miércoles, 8 de octubre de 2014

Gálatas 3:15-18

Gálatas 3:15-18


Hermanos, hablo en términos humanos: un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade.  Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas y a su simiente.  No dice: y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno.  Y a tu simiente, la cual es Cristo.  Esto, pues, digo: el pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.  Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa.



Pablo está aclarando que los judíos no son los únicos herederos de la promesa que se realizó a Abraham.  Cristo es la simiente de Abraham y murió por absolutamente todos:   judíos y gentiles.  Pero algunos judíos seguían creyendo que los gentiles no podían ser parte de esas promesas.  Por esta razón, Pablo trae a colación la promesa y explica cómo se hizo de manera singular: tu simiente, así podemos entender que la simiente es Cristo solamente y no toda una descendencia que viniera exclusivamente de la carne.  La promesa que se hizo a Abraham, en Cristo es manifestada y llevada a cabo.  Ahora, todos los que creen en Su nombre, serán contados por justicia.  Esto es un cambio radical en su forma de pensar.
¿Sabes algo?  Hoy en día, esta promesa, debe transformar tu manera de pensar también.  Cristo se entregó por todos.  No por unos cuantos sino por todos.  Vino a servir.  Vino a darnos el mejor testimonio.  Vino a ser tentado y vencer la tentación.  Vino a entregar su cuerpo.  Vino a sufrir por nosotros.  Vino a morir y a mostrarnos que ha vencido a la muerte.  Todas estas descripciones las encontramos en la biblia.  Lo que no encontramos en la biblia es la exclusión de personas que querían seguir haciendo los judíos y con la que nosotros queremos vivir hoy.  Queremos decidir quiénes deben venir a la iglesia de Dios y señalamos a los que no.  Nos sentimos bien con aquellos que aceptamos pero no tanto con los “incómodos”.  Queremos decidir a quién amamos y a quién no.  ¿El Señor dice ama a tu prójimo o ama a quien tú consideres deba ser amado?  Así como los judíos rechazaron a los gentiles, hoy nosotros estamos rechazando a muchas personas por sus “pasados y presentes”.  Tristemente las iglesias no se ven como un hospital donde llegamos enfermos y lastimados y somos restaurados.  Las iglesias allá afuera son vistas como lugares donde uno debe llegar sin problemas y siendo “bueno”.  Un lugar donde serán criticados y señalados por su forma de vivir.  ¿En qué momento nos pasó?  ¿Cómo dejamos de amar al prójimo y seguir el ejemplo de Cristo?  La iglesia debe ser el lugar donde tú y yo podemos expresar nuestros pecados sin miedo a ser juzgados.  Debe ser el lugar en donde seamos animados y guiados para dejar que Cristo nos transforme.  Debemos tener un lugar de amor y aceptación sin importar lo que hayamos hecho.  Ojo, las consecuencias siempre estarán ahí, pero el amor que Dios nos tiene también sigue ahí y por esta razón, nosotros debemos amar también.  ¿Divorciados?  ¿Adúlteros?  ¿Borrachos?  ¿Drogadictos?  ¿Homosexuales?  ¿Mentirosos?  ¿Golpeadores?  ¿Ladrones?  ¿Cómo decidir a quién se acepta y a quién no?  El Señor ya decidió por nosotros.  Él nos ama a todos y quiere reconciliarse con cada uno sin excepción.  Entonces, ¿Quiénes somos para juzgar y señalar?  La justificación viene por la fe y no por las obras.  ¿Cómo pedir que cambie alguien antes de venir a la iglesia?  ¡Es al revés!  Primero vienen a reconciliarse con el Señor y después Él se encarga de corregir sus pasos.  La fe los justifica y no sus actos.  Aprendamos a amar a nuestro prójimo tal y como el Señor nos ama: incondicionalmente.  Aprendamos a llevar ese amor allá afuera pues hace mucha falta.  Seamos vehículos de bendición y no de juicio.

