domingo, 23 de octubre de 2016

Gálatas 5:16-18

Gálatas 5:16-18
Así que les digo: vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa. Porque ésta desea lo contrario al Espíritu, y el Espíritu desea lo que es contrario a ella. Los dos se oponen entre sí, de modo que ustedes no pueden hacer lo que quieren. Pero si los guía el Espíritu, no están bajo la ley.
A mucha gente le gusta decir que la biblia está mal porque toma posiciones absolutas. Esto quiere decir que no existe un intermedio o una mezcla de una extremo con el otro. Por el contrario, como humanos, tratamos constantemente de querer acomodar nuestros pensamientos y deseos a los de Dios y tratamos de que coexistan. De hecho, podemos ver que, dentro de la naturaleza pecaminosa, transformamos la verdad por mentira, la luz por tinieblas y a lo malo lo llamamos bueno (Isaías 5:20). Nuestro orgullo nos confunde. Nuestras pasiones nos quitan la claridad y nuestros deseos nos encadenan. El pasaje de hoy nos enseña que no podemos llevar una doble vida. No podemos acomodar o mezclar los principios de Dios con aquellos de la carne. Son agua y aceite. De hecho, son mutuamente excluyentes. Pero a nosotros nos gusta pensar distinto. Seamos honestos. Queremos seguir arrastrando nuestra manera de vivir y de pensar. Pensamos que no estamos tan mal. Pensamos que sabemos más que Dios y en nuestra mente logramos convencernos. El Espíritu desea lo contrario a la carne y viceversa. No hay punto medio. No podemos hacer nada al respecto. No es que sea exagerado. Simplemente así lo dice Jehová.
Ahora, ¿de qué te sirve entender y vivir bajo este principio? Piensa en esto: si alguien te ha causado un mal, ¿Es mejor guardarle rencor y buscar venganza o pedir al Señor porque ponga perdón en tu corazón y poder tener paz? Si ahora estás tranquilo y nadie te ha hecho nada, fácilmente optarás por la segunda opción. Pero espera al momento en que te lastimen y verás con qué facilidad los deseos de venganza surgen y con qué poco ánimo quieres perdonar. La diferencia entre una opción y la otra no son fáciles de detectar en cuanto a sus consecuencias pues son meramente internas. Solamente tú podrás experimentar la paz que trae el Espíritu Santo a tu vida al pedir que te llene de perdón y quite los deseos de venganza de tu vida versus mantener en tu interior todas esas raíces de enojo, odio y corajes. ¿Alguna vez te has dado cuenta de cómo la furia te consume por dentro? ¿Has notado cómo tomas decisiones incorrectas por dejar que tus impulsos tomen control? Dios te ama. Quiere que tu vida sea llena de bendiciones y quiere prevenirte de aquello que te destruye. Por esta razón nos enseña lo que es seguir a la carne contra seguir a Su Espíritu. ¡Es por nuestro propio bien! Hay cantidad de novelas que narran sobre los conflictos entre familias e incluso países porque nunca lograron perdonarse. Los años pasaron y con ellos varias generaciones. Sin embargo, el odio, el rencor y el deseo de venganza siempre se cultivó y mantuvo firme. ¿Qué se logró? Pura destrucción. No tenemos que seguir con nuestra necedad. No tenemos que seguir siendo tercos y cabeza dura. Hoy podemos elegir distinto. Hoy puedes elegir vivir para Dios, vivir por el Espíritu y no por la carne. Es una decisión individual. Medita en tu vida y lo que hay en tu corazón. Pide a Dios que te muestre lo que hay en él y toma la decisión de cambiar y comenzar a vivir por el Espíritu. Tú serás el primero en ser bendecido pero también llevarás bendición a los que te rodean.
Oración

Padre: alabado seas. Gracias por darle sentido a mi vida. Gracias por enseñarme que tu camino edifica mientras que mi naturaleza pecaminosa destruye. Quiero aprender a morir a mi mismo para que Tú reines. Guíame Señor conforme a tu voluntad. Te lo pido en Cristo Jesús. Amén

