domingo, 14 de noviembre de 2021

Pagó por nuestro rescate

 

Pagó por nuestro rescate


«Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti». Isaías 43:1-3

Dios tomó el barro de la tierra, sopló en él el espíritu de vida y formó un ser humano vivo, como dice Génesis 2:7 “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente”. Fuimos creados a su imagen para ser amados, sin embargo, ese ser humano se rebeló y distorsionó su creación al permitir que entrara el pecado; este fue nuestro comienzo y fue un mal comienzo. Provenimos de un pecador rebelde que nos transmitió una naturaleza caída y que no puede ser reformada o reparada por sí sola, sino por su Diseñador.

Ahora Dios nos hace hijos suyos por medio de nuestra confianza en Cristo y nos da una nueva naturaleza. Con su sacrificio en la cruz pagó el rescate por nuestras vidas, con su muerte sepultó nuestro pecado y con su resurrección nos hizo nacer a una vida nueva. Con esta redención maravillosa ya no debemos sentir temor, sino vivir en la libertad que Él nos ha dado a través de su sangre preciosa con la que pagó el precio. Según 1 Corintios 7:23 “Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres”; ahora somos su pertenencia y ya no somos esclavos de nadie.

Estas palabras de Isaías también tienen una aplicación maravillosa para nosotros, ya que a veces, en nuestra experiencia personal, nos hemos introducido en aguas profundas, en las que no podemos tocar el fondo, pero tenemos la certeza de que Dios nos acompaña en esas circunstancias. Aunque parezca que nos hundimos, Él ha prometido que los ríos no nos anegarán, interviniendo y librándonos de esa situación.

Dios usó naciones como Egipto y Etiopía para tratar y disciplinar a Israel y que entendieran que solo Él podría rescatarlos. Igualmente es con nosotros; alguna vez nos hemos preguntado ¿por qué Dios permitió que algunas personas o situaciones se nos cruzaran en nuestro camino y nos causaran problemas?, lo hizo para que volviéramos a Él, a sus propósitos, a su voluntad y para desarrollarnos espiritualmente. Dios utilizó esas circunstancias para liberarnos, por lo que, al rescatarnos nos ofreció una vida mejor. Debemos estar agradecidos porque usó personas para enderezar aspectos de nuestra vida, como dice Proverbios 21:18 “Rescate del justo es el impío, y por los rectos, el prevaricador” Oración.

«Gracias Señor por hacerme nueva criatura, hechura tuya, redimido por la sangre preciosa de tu Hijo amado, quien murió por mi pecado. Fui apartado para ti, ahora soy tuyo y si estás conmigo no temeré, soy libre porque pagaste un precio muy alto en la cruz para que lo fuera, para que no fuera esclavo de nadie. En el nombre de Jesús, Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

sábado, 13 de noviembre de 2021

Oración mañana tras mañana

 


Oración mañana tras mañana

«Escucha, oh Jehová, mis palabras; considera mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré. Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré». Salmo 5:1-3

“Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba”. Marcos 1:35

La comunicación regular es fundamental en cualquier relación y es necesaria en nuestra comunión con Dios, porque afirma nuestra fe. Necesitamos comunicarnos con Él diariamente. Preguntémonos hoy: ¿pasamos tiempo regular en oración y leemos la Biblia a diario?

Este salmo se centra en una adoración reverente y santa y en una oración por una vida recta, aquí David procura probar que el orden y la perseverancia son necesarios en nuestra comunión diaria. La repetición de la frase «de mañana», nos sugiere que el mejor tiempo de buscar a Dios es antes de empezar nuestra rutina, para poder entregarle los desafíos de nuestro día, buscando su gracia, dirección, ayuda y fortaleza.

Recordemos que la mañana es un milagro que ocurre cada día, porque nueva es cada mañana e inmutable su fidelidad (Lamentaciones 3:23). Lo importante es que no pasen días sin estar en la presencia de Dios. Como dice el Salmo 84:10a «Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos».

