martes, 9 de enero de 2018

¿Qué hace sonreír a Dios?

¿Qué hace sonreír a Dios?

Que el SEÑOR te sonría...
Números 6:25 (BAD)

Sonríe sobre mí como tu siervo;
enséñame tu camino para vivir.
Salmos 119:135 (PAR)

Hacer sonreír a Dios debe ser la meta de nuestra vida.
Ya que agradar a Dios es el principal propósito de nuestra vida, la tarea más importante que tenemos es descubrir cómo hacerlo con exactitud. La Biblia indica que descubramos “lo que agrada al Señor para hacerlo” . Es una dicha que la Biblia nos presente un ejemplo claro de una vida que agradó a Dios. El hombre se llamaba Noé.
En su época, el mundo en su totalidad se hallaba en bancarrota moral. Todos vivían procurando su propio placer en lugar de complacer a Dios. Dios no encontró a nadie en la tierra interesado en agradarlo; estaba afligido y hasta le pesó haber hecho al ser humano. Estaba tan disgustado con la raza humana que consideró borrarla de la tierra. Sin embargo, hubo un hombre que lo hizo sonreír. La Biblia dice que: “Noé era del agrado del Señor”.
Dios dijo: “Este individuo me agrada. Me hace sonreír. Voy a comenzar de nuevo con su familia”. Tú y yo hoy estamos vivos porque Noé contó con el favor de Dios. Del estudio de su vida aprendemos los cinco actos de adoración que hacen sonreír a Dios.
Dios sonríe cuando lo amamos por encima de todo. Noé amó a Dios más que a nada en el mundo, ¡incluso cuando nadie más lo amaba! La Escritura afirma que “durante toda su vida Noé cumplió fielmente la voluntad de Dios y disfrutó una estrecha relación con Dios”.
Lo que Dios más desea contigo es tener una relación de amor. La verdad más asombrosa del universo es que nuestro Creador quiere estar en comunión con nosotros. Dios nos creó para amarnos, y anhela que nosotros también lo amenos. Él dice: “Porque más me deleito en la lealtad que en el sacrificio, y más en el conocimiento de Dios que en los holocaustos”.
¿Sientes palpitar la pasión de Dios en este versículo? Él le ama de todo corazón y desea, en reciprocidad que tú también lo ames. Como el anhelo de Dios es que lo conozcamos y que pasemos tiempo con Él, aprender a amarlo y ser amado por Él debería ser el mayor objetivo de nuestra vida. No hay ninguna otra cosa que tenga tanta importancia. Jesús lo llamó el mandamiento más importante. Dijo: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con toda tu mente... Éste es el primero y el más importante de los mandamientos”.
Dios sonríe cuando confiamos en Él completamente. Lo segundo que hizo Noé, que agradó a Dios, fue confiar en Él, incluso cuando parecía sin sentido. La Biblia dice que: “Por la fe Noé construyó un barco en plena tierra. Fue advertido sobre cosas que aún no se veían, y actuó basado en ello... Como resultado, Noé llegó a tener una amistad íntima con Dios”.
Imaginémonos la escena. Un día Dios se acera a Noé y le dice: “Los seres humanos me han decepcionado. En todo el mundo no hay nadie que piense en mí, salvo tú. Noé, cuando te miro, me haces reír. Estoy satisfecho con tu vida. Voy a inundar el mundo y comenzar de nuevo con tu familia. Quiero que construyas un barco gigante para que tú y los animales se salven”.
Había tres problemas que podrían haber hecho dudar a Noé. En primer lugar, él no conocía la lluvia porque antes del diluvio Dios irrigaba la tierra del suelo hacia arriba. La gente nunca había visto un arco iris. En segundo lugar, Noé vivía a mucha distancia del océano más cercano. Aunque pudiera aprender a construir un barco, ¿cómo haría para trasladarlo al mar? En tercer lugar, reunir a los animales y cuidar de ellos era un problema. Pero Noé no se quejó ni se excusó. Tenía plena confianza en Dios, a quien hacía sonreír.
Confiar plenamente en Dios significa tener fe en que Él sabe qué es mejor para ti. Esperas que cumpla sus promesas, te ayude con los problemas y haga hasta lo imposible cuando fuera necesario. La Biblia dice que: “Dios se complace en los que le honran y en los que confían en su constante amor”.
A Noé le llevó 120 años construir el arca. Supongo que hubo días en que se sintió descorazonado. Después de años y años sin ninguna señal de lluvia, lo tildaban con crueldad como “el loco que piensa que Dios le habla”. Me imagino que los hijos de Noé deben haber sentido vergüenza del enorme barco que su padre estaba construyendo en el jardín de la casa. Sin embargo, no dejó de confiar en Dios.
¿En qué aspectos de tu vida necesitas confiar más en Dios? La confianza es un acto de adoración. Así como los padres se alegran cuando sus hijos confían en su amor y sabiduría, nuestra fe contenta a Dios. La Biblia afirma que “sin fe es imposible agradar a Dios”.
Dios sonríe cuando lo obedecemos de todo corazón. Salvar a la fauna de un diluvio mundial requería poner atención a la logística y los detalles. Había que hacer todo exactamente de acuerdo con las instrucciones de Dios. Él no dijo: “Constrúyete cualquier bote que quieras, Noé”. No, Él le dio instrucciones detalladas acerca del tamaño, la forma y los materiales que debía usar, así como con respecto al número de animales que debía traer a bordo. La Biblia nos relata la respuesta de Noé: “Y Noé hizo todo según lo que Dios le había mandado”; otra versión dice que “hizo exactamente como Dios le mandó”.Observa que Noé obedeció absolutamente todo (no desobedeció ninguna instrucción), y con toda exactitud (en tiempo y forma de acuerdo con lo que dios le mandó). Eso es hacer algo de todo corazón. ¡Cómo no iba a sonreír Dios viendo a Noé!.
Si Dios te pidiera que construyeras un barco enorme, ¿tendrías preguntas, objeciones y reparos? Noé no las tuvo. Obedeció a Dios de todo corazón, lo que implica hacer cualquier cosa que Dios nos pida, sin reservas ni titubeos. Nada de andar con dilaciones y decir: “Voy a orar por eso”. Debemos hacerlo sin demora. Cualquier padre sabe que la obediencia con retraso es en realidad desobediencia.
Dios no nos debe ninguna aclaración ni explicación y de motivos cuando nos pide que hagamos algo. Para entender, podemos esperar; pero para obedecer, no. La obediencia instantánea nos enseñará más acerca de Dios que una vida de estudios bíblicos. En realidad, nunca entenderás algunos mandamientos si no los obedeces primero. Obedecer abre la puerta al entendimiento.
A veces intentamos ofrecerle a Dios una obediencia parcial. Queremos elegir y seleccionar qué mandamientos obedecer. Hacemos una lista de los mandamientos que nos gustan y los obedecemos, pero no tomamos en cuanta los que nos parecen irrazonables, difíciles, costosos o mal vistos. Asistiré a la iglesia, pero no diezmaré. Leeré la Biblia, pero no perdonaré a los que me lastimen. La obediencia a medias es desobediencia.
Cuando obedecemos de todo corazón lo hacemos con gozo, con entusiasmo. La Biblia nos exhorta:”Obedécelo alegremente”. La actitud del salmista fue decir: “Dime solamente qué debo hacer, y lo haré, Señor. Mientras viva, obedeceré de todo corazón”.
Santiago les habló a los cristianos diciéndoles que “agradamos a Dios por lo que hacemos y no sólo por lo que creemos”. La Palabra de Dios nos dice claramente que no podemos ganarnos la salvación. La salvación es por gracia, no por ningún esfuerzo de nuestra parte. Pero como hijos de Dios podemos agradar a nuestro Padre celestial mediante la obediencia. Cualquier acto de obediencia es también un acto de adoración. ¿Por qué a Dios le agrada tanto la obediencia? Porque es la demostración de que realmente lo amamos. Jesús dijo: “Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos”.