sábado, 22 de octubre de 2016

Gálatas 6:9-10

Gálatas 6:9-10
No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos. Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe.
Hace poco tiempo recibí una carta diciendo que me estaban demandando por una pelea que mi perro tuvo con otro perro. Aunque la pelea sí ocurrió, los hechos como los describen son incorrectos. En pocas palabras, están mintiendo. La persona que me está queriendo demandar es mi vecina. A unas cuantas casas la tengo que ver cuando camino con mi perro. A veces me dan ganas de ir y decirle que es una basura de persona, que es una lástima que exista gente como ella y que es triste que quiera ganar dinero mintiendo y aprovechándose de una situación. Mis deseos son enfocados a que se sienta mal. Tratar de ver si puedo lastimarla o por lo menos que se de cuenta de lo que pienso. Me gustaría humillarla. Me gustaría que todos los vecinos supieran el tipo de persona que es. ¿Por qué te estoy describiendo todo esto? Porque así es nuestra naturaleza pecaminosa. Así son los deseos de la carne. Extremadamente alejados del Espíritu y de lo que edifica. El hecho de que escriba todos los días sobre la palabra de Dios no quiere decir que no me enoje y tenga puros buenos deseos. Soy como tú. Lo único que busco es entregar mi día a día a la voluntad de Dios. Por esta razón, el Señor nos dice, no nos cansemos de hacer el bien, a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos. ¡Honestamente no quiero hacer el bien con esta persona! ¿Cómo hacer el bien con alguien que está mintiendo y me está perjudicando? Pero Dios es más sabio que yo. Si Él me dice que lo mejor que puedo hacer es perdonar, no guardar corajes ni resentimientos, amar a mi prójimo y buscar hacer siempre el bien, eso es lo que voy a hacer y te animo a que tú también lo hagas. No porque no vas a tener sentimientos contrarios. No porque todo de ahora en adelante vaya a ser maravilloso. ¡No! Hoy estamos decidiendo poner a Dios por encima de todo. Estamos aprendiendo a morir a nuestro orgullo. Estamos aprendiendo a vivir bajo la cruz. Nos dice que no nos demos por vencidos. A su debido tiempo, esto quiere decir, en el futuro, cosecharemos. No lo olvides. Todo lo que se siembra se cosecha. A veces hay que esperar poco y en otras ocasiones se espera mucho. Pero nosotros debemos esperar con fe y no desanimarnos para seguir sembrando lo bueno. No te canses de hacer el bien. Sé que allá afuera pareciera que todo está en tu contra. Confía. Has el bien. No te dejes convencer por los demás. Sigue los principios de Cristo y has el bien en todo.
Siempre que tengas la oportunidad, has el bien. No te voltees. No des la espalda. Sin importar quién o cómo, has el bien. Muchas veces querrás hacer lo contrario. Por eso te platiqué mi historia. Llevo ya tiempo en oración. Pido porque Dios ponga amor y perdón en mi corazón. Yo no quiero hacer mi voluntad, pero para ello necesito estar pegado al Señor pues en el momento en que me separo, lee la lista de arriba para que te des cuenta de lo que pasa por mi mente. Hacer el bien es más difícil que hacer tu voluntad. Necesitas fe y determinación a querer agradar al Señor. ¿Qué vas a hacer?
Oración

Señor: quiero hacer tu voluntad. Sé que buscas lo mejor para mí y por ello te pido que pongas fe y convicción en mi mente y en mi corazón para seguirte y obedecerte sin importar las circunstancias. Pon amor y perdón en mi corazón. Te lo pido en el nombre de Jesús. Amén

jueves, 20 de octubre de 2016

justicia y misericordia

justicia y misericordia

Romanos 3.21-26

La condición pecaminosa de la humanidad nos plantea un dilema. ¿Cómo puede un Dios santo y justo perdonar nuestros pecados? Si Él nos trata solo en base a su justicia, todo ser humano sufriría el castigo eterno de su ira que merecen sus pecados. Pero si dispensara misericordia en vez de justicia, nadie pagaría el castigo por el pecado, y Dios dejaría de ser justo.

Solo había una manera para que el Señor pudiera permanecer fiel a su naturaleza y al mismo tiempo perdonar nuestros pecados. La solución era satisfacer su justicia derramando su ira sobre un sustituto. Entonces, el castigo por el pecado sería pagado, y Él estaría libre para ofrecer misericordia a los pecadores. Este es el único plan que adecua ambos aspectos de su naturaleza divina. Por eso, Cristo vino como nuestro sustituto; Él recibió el castigo por nuestro pecado, permitiéndonos experimentar la misericordia del Padre. Ahora, al poner su fe en Jesús, cualquier persona puede ser justificada, es decir, declarada legalmente justa.

