lunes, 6 de junio de 2022

Cara a cara con el Señor

 


Cara a cara con el Señor

Éxodo 33: 11a “Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero.”

Éxodo 34:28-30a “Y él estuvo allí con Jehová cuarenta días y cuarenta noches; no comió pan, ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos. Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios.”

Cuando leemos estos pasajes y vemos lo precioso y extraordinario que experimentó Moisés al buscar a Dios, el poder hablar con Jehová cara a cara, el poder conocerle en intimidad, el ser alimentado en su espíritu, etc., pensamos: qué lindo sería que mis encuentros con Dios fueran así, en donde no solo pudiera verle, sino también que al salir de ahí, mi familia, mis amigos y mis vecinos me dijeran ¿por qué te resplandece tanto el rostro? Y con este tipo de pensamientos podemos ver que en nuestra mente tenemos el concepto de que nosotros no podríamos experimentar lo que Moisés, pues no somos como él. No pasamos cuarenta días ayunando, a duras penas podremos hacerlo una hora, y con gran dificultad, y por si fuera poco ¿quién soy yo para que Dios se manifieste de esa forma? Pero ese es un concepto equivocado, pues si comprobamos lo que dicen las Escrituras, tanto Moisés como nosotros podemos entrar a la presencia de Dios, no por nuestras capacidades, sino solamente por la fe en Jesús, pues Cristo es el único Camino que nos lleva al Padre. Es por esto que hoy podemos comprender, que nosotros también tenemos acceso al Padre, podemos verle cara a cara, escucharle y hablar con Él, y todo esto por medio de la fe en Jesús.

Pues es gracias a Jesús que nosotros podemos:

Ser aceptos delante de Dios: Efesios 1:6b-7 “nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia”.

Ser hijos de Dios: Juan 1:12 “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”.

Conocer y ver a Dios: Juan 14:7, 9b “Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto… El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”.

Y por si fuera poco, por Cristo ahora nosotros:

Tenemos al Espíritu Santo de Dios y somos herederos de Dios: Gálatas 4:6-7 “Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo”.

Somos amados por Dios: Romanos 5:5b “porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”.

Estas y muchas otras cosas más son las que Jesús nos ha entregado por medio de la fe en Él. Por eso, cada vez que vayamos a esos encuentros con el Padre y vengan esos pensamientos que nos hacen creer que la presencia de Dios no está en ese lugar, y que no le podemos ver. Recordemos lo que Jesucristo nos enseñó, pues es gracias a nuestra fe en Cristo que podemos decir que cuando oramos estamos teniendo un encuentro cara a cara con Dios.   Oración.

«Padre, hoy te alabo y te bendigo porque es solo por medio de tu Hijo Jesús que puedo presentarme totalmente confiado delante de tu Trono y saber que tú me escuchas. Sé que ha habido momentos en los que en mis pensamientos sale un no es posible que tú estés aquí, pero cuando tu Espíritu Santo trae a mi memoria tu palabra que dice que tú estás conmigo, que nunca me dejas y que siempre me sustentas con la diestra de tu justicia y me aferro a ella, entonces mi corazón salta de alegría y vuelve mi gozo, el gozo de tu salvación. Gracias te doy en el nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 5 de junio de 2022

¿Cómo está tu corazón?

 

¿Cómo está tu corazón?


“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”. Salmos 139:23-24

¿Cómo está tu corazón? Probablemente esta pregunta te llevará a pensar en el estado o la condición física de tu órgano. Dirás: no he sentido ningún dolor extraño, no sufro de arritmias cardiacas, he visitado a mi médico regularmente y todo se encuentra bien. Y aunque externamente nuestro corazón se encuentre sano, no es esto a lo que la palabra de Dios nos está llevando a meditar. En realidad, la pregunta que se nos está haciendo es: ¿Cómo está tu corazón internamente? En ese lugar donde ni los médicos, ni tú mismo puedes llegar. Ahí, donde solo Dios puede entrar y explorar a cabalidad.

