lunes, 19 de agosto de 2019

EL PRIMER MANDAMIENTO


EL PRIMER MANDAMIENTO
“No tendrás dioses ajenos delante de mí.”, Éxodo 20:3
Significa que Dios debe ocupar el primer lugar en nuestro corazón, no la pareja , ni el trabajo, ni ninguna otra cosa creada. Es decir, todo lo demás es también importante pero la prioridad es Dios. Jesús explicó este mandamiento diciendo que debemos amar a Dios con toda nuestra mente, alma y corazón (Mateo 22:37-40). Esto quiere decir que, si permitimos que otra cosa ocupe el lugar de Dios, habrá un vacío inevitable y un desorden en nuestro interior, será como tratar de construir una casa al revés o sin cimientos, todo se caerá (Mateo 7:24). No podemos colocar por ejemplo a nuestra pareja o cónyuge como un dios, es decir darle todo nuestro tiempo, pensamiento, voluntad e intenciones. Primero es Dios, luego confiando en Dios por medio de Jesucristo, Él nos ayudará a que todas las demás cosas tengan su justa medida y orden.
Pero también se define el verdadero amor, nadie puede amar a otra persona sino se llena del amor de Dios primero, porque no se puede dar de lo que no se tiene, si es así, aquello que llamamos “amor” solo serían sentimientos y emociones desbordadas, si no se tiene a Cristo en el corazón.
Que nuestra prioridad sea entonces llenarnos del amor de Dios, conocerlo y obedecerlo (oye estas palabras, y las pone en práctica), para que nuestros sentimientos estén bajo su control, que nuestra prioridad sea Dios antes que los hombres o cualquier otra cosa. Oración.
"Padre, que mi prioridad seas tú, estar en tu presencia y conocerte, para que tu luz se refleje en mí en todas las cosas. Ayúdame a organizar las prioridades de mi vida y a ser sabio y entendido de cuál es tu voluntad. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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domingo, 18 de agosto de 2019

APRENDER, RECIBIR, ESCUCHAR Y HACER


APRENDER, RECIBIR, ESCUCHAR Y HACER
“Lo que aprendieron, recibieron, oyeron y vieron en mí, esto hagan; y el Dios de paz estará con ustedes.”, Filipenses 4:9
Aprendemos con el ejemplo, y el ejemplo más grande que tenemos es Jesús, por esto Pablo, luego de ser un hombre diferente gracias a la fe en Cristo, declara: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1), y también se nos aconseja a ser imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia han alcanzado las promesas (hebreos 11:1).
Como niños que ven el ejemplo de sus Padres y que aprenden de sus maestros, debemos así mismo con los asuntos de Dios, ser diligentes en formarnos en la sabiduría que nos enseña Cristo; como todo proceso de educación, primero debemos aprender su Palabra, recibirla con toda expectativa y alegría escuchando atentamente lo que Dios dice, para luego ponerlo en práctica; otros así mismo verán que estamos creciendo y seremos dignos de imitar, conforme dice la Palabra: ¨Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo,¨ (1 Tesalonicenses 1:6)
Si Cristo mora en nosotros y crece su amor al poner en práctica todas sus enseñanzas, notaremos que otras personas nos querrán imitar, entonces como creyentes ¿estamos dando ejemplo del amor de Cristo? ¿Estamos siendo formados en la sabiduría bíblica para luego ponerla en práctica?
Seguir los pasos de Cristo es la verdadera manera de dejar huella en esta tierra y en el corazón de muchas personas, por esto, debemos seguir estas instrucciones acerca de cómo nos conviene aprender, andar y agradar a Dios, para así seguir progresando cada vez más, siendo santificados y preparados para toda buena obra (1 Tesalonicenses 4:1-8.) Oración.
"Gracias Señor porque me has dado a Jesús para seguir su ejemplo y serlo para los demás; te ruego que mis pasos te sigan y te agraden para que otros puedan seguir mi huella que te refleja a ti. Ayúdame a qué yo me esfuerce hacer guiado por tu Espíritu, te lo pido en el nombre de Jesucristo tu Hijo Amen.

