sábado, 28 de agosto de 2021

El trigo y la cizaña

 


El trigo y la cizaña

“Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero”. Mateo 13:24- 30

La buena semilla es sembrada por Jesús y el campo es el mundo, el trigo representa a los hijos de Dios y la cizaña a los hijos del maligno, que también ha hecho su obra sembrando la mala semilla. Habrá una cosecha al final de los tiempos, dice que de la manera como se recogerá la cizaña para echarla en el fuego, nuestro amado Señor mandará a sus ángeles a recoger el trigo, a los hijos de Dios, que resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre.

Al principio de la germinación de las semillas, la cizaña se parece mucho al trigo que a veces es imposible distinguirlos, pero después de un tiempo se comienzan a notar las diferencias, por eso hay que dejarlos crecer al mismo tiempo hasta la siega. El grano de la cizaña es ligeramente venenoso y de otro color, hay que separarlo en el momento en que se hace la trilla.

Se puede decir que esta es una de las enseñanzas más prácticas que Jesús contó, recordando que siempre hay un poder hostil en este mundo esperando destruir la buena semilla. Sabemos que esto se refiere a las influencias que actúan en nuestra vida; unas nos ayudan a florecer y producir buen fruto, como lo es la palabra de Dios; y otras, las del mundo, nos engañan con sus deseos, placeres y vanagloria, y tratan de destruir la obra de Dios en nosotros. También enseña lo difícil que es distinguir entre los que son del reino de Dios y los que no, porque el mal se disfraza de bondad muchas veces y nos confunde. Podemos caer en juicios apresurados y arrancar lo malo con lo bueno, por lo que hay que esperar hasta el final, ya que cada persona será juzgada no por una sola acción, sino por toda su vida. Nos enseña que el juicio llegará irremisiblemente y que el único que tiene derecho a juzgar es Dios y no nosotros.

Esta parábola nos enseña que los creyentes y los incrédulos vivimos juntos en esta tierra, quizá con muchas características parecidas como el trigo y la cizaña, que pasan por las mismas experiencias, sol, calor, lluvia, frío, sequía, entre otras; en palabras actuales, serían situaciones comunes como las que estamos viviendo hoy, pandemia, crisis económicas, problemas familiares, enfermedades, fracasos, porque ninguno está exento de eso. Jesús no nos prometió una vida sin aflicción, pero sí nos aseguró gracia suficiente para soportar las adversidades en este mundo. Recordemos lo que dice 2 Corintios 12:9 “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. La gran diferencia es que en los que creemos reposa el poder de Cristo para vivir en victoria, por la presencia del Espíritu Santo.

La intención de Jesús nunca fue separar a sus seguidores del mundo, porque es aquí donde nos necesita para que seamos testimonio a los incrédulos de su amor y su gracia. No estamos comprometidos ni identificados con el mundo sino con Él y por eso oró por todos nosotros para que fuéramos guardados del mal en Juan 17:15 “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”. Nuestra labor entonces es influenciar a las personas con el mensaje de Jesús y atraerlos a Él. Ahora, como iglesia estamos encargados de sembrar la buena semilla.   Oración.

«Señor, estoy en este mundo, aunque ya no pertenezco a él, me has dejado con el propósito de sembrar la buena semilla para que muchos se conviertan y vuelvan su mirada a ti. Ayúdame a ser testimonio en medio del caos y confusión en el que vivo, siendo luz para los que me rodean, sin juzgar a ninguno porque Tú eres el que conoce los corazones, juzgas rectamente y sabes quienes son trigo o cizaña. En el nombre de Jesús, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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viernes, 27 de agosto de 2021

El deseo del corazón de Dios

 

El deseo del corazón de Dios

“Diles: Vivo yo, dice Jehová el


Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?” Ezequiel 33:11

“Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación”. 2 corintios 5:19

La Biblia siempre presenta a un Dios que desea que todos los hombres se vuelvan a Él y se salven, porque su amor es infinito y se deleita en misericordia; pero, aunque Dios siempre tiene la iniciativa y hace todo lo imposible para acercarse a nosotros, la decisión a favor o en contra de volvernos a Él depende de cada persona.

