sábado, 10 de octubre de 2020

No vuelvo atrás. Primera parte

 


No vuelvo atrás. Primera parte

“Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”. Juan 6:35

“El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre. Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”. Juan 6:63-67

El verdadero pan del cielo nos fue dado en Jesucristo, por eso debemos ir a Él con la plena certeza de que calmará nuestra hambre y nuestra sed espiritual. Sin embargo, así como en tiempos de Jesús la mayoría de las personas sólo querían satisfacer sus necesidades materiales y forzaban al Señor a ser un líder terrenal que les resolviera todas sus expectativas económicas, políticas y religiosas; cuando Él no estuvo dispuesto a complacerlos, lo rechazaron. Hoy también muchos no entienden que Él es el Pan de Vida para el espíritu y el alma, lo rechazan y se niegan a creer.

Mientras que los Israelitas comieron el maná y murieron, Cristo promete que quién come de Él viviría eternamente, tanto espiritual como físicamente. Cristo es el que da vida y restaura nuestra relación con Dios y esa vida comienza aquí y ahora, porque Él “tiene la vida eterna”. Como dice Juan 6:54 “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”. Este lenguaje les resultó a muchos muy difícil de entender porque tenía un sentido espiritual que aludía a su muerte en la cruz y no había otro modo de lograr la salvación para los hombres si no era dando su vida por ellos.

Entonces hermanos, “comer y beber” sirve para enfatizar el grado de intimidad que tenemos con el Señor, habla de nuestra relación personal con Él. En nuestra vida diaria cuando comemos o bebemos algo, eso no sólo aporta energía y vida a nuestro organismo, sino que forma parte inseparable de nosotros mismos. Y de la misma manera, cuando creemos en Cristo, somos unidos con él en una comunión vital y existencial, de la misma manera que Él está unido al Padre Celestial.

Al oír el evangelio se repite nuevamente la pregunta de Jesús: “¿Queréis acaso iros también vosotros?” Será que como Pedro podemos contestarle: “¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”  Oración.

«Amado Jesús, tú eres mi única esperanza y garantía de inmortalidad, gracias por haber descendido del cielo, por ser el maná que sustenta mi vida, quiero permanecer en comunión contigo cada día, para ser fortalecido en mi espíritu. Ilustraste por medio del pan la necesidad de creer en ti como aquel que fue enviado por el Padre para que disfrutara de la vida eterna. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

viernes, 9 de octubre de 2020

Señor, refléjate en mí

 

Señor, refléjate en mí


“y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos”. 2 corintios 5:15

“Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”. Gálatas 5:25

“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor”. 2 corintios 3:18

Ya que vivimos en el Espíritu, nuestra prioridad es seguir su guía en cada aspecto de nuestra vida. La palabra griega “stoijéo” significa “andar ordenadamente”, y la única manera de lograrlo es andando junto al Espíritu Santo. Los que hemos recibido la nueva vida ya no debemos vivir más para nosotros mismos, sino vivir para Aquel que murió y resucitó por nosotros. Colocando nuestros ojos en Jesús con una actitud de gratitud y alabanza por todo lo que hizo. Recordemos Hebreos 12:1-3: “Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar”.

En la vida cristiana tenemos una meta y una inspiración. Nuestra meta es la semejanza con Cristo que debemos forjar con ayuda del Espíritu Santo. Nuestra inspiración es que estamos inmersos en una nube invisible de testigos; que han testificado con su vida, nos han inspirado con su fe en Jesucristo y ya son vencedores. Ahora nos toca a nosotros, en esta generación, inspirar a otros, corriendo la carrera espiritual tal como ellos lo hicieron, con esfuerzo, renuncia y consagración.

Cuando andamos en el Espíritu, los problemas que roban nuestro gozo empezarán a desvanecerse y sólo en Él encontraremos el verdadero deleite y fortaleza para nuestra vida. Quizás nos preguntamos a menudo ¿cuándo van a cambiar las cosas?, ¿cuándo veré respuesta a mis peticiones? Dios sabe el tiempo y lo hará, tengamos ánimo y continuemos la carrera que tenemos por delante andando en el Espíritu.  Oración.