sábado, 17 de agosto de 2019

FIELES


FIELES
“Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones;” Deuteronomio 7:9
Frente a las dificultades o las pruebas, Dios ya sabe lo que haremos, ¿cómo será nuestra respuesta? pues Él nos conoce, si seremos fieles o no ¿entonces porque razón permite circunstancias difíciles en nuestra vida? Porque Él quiere que nosotros sepamos acerca de estas debilidades, que reconozcamos si somos fuertes o débiles, o si hay un pecado a la puerta que debemos confesar y Él en su fidelidad nos perdonará (1 Juan 1:9).
Este es el primer aspecto para empezar a ser fieles, confesar todo pecado, pues Él quien es fiel nos perdona y nos limpia.
Además de esto, Él nos ayuda en nuestra debilidad, pues limita la tentación, no permite que seamos tentados más allá de los que podemos resistir, porque fiel es Dios que nos dará la salida para que podamos soportar (1 Corintios 10:13). Así mismo, nos dará paz en medio de la dificultad, y porque es Dios fiel nos mantendrá en una paz que sobrepasa todo entendimiento, guardando nuestro corazón y nuestro pensamiento en Cristo Jesús (Filipenses 4:7), así lo promete y así lo cumplirá como muestra de su fidelidad.
Otro aspecto es que Dios limita el poder del mal, porque Él es fiel y nos dará firmeza para resistir, nos fortalecerá y nos protegerá del maligno.
Estos cuatro aspectos de la fidelidad de Dios son lo que debemos aprender y tomar para que confiando en Dios, como consecuencia de aplicar estos principios, seamos verdaderamente fieles, gracias a un Dios fiel que nos cubre y bendice en todo lo que necesitamos. Hermano, recuerda estos puntos y aplícalos en tu vida, y Dios que es fiel, recompensará tu vida grandemente.  Oración.
"Oh Dios, cuán grande es tu fidelidad, puedo estar seguro en tu Palabra, porque fiel y verdadera es, guíame a entender y aplicar el atributo de tu fidelidad en mi vida, para ser un hijo fiel, que lleve mucho fruto. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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viernes, 16 de agosto de 2019


 ” porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.”, 2 Corintios 1:20
Dios no duda, no dice “tal vez” o “probablemente lo haré”. Dios hace lo que dice, cumple lo que promete. (Números 23:19-20).
En Cristo nos dio preciosas y valiosísimas promesas, porque su consejo no falla, es inmutable, porque su juramento fue mediante la preciosa sangre de su hijo (Hebreos 6:12-20), para que tengamos certeza y una confianza que espera con paciencia, que no desmaya. Esta confianza nos da plena seguridad; es como el ancla de un barco, que lo mantiene firme y quieto en el mismo lugar.
Y estas promesas se cumplen en nosotros; somos la evidencia del cumplimiento de su Palabra cuando las creemos y esperamos en ellas fielmente, cuando las recordamos y hacemos de ellas nuestro más grande tesoro. Él nos promete: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.” (Isaías 41:10), “Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová.” (Isaías 54:17 ), “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”(Filipenses 4:19), “Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios. Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios;” (2 Corintios 9:10-12).
Estas y muchas otras promesas, producen en nosotros confianza y total seguridad para que sin dudar encomendemos al Señor nuestro camino, confiemos en Él y Él hará, (Salmos 37:3-5).    Oración.
"Señor gracias por tus promesas que en Cristo me has dado, para que las use en todo tiempo como tesoro espiritual, ayúdame a recordarlas en toda circunstancia. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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jueves, 15 de agosto de 2019