Oración
Padre nuestro: alabado seas.  Tú que reinas y creaste todo lo que hay, te preocupas por mí y buscas mi bien.  ¡Qué grande eres!  Te doy gracias por ello y te entrego todo mi ser.  Perdona mis pecados y guíame en tu voluntad.  No permitas que juzgue o critique sino que ame así como Tú me amas.  Permite que mi vida lleve amor y bendición a los demás y que sea testimonio del gran amor que Tú nos das.  En Cristo Jesús te lo pido.  Amén 

martes, 7 de octubre de 2014

Gálatas 4:12-14

Gálatas 4:12-14


Os ruego, hermanos, que os hagáis como yo, porque yo también me hice como vosotros.  Ningún agravio me habéis hecho.  Pues vosotros sabéis que a causa de una enfermedad del cuerpo os anuncié el evangelio al principio; y no me despreciasteis ni desechasteis por la prueba que tenía en mi cuerpo, antes bien me recibisteis como aun ángel de Dios, como a Cristo Jesús.



Aceptar mi necesidad de Dios ha sido una de las mejores decisiones de mi vida.  Pero la mejor de todas es haberme comprometido a obedecer su palabra y entregar el trono de mi vida para que fuera ocupado por Cristo.  Mi vida no ha sido perfecta desde entonces.  He pasado por momentos difíciles y complicados donde no entendía el plan del Señor.  Como todos, he estado en distintos altibajos.  Pero, sin importar la situación, siempre he buscado permanecer en el Señor y definitivamente me ha llenado de su paz, su amor y su consuelo.  Incluso en aquellos momentos en los que he sentido que Dios “no está cerca” he podido entender que yo soy el que está volteando hacia el lado contrario.
Los versículos de hoy nos dicen que, gracias a que los gálatas no le tomaron en cuenta a Pablo su enfermedad, pudieron recibir el evangelio.  Exactamente no sabemos qué tenía, pues solamente ellos estuvieron ahí y no se nos dice más al respecto, pero lo que sí podemos entender son las bendiciones que llegaron a ellos por haber hecho a un lado la enfermedad de Pablo.  Como bien dice el dicho: las apariencias engañan.  De haber hecho caso a la enfermedad, ¡No hubieran recibido el evangelio!  ¡No hubieran escuchado de Cristo ni de la reconciliación que ofrece!  En otras palabras, habrían dejado pasar la mejor decisión de sus vidas.  Pero no fue así.  Recibieron a Pablo y el evangelio les fue predicado.  En la nueva versión internacional, nos dice que la prueba más bien fue para los gálatas al tener que decidir entre aceptar o rechazar a Pablo y esto es justamente lo que debemos aprender.  Lo que vemos nos confunde del camino de Dios.  No nos ayuda a caminar bajo la sombra de la fe.  Al contrario, nos estorba constantemente.  Así como una persona que está impedida de su visión, desarrolla nuevas habilidades con sus otros sentidos, nosotros debemos desarrollar nuestro “sentido” de la fe.  No dejes que aquello que puedes ver cambie tu perspectiva de las cosas y te quite la mirada que debe estar puesta exclusivamente en las cosas de Dios.  Los gálatas recibieron a Pablo por dos razones principalmente: la primera, porque no tuvieron nada de que juzgarlo o criticarlo.  La segunda, porque escogieron servir por encima de ser servidos.  Estos principios deben de estar guardados en tu mente y en tu corazón.  No podemos juzgar.  No podemos señalar.  No podemos decidir a quién hablamos y a quién no.  Debemos entender que Dios utiliza a las personas para enseñarnos y trae bendiciones con ello.  Piensa en esto: quiénes somos para decidir quién nos va a traer enseñanza y quién no.  Seamos sencillos.  Amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos y dejemos atrás la costumbre de señalar.  Por otro lado, el servir debe ser parte de tu día a día.  No solo con tu familia o seres queridos.  Recuerda que los gálatas sirvieron a Pablo a pesar de su enfermedad.  Así, tú y yo, tenemos que servir a nuestro prójimo a pesar de todos lo pretextos que ponemos.  Como dije anteriormente, Cristo es lo mejor que pudo pasar en mi vida.  No me gustaría perderme de sus bendiciones por no tener mi corazón y mi mente en línea con Él.  El orgullo y el juzgar nos separan de Su camino.  Depende de ti el decidir.
Oración
Padre Santo: cuánto te agradezco lo que haces por mí.  Gracias por darme salud, vida, bendiciones que definitivamente no merezco.  Gracias por amarme y perdonarme.  Yo te pido mi Dios que pueda servir y no juzgar como lo hicieron los gálatas.  Permite que mi vida sea conforme a tu voluntad.  Renueva mis pensamientos.  Renueva mi corazón.  Te lo pido en el nombre de Jesucristo.  Amén.

