jueves, 24 de noviembre de 2016

La gracia para proseguir

La gracia para proseguir
Hechos 15.7-11
Como creyentes, atribuimos fácilmente nuestra salvación a la gracia de Dios, pero ¿qué significa para nosotros “esta gracia en la cual estamos firmes” (Ro 5.2)? ¿Cómo funciona ella en la vida diaria, especialmente cuando pasamos por períodos de prueba o sufrimiento?
1. La gracia del Señor libera su poder sobrenatural en nosotros para que podamos sobrellevar las dificultades de la vida y regocijarnos en lo que Él está haciendo en nosotros por medio de la adversidad.
2. La gracia edifica nuestra confianza en el Señor soberano. Nada luce irremediable cuando nos enfocamos en Él, en vez de hacerlo en nuestros problemas.
3. Descubrimos la seguridad de la presencia sustentadora de Dios, ya que Él camina con nosotros en cada paso del camino.
4. Porque hemos experimentado el amor que Dios nos tiene, somos capaces de sentir empatía y amor por los demás cuando enfrenten tiempos difíciles.
5. En las pruebas, la gracia transforma nuestro carácter, y ayuda a que otros puedan ver a Jesús reflejado en nosotros.
Las dificultades son inevitables. Por eso, necesitamos una dosis diaria de la gracia de Dios, si queremos atravesar las pruebas con la confianza de que habrá una recompensa. Si confiamos en nuestras fuerzas, los obstáculos parecerán insuperables, dejándonos desanimados y prontos a renunciar.

Muchas veces, confiamos en Cristo para salvación, pero luego tratamos de vivir sin su ayuda. Si la gracia de Dios fue necesaria para salvarnos, también será necesaria para el resto de nuestra vida. Solo mediante la inyección continua de su poder podremos tener una vida cristiana victoriosa.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

El Espíritu vrs La Carne, una Lucha Diaria

El Espíritu vrs La Carne, una Lucha Diaria



“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”

Romanos 8:1

Si hablamos de luchas diarias no podemos dejar a un lado la lucha que mantiene nuestro espíritu con nuestra carne. La verdad es que antes cuando estábamos sin Cristo vivíamos conforme a los deseos de la carne y en la corriente de este mundo. Pero desde el mismo momento que abrimos nuestro corazón para que Jesús entrara en el, fuimos liberados de la esclavitud del pecado por lo cual comenzamos a percibir las cosas que son del Espíritu.

Tampoco voy a negar que ese mismo instante comenzó lo que personalmente denomino como “Lucha mano a mano entre la carne y el espíritu”, pero más allá de esa lucha mano a mano que sostienen diariamente debe de existir en nosotros un deseo ferviente de agradar a Dios por cualquier medio, pues Él ha sido maravilloso para con nosotros.

Por esa razón quiero enfocar este tema a la lucha diaria que mantiene la carne contra nuestro espíritu, sé que no te estoy hablando en otro idioma y tu mejor que nadie has de saber muy bien a que se le llama lucha entre la carne y el espíritu, pero si aún tienes duda a continuación te lo detallo.

LA CARNE. (La carnalidad es una forma de vida en que prevalece una actitud en esencia destructiva.)

Para que podamos entender un poco mejor esta posición tratare de explicártelo: en sentido figurado llamamos carne a la concupiscencia de querer cometer pecado, definitivamente todos somos atraídos por el pecado, desde el principio de la creación el pecado se presentó al hombre como deseo de querer realizar algo que va en contra de lo que Dios ha estipulado.

Si decimos que una persona anda en la carne, nos referimos en su manera de vivir, en pocas palabras dando rienda suelta a sus deseos pecaminosos y olvidándose de agradar a Dios.

El pecado es atractivo para el ojo humano, pero detestable para Dios, es ahí en donde comienza lo que denominó “Lucha entre la carne y El Espíritu”

EL ESPÍRITU.

