viernes, 31 de octubre de 2014

Hebreos 8:1-2

Hebreos 8:1-2
Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, aquel que se sentó a la derecha del trono de la Majestad en el cielo, el que sirve en el santuario, es decir, en el verdadero tabernáculo levantado por el Señor y no por ningún ser humano.


Por un lado, estamos nosotros tratando de sobrevivir.  Por el otro, está Dios buscándonos todos los días para que nos reconciliemos con Él.  Por un lado estamos buscando sentido a nuestra vida.  Por el otro está Dios con sus manos abiertas esperando a que lo veamos y abramos nuestros brazos para recibirlas.  Por un lado estamos aferrados a lo que tenemos.  Por el otro, no tenemos idea de cuánto nos estamos perdiendo por no voltear al Señor.  Por un lado nos sorprendemos de los templos u otro tipo de arquitectura mientras que por el otro no podemos comprender lo que significa leer que hay un tabernáculo levantado por el Señor y por ningún ser humano.
Hay una línea que divide lo espiritual de lo carnal.  Es importante encontrarla.  Es importante respetarla y aprender a mantenernos del lado correcto en todo lo que hacemos.  No podemos traspasarla para algunas cosas y al mismo tiempo permanecer en la espiritual.  O se está de un lado o se está del otro.
¿Por qué escribo esto y qué tiene que ver con el pasaje de hoy?  Al leer los versículos me doy cuenta de lo poco que entendemos a Dios y lo mucho que lo limitamos.  Confiamos más en lo que podemos oír y tocar en lugar de la palabra de Aquél que es alabado en el cielo.  Tenemos a un sacerdote que intercede por nosotros y está sentado a la diestra de Dios.  ¡Nos ama!  Quiere llenarnos de bendiciones.  Sin embargo nosotros no le entregamos nuestra vida.  ¿Por qué?  ¿Por qué cuesta tanto trabajo dejar atrás todo y perseguir una vida entregada al Señor?  Sé que no soy el único que se ha cuestionado esto.  Espero tú también te lo hayas preguntado pues es señal de nuestro deseo de seguirle y romper con tantas cosas que estorban en nuestra comunión con Él.  El pasaje nos dice que Cristo está a la derecha del Padre (Majestad).  Nos dice que habita en donde ningún ser humano ha construido.  ¿No te parece increíble?  ¿Qué más podemos pedir?  Cristo murió por nosotros.  Resucitó para estar con el Padre e interceder por nosotros.  Quiere ser nuestro sacerdote.  No necesitamos realizar ningún sacrificio.  Él ya hizo todo.  Insisto.  ¿Qué más podemos pedir?  Sin embargo nos cuesta trabajo morir a nosotros y tomar su cruz.  Nos cuesta trabajo compartir de Él en el trabajo o con nuestros vecinos.  Nos cuesta trabajo creer que pueda hacer algún milagro en nuestra vida.  No tiene sentido.  Si realmente creemos en la biblia no podemos seguir así.  Si realmente somos seguidores de Él, nuestra vida, nuestras acciones, deben de confirmar esa creencia y convicción.  De lo contrario nos estamos engañando.  Estamos en un juego de apariencias donde tristemente nosotros somos los únicos perjudicados.  Piénsalo.  ¿En dónde estás parado?

Oración

Señor y Padre mío: alabado seas.  Has hecho todo por mí y yo no merezco tanto.  Te pido perdón por mis pecados.  Te pido perdón por ignorarte y no dejarte reinar en mi vida.  Quiero tomar tu cruz y seguirte.  Quiero dejar atrás todo lo que estorba en mi comunión contigo.  Quiero mirar a la meta que es a tu lado y caminar confiado en que Tú alumbras mis pasos.  Gracias mi Señor.  Gracias por tanto que me das.  En Cristo Jesús.  Amén.

jueves, 30 de octubre de 2014

Hebreos 8:1-2

Hebreos 8:1-2
Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, aquel que se sentó a la derecha del trono de la Majestad en el cielo, el que sirve en el santuario, es decir, en el verdadero tabernáculo levantado por el Señor y no por ningún ser humano.