«Señor Jesucristo, eres digno de que viva una vida extraordinaria para ti. Enséñame a andar en el Espíritu y así poder glorificarte con todo mi ser, espíritu, alma y cuerpo. Aviva la llama de tu Espíritu para que sigas transformando mi vida y reflejando tu gloria en mí y así servir de inspiración a otros, siendo testigo de tu gracia y de tu amor. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

jueves, 8 de octubre de 2020

 


¿Tomo en serio tu Palabra?

“Y acabó Moisés de recitar todas estas palabras a todo Israel; y les dijo: Aplicad vuestro corazón a todas las palabras que yo os testifico hoy, para que las mandéis a vuestros hijos, a fin de que cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley. Porque no os es cosa vana; es vuestra vida, y por medio de esta ley haréis prolongar vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para tomar posesión de ella”. Deuteronomio 32:45-47

“Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia. Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”. Hebreos 4:11-13

Moisés a través de este cántico recitó las palabras de la ley de Dios una y otra vez, con el fin de animar a su pueblo a no olvidarla y ser firmes en buscar el rostro de Dios. La existencia de Israel dependía de la obediencia a la Palabra de Dios, que no es vana, es vida y tenemos que recordar que el creyente vive de toda palabra que sale de la boca de Dios, como dice Deuteronomio 8:3b “para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, más de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre”.

La Palabra de Dios no es algo trivial, sino que es cuestión de vida o muerte, porque obedecerla trae vida eterna, pero rechazarla trae muerte espiritual. Recordemos que Jesús es la Palabra de Dios hecha carne, como dice Juan 1:14 “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. Siempre tenemos la opción de escoger.

Si hago la Palabra de Dios parte vital de mi vida, debo dedicar regularmente un tiempo para estudiar y conocer a Jesucristo a través de ella. Entonces descubriremos toda la sabiduría de Dios para vivir conforme a lo que Él quiere. El profeta Isaías le oyó decir a Dios que la Palabra que salía de su boca no sería nunca ineficaz, sino que realizaría aquello para lo que Él la destinaba. (Isaías 55:11).

Así como al pueblo de Israel, se nos hace una advertencia en el libro de Hebreos donde se nos dice que nos esforcemos por entrar en el reposo o en la paz de Dios que ofrece a través de Jesucristo, porque la Palabra de Dios está llena de vida y es efectiva para escudriñar y descubrir lo más oculto de nosotros, y para discernir nuestros pensamientos y las intenciones del corazón, porque nada está escondido a los ojos de Dios y a Él debemos rendirle cuentas algún día y nos da la opción de vivir para Él.

Si la Palabra de Dios es un tema vivo para las personas de todos los tiempos, ¿qué lugar ocupa ella en nuestro corazón? ¿Ya tomaste la decisión de aceptar a Cristo como tu Señor y Salvador?  Oración.

«Amado Dios, gracias por tu Palabra que no es solamente un libro que se puede leer y estudiar, sino que es tu Palabra viva que debo poner por obra, que siempre me escudriñará y pondrá a prueba mi existencia terrenal y mi vida espiritual, enfrentándome contigo tal como soy, porque conoces lo más secreto de mi corazón, y tarde o temprano tengo que enfrentarme a tu mirada Señor y elegir qué es lo mejor para mí. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

miércoles, 7 de octubre de 2020

UNA CAMINATA HASTA LA ETERNIDAD

 


UNA CAMINATA HASTA LA ETERNIDAD

“Bienaventurados los que habitan en tu casa; perpetuamente te alabarán. Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos. Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, cuando la lluvia llena los estanques. Irán de poder en poder; verán a Dios en Sion”, Salmo 84:4-7

La vida cristiana es una caminata diaria que comienza desde el momento en que Jesucristo llega a nuestro corazón y camina a nuestro lado. Pero a veces la enfermedad, las malas noticias, el rechazo, los ataques del enemigo y los problemas nos quieren hacer rendir y parar. Es cierto que somos peregrinos a la ciudad celestial y tenemos que pasar por más de un valle de lágrimas y más de un desolado desierto, pero Dios está con nosotros por medio de su Espíritu, quien hará brotar manantiales para sustentarnos y nos dará fuerzas para nuestro cansancio.