Todos nosotros somos seres tripartitos (1 Tesalonicenses 5:23), es decir que estas compuestos por espíritu, alma y cuerpo. El espíritu es el que se comunica con Dios, es decir que el que percibe las cosas que son de Dios y el que tiene como propósito agradarlo. En oposición a la carne, espíritu es, como reflejo de la gracia de Dios, una fuerza que da vida y la protege. Podemos contrastar la obra de la carne con el fruto del espíritu en la carta a los Gálatas.


Si decimos que una persona anda en el espíritu, nos referimos a que anda conformo a la voluntad de Dios, no satisfaciendo los deseos de la carne sino más bien los de Espíritu de Dios.

martes, 22 de noviembre de 2016

La protección de la paz

La protección de la paz
La paz de Dios… guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Filipenses 4:7
El versículo de hoy se refiere a la paz de Dios que protege nuestro corazón y nuestros pensamientos. "Guardará" es un término militar que significa "seguir observando". Los creyentes de Filipos vivían en una ciudad fortificada donde estaban los soldados romanos para proteger los intereses del imperio en aquella parte del mundo. De igual manera, la paz de Dios nos protege de la ansiedad, la duda, el temor y la angustia.
El creyente que no vive en la confianza de la soberanía de Dios carecerá de su paz y quedará en el caos de un corazón atribulado. Pero nuestra segura confianza en el Señor nos permitirá darle gracias en medio de las pruebas porque tenemos la paz de Dios que protege nuestro corazón y nuestra mente.
Cuando Pablo se refiere a nuestro corazón y nuestros pensamientos, no hace distinción alguna entre ellos. Es una declaración amplia que describe todo el ser interior de la persona. Gracias a nuestra unión con Cristo, Él protege con su paz todo nuestro ser. Y eso es lo que nos ayuda a ser espiritualmente estables. La acción de gracias de Jonás
Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová.
Jonás 2:9
Es asombroso que el profeta Jonás diera gracias a Dios mientras estaba en el vientre del gran pez (Jon. 2:1). ¿Cómo reaccionaría usted si estuviera en el lugar de Jonás? Tal vez clamaría: "¿Qué estás haciendo, Dios? ¿Dónde estás? ¿Por qué está sucediendo esto?" Pero Jonás reaccionó de manera diferente: "Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste" (v. 2). Después describió su hundimiento en el mar y la seriedad de su dilema (vv. 3-5)

No obstante, en medio de tan difícil situación, Jonás oró: "Tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío. Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová, y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo" (vv. 6-7). Aunque tenía sus debilidades, Jonás demostró una gran estabilidad espiritual en su oración. Confió en el poder de Dios para librarlo si quería. De igual manera, la paz de Dios lo ayudará a usted si reacciona ante las circunstancias con acción de gracias.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Santiago 1:19

