonces vale la pena sacrificarlo todo para obtenerlo. El tesoro escondido es el evangelio disponible para todos, sin embargo, muchos no lo descubren, porque a pesar que se predica de muchas maneras y en todo lugar, no lo ven, no le ponen atención y pasa desapercibido ante sus ojos que sólo miran lo banal de esta vida.

No es lo mismo con los que encuentran la Palabra de Dios y la escudriñan, hallan ese gran tesoro que es Cristo, encuentran todas las bendiciones espirituales y la vida eterna. Como dice Juan 5:39 “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”.

Cristo es el tesoro valioso, por eso debemos apropiarnos de Él a cualquier costo, es nuestro Salvador de gracia, todo pierde valor comparado con conocerlo, como decía el apóstol Pablo en Filipenses 3:8 “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”. El reino de los cielos es más valioso que cualquier cosa que podamos tener.

Este mundo sólo nos ofrece falsificaciones de la verdadera riqueza, tesoros que se corrompen, que se dañan, que son perecederos y no dan felicidad.

Entonces: ¿Cuál es nuestro tesoro?, ¿nuestra casa, trabajo, posesiones, nuestra familia, amigos, pareja, etc?. La palabra de Dios dice que donde está nuestro tesoro allí está nuestro corazón.

Jesús claramente dice que el reino de los cielos es nuestro tesoro, pero no todos lo ven. Muchos pasan la vida acumulando riquezas porque creen que sin dinero no pueden hacer nada, pero la Biblia nos aclara que es sin Cristo que nada podemos hacer, la ganancia espiritual es más valiosa que el oro y las piedras preciosas, como lo explica proverbios en la cita de hoy, porque ningún tesoro terrenal nos dará vida, deleite y paz como el conocimiento de Dios.

La invitación que hoy nos hace el Señor es que para obtener ese tesoro debemos entregarle nuestra vida a Él y entender que sólo Cristo nos puede satisfacer plenamente, no podemos servir al mundo y sus placeres y al mismo tiempo servir al Señor, por eso, hoy preguntémonos ¿Dónde está nuestro corazón? Recordemos que Jesús lo dio todo por amor para asegurarnos su reino.   Oración.

«Amado Jesús, gracias porque me alumbraste con la luz del evangelio, porque lo diste todo en la cruz del calvario para asegurarme el reino de los cielos. A través del Espíritu Santo me has dado a conocer los misterios del reino y por eso, todo lo de este mundo, lo considero sin valía, comparado con el conocimiento tuyo, con la riqueza de tu Palabra, con el deleite de tu Presencia en mí. Señor Jesús gracias por ser mi tesoro. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 25 de agosto de 2021

¿De qué nos ufanamos?

 


¿De qué nos ufanamos?

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”. Filipenses 2:3-4

“Porque: Toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; más la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada”. 1 Pedro 1:24-25

Vivimos en un mundo que nos dice que nada es suficiente, por eso siempre estamos descontentos. Esta sociedad promueve la insatisfacción del ser humano. Cada día queremos más y más y competimos unos con otros a todo nivel. La humildad ha ido desapareciendo porque medimos nuestra valía por lo que tenemos o alcanzamos, y dejamos de reconocer que somos débiles y que tenemos fallas, nos hemos vuelto vacíos y egoístas porque no nos importan los demás, sólo nos preocupamos por nosotros mismos.

La Biblia aquí nos enseña qué es la humildad; y esta comienza con la intención de nuestro corazón. ¿Hacemos las cosas para nuestra vanagloria, para compararnos con los demás y sentirnos superiores?; o ¿lo hacemos para la gloria de nuestro amado Dios, valorando las oportunidades que nos da y el deseo de servir a otros con lo que tenemos o hagamos?

La soberbia siempre producirá contienda. Miremos lo que dice Proverbios 13:10 “Ciertamente la soberbia concebirá contienda; mas con los avisados está la sabiduría”. Y la vanagloria proviene del mundo como dice 1 Juan 2:16 “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”. Entonces: ¿de qué nos ufanamos? Cualquier cosa que logremos es vana, trivial y se va a quedar aquí en este mundo donde pertenece. Lo único que trasciende es lo espiritual cuando le permitimos a Dios ser transformados por Él. La humildad promoverá valía, honra, respeto y hará que nos interesemos en los demás para servirles, ayudarles y encontrar el verdadero propósito de estar todavía en esta tierra.

