sábado, 19 de diciembre de 2020

Cara a cara con Dios

 

Cara a cara con Dios

“Y el varón le dijo: No se d


irá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma.”

Han pasado veinte años desde que Jacob huyó de su hogar en Beerseba donde su vida había sido amenazada por su hermano Esaú. Estos años habían sido años de adquisición: rebaños, hacienda, esposas, hijos. Aun así había algo que lo hacía sentir vacío. Jacob ahora está en su camino de regreso al hogar y se encuentra cara a cara con Dios.

Jacob cambió de carácter. Su nombre fue cambiado de “Jacob”, que quiere decir falso, tramposo, a “Israel”, que significa un príncipe con Dios. De ahora en adelante Jacob tendría que vivir a la altura de su nombre. Hasta ese momento había sido un hombre torcido, siempre tratando de arreglar las cosas en provecho propio.

A ti y a mí, Dios nos ha cambiado de nombre, nos ha llamado: “Hijo mío, hija mía eres tú” ¿vivimos a la altura de ese nombre?

Jacob experimenta un nuevo poder. Su nuevo nombre de Israel implica que él evidentemente Jacob recibió el poder de Dios. Cada nueva experiencia espiritual trae una comprensión mayor del poder de Dios en nuestra vida.

Jacob experimentó una nueva bendición: “Y lo bendijo allí”. A menudo de las crisis en nuestra vida surgen las bendiciones más grandes de parte de Dios.

Todo lo que Dios se propone y lleva a cabo en la vida de su pueblo está preparado para bendecirlo. Sus caminos pueden parecer extraños y difíciles de entender, pero su propósito es bendecirnos.

Jacob aprendió que los planes de Dios son mejores que los que el hombre forja por su propia cuenta. Aprendió que la providencia de Dios es lo que el hombre necesita, por eso dijo: “Vi a Dios cara a cara y fue librada mi alma”.

Cada vez que nos colocamos cara a cara con Dios tenemos la posibilidad de un cambio en nuestro carácter, un nuevo poder dentro de nosotros, una nueva bendición y una nueva experiencia en el aprendizaje. Oración.

Padre Amado, mi encuentro contigo es real y allí he mirado tu infinita misericordia, tu gran amor y gran perdón a mi pecado, he experimentado un cambio desde lo más profundo de mi ser, me has colmado de tu bendición. Gracias Señor por ese encuentro cara a cara contigo cada día. Te amo Señor. Amen. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 18 de diciembre de 2020

No es sabiduría humana,

 

No es sabiduría humana, es poder de Dio


“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.” 1 Corintios 1:18

En estas fechas tan especiales y donde se celebra el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, muchos de nosotros queremos compartirle a nuestra familia y amigos más cercanos a cerca de lo importante que es permitir que Jesús nazca en sus corazones, lo transcendental que es abrir la puerta y recibirlo como el Señor y Salvador de sus vidas. Pero en ocasiones caemos en persuasión humana, juicios, exceso de palabras e información y solo causamos que los demás se aburran, no escuchen ni entiendan la sabiduría y el poder de Dios.

Pues bien, como lo explica el apóstol Pablo en su primera carta a los Corintios, debemos entender que lo espiritual se discierne espiritualmente, por ende, debemos hablar o compartir de Cristo con las palabras que el Espíritu de Dios nos dice. Es supremamente importante entender que nosotros somos instrumentos de Dios, sensibles a la voz y la guía de su Santo Espíritu y que es Dios a través de su Palabra y su Santo Espíritu quien ilumina el pensamiento y renueva el corazón de cada persona que escucha.

Entonces, nuestra diligencia principal, siempre estar atentos y obedientes a la voz y dirección del Espíritu Santo; recordemos lo fundamental de la oración, la meditación en la Palabra de Dios y la alabanza para que en todo tiempo estemos llenos del Espíritu y preparados para toda buena obra (Efesios 5:18-20, 2 Timoteo 3:16-17)    Oración.

«Soberano Dios, por tu voluntad has querido habitar en cada creyente a través de tu Santo Espíritu, el cual con gemidos indecibles va a ti rogando por mí. Te alabo Señor y te pido que sea tu Santo Espíritu el que con sabiduría celestial proclame tu evangelio cuando desees usarme como tu instrumento; para ti toda gloria y todo honor. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 17 de diciembre de 2020

Vivir para Cristo

 

Vivir para Cristo


“y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.” 2 Corintios 5:15

Palabra estremecedora esta que acabamos de leer. Conocemos por las sagradas Escrituras que Cristo murió en una cruz por nuestros pecados para que nosotros nos declaremos muertos al pecado y vivos para Dios (1 Pedro 2:24). En otras palabras, que nosotros por fe morimos con Cristo, y así como Cristo murió al pecado una vez por todas y resucitó para vivir para Dios, nosotros también debemos considerarnos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús (Romanos 6:9-11). Lo sabemos, pero ¿lo vivimos?, ¿de verdad estamos viviendo para Cristo?