Santiago 1:19
Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.
Listos para escuchar y lentos para hablar o enojarse. Generalmente hacemos todo lo contrario. Siempre quieres exponer tu punto primero y convencer a los demás de que estás en lo correcto.
Imagina por un momento al congreso de un país totalmente en silencio, escuchando al orador y poniendo atención a cada palabra que dice. Imagina un maestro escuchando a sus alumnos con atención; a un padre escuchando a sus hijos; a un jefe escuchando a sus subordinados; a un hijo escuchando a su padre; a un subordinado escuchando a su jefe. ¿Por qué es tan complicado escuchar? ¿Por qué se facilita tanto hablar y se dificulta el escuchar? ¿Te has topado con personas que solamente hablan y hablan y no te dejan decir nada? ¿Has estado en discusiones donde no se pueden dar opiniones ni puntos de vista? ¡Cuántas discusiones y cuántos problemas se evitarían si tan solo siguiéramos este principio! ¿Cuántas personas quieren una mejor comunicación con los demás?
Aprende a escuchar. Aprende a callar. Aprende a controlar tus impulsos.
La comunicación no es fácil entre personas.
Listo para oír no significa estar tranquilos y pretender escuchar. Hay muchas personas que escuchan lo que se dice, pero en ningún momento tratan de “procesar” la información recibida para poderla comparar con la que ellos tienen. En consecuencia, simplemente le estás hablando a una pared. El estar pronto para oír significa una actitud continua. Requiere de tu entrega y sobre todo que dejes de pensar en ti y pienses primero en lo que Jesús quiere que hagas para posteriormente poder escuchar a tu prójimo. Es hacer a un lado el egocentrismo, dejar de pensar en lo que quieres, en lo que piensas que debería ser, en lo que deseas corregir. Pronto para oír no significa dejar de exponer tu punto de vista. Parafraseando el versículo Santiago dice algo así: ten cuidado con tus actitudes, es importante que pongas atención en tu forma de reaccionar cuando las personas no están de acuerdo contigo. Cuando alguien hable, escúchalo, trata de entender su postura, entiende su situación y punto de vista. No te impacientes por contestar y debatir sobre los desacuerdos. Habla con calma, habla en el amor de Cristo. Recuerda, ten cuidado de que la ira y el enojo no se apoderen de lo que dices o haces. Es muy fácil que te pase así que pon atención.
La clave para poder llevar a cabo esto está en Cristo. Debes reconocer que tú no puedes dominar tu ira, tus enojos, tus corajes. Entender que solamente Dios, a través del Espíritu Santo puede hacer esa transformación en ti. Pídelo al Señor y experimenta los cambios que realiza en aquellos que le entregan su vida.
Oración
Padre: te pido perdón porque no he sabido escuchar ni tampoco controlar mi ira y enojos. Hoy quiero ser diferente y reconozco que yo no puedo hacerlo. Te pido que controles mi ira, controles mis palabras y pongas en mi paciencia para escuchar a mi prójimo. Permite que recuerde siempre estos versículos para tener una actitud pronta a escuchar y lenta para la ira. Te lo pido en el nombre de Jesús

