domingo, 1 de marzo de 2015

Hechos 24:10-16

Hechos 24:10-16


Cuando el gobernador, con un gesto, le concedió la palabra, Pablo respondió: sé que hace muchos años usted ha sido juez de esta nación; así que de buena gana presento mi defensa.  Usted puede comprobar fácilmente que no hace más de doce días que subí a Jerusalén para adorar.  Mis acusadores no me encontraron discutiendo con  nadie en el templo, ni promoviendo motines entre la gente en las sinagogas ni en ninguna otra parte de la ciudad.  Tampoco pueden probarle a usted las cosas de que ahora me acusan.  Sin embargo, esto sí confieso: que adoro al Dios de nuestros antepasados siguiendo este Camino que mis acusadores llaman secta, pues estoy de acuerdo con todo lo que enseña la ley y creo lo que está escrito en los profetas.  Tengo en Dios la misma esperanza que estos hombres profesan, de que habrá una resurrección de los justos y de los injustos.  En todo esto procuro conservar siempre limpia mi conciencia delante de Dios y de los hombres.


Cada decisión que tomamos tiene una consecuencia.  Buena o mala pero a cada acción le corresponde una reacción.  ¿Por qué digo esto?  Porque en la vida debes tener muy claro que tipo de acciones quieres tomar.  Pon atención a la defensa de Pablo.  No adula al gobernador Félix.  No dice mentiras.  No habla mal de sus acusadores.  Además, utiliza el momento de su acusación para hablar de Cristo.  Esto es saber tomar buenas decisiones.  Imagina por un momento que, después de haber sufrido una serie de injusticias, haber pasado malos ratos y haber sido golpeado, te encuentras ante la persona que puede “vengar” tus maltratos.  ¿Qué decides?  ¿Acusar y defenderte con todas tus fuerzas?  ¿Qué hizo Pablo?  ¿En qué puso énfasis en sus declaraciones?  Aunque no tenemos el tono que utilizó, me parece que hace más énfasis en su creencia y compromiso con el Camino que en tratar de demostrar que era inocente.  Definitivamente se declara inocente, pero al instante decide aprovechar el momento que tenía frente a Él y declara a Cristo.  ¡Esto es lo que nosotros tenemos que hacer!  No caer en los enredos.  No dejarnos llevar por nuestros sentimientos o instintos.  Debemos aprender a guiarnos por lo que manda Dios.  Él quiere que nuestra prioridad sea amarlo por encima de todas las cosas.  Además, quiere que amemos a nuestro prójimo.  Por último, quiere que cada día de nuestra vida, vayamos y hagamos discípulos a todos los rincones de la tierra, enseñándoles lo que nos ha enseñado y bautizándolos en el nombre de Cristo.  ¡Estas deben ser tus prioridades!  Entonces, cuando te encuentres en la posibilidad de “acabar” a alguien que ha hecho mal, piensa dos veces.  Cuando tengas frente a ti a una, dos o más personas, piensa dos veces antes de hablar.  Aprovecha cada momento.  Entiende que lo que digas o hagas tiene una consecuencia y, si eres seguidor de Jesús, debes buscar que esa consecuencia siempre sea dar un buen testimonio.  No pienses primero en ti y luego en Dios.  Las cosas funcionan al revés.  Te animo a que medites en tus acciones.  Piensa bien cómo actúas y qué testimonio das.  Piensa si realmente estás comprometido con Dios y Él es tu prioridad.  Piensa en cada decisión que has tomado por tu cuenta y a dónde te ha llevado.  Piensa cada decisión que has tomado obedeciendo a Dios y a dónde te llevó.  ¿Cuál fue mejor?  ¿Cuál trajo paz a tu vida?  Debes ser inteligente y aprender a tomar buenas decisiones.  Que tus acciones tengan una reacción positiva y no a la inversa.
Oración
Padre nuestro: alabado seas.  Gracias por fijarte en mí.  Gracias por tu amor y por permitirme venir a Ti para pedir perdón y llenar mi vida de esperanza.  Hoy te pido que pueda aprender a que mis acciones siempre produzcan buenas reacciones.  Te pido que pueda aprovechar cada momento para declarar mi fe y la reconciliación que ofreces a través de Jesús.  Gracias mi Señor.  En Cristo Jesús.  Amén

sábado, 28 de febrero de 2015

Santiago 3:7-8

Santiago 3:7-8
El ser humano sabe domar y, en efecto, ha domado toda clase de fieras, de aves, de reptiles y de bestias marinas; pero nadie puede domar la lengua. Es un mal irrefrenable, lleno de veneno mortal.



