viernes, 11 de febrero de 2022

Sin fe no hay esperanza

 

Sin fe no hay esperanza


“¡Oh Jehová, esperanza de Israel! todos los que te dejan serán avergonzados; y los que se apartan de mí serán escritos en el polvo, porque dejaron a Jehová, manantial de aguas vivas”. Jeremías 17:13

“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”. Jeremías 29:11

Empezando un nuevo año una de las cosas que más anhelamos es tener esperanza, hablar de esperanza es hablar de nuestro futuro, de lo que queremos ver realizado en nuestra vida. No podemos hablar de esperanza si Dios no es el eje de ella, el que guía cada una de nuestras áreas. No podemos vivir separados de la fuente de la vida, del que nos inyecta un propósito para estar en esta tierra.

El propósito trae esperanza, si no sabemos qué es lo que Dios quiere de nosotros y hacia dónde vamos con Él, perdemos el sentido de nuestra existencia. Dios es nuestra esperanza por eso el alejarse de Él hace que perdamos la ruta, y no podamos conocer sus planes que son mejores que los nuestros.

Preguntémonos: ¿Qué cosas han robado nuestra esperanza? En estos tiempos que vivimos, muchos han perdido la esperanza, por la pandemia, los seres queridos que han fallecido, las enfermedades, las dificultades económicas por las que estamos atravesando, por los hogares que han fracasado en su intento de estar unidos, por no poder congregarnos en la iglesia o porque nuestra fe se ha opacado, etc. Cada uno de nosotros conoce lo que nos ha desesperanzado, pero no podemos simplemente quedarnos inertes sin hacer algo al respecto.

Lo primero es volver a colocar nuestra mirada en el Señor, nuestra esperanza segura, porque todos nuestros tiempos están en sus manos, Él conoce nuestra vida, nuestras luchas y nunca nos ha fallado. Nuestra esperanza está vinculada con la fe, ¿cuánto le creemos a Dios independientemente de las circunstancias? Si tenemos fe, tendremos certeza en el presente y una expectativa firme para el futuro. Recordemos Hebreos 11:1 “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.

Cuando pensamos sin esperanza, pensamos en lo malo y no estamos seguros en Dios. El Señor hoy nos anima a que descansemos en Él y su palabra, porque sus pensamientos son de paz y no de mal, para darnos el fin que esperamos. Hermanos, en las manos de Dios incluso lo que parece mal es para bien, por eso recuerda esta promesa y anímate. Romanos 8:28 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.   Oración.

«Señor Jesucristo, muchas veces no estoy preparado para lo que viene más adelante, las circunstancias pueden robarme la esperanza, pero cuando te veo a ti, afirmo mi fe porque sé que nunca me dejarás, ni me desampararás. Has prometido un fin seguro para todos los que te amamos y confiamos en ti. Mantén mi mirada puesta en ti, porque tú eres mi esperanza y mi fuente de vida. He orado en el nombre precioso de Jesús. Amén.  

jueves, 10 de febrero de 2022

Santificando a Dios con mi conducta

 

Santificando a Dios con mi conducta


“Sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” 1 Pedro 3:15

“De cierto, de cierto os digo que, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto”. Juan 12:24

¿Cómo confrontamos a las personas cuando demandan razón de nuestra fe?

El Señor nos dice en su palabra que si queremos santificar su nombre debemos acercarnos con mansedumbre y reverencia ante toda persona que pida razón de nuestra fe. En otras palabras, no caer en la trampa del odio y el insulto, incitando conflictos personales en contra de todos aquellos que piensan diferente a nosotros.

Y también, debemos morir a nosotros mismos para que sea Cristo con su Santo Espíritu quien se manifieste a través de nosotros, y no nuestra carne y nuestro ego.

Nuestra posición como cristianos debe ser como la de Cristo que no discutía, pues podía sentarse a la mesa de igual manera con fariseos, zelotes, publicanos, prostitutas, etc., porque entendía que el problema no eran ellos, los veía desamparados y sin Dios, y les hablaba con gracia y verdad para regresarlos al Padre. Es vital la gracia ya que no podemos atraer al amor de Cristo a alguien al que le hemos faltado al respeto o que hemos insultado de frente o a través de las redes sociales, por sus opiniones diferentes.

