martes, 30 de junio de 2015

Romanos.8.v14-17

Romanos.8.v14-17 Pablo toma la adopción para ilustrar la nueva relación del creyente con Dios. En la cultura romana, la persona adoptada perdía todos sus derechos en su familia anterior y ganaba los derechos de un hijo legítimo en su nueva familia. Se convertía en heredero de las posesiones de su nuevo padre. Asimismo, cuando uno acepta a Cristo, gana todos los privilegios y responsabilidades de un hijo en la familia de Dios. Uno de estos privilegios notables es recibir la dirección del Espíritu Santo (véase Gal_4:5-6). Quizás no sintamos siempre que pertenecemos a Dios, pero el Espíritu Santo es nuestro testigo. Su presencia en nosotros nos recuerda quiénes somos, y nos anima con su amor divino (Gal_5:5).

8.14-17 Ya no somos esclavos temerosos y viles. Ahora somos hijos del Amo. ¡Qué privilegio! Debido a que somos hijos de Dios, disfrutamos de grandes riquezas como coherederos. Dios ya nos ha dado sus mejores regalos: su Hijo, perdón, vida eterna; y nos anima a pedirle todo lo que necesitemos.

8.17 Identificarse uno con Jesús tiene un precio. Junto con las grandes riquezas que menciona, Pablo habla de los sufrimientos que los cristianos enfrentarán. ¿Qué clase de sufrimientos serán? Para los creyentes del primer siglo hubo consecuencias sociales y económicas, y muchos enfrentaron persecución y muerte. Nosotros también debemos pagar un precio por seguir a Jesús. En muchos lugares del mundo actual, los cristianos enfrentan presiones tan severas como las de los primeros seguidores de Cristo. Aun en países donde el cristianismo se tolera o alienta, los cristianos no deben bajar la guardia. Vivir como Cristo lo hizo (servir a otros, ceder sus derechos, resistir las presiones para conformarse al mundo) siempre exige un precio. Nada que suframos, sin embargo, podrá compararse al gran precio que Jesús pagó por nosotros para salvarnos.

lunes, 29 de junio de 2015

Romanos.8.v9-13

Romanos.8.v9-13 ¿Se ha preguntado alguna vez si es cristiano de verdad o no? Cristiano es todo el que tiene el Espíritu de Dios morando en El. Si usted ha confiado sinceramente en Cristo como Salvador y lo ha reconocido como Señor, el Espíritu Santo ha entrado a su vida y ya es cristiano. Uno no sabe que ha recibido el Espíritu Santo porque haya sentido ciertas emociones, sino porque Jesús lo ha prometido. Cuando el Espíritu Santo obra en nosotros, creemos que Jesús es el Hijo de Dios y que la vida eterna se obtiene a través de El (1.Juan_5:5); empezamos a actuar bajo la dirección de Cristo (Rom_8:5; Gal_5:22-23); encontramos ayuda en los problemas cotidianos y en la oración (Rom_8:26-27); podemos servir a Dios y hacer su voluntad (Hechos._1:8; Rom_12:6ss); y somos parte del plan de Dios para la edificación de su Iglesia (Efesios._4:12-13).

8.11 El Espíritu Santo es promesa de Dios o garantía de vida eterna para quienes creen en El. El Espíritu está ahora en nosotros por fe y por fe estamos seguros de que viviremos con Cristo por la eternidad. Véanse Rom_8:23; 1Co_6:14; 2Co_4:14; 1.Tesa_4:14. 8.13 "Hacéis morir las obras de la carne" significa dar por muerto el poder del pecado en nuestro cuerpo (véanse 6.11; Gal_5:24). Cuando nos consideramos muertos al pecado, podemos rechazar la tentación.

domingo, 28 de junio de 2015

Romanos. 8:1-6

Romanos. 8:1-6
8.1 "Es inocente; déjenlo en libertad". ¿Qué significan estas palabras para usted si se hallara en la fila de las personas condenadas a muerte? El hecho es que todo el género humano está sentenciado a muerte, condenado con justicia por quebrantar repetidamente la santa ley de Dios. Sin Jesús no tendríamos esperanza alguna. ¡Pero gracias a Dios! Nos declaró inocentes y nos concedió libertad del pecado para hacer su voluntad.

8.2 Este Espíritu de vida es el Espíritu Santo. Estuvo presente en la creación del mundo (Gen_1:2) y es el que produce el renacimiento de todo cristiano. El Espíritu Santo nos da el poder que necesitamos para disfrutar la vida cristiana. Si desea más información acerca del Espíritu Santo, léanse las notas a Joh_3:6; Act_1:3; Act_1:4-5; Act_1:5.

