martes, 24 de febrero de 2015

Hechos 16:9-10

Hechos 16:9-10


Durante la noche Pablo tuvo una visión en la que un hombre de Macedonia, puesto de pie, le rogaba: pasa a Macedonia y ayúdanos.  Después de que Pablo tuvo la visión en seguida nos preparamos para partir hacia Macedonia, convencidos de que Dios nos había llamado a anunciar el evangelio a los macedonios.



Pablo tuvo una visión muy clara que le mandaba ir a Macedonia y por ello, en cuanto la tuvo, se prepararon para ir.  Pero para nosotros no siempre es así de sencillo.  La pregunta de todos los días es: ¿cómo puedo saber si lo que estoy planeando está dentro de la voluntad de Dios?   ¿Te lo has preguntado?  Bien.  Déjame desanimarte un poco primero.  No hay una fórmula que se repita siempre para poder llegar a la conclusión de que el plan A o el plan B son la voluntad del Señor.  Honestamente, pienso que incluso Dios permite esa incertidumbre y falta de claridad para probar nuestros corazones y sacar lo que realmente hay en ellos.  Ahora déjame animarte.  Primero debes estar convencido que Dios te ama.  No hay nada que puedas hacer para que te ame menos o más.  El te ama y punto.  Después, debes recordar que tu principal objetivo debe ser el servirlo a Él.  No crecer profesionalmente.  No tener dinero.  No vivir en tal o cual lugar.  No conseguir una pareja.  En general, nada relacionado con la vida material debe ser tu prioridad.  Esto te ayuda a desprenderte de aquello que no tiene valor y aprender a perseguir lo que sí.  Cuando completas estos pasos, te das cuenta que puedes estar en paz independientemente de que tu situación sigue igual de incierta.  Aquí es cuando das gloria a Dios por ser tan bueno y llenarte de su paz y su amor.  Te gozas y puedes sonreír.  La gente a tu alrededor no siempre lo va a entender, pero tú puedes proyectar tranquilidad y gozo sin importar que no sabes lo que vendrá.
Después de un tiempo, días, meses o años el Señor comenzará a mostrarte sutilmente por dónde caminar.  Te darás cuenta que tu plan A te da más dinero pero te quita tiempo con tu familia.  Comienzas a darte cuenta que el plan B, aunque parecía poco atractivo, podría ayudarte a moldear tu carácter y podrías ser utilizado para llevar más fruto.  Créeme, poco a poco se irán resolviendo tus inquietudes e incluso verás puertas que se abren que ni siquiera te habías percatado que estaban ahí.  Este periodo es extraordinario.  Estás muy pegado a Dios.  Oras constantemente y no quieres separarte de Él.  Finalmente has tomado una decisión convencido que era la correcta.  Das gracias a Dios y así como Pablo, te preparas inmediatamente para servir.
La palabra de Dios está llena de promesas relacionadas al amor y cuidado especial que nuestro Señor tiene de ti y de mí.  Lee estas promesas.  Memorízalas.  Ponlas por práctica.  Pablo y los discípulos estaban en excelente sintonía con Dios y podían escuchar y ver claramente sus planes.  Tú y yo debes hacer lo mismo y para ello debemos prepararnos leyendo su palabra y obedeciéndola.

Oración
Padre: te pido que traigas paz a mi corazón.  Te pido que pueda comprender tu amor y vivir confiado en el cuidado que tienes de mí.  Te lo pido en Cristo Jesús. Amén 

lunes, 23 de febrero de 2015

Hechos 16:26

Hechos 16:26


Entonces sobrevino de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas y las cadenas de todos se soltaron.