lunes, 6 de octubre de 2014

Filipenses 4:1

Filipenses 4:1


Por lo tanto, queridos hermanos míos, a quienes amo y extraño mucho, ustedes son mi alegría y mi corona, manténganse así firmes en el Señor.



Yo no crecí en una familia imitadora de Jesús.  Si bien, creíamos en dios, era uno que realmente nunca comprendí.  Cuando acepté a Cristo y comencé a estudiar su palabra, muchas cosas que antes no entendía tomaron sentido.  Pero este crecimiento o “revelación” que he tenido, no ha cesado.  Con las palabras de este versículo, medito en el amor que he desarrollado por mis hermanos en Cristo.  No es una amistad.  No es un conocido.  Es un hermano en el Señor al cual amo.  No lo digo por una persona sino por cada uno de los hermanos con los que he tenido oportunidad de pasar tiempo.  Nuestra relación no está basada en intereses en común.  No es que le vayamos al mismo equipo.  No es que nos guste la misma comida ni vacacionar en los mismos destinos.  Tampoco es el interés en algún autor o tipo de películas.  No.  El interés que nos une es Cristo.  ¿Y el amor?  También proviene de Él.  Nunca había tenido una relación así.  Mis seres cercanos acudían al mismo colegio o realizábamos actividades juntos.  Fue algo nuevo y a la vez emocionante.  ¿Cómo puedo amar a esta persona que tiene tan poco en común conmigo?  ¿Cómo puedo desear tener comunión con aquellos que son tan diferentes a mí?  Simple.  Porque Cristo es quien une al cuerpo.  ¿Quiere decir que todos son buenos?  ¡Por supuesto que no!  ¿Quiere decir que nuca me he enojado con alguien?  ¡Claro que no!  Me sigo enojando con algunos hermanos en la fe.  Seguro muchos se enojan conmigo.  Pero nuestras ganas de seguir a Cristo nos reconcilian y unifican.  Por esta razón Pablo escribe con tanto cariño: hermanos a quienes amo y extraño.  No los amaba por los partidos de fútbol que veían los fines de semana ni por convivir todos los días.  Los amaba porque eran familia en Jehová.  Ahora, todo esto no quiere decir que la convivencia entre hermanos sea sencilla y color de rosa.  ¡Al contrario!  Estoy convencido que muchas veces es cuando más tenemos que entregar a Dios nuestro carácter y reacciones.  Pero algo debemos tener siempre presente: el camino es Cristo.  No el pastor ni ningún otro servidor.  Cristo.  Así que, si ves que algún hermano hace algo malo, no lo juzgues ni murmures contra él.  No conoces sus batallas ni su situación.  En cambio, en amor, ora por él.  No te desilusiones ni te desanimes.  Cristo sigue siendo igual de perfecto.
Por otro lado, Pablo nos anima a mantenernos firmes en el Señor.  ¿Cuántas veces nos repite la biblia estas palabras?  ¡Muchas!  Pero no demasiadas.  Las suficientes para que constantemente recordemos que, apartados de Él, nada podemos hacer.  Este amor del cual hablaba y que Pablo menciona en sus versículos, solamente lo podemos desarrollar si nos mantenemos firmes en Jehová.  Solamente así podremos perdonar y ser perdonados.  Solamente así podemos aprender a escuchar y ser escuchados.  Solamente así aprendemos a extender la gracia y eliminar el juicio.  Piénsalo.  Es sumamente sencillo irse por el lado contrario.  ¡Mantengámonos firmes en el Señor y vivamos en su amor!