8.3 Jesús se dio en sacrificio por nuestros pecados. En los tiempos del Antiguo Testamento, se ofrecían continuamente sacrificios de animales en el templo. Los sacrificios mostraban a los israelitas la seriedad del pecado: la sangre debía esparcirse para que se recibiera el perdón (véase Lev_17:11). Pero en verdad la sangre de los animales no podía quitar el pecado (Heb_10:4). Los sacrificios representaban el sacrificio de Cristo, quien pagó el castigo de todos los pecados.

8.5, 6 Pablo divide a la gente en dos categorías: los que son de la carne y los que son del Espíritu Santo. Todos estaríamos en la primera categoría si Jesús no nos hubiera ofrecido una vía de escape. Una vez que aceptamos a Jesús, le seguimos porque su senda nos brinda vida y paz. Cada día debemos decidir a conciencia centrar nuestras vidas en Dios. Use la Biblia para ver los mandatos de Dios y sígalos. Pregúntese en cada situación dudosa: "¿Qué quiere Jesús que haga?" Cuando el Espíritu Santo le muestre lo que es bueno, hágalo con entusiasmo. Si desea más información acerca de la naturaleza que se opone a nuestra nueva vida en Cristo, léanse 6.6-8; Efesios._4:22-24; Col_3:3-15.

sábado, 27 de junio de 2015

Romanos.7.v15-20

Romanos.7.v15-20 Esto es más que el grito de un hombre desesperado. Describe la experiencia de cualquier cristiano que lucha contra el pecado o trata de agradar a Dios guardando reglas y leyes sin la ayuda del Espíritu Santo. Nunca debemos subestimar el poder del pecado. Nunca debemos intentar luchar con nuestras fuerzas. Satanás es un tentador astuto y nosotros tenemos una gran capacidad de excusa. En lugar de enfrentar el pecado con el poder humano, debemos apropiarnos del poder enorme de Cristo que está a nuestra disposición. Esta es la provisión de Dios para vencer el pecado. El envía al Espíritu Santo para vivir en nosotros y darnos poder. Y cuando caemos, amorosamente nos ayuda a levantarnos.

7.17-20 "El diablo me obligó a hacerlo". "Yo no lo hice, fue el pecado que está en mí". Parece una buena excusa, pero tenemos que dar cuenta de nuestras acciones. Nunca debemos mencionar el poder del pecado ni a Satanás como excusa, por que son enemigos vencidos. Sin la ayuda de Cristo, el pecado es más fuerte que nosotros y algunas veces somos incapaces de defendernos de sus ataques. De ahí que nunca debiéramos enfrentarnos al pecado solos. Jesucristo, quien venció el pecado de una vez y por todas, ha prometido pelear a nuestro lado. Si buscamos su ayuda, no caeremos en pecado.

viernes, 26 de junio de 2015

Romanos.7.v9-15

Romanos.7.v9-15 Donde no hay ley, no hay pecado, porque la gente desconoce que sus acciones son pecaminosas a menos que la ley las prohíba. La Ley de Dios logra que la gente descubra que es pecadora y que está condenada a morir, pero no ofrece ayuda. El pecado es real y peligroso. Imagínese un día soleado en la playa, usted acaba de zambullirse en el agua y de pronto descubre un cartel en la orilla que dice: "Prohibido nadar. Hay tiburones". Su día se arruina. ¿Es por culpa del cartel? ¿Se molesta con la persona que lo puso? La Ley es como ese cartel. Es esencial y la agradecemos, pero no nos libra de los tiburones.

7.11, 12 La Ley engaña la gente por usarla mal. La Ley era santa, y expresaba la naturaleza y voluntad de Dios. Eva se encontró con la serpiente en el huerto del Edén (Génesis 3), la serpiente se burló de ella, logrando que apartara su vista de la libertad que Dios le dio y la pusiera en la restricción que le había puesto. Desde entonces somos rebeldes. El pecado nos atrae precisamente porque Dios nos dice que es malo. En lugar de prestar atención a sus advertencias, las usamos como una lista de "mandados". Cuando nos sintamos tentados a rebelarnos, necesitamos contemplar la Ley desde una perspectiva amplia, a la luz de la gracia y la misericordia de Dios. Si nos concentramos en su gran amor por nosotros, comprenderemos que nos restringe en acciones y actitudes que al final causan daño.