Dios deja muy claro cuál es su propósito con la humanidad y el apóstol Pedro nos lo recuerda en 2 Pedro 3:9 “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. Esto nos muestra la bondad y la paciencia de nuestro amoroso Dios que está esperando que muchos conozcan el evangelio y se conviertan, por eso, aunque la promesa de su regreso está por cumplirse, el Señor sigue dando la oportunidad a este mundo para que se arrepienta. La responsabilidad final recae sobre nosotros, pues el Reino de Dios está abierto para todos sin exclusión, aquellos que quieran entrar porque han puesto su fe en el Hijo de Dios.

Juan 3:17-18 nos dice “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en Él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”. Dios nos ha dado su provisión de salvación a través de su Hijo Jesucristo, quien se entregó en una cruz para quitar el pecado del mundo y restaurar nuestra relación con el Padre. La decisión de aceptar lo que Jesús hizo y creer en Él depende solo de los seres humanos.

El Señor Jesús inició la siembra de la palabra del Reino, después los discípulos serían comisionados para continuarla. Si nos preguntamos ¿por qué el Señor nos escogió y nos llamó a ser cristianos?, debemos entender que lo hizo para cumplir su propósito en este planeta de llevar el mensaje de reconciliación a todos los hombres. Ahora, cada creyente es el comisionado para extender su Reino como dice 2 Corintios 5:20 “Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”.

Entender por qué fuimos llamados, nos aclara el propósito de lo que Dios quiere hacer a través de nuestras vidas. Siempre le decimos que queremos hacer su voluntad, entonces ¿estamos dispuestos a colaborarle a Dios para cumplir su plan de salvación? Dios usará todo de nosotros, nuestra vida, nuestra profesión, nuestros recursos y nuestras habilidades, así como el entorno donde nos ha colocado, pidámosle que seamos sensibles a su voz para que nos lleve a las personas que necesitan de Él.   Oración.

«Amado Padre, gracias por el deseo de tu corazón de que todos los hombres sean salvos y te conozcan; quiero ser parte de ese propósito y comprender que me escogiste y me llamaste para ser un embajador tuyo, llevando la palabra de reconciliación para que muchos se conviertan de sus malos caminos y alcancen la vida eterna. Haz que mis planes personales se alineen con tu Plan de Salvación y que siempre haga tu voluntad en esta tierra. En Cristo Jesús, Amén.    Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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jueves, 26 de agosto de 2021

Un tesoro más valioso que nuestras posesiones

 


Un tesoro más valioso que nuestras posesiones

“Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo”. Mateo 13:44

“Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, y que obtiene la inteligencia; porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus frutos más que el oro fino. Más preciosa es que las piedras preciosas; y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella. Largura de días está en su mano derecha; en su izquierda, riquezas y honra. Sus caminos son caminos deleitosos, y todas sus veredas paz. Ella es árbol de vida a los que de ella echan mano, y bienaventurados son los que la retienen”. Proverbios 3:13-18

Este hombre de la parábola descubrió el tesoro sin haberlo buscado y tuvo que tomar una decisión. Se dio cuenta del inmenso valor que tenía y vendió todo lo que poseía para obtenerlo. Las cosas de las que se deshizo no le causaron pena sino gozo.

Esto es una paradoja ya que la salvación es gratis y sin embargo nos cuesta todo. El reino de los cielos es comparado con ese tesoro, entonces vale la pena sacrificarlo todo para obtenerlo. El tesoro escondido es el evangelio disponible para todos, sin embargo, muchos no lo descubren, porque a pesar que se predica de muchas maneras y en todo lugar, no lo ven, no le ponen atención y pasa desapercibido ante sus ojos que sólo miran lo banal de esta vida.

No es lo mismo con los que encuentran la Palabra de Dios y la escudriñan, hallan ese gran tesoro que es Cristo, encuentran todas las bendiciones espirituales y la vida eterna. Como dice Juan 5:39 “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”.

Cristo es el tesoro valioso, por eso debemos apropiarnos de Él a cualquier costo, es nuestro Salvador de gracia, todo pierde valor comparado con conocerlo, como decía el apóstol Pablo en Filipenses 3:8 “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”. El reino de los cielos es más valioso que cualquier cosa que podamos tener.

Este mundo sólo nos ofrece falsificaciones de la verdadera riqueza, tesoros que se corrompen, que se dañan, que son perecederos y no dan felicidad.

Entonces: ¿Cuál es nuestro tesoro?, ¿nuestra casa, trabajo, posesiones, nuestra familia, amigos, pareja, etc?. La palabra de Dios dice que donde está nuestro tesoro allí está nuestro corazón.

