lunes, 27 de octubre de 2014

Proverbios 13:3

Proverbios 13:3

El que refrena su lengua protege su vida, pero el ligero de labios provoca su ruina.


Lo primero que me viene a la mente es recordar cuántas veces he tenido que pedir perdón por algo que dije que no estaba bien. ¿Cuántas veces has dicho: cómo pude haber dicho esto o aquello? Controlar nuestra boca no es cosa fácil. La biblia está llena de advertencias sobre ella. Nos previene sobre lo destructiva que es y lo indomable que puede llegar a ser. Nuestra boca puede provocar nuestra propia ruina si no aprendemos a entregarla a Dios. Nuestra boca debe ser controlada por nosotros y no al revés.
Aquello de lo que hablamos, dice la biblia que es lo que tenemos en el corazón. ¿Estamos criticando? ¿Juzgando? ¿Mintiendo? ¿Utilizando groserías?
¿Cómo hablas?
Seguramente cuando eras pequeño te corrigieron sobre lo que debes o no decir. Pero no creo que te hayan advertido sobre lo destructivo que puede ser el no controlar tu lengua. Me parece que muy pocas personas entienden y aceptan que al cuidar nuestra lengua protegemos nuestra vida y al no hacerlo provocamos nuestra propia ruina.
¿Por qué no hacemos un compromiso y entregamos nuestras palabras a Dios?
Qué mejor que hablar lo correcto. Qué mejor que cada vez que digas algo sea constructivo, promueva la gracia y amor de Dios. Esto no significa que vas a tener que cambiar tu tono de voz o las palabras que utilizas hablando ahora pura cursilería. ¡NO! La transformación que Dios quiere no va por ese camino sino por el lado de entregar aquello de lo que hablamos no dejando que nuestra lengua nos controle y sea ella quien decida lo que habremos de decir.
Piensa en aquellos momentos en los que no controlaste tu boca y las consecuencias que se derivaron de ello…
Todos hablan, pocos controlan lo que dicen. La lengua debe ser controlada.
Para poder controlar nuestra boca, debemos analizar nuestra forma de hablar. Debemos meditar en cómo nos dirigimos a las personas, cómo expresamos nuestras inconformidades y nuestras diferencias, cómo le hablamos a nuestros superiores y a aquellos a nuestro cargo, cómo le hablamos a nuestros seres queridos cuando estamos contentos y también cuando estamos enojados, cómo contestamos cuando nos lastiman o molestan, en general: meditar en lo que sale de nuestra boca en cualquier circunstancia.
Hoy Dios nos dice que no controlar nuestra lengua traerá ruina a nuestra vida. Es probable que, como yo, ya hayas experimentado parte de esa ruina por no haber controlado tu boca. Hagamos caso de este proverbio y comencemos a poner control sobre lo que decimos y protejamos nuestra vida.

Oración
Señor: te pido perdón por tantas cosas que he dicho que no están bien. Te entrego mi lengua porque yo no puedo controlarla. Ayúdame a que de mi boca salga bendición y no destrucción. Cambia mi forma de hablar Señor. Te lo pido en el nombre de Cristo Jesús
Amén

domingo, 26 de octubre de 2014

Romanos 12:17-18

Romanos 12:17-18
No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.