En mi punto de vista, el ser humano es increíble. De hecho, pienso que la el periodo de la ilustración, tiene gran sentido pues en algún momento teníamos que notar la increíble “maquina” que es el cuerpo humano y la gran perfección con la que está hecha. Sin embargo, en lugar de apuntar hacia Dios después de admirarse tanto, se quedaron maravillados con el ser humano y no dieron el siguiente paso para reconocer al Creador. Una situación similar pasa con los pecados que cometemos. A veces se vuelven tan grandes, tan difíciles de cambiar, tan duros y complicados, que nuestra mirada se queda enfocada en la grandeza del pecado en sí y olvidamos que hay una grandeza aún mayor llamada Jesucristo.
La lengua puede caer dentro de esta categoría. La Biblia nos dice que es imposible domarla. Que incluso podemos domar bestias y otros animales pero nuestras palabras no.
¡Cómo puede ser posible! ¿Estamos destinados a no poder hacer nada? No. Existe una solución. En la carta a Tito, capítulo 3, podemos darnos cuenta que si bien, éramos esclavos de nuestros pecados, gracias al amor de Dios y el sacrificio de su unigénito Jesucristo, somos lavados y regenerados por la renovación del Espíritu Santo. Explico un poco más. Cuando aceptas que eres pecador y que tu relación con Dios debe ser restaurada, Jesucristo se vuelve el camino para llegar al Padre. Posteriormente, Dios envía a su Espíritu Santo a morar en aquellos que lo han reconocido. Éste a su vez, tiene el poder de renovar nuestras vidas desde el interior. Lo que antes era imposible, ahora es posible. Por lo tanto, si has aceptado a Cristo, no puedes seguir teniendo problemas con ningún pecado. Podrá tomar tiempo la perfección, pero debes estar seguro que la victoria sobre el pecado ya te fue dada. Entonces, cuando Santiago habla sobre la imposibilidad de domar la lengua ¿a qué se refiere? A que, mientras trates de realizarlo por tus propios medios, nunca lo lograrás. La única solución para poder domar la lengua es a través del trabajo de renovación del Espíritu Santo en tu vida.
Por último quiero tocar la descripción que da Santiago sobre la lengua: mal irrefrenable, veneno mortal. No tomes estos versículos a la ligera. La Biblia no insiste en un tema si no tiene gran trascendencia. Te invito a que vuelvas a analizar tus palabras, lo que dices o lo que te gustaría decir. ¿Puedes controlar tu lengua? ¡No! No te engañes. Mejor entrégala a Dios y permite que el Espíritu Santo comience la renovación para que a través de Él puedas domarla.

Oración
Padre: tu palabra está llena de sabiduría. Hoy quiero reconocer que no puedo domar mi lengua y pedirte que tu Espíritu Santo me lleve a lograrlo. No quiero que ese mal irrefrenable y veneno mortal estén en mi vida por mi lengua. Transfórmame Señor. Perdona mis pecados y escucha mi oración en el nombre de Jesús
Amén

viernes, 27 de febrero de 2015

1 Pedro 3:10-12

1 Pedro 3:10-12


En efecto, “el que quiera amar la vida y pasar días felices, guarde su lengua del mal y sus labios de proferir engaños.  Apártese del mal y haga el bien; busque la paz y sígala.  Porque el Señor mira con buenos ojos a los justos y sus oídos están atentos a sus oraciones, pero mira con indignación a los que hacen el mal.




