jueves, 2 de abril de 2015

Hechos 13:29-31

Hechos 13:29-31
Y habiendo cumplido todas las cosas que de él estaban escritas, quitándolo del madero, lo pusieron en el sepulcro. Mas Dios le levantó de los muertos. Y él se apareció durante muchos días a los que habían subido juntamente con él de Galilea a Jerusalén, los cuales ahora son sus testigos ante el pueblo.



El día de hoy, yo soy testigo de que Cristo ha transformado mi vida. De que estaba perdido y fui encontrado. De que era esclavo del pecado y ahora soy libre. De que andaba sin rumbo y hoy tengo dirección. Soy testigo de un amor que nunca había conocido y lo recibí sin merecerlo. Testigo de un perdón que no tiene igual. Testigo de la gracia y misericordia que ofrece Dios. Testigo de que todo lo puedo en Cristo que me fortalece y que su poder se fortalece en mi debilidad y lo mejor de todo, testigo de que he sido perdonado de mis pecados y reconciliado con Dios pudiendo ahora ser llamado hijo de Dios.
Dios cumple todas sus promesas. Cumplió cada profecía que nos había dejado para la venida del Mesías y así será con cada promesa y profecía que encontramos en su palabra. Tú y yo debemos ser testigos también de Cristo. Fíjate cómo Pablo nos dice que aquellos que presenciaron su resurrección, son los que estaban siendo ahora testigos ante el pueblo. Si has aceptado a Jesús. Si te has reconciliado con Dios Padre. Si has pedido perdón por tus pecados, es necesario que vayas y seas testigo de lo que has vivido. Ahora, si lo piensas por un momento, tiene mucho sentido el hacerlo. ¿Cuántas veces no compartes una experiencia positiva? ¡Muchas! Incluso la repites con personas que ya la han escuchado por el gusto de revivir ese momento. Con Jesús es igual. Si no sientes el gozo y el deseo de compartirlo es porque probablemente aun no lo conoces y no te has entregado a Él. Probablemente has mantenido tu distancia y solamente has querido escuchar la teoría pues te parece interesante pero no has permitido que esas palabras entren a tu corazón y revolucionen tu vida entera. Hoy te invito a que le des una oportunidad a Jesús.
Por otro lado, me encanta leer: Mas Dios le levantó de los muertos. ¡Esto sí que me emociona! ¿Qué podemos temer si tenemos a Dios de nuestro lado? ¿Qué puede quitar nuestra paz? ¿Qué puede quitar nuestro gozo? Tristemente, nos distraemos tanto con lo que vivimos y hacemos que olvidamos frases como ésta y nuestro gozo y nuestra paz nos son arrebatadas. No debes permitir esto en tu vida. Por ello es importante pasar TIEMPO constantemente en la palabra. No porque alguien te obliga sino porque entiendes que ahí se encuentra tu alimento que necesitas. Te animo a que guardes en tu corazón estas palabras: Mas Dios le levantó de los muertos. Si Dios puede hacer esto, imagina ¡qué no podrá hacer en tu vida!

Oración
Señor: llevo TIEMPO escuchando de ti pero nunca he querido comprometerme y aceptar que te necesito. Hoy quiero pedirte perdón y pedirte que traigas paz y gozo a mi vida. Enséñame a vivir conforme a tu voluntad y dale sentido a mi vida. Señor, oro a ti en el nombre de Jesús. Amén

miércoles, 1 de abril de 2015

Gálatas 6:6

Gálatas 6:6

El que recibe instrucción en la palabra de Dios, comparta todo lo bueno con quien le enseña.