Seguramente tenemos personas que buscan encontrar la explicación científica a este hecho para invalidar la razón sobrenatural.  Es muy común.  Lo vemos con la creación, el diluvio, la destrucción de Sodoma y Gomorra, la tumba y resurrección de Jesucristo, etc.  Siempre existirán aquellos que, en su soberbia, querrán negar al Señor y todas sus muestras de grandeza frente a nosotros.  Resulta imposible pensar en la coincidencia de que Silas y Pablo estuvieran orando y alabando al Señor y en ese instante viniera un terremoto y lograra abrir cada una de las puertas y además las cadenas.  No solo se abrieron unas cuantas puertas sino todas y para hacerlo más interesante, cada cadena se soltó.  ¿Puedes ver la mano de Dios?  La biblia no nos dice que fue Dios quien provocó el terremoto, simplemente nos dice que ocurrió.  Pero aquellos que confiamos en Él sabemos perfectamente que fue su voluntad.  ¿Lo puedes ver?
¿Qué necesitamos que pase para poder ver a nuestro Señor trabajando?  ¡Nos hemos vuelto tan insensibles!  Cada vez que puedes ver un arcoíris ¿recuerdas que es el pacto de Dios con nosotros después del diluvio?  Cuando ves un atardecer o cualquier detalle impresionante de la creación, ¿das gloria a Dios?  No dejemos que la insensibilidad se apodere de nosotros.  El día a día y sus tareas se ha vuelto nuestro peor enemigo.  Nos absorbe y nos envuelve para no poder ver más allá de lo que tenemos enfrente.
Por otro lado, quiero recalcar el momento en que ocurrió el terremoto.  El pasaje nos dice que mientras estaban orando y alabando ocurrió.  ¿Esto quiere decir que gracias a sus oraciones fueron liberados?  No.  Leíste bien.  No.  Fueron liberados por la omnipotencia de Dios.  Si lo piensas, ni siquiera sabemos si estaban orando por ser liberados.  Si bien, es probable que hayan pedido por su libertad, creo yo que se enfocaron en pedir por paz y por la oportunidad de compartir de Cristo a los demás presos.  Muchas personas toman estos pasajes para enseñar que nuestras oraciones pueden convertirse en instrucciones para Dios y que aquello que pidamos va a hacerse.  Mentira.  Por ello escribí que la razón por la que fueron liberados no fue por sus oraciones sino por la voluntad del Señor.  Es importante entender este punto.  Nosotros debemos orar constantemente porque la voluntad de Dios se haga en nuestras vidas y no la nuestra.  Debemos orar por ser servidores que llevan fruto en todo momento y no solo cuando nos encontramos “bien”.  Si después de estar orando y buscando el reino de Dios, Él decide que haya unos cuantos terremotos-milagros y las cosas se acomoden y te beneficien, esto, es puro amor y misericordia de Dios.

Oración
Dios Padre: te doy gracias por tu palabra y enseñanzas.  Te pido que sea sensible y pueda ver tu obra y tu mano en todo momento.  Ayúdame a vivir pidiendo porque se haga tu voluntad y no la mía y aprendiendo a servirte.  Ayúdame a entender que Tú estás por encima de todo y que tu amor hacia mí se encargará de ver por mis necesidades.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén

sábado, 21 de febrero de 2015

Hechos 19:8-10

Hechos 19:8-10


Pablo entró en la sinagoga y habló allí con toda valentía durante tres meses.  Discutía acerca del reino de Dios, tratando de convencerlos, pero algunos se negaron obstinadamente a creer y ante la congregación hablaban mal del Camino.  Así que Pablo se alejó de ellos y formó un grupo aparte con los discípulos y a diario debatía en la escuela de Tirano.  Esto continuó por espacio de dos años de modo que todos los judíos y los griegos que vivían en la provincia de Asia llegaron a escuchar la palabra del Señor.


