miércoles, 17 de diciembre de 2014

1 Juan 2:28-29

1 Juan 2:28-29


Y ahora, queridos hijos, permanezcamos en Él para que, cuando se manifieste, podamos presentarnos ante Él confiadamente, seguros de no ser avergonzados en su venida.  Si reconocen que Jesucristo es justo, reconozcan también que todo el que practica la justicia ha nacido de Él.



Nuevamente nos animan a permanecer en Él pero ¿qué significa permanecer en Él?  ¿Qué entiendes cuando lees estas palabras?  ¿Qué debemos hacer para permanecer?  La manera en la que yo entiendo permanecer significa obedecer.  Significa poner a Dios como mi prioridad número uno.  Significa poner su voluntad por encima de la mía.  Significa morir a mí para que Él crezca.  Permanecer en Él significa dejar atrás todo lo que estorba en nuestra comunión.  Y ¿cómo se lleva a cabo en nuestro día a día?  Te voy a dar algunos ejemplos.  Dios está en contra del divorcio.  Tu matrimonio puede estar por los suelos.  Tu pareja simplemente no ayuda.  Tú tampoco tienes muchas ganas de hacer algo al respecto.  Pero si quieres permanecer en Cristo como lo dice la palabra, tu deber no es dejar que tu matrimonio se termine.  Tu deber al permanecer en Él es pedir para que Él te llene de paz, de perdón y de amor para con tu pareja.  ¡Leíste bien!  Tu principal objetivo eres tú.  Deja de estar pensando que la otra persona es la que debe hacer esto o aquello.  Tú tienes que dar cuentas a Dios.  Otro ejemplo.  Tal vez tienes una adicción.  Sabes que está mal.  Sabes que está en contra de lo que Dios quiere.  Permanecer significa alinear tu vida a la voluntad de Dios.  permanecer significa dejarte ser transformado por Dios.  Entonces, pones tu vida a los pies del Señor y reconoces que tienes una adicción y que necesitas ser rescatado.  No dejas que pase ni un día más.  Acepta que hoy debes dejar atrás tu adicción.  Otro ejemplo.  Alguien te traicionó o te hizo daño.  Cuando algo así sucede, siempre pensamos que tenemos derecho a odiar o a ignorar.  Queremos eliminar a esa persona de nuestra vida.  ¡Nos lastimaron y no nos vuelve a pasar!  ¿Sabes?  Cristo sufrió mucho más de lo que podemos imaginar.  Lo sufrió por que te ama y me ama.  Su amor no estaba limitado a que nosotros le amáramos de vuelta o hiciéramos algo por Él.  Simplemente nos amó sabiendo que le fallaríamos.  Siguiendo su ejemplo, permanecer en Él significa amar y perdonar incondicionalmente.  Muere a ti.  Muere a ese orgullo y ese coraje.  Deja ese rencor atrás pues, si eres honesto, no te deja caminar y está afectando toda tu vida.  No importa si te han lastimado una o cien veces.  Cristo quiere que perdonemos y amemos siempre.  Otro ejemplo.  Cuando un ser querido muere.  Éste es muy difícil.  La manera en la que yo entiendo permanecer cuando algo así sucede, está descrita en 1 Corintios capítulo 1.  Nos dice que nuestro Padre es Dios de toda consolación el cual nos consuela en todo momento.  Pero no termina ahí.  Nos consuela para que nosotros también podamos consolar a los que lo necesitan llevando ese consuelo de Dios a los demás.  Dios es el único que puede abrazarte y consolarte como lo necesitas.  Pero debes entender que no debes quedarte ahí.  Si quieres permanecer, debes dejar que Dios te utilice y lleves ese consuelo a los demás que están también necesitados.
No puedo poner todos los ejemplos y por ello necesito que tú pienses en tu situación y trates de entender cómo permanecer en Él basado en Su palabra y Sus principios.
Oración
Mi Señor: perdóname.  He querido hacer mi voluntad y te he hecho a un lado.  Pensaba que en algunos casos podía yo tomar control y decidir pero hoy entiendo que permanecer en Ti significa morir a mí y dejarte reinar en todo lo que hago.  Que así sea mi Dios.  No permitas que mi necedad interrumpa mi comunión contigo.  No dejes de trabajar en mi vida pues yo quiero servirte y vivir conforme a tus principios.  Gracias en el nombre de Jesucristo.  Amén.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Hechos 21:40, 22:1-5