No hay momento más increíble que el escuchar o presenciar la mano de Dios en la vida de otra persona.  ¡Es impresionante ver cómo se manifiesta y cómo quiere reconciliarse con cada uno de nosotros!  Gracias a Dios, he tenido la oportunidad de compartir su palabra por varios años ya y ser testigo de cosas maravillosas.  Eventos que jamás imaginé y situaciones que parecían imposibles, se convirtieron en crecimiento espiritual y almas entregadas al Señor.
El proverbio que dice que es mejor enseñar a un hombre a pescar que darle un pez, pues así le habrás enseñado a comer de por vida, aplica perfectamente cuando alguien escucha el evangelio que compartes y acepta a Cristo como su Señor y Salvador.  Probablemente todo empezó como un consejo o buscabas dar ánimo a esa persona.  Finalmente el evangelio fue expuesto y Cristo reconcilió a otra persona más con Dios Padre.  Esta nueva alma ahora tiene alimento para la eternidad.  No le has ayudado a pasar por una mala racha.  Le has dado el mejor regalo que jamás podría imaginar.  La vida eterna y una relación con Jesús.
Cuando leemos las cartas de Pablo, Juan o Pedro, vemos que muchas veces parece que no están ligadas algunas oraciones.  Esto es normal.  Piensa que en ese entonces, no se podía tener un correo electrónico o papel en abundancia donde pudieran escribir todo con un detalle microscópico.  A veces tenían que incluir todas las instrucciones posibles en recursos limitados.  Por esta razón vemos esta enseñanza a la mitad de otras instrucciones.  No por esto significa que es de menor importancia.  De hecho, personalmente me parece una instrucción sumamente acertada: si Dios ha hecho un milagro en tu vida, ¡No te lo guardes!  Compártelo con aquellos que velan por tu crecimiento espiritual.
  No se trata de ser chismoso y saber qué pasa con cada uno de ustedes.  Así como compartimos una buena experiencia en un restaurante o en unas vacaciones, debemos aprender a compartir lo que el Señor hace en nuestras vidas.  ¡No hay nada más motivador que escuchar el testimonio de otro hermano!  ¡No hay nada más motivador que escuchar cómo el Señor cumplió sus promesas!  Piensa en esto: ¿Cómo quedarse con tantas bendiciones y no compartirlas?  Si Dios te ha mostrado algo, si te ha bendecido, si te ha cuidado y rescatado, ¿cómo es posible que no lo compartas al mundo?    Una vez que sucede.  Estoy seguro que buscarás la manera de compartir a más personas lo increíble que es tener comunión con el Señor.

Oración
Padre: Gracias.  El día de hoy permitiste que me levantara y me das otra oportunidad para servirte y entregarte mi corazón.  Te pido que aprenda a compartir de tu palabra, de todas tus enseñanzas y bendiciones.  No permitas que guarde lo que haces en mi vida y entienda que esto puede crear que las bendiciones que me das, lleguen a más personas.  Gracias por tu gracia y misericordia que no merezco.  Perdona mis pecados y guíame para poder perdonar de la misma manera.  En Cristo Jesús te lo pido.  Amén

martes, 31 de marzo de 2015

Filipenses 3:1

Filipenses 3:1


Por lo demás, hermanos míos, alégrense en el Señor.  Para mí no es molestia volver a escribirles lo mismo, y a ustedes les da seguridad.



