jueves, 18 de enero de 2024

¿Qué se necesita para seguir a Cristo?

 

¿Qué se necesita para seguir a Cristo?


“Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente. El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero. Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo.” 2 Timoteo 2:3-7

Pablo escribe su segunda carta a su joven discípulo Timoteo y por medio de 3 parábolas describe lo que se necesita para seguir a Cristo:

1. Ser un buen soldado requiere disciplina: entrenar y prepararse para el arte de la guerra y llevar una armadura que lo ayude a sobrellevar los duros ataques del enemigo (efesios 6:10-18); requiere servicio: ser capaz de dar su vida por defender una causa común, y requiere obediencia: cumplir sin titubear el plan trazado por su comandante. Finalmente, un buen soldado no se desconcentra de su misión (no se enreda en los negocios de la vida), sino que marcha con entusiasmo y valor a la victoria.

2. Ser un atleta: quién más que un atleta para saber de perseverancia y resistencia, aun en lo más duro de la carrera y con el cansancio de sus músculos prefiere llegar a la meta antes que sucumbir a la necesidad de un pasajero descanso.

3. Ser un labrador: un labrador ama el fruto de su trabajo y por eso cuida con esmero y dedicación de cada uno de sus sembrados, los abona, los mantiene hidratados y los poda cuando es necesario.

Así mismo en la vida cristiana, nuestro caminar con Cristo implica mucha valentía, perseverancia, disciplinas espirituales (oración, lectura de la palabra, ayuno) no solamente para mantener nuestra relación personal con Dios, sino para mantener nuestras relaciones con el prójimo. Nuestro ministerio con el que servimos a Dios dependerá de nuestra fortaleza espiritual y nuestra determinación para obedecer la palabra de Dios.   Oración.

«Padre de la gloria ayúdame a ser un buen soldado de tu ejército, a mantenerme firme y sin titubear en la misión que tú me enseñarás. Quiero luchar como un atleta en esta carrera de la vida y como un buen sembrador ver un fruto abundante para gloria de tu nombre. Amén.

miércoles, 17 de enero de 2024

Dios me ciñe de poder

 

Dios me ciñe de poder


“Porque ¿quién es Dios sino sólo Jehová? ¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios?  Dios es el que me ciñe de poder, Y quien hace perfecto mi camino”, Salmo 18:31-32

Este salmo lo escribe David el día que Dios lo libró de todos sus enemigos y de la mano de Saúl. Lo tituló “Acción de gracias por la victoria”. A diferencia del devocional de ayer donde hablamos del difícil momento por el que pasaba David y que pese a la incertidumbre del futuro y los males del presente, decidió confiar plenamente en la buena voluntad de Dios para su vida, en este salmo David ya ha pasado la prueba y está disfrutando un momento de gloria. Dios, en quien había puesto su confianza lo había escuchado: “En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos” (Salmo 18:6).

En este momento David podía ver en retrospectiva, la oscuridad había pasado y todo parecía ser más claro. “Porque ¿quién es Dios sino sólo Jehová? ¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios?  Dios es el que me ciñe de poder, Y quien hace perfecto mi camino;  quien hace mis pies como de ciervas, Y me hace estar firme sobre mis alturas;  quien adiestra mis manos para la batalla, Para entesar con mis brazos el arco de bronce.” (Salmo 18: 31-34). David por fin podía ver el propósito de su difícil prueba; seguramente no fue fácil dar sus primeros pasos de fe en este pedregoso camino, pero ahora David sabe que el Todopoderoso hizo perfecto su camino. La prueba lo hizo más fuerte a nivel mental y físico pero sobre todo espiritual. No solo buscó a Dios en el día malo sino que aún en su gloriosa victoria seguía rendido ante la majestad del único y sabio Dios que sabe mejor lo que le conviene a cada uno de sus hijos. Como David, necesitamos ser fortalecidos no sólo para atravesar los malos momentos, sino para permanecer firmes en los buenos. Sea cual sea nuestra situación no dejemos de alabar y glorificar al Dios maravilloso que nos dio vida cuando estábamos muertos. Gloria a Dios por Jesucristo nuestra esperanza viva y nuestro único camino al Padre.

