martes, 12 de abril de 2016

Pasión por hacer el bien

Pasión por hacer el bien
¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien?
1 Pedro 3:13
A la mayoría de las personas les resulta difícil maltratar a quienes son fervientes en hacer el bien. Aquellos a quienes les encanta hacer el bien a menudo son generosos, desinteresados, bondadosos, amorosos y atentos. Pero no se tolera a los engañadores que roban a las viudas y a los huérfanos. Aun los inconversos condenan a quienes se hacen ricos a expensas de los demás.
Una persona que es generosa y atenta con los demás por lo general no es objeto de hostilidad. Eso es lo que quiere decir Pedro en el versículo de hoy. Pedro quería que todos sus lectores procuraran fervorosamente hacer el bien. La pasión por hacer el bien resulta en una vida limpia, que debe ser la meta y el deleite de todo creyente. Cuando se está apasionado por la vida espiritual, se pierde cualquier apetito por las atracciones profanas del mundo. No dé motivo alguno
Si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois.
1 Pedro 3:14
No es probable pero, según el apóstol Pedro, hay una remota posibilidad de que usted sufra por ser justo. En realidad, muchos cristianos sufrieron por su obediencia a Cristo en la iglesia primitiva, pero otros sufrieron por su desobediencia. Cuando un cristiano desobedece la Palabra de Dios, el mundo siente una mayor justificación y una mayor libertad para la hostilidad. Ni los cristianos consagrados deben sorprenderse ni temer cuando el mundo los trata con hostilidad.
La pasión por hacer el bien no es ninguna garantía contra la persecución. El hacer lo bueno reduce esa probabilidad. Nadie hizo más bien que Jesús, pero un mundo adverso finalmente lo mató. No obstante, usted debe vivir de modo que los críticos no tengan justificación alguna para acusarlo de nada.

lunes, 11 de abril de 2016

Vencedores en el sufrimiento

Vencedores en el sufrimiento
Ellos [han vencido a Satanás] por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.
Apocalipsis 12:11
Los cristianos somos extranjeros y peregrinos en el mundo, librando la guerra contra los deseos de la carne y siendo calumniados y perseguidos. Como resultado, debemos esperar que suframos en el nombre del que padeció toda clase de sufrimientos por nosotros (1 P. 2:11-25). El propósito principal del mensaje de Pedro es recordarnos la necesidad del sufrimiento. Cuando en medio del sufrimiento pecamos en pensamiento, palabra u obra al vengarnos, perdemos nuestra victoria y dañamos nuestro testimonio.
Según el versículo de hoy, se vencen los insultos, las persecuciones y las acusaciones de Satanás con la sangre del Cordero, nuestro Salvador. Ese es el poder de Dios. Usted es vencedor cuando no pierde su testimonio al vengarse en tiempos de persecución, y cuando usted no transige, aun a riesgo de morir. ¿Está dispuesto a mantenerse firme en el sufrimiento? Cómo vivir en un mundo adverso
Manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.
1 Pedro 2:12
Tal vez no lo haya comprendido antes, pero vivir como cristiano en este mundo es como ser extranjero sin hogar ni ciudadanía permanente. El apóstol Pedro se refirió a los creyentes como "extranjeros y peregrinos" (1 P. 2:11). Usted debe considerarse un ciudadano temporal y abstenerse de participar en la maldad del mundo.
Esa es una perspectiva importante que debe mantenerse mientras aumenta la hostilidad hacia el cristianismo en nuestra sociedad. Muchos incrédulos consideran la inmoralidad como un estilo de vida alternativo y creen que el hombre puede resolver sus problemas de la manera que le parezca.
Para vivir en tal sociedad, tiene que armarse de una confianza en el poder de la justicia a fin de triunfar sobre la persecución y el sufrimiento. Durante tiempos de hostilidad, usted debe tener confianza y no quedar atrapado en la confusión.

