domingo, 19 de junio de 2022

¿Por qué busco a Jesús?


¿Por qué busco a Jesús?


“Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.” Juan 6:26

Hoy el Señor nos está llamando a reflexionar acerca de cuál es el motivo principal por el cual le buscamos. Si observamos las Escrituras nos daremos cuenta que las multitudes le seguían a donde se dirigiera porque esperaban recibir del Señor una sanidad, un milagro, una liberación y demás; pero también podemos ver con este ejemplo que estas intenciones que estaban presentes en la multitud, en el tiempo de Jesús, siguen estando en nuestra actualidad, pues al día de hoy seguimos viendo cómo millones de personas se acercan al Señor porque necesitan una provisión, un trabajo, una reconciliación, etc.

Es claro que el realizar peticiones a Dios por alguna necesidad especial no está mal, pues su palabra nos exhorta a que podemos acercarnos a Dios para pedir por nuestras necesidades, las de nuestros familiares y el mundo en general y claramente el Señor nos escuchará y nos proveerá (Mateo 7:7-11). Sin embargo, lo que sí está mal es que ese sea el objetivo principal por el cual nos acercamos a Él. Reflexionemos, ¿nos gustaría que nuestro esposo (a), hijos, familiares, amigos u otra persona se acercaran y nos buscaran solamente porque necesitan obtener algo a cambio? Seguramente tu respuesta y la mía sería no, pues anhelaríamos que esas personas se interesaran en buscarnos, más que por necesidad, porque quieren pasar tiempo de calidad con nosotros, porque quieren conocernos. De igual forma sucede con el Señor, pues no quiere que le busquemos porque necesitamos obtener algo de él, sino más bien porque en nuestro corazón está el anhelo de conocerle, de tener una relación de amistad con Él.

En este día meditemos ¿por qué buscamos a Jesús? Si al analizar nuestra respuesta encontramos que las intenciones de nuestro corazón y pensamiento son incorrectas, pidámosle al Señor que cambie esa manera errónea, tanto de sentir como de pensar, pues lo que primero debemos anhelar buscar es su reino y su justicia para que todas las demás cosas de las cuales tenemos necesidad vengan, pero por añadidura (Mateo 6:33).   Oración.

«Señor, hoy me acerco a ti porque quiero que me reveles cuáles son las verdaderas intenciones de mi pensamiento y corazón al momento de acercarme a ti en oración. No quiero ser como aquellas multitudes que solo te buscaban porque tenían necesidad de ser saciados en lo material. Perdóname Dios si mi deseo no ha sido el correcto pues lo que más anhelo es que todo momento tenga hambre y sed, pero de ti. En el nombre de Jesús, amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 18 de junio de 2022

Excelencias de la sabiduría - Parte 2

 


Excelencias de la sabiduría - Parte 2

“Entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios” Proverbios 2:5.

“Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único” Génesis 22:11-12.

Entender el temor de Jehová y hallar el conocimiento de Dios son consideradas como las excelencias de la sabiduría, pero ¿qué significa esto? Muchos han definido erróneamente el temor de Jehová como el miedo o pavor que se le debe tener al Señor; sin embargo, cuando observamos las escrituras, vemos cómo Dios nos revela que “no hay por qué tener miedo a quien tan perfectamente nos ama, pues cuando conocemos su perfecto amor, es su amor el que elimina cualquier temor” y es que, cuando decimos que le tenemos miedo a Dios solo estamos demostrando que no estamos absolutamente convencidos del amor que Él nos dio (1 Juan 4:18).

Entonces, ¿cómo podemos definir el temor de Jehová? Pues el verdadero temor es aquél que nos conduce a respetar la autoridad del Señor, pero no por miedo, sino por amor; como en el caso de Abraham, pues vemos con su ejemplo que decidió obedecer e ir al lugar que Dios le mandó para hacer el sacrificio de su hijo, no por miedo a Dios, sino por amor; y es que, por amor decidió demostrar, con su obediencia, cómo respetaba en todo momento la voluntad de Dios. Y podríamos preguntarnos ¿en todo momento respeto al Señor? y ¿puedo decir que soy como Abraham quien por amor obedeció a Dios?

Abraham pudo entender cuán importante era para Dios que se respetara su palabra, pero también pudo ver cómo el Señor se le reveló como Dios fiel y proveedor (Génesis 22:13,17-18); de la misma manera, el Señor anhela que le respetemos; ¡recuerda! no por miedo o pavor, sino por amor.   Oración.