¡Por tanto yo te confesaré entre las naciones, oh Jehová, Y cantaré a tu nombre. Grandes triunfos da a su rey, y hace misericordia a su ungido, A David y a su descendencia, ¡para siempre! (Salmo 18:49-50).   Oración.

«Padre de la gloria te alabo porque tú eres bueno siempre, te alabaré y anunciaré tu nombre porque tú adiestras mis manos para la batalla y mis brazos para la guerra. Tú eres mi victoria. Amén.

martes, 16 de enero de 2024

En tu mano están mis tiempos

 


En tu mano están mis tiempos

“Mas yo en ti confío, oh Jehová; Digo: Tú eres mi Dios.  En tu mano están mis tiempos.”, Salmo 31:14-15a

Cuando David escribió este salmo se encontraba en un desafortunado momento, estaba huyendo del Rey Saúl quien pretendía matarlo. En los versículos iniciales de este cántico David exclama: “Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia; Se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo.  Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar; se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido” (Salmo 31:9-10).

Hemos de pensar que su situación era de verdad grave puesto que David no era inclinado al desánimo ni a la depresión. Sin embargo, lo vemos pesimista debido a sus enemigos y a lo “incierto” de su futuro. En un momento las circunstancias parecían ganarle la batalla, sin embargo y como en muchas otras oportunidades, David empieza a pelear con las armas espirituales de la justicia y de la verdad y así como batalló contra aquel gigante Goliat al que le declaró: “Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.” (1 Samuel 17: 45), se levanta en victoria y exclama “Mas yo en ti confío, oh Jehová; Digo: Tú eres mi Dios.  En tu mano están mis tiempos; líbrame de la mano de mis enemigos y de mis perseguidores”. Sucede entonces que el Todopoderoso, el Dios de los escuadrones de Israel, una vez más, hace suya la batalla y lo rescata de la angustia y de la incertidumbre. Tiempo después David llegó a reinar en lugar de Saúl, fue un rey sabio y próspero y Dios le dio paz de todos sus enemigos. Su futuro hasta la actualidad fue glorioso porque Dios levantó de entre sus descendientes al mesías: nuestro Señor Jesucristo.

Así que aunque estemos atravesando valles de sombra de muerte, no temamos mal alguno, nuestra vida y nuestros tiempos están en la mano de aquel Dios que cumple sus promesas. “Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, y tome aliento vuestro corazón.” (Salmo 31:24). Como David ganemos las batallas de rodillas ante Dios.   Oración.

«Padre de la gloria solo en ti toma fuerza mi corazón, solo de ti viene mi esperanza, tú suplirás todas mis necesidades. Tú eres mi Dios, en tu mano están mis tiempos. Amén

lunes, 15 de enero de 2024

Esta boca es mía

 

Esta boca es mía


 “La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.”, Proverbios 18: 21

¿Sabías que probablemente gran parte de tus problemas están justo debajo de tu nariz? así es, muchos de ellos dependen de lo que sale de tu boca: si amas hablar muerte, tus frutos serán de muerte, si amas hablar vida recibirás una fructífera cosecha de vida, finalmente la decisión está en tus manos, o mejor dicho, en tu boca.

La palabra de Dios dice “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.” (Lucas 6: 45). Si en el corazón de alguien hay odio, rencor, frustración y desesperanza lo que saldrá de sus labios serán críticas, quejas y negativismo. El hablar mal de los demás, el quejarse de las circunstancias y el magnificar las cosas malas en lugar de dar gracias a Dios por las buenas, arruina el plan maravilloso que Dios se propuso con nosotros desde antes que naciéramos. Cuando hablamos mal, en realidad no lo hacemos de los otros o de las circunstancias sino de Dios que ha prometido estar a nuestro lado todos los días hasta el fin del mundo, aquel Dios de los ejércitos que toma para él mismo las ofensas que nos hacen y trastorna los pensamientos de quienes nos quieren dañar. Todo lo malo que sale de nuestros labios indica falta de fe y recordemos que “sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (hebreos 11:6).