Oración
Padre: ¡Cuántas gracias te doy!  Cada día renuevas mi espíritu y le das sentido a mi vida.  Hoy aprendí que debo amar a mis hermanos y que Tú eres la roca de esa relación.  Te pido que aprenda a vivir conforme a tu voluntad y que mi vida de testimonio de Ti.  En Cristo Jesús te lo pido.  Amén 

domingo, 5 de octubre de 2014

Hechos 16:1-3

Hechos 16:1-3

Llegó Pablo a Derbe y después a Listra donde se encontró con un discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía creyente, pero de padre griego.  Los hermanos en Listra y en Iconio hablaban bien de Timoteo, así que Pablo decidió llevárselo.



¿Cuántas veces has orado por tu crecimiento espiritual?  ¿Muchas?  A veces pasa el tiempo y nos olvidamos de ello.  ¿Estás fortaleciendo tu comunión con Dios?  ¿Estás trabajando para Él?  El motivo de mis preguntas es muy sencillo: Dios quiere utilizarnos.  Lo único que no sabemos es el tiempo en el que sucederá.  Mientras tanto, es nuestro deber prepararnos para este momento.  Cada uno de nosotros tiene un propósito y puede ser utilizado para la obra del Señor.
Pienso en la vida de Timoteo.  Probablemente tenía alrededor de 20 años.  Tenía buena reputación lo que indica que, cada decisión que tenía que tomar, lo hacía conforme a la voluntad de Dios.  Sacrificando deseos y su propia voluntad en ocasiones pero formando un carácter y personalidad que, sin saberlo, serían utilizados enormemente por el Señor.  Aunque parezca sin sentido en el corto plazo y difícil de hacer, el seguir a Dios y decidir en obediencia a Él, siempre traerá bendición.  No te dejes llevar por el momento y por “vivir al máximo”.  Muchas veces las consecuencias son devastadoras.  Confía en Dios.  Él está buscando bendecirte.  Nos dice la biblia que un día como cualquier otro, Pablo llega a Listra y se encuentra con Timoteo.  ¡Un instante!  No hubo advertencia para Timoteo.  Tampoco imaginó el impacto que tendría ese día ni lo que vendría posteriormente.
Cada día que vivimos debemos dedicarlo a nuestro crecimiento espiritual.  Debemos estar listos para el día en que el Señor nos diga: es tiempo de que comiences a trabajar para mí.  Tal vez has atravesado cantidad de situaciones incomprensibles.  La muerte de un hijo, padre o familiar.  Una enfermedad crónica.  Problemas económicos.  Ahora es tiempo de que utilices tu experiencia para ir y consolar a otros que se encuentren en situaciones similares.  Deja de pensar en ti.  Deja de ser la víctima.  Realmente no somos dueños de nada sino que estamos a cargo, por un tiempo, de aquello que el Señor nos da.
No deja de sorprenderme el hecho de que un día cualquiera Pablo conoce a Timoteo y el impacto que tiene este acontecimiento hoy en nuestras vidas a raíz de las cartas que le envió.  ¿Cuántos días y años dejamos pasar sin prepararnos y trabajar para el Señor?  Si hoy, un día cualquiera te quisiera utilizar el Señor para su obra, ¿estarías preparado?  ¿Tendrías que decir que necesitas más tiempo?  ¿Le dirías estoy ocupado, ahora no puedo?  Es muy sencillo quedarnos con el trono de nuestra vida.  Esto no significa que sea la mejor decisión.  Te invito a que a partir de este instante, busques prepararte para Dios y forjar un carácter conforme a su voluntad para que hoy o mañana, puedas decir: Señor heme aquí, ¿qué quieres que haga?