«Padre, mi oración en este día es para que me lleves a entender tu temor y me permitas hallar tu conocimiento. Tu palabra dice que puedo clamar a ti y tú mismo, por medio de tu Espíritu Santo que vive y mora en mí, me darás a conocer esas cosas grandes y ocultas que yo no conozco; hoy yo creo que se cumple esa verdad en mí, pues te lo he pedido en el nombre de tu precioso Hijo Jesús, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 17 de junio de 2022

Excelencias de la sabiduría - Parte 1

 

Excelencias de la sabiduría - Parte 1


“Hijo mío, si recibieres mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia, si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros” Proverbios 2:1-4.

El Señor a través de las Escrituras nos revela dos claves importantes, recibir y guardar su palabra para llegar a experimentar las excelencias de la sabiduría. Dos claves que sin duda alguna, personajes como Abraham supieron implementar. ¿Recuerdas el momento en el que Dios le pide que sacrifique a su único hijo Isaac a quien él amaba? Si observamos su respuesta veremos cómo Abraham no solo recibió, aceptó, acogió la orden dada por Dios; sino también cómo guardó de manera intacta, sin alteración, el mandato del Señor; pues sin dudarlo obedeció, sin importar sus propios razonamientos, ni sus sentimientos, pues sujetó su voluntad humana a la voluntad de Dios (Génesis 22:3).

Todos nos asombramos ante la respuesta de este gran hombre, pero nos hemos preguntado ¿por qué Abraham recibió, guardó y obedeció lo dicho por Dios sin dudar, sin refutar, sin titubear? Y la respuesta es porque Abraham creía en Dios porque le conocía; y podía decir que le conocía porque tenía una relación de amistad con el Señor y sabía que si Dios le estaba haciendo esta petición de entregar en sacrificio a Isaac, tendría un propósito; pues él estaba seguro que Dios le amaba y porque le amaba sabía que Él no lo conduciría a planes de calamidad, sino de bienestar. Pero también Abraham conocía que Dios es un Dios proveedor, capaz de dar un cordero para el sacrificio (Génesis 22:8), y aun cuando eso no sucediera y el sacrificio se llevara a cabo, sabía que Dios era Poderoso para hacer resucitar a Isaac aun de entre los muertos (Hebreos 11:19)

Con este ejemplo podemos ver el problema que muchos de nosotros enfrentamos en la actualidad y es que nos cuesta recibir (aceptar) y guardar (sin modificar) lo que Dios nos dice en su palabra porque no le conocemos. Así que hoy el Señor nos está llamando a que dediquemos tiempo en conocerle a través del estudio de su palabra, en la congregación, en nuestros tiempos de devocional, porque si conociéramos quien es Dios y quien es el que nos está diciendo “recibe y guarda mi palabra”, entonces sin titubear lo haríamos y Él sin duda alguna nos conduciría a experimentar, como Abraham, las excelencias de la sabiduría, a entender el temor de Jehová (respetar su autoridad) y hallar el conocimiento de Dios; excelencias que veremos en el siguiente devocional. Oración.

«¡Señor! Sé que tú me hablas a través de tu palabra, pero hoy medito en: ¿la he recibido y guardado correctamente? Examina mi corazón Dios y permíteme conocer si lo estoy haciendo fielmente. En el nombre de Jesús, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 16 de junio de 2022

¿Somos grato olor de Cristo?

 


¿Somos grato olor de Cristo?

«Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente? Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo.», 2 Corintios 2: 14-17

Todos los cristianos deberíamos ser reconocidos por usar la fragancia de Cristo, ese perfume no se puede comprar en una vitrina de cosméticos, ni siquiera se puede embotellar y vender en las iglesias, esta fragancia surge solamente de nuestra comunión íntima, personal y continua con Cristo y debe desprender una influencia sobre los demás. De tal manera que si alguien se cruza con nosotros dejemos una grata impresión, de modo que si andamos con Cristo los demás sientan su presencia en nosotros. Nuestra suficiencia, nuestra capacidad, viene sólo de Cristo, por eso es necesario que mengüemos para que Él crezca. Llevemos una vida devocional consistente, llenándonos cada día de su Santo Espíritu, entregándole lo que somos, para que nos transforme en instrumentos de bendición.

La salvación de Jesús debe ser como un perfume derramado en todo lugar a través de cada uno de nosotros. Lastimosamente para algunos el evangelio es olor de muerte, ya que lo rechazan. Para otros, el evangelio es un olor de vida cuando lo aceptan. La obra del Señor es grande, y no tenemos fuerza en nosotros mismos en absoluto; toda nuestra suficiencia viene de Dios, crezcamos en Él y cuidemos nuestro testimonio llenando nuestro corazón de su amor y gracia, para que compartir el evangelio sea algo sincero que lleve a otros a seguirle con confianza. ¿Qué olor estamos esparciendo a nuestro alrededor?  Oración.

