viernes, 30 de noviembre de 2018

Confrontación


Confrontación
“Pero si es de Dios, no podréis destruirlos; no sea que os halléis luchando contra Dios”, Hechos 5:39. Los líderes religiosos creían que su pesadilla de lidiar con Jesús había terminado con su muerte en la cruz. Y es que, con Su predicación, Él los había confrontado con la realidad, y las ataduras de su corazón les impedían ver y regocijarse en la obra que Dios estaba haciendo.
Esto a pesar de reconocer, como Nicodemo, que Jesús venía de Dios, ya que nadie podría hacer lo que Él hacía si Dios no estaba con él. Y es que es una realidad que una vez que nos hemos topado con Jesús y Su mensaje, nunca más seremos los mismos. Jesús y el evangelio siempre nos van a confrontar con las realidades de nuestro propio corazón vez tras vez. Siempre la cruz será piedra de tropiezo a nuestro planes y visión de la vida, así como de lo que creemos que necesitamos para vivir felices, tranquilos y seguros. Siempre seremos recordados que estamos actuando como si no tuviéramos que rendir cuentas a nadie. Esto no solo ocurre en el contexto de la sociedad “allá afuera”, pero también en la iglesia, donde el temor al hombre y las dinámicas del corazón se continúan revelando.
Precisamente antes de este episodio, el pasaje nos habla de Ananías y Safira y las maquinaciones de su corazón. Pensaba también en la misma experiencia de Pedro. Él también había sido confrontado con estas realidades de su corazón, que las había reconocido, se había arrepentido y había experimentado el perdón y restauración al poner su fe y confianza en el “Cristo, el hijo del Dios viviente”. Que el Señor nos haga sensibles en nuestro corazón a la continua obra de Su Espíritu, al mostrarnos cuando nos encontramos peleando con Dios mismo, y que podamos inclusive bendecir Su nombre por la realidad de Su bendita confrontación, ya que en ella Dios está haciendo Su obra de liberación y restauración. Piensa en esto y encuentra tu descanso en Él. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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jueves, 29 de noviembre de 2018

Saulo

Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco. En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios.” Hechos 9:18-30.  Pablo antes de tener su encuentro personal con Jesús, perseguía a los creyentes, pensando que era su deber “Hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús…” (Hechos 26:9), y conforme a esta visión diligentemente enfoca su vida en actuar en contra de Jesús.
En semejanza nosotros cuando no somos guiados por Jesús, tenemos una visión de la vida y la verdad de acuerdo a nuestro propio entendimiento (Proverbios 3:7), pensamos que tenemos razón, pero cuando vienen las consecuencias de andar de esta manera: el dolor, la muerte, la incertidumbre, la tristeza, la depresión y todo el fruto malo de andar sin Cristo, entonces comprendemos que así como el Señor abrió los ojos a Pablo, así también necesitamos que se caigan las escamas de nuestros ojos, para poder ver claramente el verdadero camino y dejar de estrellarnos.
Vivimos la vida tal como la vemos, es decir cómo nos parece; y esta es la perspectiva y enfoque de nuestro vivir y desear diario. Pero si lo que estamos viviendo y pretendiendo no es importante ¿Nos hemos preguntado si todo aquello a lo que hemos enfocado nuestros ojos es lo correcto, es lo verdadero?
Jesús es la verdad en si mismo, y nos enseña a poner nuestra mirada en ÉL, entonces podremos ver realmente, por eso nos pregunta ¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios? (Mateo 11:40)
Por lo tanto, pidamos hoy a Jesús que alumbre los ojos de nuestro entendimiento, para que conozcamos cuál es la esperanza a la que Él nos ha llamado y cuáles las riquezas de su herencia (Efesios 1:18), entonces miraremos claramente, de la misma forma que mira Jesús, conociendo la verdad y como consecuencia siendo libres de la mentira.  Oración.
Señor, abre mis ojos espirituales, permíteme entender tus preceptos y ver tu gloria. Amén.        Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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miércoles, 28 de noviembre de 2018