¿Qué crees que encuentra el Señor allí? ¿Amor, gozo, paz, bondad, mansedumbre? O por el contrario ¿adulterio, fornicación, envidia, celos? En el Antiguo Testamento podemos ver que los fariseos pensaban, como muchos hoy en día, que sus corazones eran rectos delante de Dios, pero al ser examinados por Jesús, se ponía al descubierto la maldad que había en su ser “y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?” Mateo 9:4 De continuo en ellos había maldad, y el mayor problema que tenían era su falta de capacidad de reconocer que eran pecadores y que necesitaban del Señor para poder ser sanos. Y es que esto mismo nos puede estar pasando a ti y a mí, nos diagnosticamos como personas con corazones sanos, creyendo que tenemos la autoridad para poder hacerlo, pero si observamos el salmo 139:23 podemos ver que el único capaz de determinar el estado actual de nuestro corazón, solo es Dios. Porque Él es el único capaz de escudriñar lo profundo de nuestros pensamientos, de nuestro ser y ver si en nosotros existe algún tipo de maldad. Y así como Él es el único especialista que puede dar un diagnóstico, también es el único que nos puede recetar la medicina correcta para nuestro mal. ¿Y cuál es la receta? Proverbios 3:1,7-8 “Hijo mío, no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos; … No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal; porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos”. La clave está en:

– No olvidarnos de su ley (escudriñar de día y de noche las escrituras)

– Guardar sus mandamientos (obedecer)

– No ser sabios en nuestra propia opinión (oración)

– Temer a Jehová (respetar su autoridad)

– Apartarnos del mal (dejarnos guiar por nuestro ayudador, el Espíritu Santo de Dios)

Si hacemos esto entonces podremos decir que nuestro corazón se encuentra bien, pero primero, necesitamos reconocer que no podemos solos, pues “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos” Mateo 9:12b. En ti y en mi debe estar el anhelar permanecer con el Médico de médicos, Dios.

En David, Dios encontró un corazón conforme al suyo (Hechos 13:22); en Abraham, uno lleno de obediencia (hebreos 11:8); en Job uno perfecto, recto, temeroso de Dios y apartado del mal (Job 1:1) ¿y en nosotros qué tipo de corazón encontrará el Señor?   Oración.

«Señor, tú me conoces por completo y nada puedo ocultar delante de ti, hoy me postro en tu presencia y te pido examines mi corazón y me permitas conocer lo que atesoro en él porque quiero tener un corazón limpio, que te agrade. Te lo pido en el Poderoso nombre de Jesús. Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 4 de junio de 2022

ADORACIÓN EN ESPÍRITU Y EN VERDAD

 


ADORACIÓN EN ESPÍRITU Y EN VERDAD

"Más la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”, Juan 4:23-24

Nos podemos hacer esta pregunta ¿qué es una adoración agradable a Dios? El Señor Jesús se lo reveló a la mujer samaritana en la conversación que tuvieron junto al pozo de Jacob. La mujer discutía sobre los lugares de adoración con Jesús, diciendo que los judíos adoraban en Jerusalén, mientras que los samaritanos adoraban en el monte Gerizim.

Cuando Jesús le dice que él sabía acerca de sus muchos maridos, así como el hecho de que el hombre con el cual vivía no era su marido, ella se sintió descubierta, e intentó cambiar la conversación de su vida personal y pasar a temas religiosos. Jesús no cambiaría el tema, pues quería dejar en firme sobre la verdadera adoración.

De la conversación se concluye que la adoración al Padre en espíritu y en verdad no se limita a un lugar determinado geográficamente, ni debe ser regulada por las prácticas transitorias del antiguo testamento. Con la venida de Cristo, la separación entre judíos y gentiles ya no persiste, ni tampoco la adoración en el templo, pues todos los creyentes adquirieron igual acceso a Dios a través de Cristo. La adoración se cambió a un propósito del corazón, no de las acciones exteriores, y dirigida por la Verdad y no por un rito.

La verdadera adoración debe ser "en espíritu", es decir, que involucre todo el corazón. Debe existir una verdadera pasión por Dios, para que haya adoración en espíritu. Al mismo tiempo, la adoración debe ser "en verdad", es decir, debidamente fundamentada. Si no tenemos conocimiento del Dios que adoramos, no hay adoración en verdad. Ambas son necesarias para satisfacer y honrar a Dios en adoración. Entre más profunda sea nuestra adoración, mayormente será Dios glorificado.

Hermano, Dios está buscando corazones dispuestos a hacer su voluntad, apasionados por el estudio y lectura de la Biblia. Adorar a Dios en espíritu y en verdad implica necesariamente amarlo con todo el corazón, el alma, mente y todas las fuerzas. Oración.