«Señor, nos has dado una gran responsabilidad en el mundo y es llevar las buenas nuevas a todos los que nos rodean, pero debemos ser un testimonio vivo del amor de Cristo, ya que el destino de otros es un asunto serio y somos pieza importante para que ellos tomen la mejor decisión. Señor que seamos grato olor de Cristo, para que muchos sean salvos.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 15 de junio de 2022

¿Estoy dando de lo que Dios me ha dado?

 


¿Estoy dando de lo que Dios me ha dado?

“No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados. Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir (…) ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, ¿déjame sacar la paja que está en tu ojo, no mirando tú la viga que está en el ojo tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja que está en el ojo de tu hermano.”, Lucas 6:37-38,41-42

¿Estoy dando a los demás conforme lo que Dios me ha dado? Es muy fácil responder con agrado cuando todo va bien, es fácil amar a quiénes nos aman, tratar de forma amable a quien con amabilidad nos trata. Sin embargo, cuán difícil es saber reaccionar cuando la situación cambia.

Por ejemplo, ¿qué es lo que sale de nuestro corazón si nuestro esposo (a), hijos, padres, amigos, u otra persona nos ofende? Reaccionamos conforme al perdón que Dios nos ha dado y decimos ¡Señor, perdónalos porque no saben lo que hacen! o por el contrario, ¿respondemos con palabras ofensivas, guardamos resentimiento y los ignoramos? O peor aún, ¿nos quedamos callados porque no queremos decir “nada hiriente” pero por dentro; en nuestra mente y corazón; estamos diciendo lo que en voz alta no debemos?

Es claro que ante estas circunstancias la mayor parte del tiempo no reaccionamos conforme lo que la palabra nos enseña, pues al analizar nuestro actuar vemos que es nuestro orgullo por quien nos dejamos dominar; pues es quien se levanta en contra de lo manifestado por Dios y nos impulsa a victimizarnos; a persistir en la rabia, en la tristeza y el dolor que causó la ofensa; a rebeldizarnos; a juzgarlos y aún a querer castigarlos.

Ahora, ¿reaccionamos igual cuando nosotros somos los que cometen la ofensa? Acaso ¿anhelamos que nuestra familia, amigos y demás seres queridos nos midan con la misma vara con la que medimos? O, por el contrario, ¿queremos ser tratados con gentileza?

Como vemos, en esta situación se cumple lo que la palabra nos dice, intentamos sacar la paja que hay en el ojo de nuestro prójimo, pero bajo la severidad, bajo la fuerza; y nos hemos olvidado que en nuestro propio ojo hay una gran viga que es la que nos está impidiendo ver a los demás bajo la lupa del amor de Dios.

Hermanos, hemos sido llamados para dar de lo mismo que nuestro Señor Jesucristo nos dio; amor, perdón, paciencia, benignidad, bondad, misericordia; pero también para tratar a los demás como queremos ser tratados (Lucas 6:31).    Oración.

«Padre, tú me has dado amor, has sido misericordioso conmigo y por eso te alabo, porque no me has tratado conforme mis actos sino conforme a tu gracia y bondad. Perdóname Señor porque de eso tan abundante que me has dado yo no he sabido manifestar. Quiero ser como tú, pues tú hablas con bondad, tratas con benignidad y llevas en todo momento paz. Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 14 de junio de 2022

¡Consolados!

 


¡Consolados!

“Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús. Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro)” Juan 20:11-16

¿Cuántas veces hemos estado sumergidos en llanto ante una situación difícil? Al igual que María ante arduas situaciones nos sumergimos en la tristeza y tomamos malas actitudes en las que nos apartamos y no queremos que nadie nos hable, pues si alguien lo hace, no estamos interesados en escucharle ya que no queremos dar explicaciones de nuestros sentimientos, no deseamos palabras de consuelo, ni de aliento, pues consideramos que esto no hará que cese el dolor.

Entonces concluiremos que al único que necesitamos es a Jesús porque solo con Él nos podemos desahogar, pero ¿qué pasa cuando estamos frente a Él? Sucede que nuestro dolor, llanto y emoción nos tienen tan sumergidos que impiden que podamos escuchar y reconocer Su voz, aquella voz que siempre está presta a preguntarnos ¿por qué lloras?

Seamos sinceros ¿cuántas veces hemos ido delante de su presencia y creído erróneamente que Él no está ahí? Pues terminamos expresando, como María: ¡dime dónde está mi Señor para que yo vaya! Cuando su palabra nos manifiesta que Él siempre ha estado, que nunca nos ha dejado, ni abandonado, que cuando le hemos buscado Él no es de los que se esconde, ni de los que nos rechazan; sino que ha sido el que ha oído nuestro clamor cuando le invocamos, cuando vamos y le buscamos en oración, y lo hallamos; porque como dice su palabra, le buscamos de todo corazón (Jeremías 29:12-13).

