viernes, 23 de diciembre de 2016

Gálatas 4:8-11

Gálatas 4:8-11
Antes, cuando ustedes no conocían a Dios, eran esclavos de los que en realidad no son dioses. Pero ahora que conocen a Dios, o más bien que Dios los conoce a ustedes, ¿Cómo es que quieren regresar a esos principios ineficaces y sin valor? ¿Quieren volver a ser esclavos de ellos? ¡Ustedes siguen guardando los días de fiesta, meses, estaciones y años! Temo por ustedes, que tal vez me haya estado esforzando en vano.
Es triste. Este tipo de comportamiento lo vemos constantemente en la Biblia. De hecho, estoy seguro que lo ves en tu vida también. Tal vez te confunde el escuchar que eras esclavo de otros ídolos o de los que no son dioses o alguna otra descripción. La realidad es más sencilla. Pablo quiere que entendamos que cuando caminamos dentro de los planes de Dios, sin importar las circunstancias, siempre estaremos mejor que como estábamos antes. No podemos estar viviendo un presente si estamos deseando estar en un pasado, en un futuro o en otra situación. No podemos decirnos seguidores de Jesús y al mismo tiempo querer seguir viviendo como si no lo conociéramos. Dios lo mostró hace miles de años y hoy veo distintas formas de pensar que, pensando que han descubierto el hilo negro, te dicen que vivas y disfrutes tu presente. Es verdad, debes vivir y disfrutar tu presente, el problema es que, sin el Señor, no podrás disfrutarlo. Él es quien permite que disfrutemos las bendiciones que nos son dadas. ¿Alguna vez has conocido a alguien que tenga mucho y disfruta poco? Pues ya sabes por qué.
El pasaje nos dice que algunos de los gálatas estaban regresando a sus antiguas andanzas. ¿Cómo lo podemos ver hoy en día? Piensa en un mentiroso que quiere obedecer y dejar de hacerlo. Pasa un mes y no ha mentido. De repente, surge una situación en la que, si miente, las cosas podrían mejorar, de lo contrario, si dice la verdad las consecuencias no serían buenas. Obviamente su mente ya está dando vueltas y está pensando que, de no haber sido por querer cambiar, hoy podría mentir y asunto arreglado. Pero ahora ya no es así. Ya sabe que está mal mentir. Ya sabe que el compromiso no es con la gente sino con Dios. ¡Qué conflicto! Así nos pasa en cantidad de situaciones diversas. Los que tienen problemas con su carácter, los que tienen problemas de fidelidad, de homosexualidad, de amar, de perdonar, de sujetarse, etc. Cada vez que decidimos dejar de hacer lo que está mal, y en el futuro nos encontramos con una disyuntiva, ¿por qué pensamos que estábamos mejor antes? ¿Por qué se nos olvida del hoyo tan horrible del que nos sacó el Señor? ¿Sabes por qué? Porque pensamos que merecemos lo que tenemos y damos por hecho que seguirá ahí siempre. Porque no entendemos que las bendiciones vienen de la gracia de Dios y no de nuestras acciones. Si pudiéramos entender esto, alabaríamos y obedeceríamos sin importar las circunstancias. Con mucho, con poco. Enfermos o sanos. Con dificultad o sin dificultad. Simplemente tendríamos la mirada en el cielo y viviríamos agradecidos. Viviríamos compartiendo el maravilloso evangelio y la increíble gracia que Dios tiene para nosotros. Hablaríamos de cómo Cristo ha cambiado nuestras vidas y de cómo nos sacó adelante.
Recuerdo un pasaje donde Pablo nos dice: ¿Estás casado? ¡No busques separarte! ¿Estás soltero? ¡No busques casarte! Maridos, amen a sus mujeres. Esposas, sujétense a sus maridos. Pienso en cómo nos encanta estar viendo lo que no tenemos y hacemos a un lado lo que hoy se nos ha dado por misericordia. Deja de pensar en lo que no es de Dios y entiende que no hay mejor plan que el del Señor. Ahora, si te gusta aprender a golpes pues adelante. Solamente piensa en las consecuencias de tus actos y recuerda que no serás el único que las sufra. Entiende que hay gente que te ama y que está a tu alrededor que también sufre por las decisiones que tomes.
Yo sé que es difícil. Yo entiendo que tus pensamientos te hacen creer que lo de antes tenía ventajas. La verdad es que no es así. Créeme. De hecho, no me creas a mí, cree en la palabra de Dios. Los israelitas que salieron de la esclavitud de Egipto no pudieron entrar en la tierra prometida por reclamar a Dios y no confiar en que los planes que Él tenía eran mejores que los de ellos. Al final la promesa se cumplió y la siguiente generación entró. Yo creo que sería bueno no dejar pasar esa bendición y querer entrar nosotros. Obedezcamos hoy. Busquemos servirle en todo lo que hagamos. Busquemos darle gloria en nuestro día a día. Vivamos agradecidos de lo que en su amor decide darnos. Dejemos atrás la carne y vivamos por el espíritu.
Oración