Hay algunos deportes como el fútbol americano, en los que pueden pedir un tiempo fuera.  Esto quiere decir que se detiene el reloj, todo se para y los equipos se reúnen con sus entrenadores.  A veces lo hacen cuando el equipo no está bien parado para la siguiente jugada.  En otras ocasiones tratan de “romper” una buena racha del equipo contrario mientras que en otras, sirven para planear los cambios que requieren y ejecutarlos.
Cuando Pablo nos dice: alégrense, viene acompañado de lo más importante, en el Señor.  No nos está diciendo, despreocúpate, no te afanes, no tengas miedo, te está diciendo que te alegres en el Señor.  Ahora, cómo funciona esta alegría.  Muy similar al tiempo fuera en los partidos.  Haz una pausa.  Debes detenerte por un momento.  Debes analizar lo que estás sintiendo.  Debes analizar lo que estás pensando.  Pero sobre todo, debes analizar hacia dónde te diriges y quién está de tu lado.  Solamente así puede venir esa alegría de la que Pablo tanto habla.  Me explico mejor.  Muchas veces nuestro vivir diario nos hace caer en rutina.  Poco a poco, sin darnos cuenta, vamos perdiendo perspectiva y nos dejamos envolver en lo que sea que nos quita la paz.  ¿Te ha pasado?  De repente, estás angustiado.  Piensas que las cosas se están saliendo de control.  Hay incertidumbre.  Hay miedos.  Finalmente hay desesperación.  Pausa.  Toma un tiempo fuera.  Refúgiate en el Señor.  Dice el Salmo: aunque pase por valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo.  ¡Alégrate en el Señor!  Salmo 4:8 dice, en paz me acostaré y asimismo dormiré, porque sólo tú Jehová, me haces vivir confiado.  Dios te ama.  No quiere nada malo para ti.  Él está a tu lado y no te abandonará.  Pide perdón por tus pecados y por haberte alejado de Él.  Si ya has estado orando y sigues sin paz, ¡no dejes de hacerlo!  No te apartes del Señor y pide que pueda abrir tu corazón y entendimiento.  A veces es necesario esperar mucho tiempo, pero es mejor esperar a Su lado que lejos de Él.  Alégrate en Él.  No porque las cosas cambien.  No porque te “saliste con la tuya”.  No porque se hace tu voluntad.  Alégrate en el Señor porque Él tiene el mejor camino para tu vida.  Porque en Él puedes confiar.  Porque en Él puedes poner tu esperanza.  ¿Puedes ver cuánta falta nos hace tomar un “tiempo fuera” para poder alegrarnos en Él?
Las palabras que escribe Pablo toman más significado si recordamos que se encontraba preso.  Si alguien tenía situación difícil para poder regocijarse en el Señor era él.  Pero nos dejó un gran ejemplo para que dejemos de quejarnos por todo lo que nos sucede.  Nos dejó un camino muy claro.  Aprendamos a servir al Señor, obedezcamos en sus mandamientos.  Pongamos nuestra esperanza en Él y así podremos gozarnos en Él sin importar las circunstancias.  Pablo utilizó ese tiempo en prisión para compartir a Cristo con los que estaban con él.  Lo que parecía una maldición se convirtió en una bendición y obra para el evangelio.  Abre los ojos.  Toma un tiempo fuera y reúnete con tu entrenador Jehová.  Vuelve a Él para que te de dirección y te muestre lo que estás haciendo mal.  Escucha sus palabras.  Pon atención a sus mandamientos.  Posteriormente ejecuta dando testimonio y alegrándote siempre en Él.

Oración
Padre: necesito un tiempo fuera.  Necesito acudir a Ti y pedir perdón por mis pecados.  Te pido que me des dirección.  Te pido que me llenes de tu paz.  Padre, no sé cómo alegrarme y vivir confiado.  Te pido que seas Tú quien me llene de gozo, alegría y esperanza.  Te pido que pueda acostarme en paz y confiado en que Tú me amas y me cuidas.  Guíame para que las circunstancias no me quiten la perspectiva correcta y roben mi gozo en Ti mi Señor.  Gracias Padre Santo en el nombre de Cristo Jesús.  Amén.

lunes, 30 de marzo de 2015

Filipenses 4:11-13

Filipenses 4:11-13


No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera sea mi situación.  Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.  Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.