Jesús es nuestro mayor ejemplo de oración, sabía que no podía vivir sin comunión con el Padre, necesitaba reponer sus fuerzas espirituales consumidas por su labor de entrega y servicio a los demás. Para poder ministrar a los hombres, necesitaba primero encontrarse con Dios, por eso, buscaba un lugar desierto, para estar en silencio y sin interrupciones, para no distraerse con el ruido del mundo, y es algo que debemos aprender de Él, estar a solas con el Padre. Y más, cuando nos enfrentamos a las presiones de esta vida terrenal. Aunque sabemos que la oración es un vínculo vital con Dios, a veces no es fácil hacerlo, debemos esforzarnos por encontrar ese tiempo especial, aunque implique tener que madrugar más.

Como el salmista, debemos estar seguros de que el Señor nos escucha, mirándolo a Él como nuestro Rey y Dios, o sea, Él que gobierna nuestra vida y Él que es poderoso para darnos lo que necesitamos, Aprendamos a esperar en Él, aguardando las respuestas a nuestras oraciones.    Oración.

«Señor, quiero tener una firme relación contigo, que no pase ni un día sin buscar tu rostro, y gracias por estar atento a la voz de mi clamor. Eres mi Rey, por eso gobierna todos los asuntos de mi vida y eres mi Dios poderoso para hacer lo que quieras de mí. Gracias por amarme y estar siempre dispuesto a escucharme. En el nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

viernes, 12 de noviembre de 2021

Abre tu mano al hermano y al menesteroso. Parte 2

 

Abre tu mano al hermano y al menesteroso. Parte 2


“Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra”. Deuteronomio 15:11

«No debáis a nadie nada, sino el amaro unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley”. Romanos 13:8

“No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo. No digas a tu prójimo: Anda, y vuelve, y mañana te daré, cuando tienes contigo qué darle”. Proverbios 3:27-28

El amor de Cristo siempre será infinitamente superior al nuestro, pero Jesús no deja brechas en la ley del amor. Cuando el amor lo demande, debemos estar dispuestos a ir aún más allá de los requisitos legales e imitar al Dios de amor. La única deuda que tenemos con Jesús por todo lo que hizo por nosotros es el amor a otras personas.

Dios nos llama a la obediencia a su Palabra. Nos enseña desde el principio a cuidar de nuestros hermanos, por eso ese mandato al pueblo de Israel también se aplica a nosotros. Son verdades eternas y fundamentales para manifestar el amor de Dios en esta tierra. Esto es lo que los creyentes en Cristo deberíamos estar haciendo hoy en día. En la iglesia primitiva había mucha solidaridad entre los creyentes; pero en realidad, los creyentes actuales, en términos generales, no han mantenido esa actitud solidaria.

Era sorprendente la generosidad de la iglesia del primer siglo, veamos Hechos 4:34-35: “Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad”.

El Señor fue muy claro con los israelitas para que no fueran mezquinos de corazón, por eso les dijo en Deuteronomio 15:9 «Guárdate de tener en tu corazón pensamiento perverso, diciendo: Cerca está el año séptimo, el de la remisión, y mires con malos ojos a tu hermano menesteroso para no darle; porque él podrá clamar contra ti a Jehová, y se te contará por pecado”.

Es lo mismo que nos dice la porción de Proverbios 3:27-28 del día de hoy, que no nos hagamos los desentendidos cuando tenemos la oportunidad de dar a los demás, lo que tengamos a nuestro alcance. Dios mira nuestro corazón y siempre habrá necesitados a nuestro alrededor. Jesús lo dijo en Mateo 26:11 «Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis». Es nuestra oportunidad, entonces, de tener un corazón generoso, entendiendo que más bienaventurado es dar que recibir.   Oración.

«Amado Dios, recibo con agradecimiento esta palabra de exhortación, porque quiero que mi corazón sea transformado, no quiero ser mezquino con los bienes que me das, porque me has bendecido con todo lo que tengo, quiero ser generoso y poder ayudar al que se encuentre en necesidad. Anhelo también compartir de ti, para suplir los vacíos emocionales y espirituales de los que me rodean. Quiero imitarte mi Dios de amor. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

jueves, 11 de noviembre de 2021

Abre tu mano al hermano y al menesteroso. Parte 1

 