Padre nuestro: gracias por querer tener comunión conmigo y por mandar a tu Hijo a morir por mis pecados. Gracias por tus bendiciones y sobre todo te pido perdón porque muchas veces no las valoro. Hoy te pido que pueda dejar de distraerme pensando que estaba mejor antes o que las cosas serían mejor de otra manera. Quiero entender que tu plan que vivo hoy es lo mejor para mí y vivirlo gozosamente. Toma mi vida y dirígela mi Señor. Te lo pido en el nombre de Jesucristo. Amén

jueves, 22 de diciembre de 2016

Hebreos 9:23-24

Hebreos 9:23-24
Así que era necesario que las copias de las realidades celestiales fueran purificadas con esos sacrificios, pero que las realidades mismas lo fueran con sacrificios superiores a aquéllos. En efecto, Cristo no entró en un santuario hecho por manos humanas, simple copia del verdadero santuario, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora ante Dios a favor nuestro.
Debemos entender la dualidad en la que vivimos: la carne y el espíritu. Constantemente se nos recuerda en Hebreos esta realidad y la importancia que tiene el separarlas. Hay un santuario en el cielo y había una copia en la tierra. Los sacerdotes entraban al santuario e intercedían por los hombres aquí en la tierra mientras que ahora tenemos a Cristo haciendo lo mismo en el cielo. Nos habla el versículo que las características del santuario en la tierra tienen una diferencia esencial: la realidad celestial es superior a la terrenal. El santuario al que Cristo entra no fue hecho por hombres y tampoco necesita ofrecer sacrificios. Él entró al cielo y directamente a la presencia del Padre para interceder por nosotros. En pocas palabras, se nos dice que lo que hay en el cielo es mejor, superior, a lo que hay en la tierra. ¿Sabes? Constantemente aprendemos este principio en la biblia. No se trata de vivir fantaseando sobre un lugar lejano al que iremos al morir. Tampoco es una forma de vivir como optimistas deseando que nos vaya mejor en la “siguiente vida”. No. Es una realidad el que el cielo es mejor que la tierra. Es una realidad que no todos van a ir al cielo. Es una realidad que nuestra meta debe ser estar en esa presencia de Dios porque entendemos este principio perfectamente. Sabemos que el camino del Señor es mejor que lo que podamos encontrar aquí en la tierra. Ahora, si no lo has entendido, quiere decir que todavía no has permitido que Dios reine en tu vida. Es probable que sigas luchando entre tu vida espiritual y tus deseos y costumbres carnales. Es importante que entiendas que Dios es superior a ti. Su palabra tiene mejores planes que los tuyos y su soberanía y poder es mucho mayor que tú. ¿Por qué seguir luchando contra Él? Dios nos dice que perdonemos mientras nosotros pensamos que hay personas “imperdonables”. Dios nos dice que amemos a nuestro prójimo mientras que nosotros le ponemos “peros” para justificar nuestra falta de amor. Se nos pide que hablemos verdad pero aceptamos las mentiras “blancas”. Todo esto son señales que estamos prefiriendo vivir conforme al mundo en lugar de entender que conforme a Dios todo es superior. ¿Lo puedes entender? Tus costumbres te arrastran a seguir igual. Tus deseos son un estorbo para poder crecer espiritualmente. Debes armarte de fe y de la palabra de Dios para poder caminar en dirección opuesta y decidir firmemente por el camino de Dios. Si algo hemos aprendido en hebreos es la superioridad de Dios y esto debe impactar la manera en la que vivimos día a día. ¿Para qué insistir en una lucha que tenemos perdida? Mejor comienza a corregir tus pasos y deja que el Señor reine. Vive en carne propia la superioridad del cielo sobre la tierra. Cristo ya hizo todo. Te corresponde a ti dar el siguiente paso.
Oración