Hechos 21:40, 22:1-5


Con el permiso del comandante, Pablo se puso de pie en las gradas e hizo una señal con la mano a la multitud.  Cuando todos guardaron silencio, les dijo en arameo: Padres y hermanos, escuchen ahora mi defensa.  Al oír que les hablaba en arameo, guardaron más silencio.  Pablo continuó: yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad.  Bajo la tutela de Gamaliel recibí instrucción cabal en la ley de nuestros antepasados y fui tan celoso de Dios como cualquiera de ustedes lo es hoy día.  Perseguí a muerte a los seguidores de este Camino, arrestando y echando en la cárcel a hombres y mujeres por igual, y así lo pueden atestiguar el sumo sacerdote y todo el Consejo de ancianos.  Incluso obtuve de parte de ellos cartas de extradición para nuestros hermanos judíos en Damasco, y fui allá con el fin de traer presos a Jerusalén a los que encontrara, para que fueran castigados.


Tal vez te resulte complicado entender lo que estaba pasando por el tipo de contexto.  Hoy en día, no nos dice nada que hablara en arameo o que haya nacido en una ciudad o en otra.  Tampoco tiene mucha presencia el nombre de Gamaliel o si sirvió fielmente al Consejo y tuvo relación con el sumo sacerdote.  La ciudad de Jerusalén era el centro más importante de los judíos.  Era donde se reunían las personas más sabias e instruidas.  De hecho, Gamaliel era considerado uno de los grandes maestros.  Es como si Pablo hubiera estudiado en una universidad como Harvard o alguna otra considerada como de las mejores en el mundo.  Las personas que instruyen en estas universidades, generalmente son líderes de opinión y excelentes eruditos en la materia que imparten.  Después de hablar de su increíble preparación, ahora nos dice lo que hizo y había logrado.  No solo perseguí a los del Camino, seguidores de Jesús, sino que además, logré conseguir cartas para traerlos desde otras ciudades y poderlos juzgar y castigar aquí en Jerusalén.  ¡Increíble!  Por último, no quiero dejar pasar sus primeras palabras: soy judío.  Nunca dejó de considerarse judío.  ¡No tiene sentido que dejara de hacerlo!  Piénsalo.  Todo lo que había aprendido sobre el Mesías se había cumplido.  ¿Por qué habría de cambiar?  El mismo Dios que instruyó a Moisés y a Abraham era el que mandó a su Unigénito.  A nosotros los hombres nos encanta andar poniendo etiquetas y nos olvidamos de la esencia.
Ahora, ¿Los habrá impresionado?  ¡Por supuesto!  Todo lo que estaba diciendo a la multitud les resultaba fácil de entender e identificarse.  Seguro que estaban con la boca abierta escuchando cada palabra que decía.  ¡Al momento que habla en arameo y lo escuchan decir que tenía contacto directo con el sumo sacerdote, debió haber causado sensación!  Puedo ver muy bien ese momento.  Todos mirándolo fijamente y tratando de escuchar cada palabra para ver lo que tendría que decir a su defensa.  ¿Sabes?  Yo estoy convencido que Dios tuvo un plan único con Pablo.  Donde nació.  Donde creció.  Los idiomas que aprendió.  Las personas con las que convivió.  Todo eso tuvo su culminación en este momento.  Pablo pudo utilizar su experiencia pasada para que la multitud pudiera identificarse con él y poder escuchar mejor el mensaje que traía.  De la misma forma, tú y yo hemos tenido experiencias desde nuestra infancia hasta ahora.  ¿De qué sirven?  Bien.  Pues si tienes enfermedades terminales o has perdido a un ser querido, muy probablemente tengas mayor impacto al compartir tu experiencia que alguien que no haya atravesado esas circunstancias.  Si alguien cercano a ti, tiene problemas con adicciones, podrás crear mejor empatía con aquellos que se encuentran en una situación similar.  ¿Lo puedes ver?  Cada detalle de tu vida puede ser utilizada para darle gloria a Dios.  ¿El problema?  Muchas veces no entendemos lo que nos sucede y nos quedamos atorados en el evento sin poder seguir adelante.  No vemos con la perspectiva del Señor.  No vemos cómo utilizar lo que nos pasa para darle gloria.  La gloria a Dios no se da solamente en la abundancia.  Se da de igual forma (o muchas veces es mayor) en la escasez.  Cuando estás triste, abatido y confundido.  Ahí también se da gloria al Señor.  En la iglesia que me congrego, existen muchos ministerios dedicados a causas muy específicas.  Personas que no tuvieron padre o madre.  Mujeres maltratadas o violadas.  Personas de la calle.  Personas en la cárcel.  Personas con adicciones.  Y así la lista es muy grande.  Aunque parezca que nadie puede entender lo que estás viviendo, créeme, hay muchos allá afuera con situaciones similares e incluso más difíciles.  Este es el propósito de tener estos grupos.  Cualquier situación que estés atravesando o hayas atravesado puedes utilizarla para compartir con otros y llevar ánimo y consuelo a los que lo necesitan.  ¿Recuerdas cómo te sentías?  ¿Recuerdas qué difícil era levantarse?  Hay personas allá afuera que están así el día de hoy.  ¿Qué vas a hacer?  ¿Seguir pensando en ti?  ¿Seguir quejándote o cuestionando por qué a ti?  Por qué no dedicas esa energía para servir a Dios llevando amor y consuelo a los que hoy están atravesando momentos difíciles.  ¿Por qué no utilizar tus experiencias para servir a Cristo?  Deja esa carga tan grande que sabes que no puedes con ella.  Deja atrás esas cadenas que no te permiten caminar.  Cristo vino a liberarte y a darte esperanza y una nueva forma de vivir.  La promesa está ahí.  A tus pies.  Lista para que la tomes.  ¿Qué te corresponde?  Decidir por Cristo.  Arrepentirte de tus pecados y reconocer que estás estorbando a Dios.  Te animo a que utilices tus experiencias para amar a tu prójimo y servir así a nuestro Señor.  Estoy convencido que habrá tanta bendición en esto que te preguntarás por qué no lo hiciste antes.
Oración
Señor: perdóname.  Me he quejado.  Te he reclamado.  Te he cuestionado.  Ahora entiendo que estoy atorado y cargando lo que no puedo cargar.  No puedo más.  Toma mi vida.  Toma mis cargas.  Toma mis problemas.  Toma mis corajes y amarguras.  Hoy entiendo que puedo utilizar lo que me ha sucedido para darte gloria.  No quiero seguir quejándome sino comenzar a servirte a través de lo que he vivido.  Pon ánimo, amor y sabiduría en mí para darme cuenta de dónde quieres que vaya para hacerlo.  En Cristo Jesús.  Amén.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Hechos 23:19-22

