domingo, 12 de diciembre de 2010

LAS DOS NATURALEZAS DEL CREYENTE.6


el apóstol Pablo tuvo que decir: "En mí, esto es, en mi carne, no mora el bien" (Romanos 7:18). Seguía teniendo consigo la naturaleza caída, incluso después de haber sido salvo todos aquellos años.
En el capítulo 7 de romanos se examina toda la cuestión de este conflicto de una forma práctica. La persona contemplada en este capítulo está tratando de lograr la liberación bajo la ley. Ha "nacido de nuevo", y posee una nueva vida, pero no se encuentra en el goce de su nueva posición. El Espíritu de Dios usa esto para mostrarnos el camino de la liberación de la ley y del "viejo hombre". A todo lo largo del capítulo hasta llegar al versículo 18 esta persona está llamando "yo" al viejo hombre, y en otro punto llama "yo" al nuevo hombre. Es por esta razón que tiene este conflicto, porque piensa que "los dos ocupantes" tienen los mismos derechos: pero no los tienen. El "viejo hombre" debe ser considerado muerto. El "nuevo hombre" es el único ocupante legítimo. Debemos reconocer que el "nuevo hombre" es el único con derecho a decir lo que se hace en el cuerpo, y que este "nuevo hombre" es la vida de Cristo.
Hay tres cosas importantes que se exponen aquí. Primero, tenemos que aprender esta gran e importante lección, de que "en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien" (versículo 18). ¿Te ha sucedido haber tenido un mal pensamiento acudiendo a tu mente, y luego decir de inmediato, "nunca pensé que un cristiano pensaría una cosa así"? Ahora bien, si realmente creyeras este versículo, no te sorprenderías, porque la vieja naturaleza (el viejo hombre) no ha cambiado desde que fuiste salvado. Tenemos que aprender esto. Tenemos que hacernos conscientes de ello. El enemigo de nuestras almas que obra sobre aquel "viejo hombre" intenta perturbarnos suscitando malos pensamientos ante nosotros, y la vieja naturaleza responde. Alguien dijo que su viejo reloj nunca lo desengañó, porque nunca se fió de él. ¿Confías tú en tu vieja naturaleza porque eres salvo? ¿Crees que te puedes exponer a las tentaciones confiadamente? La Biblia dice: "El que confía en su propio corazón es necio" (Proverbios 28:26). La vieja naturaleza no mejora, nunca. Recuerda lo que aquí se dice: "en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien". ¿Y quién lo estaba diciendo? El amado apóstol Pablo, uno de los más piadosos hombres que jamás hayan vivido, porque su "viejo hombre" no era mejor que el de ningún otro creyente.
Ahora observemos el segundo punto en el versículo 20. "Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí". Había él aprendido que no había nada bueno en la carne (el viejo hombre), pero aquí hay algo maravilloso a lo que aferrarse. Él no reconoce ya más al "viejo hombre" como siendo "yo".

sábado, 11 de diciembre de 2010

LAS DOS NATURALEZAS DEL CREYENTE.5


Ahora Dios nos muestra el lado práctico de esta verdad en los versículos que siguen. Debemos considerarnos muertos al pecado, pero vivos a Dios (versículo 11). Antes de ser salvos, nuestras manos hacían lo que la naturaleza caída quería hacer, y nuestros ojos miraban a aquellas cosas que nuestra naturaleza caída (el viejo hombre) quería ver, porque nuestros cuerpos estaban bajo el control de aquel "hombre viejo". Ahora Dios ha dado una nueva vida al creyente, el "nuevo hombre" que quiere complacerle, y Él dice, "consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios". Ahora, cuando se nos presente la tentación, podemos decir: "No, estamos muertos a estas cosas que la naturaleza caída quiere hacer".
Podemos presentar los miembros de nuestros cuerpos para que hagan lo que el "hombre nuevo" quiere hacer, cosas que agradan al Señor. Aquí se debe decir que si no tienes ningún deseo de agradar al Señor no eres en absoluto un creyente, porque si has nacido de nuevo tienes dentro de ti la misma vida de Cristo. ¡Ah, tú dirás, en ocasiones quiero hacer lo que está mal! Pero no es la nueva vida la que quiere hacer lo que está mal, sino que se debe a que estás dejando al "viejo hombre" (el antiguo ocupante) mostrar actividad. Dios dice: "Consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro". El "viejo hombre" no tiene ya derechos algunos en el cuerpo. Dios dice que estamos muertos al pecado, y así leemos en 2 Corintios 4:10: "Llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal".
Muchos cristianos abrigan dudas acerca de su salvación porque no han sido enseñados "conforme a la verdad que está en Jesús" (Efesios 4:21). Se ven sorprendidos que después de ser salvos siguen queriendo hacer aquellas cosas que están mal. Así que Satanás les dice: "Quizá no sois salvos, porque algunos de aquellos viejos deseos siguen ahí". Pero, ¿no dijo el Señor, "lo que es nacido de la carne, carne es"? (Juan 3:6). Y el apóstol Pablo tuvo que decir: "En mí, esto es, en mi carne, no mora el bien" (Romanos 7:18). Seguía teniendo