Abre tu mano al hermano y al menesteroso. Parte 1

“Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre, sino abrirás a él tu mano liberalmente, y en efecto le prestarás lo que necesite. Guárdate de tener en tu corazón pensamiento perverso, diciendo: Cerca está el año séptimo, el de la remisión, y mires con malos ojos a tu hermano menesteroso para no darle; porque él podrá clamar contra ti a Jehová, y se te contará por pecado. Sin falta le darás, y no serás de mezquino corazón cuando le des; porque por ello te bendecirá Jehová tu Dios en todos tus hechos, y en todo lo que emprendas. Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra». Deuteronomio 15:7-11

En el Antiguo testamento vemos a un Dios instruyendo a su pueblo sobre las leyes sociales, dándole a cada hombre una oportunidad igual. La tierra al séptimo año se dejaba descansar, en el año sabático las deudas y las hipotecas eran perdonadas y se distribuía equitativamente la riqueza, evitando la pobreza extrema y la riqueza extrema. Este reglamento debería ser cumplido por todos los israelitas. Cada séptimo año la deuda de los pobres sería cancelada y tendrían una oportunidad de empezar de nuevo. Ahora, si Israel hubiera guardado esta regla cuidadosamente, se habría cumplido lo que dice Deuteronomio 15:4 “Así no habrá mendigos entre los tuyos, pues el Señor te bendecirá con abundancia en la tierra que el Señor, tu Dios, te da por heredad, para que la tomes en posesión».

Los sistemas políticos en la actualidad enfrentan la naturaleza pecaminosa, egoísta del ser humano, por lo cual no hay formulaciones claras sobre justicia social, cada cual quiere tener más que los demás, generando la desigualdad, trayendo pobreza y falta de oportunidad a las personas de cualquier condición.

Dondequiera que uno vaya hoy, en cualquier nación que uno visite, uno queda impresionado por los extremos de pobreza y de riqueza, esto es el resultado del pecado del ser humano. Si los israelitas hubieran obedecido a Dios en cuanto a esto, no habría ningún pobre entre los miembros de aquel pueblo, porque la sociedad se habría caracterizado por un equilibrio de la riqueza. El problema fundamental es entonces el corazón humano, mientras este no sea transformado, no habrá gobiernos justos, ni instituciones, ni sistemas que resuelvan la injusticia.

¿Qué debemos hacer nosotros como creyentes? Estamos llamados en primer lugar a predicar el evangelio, para que los corazones sean transformados, pero tenemos también la obligación de amar a nuestro prójimo. A veces tenemos la idea de que amarse a uno mismo es malo. Pero si este fuera el caso, sería vano amar al prójimo como a nosotros mismos. Este es el tipo de amor que debemos brindar a nuestro prójimo. ¿Nos preocupamos de que otros se alimenten, tengan ropa y vivienda? ¿Nos interesan los problemas de los demás? Amar a otros como a nosotros mismos significa ayudar a otros en la medida en que podamos suplir sus necesidades materiales, aprovechando también la oportunidad para llenar su vacío espiritual, compartiéndoles el amor de Cristo. Si cada uno pusiéramos un granito de arena, juntos ayudaríamos a muchos de nuestros semejantes.

El Señor nos ha dado la ley del amor que debe reemplazar las leyes civiles y religiosas. ¡Cuán fácil es disculpar nuestra indiferencia hacia otros! Por eso debemos estar dispuestos a ayudar a los demás.   Oración-

«Señor, estoy en deuda contigo por tu amor sin límites derramado en la cruz a mi favor. La única forma en que pueda empezar a pagar la deuda es amando a otros, como tú me has enseñado. En medio de tanta injusticia social, quiero aportar mi granito de arena para ayudar a los necesitados y suplir sus faltantes, al igual que me brindes la oportunidad de llevar tu mensaje de amor. En el nombre de Jesús. Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

miércoles, 10 de noviembre de 2021

Pídeme lo que quieras que yo te de

 

Pídeme lo que quieras que yo te de

“Y aquella noche apareció Dios a Salo


món y le dijo: Pídeme lo que quieras que yo te dé. Y Salomón dijo a Dios: Tú has tenido con David mi padre gran misericordia, y a mí me has puesto por rey en lugar suyo. Confirmese pues, ahora, oh Jehová Dios, tu palabra dada a David mi padre; porque tú me has puesto por rey sobre un pueblo numeroso como el polvo de la tierra. Dame ahora sabiduría y ciencia, para presentarme delante de este pueblo; porque ¿quién podrá gobernar a este tu pueblo tan grande?” 2 Crónicas 1:7-10