Dios sonríe cuando lo alabamos y le manifestamos una gratitud continua. Pocas cosas nos hacen sentir tan bien como recibir la alabanza y el aprecio de alguien. A Dios también le encanta. Sonríe cuando le expresamos nuestra adoración y gratitud a Él.
La vida de Noé complació a Dios porque vivió con un corazón lleno de alabanza y de acción de gracias. Lo primero que hizo Noé después de sobrevivir al diluvio fue expresar su agradecimiento a Dios: le ofreció un sacrifico. La Biblia afirma: “Luego Noé construyó un altar al Señor, y sobre ese altar ofreció holocaustos”.
Gracias al sacrificio de Jesús, hoy no ofrecemos sacrificios de animales como lo hizo Noé. En cambio, se nos manda ofrecer a Dios “sacrificio de alabanza” y “sacrificio de gratitud”. Alabamos a Dios por lo que Él es y le agradecemos por lo que ha hecho. David dijo: “Con cánticos alabaré el nombre de Dios; con acción de gracias lo exaltaré. Esa ofrenda agradará más al Señor”.
Algo asombroso sucede cuando ofrecemos a Dios nuestra alabanza y gratitud. Cuando lo alegramos, ¡nuestro propio corazón se llena de gozo!
A mi madre le gustaba cocinar para mí. Incluso después de haberme casado con Kay, cuando íbamos de visita a casa de mis padres; me preparaba una mesa con increíbles platos caseros. Una de las cosas que más le gustaba en la vida era vernos comer y disfrutar lo que nos preparaba. Cuanto más disfrutábamos la comida, más contenta se sentía.
Pero nosotros también disfrutábamos al hacerla sentir bien. El resultado era recíproco. Mientras comía sus platos, me deshacía en alabanzas y elogios a mi madre. No sólo quería disfrutar la comida, sino agradarla también. Todo el mundo se sentía feliz.
La adoración también opera recíprocamente. Puesto que disfrutamos lo que Dios ha hecho por nosotros, le expresamos nuestro gozo, y él también se regocija, lo que a su vez aumenta nuestra alegría. El libro de los Salmos dice que “los justos se alegran y se regocijan ante su presencia; están felices y gritan de júbilo”.
Dios sonríe cuando usamos nuestras habilidades. Después del diluvio, Dios le dio a Noé estas simples instrucciones: “Tengan muchos hijos y llenen la tierra. Pueden comer todos los animales y verduras que quieran, yo se los doy”.
Dios dijo: “¡Continúen con sus vidas”. Y a nosotros nos dice: “¡Ya es hora de que sigan con su vida! Hagan las cosas para las que concebí a los seres humanos. Tengan relaciones sexuales con su pareja. Tengan bebés. Críen una familia. Siembren una cosecha y coman. ¡Compórtense como humanos! ¿Para eso los creé!”.
Es posible que sientas que el único momento en que agradas a Dios es cuando desarrollas una actividad “espiritual”, como leer la Biblia, asistir a la iglesia, orar o testificar. Puedes pensar que a Dios no le interesan otros aspectos de tu vida. En realidad, Dios disfruta observando cada detalle de tu vida; ya sea que te encuentres trabajando, jugando, descansado o comiendo. No pierde de vista ninguno de tus movimientos. La Biblia nos dice que el Señor “dirige los pasos del hombre devoto, que Él se complace con todos los detalles de su vida”.
Cualquier actividad humana, excepto pecar, puede realizarse para agradar a Dios si la hacemos con una actitud de alabanza. Podemos lavar platos, reparar motores, vender productos, diseñar programas de computación, sembrar la tierra o criar una familia para la gloria de Dios.
Como un padre orgulloso de sus hijos, Dios disfruta de manera especial viéndonos usar los talentos y habilidades que nos dio. Nos ha dado, intencionalmente para su regocijo, diferentes dones a cada uno. A algunas personas las ha creado para destacarse en lo atlético, a otras para ser más analíticas. Podemos tener capacidad para la mecánica, las matemáticas o la música, o para cualquiera de tantas otras habilidades. Al llevar a cabo estas actividades podemos hacer que se dibuje una sonrisa en el rostro de Dios. La Escritura declara que “Él ha formado a cada persona y ahora observa todo lo que hacemos”.
No podemos glorificar ni agradar a Dios cuando escondemos nuestras aptitudes o intentamos ser distintos de lo que somos. Sólo puedes agradar a Dios si eres tú mismo. Cada vez que rechazas una parte de tu persona, desprecias la sabiduría y soberanía de Dios al crearte. Dios dice que no tenemos derecho a discutir con nuestro Creador: “¿Discute la vasija con su hacedor? ¿Disputa la arcilla con quien le da forma?”.
En la película Carros de fuego, el corredor olímpico Eric Liddell dice: “Creo que Dios me creó con un propósito, pero también me hizo veloz, y cuando corro, siento el placer de Dios”. Más adelante agrega: “Si dejara de correr, lo estaría despreciando”. Las aptitudes no espirituales no existen, sólo existe el uso indebido de ellas. Comienza a usar las tuyas para complacer a Dios.
A Él también lo complace verte disfrutar su creación. Te dio los ojos para que disfrutaras la belleza, los oídos para los sonidos y la música, el olfato y las pailas gustativas para los aromas y los sabores, y los nervios internos para el tacto. Cada circunstancia que disfrutemos se convertirá en un acto de adoración si le damos gracias a Dios por ella. En realidad, la Biblia dice que Dios “nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos”.
¡Dios incluso disfruta mirándote dormir! Todavía recuerdo la profunda satisfacción que me producía ver a mis hijos mientras dormían cuando eran pequeños. A veces llegamos a tener un día cargado de problemas con sus desobediencias, pero cuando dormían se veían satisfechos, seguros y tranquilos, mientras yo pensaba cuánto los amaba.
Mis hijos no tenían que hacer nada para que yo los disfrutara. Los amaba tanto que me alegraba con sólo mirarlos respirar. Mientras sus pequeños pechos subían y bajaban, sonreía, y hasta alguna vez los ojos se me llenaron de lágrimas por el gozo que sentía. Mientras duermes, Dios te contempla con amor, porque tú fuiste idea suya. Nos ama a cada uno como si fuésemos la única persona en la tierra.
Los padres no pretenden que sus hijos sean perfectos ni maduros para disfrutarlos. Los disfrutan durante todas las etapas del desarrollo. De la misma manera, Dios no espera que lleguemos a la madurez para comenzar a amarnos. Nos ama y disfruta en todas las etapas de nuestro desarrollo espiritual.
Mientras crecías, tus maestros o padres pudieron haber sido desagradables. No supongas que Dios siente lo mismo por ti. Él sabe que eres incapaz de ser perfecto y sin pecado. La Biblia dice: “Bien sabe nuestro Dios cómo somos; ¡bien sabe que somos polvo!”.
Dios se fija en la actitud de tu corazón: ¿Cuál es tu deseo más íntimo? ¿Agradar a Dios? Pablo estaba “empeñado en agradarle, ya fuera en su hogar aquí o allá”. Cuando vivimos a la luz de la eternidad, nuestro enfoque cambia. En lugar de plantearnos: “¿Cuánto placer me proporciona la vida?”, llegamos a pensar: “¿Cuánto placer le proporciono a Dios con mi vida?”. Dios está buscando personas como Noé para el siglo veintiuno: personas dispuestas a vivir para agradarlo. Su Palabra afirma: “Dios, desde el cielo, mira a hombres y mujeres; busca a alguien inteligente que lo reconozca como Dios”.
¿Agradar a Dios será la meta de tu vida? No hay nada que Dios no haga por quien se empeñe en alcanzar este objetivo.