Recordemos lo que dice Efesios 6:12 “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. Nuestra lucha no es contra personas sino contra principados y potestades del sistema de este mundo, que tiene cautivos los corazones y las mentes con el engaño de filosofías y mentiras, haciéndole creer a los seres humanos que no necesitan de Dios.

Santificamos a Dios ante los demás, cuando nuestra conducta los invita a glorificar al Padre, por eso tenemos que ser buen testimonio y luz para ellos. Mateo 5:16 dice: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. ¿Estamos preparados para decirle con amor a otros lo que Cristo ha hecho en nosotros?   Oración.

«Amado Jesús lléname de tu amor y gracia para contestar con amabilidad y de manera respetuosa a aquellos que me pregunten de mi fe, de mi estilo de vida o de mi perspectiva cristiana, quiero tu carácter Jesús para que a través de mi vida puedan ver esperanza en ti. En el nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 9 de febrero de 2022

Gracia y verdad

 


Gracia y verdad

“le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más” Juan 8:4-11.

En este pasaje tenemos un claro ejemplo de cómo debemos acercarnos a las personas que están atadas al pecado, encadenadas a los vicios y que han perdido toda esperanza, ya que están viviendo en orfandad espiritual porque no conocen la paternidad de nuestro Padre amoroso y se refugian en todas estas cosas para llenar su vacío. Jesús es el camino, la verdad y la vida y el único medio para volverlos a Dios; por eso, al compartir el evangelio, debemos encarnar a nuestro maestro y ser cómo Él. Juan 1:17 dice “Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo”, tenemos su ADN y es el amor.

Jesús estaba lleno de gracia y verdad, por eso no condenó a la mujer adúltera; así es que debemos ir a otros, sin juicio, sin reproche, sin señalar a ninguno, porque al igual que ellos éramos huérfanos y Jesús con su sacrificio en la cruz restauró nuestra relación con el Padre y nos acercó a su presencia.

Entender que cada ser humano fue hecho a la imagen de Dios, nos dice que no debemos tratarlo con desprecio por su condición, su equivocación o pecado. Cuanto más firmes estén nuestros fundamentos cristianos, con más facilidad podremos acercarnos a nuestro prójimo, porque estaremos llenos de su amor, gracia y verdad. Para cumplir con la gran comisión debemos crecer en estos fundamentos y así ganar el corazón de otros para Cristo, viendo sus heridas causadas por su orfandad.

Jesús primeramente con su gracia conquistó el corazón de la mujer, porque la vio diferente a los otros que la condenaban, la miró con amor y compasión, y cuando todos se fueron y ninguno arrojó ni una piedra sobre ella, le manifestó la verdad, la confrontó con su pecado diciéndole que no pecara más.

Si al evangelizar ofrecemos solo la verdad sin la gracia, perdemos la perspectiva porque podemos volvernos legalistas y esto hace que las personas cierren su corazón a Cristo, ya que no experimentan el amor de Él a través de nosotros, sino la condena. Pero tampoco es irnos al otro extremo de solo gracia, porque entonces podemos caer en la permisividad; amor que no conduce a la verdad es permisividad.

Por eso la gracia y la verdad deben ir juntas cada vez que vamos en el nombre de Cristo a hablar de Él, porque nos lleva a tener respeto por la dignidad humana y llenarnos de su inagotable amor, que es lo único que puede volver los corazones pródigos.  Oración.

«Amado Jesús, gracias por haber restaurado mi relación de paternidad y haberme acercado nuevamente al Padre por tu gracia y tu verdad. Quiero, al igual que tu poder, ir a tantas personas que están errantes como ovejas sin pastor, deambulando en oscuridad, ataduras y vicios, buscando una salida. Lléname de ti, de tu ADN, para llevarles tu amor y acercarlos a ti. En el Nombre de Jesús, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 8 de febrero de 2022

Avivando nuestra vida espiritual. Parte 3

 

Avivando nuestra vida espiritual. Parte 3


“Meditad, pues, en vuestro corazón, desde este día en adelante, desde el día veinticuatro del noveno mes, desde el día que se echó el cimiento del templo de Jehová; meditad, pues, en vuestro corazón. ¿No está aún la simiente en el granero? Ni la vid, ni la higuera, ni el granado, ni el árbol de olivo ha florecido todavía; más desde este día os bendeciré” Hageo 2:18-19.