Jesús claramente dice que el reino de los cielos es nuestro tesoro, pero no todos lo ven. Muchos pasan la vida acumulando riquezas porque creen que sin dinero no pueden hacer nada, pero la Biblia nos aclara que es sin Cristo que nada podemos hacer, la ganancia espiritual es más valiosa que el oro y las piedras preciosas, como lo explica proverbios en la cita de hoy, porque ningún tesoro terrenal nos dará vida, deleite y paz como el conocimiento de Dios.

La invitación que hoy nos hace el Señor es que para obtener ese tesoro debemos entregarle nuestra vida a Él y entender que sólo Cristo nos puede satisfacer plenamente, no podemos servir al mundo y sus placeres y al mismo tiempo servir al Señor, por eso, hoy preguntémonos ¿Dónde está nuestro corazón? Recordemos que Jesús lo dio todo por amor para asegurarnos su reino.   Oración.

«Amado Jesús, gracias porque me alumbraste con la luz del evangelio, porque lo diste todo en la cruz del calvario para asegurarme el reino de los cielos. A través del Espíritu Santo me has dado a conocer los misterios del reino y por eso, todo lo de este mundo, lo considero sin valía, comparado con el conocimiento tuyo, con la riqueza de tu Palabra, con el deleite de tu Presencia en mí. Señor Jesús gracias por ser mi tesoro. Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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miércoles, 25 de agosto de 2021

¿De qué nos ufanamos?

 


¿De qué nos ufanamos?

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”. Filipenses 2:3-4

“Porque: Toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; más la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada”. 1 Pedro 1:24-25

Vivimos en un mundo que nos dice que nada es suficiente, por eso siempre estamos descontentos. Esta sociedad promueve la insatisfacción del ser humano. Cada día queremos más y más y competimos unos con otros a todo nivel. La humildad ha ido desapareciendo porque medimos nuestra valía por lo que tenemos o alcanzamos, y dejamos de reconocer que somos débiles y que tenemos fallas, nos hemos vuelto vacíos y egoístas porque no nos importan los demás, sólo nos preocupamos por nosotros mismos.

La Biblia aquí nos enseña qué es la humildad; y esta comienza con la intención de nuestro corazón. ¿Hacemos las cosas para nuestra vanagloria, para compararnos con los demás y sentirnos superiores?; o ¿lo hacemos para la gloria de nuestro amado Dios, valorando las oportunidades que nos da y el deseo de servir a otros con lo que tenemos o hagamos?

La soberbia siempre producirá contienda. Miremos lo que dice Proverbios 13:10 “Ciertamente la soberbia concebirá contienda; mas con los avisados está la sabiduría”. Y la vanagloria proviene del mundo como dice 1 Juan 2:16 “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo”. Entonces: ¿de qué nos ufanamos? Cualquier cosa que logremos es vana, trivial y se va a quedar aquí en este mundo donde pertenece. Lo único que trasciende es lo espiritual cuando le permitimos a Dios ser transformados por Él. La humildad promoverá valía, honra, respeto y hará que nos interesemos en los demás para servirles, ayudarles y encontrar el verdadero propósito de estar todavía en esta tierra.

Dice Colosenses 2:10 “y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad”. Sólo Jesús trae verdadera satisfacción a nuestro ser y en Él estamos completos y lo tenemos todo. Cuando entendamos esto, todo lo que hagamos y todo lo que tengamos es solo para su gloria y honra.   Oración.

«Señor Jesús, gracias por todo lo que me has permitido hacer y tener. No dejes que me llene de vanagloria personal, sino que te glorifique a ti a través de mi vida, sirviendo y ayudando a los que me rodean. La vida es corta y nada perecedero llevaré para la eternidad, sólo el fruto de vivir una vida espiritual, por eso, has que no pierda mi enfoque y coloque mi mirada en lo que me tienes reservado en el cielo. En Cristo Jesús, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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martes, 24 de agosto de 2021

No juzguemos para no ser juzgados

 


No juzguemos para no ser juzgados

Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. Lucas 7:37-39

Esta escena que se describe en el evangelio de Lucas, podemos decir que no es ajena a nuestras vidas, pues nosotros, muchas veces, aun siendo cristianos, juzgamos a la ligera a las personas que vienen en busca del Señor, nos centramos en sus pecados, los calificamos según sus hechos y nos comparamos con ellos creyéndonos mejores y perfectos. Esas personas están pasando por las mismas luchas interiores que una vez pasamos nosotros cuando estábamos sin Cristo; quizá llorando, porque se sienten vacíos, juzgados y aun discriminados por todos. Nos hemos olvidado que el Señor nos sacó del lodo cenagoso, que todos los pecados son iguales ante Él y que debe inundarnos el amor incondicional como fruto del Espíritu Santo en nuestros corazones.