Dice Colosenses 2:10 “y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad”. Sólo Jesús trae verdadera satisfacción a nuestro ser y en Él estamos completos y lo tenemos todo. Cuando entendamos esto, todo lo que hagamos y todo lo que tengamos es solo para su gloria y honra.   Oración.

«Señor Jesús, gracias por todo lo que me has permitido hacer y tener. No dejes que me llene de vanagloria personal, sino que te glorifique a ti a través de mi vida, sirviendo y ayudando a los que me rodean. La vida es corta y nada perecedero llevaré para la eternidad, sólo el fruto de vivir una vida espiritual, por eso, has que no pierda mi enfoque y coloque mi mirada en lo que me tienes reservado en el cielo. En Cristo Jesús, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 24 de agosto de 2021

No juzguemos para no ser juzgados

 


No juzguemos para no ser juzgados

Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. Lucas 7:37-39

Esta escena que se describe en el evangelio de Lucas, podemos decir que no es ajena a nuestras vidas, pues nosotros, muchas veces, aun siendo cristianos, juzgamos a la ligera a las personas que vienen en busca del Señor, nos centramos en sus pecados, los calificamos según sus hechos y nos comparamos con ellos creyéndonos mejores y perfectos. Esas personas están pasando por las mismas luchas interiores que una vez pasamos nosotros cuando estábamos sin Cristo; quizá llorando, porque se sienten vacíos, juzgados y aun discriminados por todos. Nos hemos olvidado que el Señor nos sacó del lodo cenagoso, que todos los pecados son iguales ante Él y que debe inundarnos el amor incondicional como fruto del Espíritu Santo en nuestros corazones.

¿Cómo vamos a atraer a otros a los pies de Cristo, si lo que nos mueve son las barreras sociales y los prejuicios? El Señor Jesús nunca hizo acepción de personas, para Él, el pecado es el mismo ya sea adúltero, borracho, mentiroso, fornicario, chismoso, orgulloso, homosexual, trans, glotón, drogadicto, avaro, entre otros. Él solo ve los corazones rotos, las mentes confundidas, ve las ataduras que el pecado ha formado en sus almas y que necesitan ser rotas con su amor y su perdón. Por eso, no debemos ser excluyentes como ese fariseo, que juzgó a la mujer pecadora y la miró con desprecio. Hoy más que nunca el evangelio debe ser llevado con amor y por creyentes llenos y controlados por el Espíritu Santo, porque Él es quien verdaderamente conoce el corazón de las personas y sabe cuáles son las batallas por las que están pasando.

Juzgar es muy fácil cuando el pecado no tiene cara, ni nombre, en otras palabras, cuando no conocemos a las personas. Mateo 7:1 dice: “No juzguéis, para que no seáis juzgados”. Por tanto, no nos corresponde a nosotros señalar a nadie, sino, tratar a todos los seres humanos con amor y respeto. Dios siempre nos ha amado y quiere acercarnos a Él. Su problema no es con las personas, sino con su pecado, el cual Jesús ya llevó en la cruz del calvario. Recordemos que Él se dio así mismo, muriendo por todos sin excepción y cargó el pecado de la humanidad sobre su cuerpo en la cruz y lo hizo por amor. Gálatas 1:4 dice: “El cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre”.

Hoy mirémonos y revisemos si hemos caído en esta actitud de juicio y condenación, para rogar al Señor Jesús que nos llene de su amor, misericordia y compasión, pues como dice Juan 3:17 “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él”.  Oración.