Es fácil pensar que algo nos pertenece.  Pensamos que nuestro trabajo nos pertenece, nuestra pareja, nuestro dinero, nuestra salud, nuestra vida en general.  Probablemente se deba a la costumbre que genera el día a día y simplemente damos por hecho que si el día de hoy me fui a dormir con x y z pues mañana también tendré x y z.  Justamente aquí es donde entra la zona de conflicto entre Dios y nosotros.  El Señor nos dice que somos administradores de lo que Él nos da pero en realidad todo le pertenece a Él y no a nosotros.  Leíste bien.  Todo le pertenece a Él.  ¿Acaso decidiste cuándo y cómo nacer?  ¿Pudiste opinar sobre el color de tus ojos?  ¿Puedes decidir cuándo enfermarte?  Así la lista continúa.  No podemos decidir cuántos hijos tener.  No podemos decidir dónde vivir.  Realmente no podemos decidir nada por nuestra propia cuenta.  Tal vez estás entrando en confusión con lo que acabas de leer.  No te desesperes y sigue leyendo.  La verdad es que nosotros podemos decidir vivir en tal o cual lugar, pero si el Señor no lo quiere así, simplemente no sucederá.  Hay personas que perdieron a sus hijos a muy temprana edad.  ¿Pudieron decidir algo al respecto?  No.  Hay personas que de un día para otro pierden su trabajo o su negocio deja de funcionar.  Varios años le dedicaron.  Muchas noches se fueron a dormir y al día siguiente fue lo mismo.  Hasta que un día, todo cambió.  Esto es lo que nos está diciendo Pablo que ha vivido.  Él perseguía a los cristianos.  Buscaba acabarlos.  Tenía un trabajo, tenía lujos y placeres.  Cada noche se acostaba y al día siguiente hacía lo mismo.  Pero un día, todo cambió.  Tuvo su encuentro con Dios y nada fue igual.  Ahora estaba encarcelado injustamente.  Había sido ya golpeado, atravesaría naufragios, sería lapidado hasta ser considerado muerto entre muchas otras cosas.  Pero finalmente decidió tener contentamiento y paz a través de Cristo en quien todo lo podemos.  Así también tú y yo debemos decidir hoy.  Decidir por vivir agradecidos.  Decidir por vivir obedeciendo y sirviendo sin importar que haya abundancia o escasez.  Vivir para Cristo con hambre o con un banquete cada día.  Sea cual sea tu situación, el entregar tu vida al Señor no debe depender de las circunstancias.  Ahora, ¿esto quiere decir que no tendrás tristezas ni te sentirás abatido?  No.  Todo lo contrario.  No conozco a nadie que haya perdido su trabajo o no tenga que comer que no se sienta mal.  La diferencia está en entender que podemos seguir adelante pues el Señor es quien nos fortalece y no las circunstancias.  ¿Lo puedes ver?  Allá afuera quieren hacerte creer que tu cuenta de banco, tu casa, tu trabajo y otras cosas materiales te dan dirección y fuerza para avanzar.  El problema llega cuando todo esto se viene abajo.  ¿Cómo seguir?  ¿Por qué crees que hay millonarios que se suicidan?  Es difícil vivir entregado al Señor y poder decir las palabras que Pablo dice, pero no es imposible.  De hecho, tenemos prácticamente la batalla ganada pues el Señor es quien hace todo el trabajo.  A nosotros nos corresponde entregarnos.  Rendirnos.  Humillarnos y dedicarnos a glorificarle.

Oración
Padre: definitivamente tenía mi fortaleza y esperanza puestas en los lugares equivocados.  Pensaba que yo decidía, que merecía y además que me pertenecían tantas cosas y hoy entiendo lo equivocado que estaba.  Realmente todo te pertenece.  Señor perdóname.  Guíame en tu camino.  Fortaléceme pues quiero seguirte y debo cambiar mi forma de pensar y de actuar.  Te entrego mi vida y te pido que pueda vivir en obediencia y servicio a Ti, siempre agradecido y gozoso a través de la fuerza que Cristo me da.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén

domingo, 29 de marzo de 2015

1 Pedro 8-9

1 Pedro 8-9


Ustedes lo aman (a Cristo) a pesar de no haberlo visto; y aunque no lo ven ahora, creen en Él y se alegran con un gozo indescriptible y glorioso, pues están obteniendo la meta de su fe que es su salvación.