Por un lado, estamos nosotros tratando de sobrevivir.  Por el otro, está Dios buscándonos todos los días para que nos reconciliemos con Él.  Por un lado estamos buscando sentido a nuestra vida.  Por el otro está Dios con sus manos abiertas esperando a que lo veamos y abramos nuestros brazos para recibirlas.  Por un lado estamos aferrados a lo que tenemos.  Por el otro, no tenemos idea de cuánto nos estamos perdiendo por no voltear al Señor.  Por un lado nos sorprendemos de los templos u otro tipo de arquitectura mientras que por el otro no podemos comprender lo que significa leer que hay un tabernáculo levantado por el Señor y por ningún ser humano.
Hay una línea que divide lo espiritual de lo carnal.  Es importante encontrarla.  Es importante respetarla y aprender a mantenernos del lado correcto en todo lo que hacemos.  No podemos traspasarla para algunas cosas y al mismo tiempo permanecer en la espiritual.  O se está de un lado o se está del otro.
¿Por qué escribo esto y qué tiene que ver con el pasaje de hoy?  Al leer los versículos me doy cuenta de lo poco que entendemos a Dios y lo mucho que lo limitamos.  Confiamos más en lo que podemos oír y tocar en lugar de la palabra de Aquél que es alabado en el cielo.  Tenemos a un sacerdote que intercede por nosotros y está sentado a la diestra de Dios.  ¡Nos ama!  Quiere llenarnos de bendiciones.  Sin embargo nosotros no le entregamos nuestra vida.  ¿Por qué?  ¿Por qué cuesta tanto trabajo dejar atrás todo y perseguir una vida entregada al Señor?  Sé que no soy el único que se ha cuestionado esto.  Espero tú también te lo hayas preguntado pues es señal de nuestro deseo de seguirle y romper con tantas cosas que estorban en nuestra comunión con Él.  El pasaje nos dice que Cristo está a la derecha del Padre (Majestad).  Nos dice que habita en donde ningún ser humano ha construido.  ¿No te parece increíble?  ¿Qué más podemos pedir?  Cristo murió por nosotros.  Resucitó para estar con el Padre e interceder por nosotros.  Quiere ser nuestro sacerdote.  No necesitamos realizar ningún sacrificio.  Él ya hizo todo.  Insisto.  ¿Qué más podemos pedir?  Sin embargo nos cuesta trabajo morir a nosotros y tomar su cruz.  Nos cuesta trabajo compartir de Él en el trabajo o con nuestros vecinos.  Nos cuesta trabajo creer que pueda hacer algún milagro en nuestra vida.  No tiene sentido.  Si realmente creemos en la biblia no podemos seguir así.  Si realmente somos seguidores de Él, nuestra vida, nuestras acciones, deben de confirmar esa creencia y convicción.  De lo contrario nos estamos engañando.  Estamos en un juego de apariencias donde tristemente nosotros somos los únicos perjudicados.  Piénsalo.  ¿En dónde estás parado?

Oración

Señor y Padre mío: alabado seas.  Has hecho todo por mí y yo no merezco tanto.  Te pido perdón por mis pecados.  Te pido perdón por ignorarte y no dejarte reinar en mi vida.  Quiero tomar tu cruz y seguirte.  Quiero dejar atrás todo lo que estorba en mi comunión contigo.  Quiero mirar a la meta que es a tu lado y caminar confiado en que Tú alumbras mis pasos.  Gracias mi Señor.  Gracias por tanto que me das.  En Cristo Jesús.  Amén.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Santiago 3:5-6

Santiago 3:5-6
Así también la lengua es un miembro muy pequeño del cuerpo, pero hace alarde de grandes hazañas. Imagínense, ¡qué grande bosque se incendia con tan pequeña chispa! También la lengua es un fuego, un mundo de maldad. Siendo uno de nuestros órganos, contamina todo el cuerpo y, encendida por el infierno, prende a su vez fuego a todo el curso de la vida.


