lunes, 26 de junio de 2017

La gracia de Dios


La gracia de Dios

1Corintios 1:25 "Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres…….."

El rey David se arrepiente



El pecado tiene una peculiaridad muy suya. Es insidioso. Parte de su insidia es camuflarse y esconderse en lo más profundo del corazón. Tenemos un enemigo muy astuto que quiere destruirnos y la Biblia lo denomina “el príncipe de este mundo”, sabemos que su nombre es Satanás y que este personaje es tan real como el mismo Dios.  

Así que tenemos tres enemigos en realidad: la carne (el pecado), el mundo, y el diablo.

El pecado es el cáncer del mundo, porque es insidioso y penetra hasta lo más profundo del corazón humano, pero el mundo no lo reconoce y cada uno es engañado por su propio pecado. El problema principal del pecado es que es muy difícil detectarlo en uno mismo, aunque muy fácil reconocerlo en los demás. ¡Qué cosa tan curiosa, pero tan trágica! Es trágica porque el pecado oculto no se confiesa y si no se confiesa a Dios, no será perdonado y finalmente te destruirá eternamente.  

El rey David es culpable de adulterio y asesinato. Tomó la mujer de su prójimo y mandó matar a su marido. Siendo que David tiene una relación cercana a Dios, se supondrían dos cosas: la primera es que nunca hubiera caído en semejantes pecados; y la segunda, después de haber caído se sentiría muy mal. Pero ese no es el caso. David estaba ciego debido a la naturaleza insidiosa del pecado. Dios manda al profeta Natán para que reprenda a David y le haga ver su pecado, (2 Samuel 11-12).

David responde como es debido a la reprensión del profeta. En el Salmo 51 escrito por él vemos que el rey David está en agonía por su pecado al descubrir lo que ha hecho, y busca a Dios con todo su corazón sabiendo que Dios es misericordioso y sospecha que quiere perdonarlo. David conoce el corazón tierno de Dios y confía que Dios lo perdonará.

Solo cuando vemos la condición desesperada en la que nos encontramos, y vamos a Dios con humildad de corazón y en actitud de sumisión, es que recibimos el perdón.

La prueba de nuestra conversión es que buscamos a Dios cuando hemos pecado contra él y queremos sobre todas las cosas estar en paz con Dios y darle gloría reconociendo su derecho a reinar sobre nosotros. (1Juan 1:9)  “Si confesamos nuestro pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”.

La prueba de no habernos arrepentido es escondernos de la presencia de Dios y evitar estar cerca de él. El que ama a Dios quiere restablecer la relación con él y lo busca desesperadamente sabiendo que solo él le puede dar la paz que necesita.

Recordemos a Adán y Eva en el jardín del Edén. ¿Qué hicieron cuando pecaron? Se escondieron de Dios y se taparon con hojas de higuera. No querían ver a Dios sabiendo que habían desobedecido sus órdenes. Pero Dios los veía porque no hay nada que esté escondido de Su presencia y fue a su encuentro para ofrecerles una salida.

Dios es amor y no quiere la destrucción del impío, sino que el impío se arrepienta.

Ninguno piense que es natural que el rey David se haya concienciado de su pecado porque realmente era muy pecador al haber cometido dichos crímenes, pero que nosotros que no hemos cometido esos pecados no debemos preocuparnos. Todos necesitamos arrepentirnos hasta el punto de no tener paz ni descanso hasta saber que hemos sido perdonados. No importa si hemos cometido un pecado o un millón, con uno solo ya no podemos entrar el cielo (Santiago 2:10). Dios nos perdona si nos arrepentimos de verdad, y a los ojos de Dios un pecador arrepentido es apto para entrar en Su reino, pero uno que no quiere reconocer su pecado nunca podrá entrar.