Hechos 23:19-22


El comandante tomó de la mano al joven, lo llevó  a parte y le preguntó: ¿Qué quieres decirme?  Los judíos se han puesto de acuerdo para pedirle a usted que mañana lleve a Pablo ante el Consejo con el pretexto de obtener información más precisa acerca de él.  No se deje convencer, porque más de cuarenta de ellos lo esperan emboscados.  Han jurado bajo maldición de no comer ni beber hasta que hayan logrado matarlo.  Ya están listos; sólo aguardan a que usted les conceda su petición.  El comandante despidió al joven con esta advertencia: no le digas a nadie que me has informado de esto.


Conforme avanza la historia, me siento como en una película de suspenso y me llena de nervios.  Ahí está Pablo siendo atacado por el Consejo y es rescatado por el comandante para posteriormente ser aprehendido y azotado hasta que utiliza su ciudadanía romana para frenar la golpiza.  Mientras él se encuentra preso, se siguen desarrollando planes más elaborados para asesinarlo.  El último involucra una emboscada que puede ser frenada si el comandante escucha y cree al sobrino de Pablo lo que le acaba de informar.  ¡Qué historia!  Date cuenta cómo las cosas cambian de un día para otro.  El mismo que aprehendió a Pablo y mandó que lo azotaran es ahora quien puede salvarle la vida.  En el mundo corporativo te dicen que nunca te cierres puertas pues no sabes si te volverás a encontrar con esa persona nuevamente en el futuro.  Si bien, es totalmente cierto y resulta bueno el consejo, quiero llevarlo al ámbito espiritual.  Nuestro Señor nos pide amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.  ¿Alguna vez haz pensado en la profundidad de este mandamiento?  Involucra entregar todo aquello que nos han enseñado e ir en contra de la corriente.  Si te han lastimado, tú debes perdonar sin importar que esa persona te pida siquiera un perdón.  O ¿Acaso te dejas de querer cuando cometes un error?  ¡Por supuesto que no!  Nunca dejamos de querernos.  Pues asimismo nunca podemos dejar de amar a nuestro prójimo.  Y en la historia de hoy podemos ver cómo la misma persona que nos dañó en algún momento, puede protegernos y ayudarnos en otro.  ¿Quiénes somos para sentirnos con el poder de “eliminar” personas de nuestra vida?  Entiendo esta reacción para aquellos que no conocen a Jesús, pero de los que decimos ser sus seguidores no debe ser así.  Ahora, aunque no lo creas, esto puede cambiar de un día para otro.  Sí, leíste bien.  ¿Cómo?  Entregando al Señor tus deseos y pidiendo que ponga los suyos en ti.  Pidiendo que te llene de perdón, de misericordia y de amor para con aquellos que simplemente no puedes tolerar.  Abre tu corazón y dile lo que sientes.  Entrega tu odio, tu rencor y cada coraje que has decidido guardar.  Él se encargará de hacer el milagro.  No te desanimes si te tropiezas y caes.  Pide perdón.  Levántate y empieza de nuevo.
Muchas personas pasarán por nuestra vida.  Algunas por poco tiempo y otras por uno largo.  Yo pienso que Dios las pone en un momento específico para que demos testimonio y compartamos de la reconciliación que se nos ofrece a través del sacrificio de Jesús.  Hoy aprendimos que una persona puede causarnos un daño un día y en otro nos puede salvar la vida por lo que no nos corresponde juzgar ni criticar y mucho menos odiar sino por el contrario, amar al prójimo como a uno mismo.
Oración
Padre Santo: tu palabra es tan sabia y rompe con todo lo que he aprendido.  Tu palabra llena de luz y de sentido mi vida.  Hoy quiero entregarte mi voluntad.  Hoy quiero aprender a amar a mi prójimo como Tú lo pides en lugar de como yo lo he hecho.  Te pido que me llenes de tu amor y misericordia, de tu perdón y gracia para que así pueda obedecerte.  Transfórmame Señor pues quiero servirte.  Te lo pido en el nombre del que reina, el Señor Jesús.  Amén 