Parece imposible. Cuando nos hacen algo, nuestra primera reacción es difícil que sea un pensamiento de bondad hacia ellos. Nos han lastimado. Han destruido nuestra confianza. Han abusado. Actualmente, el mundo no pinta un panorama fácil. Me parece que nunca lo ha sido. A veces tenemos situaciones externas como una crisis o una guerra y en otras ocasiones todos los problemas se encuentran dentro de nuestra familia. Pienso en una persona asesinada, en un secuestro o un abuso sexual, situaciones muy difíciles y devastadoras para los afectados. Unos piden por el mayor castigo posible y los otros piden por misericordia. Es fácil decidir cuando no somos los afectados. Pero Dios nos da una instrucción el día de hoy que nos incluye a todos: no pagues mal por mal sino procura lo bueno y busca siempre estar en paz con todos los hombres.
¿Quién se beneficia de tener esta actitud?
La verdad es que por la forma en la que crecí y probablemente tú también, me hace pensar que el beneficiado es aquél que hizo daño y no recibió ningún castigo por haberlo causado. No es muy fácil entender cómo me beneficia el regresarle con bien a alguien que me está haciendo mal y mucho menos buscar la paz, extender mi mano cuando mi contraparte está buscando lastimarme.
Nos guste o no. Lo entendamos o no. Nosotros somos los que se benefician de regresar lo bueno cuando recibimos un mal. Somos los primeros en beneficiarse cuando buscamos constantemente el estar en paz con los demás. La primera razón es fácil: estamos obedeciendo a Dios y ello siempre trae bendición a nuestra vida. La segunda resulta de la primera: la obediencia a Dios nos hace acomodar nuestros principios y prioridades en el orden correcto. Cuando estamos buscando el reino de Dios por encima de nuestra propia voluntad, podemos ver con la perspectiva correcta y entender que los planes de Él son mejores que los nuestros. Pero no todo se queda en la teoría. Piensa en la cantidad de problemas y males que hay a nuestro alrededor. Piensa en cuánta gente vive con amarguras y corajes que están arraigados en sus corazones y no los dejan vivir tranquilos. ¿Cuántas amistades, matrimonios o familias destrozadas por no perdonar y buscar estar en paz? Pleitos entre hermanos. Iglesias divididas. Corazones lastimados. Cada vez que preferimos dar rienda suelta a nuestro enojo y coraje por haber recibido mal, lo único que estamos haciendo es crear un círculo vicioso que no traerá paz por más que pensemos que estamos en ese camino. El odio nos come por dentro mientras la paz nos da vida. sé que no es fácil, pero de lo que estoy convencido es que Dios lo dice por nuestro propio bien. Pidamos a Él que nos transforme y podamos regresar el mal con bien y buscar la paz en todo momento.

Señor:
Ayúdame a cambiar pues no hay ganas en mí que quieran regresar el mal con bien ni paz cuando recibo guerra. Sé que Tú puedes transformarme y te pido que así sea. Pon amor y paz en mi corazón y quita mis enojos, rencores y corajes. No permitas que se arraiguen en mí los deseos de venganza sino que pueda recordar que me pides estar en paz siempre que dependa de mí. Libérame de estar atado a los deseos de venganza, corajes y enojos. En Cristo Jesús te lo pido.
Amén

sábado, 25 de octubre de 2014

Hechos 18:5-6

Hechos 18:5-6



Cuando Silas y Timoteo llegaron de Macedonia, Pablo se dedicó exclusivamente a la predicación, testificándoles a los judíos que Jesús era el Mesías.  Pero cuando los judíos se opusieron a Pablo y lo insultaron, éste se sacudió la ropa en señal de protesta y les dijo: ¡Caiga la sangre de ustedes sobre su propia cabeza!  Estoy libre de responsabilidad.  De ahora en adelante me dirigiré a los gentiles.