“Y dijo Dios a Salomón: Por cuanto hubo esto en tu corazón, y no pediste riquezas, bienes o gloria, ni la vida de los que te quieren mal, ni pediste muchos días, sino que has pedido para ti sabiduría y ciencia para gobernar a mi pueblo, sobre el cual te he puesto por rey, sabiduría y ciencia te son dadas; y también te daré riquezas, bienes y gloria, como nunca tuvieron los reyes que han sido antes de ti, ni tendrán los que vengan después de ti”. 2 Crónicas 1:11-12

Si el Señor se nos apareciese una noche como a Salomón y nos hiciera esta pregunta ¿Qué pediríamos? ¿Nos hemos puesto a pensar en eso? Quizás pediríamos dinero, salud, un esposo o esposa, éxito, poder, o bienestar para vivir tranquilamente. Como seres humanos sería lo más lógico que fueran estas cosas las que vinieran a nuestra mente.

Ante esta pregunta Salomón pidió sabiduría para gobernar a Israel. Su desinteresado pedido agradó tanto a Dios que Él le prometió mucho más de lo que había pedido. Le dio riquezas, honor y le dio un corazón sabio y entendido para gobernar a su pueblo.

Quizás la sabiduría es lo que deberíamos pedir siempre ya que la realidad demuestra que no podemos vivir la vida cristiana por nosotros mismos y por eso Dios nunca nos ha pedido que así sea. Nos ha pedido que permitamos que Él viva esa vida, en y a través de nosotros. Recordemos que cuando oramos debemos estar seguros de que entramos a la presencia del Padre, al Dios Todopoderoso y Creador de todo, por eso debemos estar confiados que siempre está expectante y anhela que le busquemos y que le pidamos. El Señor Jesús dijo en Mateo 7:7 “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá”.

Él sabe lo que necesitamos, lo que deseamos, y lo que es bueno para nosotros, y nos lo dará. Cuando el Señor nos dé la oportunidad de tener lo que más deseamos en el mundo, no llenemos nuestra lista de oración de cosas banales y perecederas, pensemos también en lo eterno, en hacer la voluntad de Dios, pidamos crecimiento espiritual, conocimiento de Él y pidamos por la salvación de muchas almas.

No debemos pedir que haga lo que nosotros podemos hacer. Él siempre hará por nosotros lo que nosotros no podemos hacer, lo que se sale de nuestras manos. Allí es donde se manifiesta su poder sobrenatural.   Oración.

«Amado Padre, si me hicieras la misma pregunta que le hiciste a Salomón, yo sólo quiero pedirte que me des mucha sabiduría para vivir mi vida cristiana, que me enseñes a hacer tu voluntad, te pido por mi familia, por los que no te conocen, por sanidad y liberación de los que están enfermos y atados al pecado. Te pido Señor que suplas todas mis necesidades para vivir en tranquilidad, dame lo necesario para no quejarme y lo justo para no vanagloriarme y desviarme de tu camino. En el nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

martes, 9 de noviembre de 2021

Aumenta nuestra fe

 

Aumenta nuestra fe


“Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale. Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería». Lucas 17:4-6

“Auméntanos la fe”. Una sencilla oración hecha por los discípulos de Jesús que deberíamos pronunciar. ¿Qué los llevó a hacer esta petición? La dificultad de perdonar y de evitar tropiezos en la vida cristiana que desafiaban su fe.

El Señor les había dicho: “Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale”. Nuestro Señor mostró a sus discípulos la necesidad de tener una profunda humildad y capacidad de soportar las faltas de otros. Fue una genuina petición, porque igual que ellos, necesitamos la fe necesaria para perdonar de esa manera, pero también requerimos fe para los grandes desafíos que Dios nos permite enfrentar y el más grande es alcanzar este mundo para Cristo.

Jesús nos dice que no es la cantidad de fe la que importa, porque ella puede ser como un grano de mostaza, sino con qué intencionalidad la pedimos, pues puede ser simplemente para satisfacer nuestros deseos e intereses personales y no para cumplir el propósito del Señor en nuestras vidas. Nuestra fe nos debe llevar a hacer su voluntad y no la nuestra. Nuestra fe debe ser auténtica, de tal manera que no es algo que mostramos para que otros nos vean como piadosos, sino para manifestar obediencia total y humilde a la voluntad de Dios, haciendo lo que Él manda.