El último problema que Hageo enfrenta es la insatisfacción, lo cual es algo común para los seres humanos. Los Israelitas no se sentían satisfechos con el nuevo templo, porque siempre lo comparaban con el de Salomón, y por su negligencia muchas cosas de la obra continuaban inconclusas y querían, sin embargo, ser bendecidos. Ahora que estaban trabajando esperaban recuperar rápidamente los años de inactividad.

La lección para el pueblo de Israel era obvia, no podían esperar que la obra de tres meses compensara dieciséis años de negligencia. Tenían la misión de terminar el templo, pero estaban contaminados por el pecado. El rito no podía ocultar su inmundicia, así que todo cuanto ofrecían sobre el altar, por santo que fuese el propósito, Dios lo miraba inmundo. Para Dios no contaba el trabajo que hacían, sino la condición de su corazón; por eso dice en Hageo 2:14 “Y respondió Hageo y dijo: Así es este pueblo y esta gente delante de mí, dice Jehová; y asimismo toda obra de sus manos; y todo lo que aquí ofrecen es inmundo”.

La restauración espiritual es un proceso y no se obtiene de la noche a la mañana. El hecho de que entremos por las puertas de una iglesia, participemos del culto, sepamos pasajes bíblicos, cantemos alabanzas y depositemos el diezmo, no nos hace cristianos; nos hacemos cristianos cuando reconocemos que somos pecadores y necesitamos de un Salvador, Jesucristo.

La fe no es transferible, es una decisión personal que cada uno de nosotros toma, y para crecer necesitamos un proceso en el conocimiento de Dios y su palabra para ser transformados. A veces nos sentimos insatisfechos porque Dios no va a nuestro ritmo; la obra de Dios se hará a su manera. Nos quejamos porque no estamos satisfechos con su voluntad, queremos ser promovidos en su obra, sin antes ser obedientes a Él.

El cristianismo no se puede disfrazar de religiosidad y creer que las ceremonias religiosas pueden sustituir las verdaderas exigencias divinas. Dios demanda que seamos santos como Él lo es; para eso, primero Dios pone el cimiento que es Jesucristo y luego nos edifica en conocimiento y nos permite crecer en gracia para su gloria.  Oración

«Amado Señor, sé que quieres bendecirme, que eres un Dios de nuevos comienzos y, aunque mi vida esté en ruinas, para ti es más importante la obediencia a tu palabra que cualquier multitud de cosas que haga para agradarte. Ayúdame a caminar de tu mano y sentir satisfacción por la obra que estás haciendo en mí, en tu tiempo y voluntad. En Cristo Jesús, amén.     Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 7 de febrero de 2022

Avivando nuestra vida espiritual. Parte 2

 


Avivando nuestra vida espiritual. Parte 2

“Pues ahora, Zorobabel, esfuérzate, dice Jehová; esfuérzate también, Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote; y cobrad ánimo, pueblo todo de la tierra, dice Jehová, y trabajad; porque yo estoy con vosotros, dice Jehová de los ejércitos. Según el pacto que hice con vosotros cuando salisteis de Egipto, así mi Espíritu estará en medio de vosotros, no temáis. Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos. La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos; y daré paz en este lugar, dice Jehová de los ejércitos”. Hageo 2:4-9

“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano”. 1 corintios 15:58

Ayer decíamos que hay tres problemas que el profeta Hageo plantea, comunes a todos los seres humanos y vimos el primero que es el desinterés. Hoy veremos el segundo problema que es el desaliento. En el pueblo de Israel algunas personas mayores que habían retornado del exilio, habían visto el templo de Salomón cuando eran niños y recordaban su esplendor y gloria, como nos lo dice Hageo 2:3 “¿Quién ha quedado entre vosotros que haya visto esta casa en su gloria primera, y cómo la veis ahora? ¿No es ella como nada delante de vuestros ojos?”.