El plan de salvación de Dios es tan sencillo que hasta un niño puede entenderlo. Pero, al mismo tiempo, la complejidad de lo que pasó en el Calvario está mucho más allá de la comprensión humana. Aunque no somos capaces de entender plenamente lo que ocurrió allí, podemos saber que la cruz es la demostración más grande del amor de Dios por nosotros.

¿Puede usted imaginar lo que costó su salvación? El glorioso plan del Padre y del Hijo, son prueba del enorme valor que usted tiene a los ojos de Dios. Desde su perspectiva, usted es digno de todo el dolor y sufrimiento que fueron necesarios para garantizar su presencia eterna con Él en el cielo.

martes, 18 de octubre de 2016

Colosenses 2:15

Colosenses 2:15
(Cristo) desarmó a los poderes y a las potestades, y por medio de Él los humilló en público al exhibirlos en su desfile triunfal.
Como ser humano, no dejo de sorprenderme de la grandeza y perfección de Dios. Su forma de enseñarnos. Su planeación. Al leer estos pasajes y tratar de entender lo que estaba pasando en ese entonces, trasladarlo a hoy y aprender sobre un principio que Dios tiene para mí, simplemente me deja atónito. Es demasiada perfección en un libro escrito hace tanto tiempo. ¡Tenía que ser Dios!
En la versión Reina Valera describe este desfile triunfal como la crucifixión.
¿Cómo es posible que se pueda entender el sacrificio de Jesús, su sufrimiento, su desfiguración, su humillación, todo lo que atravesó en ese calvario como un desfile triunfal? Insisto, Dios nos enseña de formas muy distintas a las que estamos acostumbrados, pero más precisas no podrían ser.
Nuestra tendencia como personas, es relacionar todo con aquello que percibimos. Hacemos relación de lo que escuchamos en la Palabra junto con lo que aprendemos en la calle. Resultado: choque sin sentido. En la calle o en el mundo, aprendes que una entrada o desfile triunfal se da con un rey o una celebridad. Vestida de ropas finas y hermosas. Probablemente no camine sino esté siendo llevada por un transporte lujoso. La gente alrededor se empuja por poder ver siquiera un instante a este personaje. Todos ven con admiración y probablemente respeto. Otro tipo de desfile triunfal sería el de un ejército entrando en alguna ciudad después de haber acabado con sus enemigos. Todos contentos y orgullosos. Muy distinta concepción a la de un ser humano caminando con una cruz encima, recibiendo golpes, insultos, escupitajos, etc.
Pero Jesús no es como nosotros. Sus planes son distintos y llenos de sabiduría. Quizás, este “desfile triunfal” fue lo que desanimó a muchos o la mayoría de sus seguidores. Jesús no estaba pensando en ser una celebridad, en cambiar al gobierno Romano y liberar a los judíos. Los principados y potestades son traducidos en la Biblia de lenguaje sencillo como aquellos espíritus con autoridad. Pero muchos se fueron con la idea de que la libertad que traería el Mesías, vendría sobre la opresión física que estaban sufriendo.
El día de ayer se celebró la entrada triunfal de Cristo a Jerusalén. Lo exaltaban y adoraban. Unos días después lo insultarían y abandonarían.
No es fácil entender a Jesús. Hoy quiero animarte a meditar sobre tu concepción de Él y tu relación con Él. ¿Quién es Jesús para ti? ¿Qué significa su muerte? ¿Es el que se encarga de realizar los milagros que necesitas? ¿Es una fuerza o energía que se mueve en el universo? ¿Un gran hombre?
Cristo cumplió la voluntad de Dios al realizar su “desfile triunfal” en la cruz. Logró que el pecado y todo espíritu ajeno a él dejaran de tener cualquier tipo de potestad y nos dio la oportunidad de ser libres y vivir en comunión con Él.
¿De qué lado quieres estar?
Oración
Padre: yo quiero estar de Tu lado. Perdona mis pecados y ayúdame a entender lo que has hecho por mí. Te doy gracias por quitarme las cadenas del pecado y librarme de todo aquello que me oprimía. Te pido que me escuches en Cristo Jesús.

Amén

lunes, 17 de octubre de 2016

Amor a Dios

Amor a Dios

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.

Marcos 12:30

Además de las palabras de Jesús en el versículo de hoy, otros libros del Nuevo Testamento ponen en claro que los creyentes han de amar a Dios. Pablo escribió a los corintios, citando del profeta Isaías: "Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman" (1 Co. 2:9). En otro pasaje el apóstol se refiere a los cristianos como "los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor inalterable" (Ef. 6:24).