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Gálatas 5:16-18

Gálatas 5:16-18


Así que les digo: vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa.  Porque ésta desea lo contrario al Espíritu, y el Espíritu desea lo que es contrario a ella.  Los dos se oponen entre sí, de modo que ustedes no pueden hacer lo que quieren.  Pero si los guía el Espíritu, no están bajo la ley.



A mucha gente le gusta decir que la biblia está mal porque toma posiciones absolutas.  Esto quiere decir que no existe un intermedio o una mezcla de una extremo con el otro.    Por el contrario, como humanos, tratamos constantemente de querer acomodar nuestros pensamientos y deseos a los de Dios y tratamos de que coexistan.  De hecho, podemos ver que, dentro de la naturaleza pecaminosa, transformamos la verdad por mentira, la luz por tinieblas y a lo malo lo llamamos bueno (Isaías 5:20).  Nuestro orgullo nos confunde.  Nuestras pasiones nos quitan la claridad y nuestros deseos nos encadenan.  El pasaje de hoy nos enseña que no podemos llevar una doble vida.  No podemos acomodar o mezclar los principios de Dios con aquellos de la carne.  Son agua y aceite.  De hecho, son mutuamente excluyentes.  Pero a nosotros nos gusta pensar distinto.  Seamos honestos.  Queremos seguir arrastrando nuestra manera de vivir y de pensar.  Pensamos que no estamos tan mal.  Pensamos que sabemos más que Dios y en nuestra mente logramos convencernos.  El Espíritu desea lo contrario a la carne y viceversa.  No hay punto medio.  No podemos hacer nada al respecto.  No es que sea exagerado.  Simplemente así lo dice Jehová.
Ahora, ¿de qué te sirve entender y vivir bajo este principio?  Piensa en esto: si alguien te ha causado un mal, ¿Es mejor guardarle rencor y buscar venganza o pedir al Señor porque ponga perdón en tu corazón y poder tener paz?  Si ahora estás tranquilo y nadie te ha hecho nada, fácilmente optarás por la segunda opción.  Pero espera al momento en que te lastimen y verás con qué facilidad los deseos de venganza surgen y con qué poco ánimo quieres perdonar.  La diferencia entre una opción y la otra no son fáciles de detectar en cuanto a sus consecuencias pues son meramente internas.  Solamente tú podrás experimentar la paz que trae el Espíritu Santo a tu vida al pedir que te llene de perdón y quite los deseos de venganza de tu vida versus mantener en tu interior todas esas raíces de enojo, odio y corajes.  ¿Alguna vez te has dado cuenta de cómo la furia te consume por dentro?  ¿Has notado cómo tomas decisiones incorrectas por dejar que tus impulsos tomen control?  Dios te ama.  Quiere que tu vida sea llena de bendiciones y quiere prevenirte de aquello que te destruye.  Por esta razón nos enseña lo que es seguir a la carne contra seguir a Su Espíritu.  ¡Es por nuestro propio bien!  Hay cantidad de novelas que narran sobre los conflictos entre familias e incluso países porque nunca lograron perdonarse.  Los años pasaron y con ellos varias generaciones.  Sin embargo, el odio, el rencor y el deseo de venganza siempre se cultivó y mantuvo firme.  ¿Qué se logró?  Pura destrucción.  No tenemos que seguir con nuestra necedad.  No tenemos que seguir siendo tercos y cabeza dura.  Hoy podemos elegir distinto.  Hoy puedes elegir vivir para Dios, vivir por el Espíritu y no por la carne.  Es una decisión individual.  Medita en tu vida y lo que hay en tu corazón.  Pide a Dios que te muestre lo que hay en él y toma la decisión de cambiar y comenzar a vivir por el Espíritu.  Tú serás el primero en ser bendecido pero también llevarás bendición a los que te rodean.