"Señor Jesucristo, aquí estoy dispuesto ante ti, con sencillez de corazón para hacer tu voluntad y adorarte en espíritu y en verdad, pues mi alma se apasiona por ti y mi carne te anhela. Te amo Señor con todo mi corazón, mi alma, mi mente y mis fuerzas, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 3 de junio de 2022

No te quedes en la orilla

 

No te quedes en la orilla, boga mar adentro


“Aconteció que, estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.”, Lucas 5:1-4

En el evangelio de Lucas se nos presenta uno de los encuentros, que se da en el lago de Genesaret, entre Pedro y el Señor Jesús. Ambos, podría decirse, estaban en aquel lugar con objetivos similares (el de pescar) pero con fines distintos. Mientras que para el discípulo el pescar era necesario para satisfacer su hambre física y la de su familia, para el Señor significaba saciar la vida de Pedro no de forma momentánea, sino eterna. Pero ¿cómo sucedería esto? Si observamos las Escrituras nos daremos cuenta que Jesús sube intencionalmente a la barca de Pedro; tanto para enseñarle a la multitud, como también al que en instantes comenzaría a ser uno de sus seguidores.

La Biblia no nos relata sobre qué predicó Jesús, porque el verdadero mensaje que quiere revelarnos no está en la orilla, sino mar adentro. Y ese mar adentro hace referencia a mi tiempo a solas con Dios, en donde en esos espacios que busco para estar en oración delante de mi Padre, en lo secreto; no hallo ruido, ni distracciones, porque mi enfoque está en escuchar su voz. Claramente el Señor lleva a Pedro a ese lugar para revelarle su poder, para mostrarle quién es Él y cuál es el propósito por el cual están allí. Y el propósito es que Pedro pueda entender que para conocer a Dios y ver su poder, necesita primero despojarse de sus razonamientos limitados, de su capacidad intelectual y/o física y comenzar a andar por fe. Y esto es justamente lo que sucede cuando, sin este discípulo darse cuenta, le reconoce a Jesús que toda la noche han estado pescando y que en su amplia experiencia sabe que si no pudieron obtener buenos resultados en horas de la noche (que es cuando los peces salen a la superficie a comer), mucho menos podrían pescar a plena luz del día cuando los peces buscan estar en lo profundo del mar.

Sin embargo, podemos ver que Pedro hace algo extraordinario, aún a pesar de su pensamiento, decide confiar en el Señor Jesús, y menciona las palabras claves que todo cristiano en cualquier situación debería pronunciar: “mas en tu palabra echaré la red.” Lucas 5:5b Eso sin duda alguna es rendir en fe, mi voluntad al Señor, hacer práctica mi fe, volver el conocimiento que tengo de Dios, más allá que un concepto, una experiencia real.

No sé si hemos pensado en esto, pero la multitud quizá se fue de ese lugar sin entender lo que Jesús enseñó, muchos hoy en día asisten a la iglesia o a diversos ministerios y no comprenden lo que se les enseña, se quedan con la teoría y olvidan lo importante de la práctica, pero si miramos el ejemplo de Pedro, Jesús quiere personas que no les baste solo con quedarse en la orilla del conocimiento de Dios, sino que anhela encontrar hombres y mujeres valientes que estén dispuestos a bogar mar adentro y sumergirse en las profundidades de Dios, aquellos que verán con sus propios ojos al Señor y lo que Él es capaz de hacer. La pregunta es: ¿Quieres ser de los que se quedan en la orilla o de los que bogan mar adentro?   Oración.

«Señor, hoy rindo todo mi ser delante de ti y te pido que no permitas que siga estancado en la orilla cuando lo que tú quieres es que te conozca de forma real y vivencial en lo profundo de nuestra intimidad. En el nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 2 de junio de 2022

Conociendo a Dios por su palabra

 

Conociendo a Dios por su palabra


“Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles. Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas (…) Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.” Lucas 2:46-47,52.

Las Escrituras nos revelan cómo Jesús, aun desde su niñez, dedicaba tiempo no solo a la oración, sino también al aprendizaje de la palabra, pues le vemos aquí en el evangelio de Lucas buscando intencionalmente el fortalecer de manera correcta su relación con el Padre. Búsqueda que claramente lo condujo a crecer en sabiduría y gracia para con Dios y los hombres.

Es así que con su ejemplo se nos quiere motivar a que, al igual que Él, veamos como una prioridad el escudriñar (a cualquier edad) su palabra, pues ¿cómo creceremos, al igual que Jesús, en sabiduría y gracia delante de Dios si no le conocemos?