Padre y Señor mío: te pido perdón por mis pecados. Hoy entiendo mi necedad y orgullo. Quítalos de mí. No quiero seguir así y mucho menos estar peleando contra Ti. Hoy entiendo que seguirte y confiar en Ti es lo mejor que puedo hacer. Te pido reines en mi vida y tu voluntad sea mi voluntad. Gracias por el sacrificio de Jesús y la oportunidad de reconciliarme contigo. Gracias en el nombre de Jesús. Amén.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

EL VALOR DE LA NAVIDAD

EL VALOR DE LA NAVIDAD
Ante el desarrollo histórico de la fiesta navideña, , y el impacto del materialismo y otros elementos que nada tienen que ver con el sentido original de la Navidad, ¿tiene sentido seguir celebrando el 25 de diciembre? ¿No debemos, más bien, anularla del calendario cristiano? Aunque la reacción negativa de algunos creyentes es natural, consideramos que lejos de dejar de celebrar la Navidad, tenemos un deber, como creyentes, de ‘redimir’ la Navidad; o, si se quiere, ‘reconvertir’ la Navidad, para que el mundo sepa el verdadero sentido de la Navidad.
Debemos aprender de nuestros antepasados en la fe: los creyentes del tercer siglo. No permitamos que ocurra hoy lo que el emperador pagano Aurelio intentó hacer, hace tanto tiempo, cuando nombró el 25 de diciembre la fiesta del dios Sol, queriendo así opacar la celebración cristiana de la encarnación del Hijo de Dios. La encarnación de Dios es, juntamente con la muerte de Cristo, un evento trascendental en la Historia humana. Es cierto que la Biblia no nos manda celebrar el nacimiento de Cristo; sin embargo, teológica mente hablando, sin la encarnación de la segunda Persona de la Trinidad, la muerte de Cristo carece de valor salvífico. Por tanto, al celebrar el nacimiento de Cristo, estamos a la vez celebrando su obra redentora. La Iglesia primitiva lo entendía así, y por eso relacionó el nacimiento de Cristo con su muerte.
Si la Iglesia cristiana deja de celebrar la Navidad, lo que pasará es que el mundo ‘pagano’ se apoderará aún más de la fecha, y se eliminará todo recuerdo del nacimiento de Cristo. Dios nos llama a ser ‘sal’ y ‘luz’; no a abandonar el mundo a su pecaminoso. Por consiguiente, nos parece que sería una mejor estrategia reconocer que la Navidad es una fecha que podemos y debemos aprovechar para anunciar el mensaje cristiano. Obviamente, debemos distanciarnos de aquellos elementos que no tienen nada que ver con el nacimiento de Cristo. Cosas como la figura de Papá Noel, el materialismo, etc. Pero podemos aprovechar el mes de diciembre para hablar de Cristo.

En nuestros hogares podríamos preparar una escena del nacimiento de Cristo, con fines educativos o evangelísticos (con tal que no haya problemas con algún elemento cultural o supersticioso en nuestra región o familia que milite contra ello). Durante el mes de diciembre, deberíamos enseñar a nuestros hijos todos los eventos relacionados con el nacimiento del Señor, para inculcar en ellos un entendimiento del verdadero significado de la Navidad. En nuestras iglesias, debemos predicar sobre los textos relacionados con el nacimiento de Cristo, procurando no solo educar a los miembros de la iglesia, sino compartir el Evangelio con amigos que aún no conocen al Señor. En resumidas cuentas, debemos aprovechar esta fiesta anual para declarar el misterio de la Encarnación, y las glorias relacionadas con el nacimiento de Cristo. No debemos ceder territorio al enemigo de Dios, sino sacar provecho de la Navidad, para honrar y glorificar a Dios en un mundo que le da la espardas a Dios. ¡Esa es nuestra tarea cristiana!

martes, 20 de diciembre de 2016

Lo que más importa

Lo que más importa
Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún.
Filipenses 1:18
La palabra "anunciado" en el versículo de hoy significa "proclamar con autoridad". Sin que importara el costo personal, Pablo estaba decidido a que Cristo se proclamara con autoridad.
Aun cuando los detractores de Pablo predicaran el evangelio verdadero, eso tenía un efecto. Un predicador con motivos egoístas puede ser usado por Dios porque la verdad es más poderosa que el paquete en el que viene.
Pablo vivía para ver que se proclamara el evangelio; no le importaba quién se atribuía el mérito. Esa debe ser la actitud de todo pastor, maestro, anciano, diácono, líder y laico en la iglesia. En todo lo que sufrió, Pablo no dejó de predicar, ni criticó, ni se deprimió ni perdió el gozo. Es porque la causa de Cristo seguía adelante y se proclamaba su nombre. Eso era todo lo que Pablo quería. Esa es una actitud que la gracia de Cristo infunde en todos los santos. La actitud de un siervo
Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.
Lucas 14:33
Pocos en la iglesia actual están consagrados a Jesucristo como lo estuvo el apóstol Pablo. Pablo ejemplifica de lo que hablaba Cristo cuando dij "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame" (Lc. 9:23). Pablo vivía tan entregado a nuestro Señor que no le importaba si vivía o moría. Esa es una actitud de la que prácticamente no se oye en nuestra época materialista y ególatra. La mayoría de las personas hoy viven para todo menos para lo que Pablo vivía.