¿Cómo se encarga el Señor de cumplir con sus promesas?  No lo sé.  Lo que sí sé, es que tenemos ejemplos como este versículo donde se nos dice que en la provincia de Asia, tanto judíos como griegos escucharon la palabra de Dios.  Pareciera una tarea imposible para los discípulos.  No tenían grandes fortunas ni eran reyes que al proclamar un edicto, todas las ciudades se enterarían.  Eran personas comunes como tú y como yo las que se dedicaron a llevar el evangelio a cada rincón.  ¿Qué tenían a su favor?  La mano de Dios.  Pero esto no quiere decir que todo era bello y maravilloso.  Pablo tuvo sus malos días.  Vemos que mientras predicaba en las sinagogas había grupos que no solamente se obstinaban en rechazar el evangelio sino que hablaban mal del mensaje que les traía.
A veces escuchamos algunas promesas del Señor y nos llenamos de ánimo.  Sabemos que Él está por nosotros por lo tanto ¿Quién contra nosotros?  ¿Cierto?  También vemos que tiene cuidado de nosotros, nos ama, nos quiere llenar de bendiciones y que nos conoce desde antes que estuviéramos en el vientre de nuestra madre.  Todas estas promesas nos llenan de alegría y esperanza.  Pero todo lo bueno dura poco cuando no sabemos permanecer en Él.  Me explico mejor.  Todo lo maravilloso que escuchamos y aprendemos de nuestro Dios, lo ponemos en tela de juicio y dudamos cuando las cosas se ponen en nuestra contra.  Primero estábamos contentos y emocionados.  Salimos el domingo después de haber escuchado una predicación con todos los ánimos y listos para “combatir” contra el mundo y todo lo que nos acecha.  Llega el lunes y salen más problemas o simplemente nada mejora.  ¿Te ha pasado?  Pasan los días y todo sigue igual por lo que nuestra actitud que teníamos el domingo ha quedado en el olvido.  Dios sigue ahí.  ¿Lo entiendes?  Dios sigue ahí.  Sus promesas también.  Pero dentro de sus planes, debemos dejarnos transformar y Él decide cómo y cuando las cosas cambiarán.  Ahora, lo irónico de esto es que, mientras más problemas tenemos, más nos entregamos y más tiempo dedicamos a Él.  Más oramos, más le alabamos, más asistimos a escuchar de su palabra.  Es cuando mejor comunión tenemos con Él.  ¿Por qué cambiamos cuando todo se “resuelve”?
Pablo estuvo predicando toda su vida y así como tuvo buenos días también tuvo momentos como el que leemos hoy donde todo estaba en su contra y hasta tuvo que formar un grupo aparte.  La diferencia que veo en su ejemplo es que él permaneció confiado en que Dios seguía ahí y sus promesas también.  No nos olvidemos de esto.  No nos alejemos del Señor en los momentos que más lo necesitamos.  Días negros siempre habrá, lo que no tendremos siempre es la oportunidad de dejarlo transformar nuestro corazón.  Acércate a su palabra.  Permanece en Él.
Oración
Señor: definitivamente me cuesta trabajo permanecer en Ti cuando todo se vuelve en mi contra.  Se me facilita olvidarme de tu palabra y comienzo a buscar respiro en todos lados menos en Ti.  Yo te pido perdón por mis pecados y mi falta de entrega y compromiso.  Te pido Padre que me renueves y que aprenda a permanecer en Ti.  Gracias por siempre estar ahí.  Gracias en el nombre de Jesús.  Amén 

viernes, 20 de febrero de 2015

Hechos 19:35-41

Hechos 19:35-41


El secretario del consejo municipal logró calmar a la multitud y dijo: ciudadanos de Éfeso, ¿Acaso no sabe todo el mundo que la ciudad de Éfeso es guardiana del templo de la gran Artemisa y de su estatua bajada del cielo?  Ya que estos hechos son innegables, es preciso que ustedes se calmen y no hagan nada precipitadamente.  Ustedes han traído a estos hombres, aunque ellos no han cometido ningún sacrilegio ni han blasfemado contra nuestra diosa.  Así que si Demetrio y sus compañeros de oficio tienen alguna queja contra alguien, para eso hay tribunales y gobernadores.  Vayan y presenten allí sus acusaciones unos contra otros.  Si tienen alguna demanda, que se resuelva en legítima asamblea.  Tal y como están las cosas, con los sucesos de hoy corremos el riesgo de que nos acusen de causar disturbios.  ¿Qué razón podríamos dar de este alboroto, si no hay ninguna?  Dicho esto, despidió la asamblea.