viernes, 10 de diciembre de 2010

LAS DOS NATURALEZAS DEL CREYENTE.4


es creada "en la justicia y santidad de la verdad". Es la vida de Cristo, y no puede pecar. ¡Qué cosa tan maravillosa! Ahora bien, ello no significa que "el viejo hombre" haya mejorado, porque sigue estando "viciado conforme a los deseos engañosos", como acabamos de leer. Siempre actúa de la misma manera, porque "lo que es nacido de la carne, carne es", y nuevamente el Señor dijo: "El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha" (Juan 6:63). Podemos ver que si el "viejo hombre" (el antiguo ocupante) toma el control de nuestros cuerpos, entonces pecamos. No es que Dios excuse esto, sino que Él provee para nuestra restauración. Dios ha emprendido nuestra liberación, tanto con respecto a nuestros pecados como con respecto a la naturaleza que los produce, y Él desea que conozcamos Su provisión llena de gracia y que nos regocijemos en ella.
En Romanos 6 se nos explica lo que Dios ha hecho en relación con nuestra vieja naturaleza, en ocasiones llamada "la carne", "el viejo hombre" y "pecado" o "pecado en la carne". En el versículo 6 se nos dice: "Nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él ... a fin de que no sirvamos más al pecado". El pecado es la raíz, y los pecados son el fruto, como un manzano y las manzanas que crecen en él. La naturaleza de un manzano es producir manzanas. Uno puede quitar de él todas las manzanas, pero al año siguiente volverá a producir manzanas, porque no se ha cambiado la naturaleza del árbol. El Señor Jesús "llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero" (1 Pedro 2:24). Pero fue necesario que Él hiciera algo acerca de aquel "viejo hombre" que me llevaba al pecado. Aquí encontramos lo que Él ha hecho: "Nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él", de modo que vemos que llegó a su fin delante de Él en Su muerte. El bautismo es la figura de esto, como se dice: "Sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo" (versículo 4). El "viejo hombre" ha sido "condenado" (Romanos 8:3), "crucificado" (Romanos 6:6) y "sepultado" (Romanos 6:4). En la cruz del Calvario el Señor Jesús no sólo llevó mis pecados, sino que Su muerte fue el fin de mi posición delante de Él como hijo de Adán, porque hemos muerto a aquella posición, y hemos entrado en una nueva posición delante de Él mediante la resurrección del Señor Jesús (Romanos 6:9-11).
Quizá podríamos ilustrar esta nueva posición mediante un cambio de ciudadanía. Como ciudadano del país en el que has nacido pasas la frontera a otro país, y tienes que declarar tu ciudadanía.
Supongamos ahora que fueras a cambiar tu ciudadanía y fueras aceptado, naturalizado, como ciudadano de otro país. Entonces, al cruzar la frontera, tendrías una posición totalmente diferente a los ojos del funcionario de inmigración. Por lo que a él respecta, tú ya no existes en tu antigua posición, y vives en una nueva posición y naturaleza.
Ahora Dios te ve en una posición diferente por cuanto has nacido de nuevo y entrado en la familia de Dios. Aunque sigas teniendo al "viejo hombre" dentro de ti, con los "dos ocupantes" en tu cuerpo, Dios te ve sólo en esta nueva posición que ocupas delante de Él. Te ve como una persona que has muerto a tu antigua posición, y como siendo "nueva criatura en Cristo" (véase 2 Corintios 5:17).