¿Qué tanto puede hacer la lengua? ¿En verdad tiene el poder de “encender” todo un bosque? Como siempre, las respuestas las tiene la Biblia y no nuestras opiniones. Hay una gran cantidad de versículos que hacen referencia a la lengua y el cuidado que debemos tener sobre la misma. Esto me da a entender que es un miembro sumamente peligroso. Ahora, este mismo miembro también tiene poder para generar lo bueno: compartir la palabra de Dios.
Estas palabras no fueron escritas para crear un debate entre lo que pueden hacer nuestras palabras y lo que no. Esto es una advertencia, un llamado a protegerte de tus propias palabras, a poner atención y entregar tu lengua a Dios para que puedas aprender a dominarla a través de su Espíritu Santo.
Reflexionando un poco sobre la lengua, me sorprende de lo que se puede lograr a través de ella. Se han levantado revoluciones o logrado independencias a través de las palabras de un caudillo. Todo un país siendo transformado por las palabras de aquellos que pensaron que las cosas debían ser diferentes. También, tenemos el tema actual que la lengua encabeza, el fraude. Gracias a la palabrería de las personas, millones de personas han sido víctimas de un fraude. Pero como escribí unas líneas atrás, este poder tan grande que está almacenado en nuestra lengua, también puede ser utilizado para dar gloria a Dios. A través de la lengua, los discípulos de Jesús llegaron a compartir el evangelio y lo dieron a conocer en gran parte del mundo. Gracias a los planes de Dios y su obediencia, esas palabras cambiaron la forma de contar los años Antes de Cristo (A.C.) y Después de Cristo (D.C.) ¿te das cuenta de la relevancia que tiene lo que dices?
Tristemente, si no pones atención, “quemarás” varios bosques en tu vida.
He visto lo impresionantes e indomables que llegan a ser los incendios. También recuerdo de haber pasado por una zona de bosque en la cual, un año anterior había sido devastada por un gran incendio. La escena es triste y desalentadora. Gris. Sin color. Miles de árboles quemados. Sin vida. Todo comenzó con una pequeña chispa que no fue controlada. Lo mismo puede pasar con tu vida si no controlas tu lengua. Familias son destrozadas por la lengua, matrimonios divididos, hijos aislados y con corajes, amistades rotas, problemas laborales, etcétera. Te quiero animar a que medites en las consecuencias de tus palabras. Un pequeño miembro, la lengua, tiene el poder de contaminar ¡todo tu cuerpo! ¡Piénsalo!

Oración
Señor: te doy gracias por enseñarme con tu palabra que la lengua es peligrosa. Perdona todo lo mal que la he utilizado. Guíame para no estar creando incendios en mi vida por causa de ella y por el contrario que se generadora de bendición. Perdona mis pecados Señor y escucha mi oración en el nombre de Jesús.
Amén

martes, 28 de octubre de 2014

Santiago 4:1

Santiago 4:1
¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes mismos?