Recordemos cuando Jesús se encontró con el hombre recostado junto al estanque y que hacía mucho tiempo que su vida había entrado en un estado de pausa en el que no podía avanzar, le pregunta si quiere ser sano y si quiere salir de su postración. A veces nuestra vida entra también en ese estado de inercia y sentimos que ya no podemos avanzar más. Pero hoy el Señor quiere darnos nuevas fuerzas para que empecemos a caminar de nuevo y para que lo hagamos sin cansarnos, pero para eso necesitamos avivarnos en el espíritu.

Levantar el vuelo como las águilas y quedarnos conectados a la corriente de aire del Espíritu Santo implica esforzarnos por entrar en la presencia de Dios. Como dice el pasaje “bienaventurados los que habitan en tu casa y bienaventurado aquel que tiene en ti sus fuerzas”.

En la medida que caminemos por donde el Señor nos lleve, nuestras fuerzas seguirán aumentando y seremos capaces de transformar nuestro valle de lágrimas en un lugar lleno de manantiales y bendición, porque Él, Todopoderoso, es el que camina a nuestro lado. Cuando nuestras limitadas fuerzas se encuentran con un Dios ilimitado, el cansancio y el agotamiento ya no dominarán nuestra vida, sino el poder de Dios.

Nuestro crecimiento espiritual estando en la presencia de Dios a menudo lo precede el viaje a través de los áridos lugares de nuestra vida, cuando pasamos por dificultades y necesitamos depender de Dios. Cuando nos deleitemos en pasar tiempo con Él, veremos toda la adversidad como un motivo para volver a experimentar su fidelidad.

Si hoy andamos por un valle de lágrimas tengamos la seguridad de que nos conducirá hacia Dios, busquemos su presencia y permitamos que el Espíritu Santo refresque y reavive nuestro corazón y que cambiemos nuestra tristeza por ríos de deleite. Recibamos diariamente la fuerza espiritual de la gracia de Dios y continuemos nuestro camino hacia la eternidad, anhelando cada día más y más de Él.  Oración.

"Señor, gracias por esta promesa de bendición, ayúdame a permanecer en tu presencia y que tu Santo Espíritu me impulse a volar por encima de las circunstancias como un águila. Quiero más de ti, llenarme de tu plenitud, es la única forma de caminar hacia la eternidad, avívame y dame las fuerzas en este peregrinaje. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

martes, 6 de octubre de 2020

La iglesia un regalo de amor

 

La iglesia un regalo de amor


“Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros”. Romanos 12:4-5

“De manera que, si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan”. 1 corintios 12:26

La iglesia cristiana es un regalo de amor de nuestro amado Jesús, ya que es más que un edificio, es un organismo vivo, creado por Dios mismo para cumplir su propósito de extensión de su Reino en esta tierra. La iglesia es cada creyente en Cristo y cuando estamos juntos es para amarnos, perdonarnos y animarnos unos a otros.

El Señor nos llama de diferentes formas:

Su rebaño, en Hechos 20:28 “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre”. Nos ha ganado con su preciosa sangre por eso debemos ser vigilantes y cuidarnos los unos a los otros.

Nos llama familia, en Gálatas 6:10 “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” y por eso debemos gozar de nuestras relaciones personales, entendiendo que por medio del Espíritu Santo tenemos una conexión divina que dice que somos “hermanos”, unidos por la sangre preciosa de Jesús que nos redimió.

Nos dice que somos un cuerpo, en Romanos 12:5 “así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros”. Por eso nos gozamos cuando un miembro recibe honra, cuando crece espiritualmente, cuando logra algo para su vida y nos dolemos cuando enferma, o pasa por un momento de dificultad. Cuando un miembro sufre todo el cuerpo sufre.

