jueves, 26 de diciembre de 2013

Hay cinco palabras que todo creyente debe saber

Apocalipsis 5.6-10

Hay cinco palabras que todo creyente debe saber y poder explicar. Las he definido y discutido muchas veces en los sermones y escritos, pero lo hago de nuevo porque son esenciales. Tener confianza en lo que creemos es muy importante, ya que las culturas se vuelven cada vez más decididas en su persecución a los cristianos.

Redimidos: La sangre derramada del Señor Jesús redime a los creyentes (1 P 1.18, 19). Esto significa que somos comprados de una vida de esclavitud al pecado. Perdonados: Además, recibimos perdón; los errores de nuestro pasado, presente y futuro son quitados totalmente (Ef 1.7, 8). Para el resto de la eternidad, Dios ve a sus hijos a través del "velo" de la sangre de Cristo, que los hace puros y santos. Todo aquel que confía en Jesús es declarado inocente (justificado, según Romanos 5.8, 9), y puesto en relación con Dios (reconciliado, según Colosenses 1.19-22). Santificado: Este cambio inalterable de la condición de pecador a santo, sucede en el momento que una persona recibe a Cristo como Salvador.

La última palabra, santificado, describe el proceso de maduración que dura toda la vida, que comienza cuando una persona pone su fe en el Salvador (He 13.12). El santo es apartado del resto de la humanidad con el propósito de hacerlo parecido a Cristo. Por medio de las pruebas y la enseñanza, Dios "vacía" nuestro viejo yo, y llena nuestro corazón y nuestra vida con la vida de Jesucristo.

Estas cinco palabras cuentan la verdad de nuestra fe. Medite en los versículos relacionados con cada una de ellas, y pídale a Dios que escriba el significado de ellos en su corazón. Si confiamos en lo que creemos, podremos ser una luz para los demás, inclusive ante la amenaza de dolor. Estas cinco palabras cuentan la historia de nuestra fe y el entenderlas puede cambiar su vida.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

¡Nadie es un espectador en el reino de Dios!

1 CORINTIOS 12.4-11

No sé de dónde han sacado algunos la falsa idea de que el pastor es un siervo de Dios y que los que están sentados en los bancos son solo miembros de la iglesia. ¡Nadie es un espectador en el reino de Dios! Todos los creyentes tienen una sociedad con el Señor (2 Co 6.1). Él eligió trabajar por medio de la humanidad para llevar a cabo la misión del evangelio en la tierra. Utilizando la metáfora bíblica, somos los obreros que cultivamos y cosechamos sus campos (Mt 9.37, 38).

Dios dio uno o más dones espirituales a cada creyente para que colaboren en el trabajo de su reino. Todos necesitamos este recurso especial para cumplir con nuestro papel en su plan. Él teje ese don espiritual en nuestra personalidad y talentos para crear un siervo útil y eficaz. Además, no es cierto que hayan cristianos sin algún don.

Los creyentes somos hechura del Señor, creados en Cristo Jesús para buenas obras (Ef 2.10). Los dones espirituales no son capacidades personales. El Espíritu Santo las manifiesta por medio de nosotros. Recuerde que es la substancia que llega a las ramas, lo que produce fruto (Jn 15.5). Igualmente, el Espíritu Santo vive y actúa a través de los seguidores de Dios para producir actos de servicio. El poder de Dios está detrás de todo. Piense en esto cuando se sienta tentado a huir de las oportunidades que Dios le da.

El maravilloso poder de Dios está presente y al alcance de cada creyente. El Espíritu nos capacita para obedecer al Señor en todo lo que Él nos llame a hacer. ¡No desperdicie su vida sentado en un banco! Ponga a trabajar ese don espiritual. Los campos de este mundo están blancos para la siega (Jn 4.35). Ponga a trabajar ese don espiritual. Los campos de este mundo están blancos para la siega.