Cuando se habla de conocer no se refiere al hecho de saber que existe Dios, sino a todo lo que esto implica; y es que el conocer involucra una intimidad, una relación de amistad. Por ejemplo, no podemos decir que a “x” o “y” persona la conocemos sin haberle dedicado tiempo para interactuar, para oírle y hablar con ella. De la misma manera sucede en nuestra relación con Dios, pues no podemos decir que le conocemos si no pasamos tiempo de calidad con Él, si no hablamos con nuestro Padre a través de la oración y si no le oímos cuando nos habla por medio de su Santo Espíritu al escudriñar su palabra

¿Y por qué todo esto es importante? Porque al no hacerlo estaremos dando paso a que en nuestra mente se arraiguen conceptos erróneos de quién es Dios, qué hace, que le agrada a Él, entre otros, tal como le aconteció a los fariseos y doctores de la ley en el tiempo de Jesús, pues ellos creían conocer a Dios al haberse dedicado por años a estudiar la Ley, pero verdaderamente ¿le conocían? Por supuesto que no y lo podemos comprobar porque fueron ellos aquellos que rechazaron a Cristo, a sus palabras, sus enseñanzas y terminaron pidiendo que el Señor fuese crucificado. En ellos se muestra claramente el vivo ejemplo de lo que nos dice Mateo 7:21-23a “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí”. Y es que aquellos que se acercan a Dios solo pensando que para conocerlo basta con tener información bíblica en sus mentes, están viviendo de forma errada; pues si hay algo que el Señor quiere son personas comprometidas con Él, que estén dispuestas a sumergirse en su amor, a relacionarse diaria y permanentemente con Él, pero sobre todo a que guarden sus palabras, no de forma intelectual, sino de manera experiencial, tal como lo hizo nuestro Señor Jesús.

Hoy nuestro Padre Celestial nos está exhortando hacia la importancia de conocerlo en intimidad y si estamos dispuestos a hacerlo, como lo hizo Jesús, nos regala esta promesa: “Hijo mío, si recibieres mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia, si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios. Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.” (Proverbios 2:1-6).  Oración.

Padre, llévame a comprender cuán importante es meditar en tu palabra; la has dejado a mi alcance para que yo realmente te conozca. Gracias porque cuando me dispongo a escudriñar tus Escrituras no estoy solo, pues es tu Santo Espíritu quien me enseña y me lleva a experimentar lo que dice el salmista: que mis acciones sean un reflejo de tus decretos y que tu palabra sea un deleite diario para mi alma. En el nombre de Jesús, amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 1 de junio de 2022

CONTROLANDO MIS EMOCIONES

 

CONTROLANDO MIS EMOCIONES A TRAVÉS DE LA ORACIÓN


“Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.” Mateo 26:38.

“Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.” Lucas 22:44.

Jesús, siendo 100% Dios, pero también siendo 100% hombre (Filipenses 2:6-7), nos muestra cómo en su parte humana padeció al igual que cada uno de nosotros angustia, agonía y una gran tristeza que la describe como “Mi alma está muy triste, hasta la muerte”; en su caso, dada la situación que en instantes tendría que experimentar al beber la copa de justicia de su Padre. Este beber implicaría separarse por un momento de esa relación tan perfecta que nuestro Señor Jesús tenía con el Creador, ya que cargaría en sí mismo nuestros pecados, aun sin Él ser pecador (2 Corintios 5:21).

Es entonces, en los evangelios de Mateo y Lucas, en donde Jesús nos muestra su humanidad con el fin de que, nosotros, nos identifiquemos con Él y aprendamos con su ejemplo cuál es la clave que debemos utilizar para no dejarnos dominar por nuestras emociones; y la clave es ¡La oración!

La oración es un arma poderosa que nos ha dado Dios, gracias a nuestro Señor Jesús, para que a través de ella tengamos una comunicación directa con el Padre, en la cual podemos derramar nuestro corazón delante de Dios, humillarnos ante su presencia y ser sinceros al reconocer nuestras angustias, tristezas, necesidades y demás, tal como Jesús lo hizo.

Si observamos la vida de Cristo, nos daremos cuenta que en todo momento se comunicaba con su Padre a través de la oración, pues el orar era para Él una necesidad vital, como lo es el respirar. Es por esto que podemos ver a Jesús orando en diversos momentos: cuando debía tomar decisiones, como la elección de sus discípulos; cuando iba a realizar una sanidad, pues el poder provenía del Padre; y aun le vemos horas antes de su crucifixión orando para que no se hiciera su propia voluntad, sino la de su Padre. En conclusión, observamos cómo el Señor dirigía su vida no conforme a lo que sus emociones dijeran, sino de acuerdo a la voluntad buena, agradable y perfecta de Dios. De la misma manera, para nosotros la oración debe ser una práctica diaria, una gran necesidad, pues sin la guía y dirección de Dios nada podemos hacer.

