domingo, 11 de febrero de 2024

Solución a la tibieza espiritual

 

Solución a la tibieza espiritual


“Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”, Apocalipsis 3:18-20

La tibieza como vimos en el devocional anterior, tiene que ver con andar en un estado de carnalidad y de egoísmo, pero también de desánimo permanente y el Señor reprende a quien toma por hijo y no quiere dejarlo en esa condición de mediocridad espiritual que lo llevará al fracaso, a la pérdida de bendiciones y recompensas, a vivir una vida improductiva.

Por esto llama al arrepentimiento, detallando cada solución:

• “compres oro refinado en fuego”: El oro refinado es nuestra fe: “para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual, aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pedro 1:7). Esto se refiere a volver a la fe, a afianzarnos en la Palabra de Dios, estar firme en lo que Él dice, confiando plenamente en Cristo, pues Él es el iniciador y consumador de nuestra fe, así podemos recuperarnos de toda incredulidad producida por el relajamiento espiritual.

• “vestiduras blancas para vestirte”, las vestiduras blancas representan las acciones justas de los creyentes (Apocalipsis 19:8), entonces el Señor está exhortando a poner en práctica o acción nuestra fe, como dice Santiago 2:18-20: “Pero alguno dirá: tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?”, es decir la exhortación del Apóstol Santiago es a tener coherencia entre lo que creemos y lo que hacemos, la forma como vivimos revela lo que creemos y si la fe que decimos tener es una fe viva. Las obras no son la causa de la salvación; son la evidencia de la salvación. La fe en Cristo siempre produce buenas obras.

• Cuando nos habla de colocarnos las vestiduras blancas, también está relacionado con la manera en que nos vemos a nosotros mismos, y más profundamente cómo nos identificamos con lo que Dios dice de nosotros, entonces cuando nuestras vestiduras no son las que debemos tener, primero en oración debemos confesar nuestro pecado a Dios “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Podemos seguir el Salmo 51, pero también recordar lo que dice Dios de nosotros y apropiarnos de esta verdad: “más vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9).

Profundizaremos en el devocional de mañana en el significado de “unge tus ojos con colirio”.      Oración.

«Padre amado, por el poder de tu Espíritu y tu Palabra guíame a vivir firmemente arraigado y sobreedificado en Cristo Jesús, para que cimentado en su amor pueda vivir plenamente demostrando con mis acciones que soy el templo de tu Santo Espíritu, pues ya no quiero vivir como un mediocre espiritual, cuando en el mundo hay tanta necesidad de tu amor. En el nombre de Jesús, amén.

sábado, 10 de febrero de 2024

Tibios

 

Tibios


“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete” Apocalipsis 3:15-19.

Esta dura exhortación está dirigida a los cristianos, a los miembros de una iglesia que no se han arrepentido de muchas cosas y que viven una vida espiritual mediocre, relajada, sin fruto o con un fruto mediocre, pues pudiendo dar mucho más, no producen frutos en el conocimiento de Cristo y con consecuencia en su comportamiento, es decir, no demuestran su fe con obras de justicia, por eso le llama “miserable” que se aplica a una persona extremadamente tacaño o avaro. Alguien que teniendo mucho no es generoso, que está atravesando realmente la mayor tragedia espiritual de su vida, pues vive en desventura, en vez de vivir en el estado natural de todo cristiano: en la gracia de Dios.

También se le dice pobre, porque aquellas riquezas materiales que posee no lo son y disminuyen la verdadera riqueza del cristiano: su fe. Cuando dice “Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad”, también denota un orgullo, puesto en su propia fuerza y por tanto ya no depende de Dios que es lo más grave. Ciego, porque no puede mirar claramente su condición o porque su mirada está distraídamente fijada en las cosas del mundo, de la carne y no en las cosas de arriba donde está Cristo sentado a la diestra de Dios, y desnudo porque su condición real es de vergüenza, no anda con sus nuevas vestiduras, sino que está desprotegido.