martes, 24 de diciembre de 2013

Y dio a luz a su hijo primogénito

Lucas 2:7 “
Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón”.
Lo primero que se nos viene a la mente en estas épocas de Navidad es la comida, el vestuario, la familia, las vacaciones, celebraciones, regalos, etc. Pero, ¿Realmente será esa la navidad que deberíamos celebrar?
Navidad es la celebración del nacimiento de Jesús, aunque muchos de nosotros sabemos que bíblicamente no nació en esta época, pero el mundo entero ha tomado esta fecha para celebrar su nacimiento.
¿Esta mal celebrar la navidad?, personalmente creo que si nuestro objetivo fuera celebrar el nacimiento de Jesús, no tendríamos que esperar una vez al año para celebrarlo, puesto que Jesús nace cada día en muchos corazones que deciden permitirle que entre ha morar en ellos.
No confundamos el nacimiento de Jesús con fiestas paganas, fiestas que lejos de llevar el objetivo de rendirse ante el Rey de reyes y Señor de señores, llevan otros objetivos que no tienen nada que ver con agradar a Dios.
En estas fechas se dan la mayor cantidad de robos, la mayor cantidad de accidentes, niños quemados por la mal utilización de pólvora y muchas cosas mas, que lejos de ser buenas son malas. ¿Será esa la navidad que Jesús quiere que celebremos?
Para mi navidad es el nacimiento de Jesús en muchos corazones, un día fue navidad en mi vida, porque Jesús nació en mi corazón y hasta hoy en día sigue acá. Que mi objetivo principal en la vida es celebrarle todos los días, ¿Cómo?, puesta tan fácil como tratar de llevar una vida ordenada y agradable a El, una vida que busque por todos los medios que su nacimiento en mi corazón sea deseo de querer ser santo porque El lo es.
Amigo mío, que estas fechas tu objetivo numero uno sea el recordar que Jesús ya nació en tu corazón y por ente tienes que celebrarlo cada día de tu vida a través de decirle no al pecado y si a la vida santa que Jesús quieres que lleves.
Y si tu que me lees aun no le has entregado tu vida a Jesús, permite que la navidad llegue a tu vida, que Jesús nazca en tu corazón y a la vez te regale vida eterna. El no vino a la tierra para ser celebrado, el vino a la tierra a morir por ti, para que tu ahora vivas por El y para El.

lunes, 23 de diciembre de 2013

La primera batalla entre la fe y la razón humana

1 CORINTIOS 1.18-31

La primera batalla entre la fe y la razón humana tuvo lugar en el huerto del Edén. Incitada por las mentiras de la serpiente, Eva comenzó a mirar su situación desde una perspectiva puramente lógica, y juzgó que Dios le estaba impidiendo disfrutar de algo bueno. Su fe vaciló cuando ideas aparentemente lógicas llenaron su mente.

No estoy diciendo que el camino de la fe nunca sea lógico, pero al funcionar solamente sobre la base de la razón, el conflicto con el Señor es inevitable. La razón es que sus instrucciones y sus acciones no siempre parecen razonables desde la perspectiva humana. Aunque Isaías 55.8, 9 dice que los pensamientos y los caminos de Dios son más altos que los del hombre, muchas personas juzgan a las ideas divinas como inferiores a la inteligencia humana.

El apóstol Pablo enfatiza esto cuando señala que las decisiones de Dios son ilógicas según las normas del mundo. Su mensaje de salvación parece una tontería, y sus mensajeros parecen insignificantes. En una época en que se valora el reconocimiento y la admiración, la persona que cree en la Biblia es considerada débil y necesitada de una muleta religiosa para hacerle frente a la vida. Aunque esta descripción parezca burla, es en realidad bastante acertada. Al reconocer su impotencia, los creyentes se apoyan en Cristo para que Él pueda levantarlos y les ayude a mantenerse firmes.

Aquel día en el Edén, el pecado y la presunción entraron en el corazón humano. Pero toda la sabiduría mundana que alimenta nuestro orgullo es anulada por Dios. Él no está buscando personas grandes e impresionantes, sino servidores débiles y humildes que puede jactarse solamente en Cristo. Solo el Salvador es su fortaleza y su sabiduría. Dios no está buscando personas grandes e impresionantes, sino servidores débiles y humildes.

sábado, 21 de diciembre de 2013

levantar una fortaleza

EFESIOS 6.10, 11

Satanás busca lugares en la vida del creyente donde pueda
levantar una fortaleza. Una vez que la levanta, sabe que la persona justificará, defenderá y seguirá añadiendo ladrillos a esa fortaleza con un pecado a la vez. El atractivo puede ser tan fuerte que nos hace volver al pecado habitual, incluso después de haberlo reconocido delante de Dios. Satanás susurra: "Una vez más no te hará ningún daño", y caemos de nuevo en la tentación.

Al igual que en la época medieval, cuando los ejércitos peleaban desde fortalezas en las alturas rocosas, un baluarte de pecado es por lo general el terreno para un combate. Podríamos esperar que la lucha fuera básicamente entre Dios y Satanás, pero no es así. Es, más bien, una lucha que se da en nuestro espíritu: ¿Queremos que Dios destruya o no nuestro hábito?