En otra traducción dice: de ustedes será la culpa de su propia perdición; yo no me hago responsable.  ¿Cómo saber hasta dónde debemos llegar al compartir la palabra?    ¿A la primera ofensa o insulto?  ¿Hasta setenta veces siete?  Haciendo memoria, en el pasaje de Mateo 8:28-24, vemos que Jesús se encuentra con los gadarenos y dos demonios le rogaron a Jesús que los dejara ir a un hato de cerdos.  Jesús les concede esto y el pueblo sale a su encuentro pidiendo que se vaya.  Él decide irse.  Es difícil  encontrar una repuesta que satisfaga todas las posibilidades pero podemos establecer ciertos principios.  Dios nos llamó a estar en paz los unos con los otros.  Si nos piden que nos vayamos y dejemos de hablar del Señor: hagamos lo que nos piden.  Por el contrario, no dejes de orar por esas personas.  Nuestro deber es compartir el evangelio y ese objetivo se ha cumplido.  Dios se encargará de tocar esos corazones y transformarlos de piedra a uno de carne.  Ahora, no debemos utilizar esto como pretexto para ni siquiera comenzar a predicar.  No excluyas personas por pensar que te dirán que no.  Tu deber es ir y hacerlo.  Si dicen que no, entonces solo queda orar por ellos.  Por otro lado, nos dice la biblia que Pablo recibió oposición e insultos.  No es lo mismo recibir críticas, señalamientos o juicios que ser insultados.  Al momento que recibe los insultos decide aclarar públicamente: de ustedes será la culpa sobre su propia perdición.  No los insulta de vuelta.  No se mete en discusiones sin sentido.  Entiende que el evangelio ha sido anunciado y que su auditorio no quiere sino discutir e insultar.  ¿Recuerdas que en sus predicaciones previas, siempre había recibido personas que alborotaban al pueblo en su contra?  Nunca dejó de predicar por esta oposición sino hasta que lo comenzaron a lastimar con piedras.
Los gadarenos habían visto un milagro.  Presenciaron cómo los demonios salían de las personas y se iban a los cerdos.  Aún así, prefirieron que Jesús se fuera y los dejara continuar con su vida.  De la misma forma, rechazaron el evangelio que anunciaba Pablo.  No te desanimes si la gente rechaza a Cristo.  No te sorprendas si después de experimentar un milagro, deciden darle la espalda al Señor y pedirle que los deje seguir su camino.  Por el contrario, examina tu vida para que no caigas en estos errores.
Por último, quiero hacer énfasis en el apoyo que recibe Pablo de Silas y Timoteo.  Gracias a que ellos llegan, ahora puede dedicarse por completo a predicar.  Debes entender lo importante que son tu diezmo y ofrendas a la iglesia para sustentar a los predicadores y tenerlos de tiempo completo.
Oración
Señor: hoy quiero pedirte por aquellos que han rechazado tu palabra para que doblen su orgullo y puedan reconocerte.  Te pido que me des sabiduría para no entrar en contiendas y reconocer el momento de parar e irme.  Te pido que no haga excepción de personas por pensar que dirán que no a tu palabra.  En Cristo Jesús.  Amén

viernes, 24 de octubre de 2014

Hechos 28:24-27

Hechos 28:24-27


Unos se convencieron por lo que él decía, pero otros se negaron a creer.  No pudieron ponerse de acuerdo entre sí, y comenzaron a irse cuando Pablo añadió esta última declaración: con razón el Espíritu Santo les habló a sus antepasados por medio del profeta Isaías diciendo: Ve a este pueblo y dile: por mucho que oigan, no entenderán; por mucho que vean, no percibirán.  Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible; se le han tapado los oídos, y han cerrado los ojos.  De lo contrario, podrían ver con los ojos, oír con los oídos, entender con el corazón y convertirse y yo los sanaría.



Así como hay buenos ejemplos en la vida de Pablo, también encontramos malos.  A mi parecer, este es uno de ellos.  ¿Qué sentido tiene citar a Isaías?  Realmente lo que está haciendo es atacar a aquellos que no quieren entrar en razón y aceptar lo que les ha dicho.  ¿Qué ganó al decir esas palabras?  Que varios de los que estaban reunidos decidieran irse.  Ahí te ves Pablo.  Yo no vine a ser atacado.  Estoy en desacuerdo contigo y esto no te da derecho a decirme que mi corazón es insensible y que mis oídos se han tapado.  Tristemente muchos de nosotros caemos en el mismo error.  Nuestras intenciones son buenas.  Queremos que las personas escuchen de Dios y conozcan a Jesús.  Finalmente Cristo es lo mejor que nos ha pasado.  Pero debemos entender que existen buenos y malos testimonios.  Tristemente he visto cómo una familia puede separarse por no compartir a Cristo de la manera correcta y peor aún, cuánta gente termina con resentimiento hacia los “cristianos” por este tipo de actitudes.  ¿Te digo algo?  Dios te ama a ti de la misma manera que ama a tu prójimo.  Dios quiere reconciliarse con tu prójimo de la misma manera en que se quiso reconciliar contigo.  Por gracia de Dios y no por obras eres salvo.  ¡Realmente no hiciste nada!  ¿Por qué juzgar y criticar a aquellos que no pueden o no quieren entender el evangelio?  ¿Acaso eras menos insensible?  ¿Tus oídos y tus ojos sí estaban abiertos?  ¡Por supuesto que no!  Eras igual de pecador y necio.  Por gracia del Señor fuiste rescatado.  ¡No lo olvides!  Entonces, si por gracia y misericordia has vuelto a nacer, lleva ese mismo mensaje a los demás.  Date cuenta que las personas que estaban con Pablo llevaban todo el día discutiendo y escuchando sobre el evangelio.  ¡Tenían ganas de aprender!  De lo contrario ya se hubieran ido.  El versículo 23 nos dice que desde la mañana hasta la tarde estuvieron hablando.  Decidieron irse en el momento en que Pablo les dijo que sus ojos no veían y sus oídos no oían.  ¿Te das cuenta de cómo podemos cometer errores bien intencionados?  Probablemente Pablo quería sacudirlos y hacerlos entender de lo que estaba hablando, pero cayó en un gran error al atacarlos con estas palabras.  Si bien, son ciertas, pienso que no tuvo ningún beneficio el mencionarlas sino al contrario, provocó el enojo y la salida de varios que estaban reunidos.
Nuestro deber es imitar a Jesús.  Antes de hablar, piensa si tus palabras edifican y están llenas de amor hacia aquellos que las reciben.  Si no cumplen con estos principios, mejor no digas nada.

