miércoles, 13 de octubre de 2021

El ayuno que Dios escogió

 


El ayuno que Dios escogió

“¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?” Isaías 58:6

El ayuno es un medio al cual podemos acudir cuando existen situaciones difíciles en nuestra vida y queramos humillar nuestra alma delante de Dios, o también cuando sencillamente deseemos pasar un tiempo de intimidad con Él. En el pasaje de hoy el Señor nos enseña algunos aspectos que se deben reflejar en nosotros, si decimos que estamos o hemos estado en ayuno y oración.

Nos habla de “desatar las ligaduras de impiedad”, lo cual significa que todo aquello que en nuestra vida esté ligado o unido a la impiedad, es decir, lo que no agrada a Dios, que no va conforme a la piedad ni a su Palabra, lo debemos romper; desligarnos de eso que nos separa de Dios.

Dice que debemos “soltar las cargas de opresión”; muchas veces nosotros por rebeldía y desobediencia andamos cargando con esa opresión que nos produce el pecado; el ayuno es la disposición de nuestro corazón para pedirle a Dios que nos de la fuerza para apartarnos del mal, buscar el arrepentimiento sincero y pedir la intervención divina.

Otro fruto de ayunar debe ser “dejar ir libres a los quebrantados”, es decir, perdonar. Cuando perdonamos a otra persona la estamos librando de ese quebranto que le produjo el habernos ofendido y, a la vez, le estamos dando la oportunidad de que cambie su mala conducta, permitiendo así que también se libere de la opresión del maligno.

Finalmente nos dice el versículo de hoy que el ayuno debe producir “que rompáis todo yugo”, básicamente significa que debemos romper toda práctica que en nuestra vida nos mantiene unidos al pecado; pedirle a Dios que por su Espíritu nos ayude a corregir el enojo, la ira, la amargura, malas palabras, gritería, envidia, celos y toda obra de la carne que rompe nuestra comunión con el Espíritu Santo.    Oración.

«Padre Santo, que por tu gracia y por tu Espíritu sea quitada de mí toda mala obra, toda práctica de pecado y todo aquello que no te agrade. Gracias te doy por los momentos en que me has permitido estar en ayuno y oración, siendo sensible a tu voz y dejándome guiar y enseñar por tu Palabra; has moldeado mi carácter con amor y misericordia y te pido en el nombre de Jesús que me sigas transformando, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 12 de octubre de 2021

Gracia y paz multiplicadas

 


Gracia y paz multiplicadas

“Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús.” 2 Pedro 1:2

Cuando nosotros dedicamos tiempo para conocer a Dios, para aprender su Palabra y alimentar nuestro espíritu, dice la Escritura que, la gracia y la paz serán multiplicadas en nuestra vida; quiere decir que el favor inmerecido de Dios nos alcanzará en todo ámbito, en nuestro trabajo, estudio, familia, iglesia y todo aquello que conforme nuestro diario vivir; la bondad de Dios, de la cual no somos dignos, sobreabundará. La promesa de Dios para nosotros es que, si buscamos primeramente su reino y su justicia, de todo lo demás Él se encargará (Mateo 6:33).

Además de esto, cuando tenemos ese tiempo de intimidad con Dios, donde nos disponemos a crecer en el conocimiento de nuestro Señor Jesús, dice la Palabra que su paz, que sobrepasa todo entendimiento, gobernará nuestros pensamientos y nuestro corazón (Filipenses 4:6-7), pues estamos depositando nuestra confianza en Dios y estamos cambiando nuestros pensamientos por los suyos, guardando en nuestro corazón y llevando a la práctica los principios y mandamientos de Dios, los cuales son rectos y puros (Salmos 19:8).

Debemos tener la plena certeza que dedicar tiempo para estudiar la Palabra de Dios, asistir a una reunión en la iglesia, poner nuestros talentos al servicio del Señor y cualquier actividad que tenga que ver con el reino de Dios y el conocimiento de Jesucristo, no es tiempo infructuoso o perdido, todo lo contrario, es lo más enriquecedor e importante que podemos hacer por nosotros y por nuestros seres queridos. El proverbio dice “Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, y que obtiene la inteligencia; Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus frutos más que el oro fino.” (Proverbios 3:13-14).    Oración.

«Padre, es sorprendente experimentar la verdad de tu Palabra, pues no eres hombre para que mientas, ni hijo de hombre para que te arrepientas. Gracias te doy en este día por tus promesas cumplidas y tus bendiciones multiplicadas, has obrado poderosamente cuando me dispongo a aprender de ti y a obedecerte, gracias Señor por tu revelación. En Cristo Jesús, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 11 de octubre de 2021

Juntos en espíritu

 

Juntos en espíritu


“Porque, aunque estoy ausente en cuerpo, no obstante, en espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro buen orden y la firmeza de vuestra fe en Cristo.” Colosenses 2:5

Ha sido un tiempo muy largo y difícil el que hemos tenido que pasar durante esta pandemia, y se siente aún más fuerte cuando no podemos vernos cara a cara y abrazarnos. Pero es importante recordar que nosotros como hijos de Dios no solo somos criaturas físicas, pues cuando creímos y recibimos a Cristo en nuestro corazón, Dios a través de su Espíritu vivificó nuestro espíritu (Efesios 1:4-5); por lo que nos ha permitido y ordenado caminar y vivir en el Espíritu (Romanos 8:9). Entonces, debemos tener la convicción de que, aunque no estemos reunidos presencialmente, en el espíritu estamos juntos, unidos y en comunión.

