martes, 19 de abril de 2022

El nuevo mandamiento

 

El nuevo mandamiento

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otro


s; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.” Juan 13:34

Durante su tiempo con los discípulos, Jesús instituyó un nuevo mandamiento, su mandamiento, el cual nos dice que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado. La referencia que podemos encontrar en la ley respecto a este nuevo mandamiento es el que dice: amaras a tu prójimo como a ti mismo (Mateo 22:39-40). pero entonces vemos que la gran diferencia del antiguo respecto al nuevo, consiste en que no debemos tener como base el amor por nosotros mismos para encontrar la forma correcta de amar a los demás, sino que debemos observar el amor con que Jesucristo nos ha amado.

Si nosotros reflexionamos, nos damos cuenta de que el amor por nosotros mismos es tan frágil y cambiante que en muchas ocasiones nos ha llevado a irrespetarnos, subestimarnos y hasta, no aceptarnos como somos, pero si por el contrario observamos el amor con que nos ha amado el Señor, encontramos que es incondicional, sacrificial, inagotable e inmerecido, pues Él sin juzgarnos ni rechazarnos murió en la cruz para el perdón de nuestros pecados.

El Señor Jesús no nos pidió perfección para manifestarnos su amor, y así mismo quiere que nosotros amemos a nuestro prójimo. No debemos condicionar el amor del Señor, a todos, sin importar su aspecto, presentación, virtud o defecto, debemos amarlo como Cristo nos amó.  Oración.

«Padre Celestial, me has llenado de tu amor incondicional e inmerecido y mi corazón se goza al poderlo conocer y disfrutar. Ahora quiero, como lo dices en tu Palabra, que el amor con que me has amado por medio de Jesucristo, sea mi base y mi motivación para amar a los demás. Por eso te pido quites toda idea de mi mente que vaya en contra de tu voluntad, pues quiero ser instrumento para compartir y transmitir tu inagotable amor. Por Jesucristo mi Señor, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 18 de abril de 2022

ADOPTADOS HIJOS SUYOS

 

ADOPTADOS HIJOS SUYOS


“en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado”, Efesios 1:5-6

“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”, Romanos 8:15-16

La nueva relación que tenemos con Dios es que hemos sido adoptados como hijos en su familia, esto nos da derechos y obligaciones al mismo tiempo. Sabemos que los procesos de adopción son sumamente serios y complicados, por eso cuando se adopta a un niño hay que realizar muchos trámites legales hasta que se concede el certificado de que esa persona es hija de alguien y por ende su heredera. La vida anterior de una persona adoptada se borra completamente; si tenía deudas estas quedan canceladas, se le considera una nueva persona que empieza una nueva vida sin vinculación con su pasado. Su ceremonia de adopción se lleva a cabo en frente de testigos.

Cuando conocemos a Dios y nos hace hijos por su voluntad, adquirimos todos los derechos de un hijo legítimo, nos volvemos herederos y coherederos con Cristo. Nuestro pasado automáticamente es borrado y nos hace nuevas criaturas. 2 Corintios 5:17 “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. Somos hijos de un nuevo Padre en todos los sentidos. Como es una adopción espiritual que se hizo en la cruz del calvario, el testigo de nuestra ceremonia de adopción es el Espíritu Santo, quien da testimonio a nuestro espíritu de que somos de verdad hijos de Dios.

Antes de ser adoptados estábamos bajo el control de nuestra naturaleza humana pecadora; pero Dios en su misericordia nos ha tomado como su exclusiva posesión, el pasado ya no tiene ningún derecho sobre nosotros, Dios tiene ahora el derecho absoluto, el pasado está cancelado y nuestras deudas borradas por la sangre preciosa de Jesús.

Ahora tenemos una nueva vida con Dios, por eso el apóstol Pablo nos dice que hemos recibido el Espíritu de adopción para ya no estar más en temor, ya no somos esclavos sino libres. No volvamos a esclavitud viviendo bajo los parámetros del mundo, vivamos en la libertad que Cristo nos dio por medio de su sacrificio, en una vida bajo los preceptos divinos, una vida abundante y de bendición.

