jueves, 13 de febrero de 2020

Vuélvete a mí.


Vuélvete a mí.

“Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados”. Isaías 43:25
“Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí”. Isaías 44:22
 “Borro” es una expresión tomada de un libro de cuentas, en el que, cuando se salda una deuda, la suma cargada en cuenta queda cancelada o borrada. En estos versículos, el Señor nos dice que ha disipado nuestros pecados como una nube y nuestras ofensas como la niebla de la mañana y nos pide volver a Él, porque pagó un precio muy alto por nuestra libertad.
Con Dios nunca hay ensayo y error. Él es perfecto y siempre nos espera, podrá haber días nublados y difíciles a causa de nuestros pecados pero también nos ha prometido ser “ese sol” en el día oscuro, cuando volvemos la mirada a Él. No permitamos que el pecado ensombrezca nuestras vidas, acerquémonos a Dios en arrepentimiento y confiemos en su perdón, Él siempre está listo para borrar nuestro pecado.
“Vuélvete a mí” es la preocupación de Dios por aquellos que se han descarriado, que se han salido del camino. Nuestros pecados son como una nube espesa entre la tierra y el cielo; en otras palabras, son una barrera que nos separa de la presencia de Dios, pero cuando Él nos perdona la disipa de manera que el camino al cielo queda abierto otra vez, con nuestra comunión restaurada y la llenura de su Espíritu en nuestros corazones.
Es gratificante saber que el Señor deshizo la deuda de nuestro pecado, ya no hay nada que nos acuse. Cuando Dios perdona, olvida por amor a sus misericordias, por amor a sus promesas y por amor a su Hijo que hizo su obra perfecta de salvación. Esto nos permite buscar el perdón por la fe en Él, con un verdadero arrepentimiento y una nueva vida. Dios nos insiste en la necesidad de un andar santo como prueba de que lo conocemos. Oración.
«Padre, me lleno de gratitud por estas promesas porque me recuerdan tu disposición para perdonar mis pecados, no quiero que ninguna nube de iniquidad se interponga entre nosotros, quiero permanecer en ti y en tu Palabra, en una continua comunión contigo. Gracias por tu fiel presencia en los días nublados, por ser la luz que ilumina mi caminar. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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miércoles, 12 de febrero de 2020

El error de Juzgar.

El error de Juzgar. 

“Le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Más esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más”. Juan 8:4-11
 En este pasaje Jesús trata el pecado de la mujer adúltera amorosamente, llevándola a encontrar la justificación divina sin juzgarla y criticarla. Encierra una gran verdad la compasión y la misericordia por los pecadores. Los escribas y fariseos buscaban la ocasión para desacreditar a Jesús y por eso le trajeron la mujer; si nos imaginamos la escena, quizás la llevaron a empujones, exponiéndola públicamente. Ella no despertaba en ellos ninguna compasión y misericordia, carecía de valor, la despreciaban por su condición y la pusieron como señuelo para intentar prender a Jesús con alguna palabra o acción con la que pudieran acusarlo, prácticamente estaban obligando a Jesús a elegir entre la misericordia y la justicia.
Ellos esperaban que Jesús mostrara hacia la mujer adúltera la misma misericordia que le había caracterizado durante su ministerio público, pero si lo hacía, quedaría claro para ellos que Jesús no respetaba la ley de Moisés; y si la condenaba ¿dónde estaba la gracia? Y si la perdonaba, ¿no iba esto en contra de la ley mosaica?
Jesús dice algo que le da un viraje al asunto: “El que de vosotros esté libre de pecado sea el primero en tirar la piedra”. De esta forma cambió la atención en la mujer y la colocó en los acusadores. Los fariseos siempre invocaban la ley no para mirarse a ellos mismos, sino pensando en aplicarla a otros. El Señor los obligó a examinar su propio corazón, Él nunca negó la culpabilidad de la mujer, pero ¿estaban ellos libres de culpa?, ¿dónde estaba el adúltero, acaso no era igual de pecador?
Al ser redargüidos en su interior, se fueron alejando uno a uno hasta que ya no quedó ninguno. No soportaron permanecer con la conciencia al descubierto delante de Jesús. La diferencia con Jesús es que no señaló a la mujer, le dio la oportunidad de arrepentirse y de ser perdonada. Esto debe enseñarnos que no somos jueces de nadie y mucho menos juzgar cuando nuestros móviles no son rectos y nuestras vidas no son honestas. Si hemos descubierto la misericordia y el perdón, es tiempo de que dejemos de señalar a otros. Oración.
Amado Señor Jesús, gracias por confrontarme con tu Palabra, examina mi corazón y ayúdame a entender que si fui perdonado no tengo ningún derecho para condenar a otros. Lléname de tu compasión y misericordia para ayudar a todos aquellos que están sufriendo por causa de su pecado y darles a conocer tu amor perdonador. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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martes, 11 de febrero de 2020