Seguir a Cristo no está reservado para unos cuantos ni es un grupo misterioso.  Es totalmente abierto y disponible.  Sin embargo, hay ciertas cosas que no todos pueden entender.  Los versículos de hoy son un ejemplo de ello.  Nos dice Pedro en su carta que como creyentes, a pesar de nunca haber visto a Jesús, tenemos gozo y alegría en Él a través de la fe.  ¡Esto no tiene sentido para mucha gente!  Piénsalo.  Crees en alguien que no has visto.  Confías que irás a un lugar al que nadie ha ido.  Crees que un libro que se escribió hace un par de miles de años está inspirado por Dios.  Son una serie de creencias que no todos pueden (o quieren) digerir.  Pero para aquellos que hemos reconocido a Jesús.  Que le hemos pedido que venga a nuestras vidas y nos de un corazón nuevo, podemos entender estas palabras.  Nosotros podemos tomar ánimo y gozarnos al leer estos versículos.  Nos recuerdan hacia dónde vamos.  Nos recuerdan en quién confiamos.  Nos recuerdan a quién pertenecemos.  Sí, no le hemos visto en carne propia pero definitivamente lo hemos visto renovar nuestro carácter y nuestros pensamientos.  Hemos sido testigos de cómo transforma lo inmutable.  Hemos visto cómo aquellas personas que parecían no tener remedio ahora alaban a Dios y tienen vidas transformadas.  ¡Estos son los milagros del Señor y la forma en que se ha manifestado en nuestras vidas!  No tenemos que verlo en carne propia para estar convencidos que existe y que nos ama.  No es necesario verlo para gozarnos en la esperanza que nos ha regalado.  No necesitamos verlo para poder vivir confiados y agradecidos.  Basta con entender nuestra necesidad de un redentor y el inconmensurable amor que derramó por nosotros en la cruz.  ¡Cuánta gracia y misericordia!  Mientras tanto, nosotros permitimos que los problemas del día a día nos roben estos regalos tan increíbles.  Nos olvidamos de ellos y comenzamos a preocuparnos y a agobiarnos por lo que sucederá mañana.  ¡No lo permitas!  Dale la perspectiva correcta  a las cosas y ponlas a la luz de la palabra de Dios.  Él te ama.  Él te cuida y ve por ti en cada momento.  Sus planes son mejores que tus planes.  Sus deseos para ti son mucho mejores que los tuyos.  Aunque hoy estés preocupado y sin ver un camino claro, Él tiene todo planeado y busca que tú crezcas en comunión con Él.  Quiere brillar en tu vida y que tú aprendas a depender más y más de sus promesas.  Quiere que aprendas a vivir por la fe. La fe es el camino a la salvación y la que debemos crecer día a día al dar esos pasos por terrenos desconocidos para nosotros pero sabiendo que son conocidos para el Señor.  ¡Gocémonos y alegrémonos en el Señor!  No porque las cosas serán fáciles sino porque tenemos de nuestro lado a Aquél que venció al mundo.  No porque todo será como queremos sino porque confiamos y creemos en Aquél que nos ama incondicionalmente.  Gocémonos en Cristo Jesús que vino por nosotros y quiere reconciliarnos con el Padre.

Oración
Señor: te pido perdón por mis pecados y te agradezco infinitamente el sacrificio que Jesús hizo por mí.  Te pido que pueda vivir alegre y gozoso.  Te pido que pueda vivir agradecido y confiado.  Te pido que mi fe crezca y no desmaye ante las adversidades.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén 

sábado, 28 de marzo de 2015

Lucas 23:34

Lucas 23:34


Padre, dijo Jesús, perdónalos, porque no saben lo que hacen.  Mientras tanto, echaban suertes para repartirse entre sí la ropa de Jesús.