7.14 "Yo soy carnal, vendido al pecado" quizás sea una referencia a la vieja naturaleza que busca rebelarse e independizarse de Dios. Si como cristiano trato de luchar contra el pecado con mis fuerzas, me deslizo hacia las garras del pecado.

7.15 Pablo menciona tres lecciones que aprendió al enfrentar sus antiguos deseos pecaminosos. (1) El conocimiento no es la respuesta (7.9). Pablo se sentía bien mientras no entendía lo que la Ley demandaba. Cuando aprendió la verdad, supo que estaba condenado. (2) La autodeterminación (luchar con nuestras fuerzas) no da resultado (7.15). Pablo descubrió que pecaba en formas que ni aun le eran atractivas. (3) Con ser cristiano no se logra desarraigar todos los pecados en la vida de creyente (7.22-25).
Nacer de nuevo requiere un momento de fe, pero llegar a ser como Cristo es un proceso de toda la vida. Pablo compara el crecimiento cristiano a una buena carrera o pelea (1Co_9:24-27; 2Ti_4:7). Tal como Pablo viene enfatizando desde el comienzo de su carta a los Romanos, nadie en el mundo es inocente, nadie merece ser salvo, ni el pagano que desconoce las leyes de Dios, ni el cristiano ni el judío que sí las conoce y procura guardarlas. Todos debemos depender por completo de la obra de Cristo en cuanto a nuestra salvación. No la podemos ganar con buena conducta.

jueves, 25 de junio de 2015

Romanos.7.v6-8

Romanos.7.v6-8 Algunas personas tratan de ganar su camino a Dios cumpliendo con ciertas normas (obedecer los Diez Mandamientos, asistir fielmente a la iglesia o hacer buenas obras). Como es lógico, todo lo que consiguen mediante su esfuerzo es frustración y desaliento. Sin embargo, gracias al sacrificio de Cristo, el camino hacia Dios ya está abierto y podemos ser hijos suyos si depositamos nuestra fe en El. Ya no tratamos de llegar a Dios cumpliendo normas, sino que somos cada vez más semejantes a Cristo al vivir con El día tras día. Dejemos que el Espíritu Santo aparte nuestros ojos de los logros propios y los dirija a Jesús. El nos libertará para servirle en amor y gratitud. Eso es vivir "bajo el régimen nuevo del Espíritu".

7.8 Cumplir las reglas, leyes y costumbres cristianas no nos salvan. Aun si pudiéramos mantener nuestras acciones puras, seguiríamos condenados porque nuestros corazones son perversos y rebeldes. Como Pablo, no podremos hallar alivio en la sinagoga ni en la iglesia mientras no vayamos a Jesucristo en busca de salvación, la cual El nos da gratuitamente. Cuando nos entregamos a Cristo, nos sentimos inundados de alivio y gratitud. ¿Respetaremos aún más las normas? No solo eso, sino que las respetaremos por amor y gratitud, no por el deseo de ganar la aprobación divina. No nos estaremos sometiendo sencillamente a un código externo, sino que con espontaneidad y amor procuraremos hacer la voluntad de Dios.

miércoles, 24 de junio de 2015

Romanos. 7:v1-4

Romanos. 7:v1-4
7.1ss Pablo muestra que la Ley no puede salvar al pecador (7.7-44), ni al legalista (7.15-22) y ni siquiera al hombre con una nueva naturaleza (7.23-25). El pecador es condenado por la Ley; el legalista no puede guardarla; y la persona con nueva naturaleza descubre que su antigua naturaleza se interpone. Una vez más Pablo declara que la salvación no se recibe obedeciendo la Ley. No importa quiénes seamos, solo Jesús puede darnos libertad.

7.2-6 Pablo toma el matrimonio para ilustrar nuestra relación con la Ley. Cuando un esposo muere, la ley del matrimonio queda sin vigencia. Debido a que hemos muerto con Cristo, la Ley ya no puede condenarnos. Resucitamos también cuando Cristo resucitó y, como nuevas criaturas, pertenecemos a El. Su Espíritu nos capacita para producir buenos frutos para Dios. Ahora servimos no porque queremos obedecer ciertas reglas, sino porque nuestro renovado corazón rebosa de amor a Dios.

7.4 Cuando una persona muere a la vieja vida y pasa a ser de Cristo, nace a una nueva vida. La mentalidad del incrédulo se centra en la autocomplacencia. Su fuente de poder es su autodeterminación. Por contraste, Dios es el centro de la vida del cristiano. El suple el poder que necesita el cristiano para el diario vivir. Los creyentes descubren que su manera de ver al mundo cambia cuando aceptan a Cristo.