Tengamos una relación íntima con nuestro Padre quien nos restaura y nos convierte en sus hijos. Hemos heredado su vida y su gloria, vivamos conforme a lo que su Palabra dice que somos: santos y amados. Acerquémonos con confianza y digámosle: Abba Padre.           Oración.

"Gracias Padre celestial, porque sin merecerlo, me tomaste cuando estaba perdido, cuando andaba en pecado y me adoptaste por el puro afecto de tu voluntad. Enséñame a andar en libertad y a caminar como un verdadero hijo de Dios, obedeciendo tu Palabra, teniendo siempre una íntima comunión contigo y disfrutando de todas las promesas y de la gloria que he heredado. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 17 de abril de 2022

La gran Comisión

 

La gran Comisión


“Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”. Mateo 28:18-20

En el evento de la resurrección, el Señor Jesús se aparece a sus discípulos para darles una instrucción muy clara y que es fundamentada en su victoria sobre la muerte, pues Él inicia diciéndoles “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”, hecho que la Escritura nos confirma en Romanos 14:9 cuando dice “Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven», y que nos complementa en 1 Pedro 3:22 diciendo “quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades”.

Entonces, por cuanto Jesús es Señor que está sobre todo principado, autoridad, poder y señorío, es que con absoluto derecho y libertad ha manifestado su mandato, el cual como decíamos ahora, en su momento fue dado a los once discípulos, pero que hoy por su gracia y majestad ha llegado hasta nosotros que también somos sus discípulos.

Así que el Señor hoy, en que recordamos y celebramos su resurrección, también nos quiere recordar su voluntad. Él desea que donde quiera que nosotros estemos o vayamos hagamos discípulos para Él, discípulos que crean en el único Dios verdadero manifestado en sus tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, así mismo, discípulos que guarden y obedezcan todo lo que Él nos ha dejado escrito en su Palabra, pues un discípulo o seguidor es aquel que hace todo lo que su Señor dice y hace.

Por lo tanto, evaluémonos hoy, qué tanto estamos obedeciendo a nuestra máxima autoridad. No olvidemos que el Señor nos promete que estará con nosotros todos los días de nuestra vida, hasta el fin del mundo. Así que, con toda tranquilidad y confianza en su Palabra, dispongámonos a cumplir su ordenanza.   Oración.

«Padre Dios, en este día me gozo y te agradezco por el hecho de conocerte y comprender tus mandatos, pues por la obra salvadora de tu Hijo y el Espíritu Santo que mora en mí, me has hecho entender todo lo que me has dado; agradecimiento, honra y gloria sean para ti, Dios y Señor. Finalmente, pido tu gracia para cada día andar en tu voluntad y obedecer fielmente a tu verdad. En el nombre de Jesús, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 16 de abril de 2022

Momentos sin Jesús

 

Momentos sin Jesús


“Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron.” Marcos 16:9-11

Desde que el Señor Jesús fue arrestado vemos como sus discípulos lo dejaron por temor (Mateo 26:56), y luego al ver todo lo que aconteció alrededor de este suceso las cosas para ellos se volvieron más difíciles, pues a su Señor y Maestro lo habían crucificado, y por consiguiente en su corazón había llanto, tristeza, desesperanza, miedo, incredulidad, asombro y falta de entendimiento.

Actitudes, pensamientos y sentimientos similares son los que nos abordan cuando por diferentes motivos no permanecemos en la presencia de Dios, cuando nos alejamos y dejamos a un lado nuestra comunión con Él. En el momento menos imaginado y probablemente sin tener muy claro el porqué de la situación, nosotros también nos llenamos de desesperanza, tristeza, amargura, incredulidad, temor y todo aquello que no viene de Dios.

Lo cierto de todo esto es que su fundamento está en lo que les dijo el Señor Jesús en esos momentos: “Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!” (Lucas 24:25); es decir que, el porqué de estos tiempos difíciles, es nuestra falta de fe. Cuando nosotros estamos en continuos momentos sin Jesús es porque hemos dejado de creer, creer en Él y en su Palabra.