DÍA NUEVE
PENSANDO EN MI PROPÓSITO

Punto de reflexión: Dios sonríe cuando confío en Él.

Versículo para recordar: “El Señor se complace en los que lo adoran y confían en su amor”. Salmos 147:11 (PAR)


Pregunta para considerar: Puesto que Dios sabe qué es lo mejor para mí, ¿en qué áreas de mi vida es que más necesito confiar en Él?

Marcos Witt - Danzare Cantare

lunes, 8 de enero de 2018

FUISTE PLANEADO PARA AGRADAR A DIOS


PROPÓSITO Nº 1

FUISTE PLANEADO PARA AGRADAR A DIOS

Para que sean llamados robles de justicia, plantío

del SEÑOR, par que Él sea glorificado.

Isaías 61:3 (LBLA)





Planeado para agradar a Dios

Porque tú creaste todas las cosas; existen y fueron

Creadas para ser de tu agrado.

Apocalipsis 4:11 (PAR)



Porque el SEÑOR se complace en su pueblo.

Salmo 149:4 (NVI)



Fuiste planeado para agradar a Dios.

En el momento que llegaste al mundo, Dios estaba allí como un testigo oculto, sonriendo por naciste. Quería que vivieras, y tu llegada a este mundo lo llenó de gozo. Dios no necesitaba crearte, pero decidió hacerlo para su propio deleite. Existes para el beneficio, gloria, propósito y deleite de Dios.

El primer propósito en la vida debiera ser agradar a Dios con tu vida, vivir para complacerlo. Cuando logres entender completamente esta verdad, sentirte insignificante nunca más será un problema para tío. Es la prueba de cuánto vales. Si eres así de importante para dios, y él te considera lo suficientemente valioso para que lo acompañes por la eternidad, ¿qué significado mayor podrías tener? Eres hijo de Dios, y ninguna otra cosa que Él ha creado le produce tanto deleite. La Biblia dice que “por su amor Dios ha dispuesto que mediante Jesucristo seamos sus hijos, ese fue su propósito y voluntad”.