La Biblia dice “pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal.” (Santiago 3:8); pero el Espíritu Santo de Dios que está en nosotros sí puede, él es consolador, su trabajo es animarnos, exhortarnos y edificarnos, y esto mismo desea que hagamos con nuestros hermanos, que nos quedemos con lo bueno de la vida y dejemos en manos de Dios lo malo, al fin y al cabo el hablar mal no cambiará en nada ni las circunstancias ni a las personas, pero si puede empeorarlas. Reconoce tus errores y somete tu lengua al control del Espíritu de Dios que está en tu corazón. Si amas la vida, hablarás vida; si hablas vida, comerás de sus frutos.  Oración.

«Padre Santo he pecado muchas veces debido a mis palabras y mi hablar mal, perdóname y ayúdame a confiar en ti y tus propósitos eternos para mí. Ayúdame a amar la vida, a hablar vida y ver el fruto de mis labios prosperado en tus manos. Amén.

domingo, 14 de enero de 2024

Vida nueva

 


Vida nueva

“pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos.”, Gálatas 3: 26-27

Eres hijo de Dios no porque obres de una manera u otra, eres hijo de Dios solo por creer que Jesucristo a través de su muerte en la cruz justificó tu vida delante de Dios, se puso en tu lugar y pagó tu condena; él mismo fue el sacrificio que Dios demandaba para que tus pecados fueran perdonados.

Puedes hacer muchas cosas para sentirte bien con Dios (ir a la iglesia, dar a los pobres, decir oraciones) pero Dios solo verá una: A Cristo en tu corazón. Ahora bien, el hecho no es aceptar a Cristo y seguir pecando, porque aparte de morir en una cruz, Jesucristo resucitó para que tú también vivas en vida nueva. Ser bautizado en Cristo no significa más que estar sumergido profundamente en él, ahora la justicia, la santidad y la verdad de Cristo te revisten y te libran de tu pasada manera de vivir que no le agradaba a Dios, ahora mismo Dios se agrada de ti, se complace en ti. Por lo tanto, así como Dios pudo perdonar tus pecados, también pudo (y lo hizo) darte una vida libre del poder del pecado, una vida nueva.

Siendo un hijo(a) de Dios el Espíritu Santo guía tu vida, te da la gracia (algo que no te mereces) para amar la santidad y odiar el pecado; seguramente seguirás pecando, la diferencia es que ahora no te agradará seguir haciéndolo, el Espíritu de Dios te convencerá de hacer lo bueno y quitará progresivamente lo malo, en cuanto tu colabores en obedecerle. Tu nueva vida será un camino compartido: Dios te mostrará el paso que debes dar y te dará la fuerza y el valor para hacerlo y tú tendrás que decidir darlo o no. Es hora de que empieces a creer que eres una nueva criatura, olvídate de tu vieja vida y considérate muerto al pecado, pero vivo para Dios por medio de su Hijo que vive en ti.  Oración.

«Padre de la Gloria gracias por este gran milagro de darme salvación y una vida nueva en Cristo Jesús. Por hacerme tu hijo sin merecerlo y darme una herencia libre del pecado y de la muerte. Hoy me levanto en tu nombre y vivo la vida nueva que me regalaste. Amén.

sábado, 13 de enero de 2024

Dueños de lo que pensamos

 


Dueños de lo que pensamos

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.” Filipenses 4:8-9

Somos fruto de lo que dejamos entrar en nuestra mente, todo lo que empieza por un pensamiento, se transforma en palabras y termina en acciones. Dado que nuestra mente es tan importante a la hora de definirnos se vuelve un campo de batalla donde el bien y el mal luchan por ganarla y el que la gane controlará no solo lo que hacemos, sino lo que somos.