Así que, la invitación es a que no seamos tardos de corazón para creer. En esos momentos con el Señor, dispongamos todos nuestros asuntos en sus manos y confiemos que de todo lo que sucede, Él tiene el control, de esta manera el amor, el gozo, la paz y la esperanza siempre abundarán.   Oración.

«Dios, hay momentos en que mi fe falta, que son más grandes mis pensamientos que mis convicciones, se me olvida quién eres y cuánto has hecho por amor a mí, y son esos momentos los más desagradables y sin sentido en mi vida, porque no tengo gozo, no hay esperanza y nada me hace sentir pleno. Por eso ruego a ti para que no dejes que en ninguna situación mi fe falte, lléname de ti y permíteme vivir arraigado en lo que Tú dices. Por Jesucristo nuestro Señor, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 15 de abril de 2022

Muerte de Jesús

 

Muerte de Jesús


“Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.” Génesis 3:15

“Y Jesús dijo a los principales sacerdotes, a los jefes de la guardia del templo y a los ancianos, que habían venido contra él: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos? Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; más esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.” Lucas 22:52-53

Cuando Jesús muere en la cruz, de manera apresurada se puede pensar en su derrota y en una aparente victoria del enemigo, pues a través de personas influenciadas por Satanás se llevó a cabo la traición, arresto y crucifixión del Señor, conforme las palabras del Señor Jesús cuando dijo “más esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas”. Pero lo que aquí estaba sucediendo verdaderamente no se salía del determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, porque desde que el hombre pecó por primera vez, el Señor en Génesis 3:15 anunció la salvación para el mundo que decía que, pondría enemistad entre el diablo y la descendencia de la mujer (refiriéndose a Jesucristo), y dijo que el diablo lo heriría en el calcañar, pero Jesucristo lo heriría en la cabeza, es decir, lo destruiría.

Así que, es por esto por lo que nuestro Salvador debía sufrir hasta morir, adicional a esto, la Escritura también nos declara en hebreos 2:14 “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo”. Lo que nos quiere decir que Jesús debía hacerse hombre para poder morir y por medio de su muerte destruir a satanás, quien hasta ese momento tenía la autoridad de la muerte.

Ahora bien, con la muerte y resurrección de Jesucristo, y el triunfo sobre el diablo, la salvación y la libertad le es dada a todo aquel que ahora cree en Él, pues la palabra de Dios nos dice en Hechos 26:28 “para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.” Es decir que, cuando creemos en Jesucristo como nuestro Señor y Salvador somos libres de la autoridad de Satanás, son perdonados nuestros pecados y pasamos a ser hijos de Dios con todos los privilegios que esto implica y que cada día se nos van revelando.

Entonces, lo que podemos ver y concluir con esto, es que la muerte de nuestro Señor Jesucristo fue en realidad el paso a su victoria y el medio de la derrota del enemigo, lo que indudablemente trajo libertad y salvación para todo creyente. La pregunta es, ¿tú crees?   Oración.

«Padre Celestial, qué sacrificio tan grande y qué muerte tan dura la que soportó nuestro Señor y Salvador; sé que todo fue por amor, amor que salva, que perdona, que restaura y que da vida. Te damos gracias, Dios, y solo podemos decir que no merecíamos tanto amor; perdona las veces que pecando lo menospreciamos, y ayúdanos cada día más a disfrutarlo, en Cristo Jesús, amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 14 de abril de 2022

El cuerpo y la sangre de Cristo

 


El cuerpo y la sangre de Cristo

“Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.” Lucas 22:19-20

La celebración de la cena del Señor es el acto a través del cual recordamos el propósito de la muerte de nuestro Señor Jesucristo. En esta, cuando Jesús parte el pan, dice que ese es su cuerpo que por nosotros es dado, y efectivamente sabemos por la Escritura que nos lo revela, que el Señor Jesucristo llevó en su cuerpo nuestros pecados sobre la cruz (1 Pedro 2:24).

