viernes, 29 de noviembre de 2019

No somos como el resto del mundo


No somos como el resto del mundo

 “Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste”.
Frecuentemente en la vida ocurren situaciones que piden una decisión de nuestra parte, y siempre tenemos muchas opciones, pero solo una forma correcta de proceder delante de Dios. Si voy tarde al trabajo y mi jefe me pregunta porque llegué tarde la única forma correcta de proceder es decir la verdad: me levanté tarde, lo correcto sería levantarse temprano, pero la mentira siempre está delante de nosotros.
En nuestra vida cotidiana se dan todas estas situaciones en las que deberíamos honrar al Señor. Si se da cuenta en el ejemplo anterior, la mentira resultó de algo que sabiendo previamente que no debo hacer, aun así, lo hice; el pecado siempre llama más pecado y Dios no se hace el ciego ante ellos como si lo hace el mundo. El Señor Jesús oró por nosotros que hemos creído en él, para que seamos guardados del mal.
Desde la próxima y cada decisión que tomemos sea grande o pequeña, hagamos exactamente lo que Dios dice, no lo veamos como nuestro Dios grande para unas, cosas, pero el que no interviene en otras, esto claro, requiere tener a Dios como una prioridad real en nuestra vida. Finalmente, si creemos que somos sus hijos, decidamos ya no vivir de cualquier manera sino a su manera. Santifiquémonos en su verdad; su palabra es verdad. Oración.
Señor, tú me escogiste para andar en tu camino, tú me viste primero y decidiste que yo iba a ser tu hijo e iba a ser salvo. Quiero corresponder, ya no quiero servir en tus filas y al mismo tiempo en las del mundo, que sea mi anhelo vivir por ti y para ti sin ningún reparo, santificado en tu verdad. Amen. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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jueves, 28 de noviembre de 2019

Un nuevo nombre


Un nuevo nombre
“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.”, Apocalipsis 2:17
Dios cambió el nombre de Abram que probablemente significaba “el padre es exaltado”, a Abraham, que significa “Padre de una multitud”. Esto sucedió cuando realizó el pacto con él, de darle la tierra prometida y una descendencia numerosa (Génesis 17:5), de la cual hacemos ahora parte por medio de la fe en Jesús, según Gálatas 3:29.
Al mismo tiempo, Dios cambió el nombre de «Sarai», la esposa de Abraham, que significa «mi princesa», por el de «Sara», que significa «madre de naciones» (Génesis 17:15). El mismo hecho sucedió con Jacob, su nombre alude a la suplantación y engaño que hizo a su hermano Esaú, pero luego de que tiene un encuentro personal con Dios, sería identificado como aquel que «había luchado con Dios y con los hombres y venció» (Génesis 32:28).
Jesús cambió el nombre de Simón, al de Pedro, cuando lo llamó a servirle. Luego de la muerte y resurrección de Jesús, Pedro inicia contundentemente la predicación el día de pentecostés cuando el Espíritu es derramado sobre los creyentes allí reunidos (Hechos 2).
Ahora nosotros, en Cristo somos más que vencedores (Romanos 8:28-39) y Dios nos ha dado una nueva identidad, puede que conservemos el nombre puesto por nuestros padres, pero cuando recibimos a Cristo no somos las mismas personas y estamos llamados a actuar según nuestra nueva naturaleza, considerándonos muertos al pecado pero vivos en Cristo, y por lo tanto no debemos permitir que el pecado controle nuestra vida, ni caigamos ante los deseos pecaminosos (Romanos 6:11-12). Así como la vida de estos siervos cambió radicalmente al tener un encuentro personal con Dios y obedecer a sus promesas, nuestra vida debe tomar un giro al aceptar esta nueva identidad, una nueva manera de pensar y actuar siguiendo la Palabra de Dios.  Oración.
Señor, me diste un nuevo comienzo, soy nuevo gracias a Cristo y el pecado no gobierna en mi vida, dirige mis pasos y fortaléceme en tu verdad, para vivir arraigado en tus promesas, sobreedificado en tus principios y lleno del fruto del Espíritu Santo. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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miércoles, 27 de noviembre de 2019