Uno de los dones más grandes que Dios nos dio es la capacidad de disfrutar el placer. Nos “cableó” con cinco sentidos y emociones para que los podamos experimentar. Quiere que disfrutemos de la vida, no que solamente la aguantemos. Podemos disfrutar y sentir placer porque Dios nos creó a su imagen.

Solemos olvidarnos que Él también tiene emociones. Siente las cosas muy a fondo. La Escritura nos dice que Dios se aflige, se enoja y se pone celoso; que se conmueve y siente compasión, lástima y tristeza, así como también alegría, júbilo y satisfacción. Dios ama, se deleita, siente placer, se alegra, disfruta y hasta se ríe.

Agradar a Dios se conoce como “adoración”. La Biblia dice que Él “se complace en los que lo adoran, en los que confían en su gran amor”.

Todo lo que hagas para complacer a Dios es un acto de adoración. Así como el diamante, la adoración tiene muchas facetas. Requeriría varios volúmenes abarcar todo lo que implica comprender la adoración, pero consideraremos sus aspectos principales en esta sección.

Los antropólogos han advertido que la adoración es un anhelo universal: el diseño que Dios puso en las mismísimas fibras de nuestro ser; la necesidad innata de vincularnos consigo. La adoración es tan natural como comer o respirar. Si no adoramos a Dios, encontraremos un sustituto para adorar, y hasta podríamos acabar adorándonos. Dios nos creó con este deseo porque ¡quiere tener adoradores! Jesús dijo que el Padre “busca que le adoren”.

Según sea el trasfondo religioso que hayas tenido, posiblemente sea necesario aclarar lo que se entiende por “adoración”. Quizás tengas por entendido que la adoración se compone de las ceremonias en la iglesia con cantos, oración y un sermón. O puedes pensar en ceremonias, velas y en Santa Cena. O en sanidades, milagros y experiencia extáticas. La adoración puede incluir estos elementos, pero es mucho más. La adoración es un estilo de vida.

La adoración es mucho más que música. Para muchas personas, la adoración es sinónimo de música. Dicen: “En nuestra iglesia comenzamos con adoración y luego tenemos la enseñanza”. Esto es un gran malentendido. Todas las partes del culto son un acto de adoración: la oración, la lectura de las Escrituras, el canto, la confesión, el silencio, la quietud, la predicación del sermón, el tomar notas, las ofrendas, el bautismo, la Santa Cena, las promesas y tarjetas de compromiso, incluso el saludarse con otros adoradores.

En realidad, el origen de la adoración es anterior a la música. Adán adoraba en el patio del Edén, pero la música se menciona por primera vez en Génesis 4:21, con el nacimiento de Jubal. Si la adoración fuera sólo música, quienes no tuvieran oído musical no podrían adorar. La adoración es mucho más que eso.

Pero en el peor de los casos, la palabra “adoración” se utiliza ¾y muy mal¾ para referirse a un estilo de música en particular: “Primero cantamos un himno y luego una canción de alabanza y adoración”. De acuerdo con este uso, si la canción es movida y se canta con brío, o se acompaña con instrumentos de viento, se la considera “alabanza”. En cambio, si se trata de una canción lenta, plácida e íntima, quizás con los acordes de una guitarra, entonces es adoración. Eso es una mala utilización del término “adoración”.

La adoración no tiene nada que ver con el estilo, el volumen o el ritmo de una canción. Dios ama todos los estilos musicales porque Él los inventó: los movidos y los lentos, los fuertes y los suaves, los clásicos y los nuevos. Pueden no gustarte todos, ¡pero a Dios sí! Si cuando le cantamos lo hacemos en espíritu y en verdad, eso es un acto de adoración.

Los cristianos suelen no ponerse de acuerdo acerca del estilo de música a usarse en la adoración, y defienden con pasión su estilo preferido como el más bíblico o digno para Dios. Pero, ¡no existe un estilo bíblico! En la Biblia no hay notas musicales; ni siquiera tenemos los instrumentos que se usaban en los tiempos bíblicos.

Con toda franqueza, tu estilo de música preferido dice más de ti ¾de tu entorno social y cultural y de tu personalidad¾ que de Dios. Lo que para un grupo étnico son sonidos musicales, para otro puede ser ruido. Pero a Dios le gusta la variedad y disfruta todos los estilos.

La música “cristiana” no existe como tal: Sólo hay música con letra cristiana. Lo que convierte una canción en sagrada son las palabras, no la melodía. No hay melodías espirituales. Si tocaras una canción sin palabras, no habría manera de reconocerla como “cristiana”.

La adoración no es para beneficio propio. En mi tarea pastoral recibo notas que dicen: “Hoy me encantó la adoración. Me sirvió de mucho”. Se trata de otro concepto erróneo con respecto a la adoración. ¡No es para nuestro propio beneficio! Adoramos para beneficio de Dios. Cuando adoramos, nuestro objetivo debería ser complacer a dios, no a nosotros mismos.

Si alguna vez has dicho: “Hoy no recibí nada de la adoración”, adoraste con una motivación equivocada. La adoración no es para ti. Es para Dios. Por supuesto, la mayoría de los cultos “de adoración” también incluyen elementos de comunión, de edificación y de evangelización, y adorar sí tiene sus beneficios; pero no adoramos para darnos gusto. Nuestro motivo debe ser glorificar a nuestro Creador y complacerlo o agradarlo.

En Isaías 29 Dios se queja de la adoración poco entusiasta e hipócrita. El pueblo le estaba ofreciendo oraciones desanimadas, alabanza fingida, palabras vacías y rituales elaborados por el hombre, sin siquiera pensar en su significado. No podemos llegar al corazón de Dios con la tradición en la adoración; a Dios lo conmueve la pasión y el compromiso. La Biblia dice: “Este pueblo me alaba con la boca y me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Su adoración no es más que un mandato enseñado por hombres”.