No es fácil permanecer tranquilo cuando el agua nos llegó al cuello.  Resulta natural el querer hacer algo.  Nadamos para un lado.  Nadamos para el otro.  Tratamos de sujetarnos de lo que tengamos frente a nosotros, pero finalmente nos damos cuenta que no podemos más y la angustia, frustración y desesperación se apoderan de nuestros pensamientos.  ¿Cuántas veces has estado en este tipo de situaciones?
Hace ya varios años que decidí trabajar en otra empresa.  Estuve orando por esa decisión y traté de ser sumamente sensible a lo que Dios mostrara.  Todo se dio muy sutil y sin problemas.  ¡Gloria al Señor!  Pensé.  Unos meses después de haber realizado el cambio, por cuestiones externas a mí, la empresa comenzó a despedir gente y mi permanencia en la misma estaba totalmente pendiendo de hilos y alfileres.  ¿Señor, qué pasa?  Creí que me querías aquí.  Pensé.  Me calmé y pasaron unas semanas más hasta que un día despidieron a un compañero que estaba en una posición igual a la mía.  El agua había llegado a mi cuello.  ¿Qué hago?  No entiendo Señor.  Oré para tomar una decisión conforme a tu voluntad y ¿ahora me van a correr?  Recuerdo haber orado y pedido a Dios que pasara lo que pasara no permitiera que me apartara de Él.  Pedí por paz en mi corazón y por fortaleza para seguir adelante pues personalmente no entendía nada de lo que estaba pasando y peor aún, no veía ninguna luz a lo lejos sino un panorama sumamente sombrío.
El día de hoy vemos que Gayo y Aristarco no necesitaron la intervención de Pablo para calmar a las multitudes y salir sanos y salvos de esa situación.  Estoy seguro que para ellos el agua también había llegado hasta el cuello y estaban sin saber qué hacer.  Pablo, por otro lado, pudo haberse quedado con los deseos de haber ido e intercedido por ellos tratando de calmar el disturbio de la asamblea.  Por otro lado, sin que nadie se percatara ni supiera cómo, el Señor estaba trabajando y tenía todo bajo su control.  Esta vez no necesitó a Pablo y utilizó a un secretario municipal para calmar a todos.  Nadie lo vio venir.  Esa multitud que gritaba y se alborotaba sin escuchar nada ni a nadie, de repente se calló y permaneció tranquila. Nadie pensó en que este individuo podría calmar a todos.  Pero lo hizo.    Lo hizo porque el Señor así lo dispuso.  ¿Para qué?  Para enseñarnos que es Poderoso.  Para recordarnos que no debemos temer a pesar de que el agua haya llegado ya hasta nuestro cuello.  Para recordarnos que Él es Dios.  Para recordarnos que Él es soberano y no hay nada ni nadie que pueda hacerle frente.  ¿Lo entiendes?  No hay problema ni situación más grande que nuestro Dios.  El enemigo busca confundirte y muchas veces lo logra haciéndonos dudar de nuestro Señor.  No lo permitamos más.  Dejemos de luchar y de aferrarnos a lo que tengamos en frente.  Si el agua ha llegado al cuello, aprendamos a esperar pacientemente a que el Todopoderoso mande rescate.  Tal vez será un chaleco salvavidas, tal vez una lancha o tal vez otra persona.  Solamente Él sabe cómo serán las cosas mientras que a nosotros nos corresponde confiar.  La biblia nos dice que debemos aprender a permanecer en Él para dar fruto.  Precisamente en momentos como éste es cuando debemos estar pegados y abrazados de Él para no separarnos un instante.  Los frutos los disfrutamos después.
¿Qué pasó con mi trabajo?  Después de varios meses y luego años, el Señor se ha encargado de cuidarme y protegerme día a día.  Además, ha prosperado mi camino como lo promete en su palabra pues busqué permanecer en Él antes de permanecer en mi voluntad y mis planes.  Te animo a que hagas lo mismo.
Oración
Padre nuestro: Tú que estás en los cielos y eres santo y grande, quiero alabarte y agradecerte por ese amor tan único que derramas sobre mí y los que te siguen.  Yo te pido que perdones mis pecados y sobre todo mi falta de confianza en Ti cuando las cosas están difíciles.  Hoy quiero permanecer en ti sin importar que el agua haya llegado ya hasta mi cuello y no sepa qué hacer.  Confío que traerás lo necesario para sacarme de esto conforme a tu voluntad.  Quiero que mi vida de fruto y por ello me pongo a tus pies y a tu servicio.  En el nombre de Cristo Jesús.  Amén

jueves, 19 de febrero de 2015

Hechos 27:33-36

Hechos 27:33-36


Estaba a punto de amanecer cuando Pablo animó a todos a tomar alimento.  Hoy hace ya catorce días que ustedes están con la vida en un hilo, y siguen sin probar bocado.  Les ruego que coman algo, pues lo necesitan para sobrevivir.  Ninguno de ustedes perderá ni un solo cabello de la cabeza.  Dicho esto, tomó pan y dio gracias a Dios delante de todos.  Luego lo partió y comenzó a comer.  Todos se animaron y también comieron.  Éramos en total doscientas setenta y seis personas en el barco.