jueves, 9 de diciembre de 2010

LAS DOS NATURALEZAS DEL CREYENTE.3


(Ezequiel 11:19). Entonces "nacerá una nación de una vez" (Isaías 66:8). Cuando Nicodemo preguntó en nuestro pasaje: "¿Cómo puede hacerse esto?" el Señor puso ante él dos cosas muy importantes. Primero, le habló de la gloria de Su Persona, porque mientras estaba hablando con Nicodemo Él estaba al mismo tiempo en el cielo, tal como dice: "Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo" (Juan 3:13).
Él es Dios así como hombre, y el valor de Su obra se debe a la gloria de Su Persona. Es debido a que Él es Dios que Él puede ser nuestro Salvador (Isaías 43:10, 11). Luego se refiere a Su obra en la cruz como el Hijo del Hombre levantado allí por pecadores. No hay bendición para el hombre caído aparte de estas dos cosas, y es por ello que después de esto el Señor Jesús pronunció estas benditas y maravillosas palabras: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Juan 3:16).
Vemos así cómo el Señor ponía ante Nicodemo la necesidad de nacer de nuevo, la necesidad de recibir una nueva vida, y también cómo le mostraba que la vieja naturaleza no puede ser mejorada. La vieja naturaleza recibe el nombre de "el viejo hombre". Véase Efesios 4:21-24: "Si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad". También en Colosenses 3:3-4: "Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria". Luego otra vez en 1 Juan 3:9: "Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios". Ahora bien, en el evangelio de Juan, capítulo 3, hemos visto la necesidad del nuevo nacimiento, y aquí, en estos pasajes que hemos considerado, vemos que Dios habla de "el viejo hombre" y del "nuevo hombre".
¿Cuál es el resultado de haber nacido de Dios? Bien, tras haber puesto tu confianza en el Señor Jesucristo, tu cuerpo viene a ser como una casa con dos ocupantes. Antes, tenías sólo una naturaleza, la caída, con la que naciste en este mundo. Pero el Señor Jesús dijo que si no nacemos de nuevo no podemos entrar jamás en el reino de Dios. Así que cuando ponemos nuestra fe en Él, Él nos da una nueva vida, y aquella vida, como se nos dice en los pasajes que acabamos de citar,

martes, 7 de diciembre de 2010

LAS DOS NATURALEZAS DEL CREYENTE. 2


¿Qué era lo que demostraba la ley, y por qué fue escrita en tablas de piedra? El hombre tiene un corazón de piedra, y Dios sabía que no podría vivir en conformidad a los mandamientos, pero el hombre pensaba que sí podía. Si yo tengo un hijo, y hay una pesada maleta que él cree que puede llevar, ¿cómo puedo demostrarle que no puede? Dándole una oportunidad para que lo intente. Israel pensaba que podría cumplir las demandas de Dios, porque dijeron: "Todo lo que Jehová ha dicho, haremos" (Éxodo 19:8). Pero fracasaron miserablemente, como ha sucedido con todos nosotros.
Ahora bien, lo que el Señor nos muestra aquí en Juan 3 es que debe haber una obra de Dios en el alma. Ya se ha llevado a cabo una obra de Dios por nosotros en la cruz del Calvario, pero se tiene que llevar a cabo una obra dentro de nosotros por cuanto el corazón natural del hombre nunca responderá a las demandas de Dios. El Señor le dice a Nicodemo que tiene que nacer de nuevo— que debe nacer de arriba. Tiene que recibir una nueva vida, y Dios emplea Su preciosa Palabra aplicada por el Espíritu de Dios para llevar esto a cabo. Se hace muy claro en 1 P 1:22, 23: "Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, ... siendo renacidos ... por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre". Antes éramos pecadores que teníamos sólo una naturaleza caída de pecado, pero cuando Dios introduce Su Palabra en el alma mediante el poder del Espíritu de Dios, somos renacidos, recibiendo una nueva vida de Dios. Es por esto que ahora deseamos cosas diferentes.
Esto, no obstante, no es el mejoramiento de aquella naturaleza caída en nosotros. Dios no la mejora, sino que la condena, como aprendemos en romanos 8:3: "Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne". Él perdona nuestros pecados, pero no la naturaleza que nos lleva al pecado. Ésta permanecerá con nosotros durante todo el tiempo que estemos en este cuerpo. Incluso si uno ha estado salvado durante cincuenta años, la naturaleza caída no ha mejorado ni una brizna, y nunca lo hará. Es por esto que los cristianos pecan. Dejan que la naturaleza caída actué. Con la ayuda del Señor examinaremos otras Escrituras, posteriormente, con respecto al camino que Dios da para la liberación.
Nicodemo debiera haber sabido, como maestro en Israel, que toda la historia de ellos como nación demostraba que después de todo lo que Dios había hecho por ellos como nación, el corazón de piedra de ellos estaba sin cambios. En un día futuro, cuando finalmente Dios los introduzca en bendición, Él quitará "el corazón de piedra de en medio de su carne, y", añade el Señor, "les daré un corazón de carne"

lunes, 6 de diciembre de 2010

Ver la realidad de una vida transformada


Ver la realidad de una vida transformada

Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.