TUYOS SOMOS


TUYOS SOMOS
 "Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias", Apocalipsis 3:12-13
Los cristianos fieles serán pilares en el Templo de Dios. Es Jesús quien hace del creyente una columna y no los hombres. Las columnas en las iglesias son aquellos que son usados por el Espíritu Santo para sostener y equilibrar a la congregación. En la iglesia primitiva del siglo I, los pilares fueron Pedro, Santiago y Juan (Gálatas 2:9)
Los creyentes vencedores serán columnas vivientes en el templo celestial. “Nunca más saldrán de allí”, dando la seguridad de la comunión eterna con Dios. Sólo los redimidos por la sangre de Cristo son invitados a entrar al cielo. Esta promesa de estabilidad es la que se encuentra en la serena paz que Jesucristo provee.
En la antigua Asia Menor, cuando un sacerdote moría y se había caracterizado por su fidelidad a Dios, se le honraba en el templo erigiendo un pilar y escribiendo su nombre y el de su padre en él. Este honor que confiere Cristo será permanente para todos los que le sirven con fidelidad. “Y escribiré sobre él el nombre de mi Dios”. Los fieles llevarán la marca inconfundible de pertenecer a Dios.
Esta marca nos fue dada por el Espíritu Santo en el momento de nuestra conversión, cuando fuimos sellados para el día de la redención eterna. El sello del Espíritu indica que somos hijos de Dios, pertenecemos a Él y nos mantendrá eternamente bajo el cuidado protector de Dios, a salvo de Satanás, el pecado y el juicio.
En el Antiguo Testamento Dios le dijo a Moisés que cuando Aarón y los sacerdotes bendijeran al pueblo pondría su nombre sobre ellos. Números 6:27 “Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré”. Esta es la misma idea para la iglesia de hoy, nosotros tenemos la señal de pertenecer a Dios, para que el mundo entienda que somos su pueblo.
También el nombre de la nueva Jerusalén, alude al derecho fundamental que se le otorga al cristiano como ciudadano de la ciudad celestial. Cristo escribirá en su fiel servidor su propio nombre nuevo. Apocalipsis 19:12 “Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo”. En el tiempo por venir, cuando Cristo haya conquistado todo el Universo, los servidores fieles llevarán la señal que muestre su pertenencia a Él, y participarán de su victoria.  Oración.
"Señor Jesucristo, gracias por tus promesas, porque un día me escogiste y me apartaste para ti, me diste el sello de tu Espíritu. Tuyo soy y quiero servirte fielmente. Hazme ese soporte y equilibrio para otras personas dentro de la iglesia. Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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miércoles, 14 de agosto de 2019

UN AVIVAMIENTO PERSONAL


UN AVIVAMIENTO PERSONAL
“Pero tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo; seré ungido con aceite fresco. Y mirarán mis ojos sobre mis enemigos; oirán mis oídos de los que se levantaron contra mí, de los malignos. El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán. Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes, para anunciar que Jehová mi fortaleza es recta, y que en él no hay injusticia”, Salmo 92:10-15
Busquemos la gracia del evangelio, para que, ungidos diariamente por el Espíritu Santo, podamos contemplar la gloria de Dios a nuestro alrededor. Del Espíritu Santo podemos recibir la gracia, la Palabra y el fruto que puede mantenernos vivos y fructíferos, llenos de su unción. Nunca disminuirá nuestra fuerza cuando estemos asidos a Cristo y alimentándonos diariamente de Él.
Nuestro mayor deseo debería ser conectarnos con Dios y llegar a conocer más profundamente al Espíritu Santo. Es Dios quien trae avivamiento, un despertar nuevo a nuestra vida cuando tenemos un corazón dispuesto y arrepentido y un espíritu con hambre y sed de Él. El avivamiento debe traer cambios radicales en nosotros, el poder morir a todo lo terrenal y el tener un aumento en nuestro deseo por Cristo y su Palabra.
Nos dará más valentía para compartir el evangelio, llevar una vida más santa y una genuina alabanza y adoración en nuestra vida. Avivarse es despertar un anhelo por las cosas de Dios. Es cambiar nuestro foco de atención por las cosas del mundo o por nosotros mismos y colocarlo en hacer lo que Dios quiere. Las prioridades cambian y le damos más importancia a profundizar en el estudio de la Palabra de Dios. El avivamiento trae una nueva unción y un aire fresco a los fundamentos de nuestra fe. La oración se transforma en una pasión y la adoración se vuelve una necesidad.
¿Tenemos el anhelo ardiente de que Dios se mueva en nuestra vida y que nuestros deseos por buscar a Dios sean renovados? Pidamos a Dios que vuelva a incendiar nuestro corazón, que tengamos hambre espiritual que nos lleve a plantarnos en su presencia y a vivir en comunión. El vigor, la longevidad, la utilidad, la fragancia y hermosura de los árboles que describe el salmo representan la vida, el carácter y el destino de los creyentes que permanecen en Dios.   Oración.
"Señor Jesús, aviva mi corazón, enciende la llama de tu Espíritu, dame nuevas fuerzas como las del búfalo y renuévame interiormente para experimentar una unción fresca que me haga amar estar en tu presencia, conocer más tu Palabra y hablar de ti con más valentía. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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martes, 13 de agosto de 2019