También nos llama su casa espiritual, en 1 Pedro 2:5 “vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo”. Nuestra piedra angular es Jesucristo y Él quiere que como piedras vivas crezcamos fuertes cada día, en su gracia, amor y conocimiento, para no derrumbarnos ante la adversidad.

Dios nos ha conectado unos a otros a través de su iglesia con propósitos grandes y debemos estar agradecidos porque eso ayuda a nuestro espíritu, somos mejores juntos. Nunca subestimemos la importancia y el poder de las personas que Dios ha colocado en nuestra vida. No olvidemos a los que sembraron la semilla en nosotros, los que la regaron y edificaron influenciado con su testimonio nuestra existencia.  Oración.

«Señor Jesús, oro por mi iglesia local, por mis pastores y hermanos, nos creaste para vivir en comunidad y ser de bendición los unos con los otros. Gracias por las personas que han sido claves para influenciar mi vida con su testimonio personal, por su colaboración y oración para desarrollar los ministerios. Gracias por que la vida cristiana es mejor cuando estamos juntos y por la iglesia universal porque un día estaremos todos reunidos delante de ti sin distinciones, en un mismo amor y sentir. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

lunes, 5 de octubre de 2020

Ponlo en la canasta

 

Ponlo en la canasta


“Un varón de la familia de Leví fue y tomó por mujer a una hija de Leví, la que concibió, y dio a luz un hijo; y viéndole que era hermoso, le tuvo escondido tres meses. Pero no pudiendo ocultarle más tiempo, tomó una arquilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea, y colocó en ella al niño y lo puso en un carrizal a la orilla del río. Y una hermana suya se puso a lo lejos, para ver lo que le acontecería. Y la hija de Faraón descendió a lavarse al río, y paseándose sus doncellas por la ribera del río, vio ella la arquilla en el carrizal, y envió una criada suya a que la tomase. Y cuando la abrió, vio al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: De los niños de los hebreos es éste. Entonces su hermana dijo a la hija de Faraón: ¿Iré a llamarte una nodriza de las hebreas, para que te críe este niño? Y la hija de Faraón respondió: Ve. Entonces fue la doncella, y llamó a la madre del niño, a la cual dijo la hija de Faraón: Lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño y lo crió. Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué”. Éxodo 2:1-10

Los planes de Dios son perfectos por eso nada se sale de su control, hará que todo coordine de tal forma para cumplir sus propósitos con cada uno de nosotros. En el relato de hoy vemos la mano de Dios moviéndose soberanamente sobre la vida de Moisés. En la providencia de Dios, Moisés tuvo una madre excepcional, Jocabed, quien demostró sagacidad logrando ocultar al bebé en contra del edicto del faraón que había ordenado matar a todos los niños hebreos, porque el pueblo de esclavos se había multiplicado demasiado.

Aunque se enfrentó a un gran dilema, hace lo imposible por apagar el llanto de su niño por tres meses para que no lo descubran, en su afán de proteger la vida de su hijo hace algo riesgoso, lo acostó en un carrizal impermeabilizado con brea para que no le entrara agua y lo dejó a la orilla del río; se desprendió con dolor de esa criatura que amaba y lo colocó literalmente en las manos de Dios al dejarlo en esa canasta a la deriva. Dejarlo ahí era entregar todas sus esperanzas y los sueños que tenía de él, pero puso su confianza en el único que podía salvarlo, su poderoso Dios.

¿Hemos entregado a nuestros hijos sin reservas en manos de Dios? Siempre queremos guardarlos de la muerte espiritual, por eso en la medida en que dependa de nosotros debemos enseñarles desde niños el temor a Dios, pero si se sale de nuestras manos, ¿cuánto confiamos en que nuestra oración por ellos será oída y que Dios dará la respuesta en el tiempo preciso? Necesitamos fe para creer en que Dios no se olvida de nuestra familia y descansar en sus promesas como la de Salmos 102:28 “Los hijos de tus siervos habitarán seguros, y su descendencia será establecida delante de ti”. Soltemos a nuestros hijos en sus poderosas manos y Él cumplirá su propósito en ellos.