En la versión Dios habla hoy, traducen la segunda parte como conclusión: pues de los malos deseos que siempre están luchando en su interior. En cambio, la versión Reina Valera, la de las Américas y la Nueva Versión Internacional lo traducen como pregunta retórica. Me parece interesante poder analizar el versículo con ambas opciones.
Como escribí hace tiempo, Santiago utiliza las preguntas para llevarte a meditar sobre tu vida, tus obras, tus creencias, tu fe entre otros, y con el verso de hoy, busca hacer lo mismo. Quiere que entiendas claramente el por qué de los conflictos que hay, no solo a nivel internacional ni nacional, sino familiar. En varias ocasiones me he preguntado sobre las guerras en el mundo y su injusticia sobre aquellos que no están involucrados con los conflictos pero aún así se ven afectados en gran manera. También pienso sobre los países con problemas de nutrición y falta de servicios básicos. ¿Dónde está Dios para ayudarlos?
La respuesta la encuentras en este versículo. De sus propias pasiones surgen las guerras y los conflictos entre ustedes. De ti y de mí. No hay un tercero involucrado. De tus pasiones. De las mías. ¡Dios no está involucrado! Sé que es fácil echarle la culpa a alguien más y pensar que están peor que tú. Puede ser cierto, pero eso no quita tu parte dentro del problema. A veces las guerras y los conflictos tan grandes que sufre este mundo, te llevan a perderte dentro de tantas telarañas que hay y dejas de poner atención al “micro” mundo que existe a tu alrededor. Este versículo no es para corregir las guerras y conflictos internacionales, es par que corrijas tus guerras y tus conflictos personales. ¡Cuántas familias están peleadas por herencias! ¿Cuántos hermanos se han dejado de hablar por conflictos y desacuerdos? ¿Cuántas amistades se han acabado por dejar que las “guerras” acaben con lo que habían formado? ¿Cuántos hijos han crecido con un solo padre o tal vez sin ninguno de los dos a causa de conflictos entre ellos?
¿Te das cuenta de lo grave que son tus acciones equivocadas? ¿Puedes entender que al dar paso a tus pasiones internas, desembocas una cadena de malas decisiones? Las guerras y los conflictos ¿no surgen de tus pasiones internas? Si no quieres analizarlo así, utilizaré la versión de Dios habla hoy: tus pleitos y conflictos surgen de los malos deseos que están luchando en tu interior. Deja a un lado el pensar que los demás tienen la culpa. Entiende que tú eres causante de grandes problemas por tus propias pasiones. Mejor aprende a entregarlas a Dios.

Oración
Padre: quiero entregarte mis pasiones y pedirte que corrijas mi camino pues no quiero llevar una vida de guerra y conflictos. Guíame para aprender a escuchar y pedir perdón por mis malas decisiones. Ayúdame a transformar mis pensamientos egoístas y entender primero mis errores. No me dejes seguir solo Señor. Te lo pido en el nombre de Jesús
Amén

lunes, 27 de octubre de 2014

Proverbios 13:3

Proverbios 13:3

El que refrena su lengua protege su vida, pero el ligero de labios provoca su ruina.


Lo primero que me viene a la mente es recordar cuántas veces he tenido que pedir perdón por algo que dije que no estaba bien. ¿Cuántas veces has dicho: cómo pude haber dicho esto o aquello? Controlar nuestra boca no es cosa fácil. La biblia está llena de advertencias sobre ella. Nos previene sobre lo destructiva que es y lo indomable que puede llegar a ser. Nuestra boca puede provocar nuestra propia ruina si no aprendemos a entregarla a Dios. Nuestra boca debe ser controlada por nosotros y no al revés.
Aquello de lo que hablamos, dice la biblia que es lo que tenemos en el corazón. ¿Estamos criticando? ¿Juzgando? ¿Mintiendo? ¿Utilizando groserías?
¿Cómo hablas?
Seguramente cuando eras pequeño te corrigieron sobre lo que debes o no decir. Pero no creo que te hayan advertido sobre lo destructivo que puede ser el no controlar tu lengua. Me parece que muy pocas personas entienden y aceptan que al cuidar nuestra lengua protegemos nuestra vida y al no hacerlo provocamos nuestra propia ruina.
¿Por qué no hacemos un compromiso y entregamos nuestras palabras a Dios?
Qué mejor que hablar lo correcto. Qué mejor que cada vez que digas algo sea constructivo, promueva la gracia y amor de Dios. Esto no significa que vas a tener que cambiar tu tono de voz o las palabras que utilizas hablando ahora pura cursilería. ¡NO! La transformación que Dios quiere no va por ese camino sino por el lado de entregar aquello de lo que hablamos no dejando que nuestra lengua nos controle y sea ella quien decida lo que habremos de decir.
Piensa en aquellos momentos en los que no controlaste tu boca y las consecuencias que se derivaron de ello…
Todos hablan, pocos controlan lo que dicen. La lengua debe ser controlada.
Para poder controlar nuestra boca, debemos analizar nuestra forma de hablar. Debemos meditar en cómo nos dirigimos a las personas, cómo expresamos nuestras inconformidades y nuestras diferencias, cómo le hablamos a nuestros superiores y a aquellos a nuestro cargo, cómo le hablamos a nuestros seres queridos cuando estamos contentos y también cuando estamos enojados, cómo contestamos cuando nos lastiman o molestan, en general: meditar en lo que sale de nuestra boca en cualquier circunstancia.
Hoy Dios nos dice que no controlar nuestra lengua traerá ruina a nuestra vida. Es probable que, como yo, ya hayas experimentado parte de esa ruina por no haber controlado tu boca. Hagamos caso de este proverbio y comencemos a poner control sobre lo que decimos y protejamos nuestra vida.

