lunes, 18 de noviembre de 2013

El propósito de la convicción de pecado ?

El propósito de la convicción de pecado ?

Hebreos 12.4-11

¿Alguna vez ha visto usted a un padre agarrar firmemente a un niño travieso y llevarlo adonde debe estar? A veces, nuestro Padre celestial también debe emplear mano fuerte con nosotros. Aun como creyentes, somos un pueblo rebelde y propenso a descarriarnos. Pero cuando nos alejamos del camino, Dios nos ayuda a volver a la senda de la rectitud.

La mano guiadora del Padre celestial está siempre sobre sus hijos. Pero cuando los creyentes caen en el pecado y la rebelión, su mano nos aprieta. Llamamos “convicción de pecado” a esa presión sobre nuestro corazón y mente. Al inculcar en nosotros que esta acción, actitud o pensamiento no está en consonancia con que lo somos en Cristo, el Espíritu Santo nos concientiza de nuestra falta. La convicción tiene el propósito de mostrar a los creyentes la clase de relación que tienen con Dios. Si usted se ha salido del camino, ¿no quisiera saberlo para poder volver al centro de la voluntad de Dios lo más pronto posible?

La disciplina puede ser dolorosa y tener un alto precio, especialmente cuando hemos opuesto resistencia a la presión de la convicción. No obstante, cualquier padre sabio le dirá que vivir con las consecuencias de una conducta imprudente enseña a los niños valiosas lecciones en cuanto a lo correcto y permisible.

Abandonado a su suerte, el hombre se destruirá a sí mismo yendo tras placeres y deseos egocéntricos. Dios tiene un plan mejor para nosotros: dirigirnos hacia la libertad perfecta en Cristo, guiados por su tierna mano. Cuando nos desviamos, Él aprieta su mano y nos hace volver al buen camino.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Humildad y gentileza

Humildad y gentileza

Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres.

Filipenses 4:5

Es difícil hallar una palabra que capte el multiforme sentido de la palabra traducida como "gentileza" en el versículo de hoy. Algunos dicen que se refiere al contentamiento, a la delicadeza, a la generosidad o a la buena voluntad hacia los demás. Otros creen que se refiere a la misericordia o a la indulgencia con las faltas o los fracasos de otros. Incluso otros aseguran que describe la paciencia, refiriéndose a alguien que se somete a la injusticia o al maltrato pero no se venga con odio o amargura. Creo que la mejor traducción es "gentileza", ya que en el sentido cristiano esa palabra comprende todos los demás sentidos.

La gentileza también incluye otro elemento importante: la humildad. El cristiano humilde no guarda rencor, sino que confía en Dios siempre que se maltrata, se juzga injustamente o se calumnia. Una persona así no exige sus derechos. Dios nos manifestó su gracia de la misma manera; la humanidad maltrató y calumnió a Jesucristo aunque no merecía nada de eso, pero Él sigue extendiendo sus brazos hacia nosotros con amor (cp. Ro. 5:10). La humildad y la gentileza lo ayudarán a ser estable a pesar de las circunstancias.                La fuente del contentamiento

He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.

Filipenses 4:11

El existencialismo, la actitud mental dominante de la psicología contemporánea, se ha infiltrado no solo en nuestro país, sino también en muchas iglesias. Da a entender que todo hombre tiene el derecho a hacer cualquier cosa que lo haga sentir bien. Pero una manera equivocada de pensar como esa se origina en el orgullo ególatra. Es la persona egoísta la que dice: "Si lo hace sentir bien pero me hace daño a mí, no puede hacerlo. Pero si me hace sentir bien pero lo daña a usted, puedo hacerlo de todas maneras". Algunos se engañan a sí mismos al pensar que su pecado no perjudica a nadie, pero el pecado siempre termina haciendo daño.

En contraste con la egolatría, la Biblia dice que debemos ser humildes y altruistas (Fil. 2:3-4), amar a quienes nos maltratan (Mt. 5:44), y mostrar misericordia a quienes tropiezan repetidamente (1 P. 4:8). Esas virtudes ayudaron a Pablo a estar contento en cualquier circunstancia. En cambio, algunos creyentes toman todo lo que oyen y ven y lo filtran en su mente para ver si los hiere de alguna manera, lo que resultará en inmediata inestabilidad y ansiedad.

Cuando otros lo maltraten, la humildad lo ayudará a mantener el equilibrio.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Razones para regocijarse

Razones para regocijarse

Aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso.

1 Pedro 1:8

Los cristianos tenemos muchas razones para regocijarnos. La principal se basa en quién es Dios: Él es soberano. Esa es la verdad más grandiosa acerca de Dios. Nada está fuera de su control, y Él lo controla todo a fin de obrar para nuestro bien (Ro. 8:28). Él tiene un conocimiento infinito de todos los aspectos de la vida; dónde estamos y qué decimos (Sal. 139:2-4). Y Él ejerce su conocimiento en perfecta sabiduría. El conocer así a Dios nos debe dar gozo inefable y glorioso.