La adoración no es parte de tu vida, es tu vida. La adoración no es sólo para el servicio religioso. Se nos dice que debemos adorarlo continuamente y alabarlo “¡desde el amanecer hasta que el sol se ponga!”. En la Biblia, la gente alababa a Dios en el trabajo, en el hogar, en las batallas, en la cárcel y ¡hasta en la cama! La alabanza debería ser la primera actividad de la mañana cuando despertamos y lo último que hacemos por la noche, antes de cerrar los ojos para descansar. David dijo: “Bendeciré al Señor en todo tiempo; mis labios siempre lo alabarán!”.

Cualquier actividad puede transformarse en un acto de adoración cuando la hacemos para alabar, glorificar y complacer a dios. La Escritura afirma: “Ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios”. Martín Lutero declaró: “Una muchacha puede ordeñar vacas para la gloria de Dios”.

¿Cómo es posible hacer todo para la gloria de Dios? Lo es si actuamos como si lo estuviéramos haciendo para Jesús, y conversando con Él mientras lo hacemos. La Biblia dice: “Hagan lo que hagan, trabajen de buena gana, como para el Señor y no como para nadie de este mundo”.

Este es el secreto para una vida de adoración: Hacer todo como si lo hicieras para Jesús. Una paráfrasis lo expresa así: “Toma tu vida cotidiana, la vida de todos los días ¾tu descanso, tus comidas, tu trabajo, y tus idas y venidas¾ ponlas como una ofrenda ante Dios”. el trabajo se convierte en adoración cuando se lo dedicamos a Él y lo llevamos a cabo conscientes de su presencia.

Cuando me enamoré de mi esposa, pensaba en ella todo el tiempo, cuando desayunaba, cuando conducía al colegio, cuando estaba en clase, cuando hacía fila para las compras, cuando cargaba combustible: ¡No podía dejar de pensar en ella! A menudo me hablaba a mí mismo de ella y pensaba en todas las cosas que me agradaban de ella. Eso me ayudó a sentirme muy cerca de Kay, aunque vivíamos alejado y asistíamos a dos centros de enseñanza distintos. Pensando constantemente en ella, permanecía en su amor: La verdadera adoración se trata justamente de eso: Enamorarse de Jesús.

DÍA OCHO

PENSANDO EN MI PROPÓSITO



Punto de reflexión: Fui planeado para agradar a Dios.

Versículo para recordar: “Porque el Señor se complace en su pueblo”. Salmos 149:4a (NVI)

Pregunta para considerar: ¿Qué puedo comenzar a hacer como si lo hiciera directamente para Jesús?

Marcela Gandara - Vine a Adorarte

domingo, 7 de enero de 2018

La gloria de Dios


El porqué de todo



Porque de Él, por Él y para él son todas las cosas.

A Él sea la gloria para siempre.

Romanos 11:36 (LBLA)



Toda obra del SEÑOR tiene un propósito.

Proverbios 16:4

Todo es para Él.

El objetivo final del universo es mostrar la gloria de Dios. La gloria de Dios es el porqué de la existencia de todo, incluida tu persona. Dios hizo todo para su gloria. Sin la gloria de Dios, no habría nada.

¿Qué es la gloria de Dios? Es Dios. Es la esencia de su naturaleza, el peso de su importancia, el brillo de su esplendor, la demostración de su poder y la atmósfera de su presencia. La gloria de Dios es la expresión de su bondad y todas las demás cualidades intrínsecas y eternas de su persona.

¿Dónde está la gloria de Dios? Observa a tu alrededor. Todo lo que Dios creó refleja, de una u otra manera, su gloria. La vemos en todas partes: desde las formas de vida microscópicas más diminutas hasta la extensión de la Vía Láctea, desde los atardeceres y las estrellas hasta las tormentas y las cuatro estaciones. La creación revela la gloria de nuestro creador. En la naturaleza aprendemos que Dios es poderoso, que disfruta de la variedad, ama la belleza, es organizado, sabio y creativo. La Biblia dice: “Los cielos cuentan la gloria de Dios”.

A través de la historia, Dios ha revelado su gloria a personas en distintas circunstancias. Al principio la reveló en el jardín del Edén, luego a Moisés, después en el tabernáculo y el templo, luego por medio de Jesús, y ahora por medio de la iglesia. Se presentó como fuego consumidor, una nube, truenos, humo y una luz brillante. En el cielo, la gloria de Dios proporciona toda la luz necesaria. La Biblia afirma: “La ciudad no necesita ni sol ni luna que la alumbren, porque la gloria de Dios la ilumina”.

La gloria de Dios se ve mejor en Jesucristo. Él, la luz del mundo, ilumina la naturaleza de Dios. Gracias a Jesús, no estamos más en oscuridad con respecto a lo que Dios realmente es. La Escritura dice: “El Hijo es el resplandor de la gloria de Dios”. Jesús vino al mundo para que pudiéramos entender cabalmente la gloria de Dios. Su Palabra declara que “aquel que es la Palabra se hizo hombre y vivió entre nosotros, lleno de amor y verdad. Y hemos visto su gloria, la gloria que como hijo único recibió del Padre”.

Dios posee una gloria inherente porque es Dios. Es así por naturaleza. No podemos agregar nada a esa gloria, así como tampoco nos sería posible hacer que el sol brillara con más intensidad. El mandamiento que tenemos es que debemos reconocer su gloria, honrar su gloria, declarar su gloria, alabar su gloria, reflejar su gloria y vivir para su gloria. ¿Por qué? ¡Porque Dios se lo merece! Le debemos toda la honra que seamos capaces de darle. Su Palabra afirma: “Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas”.

En todo el universo hay sólo dos creaciones de Dios que fallaron en darle gloria; los ángeles caídos (los demonios) y nosotros (las personas). Todo pecado, por naturaleza, es fallar en darle gloria a Dios. Pecar es amar cualquier cosa más que a Él. Negarse a darle gloria a Dios es una rebeldía vanidosa; el pecado que provocó la caída de Satanás y la nuestra también. De distinta manera todos hemos vivido para nuestra propia gloria y no para la de Dios. Su Palabra declara que “todos han pecado y están privados de la gloria de Dios”.