¿Y si no son nuestros hijos?, sino otros asuntos que no podemos resolver ¿cuánto estamos dispuestos a ponerlos en la canasta y entregárselos a Dios sin miramientos? ¿Cuáles son nuestros miedos, podemos soltarlos? Pongámoslos en la canasta, apartémonos y observemos lo que va a suceder cuando confiamos todas nuestras preocupaciones al Dios Altísimo, veremos cómo su gran poder se mueve a nuestro favor. Recuerda Salmos 56:3 “En el día que temo, yo en ti confío” Oración inicial

«Amado Dios, sé que nada es coincidencia en nuestra vida, por eso independiente de cuál sea mi problema y que no logro resolver, yo confío en tu amoroso corazón que siempre está dispuesto para oír mi oración. Siempre estás presente cuando mis miedos y preocupaciones aparecen, por eso los pongo en el canasto, en tus manos poderosas, porque sé que usarás todas las circunstancias para bien y para mostrar tu gloria. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

domingo, 4 de octubre de 2020

¿Qué más me falta?

 


¿Qué más me falta?

“Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros”. 1 Samuel 15:22

“Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. Él entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones”. Marcos 10:17-22

El profeta Samuel nos dice aquí que la obediencia es mejor que los sacrificios. La obediencia se prueba cuando el Señor nos pide algo y estamos dispuestos a obedecer, por encima de nuestros propios intereses, planes y sueños. ¿Somos enseñables?, o ¿somos arrogantes, pensando que lo sabemos todo y que no necesitamos el consejo y la guía de Dios? Es muy difícil enseñar a un espíritu orgulloso, en cambio un espíritu humilde siempre está dispuesto a aprender y a dejarse moldear.

En la historia de hoy vemos a un joven rico, un hombre que confiaba en sí mismo y en sus propios recursos, razón por la que rechazó a Cristo. Había estado cumpliendo los mandamientos de la ley de Dios y llevaba una vida moral ejemplar, sin embargo, cuando Jesús le dijo lo que tenía que hacer además de esto, no le gustó. Y eso, que se lo dijo con todo el amor: “Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta”, la cosa que le faltaba era un corazón rendido al Señor, ya que las riquezas ocupaban el primer lugar en su corazón y lo apartaban de la verdadera devoción a Dios. ¿Hasta qué punto era capaz de amar a su prójimo tal como Jesús se lo estaba pidiendo?: “Anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo”.

Lo que le faltaba era la salvación, o como él lo expresa, «la vida eterna». Y ¿de qué sirve ganar el mundo entero si se pierde el alma? ¿De qué pueden servir todas las cosas que podamos tener en esta vida si no las podemos disfrutar más allá de la muerte?

Qué difícil es obedecer los propósitos de Dios cuando tenemos nuestros ojos puestos en lo terrenal. Cuando Dios nos pide rendirnos completamente a Él, a veces no es lo que queremos oír, pero sí lo que necesitamos oír y que quizás no nos gusta, porque implica renunciar a nuestro ego, tiempo, posesiones, planes y hasta apartarnos de otras personas que se interponen en nuestro crecimiento espiritual y en los planes divinos; pero es la única manera de aprender la obediencia que tiene el poder de transformar nuestra vida para la gloria de Dios.

Si todavía nos sentimos inseguros de nuestro destino eterno, perturbados, sin paz en el corazón y llenos de ansiedad, debemos hacernos la pregunta: ¿qué más me falta?    Oración.

«Señor Jesús, gracias por permitirme creer en ti, estoy dispuesto a obedecerte. Quiero rendir mi vida totalmente, entendiendo que lo que tú me pides es lo mejor para mí. Tomaré mi cruz para darle muerte a todo lo que te ofende y no te agrada de mí, muéstrame lo que me falta para poder seguirte y enséñame a hacer tu voluntad. Ayúdame a amarte a ti y a mi prójimo. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.