ZARZAS ARDIENTES

ZARZAS ARDIENTES

“Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí.”, Éxodo 3:1-4
Cuando Dios nos habla, algo cambia en nuestra vida, Él tiene formas muchas veces insospechadas por nosotros de llamar nuestra atención, para que lo escuchemos atentamente y reconsideremos nuestra vida, para que tomemos decisiones correctas, o cambiemos algo que no le agrada.
Nos puede hablar por medio de una zarza ardiente espiritual. ¿Cuáles son las zarzas ardientes en nuestra vida? Son las cosas que suceden, tal vez fuertes o conflictivas, que no se pueden ignorar y retan nuestra vida, pues nos quieren llevar a una nueva posición porque nos desafían a confiar plenamente en Dios y tienen un efecto perdurable. Esto pasó con Moisés, luego de que Dios le hablara, su vida nunca volvió a ser la misma.
La clave es la confianza en Dios, porque muchas veces aparentemente no nos dirá exactamente lo que debemos hacer en alguna situación, pero podemos estar seguros de que Él colocará las cosas de tal forma que será para nuestra bendición, como dice Proverbios 3:5-6: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.”
Dios está dispuesto a hablarnos si estamos dispuestos a escucharlo, pero lo más importante, después de escucharlo, es obedecerle.
Dios nunca nos diría algo que no fuera lo mejor para nosotros, así que, aunque no conocemos toda la historia o el final de nuestra vida, podemos estar confiados de que Dios dispondrá y nos llevará paso a paso para completarla, hasta llegar al mejor fin que tiene planeado para nosotros (Jeremías 29:11). Él tiene la mejor historia para nosotros y el mejor final, que no es otra cosa que el principio de una nueva vida gloriosa en Cristo, para toda la eternidad y del cumplimiento de su voluntad y propósito para nuestra vida.
Aprendamos a escucharlo, reflexionando sobre cada circunstancia particular que nos sucede, llevándola día a día a sus manos. Por medio de su Palabra y en oración, confiemos y estemos dispuestos a obedecer, pues el Señor dispondrá todo para darnos la instrucción precisa y para que obtengamos el mejor fin para nuestra bendición. ¿Qué es lo que Dios quiere enseñarte o quiere decirte a través de la situación por la que estás pasando ahora? Oración.
"Gracias Señor porque tienes planes maravillosos para mi vida, estoy dispuesto a escucharte y a obedecerte, guía mi vida a una nueva dimensión, a aquella que tú sabes que es mejor para mí. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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lunes, 10 de febrero de 2020

La manera más sencilla de evangelizar.

La manera más sencilla de evangelizar.

“Y les dijo: Venid en por de mí, y os haré pescadores de hombres”, Mateo 4:19
Este llamado de Jesús a unos pescadores ahora se hace extensivo a todos los creyentes. No importa nuestro oficio, profesión o trabajo que hacemos, el Señor nos llama a servir en su reino. Es la estrategia de Jesús, para conquistar el mundo para Él, por eso llama a hombres y mujeres para ser sus representantes y comunicar su mensaje en todo lugar y extender así el evangelio por toda la tierra.
Jesús expresó el propósito del llamado a sus discípulos, en términos que ellos lo entendieran, como pescadores expertos, sabían cómo atrapar peces, cuál era la mejor hora para hacerlo, la manera de bajar y levantar la red, cómo clasificar los peces y comercializarlos. Un buen pescador debe tener estas cualidades: paciencia, perseverancia y coraje. Cualidades que nos pueden hacer buenos pescadores de hombres. Es una analogía perfecta para la tarea a la que Jesús nos llama: ganar a otras personas para Él.
Cuando recibimos a Cristo, experimentamos su amor y empezamos una experiencia personal de transformación en nuestras vidas, esto nos motiva a compartirles a otros sobre Jesús con nuestro testimonio personal que es la forma más efectiva de evangelizar. El creyente que no comparte su fe desde el principio, tiene dificultades después en su desarrollo espiritual. Las primeras personas que debemos impactar con el mensaje de Cristo son las de nuestro entorno, la familia, amigos y conocidos. El amor que Dios nos demostró, con la muerte y resurrección de su hijo, nos debe motivar a vivir vidas dedicadas a Él
La iniciativa es de parte de Dios, llama al que Él quiere, es un llamado soberano y nos da una orden. Como dice Marcos 16:15 “id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. ¿Qué respuesta daremos a su llamado? Lo que Jesús necesita es gente corriente que se dé a sí misma. Cuando nos disponemos, Él hará lo que quiere a través de nosotros. Oración.
Señor Jesús, quizás como a esos pescadores que parecían insignificantes, me escogiste a mí entre muchas personas, cambiaste mi vida y mi destino. Ahora quiero mostrar a otros el Camino, te pido que me llenes de paciencia, perseverancia y valentía para compartir tu mensaje de salvación. Mi mayor motivación es tu amor que ha transformado mi corazón, permite que mi testimonio personal influya en la vida de los que están a mi lado. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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domingo, 9 de febrero de 2020