Muchas veces estamos atravesando tantas cosas en un mismo instante que olvidamos hacia dónde vamos.  Perdemos dirección y solamente queremos salir y tener algo de “luz”.  Terminamos viviendo día a día.  No sabemos qué hacer y nos sentimos desesperados.  Sabes, no eres el único que atraviesa momentos difíciles.  No eres el único que se siente solo.  Tampoco eres la “peor” persona en el mundo.  Dios te ama y mandó a su Hijo para que pudiéramos reconciliarnos con Él y sobretodo para tener comunión con Él.  Como creyentes, no debemos dejarnos arrastrar por lo que nos sucede.  Debemos tener una meta fija en todo momento: seguir a Cristo.  Para ello, Él nos dejó su palabra.  Los versículos de hoy nos dan la pauta para ello.  Nos dicen: qué hacer, qué decir y cómo hacerlo.
Guarda tu lengua del mal y de proferir engaños.  Santiago en su capítulo 3 nos advierte de este órgano tan pequeño pero que puede causar tanto daño.  Exalta a aquél que puede controlar su lengua pues al controlarla controla todo el cuerpo.  ¿Cuántas veces has dicho lo que no debías?  ¿Cuántas veces te has arrepentido por hablar de más?  ¿Cuántas veces has herido por no controlar tus palabras?  ¿Quieres saber lo que hay en tu corazón?  Pon atención a lo que dices y te abrirá los ojos.  ¿Cómo reaccionas cuando oyes críticas y juicios?  Guarda tu lengua y tus labios.  ¡Guárdala!  Así como se guarda la ropa de invierno en verano y viceversa, guarda tu lengua y aprende a utilizarla en el momento correcto.
Apártate del mal y has el bien.  Es voluntario.  No podemos tener como pretexto el que no sabíamos lo que estábamos haciendo.  Siempre tenemos elección.  Lo que pasa es que muchas veces estamos “tan adentro” que pensamos que no había opción.  Debemos aprender a estar alerta y con un alto discernimiento para entender, en dónde estamos, qué vemos, con quién estamos y qué conversaciones tenemos.  Créeme.  No estoy exagerando.  Si realmente queremos mantenernos apartados del pecado, debemos ir un paso adelante de las tentaciones.  Piensa en esto: si alguien quiere dejar de tomar, ¿Tiene sentido que vaya a bares o fiestas?  Cada acción tiene una reacción.  Si no piensas antes de actuar, simplemente te vas a encontrar del lado en el que no querías estar.  Por el contrario, si eres diligente y cuestionas lo que haces y quieres hacer, tu probabilidad de navegar correctamente es mucho mayor.
Busca la paz y síguela.  ¿Quién si no Dios puede dar paz?  Obviamente no se refiere a una paz efímera y misteriosa.  Se refiere a la paz que Dios da.  Solamente la podemos obtener estando pegados y sujetos a Él.  El seguirla involucra fortalecer tu comunión con Dios.  Esta es nuestra meta.  Mantenernos en el Señor.  Esta es la dirección que siempre debes tener.  En conclusión, si quieres tener días felices, debes: cuidar lo que dices, controlar lo que haces y mantenerte en la dirección correcta.  Solamente así podrás encontrar bendición y paz en tu vida.

Oración
Señor: gracias por tu palabra y por darme instrucciones para tener una vida plena.  Hoy entiendo lo importante de cuidar mi lengua y de controlar lo que salga de ella.  Comprendo también la importancia de mis actos y cómo tengo yo la decisión de prevenir estar en donde no debo y por consecuencia hacer lo que no debo.  Te pido me fortalezcas para poder caminar en tu dirección.  Quiero buscarte de día y de noche y recibir tu paz.  En Cristo Jesús.  Amén

jueves, 26 de febrero de 2015

Hebreos 13:15

Hebreos 13:15

Así que ofrezcamos continuamente a Dios, por medio de Jesucristo, un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su nombre.