No es la cantidad de fe, sino la clase de fe que tenemos, que nos lleva a glorificar su Nombre, una fe que transforme profundamente nuestras almas capacitándonos para cumplir sus mandamientos y a vivir un estándar de vida espiritual alto, porque con nuestro testimonio debemos ayudar a establecer el reino de Dios en esta tierra. Que, aunque parece imposible, se hace posible por la fe, porque todas las cosas son posibles para el que cree. Dios está con nosotros por eso nos ayudará a lograr sus propósitos eternos.

Pidamos una fe más profunda con oraciones sencillas que toquen el corazón de Dios. A Él le agrada escucharnos orar. Dios no exige palabras elaboradas, ni frases rebuscadas. Dios quiere hablar de nuestros planes, pero también de los suyos, donde busquemos su gloria y poder. Una oración sencilla, pues Dios desea responder a nuestras peticiones y usarnos como instrumentos de salvación para otros.   Oración.

«Señor, aumenta mi fe, para poder depender de ti, obedecer tus mandamientos y hacer tu voluntad, dame un corazón entendido y sabiduría para saber perdonar las ofensas de otros, y el valor para continuar sin desmayar frente a los desafíos que me muestras para alcanzar este mundo para ti. Tú eres el Dios que me sustenta con tu Palabra de verdad. En Cristo Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.

lunes, 8 de noviembre de 2021

Misericordia quiero y no sacrificios

 


Misericordia quiero y no sacrificios

«Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, enviándonos unos a otros». Gálatas 5:22-26

«Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo». Efesios 4:26

“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia». Efesios 4:30-31

Durante situaciones tensas, nuestras emociones se descontrolan fácilmente, debido a nuestra falta de dominio propio y nuestro temperamento explosivo, caemos en enojo, ira y ofendemos a otras personas afectando nuestras relaciones con nuestros seres queridos. Igual que en una caldera, hay que mantener el nivel de agua seguro para que no explote, debemos someternos al control del Espíritu Santo para que nuestra caldera emocional esté segura, y no cause daño a otros. Por eso, entreguemos nuestras emociones al Señor para que nos ayude a controlar nuestro carácter. Pidamos al Espíritu Santo que nos llene, nos consuele, nos guíe y nos libere de todo sentimiento dañino. Si dependemos de Él nuestro punto de ebullición disminuye.

La conducta cristiana debe alcanzar la altura de la persona que nos ha amado, escogido, redimido y unido, Dios mismo. El andar cristiano en el mundo, es el único testimonio que podemos mostrar, no solo individualmente, sino como iglesia y es lo que el mundo ve. Por eso, Pablo nos exhorta a comportarnos a la altura de nuestro llamado y vocación. La receta para esto es andar en humildad, mansedumbre, paciencia y soportándoos en amor, o sea llenos del fruto del Espíritu Santo, que es el que une y consolida nuestra vida espiritual, para que controlemos nuestras emociones y seamos testimonio.

Permitamos al Espíritu Santo que tome el control absoluto de nuestro ser, para que ya no demos rienda suelta a nuestros deseos y pasiones carnales que nos llevan a la mentira, a la corrupción, a la lujuria, al rencor, a la ira, a la rabia, las quejas, la maledicencia y la malicia, pues esto contrista al Espíritu de Dios, apagándolo dentro de nosotros y evitando que fluya con su presencia y gracia. Antes bien como dice 1 Tesalonicenses 5:23 “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”  

Oración.

«Amado Señor, hoy me acerco a ti, con arrepentimiento y dolor en mi corazón por no permitir que tomes el control de mis emociones, me he llenado de ira y enojo, he dejado que mis pasiones carnales afloren. Perdóname y límpiame, lléname de tu poder. Gracias oh Dios por derramar tu amor en mi corazón por medio de tu Santo Espíritu. Fluye con tu fruto a través de mi vida, para ser testimonio vivo de ti. En el nombre de Jesús. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

¡Hasta lo último de la tierra! Usa tus redes sociales para ese propósito.