Dios está buscando hijos que lo alaben de corazón

Dios está buscando hijos que lo alaben de corazón

“Vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa. Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio? Porque esto podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres. Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? pues ha hecho conmigo una buena obra”. Mateo 26:7-10
Nuestra comunión diaria con Dios debe ser un estado de constante humildad ante Él. Al igual que la fragancia rota, podemos verter nuestra vida a los pies de Jesús, Él enjugará nuestras lágrimas y lavará nuestras vidas de todo pecado.
Por cuanto somos sus hijos Él envió el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, el cual clama “Abba Padre”, así que ya no somos esclavos, sino hijos y tenemos todos los derechos como tales. Pidamos que nos de ojos de niño para verlo, expresiones de amor y palabras de nuestro corazón, para darle alabanza en sincera adoración.
Como la mujer del pasaje, adorar a Jesús de esa manera no fue un desperdicio, como lo pensaron sus discípulos y los que estaban ahí, fue un derramar su corazón delante de aquel que la había perdonado, la había limpiado y la había transformado en otro ser.
Transformar significa cambiar la condición de nuestras vidas, nuestra naturaleza y carácter y sólo lo podemos hacer a través de un encuentro con Jesucristo. A Él no le interesa tanto en donde hemos estado, pero sí se preocupa más de cómo nos encontramos y hacia dónde vamos.
Antes que nuestra alabanza cambie, nuestra vida debe ser cambiada. Este es nuestro culto racional, ofrecernos como sacrificio vivo y ser transformados por la renovación de nuestra mente, conocer su buena voluntad agradable y perfecta como dice Romanos 12:1-2. La oración de un verdadero adorador es para vivir y cantar sobre el poder transformador de Cristo.
La intensidad con que María amó a Jesús, muestra las profundidades de su pecado, del cual Jesús la rescató. El amor nunca calcula, siempre le parece demasiado poco lo que da, por eso Jesús llama “buena obra” lo que María hizo con Él. Al final de la vida de Jesús había tanta amargura, tanta traición, tanta intriga, tanta tragedia, que esta historia brilla como un oasis de luz en un mundo en tinieblas.
En el corazón donde hay amor verdadero por Jesucristo, nada se considerará como demasiado bueno para dárselo a Él. Oración.
Jesús, mi amado Señor, cambia las palabras de mis oraciones para tocar tu corazón, que lo dichos de mi boca expresen el amor inmenso que te tengo por todo lo que has hecho por mí. Nunca antes nadie me había amado como tú, entregaste tu vida para salvarme, perdonaste mis pecados y cambiaste mi corazón. Sólo quiero expresar mi alabanza y mi adoración en gratitud a ti. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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sábado, 8 de febrero de 2020