Dejar el pecado habitual es difícil. El pecador genera satisfacción y placer al practicarlo. Pero pisándole los talones a estas emociones están el sentimiento de culpa, la vergüenza y la desesperación, que llevan a la persona a pedir ayuda. Pero Dios no limpiará la maldad hasta que la persona se arrepienta de verdad. El verdadero arrepentimiento significa que el creyente ve la iniquidad del pecado y le da la espalda. Debemos hacer esto siempre que sea necesario —una vez, cien veces, o todos los días por el resto de nuestras vidas.

El solo pensar en renunciar a un hábito pecaminoso lleva a algunas personas al borde de la desesperación. Quieren verse libres de esa fortaleza, pero la idea de resistir la tentación hace que se sientan débiles. Le tengo una buena noticia: el poder del Espíritu Santo es suficiente para impartir poder al creyente para darle la espalda al pecado. Y eso lo incluye a usted. El poder del Espíritu Santo es suficiente para impartir poder al creyente para darle la espalda al pecado. 

viernes, 20 de diciembre de 2013

Liberación de aflicciones temporales

Liberación de aflicciones temporales

Sé que por vuestra oración y la suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en mi liberación.

Filipenses 1:19

El versículo de hoy muestra el valor de la plena confianza en Dios. Pablo sabía que su aflicción presente era temporal y que sería librado de ella.

¿Por qué estaba Pablo convencido de su liberación? Su declaración: "Sé que… esto resultará en mi liberación" es una cita de la versión griega de Job 13:16. Job era un hombre justo que sufrió mucho, pero fue librado porque Dios siempre libra a los justos. Job dij "Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios" (Job 19:26). Él sabía que temporal o eternamente Dios lo libraría.

Pablo sabía que podía confiar en que Dios lo librara tal como Dios había librado a Job. Confiaba en que sus circunstancias resultarían en bien, ya fuera librado de la cárcel, justificado en su juicio y librado de la ejecución, o yendo a la gloria como un mártir. Tal vez usted no sufra las mismas pruebas que Pablo, pero cualesquiera que sean sus circunstancias la misma segura confianza está a su alcance.      Oraciones eficaces

Os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios.

Romanos 15:30

Pablo confiaba en que sería librado gracias a las oraciones de los santos, sin que importara cuál prueba estuviera soportando. Creía en la voluntad soberana y en el propósito de Dios, y sabía que Él haría que se cumplieran sus propósitos en concierto con las oraciones de sus hijos. También sabía que "la oración eficaz del justo puede mucho" (Stg. 5:16). Así como el amor y las oraciones de los santos en el primer siglo ayudaron tanto a Pablo, sus oraciones por sus guías espirituales también los ayudarán.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Lo que más importa

Lo que más importa

Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún.

Filipenses 1:18

La palabra "anunciado" en el versículo de hoy significa "proclamar con autoridad". Sin que importara el costo personal, Pablo estaba decidido a que Cristo se proclamara con autoridad.

Aun cuando los detractores de Pablo predicaran el evangelio verdadero, eso tenía un efecto. Un predicador con motivos egoístas puede ser usado por Dios porque la verdad es más poderosa que el paquete en el que viene.

Pablo vivía para ver que se proclamara el evangelio; no le importaba quién se atribuía el mérito. Esa debe ser la actitud de todo pastor, maestro, anciano, diácono, líder y laico en la iglesia. En todo lo que sufrió, Pablo no dejó de predicar, ni criticó, ni se deprimió ni perdió el gozo. Es porque la causa de Cristo seguía adelante y se proclamaba su nombre. Eso era todo lo que Pablo quería. Esa es una actitud que la gracia de Cristo infunde en todos los santos.       La actitud de un siervo

Cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

Lucas 14:33

Pocos en la iglesia actual están consagrados a Jesucristo como lo estuvo el apóstol Pablo. Pablo ejemplifica de lo que hablaba Cristo cuando dij "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame" (Lc. 9:23). Pablo vivía tan entregado a nuestro Señor que no le importaba si vivía o moría. Esa es una actitud de la que prácticamente no se oye en nuestra época materialista y ególatra. La mayoría de las personas hoy viven para todo menos para lo que Pablo vivía.

Pablo seguía sintiendo gozo siempre que su Señor fuera glorificado, aun cuando fuera él mismo amenazado de muerte. Lo único que le importaba era que se siguiera difundiendo el evangelio, que se predicara a Cristo y que se exaltara al Señor. La fuente de su gozo estaba totalmente relacionada con el reino de Dios.