Pablo seguía sintiendo gozo siempre que su Señor fuera glorificado, aun cuando fuera él mismo amenazado de muerte. Lo único que le importaba era que se siguiera difundiendo el evangelio, que se predicara a Cristo y que se exaltara al Señor. La fuente de su gozo estaba totalmente relacionada con el reino de Dios.

lunes, 19 de diciembre de 2016

¿Cómo Aprender A Vivir Como Jesús?

¿Cómo Aprender A Vivir Como Jesús?
“APRENDED DE MÍ”.Y HALLARÉIS DESCANSO PARA VUESTRAS ALMAS.(Mateo 11:29)

Notemos que a diferencia de nosotros, Jesús no sufrió de miedo al fracaso. Es porque nunca le pasó por la mente el no poder hacer algo que su Padre ya le había asegurado que podría hacer. Y tampoco sufrió de miedo a la escasez. Aunque vivió una vida sencilla, fue responsable de su propio mantenimiento y del de un grupo de personas. ¿Cómo lo hizo? Oraba mucho y se mantenía en sintonía con su Padre Celestial. Por consiguiente, sabía cómo pescar cuando los peces no picaban o encontrar el dinero de los impuestos en la boca de un pez cuando lo necesitó (¡sí, Jesús pagó sus impuestos!). Tal vez Dios no te provea de la misma forma, pero ha prometido cuidar de ti (1 Pedro 5:7). Jesús te está diciendo hoy: “Venid a mí” aprended de mí “y hallaréis descanso para vuestras almas [las emociones y la mente]”. (Mateo 11:29). El estrés nos llega por nuestra necesidad de saber todo de antemano, de estar en control. Aun después de orar y supuestamente entregar la situación al Señor, nos creamos un “plan de emergencia”, en caso de que Él no maneje las cosas como pensamos que debería hacerlo. ¿Tú haces eso? No pones el dinero en el banco y luego te pasas la noche en vela preocupándote por ello, ¿verdad?. Pues al menos ten la misma confianza en Dios. Cada vez que entras en un torbellino de interrogantes sobre el qué, el cuándo, el cómo, el dónde, entrégaselo a Dios. No a ese Dios pequeño de tu entendimiento, sino al gran Dios cuyos hechos hablan por sí mismos, cuya fidelidad nunca falla y quien se ha ganado el derecho de preguntarte: “Hay alguna cosa difícil para [mí]” (Génesis 18:14). En otras palabras, ¡aprende a vivir como Jesús!

domingo, 18 de diciembre de 2016

El Dios de paz

El Dios de paz
El Dios de paz estará con vosotros.
Filipenses 4:9
El apóstol Pablo a menudo se refirió al Señor como el Dios de paz. En Romanos dij "Y el Dios de paz sea con todos vosotros" (15:33). En 2 Corintios escribió: "El Dios de paz y de amor estará con vosotros" (13:11). Y a los creyentes tesalónicos les dij "El mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera" (2 Ts. 3:16).
El versículo de hoy subraya el hecho de que el carácter de Dios es de paz. Él es el origen y el dador de la paz. Cuando nuestras actitudes, nuestros pensamientos y nuestra conducta están en armonía con Dios, la paz de Dios y el Dios de paz nos protegerán. Su paz da consuelo, tranquilidad, quietud y confianza en medio de cualquier prueba que pueda afrontar. La medida de la madurez espiritual
En esto me gozo, y me gozaré aún.
Filipenses 1:18
Puede medirse la madurez espiritual de un creyente por lo que puede quitarle el gozo. El gozo es un fruto de una vida guiada por el Espíritu (Gá. 5:22). Debemos regocijarnos siempre (Fil. 4:4; 1 Ts. 5:16). En todas las circunstancias el Espíritu Santo produce gozo, de modo que no debe haber ningún momento en el que no estemos regocijándonos de alguna manera.
El cambio, la confusión, las pruebas, los ataques, los deseos insatisfechos, el conflicto y las relaciones tirantes pueden quitarnos el equilibrio y despojarnos del gozo si no tenemos cuidado. Entonces hemos de llorar como el salmista: "Vuélveme el gozo de tu salvación" (Sal. 51:12).