Del mismo modo, cuando Jesús reparte el vino dice que esa es su sangre, sangre de un nuevo pacto que por nosotros es derramada para la remisión de los pecados (Mateo 26:28); lo que quiere decir que, a través del sacrificio de Jesucristo en la cruz donde derramó su sangre, se estableció un nuevo pacto entre Dios y cada creyente, el cual dice que Dios nunca más se volverá a acordar de nuestros pecados y transgresiones, puesto que ya hubo un sacrificio que pagó por el perdón de todos estos (Hebreos 10:17-18).

Es decir que, cuando nosotros participamos del pan y el vino estamos recordando y anunciando la muerte de nuestro Señor Jesucristo, que fue el sacrificio por el cual se perdonaron nuestros pecados, pero además de esto, al participar de este acto y aceptando que ya hemos sido limpiados de todo pecado, también debemos, como dice la Escritura en 1 Pedro 2:24, vivir para la justicia, es decir, vivir una vida donde no practiquemos el pecado.

Así que, participar de la cena del Señor debe ser para nosotros un momento de mucha reflexión, donde discernamos que ese pan y ese vino que estamos consumiendo representan el cuerpo de Cristo que fue sacrificado y su sangre que fue derramada para que nuestros pecados fueran perdonados. Este momento de reflexión, nos debe llevar, en la práctica, a no volver a estar esclavos del pecado, pues el precio pagado por esa libertad fue realmente alto.   Oración.

«Padre Celestial, entiendo que mis pecados los has perdonado solo gracias al sacrificio perfecto en la cruz de tu Unigénito Hijo. Te doy gracias por la oportunidad de participar en la celebración de la cena del Señor, sé que me quieres recordar el alto precio pagado para la remisión de mis pecados; así que, tomaré ese pan y ese vino discerniendo el cuerpo sacrificado y la sangre derramada de mi Señor Jesucristo, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 13 de abril de 2022

Humildad y servicio

 


Humildad y servicio

“Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió.” Juan 13:12-16

La noche en que Jesús estaba reunido con sus discípulos y en la cual iba a ser entregado para ser crucificado, dice la Palabra que cuando aún cenaban, el Señor se levantó de la mesa y, a partir de ese momento, los discípulos recibieron una de las lecciones más importantes de su vida para una correcta convivencia y comunión entre ellos como hermanos, pues el Señor y Maestro se dispuso a lavarle los pies a cada uno de ellos. Hecho con el cual el Señor a través de su mismo ejemplo quiso enseñarles la grandeza de la humildad y el servicio.

Como dice la Palabra, nosotros en el mundo estamos acostumbrados a ver cómo la persona que tiene un mayor cargo o nombre en la sociedad es la que da órdenes y la que es servida por los demás, pero aquí una vez más el Señor nos recuerda que así nosotros los hijos de Dios estemos en el mundo, no somos de él ni debemos hacer lo que el mundo hace, porque la actitud correcta de un hijo de Dios, por mayor cargo o liderazgo que tenga, debe ser la de un siervo, Lucas 22:26 dice “mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve”.

El servicio a los demás que a su vez demuestra humildad, son las virtudes que nos deben caracterizar como seguidores del Señor Jesucristo, porque así como Él en ese momento sirvió a sus discípulos, también lo hizo con nosotros cuando murió en la cruz para perdón de nuestros pecados; ahora, de la misma forma, el Señor quiere que nos sirvamos unos a otros; que con humildad nos perdonemos, nos tengamos paciencia, nos sostengamos, nos ayudemos y juntos como hermanos nos animemos a ser siervos de la obra de nuestro Señor Jesucristo.    Oración.

«Padre Celestial, cuánto amor nos has mostrado, pues enviaste a tu Unigénito Hijo a morir por nuestros pecados, y Tú, Jesucristo, te despojaste de tu Deidad y te hiciste siervo siendo obediente hasta la muerte y muerte de cruz. Te pido que, ante tan grande ejemplo, me permitas corresponder a tu amor siendo tu humilde siervo. En el nombre de Jesús, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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