Amor inalterable a Dios es la primera característica de la genuina fe salvadora. Eso es así "porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado" (Ro. 5:5). En vista de todo eso, no es ninguna casualidad que Pablo pusiera el amor como el primer fruto del Espíritu (Gá. 5:22).                Características del amor a Dios

Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más.

Filipenses 1:9

El verdadero amor a Dios tiene muchas características. He aquí una lista de las más importantes:

•           Desea la comunión personal con Dios (Sal. 42:1-2; 73:25).
•           Confía en que el poder de Dios proteja a los suyos (Sal. 31:23).
•           Se caracteriza por la paz que solo Dios puede dar (Sal. 119:165; Jn. 14:27).
•           Es sensible a la voluntad de Dios y a su honra (Sal. 69:9).
•           Ama a las personas que Dios ama (1 Jn. 4:7-8, 20-21).
•           Aborrece lo que Dios aborrece (1 Jn. 2:15).
•           Espera la segunda venida de Cristo (2 Ti. 4:8).

Por último, y lo más importante, se caracteriza por la obediencia a Dios (Jn. 14:21; 1 Jn. 5:1-2).

Podemos amar a Dios y manifestar esas características solo porque Él primero nos amó a nosotros (1 Jn. 4:7, 10, 19). ¿Ama usted a Dios?

domingo, 16 de octubre de 2016

Hechos 9:13-14

Hechos 9:13-14
Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre.
Podemos ver a un Ananías muy humano, muy real comenzando a dudar sobre lo que Dios le está pidiendo. De hecho, no debemos ser muy críticos con él puesto que le estaban pidiendo que fuera frente al enemigo y lo ayudara esperando que no le haría ningún daño. Cuando conocemos el final de la historia, los eventos pierden un poco de valor. Pero si analizamos bien cada hecho sin pensar en lo que ya conocemos, nos ayuda a darle la dimensión correcta y a aprender sobre lo que nosotros debemos o no hacer.
¿Cuántas veces te has encontrado con ganas de seguir a Dios, ser transformado, hacer las cosas diferentes y empezar de nuevo? Espero que muchas. Conforme expresas tu deseo a Dios, Él dice: muy bien, pongamos a prueba ese corazón, y las pruebas en tu vida comienzan. De repente te encuentras en situaciones que no esperabas, con problemas que no tenías y pareciera que estabas mejor antes. No eres el único que lo ha pensado, los judíos cuando se encontraron en el desierto se quejaron contra Moisés pues pensaban que era mejor ser aplastados por los egipcios que vivir en el desierto. El punto es que Dios examina nuestros corazones y esto se da a través de las pruebas. Es necesario “sacar” lo peor de nosotros para que Dios pueda comenzar a moldearnos. Jehová quería seguir moldeando el corazón de Ananías y le pide dar un paso más en su “entrenamiento” de fe al decirle que vaya y se encuentre con aquél que aprehende a los cristianos y permite que sean lapidados o colgados.
He oído cosas terribles de Saulo mi Dios… En otras palabras, le está preguntando a Dios si está seguro de lo que está diciendo. ¿Saulo? ¿Seguro? ¿Saulo de Tarso? Y nosotros preguntamos igual: ¿Señor a mí? ¿Perdonar, a esa persona? ¿Ayudar después de lo que me hicieron? ¿Pedir perdón? ¿Arrepentirme? Señor ¿no te has dado cuenta de todo lo que pasó? Le hablamos a Dios pensando que es como nosotros. ¡Por supuesto que sabe todo lo que ha pasado y lo que te está pidiendo! Pero nos encanta poner pretextos y tener una excusa para echarnos para atrás pensando que estábamos mejor antes. ¿Puedes darte cuenta de estas reacciones en ti? ¿Puedes recordar cómo le has cuestionado a Dios sus planes porque parecen imposibles? Señor, le dice Ananías, Saulo tiene incluso poder en esta zona de aprehenderme. ¿Qué respuesta podemos esperar de Dios? Perdona Ananías se me olvidaba quién era Saulo de Tarso. ¡Por supuesto que no! Más bien, esperamos un: lo sé, Saulo ha hecho cosas terribles, bástate mi gracia pues mi poder se perfecciona en tu debilidad y tengo planes específicos para ti…
Oración