Hechos 28:30-31

El versículo de hoy muestra que, aunque Pablo estaba bajo arresto domiciliario "en una casa alquilada", siguió predicando. A pesar de las circunstancias, Pablo siguió haciendo lo que se le había llamado a hacer.

Tal vez usted esté pensand No puedo ir y predicar el evangelio. No puedo ser evangelista, ni maestro bíblico. Estoy atado a mi trabajo. Pero no importa si usted está encadenado a un escritorio, a una línea de montaje en una fábrica, a un aula, a un vehículo o a un puesto de vendedor; todo eso brinda oportunidades de predicar el evangelio. Cuanto peor es su confinamiento, tanto mayor es la oportunidad de brillar con una vida de santidad.

A menudo me dicen lo difícil que es dar testimonio en el centro laboral. Mi respuesta es que por lo general es más difícil dar testimonio en condiciones ideales que en una situación más difícil. Se debe a que en las situaciones difíciles la realidad de una vida transformada es más patente, y eso no puede menos que impresionar a quienes no la han experimentado. Cobrar valor

Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor.

Filipenses 1:14

El versículo de hoy sugiere que, antes del encarcelamiento de Pablo, a la iglesia en Roma le faltaba valor. Cuando los creyentes vieron que Dios proveyó para Pablo y lo capacitó para que tuviera una oportunidad fabulosa de evangelización, ellos también comenzaron a proclamar el evangelio. Comprendieron que, como Dios podía ministrar por medio de Pablo en su circunstancia difícil, también podía ministrar por medio de ellos. Cuando la fortaleza de Pablo llegó a ser la de ellos, los pastores en Roma comenzaron a "hablar la palabra sin temor" (v. 14).

¿Sube y baja su gozo según la marea de los beneficios terrenales? ¿Son el placer, las posesiones, el prestigio, la reputación, la comodidad y la satisfacción o sus propias ambiciones el motivo de su gozo? Si es así, su gozo subirá y bajará según las mareas cambiantes de la vida. Pero si su gozo está vinculado con el progreso del evangelio, nunca disminuirá. Ponga el corazón en el progreso del evangelio, y su gozo será constante.

domingo, 5 de diciembre de 2010

¿Qué lo hace funcionar a usted?


¿Qué lo hace funcionar a usted?

Fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros.

Colosenses 1:25

¿Qué lo motiva a usted? ¿Qué ocupa su energía, domina su tiempo y lo hace funcionar? Para el apóstol Pablo era el progreso del evangelio. Lo que pudiera ocurrirle a su propio cuerpo o a su carrera tenía poca importancia para él. En Hechos 20:24 dij "Ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús". Rindió su vida, sus bienes, sus ropas, su reconocimiento, su reputación y su prestigio a una meta: "para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios" (v. 24).

Pablo escribió a la iglesia de Roma: "En cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma" (Ro. 1:15). Y en 1 Corintios 9:16 da testimonio de lo que lo impulsaba: "Me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!"

Pablo se sentía impulsado a ver que el evangelio siguiera adelante. Él es un ejemplo para todo cristiano. ¿Es la vida de usted como la de Pablo? Preso por Cristo

Mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás.

Filipenses 1:13

El apóstol Pablo siempre se consideró un preso por la causa de Cristo; nunca por un delito. Estaba encadenado porque creía en Cristo, lo predicaba y lo representaba.

Desde el punto de vista de Roma, Pablo era un preso encadenado a un guarda romano. Pero desde la perspectiva de Pablo, ¡los guardas romanos eran esclavos cautivos encadenados a él! El resultado de tal confinamiento fue que la causa de Cristo se había llegado a conocer "en todo el pretorio". Lejos de ser una condición opresiva, a Pablo se le había dado la oportunidad de dar testimonio de Cristo a cada guardia asignado a él, cada seis horas.

¿Qué veían los soldados? Veían el carácter santo de Pablo, su misericordia, su paciencia, su amor, su sabiduría y su convicción. Al convertirse los miembros de la guardia de palacio, se difundía la salvación más allá de ellos hasta "los de la casa de César" (Fil. 4:22). Por muy difícil que pueda parecer a primera vista, nadie es demasiado difícil de evangelizar.