Ninguno de nosotros le hemos dado a Dios toda la gloria que merece de parte nuestra. Este es el peor pecado y el error más grave que podemos cometer. Por otro lado, vivir para la gloria de Dios es el mayor logro que podemos alcanzar en nuestra vida. Debería ser la meta suprema de nuestra vida porque Dios dice que “somos su pueblo, creado par su gloria”.



¿CÓMO PUEDO DAR GLORIA A DIOS?

Jesús le dijo al Padre: “Yo te glorifiqué en la tierra, habiendo terminado la obra que me diste que hiciera”. Jesús honró a Dios cumpliendo su propósito en esta tierra. Nosotros lo honramos del mismo modo. Cuando algo en la creación cumple con su propósito, eso le da gloria a Dios. Las aves dan gloria a Dios cuando vuelan, trinan, hacen sus nidos y otras actividades propias e las aves según el designio divino. Hasta la humilde hormiguita da gloria a Dios cuando cumple el propósito para el que fue creada. Dios creó a las hormigas para que fueran hormigas, y te creó a ti para que fueras tú. San Ireneo dijo: “¡La gloria de Dios es un ser humano lleno de vida!”

Hay muchas maneras de dar gloria a Dios, pero se pueden resumir en los cinco propósitos de Dios para nuestra vida. En el resto de este libro estudiaremos estas maneras en detalle, pero podemos adelantar ese bosquejo:

Glorificamos a Dios cuando lo adoramos. La adoración es nuestra primera responsabilidad. Adoramos a Dios cuando disfrutamos de su compañía. C.S. Lewin acertó: “Al ordenarnos glorificarlo, Dios nos invita a disfrutar de Él”. Él quiere que nuestra adoración brote del amor, de la gratitud y del gozo, no de la obligación.

Jun Pipera señala: “Cuanto más satisfechos nos sentimos en Él, más glorificamos a Dios”.

La adoración es más que alabanza, canto y oración a Dios. Es un estilo de vida que implica gozar de Dios, amarlo y entregarle nuestra vida para que la use de acuerdo con sus propósitos. Cuando usamos nuestra vida para la gloria de Dios, todo lo que hacemos se convierte en un acto de adoración. La Biblia nos exhorta: “Entréguense a Dios, como personas que han muerto y han vuelto a vivir; y entréguenle su cuerpo como instrumento para hacer lo bueno”.

Glorificamos a Dios cuando amamos a los demás creyentes. Con el nuevo nacimiento nos convertimos en miembros de la familia de Dios. Seguir a Cristo no es sólo cuestión de creer; también implica pertenecer a su familia y aprender a amarla. Juan escribió; “El amor que nos tenemos demuestra que ya no estamos muertos, sino que ahora vivimos”. Pablo dijo: “Acéptense mutuamente, así como Cristo los aceptó a ustedes para gloria de Dios”.

Nuestra segunda gran responsabilidad en esta tierra es aprender a amar como Dios ama, porque Dios es amor, y así lo honramos. Jesús nos dijo que “así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros”.

Glorificamos a Dios cuando nos asemejamos más a Cristo. Cuando nacemos en la familia de Dios, él quiere que crezcamos hasta alcanzar la madurez espiritual. ¿Qué significa esto? La madurez especial consiste en pensar, sentir y actuar como lo haría Jesús. Cuanto más desarrollemos nuestro carácter conforme al de Cristo, más reflejaremos la gloria de Dios. La Escritura afirma que “somos como un espejo que refleja la grandeza del Señor; quien cambia nuestra vida. Gracias a la acción de su Espíritu en nosotros, cada vez nos parecemos más a Él”.

Dios nos dio una vida y una naturaleza nuevas cuando aceptamos a Cristo. De ahora en adelante, por el resto de nuestra vida sobre esta tierra, Dios quiere continuar el proceso de transformación de nuestro carácter. La Biblia dice que podemos ser “llenos del fruto de justicia que se produce por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios”. Entonces Dios recibirá la gloria.

Glorificamos a Dios cuando servimos a los demás con nuestros dones. Dios nos diseñó a cada uno de nosotros de forma única en cuanto a talentos, dones, habilidades y aptitudes. La manera en que has sido “cableado” no es casual. Dios no te dotó de aptitudes para propósitos egoístas. Cuentas con estas facultades para beneficio de otros, así como las otras personas cuentan con aptitudes para tu beneficio. La Biblia dice que “cada uno ponga al servicio de los demás el don que haya recibido, administrando fielmente la gracia de Dios en sus diversas formas... el que presta algún servicio, hágalo como quien tiene el poder de Dios. Así Dios será en todo alabado por medio de Jesucristo”.

Glorificamos a Dios cuanto les testificamos a los demás. Dios no quiere que su amor y sus propósitos sean un secreto. Una vez que conocemos la verdad, espera que la comuniquemos a los demás. ¡Qué gran privilegio! Podemos presentarles a Jesús, ayudarles a descubrir su propósito y prepararlos para la eternidad. La Biblia afirma que a medida que “la gracia... está alcanzando a más y más personas... (abunda) la acción de gracias para la gloria de Dios”.

Vivir el resto de tu vida para la gloria de Dios requiere cambios en tus prioridades, en tus planes, en tus relaciones, en todo. Algunas veces implicará el camino difícil en lugar del fácil. Incluso Jesús tuvo que luchar contra esto. Cuando sabía que muy pronto habrían de crucificarlo, exclamó: “Ahora todo mi ser está angustiado, ¿y acaso voy a decir: “Padre, sálvame de esta hora difícil?” ¡Si precisamente para este propósito he venido! ¡Padre, glorifica tu nombre!”.Jesús estaba en un cruce de caminos. ¿cumpliría su propósito y glorificaría a Dios o se retractaría para tener una vida cómoda y egocéntrica? Te enfrentas a una decisión similar. ¿Vivirás para alcanzar tus propias metas, la comodidad y el placer o para la gloria de Dios, sabiendo que Él te prometió recompensas eternas? La Biblia dice: “el que se aferra a su vida tal como está, la destruye; en cambio, si la deja ir... la conservará para siempre, real y eterna”.

