martes, 7 de diciembre de 2021

Te he llamado por tu nombre, mío eres tú

 


Te he llamado por tu nombre, mío eres tú

“Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.” Isaías 43:1

Todos necesitamos seguridad, y esta seguridad se da cuando nos sentimos identificados con algo o alguien, sin embargo, las cosas del mundo no generan verdadera seguridad, ni llevan a una verdadera identidad, pues ofrece cosas perecederas e inestables. En contraste, cuando confiamos en Cristo, Él nos da seguridad eterna, porque cuando lo encontramos, o mejor, cuando Él nos encuentra a nosotros, sabremos quién somos en realidad y esto define el resto de nuestra existencia, pues nuestra vida está escondida en Jesús (Colosenses 3:3).

Si sé quién soy, así pensaré, así actuaré. Entonces, ¿cómo empezamos a actuar ahora que sabemos que por la fe en Cristo somos de Él, que tenemos una identidad como hijos de Dios y un propósito, y que por esta fe nos ha dado vida eterna? ¿Qué harás de ahora en adelante?

Así que, tomemos esta palabra viva para cada uno de nosotros, “porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 4:20) y Él nos dice hoy “mío eres tú”, por lo tanto, tenemos seguridad, un piso firme que no tiembla ante las circunstancias inestables de la vida, porque somos sus hijos y nos ha prometido que “No te desampararé, ni te dejaré” (hebreos 13:5).   Oración.

«Padre, soy tuyo por medio de la fe en Jesús, por eso tengo seguridad en un Dios eterno y vivo, que habita dentro de mí, que me da la fuerza para seguir y para vivir en libertad del pecado, del mundo y del maligno. Gracias amado Señor, porque soy tuyo y nada me separará de tu amor que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 6 de diciembre de 2021

Busca la voluntad de Dios

 


Busca la voluntad de Dios

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. Romanos 12:2

La voluntad de Dios es buena, no es para nuestro mal, sino que Dios en todo tiene planes de bendición y no de maldición, a fin de darnos un futuro y una esperanza; el Señor siempre desea nuestro bien, de ninguna manera nuestro mal (Jeremías 29:11).

La voluntad de Dios es agradable, porque produce gozo en nosotros, no tristeza; y es perfecta porque es el mejor camino que podemos tomar, el que más nos conviene.

La voluntad de Dios, se trata de escuchar las palabras de Jesús, o sea el evangelio mismo, creerlo y obedecerlo, es decir, obedecer a la fe, colocando en práctica los principios que conllevan. El mismo Señor Jesús, dijo: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, ¿y no hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6:46). Es decir, no solo se trata de escuchar la voluntad de Dios escrita en su palabra, sino llevarla a cabo, cumplirla.

Si la voluntad de Dios busca nuestro bien, nuestra bendición y es lo que más nos conviene ¿por qué razón buscamos hacer nuestra voluntad y por qué queremos que los demás hagan lo que nosotros queremos y no lo que Dios anhela hacer en su vida?

Por tanto, estemos dispuestos a buscar la voluntad de Dios, primero, escuchando su palabra, orando para recibir sabiduría de Dios y pidiendo fortaleza para ponerla por obra.   Oración.

«Padre, quiero hacer lo que te agrada, lo que solo tú sabes que es bueno para mí, esperando en tu favor y en tu tiempo. Así como Jesús, que mi alimento sea hacer tu voluntad y obedecer a tu Palabra. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 5 de diciembre de 2021

La dimensión desconocida. Parte 2

 


La dimensión desconocida. Parte 2

“Y oró Eliseo, y dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.” 2 Reyes 6:17

En el presente, ahora que el Espíritu ha llegado a nosotros, por medio de la confianza en Cristo, Él es quien nos ayuda a navegar por el mundo espiritual, nos protege del mal y nos guía. Un ejemplo es cuando navegamos en el mar en un barco de vela, pues necesitamos de las corrientes de aire, de su fuerza impulsora para avanzar, de un timón que modifique la dirección de las velas para direccionar la ruta y de una brújula para orientarnos. Haciendo un paralelo en nuestro caso, el Espíritu Santo es el viento que impulsa las velas de nuestra vida, actuando en nosotros conforme a la Palabra de Dios para direccionar el rumbo y cumplir su voluntad. Entonces, el Espíritu Santo es la clave de la vida cristiana y mora ahora en nosotros gracias a la fe en Jesús (Juan 14:17, 1 Corintios 3:16, 2 Timoteo 1:14).

Sin embargo, muchas veces ignoramos al Espíritu Santo, no lo escuchamos o somos insensibles a su voz, entonces ¿cómo podemos ser sensibles al Espíritu Santo y a su voz? La respuesta correcta es por medio de la fe y la oración, o la oración hecha con fe, “porque por la fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7), como nos muestra el pasaje de hoy, donde Eliseo clama y Dios abre los ojos espirituales del siervo para ver la protección y poder de Dios actuando a favor de los suyos.

Como observamos, el mundo espiritual afecta nuestras relaciones personales, nuestra vida laboral, salud, economía y determina nuestra vida y sobre todo nuestra vida eterna. Cuando oramos estamos colocando en acción fuerzas espirituales, que obran sobre las circunstancias del mundo visible. El Espíritu Santo es la promesa de Dios para acompañarnos en nuestra vida diaria, y para tener acceso directo al mundo espiritual y para adorar a Dios en la forma correcta: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:23-24). Así que este conocimiento determina nuestro grado y forma de adoración a Dios.

Si seguimos estos principios, y crecemos en la fe quitando toda condenación, ya la dimensión espiritual no será desconocida, sino que sabremos usarla a nuestro favor y para la gloria de Dios. (hebreos 5:14).   Oración.

«Señor, hoy quiero ser sensible a la voz de tu Espíritu que me guía a estudiar tu palabra y me da la fortaleza para ponerla en acción. Manifestando tu amor a través de mi vida, abre, mi Dios, mis ojos espirituales para ver y experimentar el poder de tu Espíritu obrando a través de mí. En el nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 4 de diciembre de 2021

La dimensión desconocida. Parte 1

 

La dimensión desconocida. Parte 1

“porque por fe andamos, no por vista;” 2 Corintios 5:7

Hay un mundo espiritual que muchos desconocemos, un mundo espiritual que influencia nuestra vida y nos afecta directamente. En este mundo espiritual existen dos fuerzas que se contraponen, la maldad y la bondad. Es decir, queramos o no, estamos en una guerra contra las tinieblas; lo confirma la palabra de Dios en Efesios 6:12 “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”; es decir, no hay un bando intermedio.

El ámbito espiritual de amor, bondad, verdad y justicia es el que nos interesa conocer, porque todos los que hemos recibido a Cristo como Señor y Salvador tenemos esta posición, ya que como dice Efesios 2:6 “y juntamente con Él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús”; pero es una dimensión desconocida para muchos, por un factor decisivo: nuestra indiferencia a esta área del mundo espiritual. Por esto, estamos llamados a ser sensibles a este plano espiritual, que se contrapone al plano espiritual de maldad.

En 2 Reyes 6:8-17 se narra la historia del rey de Israel, que era avisado por el profeta Eliseo, cuando el rey de Asiria iba a pasar por algún lugar, con el fin de cuidarse y no sufrir derrota por parte de los Asirios. El rey de Asiria al ver que era descubierta su ubicación, aun hablando de sus planes en la cámara más secreta, se llenó de preocupación y trató de mandar a capturar a Eliseo, al ser informado por sus siervos que era él quien avisaba al rey de Israel (2 Reyes 6:8-13). El rey Asirio envió a la ciudad, donde estaba Eliseo, un ejército que vino de noche y sitió la ciudad.

Al ver el inminente peligro, el siervo de Elías se llenó de angustia y Eliseo le contestó: “Él le dijo: No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos” (2 Reyes 6:16); entonces, orando a Dios, le pidió que abriera los ojos (espirituales) del siervo para que mirara que estaban protegidos por un ejército con carros de fuego. Así sucedió, el siervo pudo mirar lo invisible y saber que Dios estaba con ellos. Cuando los sirios descendieron, estos fueron heridos con ceguera y capturados por parte de Eliseo.

Por tanto, este pasaje nos muestra que existe un plano espiritual, que si bien no vemos con ojos físicos, es real y actúa poderosamente a nuestro favor. Cuando confiamos en Cristo como nuestro Señor y Salvador, Él está a nuestro lado por medio de su Espíritu, protegiéndonos y guiándonos a toda verdad. Podemos, por tanto, en una situación difícil o en un ataque del enemigo de nuestra alma, creer y decir como Eliseo que “más son los que están con nosotros que los que están con ellos.”   Oración.

«Padre, puedo confiar que siempre estás conmigo, me cuidas y me das seguridad. No tengo por qué temer ante los ataques o dificultades de la vida, porque tu Espíritu me protege. Ayúdame a ser sensible a tu voz, mediante la comprensión de tu palabra de verdad, y abre mis ojos espirituales para ver tu gloria y experimentar tu gran poder. En el nombre de Jesús, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 3 de diciembre de 2021

Ropa Nueva

 

Ropa Nueva


“y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”. Efesios 4:24

Cuando éramos niños algo que producía mucha alegría en nosotros era ropa nueva, el olor a nuevo fue una sensación y un momento único. Nos gustaba lucirla frente a nuestros amigos de infancia y que, ojalá, nos dijeran algún cumplido. Aunque, tampoco podemos negar que como adultos nos gusta vestirnos, cortarnos el cabello y la sensación de ponernos algo nuevo es bastante agradable.

En el ámbito espiritual, nos enseña la palabra de Dios, a vestirnos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad, es decir, creado por medio de la fe en Cristo, y esto implica quitarnos las viejas vestiduras al despojarnos del viejo hombre, que está viciado o acostumbrado conforme a los deseos engañosos (Efesios 4:22). Revestirse del nuevo hombre, se trata de aceptar lo que somos gracias a Cristo y conforme a su imagen nos vamos renovando hasta el conocimiento pleno. (Colosenses 3:10)

En cuanto a despojarnos del viejo hombre, hay un asunto que es clave y que, al quitarlo de nosotros, las otras malas costumbres quedarán al desnudo para empezar a caer, y esto es: La auto condenación.

¿Como sabemos que estamos viviendo en condenación?, primero, cuando condenamos a otros es el signo más visible de que existe esta mala conducta en nosotros, según Romanos 2:1b “pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo”, es signo de que vemos en otras personas lo que está presente en nosotros.

Pero también, otra señal de que hay condenación en nosotros es la duda, “Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11:23). La palabra griega para “dudare” o “dudar” es diakríno, que está implícitamente relacionada con el significado de condenación, ya que en 1 Corintios 6:5, respecto a una disputa entre hermanos dice “Para avergonzaros lo digo. ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar entre sus hermanos?”, la Palabra usada para “juzgar” es katakríno, que significa juzgar contra, es decir sentencia o condena. En ambas palabras está la terminación “krino” que significa pronunciar un juicio, condenar.

En pocas palabras, cuando dudamos nos estamos condenando a nosotros mismos, porque dudamos de lo que Cristo hizo por nosotros y si nos condenamos a nosotros mismos no podemos tener la fe operando. La condenación es contraria a la fe y las promesas, porque sin fe es imposible agradar a Dios. La condenación, por tanto, nos enferma, nos lleva a colocarnos la vieja ropa de la antigua naturaleza, mejor debemos vestirnos como lo que somos, como escogidos de Dios, santos y amados, colocando en acción el amor y el fruto del Espíritu Santo puesto por Dios en nosotros, tal como dice la palabra de Dios: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” (Colosenses 3:12-13)      Oración.

«Amado Señor, soy nuevo en Cristo y tu Espíritu habita en mí, así que puedo y estoy llamado a permanecer en ti y reflejar tu amor y tu luz, ayúdame en mi debilidad para no vivir en condenación, ni condenar a los demás, sino perdonar y aceptar la nueva vestidura de santidad, misericordia, benignidad, humildad, mansedumbre y paciencia. En Cristo Jesús. Amén.       Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 2 de diciembre de 2021

Madurez espiritual

 


Madurez espiritual

«pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.» Hebreos 5:14

En esta amonestación, el Espíritu Santo, por medio del escritor del libro de hebreos, dice que hay temas que tienen mucha profundidad, que son difíciles de explicar, pero que los miembros de esta iglesia se han hecho tardos para oír, (hebreos 5:11) no han avanzado en el conocimiento de la escritura y les es necesario volver a los rudimentos de la fe. (hebreos 6:1-2)

Y esto no es solamente para aquella iglesia a la que era dirigida esta carta, sino que ahora, es mucho más relevante y actual para nosotros. Lo preocupante de esta situación es que el que no avanza, se estanca, pues al no conocer la profundidad, la altura y la anchura del amor de Dios en Cristo, que supera todo entendimiento (Efesios 3:19), dejamos de disfrutar de todas las bendiciones, propósitos y la plenitud de su Espíritu. Nos quedamos en un estado de inmadurez espiritual siempre cayendo en los mismos errores y cayendo en las mismas trampas del enemigo, pues no tenemos discernimiento del bien y del mal al no tener nuestros sentidos espirituales entrenados para esto.

El llamado del Espíritu Santo es a que sigamos creciendo para que seamos afianzados en la palabra de justicia (hebreos 5:13), y esto se refiere a que ahora nosotros somos justicia de Dios en Cristo, como dice la escritura: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21). Entender la profundidad de este hecho, nos lleva a la madurez, pues lo que creemos determina lo que somos, y si creemos que la justicia de Cristo fue imputada a nosotros, el pecado no tendrá ningún poder sobre nosotros, reinaremos sobre él, “Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, muchos más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia.” (Romanos 5:17).

Hermano, ¿te has preparado en tu iglesia local para ir hacia la madurez espiritual y recibir la abundancia de la gracia y del don de la justicia?   Oración.

«Padre, hoy quiero que, con la guía de tu Espíritu, me lleves un paso más hacia la madurez en Cristo Jesús, anhelo crecer para reflejar a Cristo en mi vida y así honrarte, que los demás conozcan de tu gran amor por medio del cambio que has hecho en mi corazón y de la paz que me das. Por amor a tu hijo Jesús. Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 1 de diciembre de 2021

Un paso de Fe

 

Un paso de Fe


«Más a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, ¡no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios. Mateo 14:25-33

Al igual que Pedro, debemos salir de nuestra barca, dejar la comodidad para poder hacer la obra de Dios. Dar este paso es atemorizante, pero Él nos guiará a las bendiciones. Cuando damos un paso de fe, abrimos la puerta para que Dios obre en nuestras vidas sobrenaturalmente. Quizás no caminemos sobre las aguas, pero sí caminaremos a través de situaciones adversas y grandes desafíos que nos presenta la vida. Si nos concentramos en las olas de las circunstancias difíciles que se levantan cerca de nosotros sin buscar la ayuda de Dios, también terminaremos desesperados y hundiéndonos.

Cuando dejamos de mirar a Cristo para mirar lo grande de las dificultades que se nos oponen, empezaremos a desfallecer, pero cuando le invocamos, Él extiende su brazo y nos salva. Cristo es el gran Salvador. Por eso cuando nos hallamos zozobrando en los conflictos de esta vida, hundidos en nuestra desesperación, es cuando debemos ir a Él y clamar pidiendo salvación.

Permitamos a Dios que nos levante con su diestra, como dice Salmos 20:6 “Ahora conozco que Jehová salva a su ungido; lo oirá desde sus santos cielos con la potencia salvadora de su diestra”. Dejemos que nos instruya con su Palabra para dar fruto. Jesús nos enseñó en Mateo 13:23 “Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno”.

Pidámosle a Jesús que nos toque con la presencia poderosa de su Espíritu para transformar nuestro entorno como lo hizo Él en su ministerio terrenal. Dice Hechos 10:38 “cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”.

Solo así podremos mantener nuestra fe en medio de las tormentas, tengamos los ojos puestos en el poder de Cristo y no en nuestra incapacidad. No es en nuestra fuerza, ni con nuestra inteligencia, es con el poder de su Espíritu. Apropiémonos de Zacarías 4:6b “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos”.   Oración.

«Señor, gracias por permitir extender tu evangelio a través de este medio. Dios amoroso ayúdame a caminar en fe cuando escuche tu llamado al servicio y enfrente los desafíos de la vida. Haz que no mire mi debilidad y flaqueza, sino que ponga mi mirada en tu poder, porque todo lo puedo en ti que me fortaleces. En Cristo Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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