¿Por qué Pablo tiene que animarlos a tomar alimento?  ¿No tenían hambre?  A mi parecer, no querían comer porque no sabían cuánto tiempo permanecerían a la deriva.  Piénsalo por un momento.  Tienen una cantidad limitada de comida y una espera para ser rescatados que puede durar por días y meses.  ¿Qué hacen?  Aferrarse a lo último que les queda de esperanza.  Si bien, al parecer ya están cerca de tocar tierra, ¿quién les garantiza que podrán conseguir comida?  Conforme a su instinto, deciden almacenar lo más que puedan.  Tiene sentido.
¿Y qué relación tiene con nosotros? O ¿Qué podemos aprender de esto?
Dios te está diciendo el día de hoy, anímate y come.  Anímate y goza.  Anímate y agradece.  Anímate y vive.  No te aferres a tus problemas.  No te ahogues con tus pruebas.  No permitas que la incertidumbre te robe tu capacidad de vivir.  Dios te está diciendo: sé que llevas ya varios días con la vida en un hilo y sin probar bocado, pero come pues yo me encargaré de que sobrevivas y no pierdas ni un solo cabello de la cabeza.  ¿Lo puedes ver?  ¿Te das cuenta de cuánto nos aferramos a las cosas?  El domingo pasado dejé mi teléfono celular desatendido por diez minutos y con eso fue suficiente para que me lo robaran.  ¡Qué coraje me dio!  Lo busqué.  Lo localicé vía satélite.  Ví que estaba muy cerca de mi casa y fui al lugar donde aparecía que estaba.  Llegué y obviamente no encontré a nadie que tuviera mi teléfono.  Insistí y en mi cabeza no lo quise olvidar.  Por la tarde, mientras caminaba comencé a orar.  Tuve que pedir perdón.  ¡Es un teléfono!  Un teléfono pudo cambiar mi estado de ánimo por casi un día.  ¡Algo no está bien!  No podemos estar tan apegados a lo material.  Cuando Jesús fue tentado en el desierto después de no haber comido nada por 40 días, responde a Satanás diciendo que no solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Jehová.  ¿Esto quiere decir que no tenía hambre?  ¡Por supuesto que tenía hambre!  Lo que nos enseña es a poner prioridades en el orden correcto.  Primero está Jehová y luego nuestras necesidades carnales.  Tus problemas no se van a terminar ni todo será maravilloso así como Jesús seguía con hambre.  Lo que va a cambiar es que podrás vivir con gozo, paz y agradecido sin importar las circunstancias.  Podrás, como Pablo, animar a los demás a comer pues sabrás que Dios se encargará de proveer.  Podrás disfrutar de lo que Dios te da pues no estarás preocupado por lo que vendrá después.  Dios conoce tus necesidades.  Ora.  Abre tu corazón y dile cómo te sientes.  Él quiere bendecirte y llenarte de consuelo y amor pero necesitas comer de su palabra.  Necesitas mejorar tu comunión con Él.  Necesitas mejorar tu compromiso con Él.  Necesitas dejar de confiar y aferrarte en lo material y comenzar a desarrollar lo espiritual.
Oración
Padre Santo: te pido perdón por mis pecados y sobre todo por aferrarme tanto a las cosas en lugar de aferrarme a ti y a tu palabra.  Quiero fortalecer mi relación contigo y renovar mi compromiso de entrega.  Dame fe mi Señor para seguir caminando y poder comer y vivir confiado en Ti y no en las circunstancias.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén 

miércoles, 18 de febrero de 2015

Gálatas 1:16-24

Gálatas 1:16-24


Cuando Dios tuvo a bien revelarme a su Hijo para que yo lo predicara entre los gentiles, no consulté a nadie.  Tampoco subí a Jerusalén para ver a los que eran apóstoles antes que yo, sino que fui de inmediato a Arabia, de donde luego regresé a Damasco.  Después de 3 años subí a Jerusalén para visitar a Pedro, y me quedé con él quince días.  No vi a ningún otro de los apóstoles; sólo vi a Jacobo, el hermano del Señor.  Dios me es testigo que en esto que les escribo no miento.  Más tarde fui a las regiones de Siria y Cilicia.  Pero en Judea las iglesias de Cristo no me conocían personalmente.  Sólo habían oído decir: el que antes nos perseguía ahora predica la fe que procuraba destruir.  Y por causa mía glorificaban a Dios.