Sin duda alguna cuando oramos experimentamos lo que dice Efesios 3:16, nuestro hombre interior es fortalecido con poder por el Espíritu Santo de Dios, pero también se cumple lo que nos dice Filipenses 4:7 “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”

El orar trae a nuestro corazón no solo consuelo, sino también fortaleza; poder que nos da Dios por su Espíritu Santo para tomar nuestros pensamientos, emociones y voluntad, y así sujetarlos bajo la autoridad del Padre, tal como lo hizo nuestro Señor, a quien podemos ver, momentos posteriores a su oración, enfrentar la muerte con todo valor y autoridad para así salir vencedor.

Así que, hermano, hoy te invito para que alabemos a Dios y demos gracias a Jesús por habernos enseñado la importancia de la oración.   Oración.

«Padre, hay momentos en mi vida en que me embarga la tristeza y llegan a mi mente pensamientos de temor; sin embargo, cuando veo ese gran ejemplo que me has dado, a tu Hijo Jesús, puedo ver que Él, al igual que yo, experimentó diversas emociones, pero nunca se dejó dominar por ninguna. Llévame a imitarle, a seguir su ejemplo y a aprender a descansar en ti, así como Cristo lo hizo. Ayúdame a buscarte en todo momento, en oración, para que mi hombre interior sea fortalecido con poder por tu Santo Espíritu. En el nombre de Jesús, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 31 de mayo de 2022

Corre a Jesús

 

Corre a Jesús


“Cuando vio, pues, a Jesús de lejos, corrió, y se arrodilló ante él”. Marcos 5:6.

“Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó”. Lucas 15:20.

Estos dos versículos muestran un notable paralelismo, el gadareno vio a Jesús estando lejos y corrió hacia Él; el padre del hijo pródigo ve a su hijo desde lejos y sale corriendo a su encuentro, es como si dijéramos el pecador encuentra a Jesús y el Padre celestial encuentra al pecador.

El pecador está lejos de Jesús y del Padre, por las ataduras humanas y su carácter, dice Marcos 5:4 “Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, más las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos; y nadie le podía dominar”. Está lejos por su forma de expresarse, por su morada y por la auto destrucción de su cuerpo. Dice Marcos 5:5 “Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose con piedras”.

Estaba lejos por su independencia, Lucas 15:12 “y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes”. Estaba lejos por sus acciones de perdición y desperdicio, Lucas 15:13 “No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente”. No importa cual fuera la condición, ambos hombres eran pecadores, separados de la gloria de Dios y su estado era lamentable. Romanos 3:23 nos dice: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”.

Eso nos ha sucedido a todos antes de conocer de Cristo, vivíamos en nuestros delitos y pecados, sin experimentar su amor (Efesios 2:1), sólo bastó un cambio de actitud, un mover nuestra voluntad hacia Él, por eso correr a Jesús es darle la oportunidad para que nos libere, es aceptarlo como el Hijo del Dios Altísimo, saber que tiene algo con nosotros y aceptar el poder que hay en su Nombre como dice Marcos 5:7a “Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo?”

El Padre sale al encuentro de nosotros, movido a misericordia, dando el primer paso para acercarse, se echa en nuestro cuello y nos besa a pesar de nuestra suciedad, de nuestros harapos y vida de miseria. Él quiere que volvamos, que nos arrepintamos de nuestras iniquidades y salgamos de la vergüenza y desgracia de una vida de esclavitud. Anhela ponernos ropas nuevas, quitarnos la inmundicia y darnos su inagotable amor, otorgando liberación y sanidad a nuestra vida.

Corramos a Cristo, si estamos esclavos del pecado y rumbo a la perdición de nuestra alma, y experimentemos la vida abundante y de bendición que nos ofrece, porque claramente Jesús lo dijo: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.

Solo en Dios encontraremos el verdadero sentido de nuestra existencia, corramos a Él y volvamos a su presencia, recordemos Job 22:21 “Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien” Oración.

«Amado Jesús, gracias por encontrarme en el camino de la vida, por atraerme a ti con lazos de amor, perdonar mis pecados y sanar mis heridas. Me liberaste de la esclavitud del mundo, la carne y Satanás. Me has dado vida eterna y una nueva esperanza, disfrutando de tu amor inagotable. En el nombre de Jesús. Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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