jueves, 20 de junio de 2024

Conocer el amor de Cristo me lleva a conocer mi identidad, que soy hijo amado

 


Conocer el amor de Cristo me lleva a conocer mi identidad, que soy hijo amado

“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.” Juan 14:6-7

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. 2 Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. 3 Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.” 1 Juan 3:1-3

Conocer el amor de Cristo es extraordinario porque este amor nos lleva a conocer el amor del Padre y al conocer el amor del Padre podemos entender que somos hijos amados, y el saber que somos amados como hijos, sana nuestra alma y nos da identidad.

Jesús declara en el evangelio de Juan 14:6-7 que solo por Él podemos llegar al Padre, es decir solamente podemos conocer al Padre y su gran amor al depositar nuestra fe en Jesucristo, pues Jesús es la imagen visible del Dios invisible, su propia sustancia, su esencia, Dios mismo, como lo dice Colosenses 1:15 “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.” Y como lo declara Juan 10:30 “Yo y el Padre uno somos.”

Juan pudo conocer el amor del Padre de una manera especial porque él pudo conocer y experimentar el amor de Cristo, por eso escribía de sí mismo que él era el discípulo al que Jesús amaba y es por eso que en 1 Juan 3:1 inspirado por el Espíritu Santo resalta el hecho de que el ser llamados hijos de Dios nos demuestra el gran amor del Padre y por lo tanto nos insta más adelante a purificarnos. Ser puro significa ser limpio, por eso purificarnos debe llevarnos a sacar de nuestras vidas aquellas cosas que pueden ensuciarla, como por ejemplo pensamientos y sentimientos contrarios a la verdad de que somos hijos de Dios, y que somos amados por Dios.

Hermanos, que el Espíritu Santo lleve la verdad de su Palabra a lo más profundo de nuestro ser, para comprender cuán grande ha sido el amor del Padre para llamarnos sus hijos y de esta manera teniendo clara nuestra identidad en el Señor, podamos experimentar la nueva vida que como a hijos se nos ha dado en Cristo Jesús, para vivir puros como Él es puro.  Oración.

«Padre amado, hoy vengo a tus brazos, a refugiarme en ti, gracias por hacerme tu hijo y amarme como tal, ayúdame por tu Espíritu Santo, a tener clara mi identidad en Cristo Jesús, para así disfrutar de la nueva vida que me has regalado. Amén.

miércoles, 19 de junio de 2024

Conocer el amor de Cristo me ayuda a conocer cómo amar al Padre

 


Conocer el amor de Cristo me ayuda a conocer cómo amar al Padre

Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.” Juan 15:10

“Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.” Efesios 6:1-3

Cuando conocemos el amor de Cristo nos sentimos amados, completos, y empezamos a experimentar el amor de Dios por medio del Espíritu Santo a través de la comunión, lo que nos lleva a conocer a Dios como Padre, pues en Cristo somos adoptados hijos de Dios como dice Juan 1:12 “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”.

A medida que estudiamos la vida de Jesús y gracias a su revelación, podemos conocer su relación con Dios, el modo cómo el Señor amaba a su Padre Celestial, para así aprender y hacer lo mismo. Juan 15:10 nos muestra la forma en la que Jesús permanecía en el amor del Padre, es decir la manera cómo lo amaba, y claramente nos dice que era guardando sus mandamientos, es decir, obedeciendo; pero esta obediencia venía como resultado de conocer a Dios. Jesús obedecía, no por imposición o por obligación, sino más bien en respuesta al amor de su Padre, igualmente, de manera natural, también nosotros debemos conocer a Dios y seguir el ejemplo de Jesucristo, demostrando nuestro amor por medio de la obediencia.

Así, de la misma forma como buscamos amar a nuestro Padre Celestial, debemos también buscar amar a nuestros papás, pues 1 Juan 4:20-21 declara “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.” Por tal motivo, y aprovechando que en algunos países este mes se celebra el día del Padre, demostremos al igual que Jesús, el amor a nuestros papás por medio de la obediencia, honrándolos como dice Efesios 6:1-3.   Oración.