Los planes de Dios no siempre son fáciles de entender.  Cuando somos bendecidos, simplemente podemos dar gracias y disfrutar de esa bendición, pero cuando el mundo se pone de cabeza resulta difícil entender hacia dónde quiere Dios que nos dirijamos.  Pablo recibió la revelación de Dios y su primera instrucción es no hacer nada por tres años.  Estuvo en Arabia por más de mil días.  ¿Qué hizo ahí?  Exactamente no lo sabemos.  Solamente hay algunas teorías.  Lo que sí sabemos es que el Señor tenía un plan para él y por ello estuvo allí por tres años.  Tal vez ya has escuchado que Dios tiene un plan para ti.  Alguna vez escuchaste o leíste algún pasaje donde te dijeron que el Señor tiene un cuidado único de ti.  También pudiste haber escuchado sobre las promesas de Jehová tan increíbles que te llenaron de ánimo y felicidad, pero hoy, simplemente no lo puedes ver.  Hoy ves problemas.  Hoy ves que las cosas no son como antes.  Hoy ves que todo cambió.  Hoy te sientes solo.  Hoy estás triste.  Hoy te sientes mal contigo mismo.  Hoy estás cansado.  Hoy quieres que las cosas sean distintas sin embargo te levantas y todo sigue igual.  “Llevo ya mucho tiempo en esta situación y las cosas no cambian” pensarás.  ¿Sabes algo?  ¡Es normal!  Tus sentimientos, tus frustraciones, tus miedos.  ¡Son normales!  ¡No eres un mal cristiano!  No significa que no ames a Dios.  Simplemente tienes que crecer espiritualmente y cada uno lo hace a distintos tiempos.  Tristemente, algunas personas, nos empeñamos en decirte lo que debes hacer y olvidamos que, como humanos, a veces simplemente necesitamos un abrazo o ser escuchados.  Personalmente me cuesta trabajo quedarme callado y sé que está mal.  Sé que debo aprender a escuchar y simplemente consolar.  Inmediatamente trato de pensar en lo que Dios quiere para la persona y quiero decirlo.  Hoy entiendo que cada uno de nosotros somos distintos.  Hoy entiendo que el Señor tiene un plan único y que no puedo acelerarlo o frenarlo sino que cada uno de nosotros realiza esa “carrera” a su paso.  Pablo estuvo tres años en Arabia para luego ir a Damasco.  Tú y yo podemos vivir pruebas en las que duren unos días o años.  En su momento es posible que no lo entendamos y sintamos confusión, pero podemos estar seguros que el Señor se encargará de cuidarnos, consolarnos, amarnos y proveernos en todo momento.  He escuchado pruebas que algunos hermanos en Cristo tienen que atravesar y honestamente me resulta difícil entender el propósito que Dios pudiera tener.  ¿Qué te puedo decir hoy?  Que así como el Señor se encargó de la vida de Pablo en todo momento, así se encargará de la tuya.  Imagina lo increíble que será el momento en que otras personas den gloria a Dios por la transformación que ven en tu vida.  Así dieron gloria cuando vieron al que los perseguía ahora predicar y difundir su fe.  Hoy es tiempo de que Dios te utilice y la gente se maraville viendo lo que Dios hace con corazones dispuestos.  En Su tiempo.  En Sus términos.  Pero no te preocupes que Dios te ama y quiere bendecirte.  Dobla tus rodillas.  Deja tu orgullo atrás.  Abraza sus promesas.  No dejes ir sus bendiciones y sobre todo, no te separes de Él.
Oración
Señor: tú conoces mi corazón y cómo me siento.  Simplemente no entiendo cómo seguir o hacia dónde quieres que vaya.  Lo que hoy estoy convencido es que no quiero apartarme de Ti. Sea como sea.  Vaya a donde tenga que ir, no quiero separarme de Ti.  No permitas que la adversidad me confunda y me aparte.  Quiero seguirte sin importar que hoy no entienda tus planes.  Te pido me llenes de tu paz.  Te pido me llenes de tu consuelo y paciencia.  Permite que tu amor me inunde y pueda entender que no estás lejos sino aquí junto a mí.  Cuidándome.  En Cristo Jesús te lo pido.  Amén