Oración
Señor: te pido perdón por tantas cosas que he dicho que no están bien. Te entrego mi lengua porque yo no puedo controlarla. Ayúdame a que de mi boca salga bendición y no destrucción. Cambia mi forma de hablar Señor. Te lo pido en el nombre de Cristo Jesús
Amén

domingo, 26 de octubre de 2014

Romanos 12:17-18

Romanos 12:17-18
No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.



Parece imposible. Cuando nos hacen algo, nuestra primera reacción es difícil que sea un pensamiento de bondad hacia ellos. Nos han lastimado. Han destruido nuestra confianza. Han abusado. Actualmente, el mundo no pinta un panorama fácil. Me parece que nunca lo ha sido. A veces tenemos situaciones externas como una crisis o una guerra y en otras ocasiones todos los problemas se encuentran dentro de nuestra familia. Pienso en una persona asesinada, en un secuestro o un abuso sexual, situaciones muy difíciles y devastadoras para los afectados. Unos piden por el mayor castigo posible y los otros piden por misericordia. Es fácil decidir cuando no somos los afectados. Pero Dios nos da una instrucción el día de hoy que nos incluye a todos: no pagues mal por mal sino procura lo bueno y busca siempre estar en paz con todos los hombres.
¿Quién se beneficia de tener esta actitud?
La verdad es que por la forma en la que crecí y probablemente tú también, me hace pensar que el beneficiado es aquél que hizo daño y no recibió ningún castigo por haberlo causado. No es muy fácil entender cómo me beneficia el regresarle con bien a alguien que me está haciendo mal y mucho menos buscar la paz, extender mi mano cuando mi contraparte está buscando lastimarme.
Nos guste o no. Lo entendamos o no. Nosotros somos los que se benefician de regresar lo bueno cuando recibimos un mal. Somos los primeros en beneficiarse cuando buscamos constantemente el estar en paz con los demás. La primera razón es fácil: estamos obedeciendo a Dios y ello siempre trae bendición a nuestra vida. La segunda resulta de la primera: la obediencia a Dios nos hace acomodar nuestros principios y prioridades en el orden correcto. Cuando estamos buscando el reino de Dios por encima de nuestra propia voluntad, podemos ver con la perspectiva correcta y entender que los planes de Él son mejores que los nuestros. Pero no todo se queda en la teoría. Piensa en la cantidad de problemas y males que hay a nuestro alrededor. Piensa en cuánta gente vive con amarguras y corajes que están arraigados en sus corazones y no los dejan vivir tranquilos. ¿Cuántas amistades, matrimonios o familias destrozadas por no perdonar y buscar estar en paz? Pleitos entre hermanos. Iglesias divididas. Corazones lastimados. Cada vez que preferimos dar rienda suelta a nuestro enojo y coraje por haber recibido mal, lo único que estamos haciendo es crear un círculo vicioso que no traerá paz por más que pensemos que estamos en ese camino. El odio nos come por dentro mientras la paz nos da vida. sé que no es fácil, pero de lo que estoy convencido es que Dios lo dice por nuestro propio bien. Pidamos a Él que nos transforme y podamos regresar el mal con bien y buscar la paz en todo momento.