¡Cuán daño tan grade podemos causar con tan pocas palabras!  Si puedo considerarlo como una virtud personal, tengo facilidad para hablar y llevar discusiones sin importar lo difíciles que pudieran ser.  Sin embargo, puedo caer en el “lado oscuro” y terminar aplastando a alguien simplemente por querer “ganar” la conversación.  La biblia nos advierte constantemente de lo peligrosa que es la lengua.  Personalmente he tenido que “tragarme” muchas de mis palabras y es probable que hayas pasado por situaciones similares.  El versículo de hoy nos enseña el gran potencial que tienen nuestros labios.  Nos recuerda que podemos hablar palabras de alabanza y gloria a nuestro Salvador.  Así que, aprovechemos este tiempo para meditar todo aquello que sale de nuestra boca.  ¿Estas utilizando tus labios para edificar o para destruir?  Recientemente descubrí que estaba cayendo en un círculo vicioso y mi boca estaba hablando pura destrucción.  Atravesé, a mi parecer, varias circunstancias injustas y quería desahogarme de alguna manera.  Sin embargo, conforme pasó el tiempo, entendí que lo estaba haciendo incorrectamente.  Gracias a Dios por el versículo de hoy que me recuerdan lo importante que es utilizar mis labios para lo que fueron creados: dar gloria a Dios.  Me gustaría poder hablar solamente de lo bonito e increíble que es hablar con puras palabras de alabanza y reconocimiento a Dios pero definitivamente estaría hablando de una realidad muy distinta a la mía.  Dentro de mí siguen saliendo palabras que no deberían salir.  Sigo teniendo actitudes que no debería tener.  Por ello, la meditación y enseñanza de hoy no están buscando que seamos perfectos sino que continuamente estemos buscando esa perfección.  ¿Entiendes la diferencia?  Ofrezcamos continuamente sacrificio de alabanza a Dios.  No un domingo.  No una temporada.  Continuamente.  Dios está queriendo abrir tu entendimiento para que ahora pongas atención a tus palabras.  Quiere que veas lo que haces con tus labios y cuánto los estamos desperdiciando.  Hoy te animo a que tomemos una actitud distinta y pongamos gran esfuerzo a cuidar lo que sale de nuestros labios.  Te animo a que busquemos estar continuamente alabando a Cristo con el fruto de nuestros labios.  Apaga la televisión o la música que estás escuchando y proclama lo grande y maravilloso que es Dios.  ¡Dale gracias por los milagros que hace diario en tu vida!  Utiliza este gran regalo que son tus labios para dar gloria a Aquél que la merece.  Estoy convencido que, si constantemente buscamos utilizar nuestros labios para Su honra y alabanza, nuestra vida entera se verá transformada.  Ponlo a prueba por un día y date cuenta personalmente en el resultado.

Oración

Padre: quiero, aunque sea por un día, utilizar mis labios para darte gloria continuamente.  Perdona todas aquellas palabras que han salido de mí y que están muy alejadas de darte alabanza.  Quiero aprender a hablar para edificar y no para destruir.  Me encomiendo a Ti y te pido que reines en mi vida.  Te lo pido en el nombre de Cristo Jesús.  Amén.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Salmos 3:7-8

Salmos 3:7-8

Levántate, Jehová; sálvame, Dios mío; porque tú heriste a todos mis enemigos en la mejilla; los dientes de los perversos quebrantaste.  La salvación es de Jehová; sobre tu pueblo sea tu bendición.