Alaba a Dios. Parte 1


Alaba a Dios. Parte 1
“Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila”, Salmo 103:1-5
En el antiguo testamento, los términos usados para alabanza son ‘halal’ significado parafraseado de hacer ruido, ‘yada’, relacionado con acciones y gestos corporales que acompañan la alabanza, y ‘zamar’ término relacionado con la música y el canto. En el Nuevo Testamento el término usado es ‘eujaristein’, que literalmente significa dar gracias y ‘eulogein’ que significa bendecir, ambos sugieren una relación íntima con la persona que es objeto de la alabanza.
En la Biblia entera se hallan muchos casos de alabanza que surgen espontáneamente de un corazón agradecido por los favores realizados por Dios. En Salmos 104:31 se declara que la gloria es para Dios y Él se deleita y complace en sus obras, y toda la creación expresa su gozo en alabanza (Job 38:7).
Nosotros fuimos creados para alegrarnos en la obra de Dios (Salmo 90:14-16), y para expresarle a Él todo nuestro gozo por los favores recibidos, incluyendo su perdón por nuestros pecados, porque cuando el reino de Dios llega a nuestro corazón (Es decir Cristo mora en nosotros), es restaurada en nosotros la alegría, la plenitud y a pesar de la dificultades que puedan existir, es quitada la angustia y esto produce un gozo inefable, que deriva en alabanza a Dios (Isaías 9:1-2).
Poder realizar la acción de gracias hacia Dios, expresada en alabanza, aun en medio de los sufrimientos de la vida diaria, santifica todos los aspectos de nuestra vida (1 Corintios 10:30-31) y es muestra de una ofrenda real y verdadera a Dios (Filipenses 2:17), así que empecemos nuestro día alabando a Dios con todo agradecimiento. Oración.
Señor, gracias por la vida eterna que me diste en Cristo, aun en medio de aflicciones te alabaré, tú eres la mayor alegría y en tu Palabra encuentro regocijo. Te alabo oh, mi Dios, por las grandes cosas que haces en mi vida y por lo que harás poderosamente en mí, para tu gloria y honra. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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martes, 26 de noviembre de 2019

Un cambio de dentro hacia afuera


Un cambio de dentro hacia afuera

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que, por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, más por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.”, Mateo 23:27-28
El Señor Jesús, de manera contundente, declaraba la verdad a los religiosos de la época, porque en apariencia, daban la impresión de ser justos, buenos y personas rectas, pero en sus corazones no había un cambio verdadero, estaban llenos de hipocresía, desenfreno, y exigían a los demás cumplir rígidamente leyes que ni ellos mismos cumplían (Mateo 23:4).
De qué sirve que nosotros tengamos en apariencia ser justos y buenos, pero en realidad nuestra mente está llena de malos pensamientos y nuestras acciones no cumplen el nuevo mandamiento del amor (Juan 13:34-35).
Necesitamos, por tanto, ser renovados en nuestro interior, alejar la hipocresía y la mentira de nosotros mismos y de nuestro prójimo, quitarnos ese ropaje de la vieja naturaleza con sus vicios y colocarnos la nueva que Cristo nos dio en la cruz, que se va renovando hasta que lleguemos al pleno conocimiento de Dios. (Colosenses 3:9-10).
El cambio debe indefectiblemente tener un punto de inicio, y es en la fe de Cristo porque sin Él no hay un cambio verdadero, por esto Él nos dice “…El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24). Por esto debemos ir a su Palabra para que el cambio sea desde dentro hacia afuera, puesto que Jesús dijo en Juan 5:46-47 “Porque si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?” ¿Crees en lo que está escrito? Empieza hoy el cambio en tu vida, escudriñando las escrituras (Juan 5:39) Oración.
Señor, anhelo un cambio profundo en mi vida, guíame por lo tanto en tu Palabra, porque da testimonio de Cristo para vida eterna, permíteme ser renovado en mi interior y que esto se refleje en mi vida externa con toda bendición y fruto de amor. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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lunes, 25 de noviembre de 2019

Como a vaso frágil


Como a vaso frágil
“Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.”, 1 Pedro 3:7
Nos han enseñado a los hombres que somos la cabeza del hogar y a tener autoridad, pero no debemos ser autoritarios, no debemos ser duros con las mujeres ni con nuestra familia, ni impositivos, sino tratar a todos con amor y ternura.
Nuestro compromiso es santificar a nuestra esposa, hermanos y/o a quienes tengamos a cargo, con la Palabra de Dios; porque la responsabilidad Bíblica de todo varón es ser el pastor de su familia, enseñando con diligencia la Palabra de Dios a sus hijos y a su cónyuge, con amor. Si hemos de corregir que sea “suavecito y al oído”, esto es, con ternura, con paciencia y amabilidad, porque como nos enseña la Palabra de Dios, el amor no se irrita fácilmente, no guarda rencor. (1 Corintios 13).
Pidamos a Dios que nos llene de todo su amor, tratemos a quienes tenemos bajo autoridad con cariño y suavidad, con todo respeto y a las mujeres como a vaso más frágil, porque participan por igual del regalo de la nueva vida que Dios nos ha dado por la fe en Cristo, así nuestras oraciones no tendrán estorbo. Entonces seremos verdaderos protectores y proveedores de nuestro hogar. Oración.
Señor, ayúdame a ejercer con sabiduría y amor el rol que has dispuesto para mí, sabiendo que de todo tendré que dar cuenta, ayúdame a ser administrador fiel del amor que estoy llamado a compartir. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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domingo, 24 de noviembre de 2019