Oración
Padre nuestro: eres grande y poderoso pero tu amor realmente sobrepasa todo entendimiento.  Gracias por amarme y aceptarme tal como soy.  Ayúdame a ser testimonio de Cristo y a no criticar ni juzgar pues solamente he recibido gracia y misericordia de tu parte.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén

jueves, 23 de octubre de 2014

Gálatas 5:16-18

Gálatas 5:16-18


Así que les digo: vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa.  Porque ésta desea lo contrario al Espíritu, y el Espíritu desea lo que es contrario a ella.  Los dos se oponen entre sí, de modo que ustedes no pueden hacer lo que quieren.  Pero si los guía el Espíritu, no están bajo la ley.



A mucha gente le gusta decir que la biblia está mal porque toma posiciones absolutas.  Esto quiere decir que no existe un intermedio o una mezcla de una extremo con el otro.    Por el contrario, como humanos, tratamos constantemente de querer acomodar nuestros pensamientos y deseos a los de Dios y tratamos de que coexistan.  De hecho, podemos ver que, dentro de la naturaleza pecaminosa, transformamos la verdad por mentira, la luz por tinieblas y a lo malo lo llamamos bueno (Isaías 5:20).  Nuestro orgullo nos confunde.  Nuestras pasiones nos quitan la claridad y nuestros deseos nos encadenan.  El pasaje de hoy nos enseña que no podemos llevar una doble vida.  No podemos acomodar o mezclar los principios de Dios con aquellos de la carne.  Son agua y aceite.  De hecho, son mutuamente excluyentes.  Pero a nosotros nos gusta pensar distinto.  Seamos honestos.  Queremos seguir arrastrando nuestra manera de vivir y de pensar.  Pensamos que no estamos tan mal.  Pensamos que sabemos más que Dios y en nuestra mente logramos convencernos.  El Espíritu desea lo contrario a la carne y viceversa.  No hay punto medio.  No podemos hacer nada al respecto.  No es que sea exagerado.  Simplemente así lo dice Jehová.
Ahora, ¿de qué te sirve entender y vivir bajo este principio?  Piensa en esto: si alguien te ha causado un mal, ¿Es mejor guardarle rencor y buscar venganza o pedir al Señor porque ponga perdón en tu corazón y poder tener paz?  Si ahora estás tranquilo y nadie te ha hecho nada, fácilmente optarás por la segunda opción.  Pero espera al momento en que te lastimen y verás con qué facilidad los deseos de venganza surgen y con qué poco ánimo quieres perdonar.  La diferencia entre una opción y la otra no son fáciles de detectar en cuanto a sus consecuencias pues son meramente internas.  Solamente tú podrás experimentar la paz que trae el Espíritu Santo a tu vida al pedir que te llene de perdón y quite los deseos de venganza de tu vida versus mantener en tu interior todas esas raíces de enojo, odio y corajes.  ¿Alguna vez te has dado cuenta de cómo la furia te consume por dentro?  ¿Has notado cómo tomas decisiones incorrectas por dejar que tus impulsos tomen control?  Dios te ama.  Quiere que tu vida sea llena de bendiciones y quiere prevenirte de aquello que te destruye.  Por esta razón nos enseña lo que es seguir a la carne contra seguir a Su Espíritu.  ¡Es por nuestro propio bien!  Hay cantidad de novelas que narran sobre los conflictos entre familias e incluso países porque nunca lograron perdonarse.  Los años pasaron y con ellos varias generaciones.  Sin embargo, el odio, el rencor y el deseo de venganza siempre se cultivó y mantuvo firme.  ¿Qué se logró?  Pura destrucción.  No tenemos que seguir con nuestra necedad.  No tenemos que seguir siendo tercos y cabeza dura.  Hoy podemos elegir distinto.  Hoy puedes elegir vivir para Dios, vivir por el Espíritu y no por la carne.  Es una decisión individual.  Medita en tu vida y lo que hay en tu corazón.  Pide a Dios que te muestre lo que hay en él y toma la decisión de cambiar y comenzar a vivir por el Espíritu.  Tú serás el primero en ser bendecido pero también llevarás bendición a los que te rodean.