Hermanos, si hoy estamos pasando momentos difíciles, el Señor quiere recordarnos que, así como estuvo con Moisés, estará con nosotros, pues nunca nos dejará ni desamparará (Josué 1:5b); que aunque en el mundo tengamos aflicciones debemos confiar, tener paz en Él, porque Jesús ya ha vencido al mundo (Juan 16:33); que Él no nos ha dejado solos, ni huérfanos, pues nos ha dado al Consolador, el Espíritu Santo de Dios quien es el que nos consuela en todas nuestras tribulaciones y nos recuerda todas las cosas que ya Jesús nos ha enseñado (Juan 14:16-18, 26).   Oración.

«Padre, ¡gracias por consolarme en momentos de angustia! Por traer ánimo a mi vida por medio de tu palabra ¿qué sería de mí en esos momentos de dolor si tu voz no la escuchara? Hoy te doy gracias porque ella es mi consuelo en mi aflicción y quien me ha vivificado. En el nombre de Jesús, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 13 de junio de 2022

Si crees verás la gloria de Dios

 

Si crees verás la gloria de Dios


“Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa. Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.”, Juan 11:20-27

Las Escrituras nos revelan la amistad que tanto Marta, María y Lázaro tenían con Jesús, y es que tal era su cercanía que vemos cómo la palabra nos menciona que el Señor les amaba (Juan 11:5). Y al leer esto seguramente se pasará por nuestra mente, pero si Jesús les amaba ¿por qué no corrió al llamado de Marta y María cuando le solicitaban? Porque su llamado era de vida o muerte, pero vemos que lo que el Señor decide hacer no es ir a Betania, sino, quedarse dos días más en el lugar donde se encontraba. Y dirás, qué identificado me siento con este relato pues ¿cuántas veces he clamado a Dios por una respuesta, y al igual que Marta y María, he quedado a la espera y no llega? Tal vez en nuestro caso han sido no solo días, sino meses, años de espera.

Pero cuando al fin llega ¿cómo reaccionamos? ¿Como Marta o María? Saldríamos corriendo a los brazos de Jesús con un reclamo preparado o ahogados en llanto diciendo: “Señor, si hubieras estado aquí” cuando te llamé, cuando te necesité, no estaría pasando esto, has llegado demasiado tarde.

O tal vez, ¿ya no reaccionamos? Pues como Lázaro, en nosotros ya no hay llanto, ni dolor, más bien pequeñas tumbas en donde están encerradas nuestras emociones, pues ya toda esperanza está como muerta.

Sin embargo, con cualquiera de estos tres personajes que nos identifiquemos, lo primero que quiere recordarnos Dios es que Él nos ama; así como Jesús manifestó que amó a Marta, a María y a Lázaro; Él nos lo manifiesta a nosotros, más que con palabras, con su gran acto de amor (Juan 3:16). Y podemos no solo decir que nos ama, sino también que está en y con nosotros, pues Él no nos ha dejado huérfanos (Juan 14:16-18). ¿Y por qué es importante tenerlo presente? Porque al igual que Jesús estuvo con María y su hermana en medio de la tristeza, entendiendo su dolor, llorando con ella; así mismo lo hace con nosotros, comprende nuestra difícil situación, pero no nos deja sumergirnos en la tristeza, pues con su palabra siempre nos recuerda que debemos recobrar el ánimo: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” Isaías 41:10.

Y aun cuando nuestras emociones nos digan que debemos dejar morir toda esperanza, el Señor nos trae a la memoria su palabra pues quiere que nuestra vida sea reconfortada y que tengamos viva nuestra esperanza en Él: “Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová” Salmos 27:13-14.

Hermanos, hoy Dios nos quiere recordar que el Señor no ha retardado su respuesta, ni sus promesas, solo está probando nuestra fe, pues quiere que permanezcamos firmes en Él; independientemente si ha llegado o no una respuesta; pues es solo por fe que veremos la gloria de Dios.  Oración.

«Padre, hoy entiendo que tú has estado en todo momento conmigo, que eres fiel con tus promesas cuando me dices que nunca me dejarás, ni me abandonarás y que siempre me sustentarás con la diestra de tu justicia. Gracias Dios por tu fidelidad, por sujetarme con tu mano poderosa en medio de la dificultad. Ayúdame a permanecer siempre firme en fe, a no desfallecer y a esperar pacientemente en ti. En el nombre de Jesús, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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