No olvidemos: “no hay justo ni aún uno”, (Romanos 3:10).

domingo, 25 de junio de 2017

Hoy… Mi Alma Estará Anclada En Dios

Hoy… Mi Alma Estará Anclada En Dios


En Dios solamente está acallada mi alma; de él viene mi salvación. Salmos 62:1.
¡Bendita seguridad: esperar sola y únicamente en el Señor! Tal debe ser nuestra condición hoy y todos los días de nuestra vida. Esperar su tiempo, esperar en su auxilio, esperar con alegría, esperar en oración y contentamiento. El alma que así espera observa la verdadera actitud de una criatura delante del Creador, de su siervo delante de su Señor, de un hijo delante de su Padre.
Jamás tratemos de dictar órdenes a Dios, ni de quejarnos en su presencia; no seamos petulantes ni desconfiados. No osemos correr delante de la nube, ni buscar el socorro de los demás, porque ninguna de ambas cosas sería esperar en Dios. Dios y sólo Dios debe ser la esperanza de nuestras almas.
¡Bendita certeza! «De Él viene la salud», ya está en camino. La salvación de Él nos vendrá y de ningún otro. Suya será toda la gloria, porque solamente Él podrá conseguírnosla. Sin duda Él nos la traerá a su debido tiempo y a su manera. Él nos librará de la duda, del sufrimiento, de la calumnia y de la miseria.
Aun cuando no veamos señal alguna de esta liberación, gocémonos esperando la voluntad del Señor, porque jamás podremos abrigar la menor duda acerca de su amor y fidelidad. Su obra será cierta y no se hará esperar mucho, y nosotros le alabaremos ahora por su misericordia futura. Es por eso que hoy es una gran oportunidad para estar anclado en Dios y así las tormentas no me destruirán.
Gracias Señor por sostenerme y amarme. En ti está confiada mi alma. Amén.

sábado, 24 de junio de 2017

La verdad que nos hace libres
Leer | Juan 8.25-32
Dios desea lo mejor para cada uno de sus hijos, pero a veces quedamos atrapados por hábitos, conceptos y sentimientos negativos que interfieren con sus planes para nosotros. Pero el Señor Jesús nos ofrece una salida. Si continuamos en su Palabra, conoceremos la verdad que nos hace libre de todo lo que nos esté manteniendo cautivos.
“Continuar” en la Palabra significa leerla regularmente y aplicarla a nuestra vida. Entonces sabremos lo que Dios dice, y seremos capaces de reconocer las artimañas que amenazan con atraparnos. Además de esto, entenderemos los beneficios que acompañan a nuestra salvación y que nos permiten mantenernos firmes en la verdad para no ser extraviados. Estos beneficios incluyen...
• Nuestra posición: Por la fe en Cristo, hemos comenzado una relación personal con Dios. Ahora, como sus hijos, tenemos libre acceso a su trono, junto con la seguridad de que Él escucha nuestras oraciones.
• Nuestra provisión: Dios nos dio la Biblia para guiarnos y alentarnos.
• Nuestras promesas: Al confiar en las promesas que Él nos ha dado, seremos participantes de la naturaleza de Dios, y escaparemos de la influencia corruptora del mundo (2 P 1.4).
• Nuestra protección: Al caminar con Cristo, Él nos fortalece y nos protege para que no caigamos en las trampas del maligno (2 Ts 3.3).
El primer paso para vivir en libertad es reconocer cualquier pecado que esté dominando su vida. Luego, apóyese en la verdad de la Biblia y reclame las promesas y la provisión de Dios por fe.

viernes, 23 de junio de 2017

CRECIENDO EN SANTIDAD:


CRECIENDO EN SANTIDAD:

Hebreos 12:14 dice: "Seguid la paz con todos, y la santidad sin la cual nadie verá al Señor". Observe que este texto une la PAZ y la SANTIDAD. Primero dice que debemos procurar la paz con todo el mundo. Debemos anhelar y esforzarnos por estar en paz con todos los hermanos. Esto exige amor y misericordia. La Regla de Oro dice que hagamos a otros como nos gustaría que ellos hicieran con nosotros. La segunda parte de hebreos 12:14 dice: "...y la santidad sin la cual nadie verá al Señor". Sin santidad nadie verá al Señor. Debemos tener un conocimiento claro y preciso de lo que esto implica.