Oración
Padre: alabado seas.  Gracias por darle sentido a mi vida.  Gracias por enseñarme que tu camino edifica mientras que mi naturaleza pecaminosa destruye.  Quiero aprender a morir a mi mismo para que Tú reines.  Guíame Señor conforme a tu voluntad.  Te lo pido  en Cristo Jesús.  Amén 

miércoles, 22 de octubre de 2014

Gálatas 6:9-10

Gálatas 6:9-10


No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.  Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe.



Hace poco tiempo recibí una carta diciendo que me estaban demandando por una pelea que mi perro tuvo con otro perro.  Aunque la pelea sí ocurrió, los hechos como los describen son incorrectos.  En pocas palabras, están mintiendo.  La persona que me está queriendo demandar es mi vecina.  A unas cuantas casas la tengo que ver cuando camino con mi perro.  A veces me dan ganas de ir y decirle que es una basura de persona, que es una lástima que exista gente como ella y que es triste que quiera ganar dinero mintiendo y aprovechándose de una situación.  Mis deseos son enfocados  a que se sienta mal.  Tratar de ver si puedo lastimarla o por lo menos que se de cuenta de lo que pienso.  Me gustaría humillarla.  Me gustaría que todos los vecinos supieran el tipo de persona que es.  ¿Por qué te estoy describiendo todo esto?  Porque así es nuestra naturaleza pecaminosa.  Así son los deseos de la carne.  Extremadamente alejados del Espíritu y de lo que edifica.  El hecho de que escriba todos los días sobre la palabra de Dios no quiere decir que no me enoje y tenga puros buenos deseos.  Soy como tú.  Lo único que busco es entregar mi día a día a la voluntad de Dios.  Por esta razón, el Señor nos dice, no nos cansemos de hacer el bien, a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos.  ¡Honestamente no quiero hacer el bien con esta persona!  ¿Cómo hacer el bien con alguien que está mintiendo y me está perjudicando?  Pero Dios es más sabio que yo.  Si Él me dice que lo mejor que puedo hacer es perdonar, no guardar corajes ni resentimientos, amar a mi prójimo y buscar hacer siempre el bien, eso es lo que voy a hacer y te animo a que tú también lo hagas.  No porque no vas a tener sentimientos contrarios.  No porque todo de ahora en adelante vaya a ser maravilloso.  ¡No!  Hoy estamos decidiendo poner a Dios por encima de todo.  Estamos aprendiendo a morir a nuestro orgullo.  Estamos aprendiendo a vivir bajo la cruz.  Nos dice que no nos demos por vencidos.  A su debido tiempo, esto quiere decir, en el futuro, cosecharemos.  No lo olvides.  Todo lo que se siembra se cosecha.  A veces hay que esperar poco y en otras ocasiones se espera mucho.  Pero nosotros debemos esperar con fe y no desanimarnos para seguir sembrando lo bueno.  No te canses de hacer el bien.  Sé que allá afuera pareciera que todo está en tu contra.  Confía.  Has el bien.  No te dejes convencer por los demás.  Sigue los principios de Cristo y has el bien en todo.
Siempre que tengas la oportunidad, has el bien.  No te voltees.  No des la espalda.  Sin importar quién o cómo, has el bien.  Muchas veces querrás hacer lo contrario.  Por eso te platiqué mi historia.  Llevo ya tiempo en oración.  Pido porque Dios ponga amor y perdón en mi corazón.  Yo no quiero hacer mi voluntad, pero para ello necesito estar pegado al Señor pues en el momento en que me separo, lee la lista de arriba para que te des cuenta de lo que pasa por mi mente.  Hacer el bien es más difícil que hacer tu voluntad.  Necesitas fe y determinación a querer agradar al Señor.  ¿Qué vas a hacer?