Amén

domingo, 20 de noviembre de 2016

El control soberano

El control soberano
Elegidos según la presciencia de Dios.
1 Pedro 1:2
A través de los años, las teologías arminianas y calvinistas han estado en polos opuestos. La teología reformada tradicional, que llamamos calvinismo, subraya la soberanía de Dios, pero la teología arminiana en realidad subraya la soberanía del hombre. Enseña que Dios es útil al dar ayuda espiritual, pero que uno tiene que encontrarla en sí mismo para ir a Cristo, perseverar en la fe, alcanzar metas espirituales y obtener victorias espirituales.
¿Qué resulta de esa clase de teología? Una persona puede decir que confía en Cristo, pero en realidad confía en sí misma. Eso muestra la creencia de que el poder para escoger la salvación, o perderla por el fracaso espiritual, pertenece a la persona. Suponga que usted creyera que tenía esa clase de poder. ¿Puede imaginarse lo que sería enfrentarse a la muerte y preguntarse si no pudiera entrar en el cielo porque había cometido muchísimos pecados? Esa incertidumbre causará ansiedad, no seguridad.
Confiar plenamente en Dios requiere conocimiento de su gracia soberana: Que una persona es escogida, redimida, mantenida y glorificada por Dios, que es el iniciador. Reaccione ante los problemas con acción de gracias
Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.
Filipenses 4:6
En vez de orar a Dios con duda o descontento, el creyente ha de acercarse a Dios con un espíritu de acción de gracias. Por eso Dios prometió que nada en nuestra vida será demasiado para que lo soportemos (1 Co. 10:13). Él ha prometido hacer que todo obre para nuestro bien (Ro. 8:28), y "perfeccionarnos, afirmarnos, fortalecernos y establecernos" en medio de nuestro sufrimiento (1 P. 5:10).
Todas las dificultades están dentro del propósito de Dios, de modo que podemos darle gracias por su poder y sus promesas. Pedro dijo que echemos "toda [nuestra] ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de [nosotros]" (1 P. 5:7). Al hacerlo, hemos de ser agradecidos por su providencia, su promesa de perfeccionarnos, la gloria que Él recibirá del cumplimiento de su voluntad, y por las pasadas misericordias que son la promesa de bendiciones futuras. La paz celestial
La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento.
Filipenses 4:7
El versículo de hoy promete calma o tranquilidad interior al creyente que ora con una actitud agradecida. Observe que no promete cuál será la respuesta a nuestras oraciones.
Esa paz "sobrepasa todo entendimiento", lo cual se refiere a su origen divino. Trasciende el intelecto, el análisis y la agudeza de los seres humanos. Ningún consejero humano puede dársela a usted porque es un don de Dios.
El verdadero reto de la vida cristiana no es eliminar toda circunstancia desagradable de su vida, sino confiar en el infinito, santo, soberano y poderoso Dios en medio de toda situación.
Jesús dij "Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo" (Jn. 16:33). Así que comience a vivir en el plano sobrenatural, reconozca que vive en un mundo caído, y permita que Dios haga su obra perfecta en usted. Y Dios le dará su paz cuando se entregue confiado en sus manos. La protección de la paz
La paz de Dios... guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Filipenses 4:7
El versículo de hoy se refiere a la paz de Dios que protege nuestro corazón y nuestros pensamientos. "Guardará" es un término militar que significa "seguir observando". Los creyentes de Filipos vivían en una ciudad fortificada donde estaban los soldados romanos para proteger los intereses del imperio en aquella parte del mundo. De igual manera, la paz de Dios nos protege de la ansiedad, la duda, el temor y la angustia.
El creyente que no vive en la confianza de la soberanía de Dios carecerá de su paz y quedará en el caos de un corazón atribulado. Pero nuestra segura confianza en el Señor nos permitirá darle gracias en medio de las pruebas porque tenemos la paz de Dios que protege nuestro corazón y nuestra mente.

Cuando Pablo se refiere a nuestro corazón y nuestros pensamientos, no hace distinción alguna entre ellos. Es una declaración amplia que describe todo el ser interior de la persona. Gracias a nuestra unión con Cristo, Él protege con su paz todo nuestro ser. Y eso es lo que nos ayuda a ser espiritualmente estables.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Dios No Tiene Prisa

Dios No Tiene Prisa
Por tanto, Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque Jehová es Dios justo; bienaventurados todos los que confían en él. Isaías 30:18
¿Alguna vez has notado que Dios no tiene prisa? Le tomó 40 años para Moisés para recibir su llamado para conducir al pueblo de Egipto. Le tomó 17 años de preparación antes de que José fuera liberado de la esclavitud y encarcelado. Le tomó 20 años antes de que Jacob fuera libre del control de Labán. Abraham y Sara eran viejos cuando finalmente recibieron el hijo de la promesa, Isaac.
Dios-no-tiene-prisa
¿Por qué Dios no tiene prisa?
Dios llamó a cada uno de estos siervos para llevar a cabo una determinada tarea en su Reino, sin embargo, Él no tenía ninguna prisa para llevar a cabo su misión. En primer lugar, Él logró lo que quería en ellos. A menudo estamos más enfocados en los resultados que en el proceso que Él está logrando en nuestras vidas cada día. Cuando experimentamos su presencia todos los días, un día nos despertamos y nos damos cuenta de que Dios ha hecho algo especial en y a través de nosotros. Sin embargo, la realización ya no es lo que nos anima. En cambio, lo que nos anima es que Él está siempre presente. A través de los tiempos, nos volvemos más familiarizados con su amor, gracia y su poder en nosotros. Cuando esto sucede, ya no estamos enfocados en el resultado porque el resultado es “el resultado” (valga la redundancia) de nuestro caminar con Él. No es el objetivo de nuestro caminar, pero es el subproducto. Por lo tanto, cuando José llegó al poder en Egipto, probablemente no se importo mucho con esto. Por que había llegado a un lugar de completa entrega por esto no estaba ansioso por el mañana y sus circunstancias.