domingo, 10 de abril de 2016

Tener fe para no rendirse

Tener fe para no rendirse Todo tenemos diferentes luchas que libramos diariamente, mi lucha tal vez no sea la tuya, quizá no se parezca o no tenga desde tu perspectiva la misma importancia que para mi tiene. Al igual tu lucha para muchos de nosotros puede parecer fácil pero para ti a lo mejor es muy difícil de sobrellevar y sin embargo no te das por vencido, ¡Bien por ti!
Realmente a veces sentimos que lo más fácil es dejar todo, renunciar a nuestro esfuerzo y dejarnos hundir, pero aun cuando eso sea lo que parezca más fácil nosotros no somos de los que nos rendimos ni retrocedemos, la Biblia dice: “Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.” Hebreos 10:39 (Reina-Valera 1960).
Me gusta mucho la frase de este versículo que dice: “sino de los que tienen fe”, y es que se necesita fe para poder seguir adelante en la vida cristiana, sin fe no podemos agradar a Dios.
Quizá estos días tus luchas se han acrecentado y has experimentado un sentimiento de impotencia ante tu realidad y has pensado incluso en rendirte, en tirar la toalla, en ya no seguir más en tu lucha, sin embargo hoy quiero recordarte que tienes a Dios de tu lado y si Él va de tu lado no tienes porque rendirte, puesto que Él te ha ayudado, te está ayudando y te seguirá ayudando para no rendirte.
A pesar que hoy tengas sentimientos encontrados que te quieran hacer pensar que no podrás, la realidad es que sí podrás porque Dios está de tu lado. La Biblia dice: “Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada.” Jeremías 20:11 (Reina-Valera 1960).
Es momento de activar la fe, de confiar plenamente en lo que Dios hará y en no fijarte en lo que en este momento esta pasando, ni mucho menos en lo mal que te puedas sentir, sino ver más allá de eso, confiar en que las cosas van a mejorar porque de tu lado está Dios quien ha prometido no dejarte solo nunca.
Hoy quiero invitarte a sacar fuerzas de donde pareciera que no hay, a volver tu mirada al cielo, a recordar que en otros tiempos también te sentiste mal y siempre hubo una respuesta divina que calmo tu angustia y hoy no será la excepción.

sábado, 9 de abril de 2016

JESUCRISTO TE AMA

JESUCRISTO TE AMA Y QUIERE ENTRAR EN TU INTERIOR QUE ES TU CORAZÓN POR QUE DE LA ABUNDANCIA DEL CORAZÓN HABLA LA BOCA. NADIE A VISTO JAMAS A DIOS DE FORMA VISIBLE. SI QUE CRISTO CUANDO RESUCITO SE PRESENTO A LOS DISCÍPULOS EN UN CUERPO GLORIFICADO Y LO IZO PARA QUE LOS DISCÍPULOS VIERAN QUE SE CUMPLIÓ LO QUE EL DIJO QUE AL TERCER DÍA RESUCITARÍA LA PRUEBA EVIDENTE ES QUE SE PRESENTO CON LAS MARCAS DE LOS CLAVOS PARA QUE NO TUVIERAN NINGUNA DUDA DE QUE ERA EL. DE FORMA VISIBLE ES EL CAMBIO DE LA PERSONA CUANDO RECIBE A CRISTO EN SU CORAZÓN COMO SU SEÑOR Y SALVADOR. ANTE NO ERA TEMEROSO DE DIOS Y PRACTICABA EL PECADO COMO COSA NORMAL.CRISTO DICE EL QUE VIENE A MI YO NO LE ECHO FUERA. NO DICE EL QUE VIENE A LA IGLESIA YO LO RECIBIRÉ SEA DE LA DENOMINACIÓN QUE SEA. ES OBVIO QUE UNA VES QUE ACEPTA A CRISTO EN TU CORAZÓN Y TE ARREPIENTES DE TUS PECADOS PIDIÉNDOLE PERDÓN TIENES QUE CONGREGARTE CON LOS HERMANOS PARA IR CRECIENDO ESPIRITUAL MENTE