«Amado Señor Jesús, examina mi corazón y mira si en él hay perversidad y guíame por el camino eterno, que ninguna actitud de condenación y juicio se apodere de mí, lléname de tu amor incondicional para mirar a todos por igual, para amarlos como son y acercarlos a ti. Atráelos con cuerdas de amor a través de mi vida. En Cristo Jesús, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 23 de agosto de 2021

Somos fruto de su aflicción

 


Somos fruto de su aflicción

“Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos”. Isaías 53:11

“En aquel día dirás: Cantaré a ti, oh Jehová; pues, aunque te enojaste contra mí, tu indignación se apartó, y me has consolado. He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí”. Isaías 12:1-2

“El pasaje de la Escritura que leía era este: Como oveja a la muerte fue llevado; Y como cordero mudo delante del que lo trasquila, Así no abrió su boca. En su humillación no se le hizo justicia; Mas su generación, ¿quién la contará? Porque fue quitada de la tierra su vida”. Hechos 8:32-33

El esfuerzo y sacrificio de Cristo en la cruz, profetizados desde el Antiguo Testamento, dio a luz a muchos hijos: su iglesia. Su sangre preciosa será rociada, por medio del evangelio, a todas las naciones y Él verá su simiente esparcida a multitudes, tribus y lenguas. Ese será un gran despertar en los últimos tiempos, cuando el evangelio sea predicado hasta el último rincón de la tierra, como dice Mateo 24:14 “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”.

Cristo anunció la rápida difusión del evangelio en el mundo. Así como viene ese gran avivamiento mundial, también es desalentador como crecen las falsas doctrinas y las falsas religiones, que la iglesia de Cristo se ve tan insignificante en número; pero el Señor quiere que nuestra actitud sea de regocijo, porque es parte de las profecías que se cumplirán en los últimos tiempos antes de su segunda venida, como dice Mateo 24:11-12 “Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará”.

Todo ese espíritu de prosperidad, comodidad, inmoralidad y placer va a ser derrotado por la palabra de Dios; toda falsedad, violencia, avaricia y rebelión serán echados fuera, porque el Señor sacudirá todas las cosas para manifestar su poder a través del Espíritu Santo, habrá un gran despertar espiritual para la humanidad por medio de su iglesia. Este será un gran acto de amor de nuestro Dios, quien quiere que todos los hombres sean salvos y lleguen al conocimiento de su Verdad.

En estos atribulados tiempos estamos empezando a ver el cumplimiento de su plan divino que llegará a feliz término, porque el gran día se acerca cuando la iglesia dejará este mundo con un canto de victoria cuando Jesús regrese por ella.

Nos corresponde estar alertas, preparados, en oración y creciendo en santidad para que seamos esa iglesia pura y sin mancha que el Señor llevará a las bodas del cordero como dice Apocalipsis 19:7 “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado”.

El Señor verá por fin todo el fruto de su aflicción y se gozará con nosotros en el cielo, y seremos bienaventurados según Apocalipsis 19:9 “Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios”.

Podemos ver que Cristo nos amó, ocupó nuestro lugar en la cruz, dio su vida por el rescate de muchos y quitó el pecado del mundo para que fuéramos libres. Los propósitos de Dios tendrán su efecto, porque se encargará de cumplirlo en la conversión y salvación de muchos pecadores.    Oración.

«Gracias Señor Jesús porque soy fruto de tu aflicción en la cruz, tengo gozo en mi corazón, porque creo en lo que hiciste por mí. Me justificaste y me hiciste libre, venciste las tinieblas y las sometiste bajo tus pies. Soy la adquisición de tu sangre preciosa, pertenezco ahora al reino de los cielos, por eso quiero ser parte de ese avivamiento mundial, para que muchos se conviertan y conozcan de tu amor. Gracias Señor Jesús, Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 22 de agosto de 2021

Gracias por lo que has hecho conmigo

 

Gracias por lo que has hecho conmigo


“En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él”. Eclesiastés 7:14

“Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal”. Mateo 6:34

“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”. 1 tesalonicenses 5:18

Como parte de la vida Dios ha permitido el bien y el mal de manera que no podemos determinar qué es lo que nos espera en el futuro, por eso debemos siempre depender del Señor, porque es el único que sabe que nos deparará.