Cristo dijo: "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto". (Mateo 5:48). Nos llamó a perfección; algo más que santidad. En la santidad aún hay espacio para ser más santos. Podemos estar limpios delante de Dios y limpiarnos más. Pero si se es perfecto, se ha alcanzado la plenitud. Tenemos que seguir esforzándonos hasta alcanzar la altura de la plena bendición de Dios. 

jueves, 22 de junio de 2017

META QUE ALCANZAR:


META QUE ALCANZAR:

•Hay una bendición muy importante y decisiva, que debemos esforzarnos por alcanzar: EL RAPTO DE LA IGLESIA. Estamos luchando por dos cosas: La Salvación y el Rapto. En 1 Tesalonicenses, capítulo 5, verso 23, encontramos un mensaje del Apóstol Pablo para nosotros, los que queremos irnos en el Rapto. Dice: "Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la Venida de Nuestro Señor Jesucristo". Veamos algunos detalles de esta preciosa escritura:

1"….Y el mismo Dios de paz...". Dios es un Dios de Paz y quiere que vivamos en paz los unos con los otros.

2.".... os santifique por completo...", puede haber santidad y limpieza, pero puede que no estemos completamente santos y limpios.

3”.... y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo...", Dios está interesado en todas las áreas de nuestro ser. El espíritu, el alma y el cuerpo.

4."... sean guardados irreprensible...", irreprensible significa, que no hay motivo por el cual ser reprendido, sin tacha, sin defectos, sin errores, sin manchas y sin arrugas.

5."... para la Venida de Nuestro Señor Jesucristo". Implica que seamos dignos de ser levantados en el Rapto.

En este verso Pablo nos está hablando específicamente del Rapto, que es lo primero que va a ocurrir en relación con la Segunda Venida de Cristo.

miércoles, 21 de junio de 2017

SANTIDAD INTERIOR:


SANTIDAD INTERIOR:

Veamos qué significa "por dentro". Muchas personas por dentro están llenas de engaño, mentira, odios, rencores, vanagloria, soberbia y otras cosas negativas.

SANTIDAD EN EL ESPÍRITU:

Un espíritu santificado posee la naturaleza de Dios. Dios le ha impartido su naturaleza, su amor, su gozo, su paz, su mansedumbre, su paciencia, su bondad, su fe, y su templanza. Eso es un espíritu santificado, y todo esto procede de Dios. Antes de conocer al Señor teníamos un espíritu soberbio, terco y arrogante. 

martes, 20 de junio de 2017

SANTIDAD DEL ALMA:


SANTIDAD DEL ALMA:

La Palabra dice que también tenemos que estar santificados en el alma. El alma es el asiento de nuestras emociones. En Getsemaní, Jesús dijo: "Mi alma está triste...". Fue una emoción que se manifestó a través de su alma debido a la trágica situación por la que estaba pasando. Las emociones de un alma santificada son santas, espirituales y limpias.

La Biblia habla de un hombre que se expresó así: "...alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate" (Lucas 12:19). Así se expresa un alma inconversa. Pero David, siervo de Dios, rey y profeta de Israel, dijo: "Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo".

Si su alma está limpia y llena del Espíritu Santo, usted es santo, y sus emociones son espirituales. Usted anhelará danzar en el espíritu, cantar coritos, gozarse en el Señor, leer la Palabra de Dios y ver sus milagros y señales. Sus anhelos y sus emociones son espirituales. Se emociona y se ríe en el espíritu. Llora cuando ve las almas perdidas y se goza cuando éstas se convierten a Cristo. CON EL PECADOR NO SUCEDE ASÍ. Este salta y grita cuando ve que el jugador conecta un cuadrangular, brinca de júbilo y alegría cuando hace un gol, y se emociona grandemente cuando ve que su equipo de fútbol hace una anotación. SUS EMOCIONES SON CARNALES. Se goza cuando lo invitan a un banquete, para llenar su estómago. Ríe y llora viendo películas, novelas y programas mundanos, disfruta la música mundana y siente placer participando de las actividades, de los placeres y de los deleites de los pecadores.