Comienza de nuevo, pero en Cristo


Comienza de nuevo, pero en Cristo
“Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; más los impíos caerán en el mal.”, Proverbios 24:16
“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”, 1 Juan 1:8-9
¿Hemos caído en el mismo error una y otra vez? ¿Tenemos problemas con los demás porque no hemos cambiado un mal comportamiento frente a alguna situación, ira, malos pensamientos, malos deseos?
Si de verdad estamos cansados de repetir lo malo, debemos ir a ser tratados por nuestro Maestro, en lo más profundo de nuestro interior, confesar sin excusas nuestro pecado a Dios, reconocer la necesidad de su dirección y pedirle la fuerza para no caer nuevamente (Salmo 51).
El cómo nos levantemos y con quién, luego de una derrota, sea del pecado o de alguna situación desfavorable, dependerá si volvemos a repetir y a sufrir las consecuencias; damos un giro radical a la manera en que hacemos las cosas o seguimos en un ciclo que nos hará perder tiempo, bendiciones y propósito. De esto se trata el arrepentimiento, de reconocer que hemos actuado independientemente (Jeremías 3:13), y de que no prosperaremos si encubrimos la maldad en nuestro corazón y nos apartamos de ella para alcanzar el favor de Dios (Proverbios 28:13).
Por esto, comencemos de nuevo si hemos caído, pero esta vez haciendo algo diferente, tomemos la mano de Cristo al levantarnos, es decir, permitamos que nuestro corazón sea guiado por la escritura, creyendo cuando nos enseña que somos nuevas creaciones y no tenemos por qué ser esclavos del pecado (2 Corintios 5:17), estando aún más atentos a sus indicaciones, que día a día nos ofrece por medio de su Palabra y su Espíritu.
hermano, comienza de nuevo si has caído, levántate confesando tu pecado a Cristo, pero empieza a actuar con una forma de pensar diferente y con una actitud de disposición total a seguir con amor y pasión sus instrucciones de vida. Oración.
Señor, sé que he caído muchas veces, que no he hecho lo que te agrada, pero no quiero repetir el mismo error, ayúdame en mi debilidad, quiero que tú me corrijas, me afirmes y llenes de bendiciones mi vida. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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sábado, 23 de noviembre de 2019

Doblar rodillas ante Dios


Doblar rodillas ante Dios

“Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.”, Lucas 22:41-44
No hay una posición física más aceptable que otra para Dios, cuando oramos, pero sí una disposición y una actitud que le agrada cuando vamos a su presencia: que arrodillemos nuestro corazón, dejando todo orgullo, que vayamos con un corazón arrepentido, porque el Señor no desprecia a quien con sinceridad se humilla y se arrepiente (Salmo 51:17).
Esta humillación, no es el concepto humano de ofensa, sino el de ir con humildad ante Dios y reconocer nuestra necesidad de Él y nuestro pecado, porque Dios anhela que doblemos todo orgullo, que lo adoremos con pleno conocimiento de quién es Él, de su santidad, poder y su gran amor; por esto se revela a sí mismo a través de la Palabra de Dios, la cual nos va enseñando a reconocerlo en todos nuestros caminos, a no creernos sabios ni entendidos en nuestro propio entendimiento.
Entonces, arrodillarnos ante Dios se trata de reconocer que Él no mira lo que miramos nosotros sino que conoce nuestro corazón (1 Samuel 16:7) y mira nuestra actitud hacia el prójimo, si verdaderamente le hemos perdonado la ofensa (Mateo 6:14,15), si de verdad pedimos con fe (Santiago 1:6) y conforme a su voluntad (1 Juan 5:14), además, si lo que pedimos es sin egoísmo (Santiago 4:3), si igualmente tratamos a nuestra esposa con ternura y dignamente (1 Pedro 3:7), para que nuestra oración no sea estorbada y si reconocemos con humildad cuando fallamos ante Él (Lucas 18:9-14). Luego de este autoexamen, podemos contestar si nos estamos, verdaderamente, arrodillado ante Dios. Oración.
Señor, vengo ante ti con corazón contrito y humillado, reconociendo mi necesidad de ti, pero también te pido que me muestres todo aquello que no te agrada de mí y me des la fuerza para dejarlo. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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