El Espíritu de vida

El Espíritu de vida
 “para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios”., Romanos 8:4-8
Cuando Jesús vino a este mundo y se hizo hombre, le ofreció a Dios una vida de perfecta obediencia, y un perfecto cumplimiento de su voluntad. Ahora que somos uno en Cristo, debemos también estarlo en su perfección. Gracias a su obra redentora, Cristo nos ofrece una vida que no esté dominada por la carne sino por el Espíritu de vida, que nos llena con un poder que antes no teníamos ni conocíamos. Ese poder, anula el castigo del pasado y nos asegura la fuerza para vivir vidas victoriosas en Él.
Tenemos que comprender que no estamos solos en esta batalla espiritual diaria, si el Espíritu está en nosotros, Cristo está en nosotros. Él habita en nuestro corazón por fe desde el momento en que lo recibimos. Su gracia en nuestra vida nos da una nueva naturaleza y es nuestro deber andar en el Espíritu, dejándonos gobernar por su presencia y dejando a un lado los deseos de la carne.
La regeneración del Espíritu nos da una nueva vida divina, que en un principio no alcanzamos a comprender, pero en la medida que vamos creciendo espiritualmente lo podemos hacer. Entonces, podemos estar bajo la influencia del Espíritu o la influencia de nuestra carne y según quién predomine, así será la inclinación de nuestra vida y el carácter de nuestras acciones.
Ocuparse de la carne es muerte, porque nuestra mente está dominada por impulsos que no son de Dios, no se sujeta a la Palabra de Dios y tampoco puede agradarlo. En cambio, ocuparse del Espíritu es permitir que reinen la gracia y la justicia en nosotros, renovar nuestra mente centrados en el Espíritu y disfrutar de vida y paz.
Dejemos que el Espíritu Santo se mueva en nosotros, Que arda su fuego en nuestro interior, que haga en nosotros lo que Él quiera hacer y transforme nuestras vidas. Oración.
Señor Jesucristo, desde el momento en que puse mi confianza en ti, como mi Señor y mi Salvador, tu Espíritu vino a morar en mi corazón como lo prometiste. Gracias porque ahora puedo vivir mi vida espiritual con tu guía, tu ayuda y actuar bajo tu dirección. Sigue renovando mi mente para obedecer tu Palabra y agradarte en todo. Gracias a tu Santo Espíritu puedo servirte y hacer tu voluntad. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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viernes, 7 de febrero de 2020

Debemos pedir creyendo

Debemos pedir creyendo

“Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis”. Mateo 21:21-22
En esta promesa, Jesús agrega un elemento importantísimo para la oración, debemos tener gran confianza en Dios y debemos pedir, creyendo. Nuestra fe debe ser tal, que cuando pedimos debemos tener la convicción de que será contestada. Sin embargo, no es la única condición para recibir respuesta. La Biblia establece varios elementos para una oración eficaz: Debemos orar en el nombre de Jesús, orar con el deseo de que se haga la voluntad de Dios antes que la nuestra y permanecer en su Palabra.
Si no entendemos bien esta promesa, podemos desanimarnos cuando no vemos la respuesta inmediata de Dios. Si la entendemos correctamente producirá poder en nosotros. ​Jesús promete que la oración nos da la capacidad para hacer grandes cosas, es la manera de recibir su poder para solucionar las situaciones adversas, es el canal para eliminar montañas de dificultades, por tanto, debemos orar, levantarnos y obrar, pero a veces hay que esperar y dejar actuar a Dios en las cosas que parecen imposibles y que sólo Él puede resolver.
La oración nos sirve para aceptar situaciones que no pueden ser cambiadas, como el ejemplo del apóstol Pablo, que le pidió al Señor ser sanado de una enfermedad en los ojos, un aguijón en la carne, pero Dios no lo libró de esa situación, sino que lo capacitó para aceptarlo, entendiendo que el poder de Dios se perfeccionaría en su debilidad. Su situación no solamente fue aceptada sino transformada en gloria.
El mismo Jesús en Getsemaní, oró intensamente en su agonía, por su inminente muerte en la cruz, pidiendo pasar esa copa, pero esa petición no podía ser concedida, oró hasta recibir la fortaleza para cumplir con la voluntad del Padre, su situación fue transformada y lo condujo directamente a la gloria de la resurrección.
Detrás de una petición siempre está la voluntad de Dios y el propósito por el cual nos permite pasar por situaciones difíciles, que generalmente nos llevan a fortalecer la fe, a crecer espiritualmente y a ver su gloria.
La oración nos da la capacidad para soportar lo insoportable, cosas que son inevitables, que son parte de la vida, como: la enfermedad, la muerte, las desilusiones, los fracasos, etc. La oración es un bálsamo de consuelo, fortaleza y paz, cuando llevamos nuestras cargas y descansamos en el amor y la misericordia de Dios. Oración.
Señor Jesucristo, me enseñaste a orar para tener un canal de comunicación contigo, y para presentar ante ti las situaciones de mi vida. Dame la confianza y la fe para entregarte mis cargas y descansar en tu presencia, teniendo la certeza de que oyes mi oración y estás presto a responderme. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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