«Espíritu de Dios llévame a oír como hijo, la enseñanza de mi Padre Dios, ayúdame a estar atento para adquirir sabiduría, porque sé que mi buen Padre me da buena enseñanza; por eso ayúdame a amar tu verdad y a retener en mi corazón tus razones para guardar tus mandamientos. Amén.

martes, 18 de junio de 2024

Juan el discípulo amado conoció el amor de Cristo

 Juan el discípulo amado conoció el amor de Cristo

“Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús. A este, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquel de quien hablaba. Él entonces, recostado cerca del pecho de Jesús, le dijo: Señor, ¿quién es?” Juan 13:23-25
“Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? Juan 21:20
“Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.” Juan 19:26-27
El apóstol Juan tuvo una relación muy cercana con Jesús, estaba dentro de su círculo más íntimo, tal llegó a ser su amistad con el Señor que tenía la confianza para recostarse cerca al pecho de su Maestro como lo describe Juan 13:23-25. Esta amistad que Juan cultivo al seguir al Señor, le permitió sentir y experimentar el amor de Cristo de una manera muy especial, pues él mismo es quien escribe el evangelio que lleva su nombre inspirado por el Espíritu Santo, y nos muestra ahí el impacto que el amor de Cristo tuvo en él, pues él sabía que Jesús lo amaba, y por eso al escribir de sí mismo hace referencia al discípulo a quien Jesús amaba, como lo podemos leer en Juan 21:20.
Juan caminó junto al Señor, experimentando su amor hasta el momento de su muerte, pues ahí mismo en la cruz Jesús le muestra, con el encargo de cuidar su madre, cuánta confianza le tenía, pero además le muestra cuánto lo amaba al decirle a su madre que ahí quedaba Juan como su hijo, es decir Jesús consideraba a Juan como un hermano y sabía por el sufrimiento que estaba pasando su discípulo al presenciar su crucifixión, y entendía que necesitaría del consuelo de una madre (Juan 19:26-27)
Que al igual que el apóstol Juan cultivemos una relación íntima y personal de amor con Jesús para que podamos tener la confianza de venir y descansar en su pecho aceptando por medio de la fe su ofrecimiento hecho en Mateo 11:28 que dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” Pero sobre todo que podamos al igual que Juan sentirnos su discípulo amado, pues Cristo murió en la cruz por amor a ti y por amor a mí, y resucitó para que pudiéramos experimentar su gran amor. Oración.
«Señor Jesús, hoy quiero en intimidad venir y descansar en tu presencia, quiero cultivar esa relación de amor contigo caminando diariamente a tu lado, gracias por amarme. Amén.

lunes, 17 de junio de 2024

David conoció el amor de Cristo, su perdón y restitución

 

David conoció el amor de Cristo, su perdón y restitución

“Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio


también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero.” Hechos 13:22

“Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás. Mas por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová, el hijo que te ha nacido ciertamente morirá.” 2 Samuel 12:13-14

“Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” Mateo 11:29

Las Escrituras dicen que David era un hombre conforme al corazón de Dios (Hechos 13:22); pero es necesario aclarar que David fue aprobado por Dios, no debido a sus obras sino por su fe; gracias al amor de Dios, amor que recibió precisamente por su fe y humildad, cualidades que podemos reconocer al leer 1 Samuel 17:34-37, donde nos damos cuenta que David desde su juventud creía en Dios al depositar su confianza en Él; además tenía humildad, pues su corazón no se enorgulleció por matar al oso o al león para proteger las ovejas de su padre, más bien con respeto declaraba que esto provenía de Dios.