Debemos ser agradecidos porque la vida es un regalo de Dios y cuando hay momentos malos son para considerar por qué el Señor nos permite pasarlos, pues todo tiene un propósito dentro de su voluntad que tarde o temprano descubriremos. Por eso no debemos quejarnos, la Biblia nos dice que seamos agradecidos en todo y esto incluye no solo los momentos buenos, sino también los adversos.

Cuando hay situaciones fluctuantes, unas buenas y otras malas, algunas nos conducirán al gozo y otras a la reflexión; para que no tomemos las cosas que nos suceden a la ligera, Él sabe lo que necesitamos para mejorar y cambiar, porque todo tiene un significado dentro de sus propósitos.

En los momentos de prosperidad podemos quedarnos contemplando la gloria y de pronto pensar que la vida es normal y segura, pero no debemos considerar esto, ya que muchas veces esa autosatisfacción nos aleja de buscar el rostro de Dios. Recordemos que estamos en un mundo en tinieblas y nunca debemos sentirnos demasiado complacientes; nuestra única seguridad es Cristo, así que cuando vengan las dificultades y cuando todo se torne incierto e incontrolable, como los momentos que estamos viviendo, no nos desesperemos, sino que busquemos nuestro refugio en Él, que sacará cosas buenas de nuestros tiempos difíciles, como dice Romanos 8:28 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.

Cada día tiene su propio afán, por eso no debemos llenarnos de ansiedad. Alguien dijo “el día de hoy es el mañana que nos preocupó ayer”. El Señor quiere que entreguemos cada día en sus manos y que lo pongamos a Él como nuestra prioridad para no afanarnos, pues dependemos de Él, como dice Mateo 6:33 “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” Oración.

«Amado Dios, sé que todo proviene de ti, los buenos y los malos tiempos, la diferencia es qué hago con ellos; no están aquí sólo por causa de este mundo caído, sino que también están con un propósito para que pueda aprovecharlos. Quiero descubrir mis habilidades y dones para usarlos para tu gloria y aprender de mi experiencia para ayudar a otros. Gracias Señor por todo. En Cristo Jesús, Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 21 de agosto de 2021

No caigamos en vanas discusiones

 


No caigamos en vanas discusiones

“Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes. Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad”. 2 Timoteo 2:14-16

¿Para qué discutimos? Cuando contiendo con otras personas sobre palabras, temas y asuntos que nos llevan a la discordia y al enojo, la biblia dice que de nada aprovecha y si queremos llevar a otros a Cristo en vez de acercarlos a Él, los estamos alejando. Qué gran responsabilidad descansa sobre nuestros hombros, porque como creyentes debemos usar bien la Palabra de Dios y estar siempre preparados para presentar defensa de nuestra fe con mansedumbre. Se nos aconseja en 1 Pedro 3:15 “sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”.

Nuestra actitud entonces debe ser de santidad y humildad. Se nos dan tres consejos: primero, “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse”, en otras palabras, seamos celosos o diligentes para presentarnos a nosotros mismos diferentes delante de Dios, porque nos hemos conducido correctamente y crecido en el conocimiento de su palabra y en nuestro testimonio de vida. Segundo, “que usa bien la palabra de verdad”, indica que debemos hacer camino derecho para la palabra, sin desviarnos ni a izquierda ni a derecha, no enseñando otra doctrina diferente a la que el Espíritu Santo nos ha dado, discerniendo correctamente la verdad y captando su sentido. Y tercero, “evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad”; las disputas de palabras destruyen las cosas de Dios, por eso debemos tomar consciencia de nuestro deber cristiano, ser vasos santos que se llenen de la plenitud de Dios para poder compartir sabiamente y con amor de Cristo.

La única manera de “santificar a Dios” es que se entronice en nuestros corazones. Como morada de su Espíritu debemos estar siempre listos para dar razón de nuestra fe en Cristo con humildad, no con arrogancia, sino con reverencia, con respeto a las personas y en el temor de Dios. Busquemos tener buena conciencia sin ser ofensivos al presentar nuestra fe a otros, nuestra conducta debe invitarlos a honrar y glorificar a Dios.