Oración
Señor: quiero hacer tu voluntad.  Sé que buscas lo mejor para mí y por ello te pido que pongas fe y convicción en mi mente y en mi corazón para seguirte y obedecerte sin importar las circunstancias.  Pon amor y perdón en mi corazón.  Te lo pido en el nombre de Jesús.  Amén

martes, 21 de octubre de 2014

Santiago 3:2

Santiago 3:2
Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.



La versión internacional lo traduce así: todos fallamos mucho. Si alguien nunca falla en lo que dice, es una persona perfecta capaz de controlar todo su cuerpo. Si hay algo difícil de hacer es poder controlar a la perfección todo lo que dices. ¿Cuántas veces has dicho algo y después te arrepientes o cuestionas el por qué de haberlo dicho? Sé que también hay personas que ofenden y no muestran muchos rasgos de arrepentimiento, pero hoy me estoy refiriendo a aquellos que quieren hacer las cosas diferentes y caminar por donde Dios pone el camino.
Todos ofendemos, todos fallamos. No poco, sino mucho. Así lo describe Dios. Piensa en esto por un momento. ¿Puedes recordar las ocasiones en que has ofendido a tu prójimo? Tal vez no lo pensaste o no era tu intención, pero aún así ocurrió. ¿Qué hiciste después? ¿Pediste perdón? ¿Lo ignoraste?
Como puedes ver, la Biblia nos dice que aquél que no ofende, que no falla en lo que dice, es un varón perfecto, capaz de controlar todo su cuerpo. Esto me lleva a una conclusión: es necesario aprender a dominar lo que decimos para poder controlar nuestro cuerpo en su totalidad. Es común pensar que hay que ocuparse primero de muchas otras cosas antes que lo que se dice. Hoy puedes darte cuenta que no es así sino todo lo contrario.
Imagino que tienes deseos y metas en tu vida.
Hoy quiero animarte a agregar una más en tu lista: no ofender en palabra, no fallar en lo que dices. No será fácil. Definitivamente no es sencillo, pero es el camino correcto a seguir. Es la dirección que Dios está mostrando para la perfección que Él desea que tengas.
Por otro lado, debes encontrarte dentro de dos categorías: los que reconocen que deben hacer algo al respecto con lo que dicen o con aquellos que no. Si eres de los segundos, puedo decirte que ya sea hoy o en varios años, Dios se encargará de mostrarte lo importante que es el no ofender con tus palabras y lo único que pasará es que con el tiempo se volverá cada vez más difícil eliminarlo de tu vida, pero debes saber que siempre desagrada a Dios esta actitud. Por el contrario, si te encuentras dentro de los primeros, quiero recordarte que Dios solamente busca nuestro bien y que en su amor infinito quiere mostrarnos sus caminos que son superiores a los nuestros. Espero que puedas hacer hoy un compromiso con el Señor. Solamente tú y Él. Nadie más. Tú sabes si has ofendido y fallado en lo que dices. Tú. Dios. Solos. Comprométete a cambiar de rumbo y buscar esa perfección del Señor.

Oración
Padre: perdona mis pecados. Entiendo que he ofendido a otras personas y es probable que en ocasiones ni me diera cuenta o tuviera remordimiento de haberlo hecho. Hoy quiero comprometerme contigo para poder encaminarme a la perfección que Tú tienes para mí. Controla lo que digo Señor, permite que sea sensible al alcance de mis palabras. No permitas que olvide esta enseñanza y te lo pido en el nombre de Jesús
Amén