Es un panorama crítico, pero incluso aquí, en este estado, el Señor da la solución. Antes de mirar qué solución da el Señor a esta condición en el devocional de mañana, miremos antes los síntomas que nos evidencian que estamos en un estado de tibieza espiritual y podamos tener el diagnóstico:

No ve necesario congregarse y deja de hacerlo. Pudiendo ir o asistir a su iglesia local, prefiere conectarse siempre por internet. No se vincula a un ministerio, donde el creyente puede permanentemente estar siendo edificado en la fe. No tiene amistad con otros hermanos, así que no conecta con otros creyentes porque los juzga en vez de buscar una edificación mutua.

No evidencia su fe con acciones justas, y por lo tanto no refleja el ejemplo que enseña en la Palabra de Dios : “Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12). Las vestiduras blancas representan las acciones justas de los Santos: “Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos” (Apocalipsis 19:8).

Sufre de autosuficiencia, por no tomar la guía del Espíritu, pues sólo por el Espíritu podemos ver nuestro estado verdadero.

El señor nos llama a arrepentirnos, a salir de este estado de tibieza y empecemos a usar la verdadera riqueza espiritual que ya tenemos en Cristo Jesús, veremos entonces en el próximo devocional cuál es la solución que nuestro Señor Jesús nos da.    Oración.

«Señor, quiero conectarme contigo y con la iglesia, pues es el medio de bendición y edificación mutua que tú has provisto para enseñarme y formar en mí tu carácter, que el Santo Espíritu de Dios me guíe a vivir haciendo la voluntad del Padre, tal como tú lo hiciste cuando viniste en carne a morir por mis pecados y a resucitar para darme vida eterna, amén.

viernes, 9 de febrero de 2024

Resurrección, el hecho crucial. Parte 2

 

Resurrección, el hecho crucial. Parte 2


“Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.” 1 Corintios 15:14

El cuerpo resucitado de Jesús tenía características nuevas:

Podía aparecer y desaparecer a voluntad (Lucas 24:31, 36, 37, 51; Juan 20:19,26).

Ascendió al cielo en su cuerpo físico (Hechos 1:6-11).

Podía comer: el siguiente pasaje lo deja muy claro: “Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos.” (Lucas 24:36-43), no es menor este hecho, significa que es un cuerpo, pero un cuerpo glorioso que disfruta de la comida, sin realmente requerirla para sustento físico.

Conclusión

Todas estas evidencias y aclaraciones deben llevar nuestra fe a otro nivel, pues nuestra fe no es fe ciega, es fe consciente, fundamentada en la Palabra de Dios; es decir descansamos y confiamos plenamente en Cristo no como un simple ejercicio intelectual, sino como algo que es revelado por Dios, por su Santo Espíritu, pero nuestro intelecto nos permite argumentar a otros que no dejamos a un lado la razón, que nuestra fe es una fe razonable y que creemos en algo real, no en un mito o historia ficticia.

La resurrección es un hecho crucial, como dice el pasaje de hoy “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe.” (1 Corintios 15:14), predicamos a un Dios vivo, a un Cristo vivo en nosotros, en cada creyente, no como un simple anhelo sino como una verdad que nos motiva a crucificar la carne y a permitir que él actúe a través de nosotros para glorificar al Padre, “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” (Juan 14:13).

Entonces ya que la resurrección es la esperanza viva que tenemos en el presente, porque seremos resucitados tal como Cristo lo fue, estamos llamados a trabajar arduamente para que otros sean resucitados: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.” (1 Corintios 15:58)   Oración.

«Padre amado, gracias por darnos vida nueva en Cristo Jesús, porque mi fe no es vana, sino real y trascendental para mi vida, pues tengo una esperanza cierta de vida eterna cuando seré resucitado tal como Cristo, mientras tanto quiero trabajar arduamente llevando el mensaje de salvación a muchos que no lo conocen. Amén.

jueves, 8 de febrero de 2024

Resurrección, el hecho crucial. Parte 1

 


Resurrección, el hecho crucial. Parte 1

“Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque, así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida”, 1 Corintios 15:20-23

El concepto de resurrección (del griego anastasis) en el mundo antiguo no era común ni aceptado, es decir, aceptaban mitos e historia de vida después de la muerte, y que una vez la persona emprendía el camino a la muerte no regresaba, pero no se aceptaba ni como mito la resurrección física, esto significa que cuando los apóstoles y primeros cristianos predicaban acerca de la resurrección de Cristo, o que Jesús se había levantado de los muertos, el significado de esta declaración era que a Jesús le había sucedido algo que no le había pasado a nadie más.