viernes, 8 de abril de 2016

No amenace

No amenace
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
Lucas 23:34
Jesús "no amenazaba" a pesar de un increíble sufrimiento (1 P. 2:23). Lo escupieron, le tiraron de la barba, le pusieron en la cabeza una corona de espinas y atravesaron con clavos su carne para asegurar su cuerpo a una cruz. En cualquier otra persona, semejante tratamiento injusto habría provocado sentimientos de venganza, pero no en Cristo. Él era el Hijo de Dios, Creador y Sustentador del universo, santo e inmaculado, con el poder de enviar a quienes lo atormentaban al fuego eterno.
Pero Jesús nunca amenazó a sus verdugos con juicio inminente; más bien los perdonó. Cristo murió por los pecadores, incluso por quienes lo perseguían. Sabía que la gloria de la salvación podía alcanzarse solamente por la senda del sufrimiento, de modo que aceptó su sufrimiento sin amargura, sin enojo y sin espíritu de venganza. Que pueda reaccionar usted de igual modo ante su propio sufrimiento. Vindicados
Señor, no les tomes en cuenta este pecado.
Hechos 7:60
Vivimos en una época en la que el cristianismo se ha vuelto cada vez más impopular con la sociedad secular. La defensa de la verdad de las Escrituras y del mensaje del evangelio pudiera pronto volverse intolerable. Eso resultará en el trato injusto de los cristianos.
La posibilidad de semejante trato debe llevarnos a pasajes como 1 Pedro 2:21-25. Allí aprendemos que, al igual que nuestro Señor, debemos andar por la senda del sufrimiento para alcanzar la gloria de recompensa y exaltación en el futuro. Esa comprensión de seguro llevó a Esteban a poner su mirada en Jesucristo en gloria y a pedirle a Dios que perdonara a quienes lo asesinaban (Hch. 7:54-60). Se encomendó a Dios, sabiendo que Él lo vindicaría. Si usted hace lo mismo, Dios también lo vindicará. Nuestro sustituto
Llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.
1 Pedro 2:24
La muerte expiatoria de Jesucristo es una verdad fundamental de la fe cristiana. La redención, la justificación, la reconciliación, la eliminación del pecado y la propiciación son todos resultados de la obra expiatoria de Cristo.
El apóstol Pablo también destacó esa obra cuando dijo que Dios "al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él" (2 Co. 5:21), y que "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición" (Gá. 3:13).
Algunos sostienen que es inmoral enseñar que Dios tomó forma humana y llevó los pecados de hombres y mujeres en su lugar. Dicen que es injusto transferir el castigo del pecado de un culpable a un inocente. Pero eso no es lo que sucedió. Cristo tomó voluntariamente nuestro pecado y llevó su castigo. Si no hubiera estado dispuesto a tomar nuestro pecado y aceptar su castigo, como pecadores nosotros hubiéramos llevado el castigo del pecado en el infierno para siempre. La obra de Cristo en la cruz no fue injusta; ¡fue el amor de Dios puesto en práctica!

jueves, 7 de abril de 2016

Cerca de la Cruz, pero Lejos de Cristo

Cerca de la Cruz, pero Lejos de Cristo
“Y como los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes (para cada soldado una parte); y la túnica; mas la túnica era sin costura, toda tejida desde arriba. Y dijeron entre ellos: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, de quién será; para que se cumpliese la Escritura, que dice: Partieron para sí mis vestidos, Y sobre mi vestidura echaron suertes. Y los soldados hicieron esto” (Juan 19:23 y 24).
Es un tema que nos pone a pensar en el momento en que el Señor Jesús, como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, estuvo en la cruz, por nuestros pecados. Pensamos en la manera en que fue crucificado por nuestro bien. Pero ¿eso de estar cerca de la cruz, y a la vez lejos de Cristo?
Los soldados en el momento de la crucifixión, echaron suerte sobre sus vestidos. ¿Qué pensarían los soldados en ese momento? ¿Se darían cuenta que frente a sus ojos estaba llevándose a cabo el sacrificio perfecto? Su atención, se centró a los vestidos del Señor. Su intención era repartírselos o apropiarse de ellos. Nada habla la Biblia sobre su deseo de escuchar al Señor, acercarse a conocerle, ni nada similar. Si hubo atención en ellos, era sobre lo material.
Cerca de la cruz, era la condición física, la posición que tenían los soldados. Tan cerca, que pudieron presenciar ese momento con sus ojos. Dice la Biblia, que los soldados le crucificaron, le dieron a beber vinagre, quebraron las piernas de los que estaban también crucificados, pero no así con las piernas del Señor. Cuando iban a quebrarle las piernas, estaba ya muerto. “Y vinieron los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. Mas cuando vinieron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas” (Juan 19:32 y 33).
Lejos de Cristo, era espiritualmente la condición en que se encontraban los soldados. No atendieron sus necesidades, ni ayudaron a mitigar el sufrimiento, sino que su interés eran las ropas, los vestidos. Su presencia estaba cerca de la cruz, pero su corazón lejos de Cristo. ¿Qué enseñanza para nosotros tiene este suceso, que al parecer no tiene gran relevancia?
Lo que se podía ver a simple vista, es que los soldados estaban cerca de la cruz. Se puede pensar que su interés era estar al pie del madero, cuando lo que los motivaba a estar ahí, era saber quien se quedaría con las ropas, no la necesidad de estar cerca de Cristo.
Debemos entender que muchas de nuestras actitudes, nos llevan a asemejarnos en gran manera a los soldados. Estamos tan cerca de la cruz, cuando puntualmente estamos en las fraternidades, cuando acudimos a la iglesia cada domingo, ayudamos en el trabajo, aportamos para los enfermos o las misiones y demás. Y no quiere decir que eso esté mal. Al contrario. Pero nuestro corazón está lejos de Jesús. Para el Señor no es suficiente estar, sino la manera en que estamos. Pondré dos ejemplos para explicar lo que quiero decir.