Los judíos pensaban que Jesús era pecador al decirse hijo de Dios.  Decían que era pecador por sanar a un enfermo en día de reposo.  Decían que era pecador porque se mezclaba con recolectores de impuestos, prostitutas y leprosos entre otros.  No saben lo que hacen dice Jesús.  Fue tal su ceguera que no pudieron ver los milagros tan increíbles que realizó Cristo frente a ellos.  Por el contrario, anotaban con detalle cada “falta” que realizaba.  Perdónalos porque no saben lo que hacen.  ¿Tú y yo sabemos lo que hacemos?  ¿Qué tan perdido estás?  Debemos ser honestos y abrir nuestro corazón para darnos cuenta si estamos actuando como esos judíos que no sabían lo que hacían.  Tal vez estás pensando en divorciarte o separarte de tu pareja.  Tal vez piensas que estarías mejor con esa persona que te hace pasar un buen rato.  Puede ser que tengas tanto rencor contra tus padres o alguien más que quieras hacerles daño.  Puede ser que te sientas tan solo que no le encuentres sentido a seguir viviendo.  Tal vez te estás refugiando en el alcohol o alguna otra droga para poder olvidar tu presente.  ¿Sabes?  Dios está ahí.  A tu lado.  Esperando a que te des cuenta que no sabes lo que haces.  Esperando que te des cuenta de cuánto te ama.  Esperando a que entiendas que mandó a Jesús a morir por ti.  A morir por tus pecados.  A darte una segunda oportunidad.  A darte una vida nueva.  A darle sentido y dirección a tu caminar.  ¿Sabes qué hicieron esos judíos por los que Jesús estaba intercediendo?  Lo culparon de algo que no hizo.  Le hicieron juicios injustos.  Juntaron testigos falsos.  Le escupieron.  Lo golpearon.  Lo señalaron y se burlaron de Él.  Lo crucificaron y mientras estaba sufriendo seguían burlándose y gritándole.  ¿No te parece ilógico que Jesús interceda?  A nuestros ojos no tiene sentido, pero Jesús vino justamente a sanar a los enfermos.  A sanar a gente como tu y yo.  Gente que ha asesinado.  Gente que ha robado.  Gente que ha engañado a su pareja.  Gente que es adicta.  Gente mentirosa.  Gente avariciosa.  Por cada uno de nosotros Jesús dice: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.  Definitivamente sin Jesús en nuestras vidas no tenemos ni la menor idea de lo que hacemos.  Pensamos que sabemos pero la realidad es distinta.
Perdónalos porque no saben lo que hacen.  No olvides estas palabras y ejemplo de Cristo.  Su ropa estaba siendo repartida entre los soldados mientras Él intercedía.  Mientras tanto nosotros no perdonamos.  Guardamos corajes.  Dejamos que el enojo eche raíces y no se vaya.  ¿Qué no entendemos que si somos seguidores de Cristo, no debemos esperar a que nos pidan perdón sino perdonar aunque no lo merezcan?  ¿Y si se aprovechan de mí?  Podrás pensar.  ¿No crees que se aprovecharon de Jesús?  ¿No crees que lo humillaron a más no poder?  ¿Entonces qué te detiene?  El ejemplo ahí está.
Tengamos cuidad de no caer en el mismo error que los judíos de ese entonces.  Reconozcamos nuestros pecados y nuestra necesidad de Cristo para ser reconciliados con el Padre.  Reconozcamos su sacrificio y amor por nosotros.  Dejemos atrás esa vida que no nos ha llevado a nada bueno y comencemos un camino lleno de esperanza.  Vivamos por Él y para Él.

Oración
Padre: gracias.  Gracias por tu amor incondicional e incomprensible.  Gracias por la vida y el sacrificio de Jesús.  Gracias por abrir mis ojos y permitirme ver que sin ti realmente no tengo idea de lo que estoy haciendo.  Gracias por enseñarme que debo de perdonar sin siquiera esperar una disculpa.  Gracias por estar ahí mientras todos me han dado la espalda.  Gracias por estar ahí para mostrarme que hay una nueva y mejor vida.  Padre, perdona mis pecados y límpiame.  Dale sentido a mi vida.  Lléname de tu paz.  Lléname de tu amor.  Lléname de tu consuelo.  Te necesito Señor.  No quiero seguir dando pasos en la oscuridad.  Guía cada nuevo paso que de.  Te lo pido en Cristo Jesús.  Amén

viernes, 27 de marzo de 2015

1 Pedro 1:12

1 Pedro 1:12


A ellos se les reveló que no se estaban sirviendo a sí mismos, sino que les servían a ustedes.  Hablaban de las cosas que ahora les han anunciado los que les predicaron el evangelio por medio del Espíritu Santo enviado del cielo.  Aun los mismo ángeles anhelan contemplar esas cosas.