Esta es la lección para nosotros. Tenemos que esperar el tiempo de Dios y abrazarlo dondequiera que estemos en el proceso. Cuando encontramos la satisfacción y realización en ese lugar, empezamos a experimentar a Dios en formas que nunca antes pensamos posibles.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Colosenses 3:7-8

Colosenses 3:7-8
Ustedes las practicaron en otro tiempo, cuando vivían en ellas. Pero ahora abandonen también todo esto: enojo, ira malicia, calumnia y lenguaje obsceno.
La primera parte se refiere a los versículos anteriores que hablan de la inmoralidad sexual, bajas pasiones, impureza, malos deseos y avaricia. Dice que antes vivíamos en ellas pero no más. La Biblia hace varias menciones sobre la vida antes y después de conocer a Jesús. De hecho Jesús mismo nos dejó varios ejemplos de lo que éramos y lo que ahora somos. Pablo entendió el mensaje y está tratando de compartirlo con la iglesia de Colosas y principalmente contigo y conmigo. Ya no somos la misma persona. Antes tenías un estilo de vida, una consciencia, una forma de pensar y actuar. Eso terminó. Ese estilo de vida, esa consciencia, esa forma de pensar y actuar ahora están guiadas por los principios de Jesús y la palabra de Dios. Ya no puedes ser la misma persona. No puedes tener luz y oscuridad al mismo tiempo. Si ya has conocido la verdad a través de Cristo, no puedes seguir viviendo en la mentira: las practicaron en otro tiempo cuando vivían en ellas. Ya no vives en ellas. Cristo te ha transformado. Tus malos hábitos deben parar.
El seguir a Jesús, como he escrito, implica cambios y ajustes. Algunos más radicales que otros, pero nunca terminan. Pienso en Pablo tratando de explicar a los colosenses que no se trata solamente de cumplir con unos cuantos principios y listo, sino que cuando terminamos con una lista, comienza una nueva. Primero analizamos nuestra conducta y moral sexual, nuestros deseos e impurezas. Ahora es necesario indagar más profundo y sacar nuestros enojos, iras, malicias, calumnias y groserías (lenguaje obsceno).
Hay un dicho que dice: el que se enoja pierde. ¡Es tan cierto! Con nuestro enojo podemos causar tanto daño. Podemos lastimar aún más. Si lo dejamos seguir se convierte en ira y la cosa se pone peor. Recuerda la última vez que te enojaste…
¿Lo pudiste controlar? ¿Lo entregaste a Dios para que no se quedara en ti, o simplemente lo dejaste explotar y salió lo peor de ti?
Pienso que a veces Dios permite que atravesemos situaciones difíciles o específicas, las cuales sacarán lo que hay realmente en nuestro interior y que debemos trabajar. No hay casualidades. Que tengas a alguien en tu trabajo que no toleres, que tu vecino sea tan difícil, que las cosas no salgan como querías, que llegues a tu límite, todo esto tiene la intención de sacar lo que ha estado guardado por tanto tiempo dentro de ti y que te des cuenta que es necesario trabajarlo entregándolo a Dios. Ya no vivimos como antes porque ya no somos como antes. Te recomiendo que medites en ello. Medita en los principios de la Biblia y cómo los has aplicado o cómo los has evitado. ¿Qué te hace falta entregar? ¿Qué bendición ha sido el entregarlos?
Oración
Padre: definitivamente solo buscas que en mi vida haya bendición. Gracias por enseñarme a través de tu palabra que lo que hacía antes no trae nada bueno a mi vida y que es necesario dejar de hacerlo. Ayúdame a entender y percatarme de todo aquello que debe ser transformado dentro de mí. Te lo pido en Cristo Jesús

Amén