Pero diremos entonces que tanto en el antiguo testamento como en el nuevo se relata acerca de personas que se levantaron de los muertos:

1- En al antiguo testamento hay tres personas:

Elías levantó al hijo de la viuda de Sarepta: (1 Reyes 17:17-24)

Eliseo levantó al hijo de la mujer sunamita (2 Reyes 4:35)

Un hombre muerto vuelve a la vida cuando su cuerpo toca los huesos de Eliseo (2 Reyes 13:21)

2- En el nuevo testamento encontramos:

Jesús levanta al hijo de la viuda de Naín y a muchos otros, entre estos a su amigo Lázaro (Lucas. 7:13-15, Mateo 9:25, Marcos 5:42, Lucas 8:55)

Pedro levanta a Tabita (Hechos 9:36-42)

Pablo levanta a Eutico (Hechos 20:9-12)

También se levantó un grupo de personas luego de la muerte y resurrección de Jesús (Mateo 27:52, 53).

Sin embargo, la resurrección de Jesús fue un hecho particular, único y lo que distingue de otros sucesos, es la verdad que nos explica el versículo de hoy en 1 Corintios 15:20-23:

Los que antes se levantaron, volvieron a dormir para esperar la resurrección definitiva, Jesús es el primero que resucitó para no volver a morir jamás, y los que creemos en él seremos resucitados para no volver a morir jamás como él mismo lo prometió: “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25-26).

Y tú ¿Crees que Jesús murió y resucitó?   Oración.

«Padre, gracias por que he recibido la noticia de que Jesús, tu Hijo Unigénito murió y resucitó, ¡la tumba está vacía! y esta es verdadera esperanza, creo verdaderamente que, así como Él murió y resucitó, yo también he muerto al pecado y he resucitado para vida nueva. En el nombre de nuestro Salvador Jesucristo. Amén.

miércoles, 7 de febrero de 2024

La gracia de Dios es suficiente

 

La gracia de Dios es suficiente


“Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto” 1 Timoteo 6:6-8

“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” 1 Juan 2:16-17

Muchos sienten que para estar felices, completos o satisfechos en la vida les faltaría alcanzar algo más, tal vez una tele nueva, un carro, una casa más grande, viajar, conocer el mundo, hablar muchos idiomas, leer muchos libros, cambiar de profesión, conseguir un nuevo trabajo, lograr esa especialización, o tener una empresa propia. De otra forma hay quienes no estén satisfechos con ellos mismos y querrán tener un mejor cuerpo, una mejor sonrisa, una nariz respingada, unos músculos marcados o unos ojos claros. Otros menos afortunados pensarán que para ser felices solo les faltaría tener para cenar esta noche, salir del hospital, de la prisión, recuperar sus hijos, su matrimonio, etc. Parece ser que en estos tiempos nada nos satisface, siempre queremos más.

Como cristianos a veces ignoramos que la única cosa verdaderamente importante y trascendente en la vida de los seres humanos ya la tenemos y se llama en términos teológicos “la gracia de Dios”, la gracia es la forma mediante la cual Dios nos redime y renueva, salvando a los pecadores y restaurando la creación a través de la obra de Cristo y por el poder del Espíritu. La gracia de Dios nos salva del pecado y la muerte eterna y nos pone en una correcta relación con Dios. Es gratuita e inmerecida y nos asegura todas las bendiciones espirituales en Cristo Jesús.

No menospreciemos el regalo de la gracia de Dios, seamos agradecidos sabiendo que su gracia es más que suficiente para vivir en esta tierra. La mejor manera de ser agradecidos es vivir en la voluntad de nuestro Dios aceptando primeramente el regalo de su amor mediante la fe en Jesucristo y permaneciendo en su palabra, porque todo pasará, pero su voluntad y su gracia permanecerán para siempre.   Oración.