Es hora de definir este asunto. ¿Para quién vivirás? ¿Para ti o para Dios? Jesús te dará todo lo que necesites para vivir para Él. No te preocupes. Dios te proveerá de todo lo necesario si decides vivir para él. La Biblia dice que “todo lo que implica una vida que agrada a Dios nos ha sido dado por milagro, al permitirnos conocer, personal e íntimamente, a Aquel que nos invitó a Dios”.

Ahora mismo, Dios te invita a vivir para su gloria, cumpliendo los propósitos para los que te creó. En realidad, es la única manera de vivir. Todo lo demás es mera existencia. La verdadera vida comienza con el compromiso absoluto con Jesucristo. Si no estás seguro de haberlo hecho, lo único que necesitas hacer es aceptarlo y creer: La Biblia promete: “Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios”. ¿Aceptarás el ofrecimiento de Dios?

Primero: cree. Cree que Dios te ama y que te creó para sus propósitos. Cree que no eres un ser nacido por accidente. Cree que te crearon para durar para siempre. Cree que Dios te eligió para que tuvieras una relación con Jesús, quien murió en la cruz por ti. Cree que, sin importar lo que hayas hecho, Dios quiere perdonarte.

Segundo: acéptalo. Acepta a Jesús como tu Señor y Salvador. Acepta el perdón de tus pecados. Acepta su Espíritu, que te dará poder para cumplir el propósito de tu vida. La Biblia dice que “el que acepta y confía en el Hijo, participará de todo, tendrá una vida plena y para siempre”. Dondequiera que te encuentres leyendo esto, te invito a inclinar tu cabeza, y susurrar la oración que cambiará tu destino eterno:”Jesús, creo en ti y te acepto”. Vamos, hazlo ahora mismo.Si tu oración fue sincera, ¡felicidades! ¡Bienvenido a la familia de Dios! Ahora estás listo para comenzar a descubrir y vivir el propósito que Dios tiene para tu vida. Te animo a que se lo comentes a alguien. Necesitarás apoyo.

DÍA SIETE

PENSANDO EN MI PROPÓSITO



Punto de reflexión: Todo es para Él.

Versículo para recordar: “Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la

gloria para siempre”. Romanos 11:36 (LBLA)

Pregunta para considerar: ¿Dónde puedo estar más consciente de la gloria de Dios en mi diario vivir?

"Ricardo Montaner ft. Evaluna Montaner - La Gloria De Dios" Letra

sábado, 6 de enero de 2018

DÍA SEIS PENSANDO EN MI PROPÓSITO


La vida es una asignación temporal



Señor, recuérdame cuán breve es mi tiempo sobre la

tierra. Recuérdame que mis días están contados y

que mi vida se acaba.

Salmo 39:4 (BAD)



Estoy de paso en este mundo.

Salmo 119:19 (PAR)

La vida en la tierra es una asignación temporal.

La Biblia está llena de metáforas que enseñan la naturaleza de lo breve, temporal y transitorio de la vida terrena. La vida se describe como un vapor; uno que corre rápido, un soplo de aliento y un rastro de humo. La Escritura declara: “Nosotros nacimos ayer... nuestros días en este mundo son como una sombra”.

Para hacer buen uso de tu vida nunca debes olvidar dos verdades: Primero, la vida, comparada con la eternidad, es extremadamente breve. Segundo, la tierra es tan sólo una residencia temporal. No vas a estar aquí por mucho tiempo, así que no te apegues demasiado. Pídele a Dios que te ayude a ver la vida en la tierra a través de sus ojos. David oró: “Dios mío, hazme saber cuál será mi fin, y cuánto tiempo me queda de vida; hazme saber cuán corta es mi vida”.

La Biblia compara constantemente la vida en la tierra con vivir en un país extranjero. Este no es tu hogar permanente o tu destino final. Estás aquí de paso, visitando la tierra. La Biblia emplea términos como extranjero, peregrino, advenedizo, extraño, visitante y viajero para describir nuestra corta estadía en la tierra. El salmista dijo: “Estoy de paso en este mundo” y Pedro explicó que: “Si tú llamas Padre a Dios, vive tu tiempo en esta tierra como si estuvieras de paso”.

Vivo en California, donde muchas personas de todas partes del mundo se han mudado para trabajar, aunque mantienen la ciudadanía de sus respectivos países. Se les pide que lleven consigo una tarjeta de residencia (conocida como “green card”), que les permite trabajar aquí aunque no sean ciudadanos. Los cristianos deberíamos llevar “tarjetas verdes” (“green cards”) espirituales para recordarnos que nuestra ciudadanía está en los cielos. Dios afirma que sus hijos deberían pensar sobre la vida de una manera muy distinta a la de los no creyentes. “Sólo piensan en lo terrenal. En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde anhelamos recibir al Señor Jesucristo”. Los verdaderos creyentes saben que la vida es mucho más que los pocos años que vivimos sobre este planeta.

Tu identidad está en la eternidad y tu patria es el cielo.

Cuando entiendas esta verdad dejarás de preocuparte por “tenerlo todo” en la tierra. Dios es muy tajante en cuanto al peligro de vivir para el momento, adoptando los valores, prioridades y estilos de vida del mundo que nos rodea. Coquetear con las tentaciones de este mundo es lo que Dios llama adulterio espiritual. La Biblia destaca: “¿No saben que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios”.

Imagina que tu país te pidiera que fueras embajador en una nación enemiga. Tendrías que aprender un idioma nuevo y adaptarte a algunas costumbres y diferencias culturales para poder ser cortés y cumplir tu misión. Siendo embajador no podrías aislarte de tu enemigo. Para poder cumplir con tu misión, tendrías que estar en contacto e identificarte con ellos. Supongamos que te adaptas tanto a ese país extranjero que te llega a gustar mucho y lo prefieres a tu patria. Tu compromiso y lealtad cambiarían. Comprometerías tu papel de embajador. En lugar de representar a tu país estarías actuando como el enemigo. Serías un traidor.