También debemos regocijarnos porque Dios nos salvó, nos adoptó y prometió darnos una herencia en Jesucristo (Ef. 1:1-11). Cuando Cristo regrese, disfrutaremos de su presencia y del lugar celestial preparado para nosotros (Jn. 14:2-3). Hasta entonces, tenemos el gozo de saber que Dios ha prometido satisfacer todas nuestras necesidades (Fil. 4:19). Además, tenemos el privilegio de servir al que más amamos. Eso incluye el dar las buenas nuevas a los perdidos y alentar a los hermanos en la fe para que crezcan en su amor y en su servicio a Él. También podemos tener gozo al saber que podemos orar a Dios en cualquier momento (He. 4:15-16).           Como árbol firmemente plantado

Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.

Salmo 1:3

Muchas personas en la sociedad quieren tener una vida más estable. A los que viven agobiados por la ansiedad y no pueden manejar sus circunstancias, el mundo ofrece muchísimas soluciones que no dan resultado.

Lamentablemente, muchas iglesias han seguido al mundo al creer que el hombre solo puede resolver sus problemas mediante la psicología secular; algo que no puede cumplir sus promesas.

¿Dónde puede hallar estabilidad? La respuesta está en el Salmo 1, que comienza: "Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores" (v. 1) y termina: "Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio… Porque Jehová conoce el camino de los justos; mas la senda de los malos perecerá" (vv. 5-6).

La persona que anda con Dios sabe lo que es la estabilidad, pero la que lo rechaza anda dando tropiezos en una existencia sin sentido. ¿Cuál quisiera ser usted? 

jueves, 14 de noviembre de 2013

Usted es importante

Mateo 5.13-16  

Cuando yo era niño, tuve varios maestros diferentes en la Escuela Dominical, pero Craig Stowe es el que mejor recuerdo. Unas cuantas veces al mes, él regresaba del trabajo cerca de la hora en que yo repartía periódicos cerca de su casa. Él siempre se estacionaba en un lado de la calle para preguntarme cómo estaba, qué tal iba en la escuela, etc. A veces, el hermano Stowe me preguntaba si había algo por lo cual él pudiera orar por mí. Y antes de alejarse, me compraba un periódico por cinco veces su valor.

Esas breves pláticas con el hno. Stowe tuvieron un efecto importante en mi vida. Yo sabía que se preocupaba por mí, porque se tomaba el tiempo para mirarme a los ojos y asegurarse de que yo estaba bien. Ese sentimiento de amor es uno que yo trato de transmitir, aunque pase solo unos pocos minutos con una persona.

Los cristianos debemos demostrar el amor de Cristo (Mt 5.15). Ya que el Señor vive dentro de nosotros, estamos equipados para dejar una huella en los demás. En vez de tratar de impactar a miles de vidas, ¿por qué no dejar que Dios le use para tocar a una persona a la vez? Usted puede marcar una gran diferencia con sencillos actos de servicio y bondad —dar un abrazo, brindar una comida, etc. Trate de “amar” a las personas de la manera que el Padre celestial le muestra su amor a usted.

Toda persona es importante para el Señor. A veces, lo único que se necesita para que alguien sienta su amor y compasión, es un poco de bondad por medio de un hijo de Dios. Así que tenemos el privilegio de servir en la tierra como las manos y los pies del Padre.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Razones para regocijarse

Razones para regocijarse

Aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso.

1 Pedro 1:8

Los cristianos tenemos muchas razones para regocijarnos. La principal se basa en quién es Dios: Él es soberano. Esa es la verdad más grandiosa acerca de Dios. Nada está fuera de su control, y Él lo controla todo a fin de obrar para nuestro bien (Ro. 8:28). Él tiene un conocimiento infinito de todos los aspectos de la vida; dónde estamos y qué decimos (Sal. 139:2-4). Y Él ejerce su conocimiento en perfecta sabiduría. El conocer así a Dios nos debe dar gozo inefable y glorioso.

También debemos regocijarnos porque Dios nos salvó, nos adoptó y prometió darnos una herencia en Jesucristo (Ef. 1:1-11). Cuando Cristo regrese, disfrutaremos de su presencia y del lugar celestial preparado para nosotros (Jn. 14:2-3). Hasta entonces, tenemos el gozo de saber que Dios ha prometido satisfacer todas nuestras necesidades (Fil. 4:19). Además, tenemos el privilegio de servir al que más amamos. Eso incluye el dar las buenas nuevas a los perdidos y alentar a los hermanos en la fe para que crezcan en su amor y en su servicio a Él. También podemos tener gozo al saber que podemos orar a Dios en cualquier momento (He. 4:15-16).                    Como árbol firmemente plantado

Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.