PRECIOSA SANGRE DE CRISTO


PRECIOSA SANGRE DE CRISTO
“¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?”, hebreos 9:14
“elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas”, 1 Pedro1:2
Para poder nosotros acceder a la presencia de Dios, se requirió pureza. El pecado humano tenía que ser expiado y su inmundicia lavada por Jesús, quien cumplió cabalmente con ese propósito al presentarse delante de Dios, no sólo como Sacerdote sino como el Cordero para el sacrificio. Si fuéramos más conscientes de lo que significó ese derramiento de sangre de Jesús, seriamos más cuidadosos con nuestra vida espiritual y haríamos todo lo posible por agradar a Dios.
El sacrificio de Cristo en perfecta obediencia hasta la muerte de cruz, nos dio acceso directo a Dios, quitó toda barrera que nos separara. Su sangre preciosa derramada limpió nuestra alma. En los sacrificios antiguos el cuerpo de una persona podía estar ritualmente limpio, pero su corazón lleno de suciedad. Esa persona se podía sentir temporalmente libre para estar en el tabernáculo y sin embargo, estar lejos de la presencia de Dios.
Su sangre liberó nuestra conciencia del pecado porque nos trajo perdón, su sangre nos presenta a un Dios que nos espera siempre con sus brazos abiertos y su corazón lleno de amor. Su sangre nos dio la redención eterna, fue el precio más alto para liberarnos de la condición de esclavos del pecado y de Satanás, su sangre nos permite dejar las obras de la muerte y poder ser servidores del Dios vivo, con una vida nueva, limpia y útil.
Su sangre nos coloca en una debida relación con nuestro Padre celestial, pues trajo su amor a nuestros corazones, la presencia del Cristo vivo con todo su poder para poder vencer el pecado en todo momento y en toda situación. Su sacrificio por nosotros fue voluntario, espontáneo, racional pues sabía lo que estaba haciendo, murió no como una víctima ignorante sino consiente de su entrega, producto del más grande amor. Ofreció su sacrificio por el Espíritu eterno que había de darnos para morar en nosotros, no fue una cuestión ritual y mecánica como los sacrificios pasados, sino que detrás de su muerte estaba la libre elección del amor por nosotros.
Por su sangre somos el pueblo escogido cuyo rey es Dios, nuestro hogar la eternidad y exiliados del mundo, porque, aunque estemos en este mundo ya no somos de él. Su sangre nos confirió el honor de ser usados para los propósitos divinos y ser instrumentos de salvación para los demás.  Oración.
"Señor Jesucristo, me elegiste para ser consagrado por tu Espíritu. Despierta dentro de mí tu bondad y amor por la humanidad perdida, capacítame para ser libre del pecado y ser lleno del fruto de tu Espíritu. Me elegiste para obediencia y para ser rociado con tu sangre preciosa, purificándome y apartándome para tu servicio. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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