Vivir para Cristo implica, como leíamos anteriormente, declararnos muertos al pecado, es decir, no practicar el pecado, dejar todo aquello que hicimos y dijimos en esa vida pasada y declararnos nuevas personas en Cristo (2 Corintios 5:17). Personas con la mirada puesta en las cosas celestiales y no en los placeres del mundo, que ya no pensemos en fornicación, avaricia, idolatría o pasiones desordenadas, que también dejemos la ira, el enojo, la malicia y las palabras deshonestas y que nuestro pensamiento sea de continuo a la santificación, a ser misericordiosos, bondadosos, humildes, mansos y pacientes.

Eso es vivir para Cristo, personas nacidas de nuevo con el propósito de agradar a Dios con todo su ser, espíritu, alma y cuerpo. Y que como dice su palabra en Colosenses 3:16: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.”   Oración.

«Padre de la gloria, mis labios proclaman tu nombre y mi ser anhela servirte, quiero Señor, que uses mi vida, que te glorifiques a través de mí. Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 16 de diciembre de 2020

Busca a Jesucristo con diligencia

 

Busca a Jesucristo con diligencia


“[Jesús] Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón; y entrando en una casa, no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo esconderse. Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de Él, vino y se postró a sus pies. La mujer era griega, y sirofenicia de nación; y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. Pero Jesús le dijo: Deja primero que se sacien los hijos, porque no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos. Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. Entonces le dijo: Por esta palabra, ve; el demonio ha salido de tu hija. Y cuando llegó ella a su casa, halló que el demonio había salido, y a la hija acostada en la cama”, Marcos 7:24-30

Hemos vivido o tal vez hemos escuchado acerca de situaciones que parecen insólitas al seno de las familias, se desatan riñas sin motivo, se arman y se hieren con lo que encuentran, los hijos le pegan a sus padres, y parecen poseídos por demonios. Esta es una gran actividad del reino de las tinieblas, pero la Biblia nos enseña que con Cristo somos más que vencedores.

El pasaje leído cuenta que el Señor Jesús quería estar a solas, quería estar en aquella casa sin que nadie lo supiese y aparece una mujer que lo busca, y lo hace intensivamente, pues lo encontró donde Él se estaba escondiendo de la gente. Notemos la diligencia con la que esta mujer llegó a la presencia de Jesús, pues su situación era difícil, porque tenía una hija que estaba siendo abatida por un espíritu inmundo, y ese aprieto familiar hizo que ella acudiera a Jesús, de quien había oído hablar anteriormente y creyó que en Él encontraría la solución.

Esta mujer era sirofenicia y por tanto no sería bien recibida por los discípulos ni por aquellos judíos que estaban con Jesús, pero su fe y gran humildad hizo que el poder de Cristo obrara a su favor. Ella perseveró hasta estar delante de Jesús y al llegar ante Él se postró a sus pies, reconociendo su gran poder.

Ahora, debemos tener discernimiento del mundo espiritual, identificar los espíritus inmundos, que puede verse reflejado en situaciones extrañas, conflictivas y depresivas hasta provocar locura, alteraciones de comportamiento y sólo Jesús puede restablecer, curar, renovar y liberar.

Precisamente para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Cristo, hoy día sigue haciendo milagros, sanando, restaurando, liberando a los cautivos.

Hermano, es tiempo de reflexionar ¿cómo está nuestra familia? ¿Cómo están nuestros hijos? Es tiempo de clamar, rogar y buscar la presencia de Dios, pues todo poder demoniaco en su presencia se desvanece. Oración.

Amado Señor, hoy veo con gran tristeza situaciones espeluznantes dentro de algunas familias, por lo cual acudo a ti, busco tu presencia con diligencia, y coloco la congregación, mi familia y mi vida en tus manos para que en el nombre de Jesucristo toda acechanza del diablo se desvanezca. Quiero vivir bajo el abrigo del Altísimo, porque sólo allí estoy seguro. Te amo Señor, amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 15 de diciembre de 2020

Su Palabra

 

Su Palabra


“Envió su palabra, y los sanó, y los libró de su ruina.” Salmos 107:20

¿Imaginas qué sería de nosotros sin su Palabra?

Esta es una pregunta que sin duda nos lleva a reflexionar. Podemos pensar en unos cuantos versículos que hemos memorizado para respaldarla, recordar testimonios de personas donde la palabra de Dios ha transformado vidas o quizás suspirar al recordar cómo ha transformado la nuestra.

Y es que la palabra de Dios es realmente como leíamos ahora, ese poder de Dios para sanarnos y liberarnos, para salvarnos como nos complementa Romanos 1:16, el cual dice “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.” Poder, poder de Dios para salvación, algo extraordinario y en lo que Dios quiere que reflexionemos el día de hoy.

Nosotros debemos ser conscientes que tenemos a nuestro alcance y disposición el poder milagroso de Dios para la salvación de absolutamente todo aquel que lo cree. Esto debería responsabilizarnos y motivarnos a usarlo tanto como a nuestro celular, pero tristemente en ocasiones lo tomamos con pereza, como simple rutina o con poca importancia.