Es tan fácil querer vengarse.  Seamos honestos.  Cuando alguien nos lastima, es natural sentir deseos de hacer algo al respecto.  Ya sea a ti o a los tuyos.  Nunca resulta sencillo controlar el enojo o la ira.  Sin embargo no quiere decir que sea imposible actuar de otra manera.  No quiere decir que no tengamos opción y por lo tanto tenemos justificación para reaccionar mal.  El pasaje de hoy debes memorizarlo y guardarlo en tu corazón para tenerlo siempre listo.  La lucha le pertenece a Jehová.  No a ti.  No a mí.  A Dios.  La salvación es de Él.  Y también es Él quién destroza a nuestros enemigos que son sus enemigos.  Él es quien merece la gloria y, como dice el versículo 7, que sea quien se levante y sea exaltado.
En cualquier evento deportivo, el ganador siempre se le pone en el podio más arriba que cualquier otro competidor simbolizando que es más grande, o mejor, que los demás.  Cuando leo, levántate Jehová, pienso en cómo puedo poner a Dios en ese podio por encima de todo.  De mis sentimientos.  De mi vida.  De mi ego.  De mi orgullo.  De mi mismo.  Él tiene que estar siempre en el primer lugar del podio y no yo.  Él tiene que levantarse mientras yo permanezco sentado esperando en Él.  ¡Pero nos encanta pararnos!  ¡Nos encanta querer tomar acción!  Sin importar lo equivocados que podamos estar, pensamos que esperar y dejar que Dios se encargue no tiene sentido.  Dejemos esta forma de actuar en el pasado.  Dejemos de cometer tantos errores por estar quitando constantemente al Señor del podio.  Controla tus palabras.  Controla tus pensamientos.  Entrégalos a Jehová y deja que Él sea quien aplaste a tus enemigos.  Mientras tanto, busca darle toda la gloria a Él.  Busca servirle.  Busca agradarle.  Busca compartirle.

Oración

Padre: definitivamente tu palabra me lleva en dirección opuesta a mis deseos y voluntad.  Yo entiendo que tu camino es mejor que el mío y quiero seguirlo.  Te entrego mis rencores, enojos y deseos de venganza.  Confío en que Tú te encargarás de todo y mientras tanto yo buscaré servirte.  En el nombre de Jesús.  Amén

martes, 24 de febrero de 2015

Hechos 16:9-10

Hechos 16:9-10


Durante la noche Pablo tuvo una visión en la que un hombre de Macedonia, puesto de pie, le rogaba: pasa a Macedonia y ayúdanos.  Después de que Pablo tuvo la visión en seguida nos preparamos para partir hacia Macedonia, convencidos de que Dios nos había llamado a anunciar el evangelio a los macedonios.



Pablo tuvo una visión muy clara que le mandaba ir a Macedonia y por ello, en cuanto la tuvo, se prepararon para ir.  Pero para nosotros no siempre es así de sencillo.  La pregunta de todos los días es: ¿cómo puedo saber si lo que estoy planeando está dentro de la voluntad de Dios?   ¿Te lo has preguntado?  Bien.  Déjame desanimarte un poco primero.  No hay una fórmula que se repita siempre para poder llegar a la conclusión de que el plan A o el plan B son la voluntad del Señor.  Honestamente, pienso que incluso Dios permite esa incertidumbre y falta de claridad para probar nuestros corazones y sacar lo que realmente hay en ellos.  Ahora déjame animarte.  Primero debes estar convencido que Dios te ama.  No hay nada que puedas hacer para que te ame menos o más.  El te ama y punto.  Después, debes recordar que tu principal objetivo debe ser el servirlo a Él.  No crecer profesionalmente.  No tener dinero.  No vivir en tal o cual lugar.  No conseguir una pareja.  En general, nada relacionado con la vida material debe ser tu prioridad.  Esto te ayuda a desprenderte de aquello que no tiene valor y aprender a perseguir lo que sí.  Cuando completas estos pasos, te das cuenta que puedes estar en paz independientemente de que tu situación sigue igual de incierta.  Aquí es cuando das gloria a Dios por ser tan bueno y llenarte de su paz y su amor.  Te gozas y puedes sonreír.  La gente a tu alrededor no siempre lo va a entender, pero tú puedes proyectar tranquilidad y gozo sin importar que no sabes lo que vendrá.
Después de un tiempo, días, meses o años el Señor comenzará a mostrarte sutilmente por dónde caminar.  Te darás cuenta que tu plan A te da más dinero pero te quita tiempo con tu familia.  Comienzas a darte cuenta que el plan B, aunque parecía poco atractivo, podría ayudarte a moldear tu carácter y podrías ser utilizado para llevar más fruto.  Créeme, poco a poco se irán resolviendo tus inquietudes e incluso verás puertas que se abren que ni siquiera te habías percatado que estaban ahí.  Este periodo es extraordinario.  Estás muy pegado a Dios.  Oras constantemente y no quieres separarte de Él.  Finalmente has tomado una decisión convencido que era la correcta.  Das gracias a Dios y así como Pablo, te preparas inmediatamente para servir.
La palabra de Dios está llena de promesas relacionadas al amor y cuidado especial que nuestro Señor tiene de ti y de mí.  Lee estas promesas.  Memorízalas.  Ponlas por práctica.  Pablo y los discípulos estaban en excelente sintonía con Dios y podían escuchar y ver claramente sus planes.  Tú y yo debes hacer lo mismo y para ello debemos prepararnos leyendo su palabra y obedeciéndola.