¿Cómo vamos a atraer a otros a los pies de Cristo, si lo que nos mueve son las barreras sociales y los prejuicios? El Señor Jesús nunca hizo acepción de personas, para Él, el pecado es el mismo ya sea adúltero, borracho, mentiroso, fornicario, chismoso, orgulloso, homosexual, trans, glotón, drogadicto, avaro, entre otros. Él solo ve los corazones rotos, las mentes confundidas, ve las ataduras que el pecado ha formado en sus almas y que necesitan ser rotas con su amor y su perdón. Por eso, no debemos ser excluyentes como ese fariseo, que juzgó a la mujer pecadora y la miró con desprecio. Hoy más que nunca el evangelio debe ser llevado con amor y por creyentes llenos y controlados por el Espíritu Santo, porque Él es quien verdaderamente conoce el corazón de las personas y sabe cuáles son las batallas por las que están pasando.

Juzgar es muy fácil cuando el pecado no tiene cara, ni nombre, en otras palabras, cuando no conocemos a las personas. Mateo 7:1 dice: “No juzguéis, para que no seáis juzgados”. Por tanto, no nos corresponde a nosotros señalar a nadie, sino, tratar a todos los seres humanos con amor y respeto. Dios siempre nos ha amado y quiere acercarnos a Él. Su problema no es con las personas, sino con su pecado, el cual Jesús ya llevó en la cruz del calvario. Recordemos que Él se dio así mismo, muriendo por todos sin excepción y cargó el pecado de la humanidad sobre su cuerpo en la cruz y lo hizo por amor. Gálatas 1:4 dice: “El cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre”.

Hoy mirémonos y revisemos si hemos caído en esta actitud de juicio y condenación, para rogar al Señor Jesús que nos llene de su amor, misericordia y compasión, pues como dice Juan 3:17 “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él”.  Oración.

«Amado Señor Jesús, examina mi corazón y mira si en él hay perversidad y guíame por el camino eterno, que ninguna actitud de condenación y juicio se apodere de mí, lléname de tu amor incondicional para mirar a todos por igual, para amarlos como son y acercarlos a ti. Atráelos con cuerdas de amor a través de mi vida. En Cristo Jesús, Amén.   Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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lunes, 23 de agosto de 2021

Somos fruto de su aflicción

 


Somos fruto de su aflicción

“Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos”. Isaías 53:11

“En aquel día dirás: Cantaré a ti, oh Jehová; pues, aunque te enojaste contra mí, tu indignación se apartó, y me has consolado. He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí”. Isaías 12:1-2

“El pasaje de la Escritura que leía era este: Como oveja a la muerte fue llevado; Y como cordero mudo delante del que lo trasquila, Así no abrió su boca. En su humillación no se le hizo justicia; Mas su generación, ¿quién la contará? Porque fue quitada de la tierra su vida”. Hechos 8:32-33

El esfuerzo y sacrificio de Cristo en la cruz, profetizados desde el Antiguo Testamento, dio a luz a muchos hijos: su iglesia. Su sangre preciosa será rociada, por medio del evangelio, a todas las naciones y Él verá su simiente esparcida a multitudes, tribus y lenguas. Ese será un gran despertar en los últimos tiempos, cuando el evangelio sea predicado hasta el último rincón de la tierra, como dice Mateo 24:14 “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”.

Cristo anunció la rápida difusión del evangelio en el mundo. Así como viene ese gran avivamiento mundial, también es desalentador como crecen las falsas doctrinas y las falsas religiones, que la iglesia de Cristo se ve tan insignificante en número; pero el Señor quiere que nuestra actitud sea de regocijo, porque es parte de las profecías que se cumplirán en los últimos tiempos antes de su segunda venida, como dice Mateo 24:11-12 “Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará”.