Ananías


Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión a un varón llamado
Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista. Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado”, Hechos 9:11-18.  Nuestra oración puede obrar transformaciones poderosas en la vida de las personas que nos rodean. Puede ayudar a otros a salir de la oscuridad donde se encuentran y ver la luz de Cristo.
En este pasaje vemos a Ananías que recibe un mensaje del Señor para que fuera ayudar a Saulo. Y aunque el mensaje le pareció extraño se dispuso a obedecer. El Señor le pedía orar por el hombre que había perseguido enérgicamente a la iglesia del primer siglo y era natural que Ananías sintiera un poco de recelo y de temor, sin embargo, se dirigió a Saulo de una manera muy fraternal, reconociéndolo como su hermano recién convertido que necesita sentir el amor cristiano, la aceptación y el perdón de otros.
Este es uno de los más sublimes ejemplos del amor cristiano que va más allá de los sentimientos y dudas que podamos tener sobre otros. Y es que no estamos llamados a juzgar, sino a ayudar a las personas que apenas empiezan su vida cristiana y que todavía son débiles en la fe, que necesitan nuestra oración y guía para caminar en el Espíritu, que necesitan abrir sus ojos a la verdad de la Palabra de Dios, que necesitan ser transformados en un nuevo ser por la gracia regeneradora de Cristo.
Pablo después del encuentro con Jesús en Damasco ya no respira amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, sino que se dispone a orar. Así, muchos de los nuevos creyentes oran para ser perdonados, restaurados y transformados. Por eso no debemos poner objeciones cuando se nos manda a hacer la voluntad de Dios. Independientemente de nosotros, Dios es soberano y hará su obra en quién Él quiera y como Él quiera. Porque él ve más allá de nuestros ojos humanos, ve a las personas totalmente cambiadas como instrumentos escogidos para la gloria y honra de su nombre.
Cuando nos disponemos a orar por otros la cura espiritual es sobrenatural, el Señor obrará milagros, señales y prodigios que ni nos imaginamos en las personas que ha escogido y miraremos cambios radicales como el de Saulo en Pablo. Dios dará el trato que cada uno necesite, Pablo sufriría por la fe. El cristianismo no solo incluye grandes bendiciones, sino también grandes sufrimientos.
La gente sabrá que hablamos la verdad cuando vea un cambio convincente en nuestra vida.  Oración.
"Amado Señor, que mi testimonio de vida y lo que haga indiquen que estoy lleno del Espíritu Santo, caminando en su plenitud. Enséñame a no juzgar a mis hermanos en la fe por sus acciones, sino ayudarlos a crecer en gracia y conocimiento delante de ti. Amén.     Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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martes, 27 de noviembre de 2018

Solo con Dios


 Solo con Dios.  Hechos.9. 8. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevando por la mano, le metieron en Damasco. El Apóstol Pablo tuvo una experiencia en el camino a Damasco: “Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, más sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevando por la mano, le metieron en Damasco”. Él había quedado ciego. Él había visto al Cristo glorificado. Y sólo yo, Daniel, vi aquella visión [de Cristo después de Su encarnación], y no la vieron los hombres que estaban conmigo, sino que se apoderó de ellos un gran temor, y huyeron y se escondieron. (Daniel 10:7)
 Había otros allí con Daniel, pero solo él vio la visión. Es evidente por los muchos incidentes relatados que solo el Espíritu Santo puede identificar al Señor Jesucristo, y eso es lo que hizo para Daniel.
El Señor Jesucristo dijo en Juan, capítulo 16:14, con respecto al Espíritu Santo: "Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.  Quedé, pues, yo solo, y vi esta gran visión, y no quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento, y no tuve vigor alguno." (Daniel. 10:8. Daniel había quedado solo.  Esta experiencia es maravillosa para este hombre de Dios, y muchos han gozado de una experiencia similar. Abraham dejó a Ur de los caldeos, y a sus familiares y fue solo con Dios.
Moisés fue enviado al desierto de Madián, y ante la zarza ardiente él estuvo solo con Dios.
Elías fue disciplinado cerca del arroyo de Querib, y Dios estaba con él.
Jeremías anduvo por un camino solitario, pero Dios estaba con él.
Juan el Bautista estuvo solo en el desierto, pero Dios estaba con él.
Pablo pasó dos años de confinamiento solitario en el mismo desierto, pero eso fue la oportunidad de Dios para entrenarlo.
El apóstol Juan fue exiliado en esa isla solitaria de Patmos.  Pero, Dios estaba con él.
Hay muchas personas que se reúnen para tener grandes reuniones de oración, grandes reuniones juntos. Amigo oyente, ¿ha tratado alguna vez de estar solo? Allí es donde Dios se encuentra con usted, no en la multitud, sino cuando usted está solo. ¿Por qué no toma la Palabra de Dios y se aparta solo con Él? Eso puede ser algo muy bueno para todos los que lo Hagamos. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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lunes, 26 de noviembre de 2018

¿Quién eres, Señor?


Hechos 9. 5-6.  Él dijo:
¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.  Cuando nos encontramos con Cristo y depositamos toda nuestra fe en Él, una de las cosas que más nos preocupa como cristianos es como conocer la voluntad de Dios para nuestra vida. Nuestra actitud debería ser como la de Pablo ¿Señor, ¿qué quieres que yo haga? Lo que quiere decir que el conocimiento de su voluntad más que un método, es un asunto de disposición.
Para comprobar la buena voluntad de Dios agradable y perfecta, debemos rendir de manera voluntaria y racional nuestra vida a Dios. O sea, que no basta con la disposición, sino que esta debe ir unida a la obediencia a su Palabra. La voluntad de Dios para un cristiano está expresada claramente en la Biblia y parte de esta, es el compromiso de cumplir el mandato divino de la Gran Comisión. Buscar, ganar y salvar almas perdidas para Cristo.
Pensemos como podemos colocar nuestra vida al servicio de Dios para cumplir su voluntad, que puedo darle a Dios. Mi tiempo, mi dinero, mis talentos y habilidades. Puede ser uno o todos, pero el objetivo es extender el Reino de los Cielos en esta tierra. Recuerda que cuando nos ocupamos de las cosas de Dios Él se ocupa de las nuestras, permitiendo que seamos personas realizadas y felices, porque Él cumplirá todos sus propósitos en nosotros.
¿Qué está impidiendo el cumplimiento de la voluntad de Dios en nuestra vida?    Oración.
Señor, quiero hacer tu voluntad y no la mía, porque tus caminos y tus planes para mí, son mejores y más excelentes. Quiero ser guiado por tu Espíritu. Lo único que quiero es agradarte. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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domingo, 25 de noviembre de 2018