Salmo 1:3

Muchas personas en la sociedad quieren tener una vida más estable. A los que viven agobiados por la ansiedad y no pueden manejar sus circunstancias, el mundo ofrece muchísimas soluciones que no dan resultado.

Lamentablemente, muchas iglesias han seguido al mundo al creer que el hombre solo puede resolver sus problemas mediante la psicología secular; algo que no puede cumplir sus promesas.

¿Dónde puede hallar estabilidad? La respuesta está en el Salmo 1, que comienza: "Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores" (v. 1) y termina: "Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio… Porque Jehová conoce el camino de los justos; mas la senda de los malos perecerá" (vv. 5-6).

La persona que anda con Dios sabe lo que es la estabilidad, pero la que lo rechaza anda dando tropiezos en una existencia sin sentido. ¿Cuál quisiera ser usted?

domingo, 10 de noviembre de 2013

La vida en el poder del Espíritu

La vida en el poder del Espíritu

Hechos 1.1-8

El Señor Jesús aseguró a sus discípulos que recibirían el Espíritu Santo (Lc 24.49), y en el día de Pentecostés se cumplió esa promesa (Hch 2.1-4). Dios siempre cumple a cabalidad, y enviar a su Espíritu no fue la excepción. De hecho, esta maravillosa bendición sigue estando presente hoy.

En el momento que una persona pone su fe en el Salvador, el Espíritu Santo viene a morar en ella. Él sella a todos los cristianos por la eternidad, de modo que nada los puede robar jamás de Él. Pero, lamentablemente, algunos creyentes pueden ser salvos y aún así seguir viviendo confiando en sus propias fuerzas.

Ser “llenos del Espíritu Santo” no es una experiencia emocional. Se trata de permitirle a Dios vivir a través de nuestras acciones, pensamientos y palabras, lo que significa renunciar a nuestros deseos.

Andar en el Espíritu no tiene nada que ver con nuestras habilidades, sino depender únicamente de Dios. Nos fiamos de Él, le pedimos que tome el mando, y le seguimos con obediencia. El Señor nos guiará cuando oramos a Él. Y mediante la meditación silenciosa y atenta en su Palabra, como también por medio del consejo de otros creyentes, podremos experimentar la guía, el poder, la protección y la ayuda del Padre celestial. Su voz suave y apacible se nos hará más evidente a medida que maduremos en Cristo.

Si usted es salvo, el Espíritu de Dios vive en usted. Pero Él anhela hacer mucho más que simplemente residir allí. Desea estar en comunión con usted, para que así experimente bendiciones abundantes. Vivir confiando en sus propias fuerzas solo le llevará al fracaso. Andar en el Espíritu da vida.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Una vida de obediencia

Una vida de obediencia

Juan 8.28, 29

Dios sabe lo que somos realmente: pecadores por naturaleza y por costumbre. Antes de ser salvos, vivíamos en rebeldía contra su autoridad, siguiendo nuestro propio camino. Pero Él nos amó tanto, que envió a su Hijo a sacrificar su vida en pago de la deuda de pecado que teníamos (Jn 3.16). El amor de Dios por nosotros es lo que nos motiva a obedecerlo en todo.

Cristo es nuestro ejemplo de obediencia. Él se retiraba habitualmente de las multitudes para pasar tiempo en oración y descubrir la voluntad de Dios. Buscaba complacer al Padre en todo lo que hacía, y quería que el mundo reconociera que mediante la obediencia se demuestra el amor (Jn 14.31).

La Biblia ofrece ejemplos de este principio. David no tuvo una vida perfecta, pero Dios sabía que el rey estaba consagrado de todo corazón a Él (1 R 15.5). David declaró: “El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón” (Sal 40.8). Y el apóstol Pablo tenía a Cristo como su solo objetivo (Fil 3.13, 14). Aunque, antes de su conversión, había perseguido a los judíos cristianos (1 Co 15.9).

Estos dos hombres experimentaron el amor perdonador de Dios, que los motivó a buscar activamente su voluntad. Nuestro Padre celestial sabe que ninguno de nosotros puede tener una vida perfecta, y por eso quiere que sus hijos dejen que el Espíritu Santo les ayude a obedecer.

Una vida de obediencia requiere una mente centrada en el Señor y su plan, un corazón comprometido a obedecerle, y una voluntad rendida a su autoridad. Consiste en negarse a sí mismo, resistir la tentación, y preferir su camino diariamente. ¿Qué tan fuerte es el deseo suyo de hacer la voluntad de Dios?