Oración
Padre: hoy entiendo que cada día de vida que me das lo debo utilizar para tu gloria y te pido perdón porque he desaprovechado una inmensa cantidad de días.  Te pido que pueda vivir preparándome para servirte y estar en obediencia a tu palabra.  Te lo pido en nombre de Jesús.  Amén 

sábado, 4 de octubre de 2014

Hechos 6:3-6
Hermanos y hermanas, escojan de entre ustedes a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu y de sabiduría, para encargarles esta responsabilidad. Así nosotros nos dedicaremos de lleno a la oración y al ministerio de la palabra. Esta propuesta agradó a toda la asamblea. Escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, y a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas y a Nicolás, un prosélito de Antioquía. Los presentaron a los apóstoles, quienes oraron y les impusieron las manos.



¿Te gusta tener el control de todo? ¿Prefieres estar presente en todo lo que pasa para poder aprobar o rechazar? ¿No te gusta que se tomen decisiones sin ti? Pienso en aquellas personas que tienen puestos de liderazgo o que tienen su propio negocio y lo propensas que son en caer en estas situaciones. Incluso, es muy normal que en Latinoamérica, las empresas sean familiares y no dejen que los puestos importantes sean tomados por personas ajenas a la familia. Por el contrario, los apóstoles nos dan un ejemplo de cómo comportarnos. Ellos no intervinieron en la elección de los siete que debían encargarse de las viudas. Lo único que hicieron fue poner los parámetros a seguir: escojan siete varones llenos del Espíritu. No dejaron su labor de compartir el evangelio para ir y reclutar a los que se encargarían de esta tarea sino que supieron delegar y confiar en que Dios se encargaría de poner a las personas correctas. ¿Podían surgir nuevos problemas? ¡Por supuesto! Podían escoger mal y después de unos meses el problema volvería a surgir y tal vez con más enojo. Pero le entregaron a Dios aquello que no podían controlar. ¡Cuánto trabajo cuesta el delegar y permitir que Dios haga el resto! ¡Cuántos están sin salir de su oficina o negocio por no querer que pase nada fuera de su control! Has una pausa. Reflexiona. Piensa en tu forma de conducirte en lo que haces. ¿Quieres intervenir en todo? Tal vez quieres estar siempre pegado a tus hijos para que “no les pase nada” o quieres disminuir cualquier incertidumbre posible. Aprendamos de los discípulos que entendían que no podían estar en todos lados y que la incertidumbre de nosotros no significa que Dios ha dejado de tener el control. Pongamos prioridades en nuestra vida también y aceptemos que no podemos hacer todo. Aunque en este momento puedas estar pensando que sí puedes, escúchalo bien, no es así…
Finalmente trajeron a siete candidatos sobre los cuales los apóstoles oraron y encomendaron a Dios. ¿Ya has sido seleccionado para llevar a cabo una tarea en la iglesia del Señor? Cada uno de nosotros tiene un don especial que solo nosotros podemos realizar. ¿Ya te has puesto al servicio de Dios y de su iglesia? Que en tu corazón esté siempre el deseo de servir y encontrar cómo el Señor quiere utilizarte.

Oración
Padre nuestro: te pido perdón por mis pecados y en especial por querer controlar todo lo que sucede a mi alrededor. Ayúdame a entregarte mi vida y deseos de controlar la incertidumbre confiando en que Tú eres quien toma las riendas. Pon en mí el deseo de servir y trabajar para Ti. Te lo pido en Cristo Jesús
Amén

viernes, 3 de octubre de 2014

Hechos 18 18

Hechos 18:18


Pablo permaneció todavía en Corinto algún tiempo.  Después se despidió de los hermanos y emprendió el viaje rumbo a Siria, acompañado de Priscila y Aquila.  En Cencrea, antes de embarcarse, se hizo rapar la cabeza a causa de un voto que había hecho.