Jesús dij "En el mundo tendréis aflicción" (Jn. 16:33), y el apóstol Jacobo dij "Tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas" (Stg. 1:2). Dios tiene su propósito en nuestras aflicciones, pero nunca nos quita nuestro gozo. A fin de mantener nuestro gozo debemos asumir la perspectiva de Dios respecto a nuestras pruebas. Cuando nos rendimos a la obra de su Espíritu en nuestra vida, no nos agobiarán nuestras dificultades.

sábado, 17 de diciembre de 2016

1 Juan 2:28-29

1 Juan 2:28-29
Y ahora, queridos hijos, permanezcamos en Él para que, cuando se manifieste, podamos presentarnos ante Él confiadamente, seguros de no ser avergonzados en su venida. Si reconocen que Jesucristo es justo, reconozcan también que todo el que practica la justicia ha nacido de Él.
Nuevamente nos animan a permanecer en Él pero ¿qué significa permanecer en Él? ¿Qué entiendes cuando lees estas palabras? ¿Qué debemos hacer para permanecer? La manera en la que yo entiendo permanecer significa obedecer. Significa poner a Dios como mi prioridad número uno. Significa poner su voluntad por encima de la mía. Significa morir a mí para que Él crezca. Permanecer en Él significa dejar atrás todo lo que estorba en nuestra comunión. Y ¿cómo se lleva a cabo en nuestro día a día? Te voy a dar algunos ejemplos. Dios está en contra del divorcio. Tu matrimonio puede estar por los suelos. Tu pareja simplemente no ayuda. Tú tampoco tienes muchas ganas de hacer algo al respecto. Pero si quieres permanecer en Cristo como lo dice la palabra, tu deber no es dejar que tu matrimonio se termine. Tu deber al permanecer en Él es pedir para que Él te llene de paz, de perdón y de amor para con tu pareja. ¡Leíste bien! Tu principal objetivo eres tú. Deja de estar pensando que la otra persona es la que debe hacer esto o aquello. Tú tienes que dar cuentas a Dios. Otro ejemplo. Tal vez tienes una adicción. Sabes que está mal. Sabes que está en contra de lo que Dios quiere. Permanecer significa alinear tu vida a la voluntad de Dios. Permanecer significa dejarte ser transformado por Dios. Entonces, pones tu vida a los pies del Señor y reconoces que tienes una adicción y que necesitas ser rescatado. No dejas que pase ni un día más. Acepta que hoy debes dejar atrás tu adicción. Otro ejemplo. Alguien te traicionó o te hizo daño. Cuando algo así sucede, siempre pensamos que tenemos derecho a odiar o a ignorar. Queremos eliminar a esa persona de nuestra vida. ¡Nos lastimaron y no nos vuelve a pasar! ¿Sabes? Cristo sufrió mucho más de lo que podemos imaginar. Lo sufrió porque te ama y me ama. Su amor no estaba limitado a que nosotros le amáramos de vuelta o hiciéramos algo por Él. Simplemente nos amó sabiendo que le fallaríamos. Siguiendo su ejemplo, permanecer en Él significa amar y perdonar incondicionalmente. Muere a ti. Muere a ese orgullo y ese coraje. Deja ese rencor atrás pues, si eres honesto, no te deja caminar y está afectando toda tu vida. No importa si te han lastimado una o cien veces. Cristo quiere que perdonemos y amemos siempre. Otro ejemplo. Cuando un ser querido muere. Éste es muy difícil. La manera en la que yo entiendo permanecer cuando algo así sucede, está descrita en 1 Corintios capítulo 1. Nos dice que nuestro Padre es Dios de toda consolación el cual nos consuela en todo momento. Pero no termina ahí. Nos consuela para que nosotros también podamos consolar a los que lo necesitan llevando ese consuelo de Dios a los demás. Dios es el único que puede abrazarte y consolarte como lo necesitas. Pero debes entender que no debes quedarte ahí. Si quieres permanecer, debes dejar que Dios te utilice y lleves ese consuelo a los demás que están también necesitados.
No puedo poner todos los ejemplos y por ello necesito que tú pienses en tu situación y trates de entender cómo permanecer en Él basado en Su palabra y Sus principios.

Oración