Señor:
Ayúdame a cambiar pues no hay ganas en mí que quieran regresar el mal con bien ni paz cuando recibo guerra. Sé que Tú puedes transformarme y te pido que así sea. Pon amor y paz en mi corazón y quita mis enojos, rencores y corajes. No permitas que se arraiguen en mí los deseos de venganza sino que pueda recordar que me pides estar en paz siempre que dependa de mí. Libérame de estar atado a los deseos de venganza, corajes y enojos. En Cristo Jesús te lo pido.
Amén

sábado, 25 de octubre de 2014

Hechos 18:5-6

Hechos 18:5-6



Cuando Silas y Timoteo llegaron de Macedonia, Pablo se dedicó exclusivamente a la predicación, testificándoles a los judíos que Jesús era el Mesías.  Pero cuando los judíos se opusieron a Pablo y lo insultaron, éste se sacudió la ropa en señal de protesta y les dijo: ¡Caiga la sangre de ustedes sobre su propia cabeza!  Estoy libre de responsabilidad.  De ahora en adelante me dirigiré a los gentiles.


En otra traducción dice: de ustedes será la culpa de su propia perdición; yo no me hago responsable.  ¿Cómo saber hasta dónde debemos llegar al compartir la palabra?    ¿A la primera ofensa o insulto?  ¿Hasta setenta veces siete?  Haciendo memoria, en el pasaje de Mateo 8:28-24, vemos que Jesús se encuentra con los gadarenos y dos demonios le rogaron a Jesús que los dejara ir a un hato de cerdos.  Jesús les concede esto y el pueblo sale a su encuentro pidiendo que se vaya.  Él decide irse.  Es difícil  encontrar una repuesta que satisfaga todas las posibilidades pero podemos establecer ciertos principios.  Dios nos llamó a estar en paz los unos con los otros.  Si nos piden que nos vayamos y dejemos de hablar del Señor: hagamos lo que nos piden.  Por el contrario, no dejes de orar por esas personas.  Nuestro deber es compartir el evangelio y ese objetivo se ha cumplido.  Dios se encargará de tocar esos corazones y transformarlos de piedra a uno de carne.  Ahora, no debemos utilizar esto como pretexto para ni siquiera comenzar a predicar.  No excluyas personas por pensar que te dirán que no.  Tu deber es ir y hacerlo.  Si dicen que no, entonces solo queda orar por ellos.  Por otro lado, nos dice la biblia que Pablo recibió oposición e insultos.  No es lo mismo recibir críticas, señalamientos o juicios que ser insultados.  Al momento que recibe los insultos decide aclarar públicamente: de ustedes será la culpa sobre su propia perdición.  No los insulta de vuelta.  No se mete en discusiones sin sentido.  Entiende que el evangelio ha sido anunciado y que su auditorio no quiere sino discutir e insultar.  ¿Recuerdas que en sus predicaciones previas, siempre había recibido personas que alborotaban al pueblo en su contra?  Nunca dejó de predicar por esta oposición sino hasta que lo comenzaron a lastimar con piedras.
Los gadarenos habían visto un milagro.  Presenciaron cómo los demonios salían de las personas y se iban a los cerdos.  Aún así, prefirieron que Jesús se fuera y los dejara continuar con su vida.  De la misma forma, rechazaron el evangelio que anunciaba Pablo.  No te desanimes si la gente rechaza a Cristo.  No te sorprendas si después de experimentar un milagro, deciden darle la espalda al Señor y pedirle que los deje seguir su camino.  Por el contrario, examina tu vida para que no caigas en estos errores.
Por último, quiero hacer énfasis en el apoyo que recibe Pablo de Silas y Timoteo.  Gracias a que ellos llegan, ahora puede dedicarse por completo a predicar.  Debes entender lo importante que son tu diezmo y ofrendas a la iglesia para sustentar a los predicadores y tenerlos de tiempo completo.
Oración
Señor: hoy quiero pedirte por aquellos que han rechazado tu palabra para que doblen su orgullo y puedan reconocerte.  Te pido que me des sabiduría para no entrar en contiendas y reconocer el momento de parar e irme.  Te pido que no haga excepción de personas por pensar que dirán que no a tu palabra.  En Cristo Jesús.  Amén