Cuando dice a ellos se les reveló, ¿a quién se está refiriendo?  A los profetas que menciona en el versículo 10.  Éstos anunciaron la gracia que nos es ofrecida hoy en día.  Entonces, lo que nos está explicando Pablo, es que estos profetas  estaban anunciando algo que no era para su tiempo sino para el nuestro.  Anunciaron lo que habría de venir y así como lo dijeron, así sucedió.
Hoy estamos acostumbrados a que las cosas funcionen de manera muy peculiar.  Queremos ver y entender los resultados inmediatamente.  Si ves un rato la televisión podrás encontrar infinidad de productos “milagrosos”.  Hazte millonario en muy poco tiempo.  Ten el cuerpo que siempre deseaste en tan solo unos cuantos minutos.  Todo gira alrededor de conseguir un resultado inmediato y con el menor esfuerzo posible.  ¿Y qué tiene que ver esto con el pasaje de hoy?
Debemos aprender que las pruebas que atravesamos, no necesariamente tendrán un resultado inmediato.  Los profetas anunciaron la gracia y no fue para ellos en ese momento sino varios años después tuvo efecto cuando vino Cristo y el Espíritu Santo.  Nosotros queremos que las pruebas se acaben rápido.  Queremos entender el por qué de lo que nos está sucediendo.  Queremos que llegue el aprendizaje y listos para lo que sigue.  ¿Cuánta gente está orando en este momento por salud personal o la de un familiar?  ¿Y si el Señor quiere que sigamos enfermos?  ¿Y si gracias a esa enfermedad creceremos espiritualmente?  ¿Y si gracias a esa enfermedad alguien entrega su vida a Cristo?  ¿Por qué aferrarse tanto a la salud?  ¿Por qué no mejor nos aferramos a servir al Señor y en dar testimonio a los demás de la reconciliación que ofrece Jesús?  No podemos estar viviendo como el mundo nos dicta.  No podemos moldearnos a lo que vemos afuera.  Tenemos que moldearnos a la imagen de Cristo.  Nuestras acciones deben predicar sus principios.  Nuestras palabras deben hablar sus palabras.  Por esta razón, no podemos caer en los errores que los demás caen.  Así como los profetas anunciaban lo que vendría y no se quejaban porque no entendían lo que decían o cuándo exactamente sucedería, nosotros debemos aprender a vivir en obediencia y servicio  a Dios sin esperar entender todo lo que nos sucede.  Imagina qué ilógico sería tener a un profeta quejándose con el Señor porque no vería quién es el Mesías.  Imagina a Juan quejándose por no entender cuándo vendría el Apocalipsis.  Es ilógico.  Pero cuando se trata de nosotros y querer respuestas inmediatas y claras ya nos parece que tiene sentido.  La verdad es que es igual de ilógico exigir lo que solamente el Señor en su soberanía quiere revelar.  Nos quejamos y nos quejamos pero no llegamos a ningún lado.  Por otro lado, puede ser que estás orando sin cesar y te encuentras igualmente estancado.  ¿La razón?  ¡Estamos orando por lo que el mundo busca y no lo que nuestro Señor!  Ora porque tu vida sirva para que otros vengan a Dios.  Ora para que tu vida sea de bendición para los que te rodean.  Ora para que el Señor transforme tu corazón y puedas amar a tu prójimo.  Dejemos de quejarnos y oremos para que seamos utilizados y vehículos de bendición.  Si Dios nos quiere revelar sus planes hoy, ¡Extraordinario!  Si no nos revela nada, ¡Igualmente extraordinario!  Su voluntad es lo mejor en cualquier escenario.  No te desanimes ni desesperes.  Deja de buscar una solución o una explicación.  Deja que el Señor reine y revele conforme a su voluntad y obedezcamos mientras esperamos a ser llamados.

Oración
Dios Padre: tu palabra es increíble y llena de bendición.  Te doy gracias por revelarme lo que es importante y ayudarme a discernir entre aquello que me ayudar a crecer espiritualmente y lo que no.  Perdóname por cuestionar tus planes y estar demandando una explicación a lo que me sucede.  Hoy entiendo que debo entregarme incondicionalmente a Ti y confiar en tu amor y tu voluntad por encima de todo.  Gracias Señor.  En Cristo Jesús.  Amén