El rey David al igual que muchos creyentes, cometió grandes errores en su vida, incluyendo pecados vergonzosos como el adulterio y el asesinato, razón por la que fue amonestado por Dios a través del profeta Natán, frente a lo cual David no esconde su pecado, ni tampoco se justifica, sino con humildad lo reconoce y se arrepiente, recibiendo así de Dios, el amor y el perdón (2 Samuel 12:13). A pesar del arrepentimiento de David, Dios no lo exime de las consecuencias del pecado, por eso el hijo que esperaba fallece (2 Samuel 12:14), pero más adelante vemos un acto de gracia y restitución por parte de Dios en la vida de David, pues Dios le da otro hijo. (2 Samuel 12:24-25).

El rey David pudo experimentar en su vida el amor de Cristo, él conoció este amor profundamente pues tenía a Cristo como Señor (Salmo 110:1). Al igual que David, reconozcamos a Jesús como nuestro Señor, depositando nuestra fe en Él y en humildad confesemos que hemos pecado, y esperemos de nuestro Dios su amor, restauración y restitución. Si nos cuesta hacerlo pidamos a Dios entender lo revelado por Jesús en Mateo 11:29 para que por su Santo Espíritu aprendamos humildad.   Oración.

«Espíritu Santo, te pido me ayudes a aprender de Jesús la mansedumbre y la humildad, pues quiero disfrutar de todo ese amor que me has dado y que trae perdón y restitución. Amén.

domingo, 16 de junio de 2024

La humildad es fundamental para experimentar la gracia de Dios

 


La humildad es fundamental para experimentar la gracia de Dios

“Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo” 1 Pedro 5:5-6

“Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.” 1 Pedro 5:10-11

Pedro tuvo que aprender una lección muy valiosa pero a un precio muy alto, por eso vemos que en 1 Pedro 5:5-6 inspirado por el Espíritu Santo escribe y recomienda a los jóvenes estar sujetos a los ancianos, pues él, por su ímpetu en su juventud, cometió muchos errores, entre ellos negar a su maestro al colocar su confianza en sí mismo, por eso aconseja, no solo a los jóvenes, sino a todos, a aprender a estar sumisos unos a otros, porque no hay nada más contradictorio que un cristiano orgulloso, por eso examinemos nuestras vidas y si encontramos que nos cuesta estar bajo autoridad, entremos con confianza al trono de gracia para hallar el oportuno socorro.

Pedro después de haber negado tres veces a su Señor, regresó a su antigua profesión, de donde había sido llamado, pensando que con su propio esfuerzo lograría tal vez disipar el dolor que sentía por haber traicionado a su Maestro, esto suele suceder muy de seguido cuando le fallamos al Señor, pero solo nos demuestra nuestra falta de humildad, pues en realidad la humildad nos lleva a reconocer nuestro pecado, arrepentirnos y aceptar la gracia de Dios, pero el orgullo en cambio nos lleva a alejarnos de Dios, sentirnos indignos y trae remordimiento a nuestras vidas.

En 1 Pedro 5:10-11 el apóstol nos muestra cómo la gracia de Dios es la que después de esos fracasos nos perfecciona, afirma, fortalece y establece para cumplir su llamado, así lo pudo experimentar Pedro cuando Jesús le dijo tres veces ¿me amas? y le encargó nuevamente cuidar sus ovejas. Hoy Dios nos exhorta a revestirnos de humildad, porque ésta es fundamental para recibir la gracia de Dios, pues alguien orgulloso es incapaz de extender las manos para recibirla, además nos dice al igual que le dijo a Simón hijo de Jonás, ¿me amas?, apacienta mis ovejas.  Oración.

«Señor Jesús, revísteme de humildad, que tu Santo Espíritu me ayude a ser como tú: manso y humilde de corazón, pues quiero cumplir con el llamado que me has hecho. Amén.

sábado, 15 de junio de 2024

Pablo conoció el amor y la gracia de Cristo

 


Pablo conoció el amor y la gracia de Cristo

“Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.” 1 Corintios 15:9-10

“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” 2 Corintios 12:9-10

El apóstol Pablo inspirado por el Espíritu Santo, continuamente en sus cartas, impulsaba a los creyentes a conocer en intimidad, por medio de la comunión con el Espíritu de Dios, el amor de Cristo, ese amor que excede a todo conocimiento, para que lograran conocer también en ese gran amor la gracia de Dios, y de esta manera pudieran vivir en esa gracia.