Oración
Padre: alabado seas.  Gracias por darle sentido a mi vida.  Gracias por enseñarme que tu camino edifica mientras que mi naturaleza pecaminosa destruye.  Quiero aprender a morir a mi mismo para que Tú reines.  Guíame Señor conforme a tu voluntad.  Te lo pido  en Cristo Jesús.  Amén

martes, 9 de diciembre de 2014

1 Juan 3:13-15

1 Juan 3:13-15


Hermanos, no se extrañen si el mundo los odia.  Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a nuestros hermanos.  El que no ama pertenece a la muerte.  Todo el que odia a su hermano es un asesino, y ustedes saben que en ningún asesino permanece la vida eterna.




Jn 15:18  Si el mundo los aborrece, tengan presente que antes que a ustedes, me aborreció a mí.  Estas son palabras de Jesús.  Como sus seguidores, debemos saber que su vida es el ejemplo de lo que debe pasar en la nuestra.  Él amó al mundo y vino a entregar su vida por él, pero el mundo lo odió y le rechazó.  Así también nosotros debemos amar sin importar lo que venga de regreso.  ¡Ese es el amor que proviene solamente de Dios!  ¡Ese es el amor que debemos promover!  Si el mundo nos odia, nosotros amamos de vuelta.  Ahora, ese odio no necesariamente significa que sufriremos persecución y quieran matarnos como lo hacían antes.  El hecho de ser señalados, apartados, rechazados, ridiculizado, etc., es  la forma en la que hoy en día puedes ver ese odio.  Pero las palabras que escribí de Jesús tienen un propósito.  Enseñarte que ese odio no es personal sino contra el testimonio que refleja sus malas obras.  Piensa en esto: los fariseos odiaban a Jesús porque mostraba sus malos caminos y la gente se percataba de sus abusos.  De la misma manera, cuando comenzamos a vivir conforme a la palabra y dejamos que el Señor transforme nuestra vida, aquellos que nos rodean se sentirán señalados y eso no les gustará.  Ahora eres luz donde antes había tiniebla.  ¿Lo entiendes?  La gente no quiere escuchar ni ver que está haciendo algo mal.  Por esta razón rechazaron a Jesús.  Prefirieron sus caminos a los de Él.  Hoy nos corresponde ser ese testimonio que lleva el mensaje de amor y reconciliación sin importar que el mundo nos rechace.  ¿cómo se lleva ese mensaje?  Con las palabras que Juan ha repetido una y otra vez: amando a nuestro hermano.  Jesús nos dijo: si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar.  Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda.  Constantemente se nos recuerda que cuando no amamos a nuestro prójimo nos convertimos en asesinos.  “¡Qué exagerado!” podrás pensar.  Sí.  Definitivamente lo es.  Pero yo no puse el parámetro sino Jesús es quien nos dice que todo aquel que insulte y maldiga a su hermano quedará sujeto al juicio del infierno.  Mt 5:19  El amor que nosotros debemos vivir no puede estar condicionado a recibir.  El amor que Dios nos pide es incondicional.  Así es como uno es luz y lleva el mensaje de Cristo.  Amando.  Perdonando.  Reconciliándose.  ¿Es fácil?  ¡Por supuesto que no!  Significa desprenderte de aquello que considerabas como parte de tu personalidad o carácter.  Dios quiere que crezcas espiritualmente.  ¡No te quedes en el mismo escalón por tanto tiempo!  Es momento de subir y entregarte por completo a Él.  No estás leyendo esto por casualidad.  Abre tu corazón.  Entrega a Dios tus odios, rencores y corajes y pide perdón.  Después ve y reconcíliate.  Pide al Señor que te llene de su amor pues en tus fuerzas no lo lograrás.