Esto, los llenó de desánimo e influenciaron negativamente a los más jóvenes, y la obra de reconstrucción del templo comenzó con desgano. Hageo trae un mensaje enérgico para motivar al pueblo a trabajar. Le dice al pueblo que se esfuercen y trabajen que lo que están haciendo es para Dios, para que Él lo llene de su gloria. Esa era la clave para empezar a superar el desaliento y recordarles que el Señor estaba con ellos: “mi Espíritu estará en medio de vosotros, no temáis”. Es una bella alusión al Espíritu Santo que interactúa con el espíritu del pueblo para lograr que la obra se complete.

En la palabra de Dios hay muchos pasajes donde el Señor a través de sus profetas y siervos quiere que su pueblo recobre el ánimo. A veces en la obra cristiana es fácil caer en desaliento cuando nos comparamos con el éxito que quizás otros han tenido en sus ministerios, pero esto claramente es un error, no importa cuán grande sea el desafío, el Señor quiere que nos esforcemos y confiemos en Él, pues nosotros somos instrumentos para que Él manifieste su gloria en esta tierra, porque nos ha dado su Espíritu.

Si nos desalentamos le damos cabida a nuestras debilidades y no veremos resultados, nunca debemos medirnos con los demás, sino hacer todo para la gloria de Dios, no importa lo pequeño o grande que sea, Dios nos ha puesto ahí. Como dice Colosenses 3:23 “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres”. Y recordemos que ningún trabajo para el Señor es en vano.

Esto debe motivarnos a hacer las cosas con el deseo de agradar a Dios, porque nuestro trabajo debe ser un acto de alabanza a Dios, esto eliminaría el desánimo y haríamos todo sin quejas, con gratitud al Señor por todo lo que Él ya hizo por nosotros.   Oración.

«Señor misericordioso, gracias por tu amor incondicional, porque nunca te cansas de mí, sino que me animas con tu Santo Espíritu a continuar, no importa lo difícil que sea el camino, quiero permanecer firme y constante creciendo en tu obra y agradarte haciendo todo para tu gloria y honra, porque sé que tú tienes la recompensa aquí y en la eternidad. En Cristo Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 6 de febrero de 2022

Avivando nuestra vida espiritual. Parte 1

 


Avivando nuestra vida espiritual. Parte 1

“Entonces vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo: ¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta? Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto. Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos”. Hageo 1:3-7

El libro de Hageo plantea tres problemas comunes a todos los pueblos y yo diría a todas las personas. El primero de ellos es el desinterés. El pueblo de Israel había retornado de su exilio con el propósito de reconstruir el templo de Jerusalén y había comenzado la tarea, pero ante la oposición de los enemigos desistieron y se detuvo la obra, se habían interesado más en reconstruir sus propias casas y entraron en apatía espiritual.

Esto sucede muy a menudo en la vida cristiana, cuando empezamos a crecer espiritualmente y comenzamos a estudiar la Biblia, iniciamos con entusiasmo y perseverancia, pero ante el primer tropiezo, cuando se oponen a que conozcamos del Señor, cuando rechazan el mensaje que damos del evangelio, cuando estorban nuestro crecimiento, vamos perdiendo el interés y preferimos parar para evitar los problemas, detenemos la obra que el Señor ha comenzado en nosotros, eso solo denota inmadurez espiritual.

Lo triste es que nuestra vida se vuelve infructuosa, porque perdemos la perspectiva y nos dedicamos a las cosas del mundo como todos los demás. Los esfuerzos por construir primero lo material y mundano antes que lo espiritual resulta en fracasos que nos hacen tambalear en nuestra fe. Quienes triste y equivocadamente anteponen lo material a Dios salen perdiendo. Debemos entonces reorganizar nuestras prioridades y el primero en la lista es Dios, si queremos una vida bendecida. En Mateo 6:33 se nos da el orden correcto “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.