En la carta a los corintios, Pablo nos explica la diversidad de dones y cómo cada uno de ellos complementa perfectamente el cuerpo de la iglesia.  Distintos miembros con distintas funciones, forman algo perfecto que se mueve y tiene forma.  Cuando una de esas partes deja de cumplir con su labor, todo el cuerpo se ve afectado.  No importa cuán grande o pequeño sea lo que no está funcionando.  Un dolor en el dedo más pequeño del pie nos deja sin poder caminar y debemos permanecer sentados.  De igual forma pasa con la iglesia del Señor.  Cada uno de nosotros tenemos un propósito específico.  El problema radica cuando comenzamos a pensar que somos más importantes o que somos inferiores.
Lo que vemos con Aquila y su esposa me parece un gran ejemplo de esto.  Si hacemos memoria, ellos se conocieron cuando Pablo llega a Corinto.  Él trabajaba haciendo tiendas y Pablo ayudó para solventar sus gastos mientras predicaba.  Hicieron tan buen equipo que cuando Pablo decide que es tiempo de continuar con sus viajes misioneros, sale de Corinto rumbo a Siria acompañado de Aquila y su esposa.
Eran personas que hacían tiendas.  No eran grandes predicadores.  No realizaban milagros con sus manos.  Tampoco hablaban en distintos idiomas.  Lo único que sabemos es que se encontraron en Corinto, trabajaron juntos y ahora realizarían un viaje juntos.  ¿Tienes idea de lo valioso que eres para la iglesia?  ¿Sabes que eres vital para el funcionamiento correcto del cuerpo?  No necesitas pararte frente a la gente y predicar la palabra para ser importante.  Recuerda que cada uno de nosotros cumple propósitos distintos.  Hay personas que son excelentes para una cosa y terribles para otra.  A veces, simplemente con acompañar y ser parte del trabajo, estás siendo de gran ayuda.  Así lo fueron Aquila y Priscila para Pablo.  Solamente estaban con él.  No los vemos predicando a las multitudes.  Lo que sí sabemos por pasajes futuros es que en su casa formaron una iglesia (1Cor 16:19).
La iglesia, el cuerpo de Dios, no tiene una estructura como la ves en las empresas o en cualquier organización que puedas ver a tu alrededor.  Cristo nos dejó el ejemplo lavando los pies a sus discípulos.  No hay uno solo que sea el más importante o el jefe.  Todos somos servidores del Señor y solamente a Él debemos alabar.  Todos somos parte de Su obra y Sus planes.  No debemos confundirnos y pensar que hay personas más importantes que otras en la iglesia.  Si crees que eres más, dobla tu corazón y humíllate ante el Señor.  Si crees que tu asistencia pasa desapercibida, ora al Señor y pide que te muestre cómo servirlo y la importancia de ejercitar tus dones.
Te animo a que te involucres en el cuerpo de Dios.  Te animo a que no catalogues como importante o poco importante cualquier labor.  Debemos servir y ser parte de un cuerpo dependiendo los unos de los otros para servir al Señor.
Oración
Padre: gracias por enseñarme que mi vida tiene un propósito y que es importante.  Te pido que pueda aprender a explotar los dones que me has dado y pueda ponerlos a tu servicio.  Hoy entiendo que debo involucrarme más en tu iglesia para servirte.  Gracias por tu amor y misericordia.  En el nombre de Jesús oro a Ti.  Amén 

jueves, 2 de octubre de 2014

Gálatas 1:6-9

Gálatas 1:6-9


Me asombra que tan pronto estén dejando ustedes a quien los llamó por la gracia de Cristo, para pasarse a otro evangelio.  No es que haya otro evangelio, sino que ciertos individuos están sembrando confusión entre ustedes y quieren tergiversar el evangelio de Cristo.  Pero aun si alguno de nosotros o un ángel del cielo les predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado, ¡Que caiga bajo maldición!  Como ya lo hemos dicho, ahora lo repito: si alguien les anda predicando un evangelio distinto del que recibieron, ¡Que caiga bajo maldición!