Algo que podemos y debemos hacer para motivarnos mutuamente, es permanecer firmes y creciendo en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo, estando atentos y diligentes a edificarnos y apoyarnos unos a otros, pues era la manera como el apóstol Pablo se gozaba de la iglesia de Colosas a pesar de no poder estar con ellos físicamente.

No podemos limitar el obrar de Dios en nuestra vida, ahora más que nunca se debe activar nuestra fe y creer que cuando nos reunimos virtualmente, en el nombre de Jesús, ahí está Él moviéndose y obrando poderosamente en cada uno de nosotros conforme a su voluntad.

Así que, gocemos, anhelemos y agradezcamos cada espacio dispuesto virtualmente para edificarnos mutuamente, mientras nos podemos volver a congregar presencialmente.    Oración.

«Padre, hemos pasado por momentos de soledad y tristeza al no poder reunirnos físicamente con nuestros hermanos, pero tú has obrado poderosamente y nos has permitido continuar aprendiendo de ti y compartiendo con ellos de manera virtual. Te damos gracias por tu infinita fidelidad y misericordia, y te pedimos que pronto nos des la oportunidad de volvernos a congregar de manera presencial. En Cristo Jesús, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 10 de octubre de 2021

Sembrar sin cuestionar

 


Sembrar sin cuestionar

“Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses.” Mateo 25:24-27

En muchas ocasiones cuestionamos el lugar, los medios y las personas a quienes compartirles el evangelio de salvación; entramos en razonamientos lógicos o en sentimientos aflorados que nos llevan a no cumplir con el mandato de nuestro Señor, cuando en realidad a lo que le debemos prestar atención y ser sensibles es a la voz y dirección del Espíritu Santo.

La palabra de Dios nos enseña que el Espíritu Santo es quien convence a las personas de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:7-8); y que es Dios quien da el crecimiento en cada una de ellas, como dice la Escritura “Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.” (1 Corintios 3:7). Por lo que, nuestra tarea y nuestro pensar debe ser siempre el estar dispuestos y listos para compartir de Cristo, como nos lo anima el Espíritu de Dios en Efesios 6:15 “y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.”

Nosotros somos siervos de Dios, por lo que trabajamos por Él y para Él, es decir, por su gracia y para su gloria, pues es Dios quien nos ha capacitado y nos ha enviado; y por esto mismo es que no debemos cuestionar su voluntad, pues como nos dice la porción bíblica de hoy, nuestro Señor siega donde no siembra y recoge donde no ha esparcido. Así que el llamado es a ser diligentes y obedientes a la gran comisión para que, al regreso del Señor, podamos decir como el siervo fiel “Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos.” (Mateo 25:20b), y asimismo podamos escuchar: “Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.” (Mateo 25:21b).    Oración.

«Señor, es un privilegio ser llamado tu hijo, pero es mayor privilegio ser llamado tu siervo; entender que un Dios soberano, poderoso y grande como solo eres tú, habite y se manifieste a través de un ser humano débil y lleno de fallas, es algo que llena de amor, gozo y esperanza. Sé que a veces te fallo, pero he entendido que es tu gracia la que me levanta y me sostiene. Ruego poder conocerte cada día más para así darte a conocer a los demás. En el nombre de Jesús, Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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sábado, 9 de octubre de 2021

Fidelidad y diligencia

 

Fidelidad y diligencia


“Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos.” Mateo 25:14-15

Todos hemos recibido de Dios talentos, capacidades y recursos; unos en mayor cantidad que otros, pero ninguno menos o más de los que puede administrar. Vemos en la parábola de los talentos cómo son repartidos de acuerdo a la capacidad de cada siervo. Sin embargo, relata la Biblia, que aquel que había recibido un solo talento fue y lo escondió porque tuvo miedo y porque veía a su señor como un hombre duro (Mateo 25:24-25). Pero, así mismo, podemos ver cómo los otros dos siervos son recompensados de la misma manera, a pesar de la diferencia de talentos recibidos y multiplicados, pues uno había obtenido cinco y el otro dos, pero las palabras de su señor fueron las mismas para ambos porque en realidad lo que él estaba exaltando era la fidelidad y diligencia con la que habían administrado sus talentos.

Y tú, ¿estás centrado en la gracia y justicia de Dios o quizás te estás comparando con el que ha recibido más y tienes miedo porque piensas que nuestro Señor es duro e injusto?

Hemos sido llamados a realizar diligentemente, es decir, de buena voluntad y a tiempo la obra del Señor; para eso, hemos sido puestos en una iglesia donde cada uno, según su función, actividad, talento o capacidad, debería trabajar para la edificación mutua y la gloria de Dios.