Los tiempos que estamos viviendo demandan actitudes de servicio y compromiso con el Señor, es tiempo de ordenar nuestras prioridades y que nos ocupemos de las cosas de Dios para glorificar su nombre en esta tierra. Hageo 1:8 dice: “Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová”. Es tiempo de actuar, el mundo necesita cristianos crecidos espiritualmente que sean testimonio para aquellos que no le conocen, que este 2022 sea el año de tomar con determinación nuestra edificación espiritual. Cuando Dios habla, transmite vida. Esa es la clave de todo despertar espiritual.

Motivémonos con estas palabras de Pedro en 2 Pedro 3:18 “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén” Oración.

«Amado padre celestial, a través de tu palabra me has advertido que no permita que las preocupaciones, las inquietudes y afanes de este mundo ocupen el primer lugar en mi corazón, de tal manera que invierta mis prioridades y me olvide de ti. Nada saldrá bien si no eres el que dirige cada aspecto de mi vida, porque separado de ti nada puedo hacer. Bienaventurado es el que toma al Señor como su Dios y confía plenamente en lo que Él tiene para su vida, por eso quiero que seas mi prioridad. En el nombre de Jesús. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 5 de febrero de 2022

Él cubrió mi desnudez

 

Él cubrió mi desnudez


“Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió”. Génesis 3:21

“En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas”. Isaías 61:10

“sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne. Romanos 13:14

Cuando el hombre cayó por su desobediencia en el Edén, consciente de sí mismo, trató de cubrir su desnudez con sus propias manos, pero el amoroso corazón de Dios lo vio desvalido, desamparado, roto por el pecado y comenzó inmediatamente su obra restauradora; el pasaje del Génesis nos dice que cubrió su desnudez física con pieles de animales.

Este acto reveló el plan redentor y restaurador de Dios para el hombre caído, este primer sacrificio que proveyó un vestido físico apuntaría al sacrificio de Jesús que proveería un vestido espiritual y restauraría al ser humano a la imagen y semejanza de Dios cuando fue creado. Diseñado para ser un ser espiritual y vivir en comunión íntima con Dios.

Jesucristo cubrió nuestra desnudez y vergüenza, cuando quitó el pecado del mundo con su muerte redentora, derramando su sangre para lavarnos de iniquidad, por eso cuando el ser humano no conoce de Jesucristo, en vano trata de cubrir su culpa, tratando de vivir moralmente, imponiéndose leyes y normas humanas difíciles de cumplir, haciendo cultos religiosos que no satisfacen el corazón de Dios. La verdad es que sólo somos aceptos por medio de Cristo, quien nos amó y se dispuso a pagar por nuestra culpa en la cruz.

Incapaz de vivir como Dios lo diseñó: espíritu, alma y cuerpo, el ser humano vive solo con dos dimensiones gobernadas por su ego, el alma y el cuerpo, esto lo hace infeliz, lastimándose a sí mismo y a los demás. Por eso, es necesario volver a la imagen original y solo Jesucristo es la solución para lograrlo porque Él murió para que viviéramos espiritualmente y volviéramos a estar en la relación correcta con el Padre celestial. Como dice Romanos 6:10-11 “Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; más en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro”.

Jesús ahora nos ha vestido con vestiduras nuevas de justicia y santidad como nos lo dice su palabra en Efesios 4:24 “y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”, para ser luz en medio de este mundo contaminado por el pecado. “Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz”. Efesios 5:8

El Señor nos restauró para que ahora nosotros seamos restauradores. Isaías 58:12 nos dice: “Y los tuyos edificarán las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar”. Es un llamado con el mensaje del evangelio a restaurar espiritualmente a los que nos rodean.  Oración.

«Señor Jesucristo, tu gran amor por mí no lo merezco. Por tu infinita gracia me diste la salvación con tu obra en la cruz del calvario y me revestiste de tu presencia con tu Santo Espíritu, con vestiduras de salvación y manto de justicia, para que no ande ya conforme a los deseos de mi carne, sino conforme al Espíritu. Restaura con tu poder todo mi ser: espíritu, alma y cuerpo, para que me halles irreprensible hasta tu regreso. En el nombre de Jesús. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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