Oración
Padre: te pido que traigas paz a mi corazón.  Te pido que pueda comprender tu amor y vivir confiado en el cuidado que tienes de mí.  Te lo pido en Cristo Jesús. Amén 

lunes, 23 de febrero de 2015

Hechos 16:26

Hechos 16:26


Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas y las cadenas de todos se soltaron.



Seguramente tenemos personas que buscan encontrar la explicación científica a este hecho para invalidar la razón sobrenatural.  Es muy común.  Lo vemos con la creación, el diluvio, la destrucción de Sodoma y Gomorra, la tumba y resurrección de Jesucristo, etc.  Siempre existirán aquellos que, en su soberbia, querrán negar al Señor y todas sus muestras de grandeza frente a nosotros.  Resulta imposible pensar en la coincidencia de que Silas y Pablo estuvieran orando y alabando al Señor y en ese instante viniera un terremoto y lograra abrir cada una de las puertas y además las cadenas.  No solo se abrieron unas cuantas puertas sino todas y para hacerlo más interesante, cada cadena se soltó.  ¿Puedes ver la mano de Dios?  La biblia no nos dice que fue Dios quien provocó el terremoto, simplemente nos dice que ocurrió.  Pero aquellos que confiamos en Él sabemos perfectamente que fue su voluntad.  ¿Lo puedes ver?
¿Qué necesitamos que pase para poder ver a nuestro Señor trabajando?  ¡Nos hemos vuelto tan insensibles!  Cada vez que puedes ver un arcoíris ¿recuerdas que es el pacto de Dios con nosotros después del diluvio?  Cuando ves un atardecer o cualquier detalle impresionante de la creación, ¿das gloria a Dios?  No dejemos que la insensibilidad se apodere de nosotros.  El día a día y sus tareas se ha vuelto nuestro peor enemigo.  Nos absorbe y nos envuelve para no poder ver más allá de lo que tenemos enfrente.
Por otro lado, quiero recalcar el momento en que ocurrió el terremoto.  El pasaje nos dice que mientras estaban orando y alabando ocurrió.  ¿Esto quiere decir que gracias a sus oraciones fueron liberados?  No.  Leíste bien.  No.  Fueron liberados por la omnipotencia de Dios.  Si lo piensas, ni siquiera sabemos si estaban orando por ser liberados.  Si bien, es probable que hayan pedido por su libertad, creo yo que se enfocaron en pedir por paz y por la oportunidad de compartir de Cristo a los demás presos.  Muchas personas toman estos pasajes para enseñar que nuestras oraciones pueden convertirse en instrucciones para Dios y que aquello que pidamos va a hacerse.  Mentira.  Por ello escribí que la razón por la que fueron liberados no fue por sus oraciones sino por la voluntad del Señor.  Es importante entender este punto.  Nosotros debemos orar constantemente porque la voluntad de Dios se haga en nuestras vidas y no la nuestra.  Debemos orar por ser servidores que llevan fruto en todo momento y no solo cuando nos encontramos “bien”.  Si después de estar orando y buscando el reino de Dios, Él decide que haya unos cuantos terremotos-milagros y las cosas se acomoden y te beneficien, esto, es puro amor y misericordia de Dios.

Oración
Dios Padre: te doy gracias por tu palabra y enseñanzas.  Te pido que sea sensible y pueda ver tu obra y tu mano en todo momento.  Ayúdame a vivir pidiendo porque se haga tu voluntad y no la mía y aprendiendo a servirte.  Ayúdame a entender que Tú estás por encima de todo y que tu amor hacia mí se encargará de ver por mis necesidades.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén