sábado, 25 de diciembre de 2021

La luz del mundo

 

La luz del mundo


“Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” Juan 3:19.

“otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” Juan 8:12.

Otra vez el Señor nos habla, en el presente siglo, que Él es la luz del mundo. Si no tenemos a Cristo, estamos en oscuridad. Por mucha paz y amor que deseemos a otros, lo cual es un anhelo muy loable, estos solo se encuentran en la presencia de Dios, entonces podemos ofrecer que Cristo habite en el corazón de cada persona como el mejor regalo. Porque Jesús pagó el costo y en la cruz venció al maligno y al pecado que nos tenían en esclavitud y en la más profunda oscuridad.

Así que cuando mires las luces de esta época, recuerda quien es la luz verdadera que puede iluminar con paz y amor verdadero tu vida y la de tu familia, tus vecinos o conocidos; así que vale la pena dedicarle unos minutos, detener el afán de las fiestas y decirle al Señor: “quiero hoy Señor Jesús que tu luz ilumine mi corazón, resplandece en mí y quita toda oscuridad de mi vida, hoy te recibo como mi Señor y Salvador personal”. Ahora que la luz está en ti, puedes compartir el mensaje de la Palabra de Dios, que ilumina a todos tus semejantes y llevarles la luz verdadera que quita la oscuridad producida por el pecado y nos da la luz de la vida.   Oración.

«Padre, lléname de tu paz y de tu amor, que tu luz ilumine a todos mis seres amados, que nos permita conocerte a ti, Dios verdadero, y a Jesucristo a quien enviaste para salvarnos y morar en nuestro corazón por medio de tu Espíritu. Quita de mi vida todo pecado que me lleve a no disfrutar de tu luz y que tu Espíritu me sostenga en perfecta obediencia, para gloria de tu nombre. En el nombre de Jesús, amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 24 de diciembre de 2021

El árbol de la vida

 


 El árbol de la vida

“Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal.” Génesis 2:9

“Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.” Génesis 3:24

Notemos que Dios no prohibió, antes de que el hombre cayera, tomar del árbol de la vida, pues estaba a su disposición, más una vez que le desobedecieron y cayeron en el engaño del enemigo, fueron separados, y no pudieron hallar el camino al árbol.

Pero cuando Cristo murió por nuestros pecados y resucitó, todos los que creen en Él, tienen acceso al árbol de la vida y podrán disfrutar de esta promesa. “En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones.” (Apocalipsis 22:2)

Nuestra vida está escondida en Cristo, en Él hallamos alimento eterno, ese fruto de justicia, paz y santidad que nos lleva camino al Padre.

Cuando mires un árbol iluminado en esta época de navidad, recuerda y cree en Cristo que te da a comer del árbol de la vida, pues en Él encontramos el camino que estaba perdido, la verdad que se había ocultado, la vida que se había extinguido. Él declaró ciertamente: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).  Oración.

«El pan de vida eres tú, mi Señor Jesús, quien alimenta y sostiene mi vida, de ti dependo porque tú me das alimento verdadero. Ilumina mi vida y llénala de todo fruto de justicia y santidad. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 23 de diciembre de 2021

Lo que ofrece el mundo

 

Lo que ofrece el mundo


“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.” 1 Juan 2:16

El mundo en la Biblia hace referencia al sistema caí­do, como consecuencia del pecado, hostil a Dios y que sigue su propia sabiduría, viviendo a la luz de su propia razón sin reconocer la Fuente de toda la verdad, vida e iluminación.

Este mundo intentará hacerte creer que necesitas satisfacer tus propios deseos, te creará necesidades que no tienes y te empujará a que te enfoques en ti mismo y no en Cristo.

El mundo caído tiene como características predominantes el orgullo y la codicia. El primero quiere llevarnos a que no reconozcamos nuestro estado y necesidad de Dios, el segundo quiere empujarnos a desear y poseer todo lo que resulta atractivo a nuestros sentidos físicos, como sucedió en el paraíso: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.” (Génesis 3:6).

Además del orgullo y la codicia, el mundo quiere llevarnos a una falsa religión basada en el legalismo, el ascetismo y el ritualismo como débiles sustitutos de la verdadera adoración a Dios que debe ser en Espíritu y verdad (Juan 4:23-24); estos elementos de una falsa comunicación con Dios conducen a la esclavitud de la conciencia por medio de rudimentos y tradiciones humanas (Gálatas 4:9-10).

Pero nosotros, los creyentes en Jesús, tenemos al Espíritu de Dios habitando en nosotros y donde está el Espíritu hay verdadera libertad (2 Corintios 3:17), esto incluye al mundo y sus ideologías, por eso estamos llamados a cambiar nuestra forma de pensar y a no seguir las corrientes de este mundo, viviendo santa y piadosamente, sin mancha e irreprensibles, en paz, porque el mundo y sus cosas han de ser deshechas, pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. (2 Pedro 3:11-18)    Oración.

«Padre, nada quiero de este mundo, pues lo único que llena mi vida es tu amor derramado en mi corazón por medio de Cristo, quita de mí todo mal deseo y por medio de tus promesas enséñame a disfrutar desde hoy de mi posición eterna, en Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 22 de diciembre de 2021

Libres de maldición

 

Libres de maldición


“Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero, no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que Jehová tu Dios te da por heredad.” Deuteronomio 21:22-23

“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu” Gálatas 3:13-14

Como vemos en la escritura, Cristo, al ser colgado de un madero, se hizo maldición por nosotros y nos redimió de la maldición de la ley, pues esta condenaba a todo aquel que no cumpliera alguna de sus exigencias. Como nos explica contundentemente el Espíritu Santo por medio del Apóstol Pablo “Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas.” (Gálatas 3:10).

Lo cual no quiere decir que no estemos llamados a cumplir sus mandamientos, sino, que nuestro cumplimiento de la ley ocurre cuando amamos a los demás, siendo esto el fruto y evidencia de estar justificados por fe; pero este cumplimiento de la ley, en amar a los demás, no es ejecutado con nuestras propias fuerzas, sino por la presencia del Espíritu Santo, quien actúa poderosamente en cada creyente. Es decir que, con el amor que Cristo derramó en nosotros, somos llevados y llamados a poner en práctica sus preceptos y a hacer morir las obras de la carne.

Al ser ineficaces e incapaces de cumplir fielmente todos sus mandamientos y preceptos, merecemos caer bajo la maldición descrita en Deuteronomio 28:15-64; sin embargo, Cristo tomando nuestro lugar, siendo nuestro sustituto en la cruz, se hizo maldición para que ahora heredemos la bendición de Abraham y por gracia seamos alcanzados de todas las bendiciones descritas en Deuteronomio 28:2-14. Bendición tras bendición en nuestra salud, economía, sobre todo aquello en que ponemos nuestras manos, nuestros hijos e hijas, nuestro cónyuge; bendiciones que están dispuestas por medio de la obediencia a la fe para ser tomadas por nosotros. ¡Qué esperas hermano, aprópiate de ellas!    Oración.

«Padre amado, gracias porque en Cristo Jesús no tengo ninguna maldición; al recibir a Cristo fueron rotas todas las maldiciones, ahora estoy llamado a tomar por fe las bendiciones en toda área que tienes para mí y a vivir una vida de excelencia moral, impulsado por el amor de Dios y guiado por tu Espíritu, para hacer morir en mí toda obra de la carne, Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 21 de diciembre de 2021

 


El hermano del hijo pródigo

“Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.” Lucas 15:25-32

El hermano mayor del hijo pródigo sintió envidia y enojo por ver cómo su hermano menor, habiendo sido desobediente y rebelde, recibió lo que no merecía.

Tal vez el hermano mayor recordó que, de acuerdo a la ley, su hermano debería ser castigado severamente y se le debía aplicar lo que estaba dictaminado en el antiguo testamento en Deuteronomio 21:18-21, acerca del hijo contumaz y rebelde, el cual debería ser apedreado por los ancianos de la ciudad.

Y así somos nosotros en muchas ocasiones, envidiamos lo que otro tiene o criticamos al otro, condenamos y entramos en el legalismo. Nos preguntamos ¿Por qué él sí recibe y yo no? o vemos a un hermano que ha caído en pecado y en vez de levantarlo con mansedumbre, como nos dice la escritura, deseamos que venga un castigo sobre él (Gálatas 6:1).

Entonces, podemos ver en esta parte que el hermano mayor representa la ley, mientras que el hermano menor representa la gracia (favor inmerecido). Dice la escritura “​​De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído. Pues nosotros por el Espíritu aguardamos por fe la esperanza de la justicia;” (Gálatas 5:4-5), pues somos justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús y no mediante nuestras propias obras de justicia, (Romanos 3:24, Tito 3:5).

También podemos ver que el hijo pródigo del antiguo testamento, es decir, lo que estaba determinado pasarle a un hijo que se hacía rebelde, de acuerdo a las instrucciones de la ley, era bañarlo con piedras, en contraste, el del nuevo testamento fue bañado con besos; el hijo del antiguo testamento recibiría lo que merecía debido a su rebeldía y todo terminaría en tristeza, en muerte, en un funeral, mientras que el hijo pródigo del nuevo testamento recibió lo que no merecía, fue revestido, perdonado y todo terminó en celebración.

Lo que le debía pasar a un hijo pródigo del antiguo testamento muestra la justicia bajo este pacto, porque sería el juez injusto si no ejecuta justicia. En el nuevo testamento, esta justicia, fue cumplida por Cristo, para que ahora nosotros disfrutemos de la celebración; así que, podemos ver el alto costo que Cristo pagó con su sangre y por lo tanto apreciar el amor y la gracia de Dios derramada abundantemente sobre nosotros, por medio de la fe en Jesús, para que no condenemos a otros, mejor compartamos el mensaje de su favor inmerecido y vivamos una vida en santidad agradando al Padre.    Oración.

«Padre, me has dado tu amor al enviar a tu Hijo Jesús a morir por mis pecados y por medio de Él me has tratado como yo no merecía; gracias por tu gran favor. De la misma manera quiero amar a los demás, no condenándolos, sino edificando y enseñando acerca del amor que cubrió mi maldad y me hizo nueva creación. En el nombre de Jesús, Amén.  

lunes, 20 de diciembre de 2021

El hijo pródigo. Parte 2

 


El hijo pródigo. Parte 2

“Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.” Lucas 15:18-24

En el pasaje de hoy, Lucas 15:23, el Padre manda a que traigan el becerro gordo y lo sacrifiquen, es decir, que matan el becerro frente a su hijo pródigo. Esto nos ayuda a ejemplificar el costo del perdón; hubo un sustituto por el pecado del muchacho. Una vez muere el cordero hacen fiesta, se regocijan porque la culpa ha sido quitada, al ser puesta sobre el becerro y no sobre el joven.

En el antiguo testamento, Dios ordenó este tipo de sacrificios como sombra de lo que había de venir, el sacrificio de su Hijo amado (Levíticos 16:21-22). Llegando Cristo, Él cumplió lo profetizado en la escritura, de ser el sustituto de nuestros pecados (Isaías 53:4-6); y con esto, Dios quiere demostrarnos el precio de la cruz, el precio de salvarnos. El hijo pródigo reconoció que había pecado, que merecía ser tratado como un trabajador más, por su rebeldía, pero recibió de su Padre un favor inmerecido, un amor que no merecía, un perdón sin condición.

Asimismo pasa con nosotros, que a pesar de haber sido merecedores de ser tratados con castigo, por nuestro pecado y desobediencia, Jesús tomó este castigo para que nosotros fuésemos tratados bien, librados del pecado y limpiados de todo mal, porque así como el hijo pródigo fue revestido de gala, a nosotros se nos han quitado las vestiduras viles del pecado y se nos ha llamado a colocarnos la nueva vestidura, como dice la escritura “y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:24). Es algo que ya tenemos por su gran amor.

Así que, si te has alejado de Dios, tu corazón está seco, sin vida, necesitas apreciar el amor y la gracia de Dios, recordando la abundancia de su favor inmerecido y las grandes bendiciones espirituales que ha derramado sobre nosotros por medio de Cristo; y disfrutar de la vida verdadera que experimentarás cuando vuelvas a la presencia del Padre.  Oración.

«Padre, hoy quiero levantarme y regresar a ti, disfrutar de tu presencia por medio de Jesús; reconozco que necesito de ti y hoy coloco mi confianza y mi esperanza en tu Hijo amado, quien murió por mis pecados y resucitó para darme vida nueva. En el nombre de Jesús, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 19 de diciembre de 2021

El hijo pródigo. Parte 1

 


El hijo pródigo. Parte 1

“También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!” Lucas 15:11-17

Hemos pedido bienes y nuestro Dios proveedor nos los ha concedido, pero los hemos derrochado viviendo perdidamente, es decir, hemos seguido los afanes del mundo, que nos impulsan a los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida (1 Juan 2:16). Priorizamos el placer por encima del ser, colocamos en primer lugar nuestra comodidad, por encima de nuestra identidad. Parece que es más importante el sentirnos bien y hacer todo lo posible para no perder nuestra aparente estabilidad, que el vivir como hijo del Padre celestial, el cual tiene una misión específica aquí en la tierra: No vivir para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por nosotros. (2 Corintios 5:15).

Entonces, ¿hemos malgastado las riquezas que nuestro Padre amoroso nos confió por medio de la fe en Cristo? Aunque las riquezas de su gloria y sus dones espirituales son innumerables, si ha sido el caso que hemos estado viviendo perdidamente, no haciendo lo que nos corresponde, recordemos el gran amor del Padre que dice: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él” (1 Juan 3:1). Así como el hijo pródigo, cuando comenzó a faltarle, recordó el gran amor de su Padre, manifestado en cómo trataba a sus empleados, el Espíritu Santo nos recuerda la verdad y nos llama como dice la escritura: “¿O pensáis que la Escritura dice en vano: ¿El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?” (Santiago 4:5), ese anhelo, ese celo del Espíritu es para que recapacitemos, como ocurrió con el personaje de esta parábola, y regresemos a hacer las primeras obras, cambiando nuestra manera de pensar, ya no pensando cómo el mundo lo hace, porque el mundo pasa y sus deseos pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. (1 Juan 2:17).

En el versículo 17 de la cita de hoy, cuando se usa la palabra “abundancia”, en griego, que es el idioma en el cual está escrita originalmente, se usa “perisseúo”, que significa una exagerada abundancia, esto quiere decir que fue la exagerada bondad de su Padre la que lo llevó al arrepentimiento, pues si el padre puede tratar bien a sus jornaleros, aunque él no considera que es hijo por su mal comportamiento, sabe que al menos siendo un jornalero recibirá de esa abundancia del Padre. ¿Cuánto más nosotros, como hijos, recibimos la abundancia de su favor inmerecido? (Romanos 5:17), así que, hermanos, busquemos el arrepentimiento por el malgasto que hemos estado haciendo, apartándonos de los malos deseos del mundo y buscando agradar a Dios antes que a los hombres.   Oración.

«Tú eres mi Padre porque he creído en tu Hijo Jesús, y como hijo tuyo quiero honrarte, permitiendo que el Espíritu de gracia, que has puesto en mí, me guíe, aliente mis pasos y me lleve a hacer tu voluntad, ya no quiero malgastar mi tiempo y mi vida en cosas vanas, sino en glorificar tu nombre. En el nombre de Jesús. Amén.     Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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