Si queremos ser obreros de Dios aprobados, debemos leer, estudiar y aprender la palabra de Dios, que es la única fuente de sabiduría, conocimiento y comprensión de las verdades supremas, que libertan, enriquecen a los que la buscan y es el más poderoso freno para el pecado, como nos recuerda el salmo 119:11 “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti”. La palabra de Dios debe ser nuestra espada lista a la hora de hablar de Cristo y el arma más efectiva en nuestras batallas espirituales. ¿Estamos preparados para decirle a otros lo que Cristo ha hecho por todos en la cruz, con humildad, mansedumbre y santidad?    Oración.

«Señor Jesús, Tú eres el mejor ejemplo de mansedumbre, me invitas a que aprenda de ti que eres manso y humilde de corazón como la única manera de compartir mi fe a otros, para que se acerquen a ti y encuentren descanso para sus almas, se reconcilien con Dios Padre y sean encaminados a la gloria eterna. No permitas que entre en discusiones sin sentido, que me alejen de la piedad y aparten a las personas de ti. No quiero ser piedra de tropiezo. En Cristo Jesús, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 20 de agosto de 2021

Contigo estoy para librarte

 

Contigo estoy para librarte


“No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová”. Jeremías 1:8

“Más Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada”. Jeremías 20:11

El Señor, a través del profeta Jeremías, nos dice que “no temamos delante de ellos”; ¿Qué o quiénes pueden ser esos “ellos” para nosotros?, pueden ser problemas, personas, desafíos, enfermedades o emociones que nos están afectando y llenando de temor. Dios puede obrar de dos maneras, podrá librarnos de ellos inmediatamente o dejarlos por un tiempo para tratar nuestro corazón, formar nuestro carácter cristiano y manifestar su poder a través de nosotros.

Tenemos que entender que no importa quién se nos opone o qué nos atemorice, Dios sigue siendo nuestra defensa, como dice Isaías 54:15 “Si alguno conspirare contra ti, lo hará sin mí; el que contra ti conspirare, delante de ti caerá”.

Y cuando esos “ellos” gritan frente a nosotros que “no podemos, que nos vencerán, entre otros”, es cuando debemos rendirnos ante la Presencia de Dios con la certeza de que Él va delante de nosotros como poderoso gigante. Moisés experimentó esto cuando dijo en Éxodo 33:14: “Mi presencia irá contigo, y te daré descanso”. Ser conscientes de que Dios nos rodea y nos protege, nos da la seguridad de su respaldo, de que está con nosotros y nos defiende. Recordemos Isaías 54:17 “Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová”.

Dios estará allí como nuestro Redentor y nuestro Rey, escuchará cada grito de amenaza, de burla, cada palabra de desaliento y nos recordará que Él es quien pelea nuestras batallas; y que, así como David, podremos desafiar todo ataque en nuestra contra, como dice 1 Samuel 17:45 “Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado”. Nosotros los creyentes en el Nombre de Jesús, “seremos más que vencedores”.

Jesús ganó la batalla en la cruz y obtuvo la victoria sobre todo lo que quiere dañarnos y condenarnos; con su sangre derramada, anuló el acta de decretos en nuestra contra y estableció un nuevo pacto eterno que nos recuerda que somos libres y estamos a salvo en Él. Si estamos pasando por momentos de temor y angustia, apropiémonos de la promesa en Salmos 91:15 “Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré”. No es solo que lo invoquemos, sino que creamos que vendrá en nuestro rescate y nos honrará. Cada vez que pasamos por un desierto Él adereza mesa, unge nuestra cabeza con aceite delante de nuestros angustiadores y nos libra. Él estará allí y honrará al que haya pasado la prueba.  Oración.

«Amado Señor Jesucristo, en momentos de debilidad, angustia, enfermedad e incertidumbre, no permitas que el temor se apodere de mí, recuérdame que Tú eres mi defensa y que como poderoso gigante vas delante de mí para protegerme y librarme. Tú venciste en la cruz, obtuviste la victoria por mí, por eso, en tu nombre enfrentaré todas mis batallas y soy más que vencedor. Gracias por darme la seguridad de tu Presencia. En Cristo Jesús, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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