Todo ese espíritu de prosperidad, comodidad, inmoralidad y placer va a ser derrotado por la palabra de Dios; toda falsedad, violencia, avaricia y rebelión serán echados fuera, porque el Señor sacudirá todas las cosas para manifestar su poder a través del Espíritu Santo, habrá un gran despertar espiritual para la humanidad por medio de su iglesia. Este será un gran acto de amor de nuestro Dios, quien quiere que todos los hombres sean salvos y lleguen al conocimiento de su Verdad.

En estos atribulados tiempos estamos empezando a ver el cumplimiento de su plan divino que llegará a feliz término, porque el gran día se acerca cuando la iglesia dejará este mundo con un canto de victoria cuando Jesús regrese por ella.

Nos corresponde estar alertas, preparados, en oración y creciendo en santidad para que seamos esa iglesia pura y sin mancha que el Señor llevará a las bodas del cordero como dice Apocalipsis 19:7 “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado”.

El Señor verá por fin todo el fruto de su aflicción y se gozará con nosotros en el cielo, y seremos bienaventurados según Apocalipsis 19:9 “Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios”.

Podemos ver que Cristo nos amó, ocupó nuestro lugar en la cruz, dio su vida por el rescate de muchos y quitó el pecado del mundo para que fuéramos libres. Los propósitos de Dios tendrán su efecto, porque se encargará de cumplirlo en la conversión y salvación de muchos pecadores.    Oración.

«Gracias Señor Jesús porque soy fruto de tu aflicción en la cruz, tengo gozo en mi corazón, porque creo en lo que hiciste por mí. Me justificaste y me hiciste libre, venciste las tinieblas y las sometiste bajo tus pies. Soy la adquisición de tu sangre preciosa, pertenezco ahora al reino de los cielos, por eso quiero ser parte de ese avivamiento mundial, para que muchos se conviertan y conozcan de tu amor. Gracias Señor Jesús, Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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domingo, 22 de agosto de 2021

Gracias por lo que has hecho conmigo

 

Gracias por lo que has hecho conmigo


“En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él”. Eclesiastés 7:14

“Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal”. Mateo 6:34

“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”. 1 tesalonicenses 5:18

Como parte de la vida Dios ha permitido el bien y el mal de manera que no podemos determinar qué es lo que nos espera en el futuro, por eso debemos siempre depender del Señor, porque es el único que sabe que nos deparará.

Debemos ser agradecidos porque la vida es un regalo de Dios y cuando hay momentos malos son para considerar por qué el Señor nos permite pasarlos, pues todo tiene un propósito dentro de su voluntad que tarde o temprano descubriremos. Por eso no debemos quejarnos, la Biblia nos dice que seamos agradecidos en todo y esto incluye no solo los momentos buenos, sino también los adversos.

Cuando hay situaciones fluctuantes, unas buenas y otras malas, algunas nos conducirán al gozo y otras a la reflexión; para que no tomemos las cosas que nos suceden a la ligera, Él sabe lo que necesitamos para mejorar y cambiar, porque todo tiene un significado dentro de sus propósitos.

En los momentos de prosperidad podemos quedarnos contemplando la gloria y de pronto pensar que la vida es normal y segura, pero no debemos considerar esto, ya que muchas veces esa autosatisfacción nos aleja de buscar el rostro de Dios. Recordemos que estamos en un mundo en tinieblas y nunca debemos sentirnos demasiado complacientes; nuestra única seguridad es Cristo, así que cuando vengan las dificultades y cuando todo se torne incierto e incontrolable, como los momentos que estamos viviendo, no nos desesperemos, sino que busquemos nuestro refugio en Él, que sacará cosas buenas de nuestros tiempos difíciles, como dice Romanos 8:28 “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.

Cada día tiene su propio afán, por eso no debemos llenarnos de ansiedad. Alguien dijo “el día de hoy es el mañana que nos preocupó ayer”. El Señor quiere que entreguemos cada día en sus manos y que lo pongamos a Él como nuestra prioridad para no afanarnos, pues dependemos de Él, como dice Mateo 6:33 “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” Oración.

«Amado Dios, sé que todo proviene de ti, los buenos y los malos tiempos, la diferencia es qué hago con ellos; no están aquí sólo por causa de este mundo caído, sino que también están con un propósito para que pueda aprovecharlos. Quiero descubrir mis habilidades y dones para usarlos para tu gloria y aprender de mi experiencia para ayudar a otros. Gracias Señor por todo. En Cristo Jesús, Amén.  Difundiendo el mensaje de Jesucristo.

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