Así que, es momento de evaluarnos y reflexionar si en realidad estamos siendo fieles a Dios con aquello que nos ha dado o, si por el contrario, estamos actuando de manera negligente, mostrando poco interés, atención e importancia cuando se nos invita a participar activamente de alguna actividad perteneciente al reino de los cielos. Recordemos la exhortación de nuestro Señor que dice “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.” (1 Corintios 15:58).   Oración.

«Padre, eres justo y me has dado capacidades, talentos y recursos conforme a tu voluntad; permíteme ser fiel a ti disponiendo de ellos para tu obra y tu gloria, en el nombre de Jesús, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 8 de octubre de 2021

Haced morir lo terrenal

 

Haced morir lo terrenal


“Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca.” Colosenses 3:5-8

Imaginemos que queremos salvar a alguien de ahogarse en aguas profundas y nosotros en la orilla le pasamos una cuerda para que él se agarre y podamos halarlo; pero el hombre tiene una carga pesada, una maleta con sus recuerdos, joyas y tesoros terrenales conseguidos con mucho esfuerzo. Se aferra a la cuerda, pero no quiere soltar la carga, entonces se empieza a hundir ¿Qué le diríamos? ¡Suelta la carga!

Esto mismo sucede con el Señor Jesús, cuando nos da su mano de gracia para rescatarnos del pecado que nos quiere llevar al dolor, a ahogarnos en problemas y a perder el propósito que debemos cumplir en esta vida. Nuestra parte consiste entonces en soltar la carga, haciendo morir lo terrenal en nosotros al ser guiados por su Espíritu y no por la carga pesada que representa nuestro viejo hombre.

Y soltar esta carga ocurre con pequeñas decisiones que tomamos a diario, en una voluntad renovada y fortalecida por el Espíritu de Dios que habita en nosotros, por medio de la fe en Jesús, como apartarnos de fornicación, no mentir a nuestros hermanos (Colosenses 3:9-11; 1 Tesalonicenses 4:3-5), no tomar el camino de la ira y el enojo, dejar los malos deseos, la avaricia, no practicar la idolatría, en resumen, no alimentar ni practicar las obras de la carne para vivir ahora en el Espíritu (Gálatas 5:16-23).

Hermanos, no es en nuestra fuerza que podemos vencer a la carne, ni con costumbres religiosas, ni con una falsa piedad, sino con el Espíritu Santo que nos ayuda a aceptar lo que ahora somos en Cristo y a cumplir la voluntad de Dios, como dice su Palabra “porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.” (Romanos 8:13); y a vivir revestidos de esta nueva naturaleza “y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno” (Colosenses 3:10).   Oración.

«Padre, en Cristo soy una nueva creación y tu amor ha sido colocado en mí para que ya no preste mis miembros al pecado, sino que viva conforme al nuevo hombre que soy, por medio de la fe en la obra de salvación que tu Hijo Jesús realizó en la cruz, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 7 de octubre de 2021

Exclusividad

 

Exclusividad


“Bebe el agua de tu misma cisterna, Y los raudales de tu propio pozo. ¿Se derramarán tus fuentes por las calles, y tus corrientes de aguas por las plazas? Sean para ti solo, y no para los extraños contigo. Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre.” Proverbios 5:15–19

“Honroso sea en todo el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.” Hebreos 13:4

Dios creó el sexo para ser un beneficio exclusivo del matrimonio, una bendición, no solo para procrear sino para nuestro placer, como nos lo enseña el libro de Cantar de los Cantares en la sagrada Biblia (Génesis 2:24, Cantares 4:5-8 ).

El sexo en el matrimonio es una bendición de Dios y es un acto de entrega mutua, por esto enseña la Palabra “La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer” (1 Corintios 7:4). Entregamos nuestro cuerpo a la otra persona, pero también nuestra alma, pues los sentimientos, la voluntad y pensamientos no los podemos dejar fuera del cuerpo.

Por esto, la fornicación es un pecado que daña en lo más profundo del interior de una persona, pues lleva nuestros pensamientos a la confusión, las emociones al descontrol y daña nuestros sentimientos, terminando nuestra voluntad sometida por un deseo pasajero. Al final, el amor se daña en una pareja que se deja arrastrar por esta práctica tan común hoy en día, porque el verdadero amor no busca su propio bien sino el bien del otro, evitando hacer algo indebido (Oseas 4:11, Gálatas 5:19-20, 1 Corintios 13:5).

Beber el agua de tu propia fuente significa guardarse para la persona que Dios tiene para cada uno de nosotros, de manera exclusiva, en un matrimonio de un hombre con una mujer, y así disfrutar del placer sexual como un regalo del amor de Dios, que lo llena todo, en todos.    Oración.

«Señor, quién como tú que nos provees para todas las cosas; primeramente, en lo espiritual nos diste a tu Espíritu para que habite en nosotros y darnos el dominio propio, así como la capacidad y el amor para disfrutar de tus bendiciones. En el nombre de Jesús, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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