Saulo


Saulo conocido como el Apóstol Pablo camino de damasco tuvo un encuentro con Jesucristo. Y su vida fue trasformada. Hechos c. 9. 1. Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote,
2. y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que, si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén.
3. Mas yendo por el camino, aconteció que, al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo;
4. y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
5. Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. A los primeros cristianos se les conocían por los del camino. Porque Cristo dijo Yo soy el camino la verdad y la vida nadie viene al Padre sino por Mi. Juan 14:6. Los registros del “antes y después” de las personas que han sido tocadas por Dios, son muchas no solo en la Biblia, sino en los testimonios que a diario escuchamos de cada persona que entrega su corazón a Cristo.
Los obstáculos son vencidos, las vitorias son logradas, los plebeyos son cambiados en reyes, los esclavos alcanzan liberación, los que no se conocen se vuelven héroes nacionales, los débiles se hacen fuertes, los pecadores se vuelven santos, los cobardes se hacen valientes, simples pescadores son trasformados en apóstoles, el hombre sin esperanza se levanta por convicción, los borrachos y viciosos son restaurados, los infieles se vuelven íntegros ,los violentos y envanecidos se vuelven tiernos y humildes, etc.
Por eso hay esperanza para aquel que está sumido en la desesperación, en la aflicción y está perdido en las tinieblas. Dios puede sacarlo de la más densa oscuridad, porque Él quiere y puede transformarlo en una nueva criatura. Para Él no hay nada difícil, ni imposible.
El testimonio de hoy es el del Saulo, un arrogante fariseo, intelectual y conocedor de la Ley de Dios, que fue el mayor oponente de la iglesia, persiguiendo a todos los seguidores de Cristo y que consintió la muerte de muchos. Este hombre que parecía poderoso y atemorizante a los ojos humanos, tuvo un encuentro personal con Cristo, donde su ego fue totalmente desnudado y dominado por Jesús resucitado. Ese hombre, se convirtió en el más grande defensor del evangelio de Jesucristo, fue cambiado en otra persona, Pablo el apóstol y más grande misionero de la iglesia primitiva. Esto nos muestra que Dios puede hacer de nosotros lo que Él quiere que seamos.
Dios nos llama a orar y a evangelizar para darle la oportunidad a aquellos que todavía no se han encontrado con Jesús. Oración
"Amado Jesús, te doy infinitas gracias por haberme rescatado de mi vana manera de vivir y darme una nueva oportunidad de vida, haciendo de mí esa persona que tú quieres que sea. Ayúdame a evangelizar, para ayudar a aquellos que todavía no te conocen. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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sábado, 24 de noviembre de 2018

Unidad y amor


Jesús quería ver unidad y armonía entre los miembros de la Iglesia, y lo mostró cuando oró pidiendo al Padre: “Y ya no estoy en el mundo; más éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros.” (Juan 17:11) “para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; Juan 17:21. Toda la Biblia contiene mensajes de armonía, pues la voluntad de Dios es que sus hijos vivan en acuerdo. La armonía debe empezar por uno mismo, renovando nuestra manera de pensar. Uno de los peores enemigos de la armonía son los pensamientos descontrolados, injustificados. Salomón lo pone muy claro: “Porque cuál es su pensamiento en su corazón tal es él” (Proverbios 23: 7. Si no hay armonía en nuestra mente, no podremos vivir en armonía con los demás. Si la armonía está dentro de uno mismo, ésta se proyecta en la congregación.
Por tanto, no permitamos que en nuestra comunidad se rompa la armonía por altercados que no tienen sentido, pues hay bendición para los que promueven la unidad.  La vida cristiana se vive en comunidad, y dice la Biblia: “no dejando de congregarnos,” hebreos 10: 25, pero no sólo es el hecho de estar juntos como hermanos, sino de tener una relación estrecha de armonía, unidad y amor.
La unidad es una acción del Espíritu Santo y la comunión es la acción de los creyentes. Por esto Pablo nos dice: “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;” Efesios 4:3, y Jesús dijo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”. Juan 13:35. Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía! […]; Porque allí envía Jehová bendición, Y vida eterna.” Sal 133:1, Oración
Padre Bueno, ayúdame a vivir en armonía junto a mis hermanos, amándolos como tú quieres que los ame, de manera incondicional. Gracias Señor, Amén. Difundiendo el mensaje de Jesucristo.
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