La Biblia afirma que “somos embajadores de Cristo”.Tristemente hay muchos cristianos que han traicionado a su Rey y a su reino. Han llegado a la necia conclusión de que esta tierra es su hogar porque viven en ella. Y no es así. La Palabra de Dios es muy clara en esto: “Queridos hermanos, les ruego como a extranjeros y peregrinos en este mundo, que se aparten de los deseos pecaminosos que combaten contra la vida”. Dios nos advierte que no nos aferremos mucho a lo que está a nuestro alrededor porque es temporal. Se nos advierte que “los que disfrutan las cosas de este mundo, (vivan) como si no disfrutaran de ellas; porque este mundo, en su forma actual, está por desaparecer”.

En comparación con otros siglos, nunca ha sido tan fácil vivir como se vive hoy en el mundo occidental. Actualmente somos bombardeados con toda clase de entretenimientos, diversiones y la complacencia de todos nuestros gustos personales. Hoy en día con todos los fascinantes entretenimientos de los que estamos rodeados, lo cautivador de los medios informativos y todas las cosas nuevas que existen para explorar nuevas experiencias, es fácil olvidar que la vida no consiste en la búsqueda de la felicidad. Sólo cuando recordamos que la vida es una prueba, un fideicomiso y una asignación temporal, es que el enamoramiento con estas cosas pierde el dominio sobre nuestras vidas. Nos estamos preparando para algo mejor. “Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno”.

El hecho de que la tierra no sea nuestra última morada explica por qué nosotros, como seguidores de Jesús, pasamos dificultad, sufrimiento y rechazo en este mundo. También se explica por qué algunas de las promesas de Dios parecieran inconclusas, algunas oraciones sin respuesta y algunos sucesos aparentar ser injustos. Aquí no acaba la historia.

Para evitar que nos aferremos demasiado a esta tierra, Dios permite que experimentemos algún grado de incomodidad y tristeza en nuestras vidas, o sea, anhelos que nunca serán satisfechos de este lado de la eternidad. ¡No somos completamente felices aquí, porque no se supone que lo seamos! La tierra no es nuestro hogar final; hemos sido creados para algo mucho mejor.

Un pez nunca podría sentirse bien viviendo en la tierra, porque fea creado para el agua. Un águila no se sentiría realizada si no se le permitiera volar. Nunca te sentirás completamente satisfecho en la tierra porque fuiste creado para algo más. Tendrás momentos felices aquí, pero nada comparado con lo que dios tiene planeado para ti.

Darte cuenta de que la vida en la tierra es tan sólo una misión temporal, debiera cambiar radicalmente tus valores. Los valores eternos, no los temporales, deben ser los factores determinantes que influyan en tus decisiones. Así es como lo observó C.S. Lewis: “Todo lo que no sea eterno es eternamente inútil”. La Biblia dice: “Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno”.

Es un error trágico dar por sentado que el objetivo de Dios para tu vida es la prosperidad material o el éxito popular como el mundo lo define. La vida abundante nada tiene que ver con la abundancia material, y la fidelidad a Dios no garantiza el éxito en una carrera ni en el ministerio. Nunca te concentres en coronas temporales.

Pablo fue fiel, y sin embargo, terminó en la cárcel. Juan el Bautista fue fiel y lo decapitaron. Millones de fieles han sido martirizados, lo han perdido todo o han llegado al ocaso de sus días sin nada material. ¡Pero el fin de la vida no es el final!

A los ojos de Dios, los grandes héroes de la fe no son los que han logrado prosperidad, éxito y poder en esta vida, sino aquellos que la ven como una asignación temporal y sirven fielmente, esperando su recompensa en la eternidad. La Biblia dice lo siguiente del Salón de la Fama de Dios: “Todas esas personas murieron sin haber recibido las cosas que Dios había prometido; pero como tenían fe, las vieron de lejos, y las saludaron reconociéndose a sí mismos como extranjeros de paso por este mundo... Pero ellos deseaban una patria mejor; es decir; la patria celestial. Por eso, Dios no se avergüenza de ser llamado el Dios de ellos, pues les tiene preparada una ciudad”. Tu vida en la tierra no es toda la historia de tu existencia. Debes esperar llegar al cielo para el resto de los capítulos. Se requiere fe para vivir en la tierra como un extranjero.

Un antiguo relato cuenta de un misionero que al jubilarse volvía a su casa en los Estados Unidos en el mismo barco en que viajaba el presidente de esa nación. La algarabía de la muchedumbre, una banda militar, una alfombra roja, pancartas y los medios de comunicación, le dieron la bienvenida al presidente, mientras que el misionero desembarcaba sin notoriedad alguna. Sintiendo lástima de sí mismo, y con resentimiento, comenzó a quejar con Dios. Entonces el Señor le dijo con ternura: “Pero hijo mío, tú aún no has llegado a casa”.

No llegarás a casa, hasta dos segundos antes que solloces: “¿Por qué le di tanta importancia a las cosas que eran temporales? ¿En qué estaba pensando? ¿Por qué perdí tanto tiempo, esfuerzo e interés en algo que no iba a durar?”

Cuando la vida se pone difícil, cuando te embarga la duda y cuando te cuestionas si vale la pena sacrificarse viviendo para Cristo, recuerda que aún no has llegado a casa. En la muerte no dejarás tu hogar, más bien irás a casa.

DÍA SEIS

PENSANDO EN MI PROPÓSITO



Punto de reflexión: Este mundo no es mi hogar.

Versículo para recordar: “Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que

lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno”.

2º Corintios 4:18 (NVI)

Pregunta para considerar: ¿Cómo debería cambiar mi manera de vivir hoy, el hecho de que la vida en la tierra es sólo una asignación temporal?