Como algunos de ustedes saben o se han dado cuenta por lo que escribo, me encanta ver documentales.  Constantemente me cuestiono en lo que creo y busco darle sentido a mi fe.  ¿Sería la misma persona si creyera en otros principios?  ¿Llegaría a tener la misma paz y el mismo sentido mi vida?  Son preguntas difíciles.  Son preguntas que considero debemos de hacer.  Y para responderlas, debemos utilizar la misma biblia y alinearla con nuestras propias experiencias.  Es decir, la biblia dice que Dios nos da una paz que no encontramos en el mundo.  ¿Alguna vez la he experimentado?  ¿Es cierto esto?  Personalmente puedo decir que sí.  Y así puedes ir poniendo a prueba cada promesa de la palabra de Dios para confirmar que tu fe es verdadera.  No somos robots que no piensan o borregos que simplemente siguen sin saber a dónde van.  ¿De qué sirve cuestionar tu fe?  Sirve para fortalecer tus lazos con Dios.  Además de esto, es de suma importancia estudiar detalladamente la palabra.  Hoy veo muchas religiones que toman principios de la biblia o incluso predican con biblia en mano, pero aquello que hablan no corresponde a lo que está en ella.
La carta de Pablo nos hace una advertencia que no debemos tomar a la ligera.  Hay personas allá afuera que buscan tergiversar el evangelio y pueden confundirnos.  Ten cuidado.  Recuerda que Satanás es sutil y seductor.  Las contradicciones a la biblia no serán un foco rojo y una alarma sonando a diestra y siniestra.  Serán pequeños detalles.  Tomarán algunos versículos que tienen sentido para contrarrestar otros.  En el tiempo de Pablo pasó y hoy en día es fácil verlo también.  ¿Nos debemos de alarmar o espantar?  No.  Debemos tener cuidado.  Debemos proteger nuestras congregaciones.  Debemos ser sabios y corroborar que lo que se dice se practique.  Ojo, esto no quiere decir que las personas son perfectas.  ¡Por supuesto que no!  Partimos de la base de que somos pecadores.  Partimos de que el Señor nos recibe en su misericordia.  Esto es, sin merecerlo.  Recibimos su gracia y asimismo debemos extenderla a los demás.  Lo que debemos cuidar es que nuestros líderes siempre estén en línea con la palabra.  Debemos orar por ellos.  Y por último, debemos ser cuidadosos en no confundir el juzgar por proteger.  No debes estar buscando el error del prójimo.  Debemos cuidar que no se predique otro evangelio que el de Jesús.  ¿Lo puedes entender?
Con pasajes como este, mi entendimiento espiritual crece.  Comprendo que no hay otro evangelio.  Que no hay distintos dioses que tienen distintas verdades.  Mi fe se fortalece y mi entusiasmo se enciende.  Es normal tener dudas sobre tu relación con Dios.  Pregunta y busca aclararlas.  El dudar no es pecado ni está prohibido.  Lo que no está bien, es querer aceptar muchos evangelios y pensar que cada persona puede alterar la palabra de Dios a su manera.  Como Pablo lo dijo: ¡que caiga en maldición!

Oración
Señor y Dios Padre: quiero agradecer tus enseñanzas.  Quiero agradecer el cuidado tan especial que tienes para conmigo.  No dejo de sorprenderme en cuánto te preocupas por mí y cómo te has encargado de cada detalle sin dejar nada suelto.  Te quiero pedir que abras mis ojos y mi entendimiento.  Te pido que pueda vivir pegado a tu voluntad y que pueda discernir si alguien está tergiversando tu palabra.  Te pido por tu iglesia y sus líderes para que los protejas y guardes.  Te lo pido en el nombre de Jesucristo.  Amén