Ejemplo 1: “Y estando sentado Jesús delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca: y muchos ricos echaban mucho. Y como vino una viuda pobre, echó dos blancas, que son un maravedí. Entonces llamando a sus discípulos, les dice: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca: Porque todos han echado de lo que les sobra; mas ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su alimento”. (Marcos 12:41-44). Los ricos echaban mucho dinero al arca. Pero su actitud no era correcta. Aunque la viuda echó dos blancas, que era poco, echó más que los demás, porque puso todo lo que tenía para comer. Mientras que los ricos, echaban cuanto les sobraba. Aunque en cantidad fue por mucha diferencia, más dinero que el que puso la mujer, no les fue suficiente para poner en el arca, lo que puso la viuda, que era todo lo que poseía. Los ricos, aunque echaron mucho dinero, les sobraba aún más. La viuda, aunque puso poco dinero, era todo lo que tenía.
Ejemplo 2: “Y respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo con los labios me honra, Mas su corazón lejos está de mí. Y en vano me honra, Enseñando como doctrinas mandamientos de hombres”. (Marcos 7:6 y 7). Este pueblo con los labios me honra. Jesús cita el escrito del profeta, para decirnos que aunque estamos honrando al Señor con nuestros labios, nuestro corazón está quién sabe dónde. Lo cierto es que está lejos. Nuestros labios quizá honren al Señor con un canto agradable. Pero nuestro corazón no está honrando al Señor, no sólo porque está lejos en la alabanza, sino porque está lejos de ser un corazón como el que Dios pide. No es un corazón sincero, ni humilde, ni amoroso. Sino todo lo contrario. Nuestro corazón muchas veces está lleno de egoísmo, arrogancia, rencor, pero no de lo que Dios quiere. Con estos ejemplos, ahora, pensemos. ¿Qué es lo que quiere Dios de mí? ¿Quiere que yo sea un cristiano o una cristiana nada más de nombre? ¿O quiere que en realidad mis obras, mi proceder, reflejen el carácter de un verdadero seguidor del Maestro?
Ya no podemos seguir siendo cristianos que no lo son. Ahora, nuestras obras, nuestro proceder, debe mostrar el verdadero sentido de la religión sincera. Ayudar, pero hacerlo con alegría. Dar, pero hacerlo con amor. Perdonar, pero con humildad. No ayudar por ayudar, ni dar por dar, ni perdonar por perdonar. ¿Es difícil? Es más difícil si no lo hacemos. Hay que hacerlo, sea lo que sea, o cueste lo que cueste. No podemos seguir dando a Dios lo que nos sobra, sino todo lo que tenemos, sea mucho o sea poco. No podemos seguir alabando a Dios con nuestros labios, y teniendo el corazón distante. No podemos seguir estando cerca de la cruz, sin acercarnos a Jesús. Tengamos ya un verdadero acercamiento al Señor y hagamos lo que debamos, para que Dios nos acepte como sus hijos amados.

miércoles, 6 de abril de 2016

Dar verdaderos frutos

Dar verdaderos frutos
Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento.
Lucas 3:8
Su carácter esencial, sus motivos, sus convicciones, sus lealtades y sus ambiciones, se mostrarán con el tiempo en lo que dice y en lo que hace. Las buenas obras no salvan, pero todo creyente es salvado para buenas obras. "Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas" (Ef. 2:10; vea también Gá. 5:22-23; Col. 1:10).
Para el creyente, el llevar fruto ocurre con la ayuda de Cristo. El apóstol Pablo se refiere a que seamos "llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo" (Fil. 1:11). Por otra parte, los incrédulos (entre ellos los que dicen ser cristianos y no lo son) con el tiempo mostrarán los malos frutos que inevitablemente produce su vida no regenerada.
Si usted está dando frutos, estará creciendo en todas las esferas que enumera Pedr fe, virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal y amor (vea 2 P. 1:5-9). Rechace los falsos credos
Vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina... Pero tú sé sobrio en todo.
2 Timoteo 4:3, 5
El profeta Isaías dio este buen consejo respecto a reconocer la falsa doctrina: "¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido" (Is. 8:20). Las doctrinas heréticas y los falsos credos no pueden resistirse al escrutinio de la luz divina de la Biblia.
Los falsos credos nunca enseñan la necesidad de entrar por la puerta estrecha de Cristo o andar por su camino angosto. A primera vista su contenido pudiera parecer ortodoxo y exigir verdadera fe, pero al final su mensaje radicará en el fundamento de las obras humanas y enseñara la salvación por el esfuerzo humano. Tales credos no mostrarán la profundidad o el peligro del pecado y de la depravación humana, y como consecuencia no presentarán la necesidad del arrepentimiento, del perdón y de la sumisión al Señor.
El mensaje de todos los falsos credos es un mensaje de deficiencias, y la mayor de todas es la omisión de la verdad del evangelio que salva.