«Padre de la gloria permíteme vivir en tu voluntad, disfrutando cada minuto de tu gracia. Quiero vivir en el contentamiento de saber que contigo no me hace falta nada. Amén.

martes, 6 de febrero de 2024

Más que bendecidos. Parte 3

 

Más que bendecidos. Parte 3


“En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria”, Efesios 1:13-14

n esta porción del texto que encontramos en el libro de los Efesios, el apóstol Pablo después de enseñar de forma magistral sobre la obra de Dios Padre y la obra de Dios Hijo, nos habla acerca de la obra de Dios Espíritu Santo.

Como habíamos visto en devocionales previos, Dios Padre diseñó el plan de nuestra salvación, escogiéndonos como sus hijos y dándonos un futuro lleno de esperanza; Dios Hijo realizó este plan de salvación muriendo en una cruz por nosotros y como veremos hoy es Dios Espíritu Santo quien sella esta promesa diseñada por el Padre y realizada por el Hijo, la lleva a cabo en nuestra vida y Él mismo es la garantía de nuestra herencia aquí en la tierra y luego en la eternidad.

El Espíritu Santo siempre ha estado presente, la Biblia nos habla claramente de Dios como tres personas distintas pero un solo Dios verdadero: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. En el antiguo testamento el Espíritu Santo era quien facultaba a los profetas con entendimiento para guiar al pueblo escogido, sin embargo, aún no estaba derramado. El libro de Joel advertía que era una promesa que debería cumplirse en el tiempo señalado: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne” (Joel 2: 28a), promesa que solo se hizo posible después de la muerte, resurrección y ascensión de Dios Hijo y que se relata en Hechos 2: 4a “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo” Promesa de la cual todos los creyentes en Cristo somos hechos partícipes. El Espíritu Santo nos sella como señal de autenticidad (para que nosotros y todos los demás sepan que somos hijos de Dios), de pertenencia a Dios y protección contra el enemigo.

El sello del Espíritu Santo solo es posible por medio de la fe en Jesucristo “habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de nuestra salvación y habiendo creído en él” y significa que vive en nosotros (dentro de nuestro corazón), siendo al mismo tiempo la garantía que todas las promesas de Dios nos serán entregadas y todo esto para “alabanza de la gloria de su gracia” (Efesios 1: 6a). El Espíritu Santo es quien hace posible en nosotros que vivamos una vida en santidad y que podamos heredar todas las bendiciones de Dios.   Oración.

«Gracias Espíritu Santo por vivir en mí, tú eres mi garantía de que le pertenezco a Dios y de que recibiré todas sus promesas. Amén.

lunes, 5 de febrero de 2024

 Más que bendecidos. Parte 2

“Para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia”, Efesios 1:6-7
En los primeros 6 versículos del libro de los efesios Pablo nos instruye acerca de la bendición de Dios sobre los creyentes recordándonos que fuimos bendecidos con “toda bendición espiritual” y nos habla acerca de la obra de Dios Padre que consistió en escogernos y predestinarnos (darnos un destino) como sus hijos. En los versículos siguientes nos explica, que si bien el Padre diseñó este perfecto plan de salvación, fue Dios Hijo quien lo realizó muriendo en una cruz por todos nosotros. El texto dice así:
“En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.” Efesios 1:7-12.
Así que resumiendo las bendiciones que tenemos en Cristo podemos decir que somos: Aceptados, redimidos (Jesús pagó nuestro rescate con su vida), llenos de sabiduría e inteligencia espiritual (para andar sin tropezarnos), conocedores de la voluntad de Dios (de su plan de salvación y de sus bendiciones), uno en Cristo (lo que es verdad para Él, es verdad para nosotros), herederos (de su reino) y que tenemos un propósito: “alabar la gloria de su gracia”
Todas las bendiciones de nuestro Padre Celestial a nuestra disposición, todo a través de la obra de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, sin nosotros merecer ninguna cosa, solo porque Dios lo ha querido, porque desde antes de nacer nos amó y nos quiso salvar por la fe en su Hijo Jesús. Oración.
«Gracias señor Jesucristo por el regalo de salvación, gracias por morir en una cruz por mi y darme libertad del pecado y de la muerte. Gracias por abrir la puerta de las bendiciones que Dios Padre me ha dado. Amén.