Señor: no dejo de sorprenderme con tu palabra y la perfección que hay en ella. Entiendo hoy que mis pruebas son necesarias y que moldean mi carácter. Te pido que pueda confiar en Ti, depender de Ti y caminar en Ti pues tengo frente a mí a “Saulo” quien no me deja dormir tranquilo pensando en todo lo que pudiera pasar. Te pido por tu paz y gozo en el nombre de Jesús. Amén

sábado, 15 de octubre de 2016

Filipenses 1:6-8

Filipenses 1:6-8
Estoy convencido de esto: el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús. Es justo que yo piense así de todos ustedes porque los llevo en el corazón; pues, ya sea que me encuentre preso o defendiendo y confirmando el evangelio, todos ustedes participan conmigo de la gracia que Dios me ha dado. Dios es testigo de cuánto los quiero a todos con el entrañable amor de Cristo Jesús.
Cuando leemos en la Biblia que la iglesia es un solo cuerpo, lo podemos entender con estos versículos que escriben Pablo y Timoteo. Si estoy en gozo, en prisión o en cualquier otra circunstancia, todos ustedes participan conmigo de la gracia que Dios me ha dado pues somos un mismo cuerpo. Esto es lo que Pablo está diciendo. Todos somos hermanos en la fe. Todos estamos aquí para motivarnos y amarnos en el amor de Cristo Jesús. Ahora, hay un detalle sumamente importante: el amor que nos tenemos entre hermanos debe provenir del amor de Dios. No de nosotros pues este amor no es duradero y cuando vienen las pruebas y los conflictos, normalmente desaparece. Pero el amor que Dios nos da permanece sin importar lo que estemos atravesando. Es sumamente probable que como hombres fallemos. Yo te voy a fallar. Probablemente tu pastor te pueda fallar y tú le vas a fallar a alguien más. Por eso es de gran importancia que tu amor hacia los hermanos en la fe esté basado en Cristo y no en nuestro comportamiento. Pongamos la mirada en Jehová y así como Él nos perdona y ama sin restricción, amemos y perdonemos a nuestros hermanos. Aprendamos a ser un solo cuerpo. A gozarnos y a entristecernos junto con ellos. Pensemos menos en nosotros y más en nuestro prójimo.
Por otro lado, es sumamente importante entender quién da el crecimiento espiritual. Dios. Cada uno de nosotros tenemos distintas “velocidades”. Algunos crecen muy rápido y otros pareciera que van caminando. Ninguno crece a la misma velocidad que el otro. Como humanos, nos encanta poner patrones y pensar que todo debe ser igual. Tenemos una educación que nos motiva a pensar así. Pero con Dios las cosas son distintas. Podemos tener un joven de 18 años enseñarle a sus padres lo que es seguir al Señor. De igual forma, dos personas que reciben a Cristo el mismo día, tendrán un crecimiento distinto. Lo que sabemos es esto: que el Señor, quien comenzó la obra en nuestros corazones, es quien se encarga de irla perfeccionando. Va a depender de nuestra rebeldía, de nuestros deseos de obedecer, nuestras ganas de entregarnos y sobre todo nuestra voluntad para servir. No critiques. No juzgues. No somos nadie para hacerlo. Si un hermano lleva tiempo asistiendo a la iglesia y no ves frutos, mejor ora por él y entiende que el Señor quiere seguir perfeccionando su obra. Tristemente he escuchado personas que señalan y piensan que, por llevar tiempo acudiendo a la iglesia, la gente debería actuar de tal o cual manera. Esto no funciona así. Habemos unos más necios que otros. Habemos unos más orgullosos que otros. Habemos unos con más prejuicios que otros. En fin, hay tanto que tenemos en nuestro corazón que debe ser cambiado que solamente el Señor, quien comenzó la obra, puede terminarla hasta la perfección. Seamos un cuerpo y busquemos crecer juntos respetando la “velocidad” de cada uno. Amémonos. Gocémonos en Cristo. Dejemos que Él siga trabajando en nosotros y aprendamos a servirle en todo lo que hagamos.
Oración

Padre: te pido perdón por mis pecados. Te pido perdón porque no amo a mi prójimo o a mis hermanos en la fe con Tu amor. Quiero que tu amor abunde en mi vida y pueda llevarlo a los demás. Quiero que mi vida sea testimonio de cuánto nos amas y cuánto podemos ser transformados al obedecerte. Gracias por darle dirección y sentido a mis pasos. En Cristo Jesús. Amén