Te invito para que te animes a escudriñar, vivir y compartir ese gran poder que el Señor nos ha dejado, piensa en lo afortunado que has sido desde que lo conociste y corre a compartir tu fortuna inagotable con todo aquel que conozcas, bendícete y bendícelos.

Y la pregunta para cerrar ¿Cuántos versículos estamos memorizando de su Palabra?

Motivémonos a memorizar su Palabra, es una poderosa forma de transformar nuestra manera de pensar.  Oración.

«Padre Dios, tu palabra es mi deleite, dulce más que miel y deseable más que oro. Te doy gracias, Señor, por permitirme acceder a ella cada día y por usarla como instrumento poderoso para revelarme a tu Hijo amado con la dirección de tu Santo Espíritu. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 14 de diciembre de 2020

La carga del “qué dirán”

 


La carga del “qué dirán”

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” Filipenses 4:8

Perdemos gran parte de nuestra vida y nuestro propósito escuchando y tratando de hacer, muchas veces de manera inconsciente, lo que los demás nos dicen y no lo que Dios quiere para nuestra vida. Como consecuencia de esto vivimos presionados, intranquilos y muchas veces hasta frustrados; lo cual es un engaño, ¡un total engaño! Esto se convierte en una distracción del maligno para que dejemos de pensar en lo que verdaderamente da felicidad y vida en abundancia; lo cual es la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios (Romanos 12:2).

Debemos centrar nuestra vida en agradar a Dios, en hacer todo por y para Él, (Colosenses 3:17, Colosenses 3:23-24) de esta manera no solo sentiremos, sino que estaremos seguros de que estamos pensando y actuando correctamente; sin incubar ideas falsas en nuestra mente, ni estando a la deriva de la sociedad. Así, podemos estar tranquilos, seguros, confiados y en paz en los brazos del Señor, haciendo su voluntad y caminando de su mano; por lo tanto, todo lo que venga para nosotros a corto, mediano o largo plazo nos ayudará a bien (Romanos 8:28).

Así que, hermanos, debemos estar atentos en todo tiempo a lo que Dios dice para nuestra vida y no al “qué dirán”, orando sin cesar para estar firmes y seguros y para que el enemigo no robe nuestra paz con sus mentiras y engaños.   Oración.

«Padre bueno, ayúdame a enfocar mi vida, a centrar todo mi ser en agradarte a ti y en pensar todo lo cierto, todo lo justo, todo lo bueno, todo lo amable y todo lo honesto, que así sea por el poderoso nombre de tu amado Hijo Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 13 de diciembre de 2020

CARACTERÍSTICAS DE UN CORAZÓN

 


 CARACTERÍSTICAS DE UN CORAZÓN QUE AGRADA A DIOS

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.”, Proverbios 4:23

El creyente con un corazón cambiado está llamado a poner en práctica la gracia obtenida, guardando su corazón (santidad), y permitiendo ser dirigido por Dios, (Isaías 30:1-2, Jeremías 17:5).

Pero, ¿cómo es un corazón que agrada a Dios? En esencia es un corazón que NO es rebelde y obstinado (1 Samuel 15:23), que permite que la gracia de Dios lo dirija y lo sustente. Por esto debemos cultivar las características de un corazón que agrada a Dios: primero un corazón arrepentido, es decir contrito y humillado (Salmo 51:17), que reconoce cuando se equivoca, permitiendo que Dios limpie y corrija su andar, que luego se coloca en disposición y servicio a ese Dios misericordioso que lo ha perdonado (Salmos 108). Es un corazón que actúa en toda circunstancia con humildad, esto es, que es suave y apacible (1 Pedro 3:3-4), esperando obedecer a Dios antes que a mandamientos de hombres (Hechos 13:22). Estas características de arrepentimiento, servicio y humildad, hacen que tengamos un corazón íntegro, totalmente dedicado a Dios, (1 Reyes 8:61, 1 Reyes 9:4) y útil para toda buena obra.

Por lo tanto, no nos debemos dejar conducir por nuestra carne o nuestras emociones, sino por su Espíritu que ahora habita en nosotros por fe en Cristo. Es la clave para que nuestro corazón no se desvíe y gocemos de toda bendición.

Debemos cultivar cosas honestas que no contaminen nuestro corazón, también evitar cosas que entren por nuestros sentidos y nos lleven a alejar nuestro corazón de Dios, nos distraigan de su presencia y su guía. Por último, reflexionemos acerca de qué cosas pueden desviar nuestro corazón de la presencia de Dios. (Salmos 101:2-3, 1 Reyes 11:4, 1 Reyes 15:3)              Oración.

"Señor, mi Dios, quiero tener un corazón manso y humilde, que te obedezca en todo, que se aleje de toda rebeldía y obstinación, que te reconozca en todos los caminos. Guíame Señor y sana mi corazón. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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