Oración
Señor: Te pido que me llenes de tu amor pues me resulta imposible amar y perdonar.  Te pido que sea fuerte y me mantenga firme en tus pasos sin importar que el mundo me rechaza.  Yo quiero seguirte.  Yo quiero obedecerte.  No quiero seguir como antes cargando todo lo que tanto daño me hace.  Lléname de tu misericordia.  Lléname de tu gracia.  Permite que la lleve a los demás y sea testimonio de lo maravilloso que eres mi Dios.  En Cristo Jesús.  Amén 

domingo, 7 de diciembre de 2014

Hebreos 12:15-17

Hebreos 12:15-17

Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura brote y cause dificultades y corrompa a muchos; y de que nadie sea inmoral ni profano como Esaú, quien por un solo plato de comida vendió sus derechos de hijo mayor.  Después, como ya saben, cuando quiso heredar esa bendición, fue rechazado: No se le dio lugar para el arrepentimiento, aunque con lágrimas buscó la bendición.



De cierta manera, conforme crecemos, aprendemos a ver por nosotros mismos y dejamos en segundo plano a los demás.  Tiene sentido si lo vemos desde el punto de vista humano.  Nadie va a ver por lo tuyo como tú mismo.  Nadie se va a preocupar porque estén bien tus asuntos más que tú.  Dice el dicho: el que tiene tienda que la atienda.  ¿Por qué?  Porque la gente solamente ve por sus propios intereses y nosotros debemos ver por los nuestros.  Pero Dios nos enseña algo distinto el día de hoy.  Nos enseña a velar porque la gracia llegue a todos y no se estanque en nosotros.  Nos instruye a dejar de pensar solo en nosotros y preocuparnos por nuestro prójimo.  En el versículo 14 nos enseñaron a buscar la paz con todos y en el 15 a asegurarnos de ser un canal para que la gracia fluya y no impidamos que llegue a nuestro prójimo.  Ahora, Dios, en su sabiduría absoluta, nos da las herramientas para lograrlo.  Nos dice: no dejen que brote ninguna raíz de amargura y cause dificultades corrompiendo a muchos.  La real academia española define amargura como una aflicción o algún disgusto.  En otras palabras, no dejes que ninguna aflicción o algún conflicto se queden guardados en tu corazón (echen raíz) sino que entrégalos a Cristo para que sea su gracia y no tu enojo, coraje o rencor los que abunden en tu corazón.  No es fácil.  El pensar en los demás no implica que vayan a estar agradecidos con lo que haces.  Por eso es importante hacerlo para agradar a Dios y obedecerlo.  No busques agradar a las personas.  A la única persona que debes agradar es a Dios.  Leíste bien.  No a tus padres.  No a tu pareja.  No a tus hijos.  A Dios.  De ahí se deriva el amor correcto a todos los que te rodean.  Por eso, busca agradar al Señor sin importar lo que los demás piensen o hagan y serás un extraordinario canal de bendiciones.
Los versículos siguientes (16 y 17) nos dan la oportunidad de interpretar también esa gracia como la salvación que ofrece Cristo y cómo podemos despreciarla como lo hizo Esaú con la primogenitura.  Por más que intentó recuperarla, ya era demasiado tarde.  Así también sucede con la salvación y perdón de nuestros pecados.  Por más que la gente quiera arrepentirse, solamente lo puede hacer en un tiempo determinado: mientras vive.  Al morir, nuestro tiempo se acabó.  Entonces, el pasaje nos enseña a buscar que todos aquellos que nos rodean conozcan y reconozcan al Señor.  Nos motiva a no dejar que se pierdan.  Que nada se interponga entre nosotros y ellos para compartir la gracia de Cristo que les permitirá alcanzar la salvación.  Piensa en cada oportunidad que has tenido para hablar de Cristo y no lo has hecho por cualquier motivo.  Debes entender que estás entorpeciendo la voluntad de Dios.  ¡Compártelo!  No permitas que la gente se pierda y se vaya a una eternidad de castigo.