lunes, 16 de febrero de 2015

2 Juan 1:4-6

2 Juan 1:4-6

Me alegré muchísimo al encontrarme con algunos de ustedes que están practicando la verdad, según el mandamiento que nos dio el Padre.  Y ahora, hermanos, les ruego que nos amemos los unos a los otros.  Y no es que les esté escribiendo un mandamiento nuevo sino el que hemos tenido desde el principio.  En esto consiste el amor: en que pongamos en práctica sus mandamientos.  Y éste es el mandamiento: que vivan en este amor, tal como ustedes lo han escuchado desde el principio.



En el tiempo que Juan escribía esta carta, existían distintas personas que estaban tratando de tergiversar el evangelio y sacar provecho del mismo.  Por esta razón, escribe sobre su alegría al enterarse que, dentro de todo ese alboroto y confusión, seguían algunos discípulos fieles en los mandamientos del Padre.  El día de mañana hablaré más del tema sobre los falsos maestros y aquellos que quieren utilizar el nombre de Dios para su propio beneficio.  Hoy voy a enfocarme en la importancia de mantenernos pegados a la palabra del Señor.  Juan les dice: no estoy escribiendo nada nuevo sino les estoy recordando lo que ya les había enseñado.  Ahora quiero que lo pongan en práctica.  ¿De qué sirve el conocimiento si no se pone en práctica?  Imagina conocer el sistema binario pero no utilizarlo para crear una computadora (ordenador).  ¡No tiene sentido!  Así mismo, no tiene mucho sentido llenarte de información “religiosa” para que al final tu vida siga igual.  ¡Ese no es el evangelio que estamos predicando!  El evangelio que predicamos es el de la renovación a través del Espíritu.  Una vez que has recibido a Cristo, tu vida no puede seguir igual.  Tu mente debe estar en proceso de transformación al igual que tus deseos y pensamientos.  Ahora tu prioridad debe ser: cómo agrado a Dios.  ¿Cómo puedo servir?  ¿Qué quiere Jehová transformar en mí?  Y la manera más sencilla de contestar estas interrogantes es a través del pasaje de hoy: amémonos los unos a los otros y pongamos en práctica los mandamientos de Dios.
Medita un tiempo en tu vida.  ¿Estás en paz?  ¿Tienes gozo?  ¿Te sientes seguro?  ¿Te levantas con ganas?  Si tristemente estás contestando de manera negativa, debes entender que no es culpa de Dios ni de alguien más sino tuya.  Tú eres el responsable de lo que pasa en tu vida.  Ahora, Dios utiliza las circunstancias para abrir nuestros ojos, doblar nuestro orgullo y, de esta manera, alinear nuestro corazón a su camino.  ¿Cómo amarnos los unos a los otros si cada uno busca su propio bien?  Imposible.  ¿Cómo buscar obedecer los mandamientos que Dios nos da si me importa más lo que yo quiero y lo que yo necesito?  Imposible.  Amarnos los unos a los otros nos da la perspectiva correcta.  No porque nos volvemos “buenos” sino porque dejamos de ser egocéntricos y nos volvemos Cristo céntricos.  Es una decisión sencilla pero el impacto es de gran alcance.  ¿Qué piensas hacer?  ¿Seguir como antes o decidir por Cristo?  Ahora, no pienses que al seguir como antes las cosas van a cambiar.  Todo lo contrario.  Mientras más pase el tiempo y no te alinees con el Señor, más difícil será tu corrección futura.

Oración

Dios: ahora entiendo que estás doblando mi orgullo para que pueda abrir mis ojos y poder estar en línea contigo.  Te pido perdón por mis pecados y por no buscar tu palabra ni tus mandamientos.  Te pido que transformes mi vida y deje de estar pensando en mí y ahora empiece a pensar primero en Ti.  Te pido que en mi corazón haya amor para con mi prójimo y en especial con mis hermanos.  Te pido que tu palabra sea luz a mi camino diario y que no me aparte en ningún momento de Ti.  Gracias mi Dios.  En el nombre de Jesús.  Amén