En los últimos tiempos está muy de moda el concepto de inteligencia emocional y en verdad que a los que la desarrollan se les facilita dominar el mundo a su alrededor; pero Pablo en este versículo va más allá de este mero concepto, su objetivo es conseguir un cambio real y genuino en nuestro interior. Para lograr esta transformación y vivir una vida llena de paz y esperanza necesitamos 8 cosas que conscientemente debemos aprender a pensar: lo verdadero, lo honesto, lo justo, lo puro, lo amable, lo de buen nombre, lo virtuoso y lo digno de alabanza. Solo diremos que la primera es la puerta de entrada a la transformación de nuestro ser interior. Pensar en lo verdadero (lo real, lo que no es producto de la fantasía, ni suena a ficción e hipocresía) solo se logra a través del conocimiento de la palabra de Dios, de su lectura consciente y de la meditación constante en la única verdad que como hijos de Dios debe guiar nuestra vida, recordemos lo que dijo Jesús: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Juan 8:31-32). Cuando el Espíritu de Cristo viene a morar en nosotros por la fe, nacemos de nuevo, pero para crecer es necesario alimentar nuestra alma y nuestro espíritu con el pan de vida que es la palabra de Dios, las sagradas escrituras.

Pablo finaliza diciendo que después de llenar nuestra mente de todas estas cosas maravillosas tenemos que ponerlas por obra: “Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced”. Pablo nos enseñó el evangelio de Jesucristo, las obras de este evangelio vienen como un fruto natural de limpiar nuestro pensamiento lo que redundará en una vida llena de reconfortante paz.   Oración.

«Padre Santo hoy más que nunca soy consciente que mis pensamientos no son los adecuados por eso muchas veces el temor se apodera de mi vida, ayúdame a llenar mi mente de tu palabra que es la verdad y así poder disfrutar tu completa paz. Amén.

viernes, 12 de enero de 2024

Aunque la higuera no florezca

 


Aunque la higuera no florezca

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales;  con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación.  Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar.”, Habacuc 3:17-19

Este versículo inicia describiéndonos una situación de devastación total donde las principales fuentes de trabajo y sustento de Israel como son la higuera, la vid, el olivo, las tierras y los diferentes tipos de ganado han quedado reducidas a nada, en contraste de este panorama de destrucción vemos también la asombrosa reacción del profeta Habacuc: “Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación”. Aun cuando todo esté perdido él exclama “Jehová el Señor es mi fortaleza”.

star en situaciones como estas no es algo que deseemos, sin embargo, inevitablemente el día malo (la adversidad) puede tocar a nuestra puerta en cualquier momento. Para los cristianos es un hecho real que tendremos que enfrentarnos a diversas circunstancias que pondrán a prueba nuestra fe, el consejo bíblico nos dice: “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes” Efesios 6:13

Cuando aspiramos a escalar una gran montaña, nuestro entrenamiento físico y mental debe corresponder con la dificultad a la que nos enfrentemos. Necesitamos desarrollar fuerza, potencia y resistencia o de lo contrario desfalleceremos antes de ver la cima. Los planes de Dios para nuestra vida son más altos que las montañas que podamos imaginar y prepararnos para alcanzarlos implica determinación y esfuerzo, esta preparación es en realidad un proceso amoroso por medio del cual nuestro Padre Celestial “hace nuestros pies como de ciervas, y en nuestras alturas nos hace andar.”

Como Habacuc vistámonos de la armadura de Dios (Efesios 6: 14-18), entonces como las cabras montesas estaremos preparados para enfrentar y superar cualquier montaña sin importar cuán grande o peñascosa ésta sea.  Oración.

«Señor mi Dios ayúdame a estar firme en el día malo, no permitas que las dificultades empañen mi fe, concédeme la gracia de alegrarme y gozarme en ti mi Dios, mi único salvador. Que mis pies sean tan fuertes y resistentes que no pueda rendirme ni tropezar. Amén.