Pablo pudo experimentar el amor y la gracia de Dios de manera muy especial, pues él era un perseguidor de cristianos, así que cuando Cristo resucitado vino a buscarlo y se le apareció en el camino a Damasco, pudo comprobar en carne propia la esencia y el poder de la gracia de Dios, pues el Señor no lo buscó por lo que él era o por lo que él hubiera hecho, pues aquel Saulo de Tarso no merecía ser tenido en cuenta por Jesucristo para ser llamado discípulo suyo, pero en realidad ¿quién merecería tal honor?, la verdad ninguno, por eso es que podemos decir que el apóstol pudo vivir en carne propia la esencia de la gracia de Dios, pues la misma gracia de Dios: Jesucristo, fue quien se le presentó y cambió su propósito y su destino para siempre como él mismo lo declara en 1 Corintios 15:9-10.

En nuestra conversión inicia ese camino de gracia que debemos recorrer, por eso Pablo nos enseña en 2 Corintios 12:9-10 que es en ese transcurrir de la vida, donde podemos encontrar afrentas, necesidades, persecuciones, angustias y donde muchas veces notaremos nuestra debilidad, donde precisamente veremos manifestada la gracia de Dios, pues ahí aunque no lo merezcamos, Dios muestra su amor, su misericordia y su poder para ayudarnos, limpiarnos, restaurarnos, y para llenarnos con su Espíritu, para que así en humildad reconozcamos que lo que somos y hacemos es solamente por su gracia y por su amor.  Oración.

«Señor Jesús enséñame a vivir en tu amor y tu gracia, que cada día pueda venir a ti con el poder de tu Santo Espíritu servirte y a la vez afrontar los desafíos de la vida. Amén.

viernes, 14 de junio de 2024

Conocer el amor de Cristo nos hace conocer su gracia

 


Conocer el amor de Cristo nos hace conocer su gracia

“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, 7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. 8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe. 10 Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” Efesios 2:4-10

El gran amor de Cristo demostrado en la cruz nos deja ver la misericordia de Dios (Efesios 2:4-5), pues nosotros, la humanidad entera, éramos quienes debíamos morir, no Jesús, pues Él nada malo había hecho, porque en Él no hay pecado ni maldad, como dice 2 Corintios 5:21 “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”

Cuando Jesucristo entregó su vida como sacrificio a Dios para que nosotros no muriéramos, sino que al depositar nuestra fe en Él tuviéramos una nueva vida en Cristo, nos mostró la esencia de la gracia de Dios, la cual es un don, un regalo o un favor inmerecido, como lo dice la Palabra de Dios en Efesios 2:8

Así que la gracia de Dios no se basa en lo que nosotros los hombres podamos hacer para ganarnos su favor (Efesios 2:9), más bien tiene su esencia en el mismo carácter de Dios, pues se basa en su amor y en el hecho que Dios es dador, en consecuencia Él da a la humanidad ese regalo que no se merece, quién es Jesucristo mismo, para que todo aquel que lo reciba por medio de la fe, pueda gozar del don de Dios que es en Cristo Jesús: perdón de pecados, salvación y vida eterna.

Ahora bien esa gracia de Dios no es solamente para el instante de nuestra conversión, en realidad como dice Efesios 2:6-7 y Efesios 2:10 es para mostrar las abundantes riquezas de la gracia de Dios en nuestras vidas en todo momento, para realizar las buenas obras que Dios ha preparado de antemano para que andemos en ellas. Así que hermanos pidamos al Dios de toda gracia nos ayude a conocer más profundamente el amor de Cristo, y por ende su gracia, para vivir vidas que lo glorifiquen a Él.  Oración.

«Padre Dios, hoy vengo a ti, a pedirte con la ayuda de tu Santo Espíritu, me lleves a conocer más profundamente el amor de tu Hijo, para poder vivir a diario en tu gracia. Amén.