Oración

Padre: te pido que des dirección a mi vida.  He pensado solamente en mis cosas, en mis asuntos y no me he preocupado por mi prójimo.  Hoy entiendo que debo amarlo, procurarlo y buscarlo para que te conozca y no se pierda.  Hoy entiendo que quieres utilizarme para que tu gracia alcance a cada uno de los que me rodea.  Te pido transformes mi corazón para que seas Tú quien brille y yo quede atrás.  Te pido me llenes de tu amor y gracia para que la gente pueda verte a través de mis actos.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén

sábado, 6 de diciembre de 2014

Santiago 1:23-25

Santiago 1:23-25
Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor, es semejante a un hombre que mira su rostro natural en un espejo; después de mirarse a sí mismo e irse, inmediatamente se olvida de qué clase de persona es. Pero el que mira atentamente a la ley perfecta, la ley de la libertad y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, éste será bienaventurado en lo que hace.



En otras versiones termina diciendo que recibirá bendiciones o será feliz el que es hacedor de la palabra. Recientemente me llegó un correo electrónico buscando un comprador para unos boletos de un concierto. Cualquier persona que compra un boleto para un concierto tiene planeado asistir al mismo. Nadie compraría un boleto para después venderlo nuevamente. Si tienes hambre y preparas algo de comer, tu siguiente acción es comer lo que has preparado. Si eres una persona que ha escuchado sobre Dios y aun así, sigues saliendo a la calle y no lo pones por práctica, hoy es necesario que hagas una pausa y examines lo que hay en ti. Aquí no me refiero a aquellos que ni siquiera tienen la disposición de querer aceptar que Dios tiene mucho que decirnos. Especialmente Santiago se refiere a todos aquellos congregantes que se reúnen para escuchar y que posteriormente llevan una vida como si no hubieran escuchado absolutamente nada. ¿Te gusta escuchar de Dios cuando tienes problemas o cuando estás angustiado, pero cuando tu problema se acaba también se terminan tus deseos de seguir escuchando? ¿Escuchas por compromiso con alguien? ¿Escuchas porque entiendes que Dios es el Señor de todo lo que hay?
Santiago nos pone un ejemplo para clasificar a este tipo de personas: olvidadizas. Creo que también deben llamarse inconstantes e incoherentes. En tu vida no deben existir dos tipos de actitudes. No puedes obedecer a Dios los fines de semana y a tu ego el resto. No puedes estar escuchando sobre la vida de Cristo y lo que hizo por ti para luego olvidarte de ese gran amor y hacer lo que te venga en gana. ¡No está bien!
Así como no tiene sentido comprar un boleto del cine o de un concierto para no ir, tampoco lo tiene el estar escuchando sobre Dios y llenándote de información para luego no hacer absolutamente nada. ¿Sirve de algo aprender un idioma, asistir a todas las clases y nunca hablarlo? ¡No! Así de obvio debe ser tu forma de reaccionar ante las enseñanzas de Dios. No permitas que las enseñanzas que escuchas sean enseñanzas “espejo” que las oyes por un momento y luego las olvidas al irte. Entiende esto: Dios tiene bendiciones para ti; el que es hacedor de la palabra será feliz. Te animo a que experimentes estas promesas de Dios.

Oración
Padre Santo: te pido que perdones mis pecados y me limpies para poder tener comunión contigo. Perdona que en ocasiones haya sido olvidadizo, haya escuchado tus mandamientos y correcciones y no haya hecho nada al respecto. Hoy entiendo que trae bendición el obedecerte y llevar a la práctica tu palabra, permite que así sea en mi vida. Te lo pido en el nombre de Jesús
Amén